(Los mellizos de Aurelia y Gustavo ya salieron del hospital tras permanecer en la incubadora unas semanas y los dos se dedican en cuerpo y alma a sacarlos adelante. Finalmente fueron niño y niña y sus padres les dieron los nombres de Marta y Raúl. El padre de Aurelia está muy contento de haber tenido la oportunidad de conocer a sus dos nietos recién llegados al mundo. Su salud ya no es tan buena como solía ser y temía no llegar a tiempo de conocerles pero la vida le ha hecho un último regalo, ahora como él dice, puede marcharse en paz de este mundo sabiendo que su hija ha cumplido sus mayores sueños en la vida)
(Durante su viaje a Hannover, Héctor no dejaba de lamentarse por la discusión que había tenido con su hija María la tarde anterior. Le molestó profundamente que ese chico, Tim, el hermano de Suzanne, se hubiera atrevido a pedirle una cita con su hija para llevarla al cine a solas y no dejaba de repetirle a Bonilla que su hija era demasiado pequeña para empezar a salir con chicos. En el fondo de su corazón, Tim no le caía mal pero consideraba que era enormemente atrevido al pedirle una cita a María con tan corta edad)
Héctor: Puede que esas cosas en América sean muy normales, pero es mi hija y no quiero que le hagan daño...
Bonilla: Te entiendo, Héctor, y yo no sé como hubiera reaccionado de haber tenido una hija, pero creo que debes confiar en ese chico, estoy seguro de que no lo hizo con mala intención y creo que le gusta María de verdad...
Héctor: Puede que tengas razón, pero no termino de acostumbrarme... María siempre será mi princesa y me gustaría que no empezara a fijarse en los chicos tan pronto...
Bonilla: Se hacen mayores, Héctor, y ni tú ni yo podemos evitarlo... lo importante es que les eduquemos para que sepan tomar sus propias decisiones... María es muy madura y sabe muy bien lo que quiere, y estoy seguro que no hará nada de lo que no esté segura, y menos sin consultarlo antes contigo y con Asun...
Héctor: Espero que tengas razón...
(Aquella conversación con Bonilla y la posterior conversación telefónica que mantuvo con su hija donde le pidió perdón por haberse enfadado tanto con ella, calmaron sus nervios. Ahora ve las cosas con otra perspectiva, y aunque sigue sin convencerle demasiado que Tim salga a pasear con María a solas de vez en cuando, también sabe que María no hará nada de lo que pueda arrepentirse después)
(Tras volver de uno de esos paseos con Tim, María vuelve a casa y le cuenta a su padre todos los detalles de sus conversaciones con “ese chico” como le llama Héctor. Padre e hija mantienen una agradable conversación llena de sentimientos y de complicidad)
María: Papi, yo no quiero que tú te enfades porque yo salga a pasear con Tim... ¿ya no estás enfadado conmigo, verdad...?
Héctor: Claro que no, princesa... ese día me pillaste un poco rebotado, lo reconozco, pero fue porque me pilló de sorpresa... sinceramente no me esperaba que ese chico fuera a presentarse en casa pidiéndome salir al cine contigo a solas... tú eres un poco pequeña todavía, aunque vayáis a la sesión tolerada...
María: No hicimos nada malo papi... simplemente fuimos al cine, vimos una película infantil y comimos frutos secos con un refresco, y luego me acompañó a casa... si te sirve de consuelo, yo tampoco me lo esperaba... pero cuando salimos a pasear y hablamos, tenemos bastantes cosas en común... y además no pasamos tanto tiempo juntos como crees... la mayoría de las veces está Suzanne con nosotros y los tres charlamos y jugamos en el parque al salir del colegio...
Héctor: No estoy enfadado, cariño... de verdad, tienes que creerme... solo quiero que no crezcas tan deprisa... me gustaría poder detener el tiempo y que sigas siendo mi princesita...
María: Yo siempre seré tu princesita... ni el chico más guapo de este mundo podrá cambiar eso...
Héctor: Sólo quiero que me contestes a una cosa... ¿a ti de verdad te gusta ese chico, aunque sea un poco...?
María: No lo sé... Tim es muy simpático y me hace reír a veces, pero él y yo solo somos amigos... soy muy pequeña para pensar en otras cosas de mayores... voy a hacer los 12 años en Mayo y no me preocupo por esas cosas aún...
Héctor: ¿Y ese chico también es consciente de eso...? me refiero a que sus intenciones son las mismas que las tuyas, ser amigos y eso...
María: Sí, puedes estar tranquilo, papi... yo no sé si le gusto o no, nunca me lo ha dicho, sólo sé que nos lo pasamos bien jugando juntos y hablando de cosas del colegio, y nada más... te lo prometo...
Héctor: Te creo, cielo... y me gusta que seas tan sincera conmigo... a veces puedo ser un poco estricto con esas cosas, pero me gusta que tú y yo podamos hablar y entendernos...
María: A mí también me gusta hablar contigo, papi... y a Tim le caes muy bien, siempre me dice la suerte que tengo de tener un padre como tú...
Héctor: ¿Es que su padre no habla con él así como tú y yo estamos haciendo ahora...?
María: No siempre... según dice Tim siempre está trabajando, y casi no tiene tiempo de hablar a solas con él, pero si me ha dicho que sus padres piensan que somos una familia muy agradable y simpática, y que han tenido mucha suerte de que nos hayamos hecho amigos...
Héctor: Yo es que no estoy acostumbrado a tratar con gente extranjera... que le vamos a hacer, no soy tan internacional como tu tío Bonilla, pero procuro esforzarme para no parecer un paleto...
María: (sonriendo) Tú no eres ningún paleto, papá... tú solo tienes que ser como eres y que no te importe lo que piensen los demás, allá ellos, y si no les gustamos como somos, pues ellos se lo pierden... pero no quiero que cambies por nada del mundo...
Héctor: Si tú me lo pides, no lo haré... y quiero que me prometas otra cosa...
María: ¿El qué...?
Héctor: Que si alguna vez cuando seas un poco más mayor, te planteas empezar una relación con ese chico o con cualquier otro, me gustaría que confiases en nosotros, en mamá y en mí, y que nos preguntases tus dudas, lo que te preocupa, lo que sientes, y que podamos hablarlo y compartirlo en familia...
María: (mirando fijamente a su padre con sus grandes ojos) Te lo prometo, papi, de verdad... os contaré lo que me pasa, lo que pienso y lo que siento... nadie como vosotros para darme buenos consejos...
Héctor: Esa es mi chica... ven aquí y dame un abrazo...
María: Te quiero mucho, papi... (besa y abraza a su padre)
Héctor: Y yo a ti, princesa, y yo a ti...
María: Me voy a la cama, ¿de acuerdo...?
Héctor: Claro, que descanses, tesoro...
María: Hasta mañana...
Héctor: Hasta mañana...
(Ya más de noche, Héctor y Asun descansan en la cama reposando felices el uno sobre el otro)
Asun: Debo decir que has estado muy bien antes con María...
Héctor: ¿Has estado escuchando lo que decíamos...?
Asun: Un poco... ella ha entendido el mensaje y sabe que nos tiene a su lado para todo lo que necesite...
Héctor: Necesitaba decirle lo arrepentido que estaba por el enfado que me cogí aquel día, y le he prometido que no voy a molestarme porque salga a pasear con ese chico o porque vaya al cine de vez en cuando con él... confío en ella y también en ese chico, que por lo que parece se ha fijado en nuestra hija más de lo que yo quisiera...
Asun: (sonriente, acaricia a su marido) Es inevitable, cariño... son cosas que pasan... María es aún pequeña pero ya empieza dentro de nada a entrar en la edad esa tan horrible de la adolescencia... y es una niña muy buena, muy guapa y no debe extrañarnos que los chicos empiecen a fijarse en ella, es algo que tarde o temprano tenía que pasar...
Héctor: Preferiría que hubiese sido más bien tarde si te digo la verdad... no quiero que estas tonterías le hagan despistarse...
Asun: Puedes estar tranquilo... María es una niña muy lista, y sabe perfectamente que está en la edad de estudiar y de formarse para tener un futuro seguro... ella sabe lo que quiere, es muy madura para la edad que tiene y nosotros hemos sabido educarla para que aprenda a tomar sus propias decisiones...
Héctor: Me ha prometido que siempre acudirá a nosotros si tiene dudas sobre sus relaciones con los chicos... y yo la he prometido que no me enfadaré cuando ese chico quiera acompañarla a casa o salir con ella a jugar al parque los fines de semana...
Asun: Me alegro, estoy orgullosa de ti, Héctor... has sabido rectificar a tiempo y eso te honra... es muy importante que María sepa que puede confiar en nosotros... porque estoy segura que más adelante le vendrán dudas sobre como empezar a relacionarse con los chicos... y me gustaría que compartiera sus sentimientos, sus pensamientos...
Héctor: Nuestra princesa se hace mayor... por desgracia...
Asun: Lo sé... pero piensa que entraremos en otra fase, en la que juntos descubriremos como se siente ella, y en la que podemos ayudarle y serle de utilidad... ella siempre nos ha visto como nos relacionamos nosotros, como confiamos el uno en el otro, como nos entendemos, como nunca nos hemos decepcionado... y el ejemplo que le damos día a día a ella le va a servir, estoy segura...
Héctor: ¿De verdad nunca te has sentido decepcionada por mí...?
Asun: Jamás... siempre has sido un hombre justo y bueno... a veces tienes tu genio, pero eso no quita lo más importante... yo lo que veo cada día es que eres un hombre con un corazón de oro, un padre ejemplar, que se esfuerza cada día por dar lo mejor de sí mismo, entregado a su familia...
Héctor: (robándole un beso a su esposa) Te quiero mucho...
Asun: Yo también, cariño, yo también... y tienes que sentirte muy orgulloso de lo que hemos creado entre los dos, y de haber sabido llevar a esta familia a la más absoluta felicidad, porque eso es lo que siento estando contigo, felicidad...
(Los dos se abrazan calurosamente)
Asun: Y para que veas lo mucho que te quiero y lo a gusto que me siento ahora mismo voy a darte un masaje de esos que tanto te gustan... ¿te apetece...?
Héctor: Sabes que lo estoy deseando...
(Asun se dispone a premiar a su marido con un estupendo masaje, prolegómeno de todo lo que vendría después, una nueva demostración del amor y pasión que despliega la pareja, que sigue tan enamorada o más como el primer día que se conocieron)