(Tras su estancia en Málaga, la familia Perea se unió a la familia Bonilla y a la familia Olavide para celebrar el fin de año en casa de unos conocidos de Bonilla en El Escorial. Allí despidieron el año 1969 para dar la bienvenida al comienzo de una nueva década, los 70, donde se esperaba que fuera una etapa de cambios para el país, aunque nuestros protagonistas se conformaban con seguir viviendo sus vidas de la misma forma que hasta ahora y disfrutando de su felicidad)
(El acontecimiento más importante que se avecinaba para comenzar el año era la inminente llegada de los mellizos de Aurelia, que ya tenían nombre preparado fuera cual fuese su sexo. La propia Clara había elegido los nombres de sus futuros hermanos y también estaban previstos los padrinos. Lo importante era que todo saliera bien en el alumbramiento y Aurelia ya tenía muchas ganas de ver la carita a sus hijos, la tripa cada vez le pesaba más y se sentía muy cansada. Además tuvo un pequeño susto el día de Navidad con hemorragia incluida, aunque se le pasó enseguida guardando reposo. El médico ya le había comentado que al ser un parto de mellizos posiblemente se le adelantaría unas semanas sobre la fecha prevista por lo que Aurelia tenía todo el kit preparado tanto en casa como en la oficina por si tenía que salir corriendo hacia el hospital en cualquier momento. Por más que Asunción y Julio la dijeron que no debía ir a trabajar en su estado ya que era un riesgo para ella y los bebés, Aurelia no podía quedarse quieta y aburrida en casa y aunque solo fuera unas horas por la mañana, acostumbraba a pasarse por la redacción para teclear un rato a la máquina algunos de sus artículos para la revista).
(Pero para el pequeño Daniel ahora mismo su prioridad no es ni el nacimiento de sus primos ni la vuelta a clase tras las fiestas navideñas, sino la llegada un año más de SSMM los Reyes Magos de Oriente. Aunque él ya conoce la verdad sobre el asunto, en ocasiones se hace el tonto sobre todo delante de sus abuelos con la esperanza de obtener así un mayor número de regalos. En la carta que ya redactó puso sus objetivos en un Scalextric que había visto anunciado en el escaparate de la juguetería de la plaza y aunque sabía que aquello tenía que ser un juguete caro, estaba dispuesto a renunciar a otras cosas a lo largo del año para que sus padres pudieran comprarle ese capricho)
(La familia Perea tenía previsto llevarse a toda la tropa infantil a la cabalgata de Reyes que se paseaba el 5 de Enero por las calles del céntrico Madrid, pero aunque esa fecha estaba marcada en rojo en el calendario de los detectives, finalmente un imprevisto en uno de sus casos y una serie de reuniones con Vallejo que se alargaron irremediablemente, impidieron a los niños poder disfrutar de la cabalgata en directo a pie de calle teniendo que conformarse con verla en la televisión, eso sí, al menos lo hicieron en casa de la familia Bonilla, disfrutando de una estupenda merienda preparada por Matilde, quien cada vez estaba más contenta ante la idea de haber convencido a Bonilla para buscar un segundo vástago. Matilde era hija única y por esa razón siempre había querido formar una familia más numerosa. El ritmo de trabajo de Bonilla era imprevisible y eso les impedía hacer planes a largo plazo, pero el hecho de que Matilde ya hubiera traspasado el estanco a Estrella, le hacía estar más tiempo en casa y Javier ya empezaba a ser mayor y requería menos atenciones, por lo que la idea de Matilde de volver a ser madre era algo que le rondaba desde hacía ya unos meses y cuando consiguió convencer a Bonilla y buscar ese bebé con más ahínco, su estado de ánimo se volvió más alegre y esperanzado en que en cualquier momento la buena noticia llegaría a producirse).
(El día de Reyes Daniel encontró su ansiado scalextric entre los regalos amontonados en el salón y tal era su ansia y sus ganas de tenerlo que apenas dejó a su hermana acercarse a tan preciado juguete, sin embargo María estaba demasiado ocupada con otros regalos que le habían dejado así que tampoco le importó demasiado y ni siquiera se rebeló como ya había hecho otras muchas veces y que siempre había terminado en una enzarzada discusión con su hermano para disgusto de sus padres, que no estaban dispuestos a permitir que sus hijos se enfadasen por unos simples juguetes).
(Por su parte, tanto Héctor como Asunción también tuvieron sus regalos de Reyes respectivos y en esta ocasión la mayor sorpresa se la llevó Héctor al descubrir que Asun le tenía preparada una sorpresa muy especial en forma de billete de avión para viajar a Alemania a comprar esa joya de coche de la que tantas veces Bonilla le había hablado. Héctor tenía ya la cabeza como un bombo de las veces que Bonilla le había sacado el tema del cambio de coche pero en el fondo sabía que era algo necesario y que tarde o temprano llegaría el día en que tendría que tomar la decisión. Asun, que conoce muy bien a su marido, decidió adelantarse y zanjar la cuestión de una vez por todas, animando a su marido a adquirir ese flamante automóvil con la ayuda de Bonilla y sus famosos contactos. Héctor no puso reparos, ya que en el fondo sentía la ilusión y la necesidad de darse el capricho y además la familia se lo merecía).
(La tarde de Reyes se pasó entre la casa de los abuelos y la casa de Bonilla donde Javier y Dani se pasaron la tarde tirados por el suelo montando el fantástico tren de Lego que Bonilla le había comprado a su hijo. La tarde siguiente sería Javi quien se desplazaría a casa de Daniel para jugar juntos con el Scalextric, momento que también compartirían María, Irene y Clara, una vez superado el juramento de que no romperían ningún coche que pasara por sus manos).
(Coincidiendo con el fin de semana y antes de volver a retomar sus clases, los niños aprovecharon sus últimos días de libertad para salir a jugar a la plaza. El tiempo afortunadamente acompañaba y como ya empezaban a ser mayores, ya no precisaban de la vigilancia absoluta de sus padres para salir a compartir juegos a la calle o al parque, eso sí, no regresando tarde y teniendo mucho cuidado de no fiarse de los extraños que se les acercaran a compartir parte de su merienda o un rato de conversación. Tanto Héctor como Bonilla en su papel de detectives, les habían inculcado desde pequeños a sus hijos el no fiarse nunca de las apariencias y a evitar en la medida de sus posibilidades los peligros de relacionarse con gente extraña y desconocida que pudieran hacerles algún mal).
(Héctor y Asun aprovecharon esa tarde de domingo que estaban solos en casa para hacer un poco de limpieza en el despacho)
Asun: Las estanterías agradecerán enormemente que liberes un poco de espacio, ¿no te parece cariño...? Estas carpetas son ya muy antiguas y no creo que puedan aportarte mucha luz en posibles nuevas investigaciones...
Héctor: Tienes toda la razón, mi amor... de vez en cuando hay que hacer un poco de sitio... la casa se nos queda pequeña si nos empeñamos en guardar todo lo viejo... así que lo mejor es liberar un poco de espacio... ¿por donde empezamos...?
Asun: Vamos a empezar por las baldas más altas, ya que ahí estarán las carpetas y archivadores que no consultas desde hace años y seguro que también encontramos algún ejemplar antiguo de la revista “Sucesos” aunque esos los guardo por razones históricas y sentimentales...
Héctor: Aja, o sea que tú te vas a poner sentimental a la hora de tirar y a mí no me vas a conceder esa posibilidad... ¿es eso...?
Asun: (mirando a su marido fijamente) Tienes toda la razón... no puedo pretender que tú te desprendas de los archivos de tus antiguos casos como policía y que yo en cambio me niegue a deshacerme de los casos antiguos de la revista... no sería justo...
Héctor: ¿Y cómo podemos resolver este problema...?
Asun: A mí sólo se me ocurre una idea... (mirando a su alrededor las estanterías repletas de libros y archivadores) no tirando nada y dejando todo exactamente como está...
Héctor: (perplejo) ¿Y entonces qué hacemos...?
Asun: (con voz seductora) Podemos hacer cosas más interesantes... y también más divertidas...
Héctor: ¿Ah sí...? (poniendo cara de interés) ¿y qué clase de cosas son esas...? ¿en que estabas pensando...?
Asun: No sé... a ver que te parece algo así... (Asun deja escapar un beso en los labios de su marido)
Héctor: No está mal, pero mmm... se puede mejorar...
Asun: (divertida) ¡Pero serás malo...! ¡te vas a enterar...!
(Asun profundiza en los besos y caricias hacia su marido, ambos se dejan llevar por sus sentimientos y lo uno va llevando a lo otro hasta que ambos se dejan caer sobre el pequeño sofá del despacho, recuerdo de otros tiempos ya algo lejanos pero muy vivos en su memoria. Cuando se quieren dar cuenta el tiempo va pasando y ambos siguen enredados entre caricias y besos muy acaramelados compartiendo ese rincón tan especial para ellos y de tan gratos recuerdos)
Héctor: Te quiero...
Asun: (con una sonrisa) Y yo también a ti... no sé que me pasa pero es que cada vez que estamos juntos tú y yo, pierdo la noción del tiempo y del espacio... es como si el tiempo se detuviera... es una sensación tan especial y tan bonita al mismo tiempo...
Héctor: Yo también me siento así... perdidamente enamorado de ti, cada día más... eres una mujer tan preciosa, tan especial, y me haces tanto bien...
Asun: (acariciándole el cuello y la nuca) A veces me pregunto como después de tantos años los dos seguimos disfrutando tanto el uno del otro... yo pensaba que con el tiempo, la pasión iría decreciendo... entiéndeme, me refiero a que el amor permanece pero de otra manera, más tranquilo, más calmado, más sosegado... y que no tendríamos ya esos arrebatos... y sin embargo no es así... te miro y no me puedo resistir, y no deja de sorprenderme el hecho de que tú sientas lo mismo por mí... y me encanta...
Héctor: Pues claro que siento lo mismo por ti mi niña... (la besa) jamás podría dejar de sentir lo que siento, nunca... tú eres la persona que me completa, y desde que te conozco no he dejado de sonreír ni un solo minuto de mi vida... eres lo mejor que me ha pasado nunca...
Asun: (le devuelve los besos una y otra vez con los ojos brillantes) Te amo, Héctor... y que sepas que te voy a echar mucho de menos cuando la semana que viene te vayas a Hannover a buscar ese coche...
Héctor: Y yo a ti... y si no fuera por el dineral que te habrás gastado en comprarme ese billete y por la insistencia de Bonilla en ir a por el coche tan lejos, no me iría... no quiero ni pensar en lo que voy a hacer esos tres días sin vosotros...
Asun: Venga, cariño, no seas exagerado... yo también te voy a echar mucho de menos pero comprar ese coche es una oportunidad única... los dos nos lo merecemos y estoy segura de que le vamos a sacar mucho partido... podremos hacer viajes en familia de forma más cómoda y segura... sé que nos vamos a meter en muchos gastos pero merece la pena...
Héctor: Sí, tienes razón como siempre... (sin dejar de mirar fijamente a su esposa, vuelve a besarla) ¿te he dicho ya que te quiero...?
Asun: (sonriente) Hace un momento, pero me encanta que me lo digas y que lo repitas...
Héctor: Pues te quiero... (vuelven a besarse los dos con fuerza y cariño)
Asun: Yo también, mi amor... y ahora vamos a levantarnos de aquí porque no quiero que vuelvan los niños y nos vuelvan a sorprender como la otra vez... francamente me daría mucha vergüenza...
Héctor: Está bien... vamos a guardar un poco las formas... (la besa en el cuello) ¿qué quieres hacer...?
Asun: Podríamos preparar un poco de café y sentarnos en el sofá del salón...
Héctor: Claro... ¿te ayudo a poner la cafetera...?
Asun: Si te empeñas...
Héctor: Me empeño...
(Los dos se miran con una sonrisa y se meten riéndose en la cocina)
(Mientras, María y Dani entran en el portal de la casa y se disponen a subir)
Dani: ¿Tú crees que nos encontraremos el sofá con ropa tirada y las copas de vino como la otra vez...?
María: ¿Pero de qué hablas enano...?
Dani: ¿No te acuerdas de aquella vez que veníamos de jugar de la calle y cuando subimos papá y mamá no estaban en el salón y sólo había algo de ropa y unas copas...?
María: (mirando a su hermano asombrada) ¿Entonces tú también lo viste...?
Dani: Pues claro... pero no quise decir nada... aunque me imaginé que ellos estaban encerrados en la habitación dándose besitos... (se ríe) soy pequeño, pero no soy tonto, que lo sepas... aunque a veces lo parezca, soy tan observador como tú y me fijo en las cosas...
María: (llevándose las manos a la cabeza) ¡La madre que te trajo...!
Dani: Te recuerdo que es la misma que la tuya, hermanita...
María: Desde luego... anda, vámonos para arriba...
(María abre la puerta con cierta cautela)
María: ¿Se puede... estáis visibles...?
Héctor: Claro que sí, pasad, chicos... estamos tomando un cafecito... ¿queréis tomar un vaso de leche o algo...?
Dani: Sí, yo me tomaré un zumo, tengo sed...
Asun: Pues ve a la cocina a buscarlo, cielo...
María: Dani, tráeme otro a mí... por favor...
Dani: Enseguida...
María: El enano nunca dejará de sorprenderme...
Asun: ¿Por qué lo dices, tesoro...?
María: Ahora resulta que sabe lo que pasó la otra vez, me refiero a cuando estábais en la habitación, y se fijó en la ropa caída en el sofá y en las copas vacías... es más listo de lo que parece, hay que tener cuidado con él porque se entera de todo...
Dani: (entrando en el salón con los vasos de zumo en la mano) Por supuesto que me entero... te repito que soy pequeño pero no tonto...y me gustaría que me tratárais como a un niño mayor e inteligente...
Héctor: (no pudiendo contener la risa) ¡Ay, mi niño, ha salido a mí... es tan listo y audaz...! ¡estoy tan orgulloso de mi familia...!
(La familia Perea se abraza feliz y divertida compartiendo charla y anécdotas tan divertidas como emocionantes)
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