domingo, 24 de noviembre de 2013

Capítulo 82 - Sentimientos de culpa (Septiembre 1969)

(Unos meses después... Septiembre de 1969. La familia Perea terminó de pasar sus vacaciones junto a los Olavide en tierras asturianas. La familia Olavide pasó el mes de Agosto haciendo una ruta por la Cornisa Cantábrica, y la familia Perea se unió a ellos en la última parte del recorrido, justo a la altura de Covadonga, los lagos y posteriormente Ribadesella, Oviedo y Gijón. Los días que compartieron juntos fueron muy divertidos y los niños disfrutaron especialmente de las excursiones en plena naturaleza. Además tuvieron suerte con el tiempo y apenas les llovió, lo que les permitió disfrutar de bonitos paisajes y paseos, además de buenas y copiosas comidas).

(El día más intenso y difícil de toda la excursión fue la llegada a Ribadesella, donde Héctor y Gustavo junto con los niños contrataron una canoa para bajar con un monitor el descenso del río Sella, desde Arriondas hasta la desembocadura en Ribadesella. El susto que protagonizó el pequeño Daniel cayéndose de la barca y teniendo que ser rescatado por el monitor es algo que Héctor no olvida fácilmente y a pesar de los días transcurridos y ya en Madrid, el recuerdo de lo que pudo haber pasado aún sigue atormentando a Héctor por las noches, sumido en sus pensamientos e impidiéndole a veces conciliar el sueño)

Asun: (acariciando a Héctor en el pelo y en la nuca) ¿No puedes dormir, verdad...?
Héctor: No...
Asun: Otra vez estás pensando en lo de Daniel...
Héctor: No puedo evitarlo, Asun, no puedo... cada vez que pienso en ese maldito día y en mi poca cabeza... ¿cómo pude ser tan mal padre...? tenía que haberle sujetado mejor, es más, no tenía que haber contratado esa estúpida excursión...
Asun: Shhh... ya está, ya está... Héctor, no puedes seguir dándole vueltas a lo que ocurrió... no sirve de nada lamentarse... en primer lugar, tú no eres un mal padre, al contrario, eres el mejor padre del mundo, tus hijos te adoran, y para ellos eres su héroe... ¡no hay más que ver a Daniel como te mira...!
Héctor: A veces tengo la sensación de que hace conmigo lo que quiere, y que si me quiere tanto es porque le doy todos los caprichos...
Asun: Eso no es cierto, y lo sabes... tus hijos no te quieren por los caprichos que les das o por los regalos que les haces... te quieren por como eres... porque has sabido educarles y sacar de ellos lo mejor que tienen... esa es una tarea muy difícil y tú y yo la estamos haciendo de maravilla, y no tengas ninguna duda que ellos nos lo van a agradecer cuando sean mayores, porque estamos enseñándoles a ser buenas personas y eso es lo único que importa...
Héctor: Ya, pero es que... ¿qué hubiera pasado si el monitor no hubiera reaccionado tan rápido como lo hizo...? el pobre niño estaba empapado, el agua estaba congelada... ¡podría haber muerto ahogado o de una pulmonía seria...!
Asun: No pienses eso, por favor... no me lo quiero ni imaginar... todo quedó en un susto por fortuna...
Héctor: Si le hubiera pasado algo a nuestro hijo, por mínimo que fuera, no me lo habría perdonado en la vida y tú tampoco...

(Asun mira a su marido de forma enigmática, intentando descifrar adonde quiere llegar)

Héctor: Aún sigo viendo esa mirada tuya cuando salimos del agua... esa mirada fría como el hielo que me atravesó como un rayo... te miré fugazmente y supe que te había decepcionado... me sentí el hombre más inútil y más triste de la tierra...
Asun: (sorprendida y avergonzada vuelve a acariciarle) Héctor... cariño... de verdad, que yo no sabía que estabas tan afectado... si yo hubiera sabido que ibas a llevar esa penitencia arrastrando contigo todo este tiempo, te habría dedicado mucho más tiempo a escucharte y menos a enfadarme contigo... y escucha otra cosa... yo jamás he pensado ni pensaré que me has decepcionado... nunca, ¿me oyes...? lo de aquel momento fue un arrebato... supongo que es el instinto de protección que todas las madres llevamos en nuestro interior, pero en ningún momento te culpé de aquello, como tampoco te culpé cuando Dani se perdió en el supermercado... son cosas de críos, cosas que a veces pasan y que ni tú ni yo podemos evitar por mucho que nos empeñemos en protegerles...
Héctor: Pero ese es nuestro deber como padres... protegerles para que nada malo les ocurra...
Asun: Sí, y también enseñarles a defenderse de los peligros, a ser autónomos e independientes... la mayoría de las veces los niños aprenden a base de golpes... si les protegemos todo el tiempo y no les dejamos que se enfrenten ellos solos a las cosas, los convertimos en unos inútiles, y nosotros no vamos a estar ahí con ellos toda la vida... lo natural es que cuando ellos sean bastante mayores, nosotros ya no estemos ahí, pero sabrán como actuar y recordarán todo lo que les enseñamos y eso es lo que les queda, nuestro legado...
Héctor: Pero para que llegue ese día aún queda mucho, yo no quiero pensar en que será de ellos cuando nosotros faltemos...
Asun: Por supuesto que no... (sonriendo) tenemos cuerda para rato tú y yo... y lo que tenemos que hacer es disfrutar viéndoles como crecen, como se enfrentan a las adversidades, como se caen para volverse a levantar... no vale la pena atormentarse por lo que podría haber ocurrido o por como podríamos haber evitado esto o aquello... la vida en sí es una aventura, una carrera de fondo llena de obstáculos y de riesgos que merece la pena descubrir... no se puede planificar todo al milímetro... y además eso sería muy aburrido... ¿o acaso crees que yo planee enamorarme de ti como lo estoy hasta las trancas...?
Héctor: (mirándola con dulzura) No, supongo que no... esas cosas no se planean...
Asun: Efectivamente... la vida te va llevando por diferentes caminos y te ofrece posibilidades, y tú eliges la alternativa que crees que es la mejor en ese momento... y también te da sorpresas... yo solo sé que el día que te cruzaste en mi camino fue el mejor día de mi vida...
Héctor: Yo el día que te conocí, sentí, no sé, como una especie de cosquilleo interior, como si el mundo se hubiera parado de repente y solo existieras tú, destacando sobre todas las cosas... para mí tú eres mi mundo y no me imagino que sería de mi vida si tú no estuvieras a mi lado...
Asun: Cariño... yo siempre voy a estar a tu lado, compartiendo ese mundo que hemos creado entre los dos, ese mundo maravilloso que merece la pena seguir descubriendo, compartiendo siempre todas nuestras inquietudes, nuestros sueños y nuestros desvelos... (mirándole dulcemente) ¿te sientes mejor ahora...?
Héctor: Sí, gracias... mucho mejor... cuando hablo contigo de lo que me preocupa y de lo que me atormenta es como si me quitara un peso de encima, me siento aliviado y ligero como una pluma para seguir adelante, luchando cada día y seguir aumentando mi felicidad...
Asun: (besando a su marido en la mejilla) Pues te va a parecer extraño, pero ¿sabes en que estaba pensando yo hace un momento...?
Héctor: Sorpréndeme...
Asun: En la noche que concebimos a Daniel...
Héctor: ¿Cómo puedes saber cuando fue exactamente...? es imposible de saberlo... además, nosotros somos bastante activos en ese sentido, ya me entiendes...
Asun: Ya lo sé, mi amor, y esa es otra de las cosas que me encantan de nuestra vida... pero estoy segura que tuvo que ser aquella noche... me acuerdo que fue un día raro...
Héctor: ¿Raro... qué quieres decir...?
Asun: Era a finales de Noviembre de 1960... y tú y yo habíamos empezado el día discutiendo por algo relacionado con uno de tus casos...
Héctor: Pues sí que era raro, sí, porque tú y yo no discutimos habitualmente...
Asun: (con una sonrisa) ¡Calla bobo...! la cuestión es que a mí no me habían gustado los métodos que habíais utilizado Bonilla y tú para resolver el caso aquel de la banda de “Los juegos”... ¿te acuerdas...?
Héctor: (pensativo) A ver... sí, vagamente... recuerdo que a ti no te gustaba nada que yo me pasara las noches de vigilancia en las salas de juego... decías que era muy peligroso, que María era muy pequeña y que yo no venía a dormir prácticamente ninguna noche y tú te quedabas sola con ella en casa... pero era necesario hacerse pasar por crupier para coger a esos malnacidos con las manos en el pastel...
Asun: Sí, pero el mundo de la noche es peligroso y más en determinados ambientes...
Héctor: Bonilla y yo fuimos muy cuidadosos para no ser descubiertos y que no se dieran cuenta de que en realidad estábamos infiltrados...
Asun: Lo sé, pero no podía evitar sentir miedo de no tenerte en casa por las noches, cerquita de mí... sabes que te necesito y que si no me abrazo a ti, no puedo dormir...
Héctor: ¿Y qué pasó ese día según lo que recuerdas...?
Asun: Pues que habíais resuelto el caso con éxito y conseguisteis que la policía detuviera a toda la banda que estafaba a las salas de juego de medio Madrid... yo te pedí que no volvieras a exponerte tanto porque estuvieron a punto de detenerte a ti también al confundirte con uno de los cabecillas de la banda...
Héctor: Pero cariño, eso es porque hice tan bien mi papel que hasta la policía dudaba si yo era del equipo de los malos o de los buenos...
Asun: Y tú me dijiste que parte de tu trabajo era correr riesgos y que así lo acepté cuando nos conocimos y empezamos a salir... que sabía que había una remota posibilidad de que algún caso no saliera como esperabas y que alguna vez podría llevarme algún susto... pero una no se termina de acostumbrar a esa vida de detective misteriosa y oscura... no sabes como respiro de aliviada cada vez que llegas a casa del despacho sano y salvo...
Héctor: Asun, mi trabajo de detective es lo único que tengo y lo que me hace feliz, aparte de ti, por supuesto... es mi vocación y no puedes pedirme que renuncie a ello... imagínate que yo te pidiera que dejaras de trabajar en la redacción y que te quedaras en casa cuidando de los niños... ¿qué pensarías de mí...? que soy un troglodita y un retrógrado, ¿no...? y con razón...
Asun: (mueve la cabeza afirmativamente) Si ya lo sé... y cuando se te ha ocurrido sugerir algo parecido yo siempre me he puesto a la defensiva... a mí también me encanta mi trabajo y jamás renunciaría a él... pero supongo que a veces el miedo nos paraliza y nos dejamos llevar por él... recuerdo que tuvimos esta misma conversación aquel día solo que un poco más alterados... aunque luego nos fuimos calmando, y luego María nos regañó porque estábamos gritando mucho y se puso triste porque creyó que yo estaba enfadada contigo...
Héctor: Ay sí, María siempre tan sentida...
Asun: Y siempre saliendo en tu defensa como una leona...
Héctor: Como tiene que ser... para algo es la niña de mis ojos...
Asun: (sonriendo) No hace falta que lo jures... y volviendo a ese día que al final fue maravilloso, recuerdo que hacía un frío tremendo, y encima la caldera de carbón se había estropeado justo el fin de semana anterior y mi madre y mi hermano disgustados por la explicación que iban a tener que darles a los vecinos cuando preguntaran porque no había calefacción...
Héctor: ¿Y qué pasó después...?
Asun: Pues que como no había nada interesante en la radio y en el salón hacía mucho frío, decidimos meternos debajo de las mantas de la cama para entrar en calor...
Héctor: (mirando intensamente a Asun) Interesante...
Asun: Pero yo seguía teniendo frío... y entonces tú me envolviste entre tus brazos y me dijiste: “conozco una forma segura de entrar en calor, mi niña...” los dos nos miramos embobados como dos adolescentes en celo... estabas tan guapo y tan sonriente aquella noche... y yo estaba tan necesitada de mimos que simplemente me dejé llevar por mis sentimientos y por mis ganas de demostrarte lo mucho que te amaba... una cosa llevó a la otra, y si de algo estoy segura es de que aquella noche fue especialmente tierna... no había distancia ni barreras entre nuestros cuerpos, éramos como una fusión perfecta... una mezcla de amor y pasión a partes iguales... no me preguntes por qué, pero cuando después de aquella noche a las pocas semanas averigüé que estaba en estado, supe que ese bebé que venía en camino era el resultado de aquel maravilloso cóctel... tenía tantas ganas de volver a quedarme embarazada, de sentir los cambios en mi cuerpo, de sentir a mi bebé como iba creciendo dentro de mí y la inmensa alegría de poder compartir esa experiencia contigo otra vez... y a las pocas semanas tú recibiste la noticia que llevábamos años esperando, habían aprobado tu nulidad matrimonial y por fin podíamos casarnos... era como un sueño hecho realidad... era como si aquel bebé trajera con él nuevos aires, planes de futuro, estabilidad...
Héctor: Y es que fue así... desde que Dani vino a este mundo no han dejado de pasarnos cosas buenas... y eso me gusta... y también me ha gustado mucho eso que has dicho de que no había distancia entre los dos... si quieres podíamos regresar a aquella noche...
Asun: (riéndose) ¡No empieces...! esta noche no, Héctor, de verdad... estoy muy cansada, en serio, cariño... se que tienes muy buenas intenciones y un plan estupendo, pero por esta noche prefiero que me des un masaje relajante de esos que se te dan tan bien, a ver si puedo descansar... me duele el cuello y los hombros...
Héctor: (incorporándose) Pues para eso estoy yo aquí... ¿dónde te duele mi amor...? a ver si yo puedo aliviarte...
Asun: (señalándose) Aquí... y aquí también...

(Héctor empieza a mover sus dedos para realizar un relajante masaje a su mujer con mucho amor y mucho cariño)

Asun: Ay, sí... que bien, así, mucho mejor... gracias, cariño...
Héctor: Las que tú te mereces...
Asun: Y ahora abrázame y vamos a dormir...
Héctor: Claro que sí...

(Héctor apaga la luz de la mesilla y se acomoda al lado de Asun ambos envueltos en un abrazo dispuestos a dormirse juntitos como cada noche)

sábado, 9 de noviembre de 2013

Capitulo 81: El amor no se puede esconder (Mayo 1969)

(Unos días después, finales de Mayo de 1969. Los días en París transcurrieron de fábula y la familia Perea así como el resto de invitados a la segunda boda de los Olavide pasaron unos momentos muy bonitos juntos. El matrimonio Olavide ha decidido prolongar su estancia en la capital parisina quedándose allí con Clara, que ha tenido que cambiar el billete de vuelta a Madrid para quedarse con sus padres disfrutando de su segunda luna de miel. Gustavo y Aurelia han decidido llevarse a Clara con ellos y hacer algo parecido a lo que sus amigos Héctor y Asun hicieron con la pequeña María en su primera luna de miel, que es disfrutar en familia de un viaje especial y diferente)

(María y Daniel han regresado con sus padres a Madrid junto a la familia Bonilla y dentro de un par de días María celebrará su undécimo cumpleaños. A María le da pena que en esta ocasión Clara no pueda asistir a la fiesta al encontrarse fuera de España, pero se alegra de que su mejor amiga esté disfrutando junto a sus padres de la inmensa felicidad que da el renovar los votos matrimoniales y seguir tan enamorados como el primer día. María ya sabe lo que es sentir esa felicidad ya que sus padres también la demuestran a cada momento y ella y su hermano se sienten contentos de que el amor y la armonía reine en casa de la familia Perea)

(Ya por la tarde, María y Daniel se han bajado a casa de los abuelos a pasar la tarde con su prima Irene y contarle todos los detalles de su viaje a París. Allí también acuden Estrella y Miguel junto con el pequeño Diego y los pequeños dan buena cuenta de sus andanzas en la capital francesa con todo lujo de detalles)

(Sin embargo, Héctor y Asun han preferido quedarse arriba en su casa recogiendo algunas cosas que todavía andaban sueltas por las maletas. Héctor ayuda a Asun a subir las maletas al altillo para que no estorben en la habitación. Cuando acaban esa labor, los dos se sientan en el sofá a compartir un buen rato de charla).

Asun: (sacando la botella de coñac a punto de terminarse) Voy a servirme una copa... ¿quieres una...?
Héctor: ¿No es un poco pronto para beber...?
Asun: Puede ser... pero me apetece...
Héctor: Está bien, te acompañaré entonces...

(Asun saca dos copas de la vitrina y vierte el contenido del coñac en ellas, acabando definitivamente con la botella)

Asun: Mañana tendré que bajar al Asturiano a por otra botella... esta ya ha dado todo lo que tenía...
Héctor: Ya lo veo... ¿nos sentamos a disfrutar de esta copa vespertina...?
Asun: Claro...
Héctor: (relajándose en el sofá, abraza a Asun cogiéndola por el hombro) Mmm... que bien sienta una copa así de vez en cuando, aunque sea a deshoras...
Asun: Y que lo digas...
Héctor: ¿Sabes a qué me recuerda este momento...?
Asun: ¿A qué...?
Héctor: A todos aquellos caballeros y señoras que se sentaban a media tarde en las terrazas parisinas a disfrutar de una buena copa de coñac o de licor...
Asun: Es verdad... lo hemos pasado muy bien, ¿verdad...?
Héctor: Sí, desde luego, hemos visto muchas cosas, hemos aprovechado bien el tiempo y los niños han disfrutado de cada detalle que se han empapado de la ciudad...
Asun: Sí, y me imagino que ahora se lo estarán contando con los ruidos de las puertas a mis padres y a mi hermano y Estrella... y conociendo a Daniel seguro que se inventará alguna que otra historia para presumir un poco...
Héctor: Sí, y María se peleará con él para que no invente cuentos y se ciña a los hechos...
Asun: (sonriendo pensativa) ¡Que diferentes son...! ¿verdad...? María siempre tan realista y Dani siempre tan fantasioso...
Héctor: Por eso se complementan y se llevan tan bien... como nosotros...
Asun: ¿Ah sí...? ¿crees que tú y yo somos muy diferentes y por eso nos complementamos...?
Héctor: Estoy convencido... lo que tú tienes a mí me falta y lo que yo tengo lo comparto contigo y aprendemos el uno del otro continuamente, puedes estar segura... si fuéramos iguales sería muy aburrido...
Asun: Otra vez tienes razón... se me está ocurriendo una idea, pero no sé si nos va a dar tiempo... no querría que los niños se presentasen antes de tiempo...
Héctor: (mira su reloj y acariciando a Asun) ¿Estás pensando en lo que estoy pensando...? ¡por eso querías tomarte esa copa conmigo...! formaba parte del juego, ¿no es eso...?
Asun: Me has leído el pensamiento... como se ve que me conoces bien...
Héctor: No creo que vengan los niños... ahora mismo deben estar muy entretenidos contando las andanzas del viaje a toda la familia y sé positivamente que no van a aparecer hasta la hora de cenar, por lo menos... así que relajémonos, tenemos tiempo de sobra para centrarnos el uno en el otro y disfrutar un poco, ¿no te parece...?
Asun: (sonriendo tiernamente) Me parece... ¿por dónde empezamos...?
Héctor: (riéndose) No sé, no sé... déjame que me inspire un poco, cariño... (se acerca a su cuello y empieza a darla pequeños besos) ¿qué te parece así...?
Asun: Me gusta mucho...

(Asun corresponde a su marido con caricias y besos en el hombro y en la cara, para posteriormente centrarse en los labios y en el cuello, especialmente debajo de la oreja, que sabe que es el punto débil de Héctor. Los dos van avanzando posiciones, empezando a desabrocharse la ropa en el sofá. Asun desabotona la camisa de Héctor, poco a poco, muy lentamente, deslizando sus manos y su boca por el pecho de su marido. Héctor mira a Asun con una amorosa sonrisa y se detiene en cada botón de su blusa. Muy despacio, sigue besándola en el cuello y en sus desnudos hombros que ahora han quedado al descubierto tras haberse liberado de la blusa que ha caído sobre el brazo del sofá. La camisa de Héctor hace ya rato que descansa sobre la alfombra. Héctor quiere seguir con el juego de las prendas, aunque Asun le apremia para que continúen ese juego en el dormitorio)

Asun: Cariño, es por precaución... imagínate que se presentan los niños... ¿qué van a pensar...?
Héctor: (sin dejar de besar a su mujer) En primer lugar los niños no van a venir, y en segundo lugar pensarán que tienen la inmensa suerte de tener unos padres que siguen enamorados como el primer día...
Asun: (riéndose) Ya, ya lo sé, pero ya sabes a que me refiero... me siento más cómoda si seguimos con esto en la habitación...
Héctor: Está bien... echaré el cerrojo de la puerta para que te quedes más tranquila, ¿quieres...?
Asun: (acariciándole la barbilla) Gracias, amor...

(Héctor se levanta del sofá y levanta a Asun llevándola en brazos al dormitorio aunque dejando los zapatos y las otras prendas ya caídas en el sofá y el suelo así como las dos copas y la botella de coñac vacías sobre la mesita)

(Ya en el dormitorio, Héctor cierra la puerta y echa el cerrojo para poder tener intimidad con su querida esposa. Los dos se dejan caer sobre la cama riéndose divertidos. Héctor continúa con su juego de caricias y besos, se detiene lentamente en la cremallera de la falda que va bajando con suavidad mientras no deja de besar los hombros de Asun. Ella desliza sus manos por debajo de la camiseta de Héctor, dejando por fin su torso al descubierto, tras lo cual pasa a desabrochar el cinturón de sus pantalones. Cuando ambos quedan en ropa interior, no dejan de contemplarse mutuamente, intercambiando sonrisas y besos. El calor que emiten sus cuerpos es tan intenso que poco tardan en despojarse de las últimas prendas. Héctor disfruta enormemente de este último paso, pues una de sus debilidades es recorrer la espalda de Asun con sus manos, centímetro a centímetro, soltando los tres corchetes del sostén que le separan de poder contemplar y besar cada uno de los redondos pechos de Asunción. En este momento, los suspiros de gozo de Asun inundan la estancia en penumbra, la respiración de la pareja se agita y los sentimientos de amor compartido iluminan la mirada de nuestro enamorado matrimonio. La unión de sus cuerpos produce un escalofrío, pero para ellos es una sensación maravillosa, pues se trata de un escalofrío de placer, una emoción única y sincera, digna de ser disfrutada por los dos amantes en pleno apogeo de su sexualidad).

(Un buen rato después, los dos esposos descansan el uno sobre el otro, habiendo ya recuperado el aliento y manteniendo una respiración mucho más pausada, aunque manteniendo ese brillo en sus ojos que no pueden ni quieren disimular)

(Asun mantiene su cabeza apoyada sobre el pecho de su marido, escuchando los rítmicos latidos de su corazón, lo que permite a Héctor acariciar delicadamente el hombro de su esposa, deslizando las yemas de sus dedos arriba y abajo en forma de círculos. A Asun siempre le ha gustado mucho ese cariñoso gesto de su marido, es su forma de relajarse tras la intensidad de su íntimo encuentro y es uno de esos momentos en que ambos aprovechan para intercambiar confidencias y secretos propios de los enamorados)

Asun: (con una dulce sonrisa) Me encanta cuando haces eso... es el dulce final que acompaña a todo el cúmulo de sensaciones que acabo de disfrutar contigo...
Héctor: (besando a Asun en la frente y el pelo) A mí me relaja tanto... y es mi manera de decirte que te quiero, que te adoro, que te amo y que te necesito siempre a mi lado...
Asun: Yo también te amo... (acaricia y besa el pecho de Héctor) eres todo lo que necesito para ser la persona más feliz del mundo... (vuelve a besarle) y estoy muy orgullosa de ti...
Héctor: ¿Por...?
Asun: Por todo lo que me haces sentir... porque contigo me siento segura y tranquila, por el tipo de hombre que eres, el mejor marido del mundo, el mejor padre del mundo, y... (bajando un poco la voz) también el mejor amante del mundo...
Héctor: (sorprendido) ¿De verdad crees que soy el mejor amante del mundo...?
Asun: Sé que no he tenido prácticamente ninguna experiencia más allá de tí en ese terreno, pero lo que sí sé es que todas las chicas que han estado contigo antes que yo tienen que haberse sentido muy especiales, porque así es como yo me siento, especial y viva...
Héctor: Por favor, no me lo recuerdes... lo de las otras chicas quiero decir, no es algo de lo que me sienta orgulloso y tampoco es algo de lo que me guste presumir... fue una etapa de mi vida bastante díscola que afortunadamente ha quedado ya muy atrás en el tiempo...
Asun: (mirándole a los ojos) Héctor... no tienes por qué avergonzarte... tú tampoco fuiste el primer hombre con el que mantuve relaciones íntimas, ya lo sabes, y aunque fui educada como todas las mujeres de mi generación para llegar virgen al matrimonio, ese tipo de cosas no siempre se planean, simplemente surgen... pero lo que tú y yo tenemos, lo que tú y yo compartimos es mucho más que un buen plan, es amor, amor de verdad, amor sincero... por eso disfrutamos tanto el uno del otro en nuestros encuentros íntimos, porque nos amamos con locura y con el corazón, porque nos conocemos tan bien que sabemos en cada momento lo que pensamos y lo que sentimos, y lo que queremos... y porque tenemos muy claro que nuestro destino es estar juntos, siempre... somos dos almas gemelas, Héctor, el destino nos hizo coincidir y en ese preciso instante nuestras vidas cambiaron para siempre, cambiaron a mejor... conocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida, cariño...
Héctor: (emocionado por las palabras de Asun) Mi vida, mi amor, mi niña...

(Ninguno de los dos puede decir más palabras y se limitan a besarse larga y profundamente con deseo y amor profundo)

(Una media hora después, cuando ambos están a punto de levantarse de la cama, escuchan el sonido de la llave en la puerta)

Asun: ¿Has oído eso, Héctor...? ya están aquí los niños...
Héctor: Pues entonces habrá que pensar en levantarse, ¿no...?
Asun: Eso creo... vete al cuarto de baño a darte una ducha mientras yo salgo y les entretengo para que no hagan preguntas...

(Asun se pone el camisón y la bata mientras escucha las voces de sus hijos en el salón)

Dani: ¿Mamá... papá...? ¿hay alguien en casa...?

(María observa las copas de coñac sobre la mesita y la blusa de su madre y la camisa de su padre tiradas sobre el sofá y entiende perfectamente la situación)

María: Daniel... ven, acompáñame a la habitación, anda...
Dani: ¿Por qué...? yo quiero jugar en el salón... aquí no hay nadie...
María: Tú haz lo que te digo y no hagas preguntas... vamos a jugar a un juego muy divertido...
Dani: (encogiéndose de hombros) ¡Bueno...!

(Asun abre la puerta del dormitorio y sale por el pasillo hacia el salón, dándose cuenta que los niños ya no están ahí, se han encerrado en el cuarto de María a jugar. Asun recoge las copas de coñac y las lleva a la cocina y luego coge su blusa y la camisa de Héctor y los zapatos, y los lleva al dormitorio, con la esperanza de que los niños no hayan reparado en ellas, ya que le daría bastante vergüenza admitir delante de sus hijos lo que ha pasado esa tarde en casa de los Perea)

(Héctor sale del cuarto de baño con el pijama y la bata puestos y recién duchado)

Héctor: ¿Has visto a los niños...?
Asun: Cuando he salido al salón se habían encerrado en el cuarto de María a jugar...
Héctor: (mirando el sofá) ¿Crees que se habrán dado cuenta de la ropa que había ahí...?
Asun: No lo sé, Héctor... yo lo he recogido ya todo, pero creo que lo mejor es que nos comportemos de forma natural, y que sean ellos los que hagan las preguntas si quieren saber algo, ¿no te parece...?
Héctor: Tienes razón, sí... será lo mejor... a lo mejor con un poco de suerte ni han visto lo que había en el sofá...
Asun: Ya, pero me parece un poco raro que se hayan ido directos al cuarto, ¿no...?
Héctor: Probablemente Daniel ni se haya fijado, pero te apuesto lo que quieras a que María si que lo ha visto y ya se habrá imaginado cosas... es demasiado lista... quizá deberíamos hablar con ella...
Asun: Me parece bien... ¿hablamos con ella entonces antes de la cena...?
Héctor: Sí... me aseguraré que Dani se queda entretenido con algún juego o un libro y voy a buscar a María y traerla al salón para hablar con ella tranquilamente...
Asun: Bien...

(Héctor llama a la puerta del cuarto de María)

Héctor: ¡Hola chicos...! ¿ya estáis aquí...? ¿qué hacéis...?
Dani: ¡Hola papá...! ¡estamos jugando a las construcciones...! ¡tienes el pelo mojado...! ¿te acabas de bañar...?
Héctor: Sí, hijo, tenía calor, y me he dado una ducha... María, princesa, ¿puedes venir un rato al salón...? mamá y yo queremos comentarte una cosa...
María: Claro que sí, papi... ahora mismo voy... Dani, tú quédate aquí terminando este castillo que enseguida vuelvo...
Dani: Vale, jefa...

(Héctor y María se sientan en el sofá junto a Asun)

María: Hola mamá... que no te he dicho nada...
Asun: Hola, cielo...
María: ¿De qué queréis hablar...?
Héctor: A ver... es que es un tema un poco delicado... cuando habéis entrado esta tarde en casa, ¿os habéis fijado si había algo en el sofá...?
María: ¿Te refieres a dos copas de coñac y una botella vacía y a una blusa de mamá y una camisa tuya...? ¡ah, sí, y unos zapatos también...!
Héctor: (un poco avergonzado por la situación) Sí, eso mismo...
María: No te preocupes, papi, Daniel ni se ha enterado, pero yo si que lo he visto...
Asun: ¿Y qué has pensado cuando lo has visto...?
María: Pues que estábais en la habitación, claro... haciendo... bueno, eso que hacen los mayores cuando se quieren mucho... y que también sirve para fabricar bebés... es que no sé muy bien como se llama...
Héctor: No te preocupes, cariño, que no es nada malo...
María: Ya sé que no es nada malo, papá... y también sé que tú quieres mucho a mamá, y que estábais los dos solos y que os han entrado las ganas... ¿es eso, no...?
Asun: (mirando a su hija con ternura y acariciándola) Sí cariño, es eso... pero no queremos que te asustes o que pienses que papá y yo estamos haciendo algo sucio...
María: Yo no pienso eso, mami... y no sé muy bien en que consiste, aún soy pequeña para entenderlo, aunque nos han explicado en clase de ciencias algo sobre la reproducción de los animales y las personas... y las monjas dicen que sólo se puede hacer para tener crías y mantener la especie, porque sino es pecado... pero yo no me lo creo... no puede ser pecado algo que se hace con amor... yo sé que es algo muy bonito y que cuando quieres mucho a la otra persona es todavía más bonito...
Héctor: (abrazando a su hija) ¡Ay, mi princesa, que lista eres...! y tienes razón en eso que dices... es un acto de amor muy bonito... cuando seas mayor y te enamores lo entenderás todo, ya lo verás... pero te pido por favor que sea dentro de mucho tiempo, eh princesa...?
María: (riéndose) Eso espero, papi... pero me gusta que confieis en mí y me tratéis como a una niña mayor... y no os preocupéis por el enano que no se ha enterado de nada... este será nuestro secreto... ¿de acuerdo...?
Asun: De acuerdo... me alegro que podamos hablar así contigo de vez en cuando de las cosas de mayores...
María: Yo también me alegro y os quiero mucho... me voy a ver si Dani ha terminado ese castillo... cuando esté la cena, avisad, ¿vale...? ¡ah...! y la próxima vez sed un poquitín más discretos... (les guiña un ojo divertida)

(Asun y Héctor se quedan riéndose por la salida de su hija y luego se abrazan y se dirigen a la cocina a preparar la cena)

(Después de cenar, los niños se van a la cama y el matrimonio Perea hace lo propio, aunque en esta ocasión sólo lo hagan con la intención de charlar un rato antes de dormirse).