(Septiembre de 1970. El verano
tocó a su fin y tras pasar unas divertidas vacaciones entre la playa, el pueblo
y la casa de campo de la familia Bonilla, los Perea vuelven a la rutina del día
a día, en la que María y Daniel volvieron al colegio para empezar un nuevo
curso y el feliz matrimonio volvió a incorporarse a sus respectivos trabajos).
(En este curso de 1970-1971,
María ya cursa 3º de Bachillerato pues el año que viene cumplirá ya los 13
años, y el pequeño Daniel ya no se siente tan niño pues el próximo año cumplirá
10 años y ya terminará este año la primaria para incorporarse el curso que
viene al Bachillerato)
(En el trabajo, Asun lleva muy a
gusto el peso de su cargo como redactora jefe y la relación con sus jefes y
compañeros de la plantilla es magnífica, lo cual hace muy agradable un trabajo
tan intenso y apasionante como el periodismo de investigación que para Asun es
una verdadera vocación)
(Héctor por su parte sigue con
sus casos, unas veces más interesantes que otros, siempre con la ayuda y el
apoyo del fiel Bonilla a quien Héctor considera su hermano y en quien siempre
ha confiado ciegamente, incluso a veces más que en su propio instinto. Juntos
han alcanzado notables éxitos en el mundo de la investigación, incluso a veces
reconocidos por la propia policía, quien sigue contando con ellos para la
resolución de algunos casos que se les enquistan y para los que no tienen ni
tiempo ni dotación de personal suficiente para abordarlos de forma conveniente
y mucho menos exitosa)
(A finales de Septiembre, Héctor
y Bonilla se encuentran involucrados en uno de esos casos de poca monta que no
les supone mucho tiempo ni esfuerzo pero que económicamente resultan muy
rentables, ya que el cliente suele ser una persona muy influyente y con mucho
dinero y pocas ganas de notoriedad y con menos ganas aún de que su pasado salga
a la luz y sobre todo de tener que dar explicaciones sobre su vida privada.
Precisamente por ello, Héctor y Bonilla ponen mucho interés en la resolución de
este tipo de casos, no solo porque el dinero que les reporta sea muy
gratificante, sino porque el resolverlos con éxito incrementa la popularidad y
publicidad del despacho de cara a futuros clientes que podrían contratar sus
servicios agradados por la eficacia y por la rápida y discreta resolución de
los casos que manejan)
(A eso de las ocho de la tarde,
Asun ya ha regresado del trabajo hace un buen rato, los niños ya merendaron e
hicieron sus deberes y ahora están esperando a que Héctor regrese del trabajo
para poder cenar en familia como acostumbran)
(Suena el teléfono en casa de los
Perea)
Asun: (desde la cocina) ¡Daniel,
por favor cógelo… puede que sea tu padre avisando que va a llegar tarde a
cenar…!
Daniel: (cogiendo el teléfono)
¡Hola… soy Dani…! ¿quién es…?
Héctor: ¡Hola campeón…! soy papá…
Daniel: ¡Papi, papi…! ¿vas a
venir pronto…? ¡te estamos esperando para cenar…!
Héctor: De eso precisamente
quería hablar… no voy a poder venir a cenar… ¿me puedes poner con mamá por favor…?
Daniel… ¡Voy…!
(Daniel pasa el teléfono a su
madre)
Daniel: Toma, es papá… dice que
no vendrá a cenar… está ocupado con el trabajo… quiere hablar contigo…
Asun: (cogiendo el teléfono)
¡Hola cariño…! me dice Dani que no vendrás a cenar… ¿estás muy liado…?
Héctor: Pues la verdad es que sí…
Bonilla ya se ha marchado hace un rato y esta noche me toca a mí coger el
relevo y continuar con la vigilancia y el seguimiento de los movimientos de ese
tipo en el edificio de enfrente… ya sabes, uno de esos casos que son un poco
pesados pero que nos reportan dinerito contante y sonante a final de mes…
Asun: Sí… esos casos son tu
especialidad… pues es una lástima que no vengas a cenar porque había preparado
unos pimientos rellenos riquísimos de esos que tanto te gustan…
Héctor: Mmm… que buenos, me está
entrando hambre… en fin, cenaré por aquí cualquier cosa…
Asun: ¿Y sí…? Se me está
ocurriendo que podría acercarme al despacho y llevarte un par de ellos para que
los pruebes…
Héctor: Asun… yo no quiero
molestar… bastante paciencia tienes ya conmigo…
Asun: Para mí no es ninguna
molestia…llevo sin verte el pelo durante todo el día y así aprovecho, te llevo
la cena y mato dos pájaros de un tiro…
Héctor: Está bien, como quieras,
yo encantado, claro, pero por favor, deja que los niños cenen primero que sino
se va a hacer muy tarde para ellos y tienen que madrugar mañana…
Asun: Tienes razón… les daré la
cena aquí y luego me acerco por allí y ceno contigo en el despacho…
Héctor: Eres un cielo… no sé que
haría sin ti… te quiero…
Asun: Yo también te quiero… nos
vemos en un rato…
Héctor: De acuerdo… hasta luego
entonces…
Asun: Adiós…
(Asun saca la cena para sus hijos
quienes sienten absoluta devoción por los guisos de su madre, devorando los
pimientos que ha preparado en esta ocasión)
María: ¿Y tú no cenas, mamá…?
Asun: No, cariño, voy a cenar con
vuestro padre en el despacho… le voy a llevar unos pimientos para que los
pruebe y así cenamos juntos…
María: Me parece muy bien, mami,
así le haces compañía… a mí me gustaría ir contigo pero mañana tengo que
madrugar y me tengo que acostar pronto…
Asun: Por supuesto, y de ninguna
manera me gusta que andes por la calle a estas horas… y no te preocupes que yo
le daré a papá un beso muy fuerte de tu parte…
María: Sí, por favor, y dile que
le quiero mucho y que hoy no he podido casi verle, solo en el desayuno, y que
le echo de menos…
Daniel: Sí y yo también… y le das
otro beso muy grande de mi parte…
Asun: Por supuesto, tesoro… yo me
llevo vuestros besos para vuestro padre que estoy segura le encantarán…
(Nada más terminar de cenar,
María y Daniel se marchan a la cama muertos de cansancio. Se despiden de su
madre y tras lavarse los dientes, se marchan a la cama)
Asun: Buenas noches, hijos…
descansad y hasta mañana, que durmáis bien…
María y Daniel: ¡Gracias mamá…!
¡hasta mañana…!
(Asun prepara un recipiente con
unos cuantos pimientos para cenar ella y Héctor en el despacho y también un
poco de ensalada y tras meterlo todo en una bolsa, cierra la puerta de la casa
con llave y se dirige hacia el despacho de su marido para hacerle un poco de
compañía en esta fresca noche de finales de Septiembre)
(Asun llama a la puerta del
despacho y Héctor abre la puerta)
Asun: ¡Hola, cariño…! (se inclina
sobre sus labios para saludarle con un beso)
Héctor: ¡Hola, mi amor…! al final
has venido…
Asun: Ya te lo dije antes por
teléfono… si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma… así que aquí
estoy…
Héctor: Pues no sabes lo que te
lo agradezco… disfrutar de tu grata compañía y de tu maravillosa cena son los
ingredientes perfectos que le faltaban a esta noche…
Asun: Voy a calentar los
pimientos un poco, que se habrán quedado fríos en el camino…
Héctor: ¡Mmm… como huelen solo de
sacarlos de la bolsa…!
Asun: Pues a los niños les han
encantado, así que tienen que estar muy buenos…
Héctor: ¿Cómo están mis niños…?
Asun: Pues muy bien… querían
venir conmigo pero ya les he dicho que no podía ser y te mandan besos gigantes…
Héctor: Con las ganas que yo
tenía de abrazarles esta noche… pero ya no va a poder ser hasta mañana…
Asun: ¿Y en que consiste esta vez
el seguimiento y la vigilancia…?
Héctor: ¿Ves ese edificio de ahí
enfrente…?
Asun: Sí…
Héctor: Pues en el décimo piso
tienen lugar unas partidas ilegales y unos jueguecitos muy curiosos que
mantienen muy entretenido al socio de nuestro cliente… al parecer lleva
bastante tiempo teniendo pérdidas importantes de dinero en el negocio que
comparten y sospecha que su socio lleva tiempo desviando varias sumas de dinero
de manera ilícita… nuestro cliente sólo quiere pruebas, unas cuantas
fotografías con las que poderle denunciar y ya está… dinero fácil y rápido para
nosotros en definitiva…
Asun: Eso parece… si quieres
cuando acabemos de cenar, puedo ayudarte...
Héctor: Yo por mí encantado...
¡buf, me rugen las tripas...!
Asun: Pues eso tiene solución,
aquí tienes esa ración de pimientos que han encandilado a tus hijos...
(Héctor prueba los pimientos)
Héctor: ¡Mmmm... que buenos y que
suaves están...!
Asun: ¿Te gustan de verdad...?
Héctor: Pues claro que sí...
estás hecha una estupenda cocinera...
Asun: Bueno, he tenido una buena
maestra...
Héctor: Eso seguro... ¿has traído
pan...?
Asun: Toma... aquí tienes...
Héctor: Es que la salsa está
superior... y no me puedo resistir...
Asun: Me alegro de que te gusten,
cariño...
(Los dos dan buena cuenta de los
pimientos y la ensalada, y posteriormente Héctor prepara café para ambos)
(Tras degustar una riquísima
cena, los dos se acomodan en el pequeño sofá del despacho dispuestos a
contemplar la ventana del edificio de enfrente con unos prismáticos para de
forma disimulada, vigilar cuanto está aconteciendo tras esos cristales
iluminados. Asun tiene la cámara preparada con la luz nocturna para en cuanto
Héctor le de las instrucciones precisas, disparar unas cuantas instantáneas que
les sirvan de prueba frente al cliente que ha contratado sus servicios)
(Héctor pretende conseguir las
pruebas necesarias de forma rápida y eficaz para cerrar el caso cuanto antes y
embolsarse una buena cantidad de dinero por su discreción y buen hacer profesional)
Asun: ¿Crees que con esto tenemos
suficiente...?
Héctor: Sí, yo creo que sí...
mañana las llevaré a revelar y las veré junto con Bonilla y ya decidimos cuales
son las mejores para mantener una cita con nuestro cliente y enseñárselas, y
luego ya que él decida que hacer con ese material tan valioso... a partir de
ahí ya no es de mi incumbencia...
Asun: Supongo que a estas alturas
este tipo de trabajitos ya no te suponen ningún cargo de conciencia...
Héctor: Debo reconocer que al
principio me ponía de los nervios el tener que perseguir a esposos infieles o a
mujeres casquivanas o a empresarios corruptos, pero finalmente he aprendido a
vivir con ello, y son casos que cuando uno da con la tecla adecuada son fáciles
y rápidos de resolver y dan un buen dinero además, pero reconozco que echo de
menos los casos con enjundia...
Asun: ¿Los casos con enjundia...?
¿cómo los guisos de mi madre...?
Héctor: (acariciando la nariz de
su esposa) Justo, como los guisos de ella y los tuyos también...
(Héctor y Asun se miran a los
ojos y hacen manitas)
Asun: Se está haciendo bastante
tarde ya no...?
Héctor: Sí, tienes toda la
razón... será mejor que vayamos recogiendo las cosas y nos vayamos a casa...
además este sofá es demasiado pequeño para recostarnos los dos...
Asun: Hace años no te parecía tan
pequeño... y hemos vivido momentos tan especiales en él...
Héctor: Momentos mágicos diría yo
y que jamás voy a olvidar por lo maravillosos que fueron, pero ahora mismo yo
estaría mucho más cómodo en un lugar más amplio...
Asun: ¿Cómo nuestra cama tal
vez...?
Héctor: Me has leído el
pensamiento, muñeca... ¿nos vamos...?
Asun: (con una gran sonrisa
divertida) Sí, vamos...
(La feliz pareja dedica unos
minutos a compartir un jugoso beso de amor y posteriormente se cogen de la mano
como dos auténticos enamorados y se dirigen a su hogar para compartir otra
noche abrazados como ya es costumbre desde hace años)
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