(El día más intenso y difícil de toda la excursión fue la llegada a Ribadesella, donde Héctor y Gustavo junto con los niños contrataron una canoa para bajar con un monitor el descenso del río Sella, desde Arriondas hasta la desembocadura en Ribadesella. El susto que protagonizó el pequeño Daniel cayéndose de la barca y teniendo que ser rescatado por el monitor es algo que Héctor no olvida fácilmente y a pesar de los días transcurridos y ya en Madrid, el recuerdo de lo que pudo haber pasado aún sigue atormentando a Héctor por las noches, sumido en sus pensamientos e impidiéndole a veces conciliar el sueño)
Asun: (acariciando a Héctor en el pelo y en la nuca) ¿No puedes dormir, verdad...?
Héctor: No...
Asun: Otra vez estás pensando en lo de Daniel...
Héctor: No puedo evitarlo, Asun, no puedo... cada vez que pienso en ese maldito día y en mi poca cabeza... ¿cómo pude ser tan mal padre...? tenía que haberle sujetado mejor, es más, no tenía que haber contratado esa estúpida excursión...
Asun: Shhh... ya está, ya está... Héctor, no puedes seguir dándole vueltas a lo que ocurrió... no sirve de nada lamentarse... en primer lugar, tú no eres un mal padre, al contrario, eres el mejor padre del mundo, tus hijos te adoran, y para ellos eres su héroe... ¡no hay más que ver a Daniel como te mira...!
Héctor: A veces tengo la sensación de que hace conmigo lo que quiere, y que si me quiere tanto es porque le doy todos los caprichos...
Asun: Eso no es cierto, y lo sabes... tus hijos no te quieren por los caprichos que les das o por los regalos que les haces... te quieren por como eres... porque has sabido educarles y sacar de ellos lo mejor que tienen... esa es una tarea muy difícil y tú y yo la estamos haciendo de maravilla, y no tengas ninguna duda que ellos nos lo van a agradecer cuando sean mayores, porque estamos enseñándoles a ser buenas personas y eso es lo único que importa...
Héctor: Ya, pero es que... ¿qué hubiera pasado si el monitor no hubiera reaccionado tan rápido como lo hizo...? el pobre niño estaba empapado, el agua estaba congelada... ¡podría haber muerto ahogado o de una pulmonía seria...!
Asun: No pienses eso, por favor... no me lo quiero ni imaginar... todo quedó en un susto por fortuna...
Héctor: Si le hubiera pasado algo a nuestro hijo, por mínimo que fuera, no me lo habría perdonado en la vida y tú tampoco...
(Asun mira a su marido de forma enigmática, intentando descifrar adonde quiere llegar)
Héctor: Aún sigo viendo esa mirada tuya cuando salimos del agua... esa mirada fría como el hielo que me atravesó como un rayo... te miré fugazmente y supe que te había decepcionado... me sentí el hombre más inútil y más triste de la tierra...
Asun: (sorprendida y avergonzada vuelve a acariciarle) Héctor... cariño... de verdad, que yo no sabía que estabas tan afectado... si yo hubiera sabido que ibas a llevar esa penitencia arrastrando contigo todo este tiempo, te habría dedicado mucho más tiempo a escucharte y menos a enfadarme contigo... y escucha otra cosa... yo jamás he pensado ni pensaré que me has decepcionado... nunca, ¿me oyes...? lo de aquel momento fue un arrebato... supongo que es el instinto de protección que todas las madres llevamos en nuestro interior, pero en ningún momento te culpé de aquello, como tampoco te culpé cuando Dani se perdió en el supermercado... son cosas de críos, cosas que a veces pasan y que ni tú ni yo podemos evitar por mucho que nos empeñemos en protegerles...
Héctor: Pero ese es nuestro deber como padres... protegerles para que nada malo les ocurra...
Asun: Sí, y también enseñarles a defenderse de los peligros, a ser autónomos e independientes... la mayoría de las veces los niños aprenden a base de golpes... si les protegemos todo el tiempo y no les dejamos que se enfrenten ellos solos a las cosas, los convertimos en unos inútiles, y nosotros no vamos a estar ahí con ellos toda la vida... lo natural es que cuando ellos sean bastante mayores, nosotros ya no estemos ahí, pero sabrán como actuar y recordarán todo lo que les enseñamos y eso es lo que les queda, nuestro legado...
Héctor: Pero para que llegue ese día aún queda mucho, yo no quiero pensar en que será de ellos cuando nosotros faltemos...
Asun: Por supuesto que no... (sonriendo) tenemos cuerda para rato tú y yo... y lo que tenemos que hacer es disfrutar viéndoles como crecen, como se enfrentan a las adversidades, como se caen para volverse a levantar... no vale la pena atormentarse por lo que podría haber ocurrido o por como podríamos haber evitado esto o aquello... la vida en sí es una aventura, una carrera de fondo llena de obstáculos y de riesgos que merece la pena descubrir... no se puede planificar todo al milímetro... y además eso sería muy aburrido... ¿o acaso crees que yo planee enamorarme de ti como lo estoy hasta las trancas...?
Héctor: (mirándola con dulzura) No, supongo que no... esas cosas no se planean...
Asun: Efectivamente... la vida te va llevando por diferentes caminos y te ofrece posibilidades, y tú eliges la alternativa que crees que es la mejor en ese momento... y también te da sorpresas... yo solo sé que el día que te cruzaste en mi camino fue el mejor día de mi vida...
Héctor: Yo el día que te conocí, sentí, no sé, como una especie de cosquilleo interior, como si el mundo se hubiera parado de repente y solo existieras tú, destacando sobre todas las cosas... para mí tú eres mi mundo y no me imagino que sería de mi vida si tú no estuvieras a mi lado...
Asun: Cariño... yo siempre voy a estar a tu lado, compartiendo ese mundo que hemos creado entre los dos, ese mundo maravilloso que merece la pena seguir descubriendo, compartiendo siempre todas nuestras inquietudes, nuestros sueños y nuestros desvelos... (mirándole dulcemente) ¿te sientes mejor ahora...?
Héctor: Sí, gracias... mucho mejor... cuando hablo contigo de lo que me preocupa y de lo que me atormenta es como si me quitara un peso de encima, me siento aliviado y ligero como una pluma para seguir adelante, luchando cada día y seguir aumentando mi felicidad...
Asun: (besando a su marido en la mejilla) Pues te va a parecer extraño, pero ¿sabes en que estaba pensando yo hace un momento...?
Héctor: Sorpréndeme...
Asun: En la noche que concebimos a Daniel...
Héctor: ¿Cómo puedes saber cuando fue exactamente...? es imposible de saberlo... además, nosotros somos bastante activos en ese sentido, ya me entiendes...
Asun: Ya lo sé, mi amor, y esa es otra de las cosas que me encantan de nuestra vida... pero estoy segura que tuvo que ser aquella noche... me acuerdo que fue un día raro...
Héctor: ¿Raro... qué quieres decir...?
Asun: Era a finales de Noviembre de 1960... y tú y yo habíamos empezado el día discutiendo por algo relacionado con uno de tus casos...
Héctor: Pues sí que era raro, sí, porque tú y yo no discutimos habitualmente...
Asun: (con una sonrisa) ¡Calla bobo...! la cuestión es que a mí no me habían gustado los métodos que habíais utilizado Bonilla y tú para resolver el caso aquel de la banda de “Los juegos”... ¿te acuerdas...?
Héctor: (pensativo) A ver... sí, vagamente... recuerdo que a ti no te gustaba nada que yo me pasara las noches de vigilancia en las salas de juego... decías que era muy peligroso, que María era muy pequeña y que yo no venía a dormir prácticamente ninguna noche y tú te quedabas sola con ella en casa... pero era necesario hacerse pasar por crupier para coger a esos malnacidos con las manos en el pastel...
Asun: Sí, pero el mundo de la noche es peligroso y más en determinados ambientes...
Héctor: Bonilla y yo fuimos muy cuidadosos para no ser descubiertos y que no se dieran cuenta de que en realidad estábamos infiltrados...
Asun: Lo sé, pero no podía evitar sentir miedo de no tenerte en casa por las noches, cerquita de mí... sabes que te necesito y que si no me abrazo a ti, no puedo dormir...
Héctor: ¿Y qué pasó ese día según lo que recuerdas...?
Asun: Pues que habíais resuelto el caso con éxito y conseguisteis que la policía detuviera a toda la banda que estafaba a las salas de juego de medio Madrid... yo te pedí que no volvieras a exponerte tanto porque estuvieron a punto de detenerte a ti también al confundirte con uno de los cabecillas de la banda...
Héctor: Pero cariño, eso es porque hice tan bien mi papel que hasta la policía dudaba si yo era del equipo de los malos o de los buenos...
Asun: Y tú me dijiste que parte de tu trabajo era correr riesgos y que así lo acepté cuando nos conocimos y empezamos a salir... que sabía que había una remota posibilidad de que algún caso no saliera como esperabas y que alguna vez podría llevarme algún susto... pero una no se termina de acostumbrar a esa vida de detective misteriosa y oscura... no sabes como respiro de aliviada cada vez que llegas a casa del despacho sano y salvo...
Héctor: Asun, mi trabajo de detective es lo único que tengo y lo que me hace feliz, aparte de ti, por supuesto... es mi vocación y no puedes pedirme que renuncie a ello... imagínate que yo te pidiera que dejaras de trabajar en la redacción y que te quedaras en casa cuidando de los niños... ¿qué pensarías de mí...? que soy un troglodita y un retrógrado, ¿no...? y con razón...
Asun: (mueve la cabeza afirmativamente) Si ya lo sé... y cuando se te ha ocurrido sugerir algo parecido yo siempre me he puesto a la defensiva... a mí también me encanta mi trabajo y jamás renunciaría a él... pero supongo que a veces el miedo nos paraliza y nos dejamos llevar por él... recuerdo que tuvimos esta misma conversación aquel día solo que un poco más alterados... aunque luego nos fuimos calmando, y luego María nos regañó porque estábamos gritando mucho y se puso triste porque creyó que yo estaba enfadada contigo...
Héctor: Ay sí, María siempre tan sentida...
Asun: Y siempre saliendo en tu defensa como una leona...
Héctor: Como tiene que ser... para algo es la niña de mis ojos...
Asun: (sonriendo) No hace falta que lo jures... y volviendo a ese día que al final fue maravilloso, recuerdo que hacía un frío tremendo, y encima la caldera de carbón se había estropeado justo el fin de semana anterior y mi madre y mi hermano disgustados por la explicación que iban a tener que darles a los vecinos cuando preguntaran porque no había calefacción...
Héctor: ¿Y qué pasó después...?
Asun: Pues que como no había nada interesante en la radio y en el salón hacía mucho frío, decidimos meternos debajo de las mantas de la cama para entrar en calor...
Héctor: (mirando intensamente a Asun) Interesante...
Asun: Pero yo seguía teniendo frío... y entonces tú me envolviste entre tus brazos y me dijiste: “conozco una forma segura de entrar en calor, mi niña...” los dos nos miramos embobados como dos adolescentes en celo... estabas tan guapo y tan sonriente aquella noche... y yo estaba tan necesitada de mimos que simplemente me dejé llevar por mis sentimientos y por mis ganas de demostrarte lo mucho que te amaba... una cosa llevó a la otra, y si de algo estoy segura es de que aquella noche fue especialmente tierna... no había distancia ni barreras entre nuestros cuerpos, éramos como una fusión perfecta... una mezcla de amor y pasión a partes iguales... no me preguntes por qué, pero cuando después de aquella noche a las pocas semanas averigüé que estaba en estado, supe que ese bebé que venía en camino era el resultado de aquel maravilloso cóctel... tenía tantas ganas de volver a quedarme embarazada, de sentir los cambios en mi cuerpo, de sentir a mi bebé como iba creciendo dentro de mí y la inmensa alegría de poder compartir esa experiencia contigo otra vez... y a las pocas semanas tú recibiste la noticia que llevábamos años esperando, habían aprobado tu nulidad matrimonial y por fin podíamos casarnos... era como un sueño hecho realidad... era como si aquel bebé trajera con él nuevos aires, planes de futuro, estabilidad...
Héctor: Y es que fue así... desde que Dani vino a este mundo no han dejado de pasarnos cosas buenas... y eso me gusta... y también me ha gustado mucho eso que has dicho de que no había distancia entre los dos... si quieres podíamos regresar a aquella noche...
Asun: (riéndose) ¡No empieces...! esta noche no, Héctor, de verdad... estoy muy cansada, en serio, cariño... se que tienes muy buenas intenciones y un plan estupendo, pero por esta noche prefiero que me des un masaje relajante de esos que se te dan tan bien, a ver si puedo descansar... me duele el cuello y los hombros...
Héctor: (incorporándose) Pues para eso estoy yo aquí... ¿dónde te duele mi amor...? a ver si yo puedo aliviarte...
Asun: (señalándose) Aquí... y aquí también...
(Héctor empieza a mover sus dedos para realizar un relajante masaje a su mujer con mucho amor y mucho cariño)
Asun: Ay, sí... que bien, así, mucho mejor... gracias, cariño...
Héctor: Las que tú te mereces...
Asun: Y ahora abrázame y vamos a dormir...
Héctor: Claro que sí...
(Héctor apaga la luz de la mesilla y se acomoda al lado de Asun ambos envueltos en un abrazo dispuestos a dormirse juntitos como cada noche)
No hay comentarios:
Publicar un comentario