(Después de salir del colegio y llegar a casa, los niños meriendan y se sientan a estudiar hasta que sus padres llegan a casa del trabajo, momento en que aprovechan para compartir un poco de charla familiar. El embarazo de Aurelia progresa adecuadamente y en las ecografías que ya le han hecho se ve perfectamente como las dos criaturitas que crecen en el vientre de Aurelia, tienen la forma y el tamaño adecuados para los meses de gestación que lleva, ya que se espera su nacimiento si todo va bien, para el mes de Febrero del año que viene)
(En casa de Miguel y Estrella, la felicidad es plena ya que están encantados con los progresos del pequeño Diego, que a sus dos años de edad es un niño muy espabilado, que ya dice varias palabras y camina y corre con cierta soltura. Sus padres están muy orgullosos de él y el pequeño se ha integrado perfectamente en la familia a pesar de las lenguas viperinas de algunos vecinos que llegaron a vaticinar que el niño al ser tan oscuro de piel, iba a ser muy diferente e iba a causar muchos problemas en el barrio)
(El matrimonio Perea sigue adelante con su rutina laboral y tras hacer ese viaje de investigación que les llevó de nuevo a la ciudad de Salamanca y que les invitó a rememorar viejos tiempos en esa entrañable ciudad, paseando por ella como dos enamorados más, continúan dedicados a los reportajes de la revista en el caso de Asun y a desentrañar los casos más enrevesados en el caso de Héctor junto a su socio Bonilla)
(Una tarde, Asun se ha marchado con Matilde al salir del trabajo, y aunque es raro verlas juntas a ellas dos solas, en esta ocasión, Matilde ha decidido ir a buscar a Asun a la redacción para que la acompañe a elegir unos muebles nuevos para el dormitorio de la casa que el matrimonio Bonilla tiene en Villalba. Al parecer, cuando compraron la casa, ésta venía con unos muebles bastante buenos y en aquel momento a Matilde le pareció un crimen tirar aquellos muebles para cambiarlos por otros nuevos a pesar de que Bonilla estaba dispuesto a ello y no opuso reparos en gastar el dinero necesario para poner la casa a gusto de su mujer, pero fue Matilde quien finalmente insistió en quedarse por el momento con aquellos muebles. Ahora el tiempo ha pasado y los muebles se han ido estropeando considerablemente, y Matilde ha decidido que es el momento de cambiarlos y poner la habitación en otro estilo diferente. Ella misma ha estado ojeando algunas revistas de decoración con las últimas tendencias y está dispuesta a invertir una pequeña cantidad de dinero en darle un lavado de cara a esa habitación, más acorde con los tiempos cada vez más modernos. Asun no es ninguna entendida en decoración, pero tiene mucha curiosidad por ayudar a Matilde a elegir unos muebles discretos pero elegantes y además le parece muy divertido salir a mirar tiendas de vez en cuando en vez de volver a casa inmediatamente al salir de la revista. Asun ya ha avisado a Héctor que llegará un poco más tarde para que no se preocupe demasiado)
(De esta manera, cuando Héctor llega a casa se encuentra a los niños estudiando en sus respectivas habitaciones. Él no quiere molestarles pues no pretende desconcentrarles ahora que los exámenes están tan cerca, pero son ellos mismos quienes salen al salón a recibir a su padre)
Dani: ¡Papá... papá... ya estás en casa...!
María: ¡Hola papá...!
Héctor: ¡Hola campeón...! ¡hola princesa...! (se abraza y besa a sus hijos efusivamente)
María: Mamá no ha venido todavía... pensaba que igual vendríais juntos de la calle...
Héctor: No, tesoro, vuestra madre se ha ido con la tía Matilde a mirar unas tiendas de muebles...
María: (extrañada) ¿Muebles...? ¿la tía Matilde va a comprar muebles nuevos...?
Héctor: Sí, princesa... quieren cambiar la decoración de la habitación en la casa de la sierra... y como ya sabes que para ellos el dinero no supone un problema, pues han tomado la decisión de hacerlo ahora...
María: Pues a ver si mamá le ayuda a elegir unos muebles bonitos, porque mamá tiene mucho gusto...
Dani: Es verdad... a mí me gustan mucho los muebles que tengo en mi habitación y creo que los eligió ella...
Héctor: Pues claro que sí, hijo, mamá todo lo hace bien, y estoy seguro que será de gran ayuda para echar una mano a la tía Matilde... ¿y vosotros qué...? ¿ya habéis terminado de estudiar por hoy, o necesitáis que os eche una mano con eso...?
Dani: Yo ya me he aburrido de estudiar y además ya me lo sé todo...
Héctor: ¿Y tú, princesa...?
María: Yo también estoy cansada de estudiar... ¿podemos quedarnos contigo en el salón a charlar un rato mientras esperamos a mamá...?
Héctor: Claro que sí, princesa... yo me voy a tomar un café y vosotros podéis sentaros aquí conmigo y así me contáis algunas cosas, que hace mucho que no hablamos de padre a hijos...
María: Pues me parece bien, papi... yo me siento aquí...
(Héctor se sirve un café y después se sienta en el tresillo en el medio de sus dos hijos, para tener uno a cada lado)
Héctor: A ver chicos, que siempre me contáis cosas del colegio, pero que yo sepa no me habéis contado nada del fin de semana que pasasteis cuando mamá y yo estuvimos de viaje en Salamanca... ¿qué tal te fue con Javier, eh, Dani...?
Dani: Muy bien, papi... Javi es mi mejor amigo y me lo paso muy bien cuando estamos juntos... además el tío Bonilla y la tía Matilde nos dejaron hacer todo lo que quisimos...
Héctor: Ya me imagino a los dos figuras, haciendo el cabra todo el día, espero que Bonilla no haya pensado que mi hijo es un poquito bruto cuando se pone...
Dani: (quejándose) ¡Yo no soy bruto...!
María: ¿Qué no...? ¡vaya...! cuando se juntan los dos, menuda pareja, para echar a correr cuanto más lejos mejor...
Dani: Sólo somos un poco traviesos, nada más... me hubiera gustado veros a las chicas cotorreando sin parar y poniéndonos verdes en esa fiesta del pijama...
Héctor: Es verdad, María, tú tampoco me has contado nada de esa famosa fiesta... ¿qué se hace allí, en que consiste...? todo eso es nuevo para mí...
María: Pues es una fiesta de chicas... primero estuvimos merendando por la tarde, y luego nos pusimos el pijama y nos metimos en la habitación de Suzanne... tiene una habitación enorme... y allí con los sacos de dormir que nos dejaron pudimos estar Clara, Irene, Suzanne y yo... nos pusimos a hablar y a escuchar música y luego la madre de Suzanne nos dejó cenar en la cocina, y seguimos hablando del colegio, y también de chicos... del chico que le gusta a Irene...
Héctor: Ah sí...? no me digas que Irene ya se ha fijado en alguien... pues como se entere tu abuela Felisa no le va a gustar nada de nada...
Dani: (llevándose las manos a la boca) ¿Irene está enamorada...?
María: ¡Cállate, y no se te ocurra decir nada a la abuela...! ¡que te conozco...!
Dani: (cierra la boca con su mano como si fuera una cremallera) No te preocupes... soy una tumba, y sé guardar los secretos tan bien como tú...
María: Eso espero... y no sé si Irene está enamorada o no, sólo sé que le gusta un chico que está en el colegio de enfrente al nuestro, y que le vemos todos los días desde la ventana de clase... ellos salen al patio antes que nosotras, y su patio se ve perfectamente desde nuestra clase...
Héctor: Pero vamos a ver, ¿Irene ya conoce a ese muchacho...? ¿ha hablado alguna vez con él...?
María: ¡Que va...! sólo es su amor platónico, dice que es muy guapo y que tiene pinta de ser muy simpático, nada más...
Héctor: Pues entonces eso no es amor, cielo... Irene se ha fijado en un chaval, está en la edad de tontear, nada más...
María: Eso mismo le hemos dicho Suzanne y yo, pero ella insiste en que algún día se lo cruzará por la calle y le saludará y que se quedará prendado de ella... ¡en fin, tonterías de Irene, que está con el pavo...!
Dani: ¿Irene tiene un pavo...? ¿dónde...? a mí no me lo ha enseñado...
Héctor: Campeón, no te lo tomes al pie de la letra... lo que tu hermana quiere decir es que tu prima está en una edad típica en la que te empiezan a gustar los chicos, te empiezas a fijar en ellos de una forma que antes no te fijabas... y a los chicos les ocurre igual con las chicas... aunque yo espero que para eso aún os falte mucho a los dos... por favor...
Dani: ¡Pues Suzanne tiene un hermano mayor...! ¿a que no lo sabías...?
Héctor: ¿Pero no habíamos quedado en que la fiesta esa del pijama era sólo de chicas...?
María: Y lo era... pero el hermano de Suzanne volvió a casa del cine después de estar con unos amigos y entró a saludar...
Dani: Yo también le conozco, papi... se llama Tim, (bajando la voz) y creo que a María le gusta un poco...
María: ¿Cuándo dejarás de decir tonterías, enano...? yo soy muy pequeña para pensar en esas cosas... y además estamos hablando de Irene, no cambies de tema...
Dani: ¡Me ha llamado enano...! eso es sin duda porque le he tocado el tema, ji ji...
María: ¿Por qué no te callas...? no tienes ni idea... si además, apenas le ví, entró un momento el pobre a saludar a su hermana y se encontró con un montón de niñas en pijama, ¡menuda vergüenza tuvo que pasar el pobre...!
Héctor: ¡Bueno, ya está bien, vale ya...! estoy seguro que Dani no lo ha dicho con mala intención... los dos sois muy pequeños todavía para pensar en esas cosas, ¿verdad...?
María: Verdad, papi... yo ahora mismo no quiero saber nada de nada de los chicos, es un tema muy aburrido...
Dani: Ni yo tampoco de las niñas... (chinchando a su hermana) bastante tengo con aguantar a esta que me ha tocado...
María: ¡Pero serás...!
Héctor: ¡Daniel... no hables así de tu hermana...! ella te quiere mucho y se preocupa mucho por ti...
Dani: (bajando la cabeza) Bueno, ya lo sé, papi... y lo siento mucho... cuando me llamas Daniel es que he hecho algo muy malo, seguro...
Héctor: Veo que lo has entendido... y ahora quiero que os deis un gran abrazo de hermanos... que lo vea yo... eh...?
(María y Dani se abrazan efusivamente)
Dani: Siento lo que he dicho, hermanita, yo en el fondo te quiero mucho y sé que tú también...
María: Pues claro que sí... esta familia sería muy aburrida sin ti...
(Los niños vuelven a sentarse en el sofá junto a su padre)
María: Oye papi, ¿y cuando supiste tú que estabas enamorado de mamá...?
Dani: ¡Eso, eso...! nunca nos has contado como os conocisteis...
Héctor: (pensativo) Es cierto... nunca hemos hablado de eso... ¿queréis oír la historia...?
María y Dani: ¡Síiii...!
Héctor: A ver por donde empiezo... cuando yo conocí a vuestra madre yo aún seguía casado con Teresa y no tenía ni siquiera en mente pedir la anulación de mi matrimonio ni nada de eso... los dos vivíamos separados y nada más... ella tenía su vida y yo la mía. Yo me dedicaba a ser detective con Bonilla y también colaborábamos mucho con Vallejo. Y el encuentro con vuestra madre fue totalmente casual... me la presentó vuestra tía Chelo a la que por desgracia no habéis llegado a conocer... la tía Chelo tuvo que hacerles un favor a Teresa y a Ana una vez que estuvieron en Madrid a mediados de 1956 cuidando de Alejandro mientras ellas iban a firmar unos papeles. Y resultó que luego ellas necesitaban a alguien que les pasara a máquina unos documentos y no conocían a nadie en Madrid dispuesto a hacer ese trabajo en poco tiempo... la tía Chelo les presentó a su hermana Asunción, o sea a vuestra madre, y ella como escribe muy bien a máquina pues les ayudó mucho. Vuestra madre en paralelo se dedicaba a pasar a máquina escribiendo otros documentos que le encargaban diferentes personas y con eso se ganaba algún dinero. Yo por aquel entonces estaba investigando un caso de unos crímenes que habían ocurrido en un teatro de Madrid y resulta que por casualidad uno de los días que fui a visitar a Teresa ya para despedirme de ella cuando se marchaba de nuevo, estaba allí la tía Chelo y no sé como salió la conversación del caso que yo estaba investigando sobre los crímenes y fue ella quien me habló que su hermana había estado pasando en casa a máquina un documento sobre el guión de una obra teatral escrita por un autor que había muerto en circunstancias poco claras...
María: ¡Vaya, que interesante...! y entonces le pediste a mamá ese documento, claro...
Héctor: Evidentemente... fui a su casa, bueno a casa de los abuelos ahora, claro... y ya sabéis como es vuestra madre, siempre tan cabezona... al principio no me lo quiso dar y se negaba en redondo, pero finalmente lo conseguí y gracias a ese documento pudimos el tío Bonilla y yo resolver ese caso...
Dani: ¡Que chulo...! cuenta más cosas, papi... por favor...
Héctor: Yo quise agradecer a vuestra madre el favor que me había hecho al dejarme ese documento tan valioso y una tarde en El Asturiano estaba yo con Bonilla tomando una copa y ella estaba sentada en una mesa escribiendo a máquina... me acerqué a ella y le ofrecí un contacto que yo tenía en una revista para que ella fuera a una entrevista de trabajo... mi amigo necesitaba una mecanógrafa que fuera rápida y eficiente y vuestra madre lo era sin ninguna duda... así que le pasé el teléfono por si le interesaba...
María: ¿Y entonces tú le conseguiste el trabajo en la revista...?
Héctor: Bueno, yo le ayudé a entrar en la revista como mecanógrafa pero todo lo demás lo ha conseguido ella por sus propios méritos porque ella vale mucho...
María: Tienes toda la razón, papi, mamá vale mucho...
Héctor: Y os va a resultar muy curioso porque después de aquel primer encuentro estuvimos muchos meses sin volver a coincidir hasta que un día yo fui a la revista a saludar a mi amigo, y allí estaba ella, toda concentrada en su trabajo y sin pestañear siquiera, de hecho apenas me dirigió la palabra aunque estaba seguro de que me había reconocido...
Dani: ¿Pero te dio las gracias, verdad que sí...?
Héctor: Mmmm... le costó un poco, casi tuve que sacárselo con cucharón, pero yo creo que es porque estaba un poco avergonzada, no esperaba encontrarme allí y que yo la reconociera al instante... pero luego fuimos hablando y tuvimos varias conversaciones, yo la acompañaba a casa y esas cosas... y supongo que fuí enamorándome de ella sin darme cuenta... de hecho no fuí apenas consciente de lo que mi corazón empezaba a sentir hasta que ocurrieron dos cosas... la primera fue cuando vuestra madre nos ayudó a Bonilla y a mí con un caso muy peligroso, en el que arriesgamos muchísimo y aún hoy todavía a veces pienso como pude ser tan temerario de poner su vida en peligro, aunque ella siempre me ha dicho que lo hizo porque quiso y que se sintió orgullosa de poner su granito de arena para algo tan importante...
María: ¿Y la otra cosa que ocurrió para que te dieras cuenta que estabas empezando a sentir algo fuerte por mamá cuál fue...?
Héctor: Esto si que es divertido... porque el tío Bonilla también empezó a sentirse atraído por vuestra madre...
Dani: ¿El tío Bonilla...? ¿en serio...? ja ja ja...
Héctor: Y a pesar de los esfuerzos que el pobre hacía por agradarla y por compartir ratos con ella y planes, la verdad es que ella no estaba muy por la labor de salir con él en otro plan que no fuera el de amigo, y además yo en el fondo tampoco quería dejarles solos mucho tiempo... supongo que tenía miedo de que se me escapara... ahí es donde me dí cuenta que tenía que rehacer mi vida y pasar página definitivamente... hasta el momento ninguna otra mujer me había llegado tan hondo desde que me separé de Teresa... y la aparición de vuestra madre en mi vida me cambió por completo los esquemas... sabía que tenía que empezar de cero, y aunque los dos sentíamos una fuerte atracción el uno por el otro, eso era evidente, ninguno nos atrevíamos a dar el paso, pues los dos habíamos sufrido desengaños amorosos previos y temíamos hacernos daño... además yo le llevaba varios años y pesaba mucho mi situación de hombre casado sin posibilidad de separarme legalmente...
María: ¿Pero entonces mamá nunca llegó a salir con el tío Bonilla...?
Héctor: Fueron al cine una vez y poco más, pero ella no sentía nada por él en plan romántico, quiero decir... siempre fue un buen amigo, el mejor, y también para mí... y los dos nos alegramos mucho cuando conoció a la tía Matilde, pues el pobre tampoco había tenido mucha suerte en el amor anteriormente... pero al final, nuestras respectivas historias han acabado bien y hemos llegado hasta donde estamos ahora...
María: Papi, ¿y te costó mucho convencerla de que eras un hombre estupendo y de que sólo querías hacerla feliz...?
Héctor: Pues bastante, la verdad... tuvimos varios desencuentros por el camino, la mayoría de las veces por mi culpa y además a vuestra abuela le costaba aceptar que nuestra relación iba en serio, pero llegó un momento en que ella veía a Asun tan feliz conmigo que no pudo negarse a la evidencia... y me acuerdo perfectamente la noche en que formalizamos nuestro compromiso... evidentemente no nos podíamos casar todavía, pues aunque yo ya había iniciado los papeles para pedir la anulación de mi matrimonio con Teresa, sabía que eso llevaría su tiempo y ni siquiera sabía si saldría bien y me concederían la nulidad... aún así, me presenté en casa de los abuelos con una rosa y una botella de vino...
Dani: (riéndose) ¡Hala, que romántico...!
Héctor: Allí mismo delante de todos me puse de rodillas y le pedí a vuestra madre que se viniera a vivir conmigo, que no podía vivir sin ella por más tiempo y que ella era la mujer que tanto tiempo andaba buscando y por la que mi corazón suspiraba...
María: ¡Madre mía...! ¿y que te dijo mamá...? ¿y la abuela...?
Héctor: Pues vuestra madre no paraba de llorar... estaba muy emocionada, se abrazó a mí, nos besamos y me dijo que sí, que estaba dispuesta a todo por mí... que le daba igual lo que pensara la gente, que lo único que quería era pasar el resto de su vida a mi lado y formar una familia, una familia feliz y unida para siempre...
(Tan absortos están los tres en el maravilloso relato que Héctor está haciendo de su historia de amor con Asun que ninguno de ellos se ha dado cuenta que Asun ya ha entrado en casa y lleva un rato escuchando el relato de su marido, sigilosa, sin querer interrumpir ese momento tan mágico, pero las lágrimas de emoción que ruedan por sus mejillas son tan intensas que sin querer se le escapa un suspiro. Dani gira la cabeza)
Dani: ¡Mami, mami... si estás ahí...! ¿cuánto tiempo llevas escuchándonos...?
Asun: (con la voz entrecortada de la emoción) Pues un buen rato, la verdad, pero me estaba gustando tanto que no quería interrumpir...
Héctor: Ven cariño, siéntate aquí con nosotros por si a mí se me olvida algún detalle...
Asun: Lo has contado todo estupendamente... y me has hecho llorar...
María: Mami, mami, lo que no nos ha dicho papá es que dijo la abuela esa noche que se te declaró...
Asun: ¿Pues que iba a decir...? nos veía tan felices que nos abrazó a los dos, nos dijo que éramos muy valientes y que a partir de ese momento íbamos a tener que escuchar muchas cosas y que algunos comentarios no nos iban a gustar, pero que ella creía en nosotros y en nuestro amor y que si nos manteníamos fuertes, venceríamos todas las dificultades, y que ella nos iba a apoyar siempre...
Héctor: Vuestra abuela es una gran mujer y siempre nos ha ayudado en todo, ¿verdad cariño...?
Asun: Sí... pero hay un detalle importante que se te ha olvidado contarles de aquella noche del mes de Octubre de 1957...
Héctor: ¿Ah sí...? (haciéndose el despistado) pues cuéntalo tú que yo no me acuerdo...
Asun: Te dije que te quería, que quería pasar el resto de mi vida contigo, que eras el hombre de mi vida y que formaríamos una familia muy pronto... en las dos últimas semanas había tenido unos síntomas muy extraños pero muy claros... nunca había sentido nada parecido, y entonces lo supe... me cogí de tu brazo y te arrastré literalmente hasta el portal pues no quería que mis padres lo supieran por el momento... cuando estábamos allí junto a la escalera los dos solos, te susurré al oído que creía estar esperando un bebé... y tu mirada cambió de repente... tus ojos brillaban tan intensamente que iluminaban la oscuridad del portal... nos fundimos en un beso tan delicioso como apasionado y nos juramos amor eterno... con aquel bebé en camino ya no había vuelta atrás, nos dirigíamos a una nueva etapa en nuestras vidas, una nueva etapa llena de cambios... los dos estábamos ansiosos por descubrir esos cambios y por recorrer juntos el camino de la vida... los dos teníamos miedo e incertidumbre ante el futuro pero sabíamos que si permanecíamos unidos todo sería diferente... y así ha sido y así seguirá siendo...
María: ¿Y entonces ese bebé que venía en camino era yo...?
Héctor: Así es, princesa... y fuiste el mejor regalo del mundo, el mayor tesoro que la vida nos podía regalar... el principio de nuestra nueva vida en común...
Dani: ¡Que historia más bonita, papi...! ¡Y que bien la contáis...!
Asun: (cogiendo a su marido de la mano y acariciándola con ternura) Es que vuestro padre es el mejor... en todo... y yo le sigo queriendo como el primer día, o incluso más...
Héctor: (sin dejar de mirarla intensamente) Yo también te quiero, mi niña, mi amor, la mujer que me ha ayudado a convertirme en lo que soy ahora... eres lo que más quiero en esta vida...
María y Dani: ¡Besaos de una vez, que lo estáis deseando...!
(Héctor y Asun deciden hacer caso al consejo de sus hijos y se besan en el sofá sin importarles nada más que sus propios sentimientos e impulsos. Después, toda la familia Perea se abraza más unida y más feliz que nunca, compartiendo esa sensación de felicidad y calor familiar).