miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capitulo 94 - Barbacoa entre amigos (Octubre de 1970)


(Finales de Octubre de 1970. El curso académico ya está en marcha y la rutina de las familias Perea, Bonilla y Olavide sigue su curso. Aurelia dejó de trabajar en la revista de forma regular ya que quería dedicar más tiempo al cuidado de los mellizos aunque sí publicaba una columna semanal. Asun la notaba especialmente motivada últimamente y es que según decía Aurelia el haber tenido la oportunidad de volver a ser madre cuando ya ni lo esperaba le había enseñado cuales eran las prioridades en su vida y sus hijos pequeños eran ahora lo más importante de su vida aunque no por ello descuidara su dedicación por su hija mayor Clara, que ayudaba a su madre en todo lo posible con el cuidado de Marta y Raúl)

(El mes de Junio había sido movido con todo lo acontecido alrededor de los preparativos y celebración de la comunión de Daniel y de Javier y encima con el incidente sufrido por Asun a raíz del intento de robo de su bolso en plena calle con torcedura de pie incluida que le obligó a usar una de las muletas de Héctor durante algunas semanas. Afortunadamente, Asun pudo recuperar su bolso sin problemas, y su pie también se recuperó sin novedad y sin necesidad de realizar rehabilitación)

(Matilde estaba a punto de salir de cuentas, ya que su embarazo casi había llegado a término y en cualquier momento, el pequeño Sergio Bonilla haría acto de presencia en este mundo. El matrimonio Bonilla tenía muchas ganas de tener al pequeño Sergio entre sus brazos, un nuevo miembro a sumar a la familia y la posibilidad de que Javier empezara a ejercer oficialmente de hermano mayor, cosa que le hacía una enorme ilusión)

(Mientras esperaban la llegada de ese momento, Matilde trataba de no ponerse demasiado nerviosa y hacer su vida normal aunque la enorme tripa que tenía cada vez le supusiera una mayor incomodidad para ello y en el fondo estaba deseando que el esperado nacimiento de su hijo se produjera)

(Este fin de semana, María ha hecho planes con Irene, Clara, Suzanne y Tim. El sábado se fueron al cine todos juntos y el domingo tenían previsto ir a ver el entrenamiento de Javier y Daniel en el polideportivo y disfrutar después del partidillo que jugarían a posteriori).

(Las familias Perea, Bonilla y Olavide tenían previsto juntarse tras el partido para disfrutar de una barbacoa al aire libre ya que el buen tiempo aún lo permitía. Esas salidas eran muy disfrutadas por ellos y eran una forma de relajarse y entretenerse en su tiempo de ocio de forma amena y divertida)

(Pero la mañana del domingo también sirvió en el caso del matrimonio Perea para disfrutar de otro tipo de placeres a los que ya nos tienen muy acostumbrados, pero que ellos no dejan de gozar ya que cada día que pasa están más y más enamorados)

(Los niños ya se habían marchado hace bastante rato pues Dani se fue al entrenamiento al haber quedado con Javier allí, y María se sumó a ellos pues a su vez había quedado con el resto de la pandilla para animarles antes del partido)

(Héctor y Asun se habían levantado temprano para desayunar con sus hijos y ahora se encontraban solos en casa haciendo tiempo hasta la hora del partido para reunirse después en el polideportivo donde habían quedado con el matrimonio Bonilla y con los Olavide y su tropa infantil)

Héctor: (cogiendo a su esposa de la mano) Estaba pensando en hacer un par de cosas para no aburrirnos demasiado...
Asun: (viendo las aviesas intenciones de su marido) Ya sé por donde vas... ¿no te parece que ya es un poco tarde para empezar con esta cantinela...?
Héctor: Me aburro... (besando a Asun) y la verdad no se me ocurre hacer otra cosa mejor para matar el aburrimiento...
Asun: ¿De verdad que no tienes nada mejor que hacer, cariño...?
Héctor: No se me ocurre nada mejor que estar contigo y disfrutar juntos de nuestro amor, la verdad...
Asun: Estás loco... son las 11 de la mañana...
Héctor: Tienes razón, estoy loco, loco por ti, mi amor, loco por tenerte entre mis brazos, y loco por besarte, por abrazarte, por acariciarte...

(Sin apenas darle tiempo a que reaccione, se lleva a Asun hacia el dormitorio)

Asun: Héctor... ¡para un poco...! ¿es que nunca tienes bastante...?
Héctor: Me vuelves loco, cariño... y no consigo controlarme cuando te tengo tan cerca...
Asun: Te recuerdo que hemos quedado con tus hijos y con el resto en un par de horas para ver el partido...
Héctor: Tenemos tiempo... yo te quiero y te necesito un poquito...
Asun: (divertida y rendida a los encantos de su marido) Yo también te quiero, cielo... y si me lo pides así no voy a poder resistirme...
Héctor: Me encanta cuando te resistes un poco, eso lo hace aún más intenso e interesante para mí... mi amor, mi cielo... te quiero...
Asun: Y yo a ti... ven aquí y hazme el amor... te quiero tanto...

(Los dos se entregan el uno al otro en un apasionante juego embelesado, tras el cual los dos se asean, se arreglan y se preparan para salir a disfrutar del partido y de la comida posterior a base de barbacoa con sus amigos con los que acostumbran a pasar maravillosas veladas)

 
(El partido acabó para gozo de los chavales con victoria de los locales, o sea del equipo donde juegan Javier y Daniel, y ahora toda la familia y amigos se disponen a disfrutar de una estupenda barbacoa a la que se suman también Suzanne y Tim, quienes se han convertido en el último año en dos protagonistas más de la pandilla con la que habitualmente salen y se relacionan María, Irene y Clara)

(Los hombres ponen la barbacoa a punto mientras las mujeres preparan las ensaladas y las bebidas, y los niños ponen la mesa de camping con vasos y platos de cartón y servilletas de papel para hacer más fácil la recogida al terminar)

(Durante la comida a base de salchichas, filetes de ternera, costillas, panceta y chorizo, las familias se reúnen alrededor de la mesa para mantener charlas y conversaciones amenas y divertidas mientras los niños están deseando terminar la comida para poder levantarse a disfrutar de sus juegos)

(Los mayores charlan animadamente, aunque los hombres no pueden evitar tocar temas relacionados con el trabajo y con los casos que investigan, mientras que las mujeres hablan de temas más personales)

Matilde: (tocándose su abultado vientre con delicadeza) La verdad es que estoy deseando que llegue el momento de soltar esto y de que Sergio asome ya su cabecita... ¡buf... es tan pesado...!
Aurelia: No me extraña... yo con los mellizos en los últimos días no podía más... creía que mi tripa iba a reventar... se hinchaba tanto como un globo... y te sientes tan incómoda... por no hablar de que no encuentras la postura adecuada para dormir, yo no hacía más que dar vueltas y vueltas y me movía tanto en la cama, que al final el pobre Gustavo tenía que irse a dormir a la otra habitación porque decía que hacía tanto ruido que no le dejaba descansar...
Asun: ¡Ay, pobre...! yo en mi caso, Héctor me tenía como una reina... me decía que si yo no dormía que él se solidarizaba conmigo y tampoco dormía... y nos pasábamos la noche en vela abrazados a mi tripa e imaginando como sería la carita de nuestro bebé...
Matilde: Yo hace tiempo que no encuentro la postura para hacer nada, ni para dormir... y por supuesto para disfrutar de mi intimidad con Bonilla, de eso ya ni hablamos... y le echo de menos...
Asun: Pues Héctor y yo nos apañábamos bastante bien hasta bien avanzados mis embarazos... hasta llegué a darle algún consejo que otro a Aurelia para mantener viva la llama de la pasión...
Aurelia: Es verdad, pero es que sinceramente Asun, lo de Héctor y tú es de otro mundo...
Asun: Yo también lo he pensado, no creas... esta mañana, sin ir más lejos... ya nos habíamos levantado y los niños se habían marchado al entrenamiento y preparación del partido y nos hemos quedado solos... ¡y le ha faltado tiempo para hacerme una proposición que no me he podido resistir...! ¡y es que se pone tan guapo y tan convincente cuando quiere...!
Matilde: De verdad, Asun cuando cuentas esas cosas, te envidio bastante porque tienes un marido especialmente activo y romántico... Bonilla debería aprender de Héctor...
Asun: No creo que tengas derecho a la queja, Matilde... me consta que Bonilla te tiene en palmitas... y te lleva continuamente a cenar o a comer o de viaje a sitios que Héctor y yo jamás podríamos permitirnos ni remotamente...
Aurelia: El problema de Matilde es que está tan acostumbrada a esos sitios que ya ni siquiera le da importancia, lo ve como algo normal y rutinario... y yo mataría porque Gustavo me hiciera alguna vez un regalo de ese tipo...
Matilde: Tenéis razón, chicas... estoy siendo egoísta... al final una acaba acostumbrándose a cierto nivel de vida que ya ni le da importancia... lo siento, es que no sé ni lo que digo... no tengo ningún derecho a quejarme y menos delante de vosotras que siempre me habéis aceptado como una más...
Asun: Es que eres una más, Matilde...y te queremos por como eres, sin importarnos el dinero que tengáis o el nivel de vida que os podéis permitir... nuestra amistad funciona porque nos respetamos unas a otras, aunque seamos diferentes y eso es lo más bonito, de verdad... y siempre vamos a estar ahí para ayudarnos y apoyarnos mutuamente...
Matilde: Os quiero chicas, en serio... siempre me habéis hecho sentir como una más en el grupo y yo eso lo valoro mucho...
Aurelia: Para eso estamos las amigas, mujer...
Matilde: (cambiando la cara repentinamente) ¡Puff...! pues me parece que voy a tener que abusar de vosotras de nuevo... creo que he roto aguas...
Aurelia: ¿En serio...? Pues vamos recogiendo las cosas y a decirle a tu marido que vaya yendo para casa a recoger algunas cosas y mientras llamamos un taxi para ir al hospital...
Asun: Voy a decírselo a Héctor...

(Asun habla con Héctor, mientras Matilde hace a su marido evidentes gestos de incomodidad y malestar y le apremia a que se de prisa por llegar a casa y que se desplace al hospital cuanto antes para estar junto a ella en la sala de partos, ya que el bebé parece tener prisa por hacer aparición en este mundo)

(Unas horas después, Sergio Bonilla ya es oficialmente un miembro más de la familia y ahí están para celebrarlo sus padres y todos sus mejores amigos para seguir compartiendo juntos los mejores momentos que seguro aún están por venir)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Capítulo 93 - Una vigilancia conjunta (Septiembre de 1970)


(Septiembre de 1970. El verano tocó a su fin y tras pasar unas divertidas vacaciones entre la playa, el pueblo y la casa de campo de la familia Bonilla, los Perea vuelven a la rutina del día a día, en la que María y Daniel volvieron al colegio para empezar un nuevo curso y el feliz matrimonio volvió a incorporarse a sus respectivos trabajos).

(En este curso de 1970-1971, María ya cursa 3º de Bachillerato pues el año que viene cumplirá ya los 13 años, y el pequeño Daniel ya no se siente tan niño pues el próximo año cumplirá 10 años y ya terminará este año la primaria para incorporarse el curso que viene al Bachillerato)

(En el trabajo, Asun lleva muy a gusto el peso de su cargo como redactora jefe y la relación con sus jefes y compañeros de la plantilla es magnífica, lo cual hace muy agradable un trabajo tan intenso y apasionante como el periodismo de investigación que para Asun es una verdadera vocación)

(Héctor por su parte sigue con sus casos, unas veces más interesantes que otros, siempre con la ayuda y el apoyo del fiel Bonilla a quien Héctor considera su hermano y en quien siempre ha confiado ciegamente, incluso a veces más que en su propio instinto. Juntos han alcanzado notables éxitos en el mundo de la investigación, incluso a veces reconocidos por la propia policía, quien sigue contando con ellos para la resolución de algunos casos que se les enquistan y para los que no tienen ni tiempo ni dotación de personal suficiente para abordarlos de forma conveniente y mucho menos exitosa)

(A finales de Septiembre, Héctor y Bonilla se encuentran involucrados en uno de esos casos de poca monta que no les supone mucho tiempo ni esfuerzo pero que económicamente resultan muy rentables, ya que el cliente suele ser una persona muy influyente y con mucho dinero y pocas ganas de notoriedad y con menos ganas aún de que su pasado salga a la luz y sobre todo de tener que dar explicaciones sobre su vida privada. Precisamente por ello, Héctor y Bonilla ponen mucho interés en la resolución de este tipo de casos, no solo porque el dinero que les reporta sea muy gratificante, sino porque el resolverlos con éxito incrementa la popularidad y publicidad del despacho de cara a futuros clientes que podrían contratar sus servicios agradados por la eficacia y por la rápida y discreta resolución de los casos que manejan)

(A eso de las ocho de la tarde, Asun ya ha regresado del trabajo hace un buen rato, los niños ya merendaron e hicieron sus deberes y ahora están esperando a que Héctor regrese del trabajo para poder cenar en familia como acostumbran)

(Suena el teléfono en casa de los Perea)

Asun: (desde la cocina) ¡Daniel, por favor cógelo… puede que sea tu padre avisando que va a llegar tarde a cenar…!

Daniel: (cogiendo el teléfono) ¡Hola… soy Dani…! ¿quién es…?
Héctor: ¡Hola campeón…! soy papá…
Daniel: ¡Papi, papi…! ¿vas a venir pronto…? ¡te estamos esperando para cenar…!
Héctor: De eso precisamente quería hablar… no voy a poder venir a cenar… ¿me puedes poner con mamá por favor…?
Daniel… ¡Voy…!

(Daniel pasa el teléfono a su madre)

Daniel: Toma, es papá… dice que no vendrá a cenar… está ocupado con el trabajo… quiere hablar contigo…
Asun: (cogiendo el teléfono) ¡Hola cariño…! me dice Dani que no vendrás a cenar… ¿estás muy liado…?
Héctor: Pues la verdad es que sí… Bonilla ya se ha marchado hace un rato y esta noche me toca a mí coger el relevo y continuar con la vigilancia y el seguimiento de los movimientos de ese tipo en el edificio de enfrente… ya sabes, uno de esos casos que son un poco pesados pero que nos reportan dinerito contante y sonante a final de mes…
Asun: Sí… esos casos son tu especialidad… pues es una lástima que no vengas a cenar porque había preparado unos pimientos rellenos riquísimos de esos que tanto te gustan…
Héctor: Mmm… que buenos, me está entrando hambre… en fin, cenaré por aquí cualquier cosa…
Asun: ¿Y sí…? Se me está ocurriendo que podría acercarme al despacho y llevarte un par de ellos para que los pruebes…
Héctor: Asun… yo no quiero molestar… bastante paciencia tienes ya conmigo…
Asun: Para mí no es ninguna molestia…llevo sin verte el pelo durante todo el día y así aprovecho, te llevo la cena y mato dos pájaros de un tiro…
Héctor: Está bien, como quieras, yo encantado, claro, pero por favor, deja que los niños cenen primero que sino se va a hacer muy tarde para ellos y tienen que madrugar mañana…
Asun: Tienes razón… les daré la cena aquí y luego me acerco por allí y ceno contigo en el despacho…
Héctor: Eres un cielo… no sé que haría sin ti… te quiero…
Asun: Yo también te quiero… nos vemos en un rato…
Héctor: De acuerdo… hasta luego entonces…
Asun: Adiós…

(Asun saca la cena para sus hijos quienes sienten absoluta devoción por los guisos de su madre, devorando los pimientos que ha preparado en esta ocasión)

María: ¿Y tú no cenas, mamá…?
Asun: No, cariño, voy a cenar con vuestro padre en el despacho… le voy a llevar unos pimientos para que los pruebe y así cenamos juntos…
María: Me parece muy bien, mami, así le haces compañía… a mí me gustaría ir contigo pero mañana tengo que madrugar y me tengo que acostar pronto…
Asun: Por supuesto, y de ninguna manera me gusta que andes por la calle a estas horas… y no te preocupes que yo le daré a papá un beso muy fuerte de tu parte…
María: Sí, por favor, y dile que le quiero mucho y que hoy no he podido casi verle, solo en el desayuno, y que le echo de menos…
Daniel: Sí y yo también… y le das otro beso muy grande de mi parte…
Asun: Por supuesto, tesoro… yo me llevo vuestros besos para vuestro padre que estoy segura le encantarán…

(Nada más terminar de cenar, María y Daniel se marchan a la cama muertos de cansancio. Se despiden de su madre y tras lavarse los dientes, se marchan a la cama)

Asun: Buenas noches, hijos… descansad y hasta mañana, que durmáis bien…
María y Daniel: ¡Gracias mamá…! ¡hasta mañana…!

(Asun prepara un recipiente con unos cuantos pimientos para cenar ella y Héctor en el despacho y también un poco de ensalada y tras meterlo todo en una bolsa, cierra la puerta de la casa con llave y se dirige hacia el despacho de su marido para hacerle un poco de compañía en esta fresca noche de finales de Septiembre)

(Asun llama a la puerta del despacho y Héctor abre la puerta)

Asun: ¡Hola, cariño…! (se inclina sobre sus labios para saludarle con un beso)
Héctor: ¡Hola, mi amor…! al final has venido…
Asun: Ya te lo dije antes por teléfono… si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma… así que aquí estoy…
Héctor: Pues no sabes lo que te lo agradezco… disfrutar de tu grata compañía y de tu maravillosa cena son los ingredientes perfectos que le faltaban a esta noche…
Asun: Voy a calentar los pimientos un poco, que se habrán quedado fríos en el camino…
Héctor: ¡Mmm… como huelen solo de sacarlos de la bolsa…!
Asun: Pues a los niños les han encantado, así que tienen que estar muy buenos…
Héctor: ¿Cómo están mis niños…?
Asun: Pues muy bien… querían venir conmigo pero ya les he dicho que no podía ser y te mandan besos gigantes…
Héctor: Con las ganas que yo tenía de abrazarles esta noche… pero ya no va a poder ser hasta mañana…
Asun: ¿Y en que consiste esta vez el seguimiento y la vigilancia…?
Héctor: ¿Ves ese edificio de ahí enfrente…?
Asun: Sí…
Héctor: Pues en el décimo piso tienen lugar unas partidas ilegales y unos jueguecitos muy curiosos que mantienen muy entretenido al socio de nuestro cliente… al parecer lleva bastante tiempo teniendo pérdidas importantes de dinero en el negocio que comparten y sospecha que su socio lleva tiempo desviando varias sumas de dinero de manera ilícita… nuestro cliente sólo quiere pruebas, unas cuantas fotografías con las que poderle denunciar y ya está… dinero fácil y rápido para nosotros en definitiva…
Asun: Eso parece… si quieres cuando acabemos de cenar, puedo ayudarte...
Héctor: Yo por mí encantado... ¡buf, me rugen las tripas...!
Asun: Pues eso tiene solución, aquí tienes esa ración de pimientos que han encandilado a tus hijos...

(Héctor prueba los pimientos)

Héctor: ¡Mmmm... que buenos y que suaves están...!
Asun: ¿Te gustan de verdad...?
Héctor: Pues claro que sí... estás hecha una estupenda cocinera...
Asun: Bueno, he tenido una buena maestra...
Héctor: Eso seguro... ¿has traído pan...?
Asun: Toma... aquí tienes...
Héctor: Es que la salsa está superior... y no me puedo resistir...
Asun: Me alegro de que te gusten, cariño...

(Los dos dan buena cuenta de los pimientos y la ensalada, y posteriormente Héctor prepara café para ambos)

(Tras degustar una riquísima cena, los dos se acomodan en el pequeño sofá del despacho dispuestos a contemplar la ventana del edificio de enfrente con unos prismáticos para de forma disimulada, vigilar cuanto está aconteciendo tras esos cristales iluminados. Asun tiene la cámara preparada con la luz nocturna para en cuanto Héctor le de las instrucciones precisas, disparar unas cuantas instantáneas que les sirvan de prueba frente al cliente que ha contratado sus servicios)

(Héctor pretende conseguir las pruebas necesarias de forma rápida y eficaz para cerrar el caso cuanto antes y embolsarse una buena cantidad de dinero por su discreción y buen hacer profesional)

Asun: ¿Crees que con esto tenemos suficiente...?
Héctor: Sí, yo creo que sí... mañana las llevaré a revelar y las veré junto con Bonilla y ya decidimos cuales son las mejores para mantener una cita con nuestro cliente y enseñárselas, y luego ya que él decida que hacer con ese material tan valioso... a partir de ahí ya no es de mi incumbencia...
Asun: Supongo que a estas alturas este tipo de trabajitos ya no te suponen ningún cargo de conciencia...
Héctor: Debo reconocer que al principio me ponía de los nervios el tener que perseguir a esposos infieles o a mujeres casquivanas o a empresarios corruptos, pero finalmente he aprendido a vivir con ello, y son casos que cuando uno da con la tecla adecuada son fáciles y rápidos de resolver y dan un buen dinero además, pero reconozco que echo de menos los casos con enjundia...
Asun: ¿Los casos con enjundia...? ¿cómo los guisos de mi madre...?
Héctor: (acariciando la nariz de su esposa) Justo, como los guisos de ella y los tuyos también...

(Héctor y Asun se miran a los ojos y hacen manitas)
 
Asun: Se está haciendo bastante tarde ya no...?
Héctor: Sí, tienes toda la razón... será mejor que vayamos recogiendo las cosas y nos vayamos a casa... además este sofá es demasiado pequeño para recostarnos los dos...
Asun: Hace años no te parecía tan pequeño... y hemos vivido momentos tan especiales en él...
Héctor: Momentos mágicos diría yo y que jamás voy a olvidar por lo maravillosos que fueron, pero ahora mismo yo estaría mucho más cómodo en un lugar más amplio...
Asun: ¿Cómo nuestra cama tal vez...?
Héctor: Me has leído el pensamiento, muñeca... ¿nos vamos...?
Asun: (con una gran sonrisa divertida) Sí, vamos...

(La feliz pareja dedica unos minutos a compartir un jugoso beso de amor y posteriormente se cogen de la mano como dos auténticos enamorados y se dirigen a su hogar para compartir otra noche abrazados como ya es costumbre desde hace años)