domingo, 2 de noviembre de 2014

Capitulo 92 - Un diario emotivo (Junio de 1970)


(Unas semanas después, ya estamos a finales de Junio de 1970. Asun regresó a casa tras ser dada de alta del hospital pocos días después de haber sido intervenida quirúrgicamente para extraerle un embrión mal posicionado en su útero que dio lugar a un embarazo frustrado. Los ánimos de la pareja estaban algo decaídos en esos primeros días sobre todo cuando pensaban en la posibilidad de que podrían convertirse de nuevo en padres aunque fuera de esa manera tan inesperada y accidental. Posteriormente su pesar inicial dio paso a una fase más relajada en la que ambos decidieron no volver a hacerse ilusiones y simplemente disfrutar de todos y cada uno de los momentos que pasaban en familia, tanto con sus hijos como ellos dos solos).

(Asun retomó su trabajo en la revista tras estar un par de semanas de reposo en casa y también por las noches cuando regresaba a casa y una vez sus hijos estaban en la cama, se refugiaba en el dormitorio para poner al día su diario donde escribía todos aquellos sentimientos y pensamientos que se le venían a la cabeza, sus vivencias y emociones más sinceras y profundas).

(Una de esas noches estaba Asun sentada en el escritorio provisional que había instalado junto a la cómoda. Héctor llevaba un buen rato observándola desde la cama, esperando que terminara de escribir para poder apagar la luz y abrazarse a ella hasta quedar los dos completamente dormidos después de haber compartido impresiones sobre el devenir del día)

Héctor: ¿Te queda mucho, cariño...? ¿por qué no vienes a la cama...?
Asun: Sólo un momento, por favor, es que precisamente ahora estoy bastante inspirada y no quiero dejarlo para mañana...
Héctor: Algún día me tienes que dejar leer lo que estás escribiendo...
Asun: Claro que sí, no tengo nada que ocultar... pero me gustaría avanzar un poco más antes de dejártelo...
Héctor: ¿En esa especie de diario o memorias o lo que sea hablas de mí, verdad...?
Asun: Pues claro que sí, hablo de ti, de mí, de los niños, de nuestra vida en general, de mis planes y proyectos, de lo que se me pasa por la cabeza... un poco de todo… el capítulo de hoy está dedicado a mi embarazo frustrado... a lo que podía haber sido y no fue...
Héctor: (levantándose de la cama y rodeando a Asun con sus brazos por la espalda) ¿Y por qué no me dejas echarle un vistazo...? a lo mejor se me ocurre alguna idea para mejorarlo... aunque tú escribes tan bien tú solita que seguro que mis ideas solo servirían para estropearlo...
Asun: (dándose la vuelta y dándole un beso) Sabes que no... tus ideas son estupendas y me echaste una buena mano con la primera novela que escribimos a medias aunque la firmara con un pseudónimo... pero esto es diferente, son unos relatos más intimistas, más personales, y no quiero que lo leas hasta más adelante...
Héctor: (poniéndose mimoso) ¡Por favor... déjame leer solo un trocito...!
Asun: (divertida) ¡Que te he dicho que no...! que me da vergüenza que lo leas así delante de mí... te vas a reír con las tonterías que pongo...
Héctor: Para nada... yo no me reiría con algo así, en todo caso me emocionaré profundamente porque seguro que es algo escrito con el corazón y sólo por eso vale la pena leerlo... trae, déjame...

(Héctor le roba el diario a Asun en un descuido)

Asun: ¡Devuélvemelo ahora mismo...! ¡no seas malo... te vas a enterar...!

(Héctor se mete en la cama y empieza a pasar rápidamente las páginas del diario. Asun se mete en la cama corriendo junto a él para quitárselo de las manos pero Héctor es más rápido de reflejos y lo desliza bajo la almohada)

Héctor: Sabía que esta era la única manera de que vinieras a la cama conmigo, mi niña...
Asun: (mirándole descarada) ¿Lo has hecho a propósito para hacerme rabiar...? así que no pensabas leerlo ni nada de eso...
Héctor: Por supuesto que no... sé que es un documento tuyo, privado y por nada del mundo tengo derecho a leer cosas que tú no quieres que lea... sólo espero no salir muy mal parado en esos relatos tuyos...
Asun: (poniéndose cariñosa) Eso es imposible del todo, señor detective... tú me conoces mejor que nadie y sabes que no puedo escribir cosas malas sobre ti... al contrario, te has ganado a pulso el premio al mejor marido del mundo... por estar siempre ahí, a mi lado cuando más te necesito, siempre...
Héctor: ¿En serio piensas que soy el mejor marido del mundo...?
Asun: Para mí sí, (acariciándole la nariz) y el mejor padre de familia también...y por eso no quiero que cambies nunca, cariño... te quiero tal como eres...

(Asun desliza las manos por debajo de la almohada tratando de recuperar su diario)

Héctor: Un momento... no te creas que va a ser tan fácil... para recuperar este valioso documento tendrás que pagar el correspondiente peaje, ¿no te parece señora Perea...?
Asun: (con una sonrisa) ¿Ah sí...? ¿y en que consiste ese peaje, señor Perea...?
Héctor: Mmmm... aún no lo he pensado pero te va a salir caro, muñeca...
Asun: (partida de risa empieza a acariciar a su marido tal y como le gusta) ¿Te parece este un buen comienzo...?
Héctor: No está mal, no está nada mal... si sigues por ese camino podremos empezar a negociar...
Asun: ¡Calla bobo...!

(Asun insiste un poco más con sus caricias y profundiza en los besos hasta que los dos sucumben a la pasión, disfrutando el uno del otro de la manera que mejor saben hacerlo).

(Un buen rato después, los dos no pueden dejar de contemplarse con una sonrisa de emoción)

Héctor: Lo has vuelto a hacer... has conseguido sorprenderme una vez más con ese toque tan especial...
Asun: (besándole) Te quiero...
Héctor: Y yo a ti, mi Asun...
Asun: ¿En serio te ha gustado...?
Héctor: No, no me ha gustado, me ha encantado, has estado fantástica, especial, vibrante... maravillosa... y yo también te quiero, mucho...
Asun: ¿Sabes qué…?
Héctor: ¿Qué…?
Asun: Que voy a hacerte un regalo…
Héctor: ¿Otro regalo…? pero si ya me acabas de dar uno muy especial…
Asun: (desliza las manos de nuevo bajo la almohada) Sí, pero después de lo que acaba de pasar, te mereces un premio, una compensación, por hacerme tan feliz…
Héctor: ¿Y el regalo es…?
Asun: Ten… (le deja el diario) ábrelo y elige el relato que quieras leer… no me importa, elige un capítulo cualquiera y léelo en voz alta…
Héctor: (sorprendido) ¿De verdad que no te importa…?
Asun: No… esta es otra bonita manera de compartir lo que sentimos… así me dices que te parece… tu opinión me sirve de mucho, ya lo sabes…
Héctor: (dándole un beso a su esposa) Gracias… es todo un detalle por tu parte, cariño… y estoy seguro que me va a gustar mucho lo que lea… (ojea los diferentes capítulos) veamos…

(Asun se acomoda en el pecho de su marido dispuesta a escuchar en labios de él las palabras que ella misma ha estado escribiendo en los últimos meses)

(Héctor empieza a leer en voz alta un capítulo de las vivencias de Asun referente a la etapa en la que se conocieron, cuando Asun tenía dudas sobre sus sentimientos hacia Héctor)

“Recuerdo las primeras veces que le ví. A simple vista no pasaba desapercibido. Lo primero en lo que te fijabas era en sus ojos, esos preciosos ojos azules combinados con esa enigmática sonrisa y esos ademanes de galán caballeroso, siempre tan educado, siempre tan amable. Al principio pensaba que sus coqueteos eran una estrategia más para llevarse a las chicas de calle, pues me habían dicho que era un caballero de buena planta pero bastante frívolo y que sus conquistas se contaban por docenas. Yo por aquel entonces acababa de salir de una relación complicada que me dio más de un quebradero de cabeza. El “estudiante rojo” como le conocían en algunos grupos de la universidad, había dejado una huella bastante profunda en mi corazón pues fue mi primer novio y también mi primera decepción; me había prometido a mí misma que jamás volvería a enamorarme porque el desamor dolía demasiado. No quería volver a pasar por lo mismo otra vez, sin embargo aquel hombre me causaba mucha curiosidad. Sentía cierta atracción por él, como si fuera un imán y aunque fuera unos cuantos años mayor que yo y fuera un hombre con mucho camino recorrido como decía mi madre, también había quienes le consideraban como un hombre a quien la vida le había golpeado duro. Entre las personas que le apreciaban de verdad se encontraban mis tíos, Pelayo, Marcelino y Manolita. Ellos le habían conocido en su época de policía, cuando llegó a comisario y todo y también cuando estaba casado con su primera mujer, Teresa García.  Según me contaba mi tía, Héctor era un hombre muy feliz por aquel entonces, su trabajo en la policía le encantaba, estaba muy bien considerado por la mayoría de sus compañeros aunque también tenía problemas con los jefes por su forma de resolver los casos y porque tenía un sentido muy particular de la justicia. Héctor era un hombre justo y honesto, buscador de la verdad por encima de todo y eso no siempre rentaba en las altas esferas de la Dirección General. De ahí que su carrera en el cuerpo de policía empezara a desmoronarse en poco tiempo hasta que decidió abandonarlo del todo. Fue entonces cuando montó su propio despacho de investigación junto con su amigo y compañero Bonilla, también ex-policía. El fiel Bonilla había aprendido todo sobre la profesión al lado de Héctor y a pesar de los años transcurridos aún le sigue llamando “jefe”. Los dos se han hecho inseparables desde entonces, ambos se han dado siempre el apoyo que necesitaban, sobre todo en aquellos momentos en los que el matrimonio de Héctor empezó a naufragar para finalmente hundirse del todo con la marcha de Teresa a vivir una nueva vida lejos de Madrid...”

Asun: ¿Qué te parece...?
Héctor: Me encanta como lo cuentas, cariño... le das un estilo muy particular...
Asun: He intentado reflejar la realidad tal y como me la contaron y después lo que yo he visto... hay otras partes en las que ya cuento como eran nuestros encuentros tensos al principio y muy emocionantes después... (pasa las páginas) ¡mira...! lee esto por favor, es uno de mis recuerdos más bonitos...
Héctor: (acariciando a su esposa con ternura y emoción) Está bien... veamos...

“Héctor y yo mantuvimos una relación de tira y afloja durante muchos meses... yo me negaba a asumir que estaba empezando a enamorarme de él a pesar de que mi querida hermana Chelo se esforzaba por abrirme los ojos pero en el fondo no quería hacerme ilusiones, quería evitar que volvieran a hacerme daño otra vez, pensaba que si me negaba a mí misma mis sentimientos conseguiría que se esfumaran, pero no lo hicieron... cada vez que me cruzaba con él, mi corazón daba saltos de alegría y las conversaciones que manteníamos en la plaza conseguían animarme el día, sobre todo en la época en la que perdí a mi hermana en aquel fatídico atropello. Yo tenía que ser el sostén de mi familia que estaba completamente rota y hundida. La pérdida de un hijo es lo peor que les puede pasar a unos padres y eso Héctor lo sabía bien, pues él también perdió el suyo cuando aún ni siquiera había nacido. Con él podía sincerarme y decir todo lo que pensaba, sin tener que disimular o callar y eso me hacía sentir bien; siempre estaba dispuesto a ayudar y a escucharme...”

“Una de las noches que más profundo guardo en mi corazón es la de mi cumpleaños en Marzo de 1957. La verdad es que no sé como lo hace, pero siempre consigue sacarme una sonrisa cuando más triste y abatida estoy. Y eso fue exactamente lo que hizo aquella noche. En esa noche ocurrieron muchas cosas pero la más importante fue que descubrí una faceta de Héctor que jamás imaginaba encontrar: detrás de esa aparente fachada de hombre duro y castigado por los palos de la vida, encontré también al hombre más dulce y tierno que existe sobre la faz de la tierra... en aquella mágica noche no solo compartimos besos y caricias deliciosas, también aprendí a reconocer y aceptar lo que sentía, había vuelto a enamorarme de nuevo, y esta vez me sentía más alegre y viva que nunca, el sentimiento era completamente diferente y tenía la sensación de que la historia que por entonces acababa de comenzar, nos llevaría a Héctor y a mí muy lejos en el tiempo, era como si dos almas heridas hubieran coincidido en el camino de la vida para acompañarse, comprenderse y protegerse mutuamente. Desde entonces hasta ahora han ocurrido muchas cosas entre Héctor y yo, la mayoría de ellas muy buenas, pero también ha habido cosas que han puesto a prueba nuestra relación y aunque la mayoría de la gente que nos quería nos apoyó en todo momento, también hubo aquellos quienes trataron con sus críticas de echar abajo todo lo que habíamos construido. Lo que no sabían todos esos que trataron de hundirnos es que Héctor y yo somos muy fuertes y estábamos tan convencidos de que lo nuestro iba a funcionar que no íbamos a permitir que nada ni nadie nos hiciera vacilar ni un instante en nuestro proyecto futuro de vida en común. Por aquel entonces yo tenía la certeza de que jamás llegaría a casarme con Héctor, era una utopía pensar que a él le concedieran la nulidad de su primer matrimonio, pero eso es lo que menos me importaba en aquella noche de 1957, yo tenía una intuición, una especie de instinto que me decía que si le daba una oportunidad, llegaríamos muy lejos como así ha sido y sigue siendo a día de hoy, mi instinto no me falló y no me arrepiento de ninguna de las decisiones que tomé aquella noche...”

(Héctor cierra el diario con una sonrisa de emoción en la comisura de sus labios. Sus manos no pueden evitar acariciar repetidamente el pelo y el rostro de su esposa que desde hace ya algún rato duerme profundamente recostada sobre el pecho de su marido. Héctor estaba tan absorto en la lectura que ni siquiera se ha dado cuenta en que momento su preciosa mujer se ha quedado dormida entre sus brazos. Ahora la contempla de forma radiante, orgulloso de ella y de la suerte que tuvo al cruzarse con ella en el camino de la vida)

 
Héctor: (en susurros) Ay, mi Asun, mi precioso ángel... te debo tanto... gracias, gracias de corazón por este regalo... (sin parar de acariciarla con delicadeza) te quiero y te necesito a mi lado, siempre, y siempre estaremos juntos, yo también he tenido siempre esa certeza de que lo nuestro era una historia de amor con mayúsculas... descansa, mi cielo, duerme que cuando te despiertes yo seguiré aquí, a tu lado como cada día... te amo...

(Héctor deja el diario sobre la mesilla de noche, besa cálidamente a su esposa y apaga la luz para continuar durmiendo junto a ella como llevan haciendo cada noche desde que decidieron iniciar una nueva vida en común)