sábado, 7 de febrero de 2015

Capítulo 95: La operación de Daniel (Enero 1971)


(Enero de 1971. Un nuevo año ha dado comienzo hace unos días y las vacaciones de Navidad terminaron para los más pequeños de las familias protagonistas. En estos tres meses que han transcurrido tras la llegada al mundo del miembro más pequeño de la familia Bonilla, Javier ha adquirido nuevas habilidades y un sentido de la responsabilidad más agudizado al empezar a ejercer de hermano mayor. Ahora entiende mejor lo que esa figura implica y se identifica más con María, pero sobre todo con Clara, quien lleva también muy poquitos años ejerciendo de hermana mayor con los mellizos y sabe lo que es tener que ayudar a sus padres a manejar a unos bebés a los que hay que alimentar y cuidar de forma permanente).

(Un día de finales de Enero, la familia Perea ha terminado de cenar y los niños están acostados como siempre hacen entre semana bastante temprana ya que sus obligaciones escolares les mantienen muy ocupados y terminan la jornada bastante agotados y deseando reponer fuerzas para el día siguiente. Héctor y Asun se quedan un rato más en el sofá charlando de sus cosas, viendo la televisión o escuchando en la radio el último boletín de noticias del día)

Asun: (levantándose del sofá) Estoy muy cansada ya, cariño... ¿te vienes a la cama...?
Héctor: Sí, enseguida voy... déjame que me termine mi copa y estoy contigo...
Asun: (acercándose a su mejilla para darle un dulce beso) ¡Pero no tardes, eh...! que sino me duermo... y ya sabes que no me gusta dormirme sola...
Héctor: Descuida, que no me perdería ese momento por nada del mundo... me gusta contemplarte como vas cayendo en las redes de Morfeo suavemente entre mis brazos y al compás de nuestras caricias mutuas...
Asun: Yo también adoro ese momento antes de caer rendida... (le da un beso a su marido) te quiero...
Héctor: Y yo a ti...

(Un rato más tarde, el matrimonio Perea duerme profundamente en su cama, abrazados el uno al otro como acostumbran cada noche. Tan serenos y tranquilos están sumidos en sus sueños que ni se dan cuenta que el pequeño Daniel se encuentra indispuesto, yendo de su habitación al baño y viceversa ya por segunda vez en la noche. María es la única que sí escucha los vaivenes de su hermano desde su cuarto y sale de la habitación para ver que está pasando. Al ver que Dani está pálido y sudoroso y que no para de vomitar, se presenta ni corta ni perezosa en la habitación de sus padres para alertarles de lo que está pasando)

María: (subiéndose a la cama de sus padres) ¡Papi...mami...! ¡despertad... es importante...!
Asun: (frotándose los ojos de sueño) ¿Qué pasa, cariño...? ¿va todo bien...?
María: No... es Daniel... no se encuentra nada bien...
Héctor: (pegando un salto desde la cama al suelo) ¿Qué le pasa a mi campeón...?
María: No lo sé, papá, pero ya son dos veces las que se ha levantado al cuarto de baño... y no deja de vomitar... y está ardiendo... tiene la cara más blanca que el papel...

(Héctor y Asun corren hacia la habitación de su hijo donde le encuentran empapado en sudor y con alta temperatura)

Asun: (muy preocupada) ¡Daniel, tesoro...! ¿qué tienes, hijo...?
Daniel: ¡Ay, mami...! ¡me duele mucho, aquí en el costado...! creo que la cena no me ha sentado bien... y no dejo de ir al baño... estoy cansado...
Asun: ¡Héctor, llama al médico por favor...! ¡este niño está ardiendo...!

(Héctor toca la frente de Daniel y sale rápidamente de la habitación en dirección al teléfono para llamar a su médico de urgencias de manera que pueda personarse en casa de la familia lo antes posible)

(Media hora después, el médico hace su aparición en casa de la familia Perea. Tras reconocer y explorar al pequeño Daniel, elabora su propio diagnóstico)

Doctor: Aparentemente se trata de un corte de digestión sin importancia, pero yo no me quedo tranquilo... aunque ahora tiene el abdomen blando, no me gusta su aspecto, y podría tratarse de un ataque de apendicitis... será mejor que llamemos a una ambulancia para trasladarle al hospital y que le hagan un reconocimiento más exhaustivo, por lo que pueda pasar...
Héctor: Por supuesto, doctor, haga lo que crea conveniente... lo único que queremos es que nuestro hijo se ponga bien y sabemos que está en buenas manos...

(La familia Perea con ayuda del médico de urgencias, hacen los trámites pertinentes para avisar a una ambulancia y proceder al traslado de Daniel hacia el hospital, donde tras pasar unas horas en observación, se queda ingresado para ser operado de apendicitis en cuanto se quede un quirófano libre)

(Al hospital se desplaza Asun en la ambulancia junto a su hijo y Héctor lleva su coche junto con María para no dejarla sola, ya que la niña está bastante asustada y preocupada por su hermano y no quiere quedarse en casa sola esperando noticias. El tiempo pasa y las horas en urgencias se hacen interminables aunque la familia Perea está tranquila porque sabe que Daniel está bien atendido y al fin tienen un diagnóstico certero de la situación)

(Unas horas después, la familia Perea espera en la habitación que les han asignado mientras en el quirófano ya están operando al pequeño Daniel)

Héctor: (cogiendo con fuerza la mano de Asun) Todo va a salir bien, te lo prometo... os lo prometo... (agarra también a María) Daniel pronto va a salir de esta... ha sido un buen susto, pero nadie podíamos esperar que fuera a sufrir un ataque de apendicitis... por suerte lo han pillado a tiempo y ya le están operando para quitárselo... y se va a recuperar... mi campeón es un chico fuerte...
María: Ya lo sé, papi... y es muy valiente... porque a pesar de los dolores y todo, el pobre salía y entraba del cuarto de baño sin apenas hacer ruido... se ve que no quería despertaros y preocuparos con sus cosas... ¡y menos mal que yo sí me dí cuenta que algo no iba bien...! me desperté sobresaltada y con el pálpito de que algo no iba bien en la familia... había tenido un sueño revuelto y fue justo cuando escuché un ruido en el cuarto de baño y ahí estaba el pobre Dani cabeza abajo en la taza de váter sin apenas capacidad para poder hablarme, muy blanco y muerto de miedo...
Asun: (abrazando a su hija) Tesoro... gracias por avisarnos... si no llega a ser por ti y por ese sexto sentido que tienes para captar las cosas no nos hubiéramos enterado de nada... tu padre y yo dormíamos profundamente...
Héctor: Mi princesa siempre se ha preocupado mucho por todos nosotros y sabe cuando algo no va bien... tienes como una especie de don para alertarte de las cosas malas o peligrosas...
María: No sé como explicarlo... pero me lleva sucediendo desde hace algún tiempo... es como una sensación que sé que algo va mal pero no sé muy bien a quien o dónde, y luego casi siempre tengo razón...
Héctor: Pues eso está muy bien, hija... esa podría ser una cualidad muy interesante si quisieras dedicarte a la investigación como tu padre...
María: No sé si estoy decidida a dedicarme al mundo de la investigación, papi... también me gusta escribir como a mamá, pero creo que aún soy muy joven para saber a lo que me voy a dedicar en el futuro...
Asun: Por supuesto que sí, hija, y hagas lo que hagas, decidas lo que decidas, nosotros te apoyaremos siempre... y siempre nos tendrás aquí para consultar y orientarte, ayudarte o lo que necesites...
María: Ya lo sé, y os quiero mucho, aunque eso creo que ya lo sabéis...

(Los tres se funden en un fuerte y emotivo abrazo mientras esperan noticias de la operación de Daniel)

(Héctor sale al pasillo un rato a fumar un cigarrillo mientras que María se ha bajado a la cafetería a buscar un poco de café para su padre y su madre. Asun sale también al pasillo un rato, encontrándose bastante nerviosa pues se les está haciendo larga la espera)

Asun: ¿Me das uno, por favor...?
Héctor: (saca su pitillera del bolsillo interior del traje) Claro, toma... ¿pero tan nerviosa estás cariño...?
Asun: Pues sí, no lo puedo evitar... y ya sabes que yo no suelo fumar a menudo... solo lo hago cuando estoy nerviosa como ahora o en ocasiones especiales... esas que tú ya sabes, para relajarme...
Héctor: (con una sonrisa y besando su frente) Sí, sé a que te refieres...

(María viene por el pasillo con dos vasos de café)

María: Mamá...se me hace muy raro verte fumar...
Asun: (escondiendo el cigarrillo con cierta vergüenza) Ya lo sé tesoro... pero no puedo evitarlo... estoy nerviosa...
María: Tranquila mamá... estoy segura que todo va a salir bien, ya lo verás...
Héctor: Eso mismo le estaba diciendo yo ahora... Daniel está en manos de los mejores, es sólo que las esperas en los hospitales son muy pesadas...
Asun: A mí me ponen enferma...

(En ese momento hace su aparición la enfermera por el pasillo llamando a los familiares de Daniel)

Enfermera: ¡Familiares de Daniel Perea Muñoz...!
Asun y Héctor: (al unísono) ¡Sí, aquí...! somos sus padres...
Enfermera: Pasen conmigo... el doctor desea verles...

(La pareja acompaña a la enfermera al despacho médico)

Héctor: (estrechando su mano con la del médico) ¿Cómo ha salido todo, doctor...?
Doctor: Todo en orden, señor Perea... no tiene que preocuparse... el niño está perfectamente y la operación ha salido según lo previsto...
Asun: ¿Se va a despertar pronto doctor...?
Doctor: Por supuesto... le hemos sedado lo suficiente para que no sintiera ningún dolor, y ahora está descansando en la unidad de reanimación bajo los efectos de la anestesia, pero no será por mucho tiempo...a lo largo de la tarde le subiremos a la planta y podrán quedarse con él...
Héctor: Muchas gracias, doctor... ¿ha sido complicada la operación...?
Doctor: Como todas las cirugías, señor Perea tiene sus riesgos, claro, pero debo decir que hemos intentado que la herida sea lo más limpia posible y la cicatriz que le quede finalmente será muy leve con el tiempo...
Asun: Eso es lo de menos, doctor... de hecho conociendo a mi hijo seguro que le encantará presumir de cicatriz delante de sus compañeros de colegio, lo importante es que le hayan extraído bien el apéndice y que no le queden secuelas...
Doctor: No se preocupe, señora de Perea, la operación ha sido muy limpia y el niño no ha perdido apenas sangre... es un niño muy fuerte por lo que no tardará en recuperarse...
Héctor: ¿Lo ves, cariño...? ya te dije que Daniel iba a superarlo todo con nota... ¡mi campeón...! Muchísimas gracias por todo, doctor, de verdad...
Doctor: De nada, para eso estamos aquí los profesionales... ya les avisarán cuando le suban a la habitación... estará ingresado todavía 1 semana más o menos y luego tendrá que guardar reposo en casa antes de incorporarse a sus actividades normales en el colegio...
Asun: Descuide, doctor, que ya me ocupo yo de eso, no se va a mover de la cama, eso se lo juro yo...
Doctor: Tampoco hace falta señora de Perea... el niño puede levantarse dentro de unos días, aunque poco a poco y desde luego nada de esfuerzos hasta que la herida suture bien y podamos quitarle los puntos...
Héctor: Por supuesto, doctor, y gracias de nuevo...
Doctor: Y ahora si me disculpan tengo otros pacientes que atender...
Asun: Desde luego, doctor... gracias...

(Héctor y Asun avanzan por el pasillo para reencontrarse con María que les espera en la puerta de la habitación)

María: ¿Ha ido todo bien verdad que sí...?
Héctor: Por supuesto, princesa... en unas horas tu hermano subirá a la habitación y se quedará ingresado 1 semana y luego tendrá que seguir con el reposo en casa... pero nada de esfuerzos ni de ir al colegio hasta que no esté recuperado...
Asun: Tu hermano es muy fuerte, tesoro... hay que tener paciencia pero todo ha salido bien en la operación...
María: Gracias... me alegro muchísimo... yo me quiero quedar a verle hasta que le suban...
Héctor: Claro, princesa, lo que tú quieras estará bien...

(Unas horas después, Daniel es subido a planta aún atontado por los efectos de la anestesia. Su madre, su padre y su hermana le hacen compañía durante el resto de la tarde)

Daniel: (con los ojos semiabiertos) ¡Mami... mami...!
Asun: ¡Daniel, campeón, estoy aquí...! ¡mamá está aquí contigo...!
Daniel: Quiero... agua...
Héctor: Claro... toma campeón, aquí tienes...
Daniel: ¿Qué ha pasado... donde estoy...?
María: Estás en el hospital, Dani...
Daniel: ¿En el hospital...? ¿por qué...?
Asun: No hagas esfuerzos, tesoro... te acaban de operar... te han quitado el apéndice, cariño... los dolores esos tan espantosos que tenías y la razón de que te encontraras tan mal anoche era por un ataque de apendicitis... pero ya está solucionado, ya te han intervenido los médicos y todo ha salido muy bien... eres muy fuerte...
Héctor: Eres un valiente y todos estamos muy orgullosos de ti, campeón... pero ahora tienes que descansar y ser paciente... aún vas a tener que estar aquí 1 semana como poco y luego irás a casa a terminar de recuperarte, pero nada de esfuerzos, y tampoco podrás ir al colegio...
Daniel: ¿Por qué no...? ¡que aburrimiento en casa todo el tiempo...!
Héctor: Son órdenes de los médicos y nos vamos a asegurar de seguirlas a rajatabla...
María: Yo ya le diré a Javier que te traiga los deberes y las cosas que den en las clases que pierdas... te aseguro que no vas a tener tiempo de aburrirte, hermanito...
Daniel: Muy graciosa, como siempre, hermanita... ¿y cuando podré volver a jugar al baloncesto...?
Héctor: ¡Uy, eso va para largo...! lo importante es que la herida cicatrice bien y para eso tienes que cuidarte...
María: Tienes que ser paciente, Dani... pero te vas a recuperar bien, ya lo verás...
Asun: (mirando su reloj) Cariño, es casi de día ya... deberías irte ya para casa y llevarte a María para que pueda ir al colegio...
María: Pero mami... ¿y si no voy...? tampoco pasa nada... estoy cansada porque llevamos una nochecita larga... puedo llamar a Clara desde casa y que explique en el colegio lo que ha pasado, ¿no te parece...?
Héctor: Tienes razón, hija... no pasa absolutamente nada porque no vayas hoy a clase, pero sí que te llevaré a casa para que llames a Clara cuanto antes y luego si quieres te acuestas un rato... luego volveré aquí para estar contigo...
Asun: No hace falta, de verdad... yo me quedo con él... tú descansa también un rato, aseate, prepara el desayuno y después a mediodía haz algo de comida para los dos... y si quieres venís luego por la tarde...
Héctor: (haciendo una caricia a su esposa en la barbilla) ¿Estás segura...?
Asun: Segurísima... vete, de verdad, tú también necesitas estar descansado si quieres hacer el turno de la siguiente noche...
Héctor: Está bien... haré lo que dices... tu procura descansar algo... si Dani consigue volver a dormirse podrías echarte un rato en la butaca con una manta y al menos reposar los pies... llevas muchas horas de pie en alerta... y bájate a la cafetería a tomarte algo, por favor...
Asun: Claro que sí, cielo... descansa tú también...
Héctor: (dando un beso a Asun) Hasta luego, mi amor... adiós campeón...
Daniel: Hasta luego, papi... te quiero mucho...
Héctor: Y yo a ti... (besa a su hijo con cariño)

(María también se despide de su madre y de su hermano y se marcha a casa con su padre)

(Tuvieron que pasar nada más que dos semanas hasta que Dani se encontró con fuerzas suficientes para retomar las clases y volver al colegio, donde efectivamente presumió de cicatriz delante de sus compañeros y procuró tomarse con calma sus ganas de querer recuperar también las clases de baloncesto, claro que para eso aún tendrían que pasar un par de meses. La familia Perea recompuso sus rutinas y se mostraron muy aliviados de ver como su hijo se recuperaba tan pronto y tenía esas inmensas ganas de incorporarse a sus actividades habituales. Juntos formaban una auténtica familia feliz y unida que iban solventando los obstáculos que la vida les iba poniendo por delante en mayor o menor medida y mostrándose siempre optimistas y fuertes hacia el futuro que estaba por venir).


1 comentario:

  1. Gracias Raquel, todos juntos en lo bueno y en lo malo y con final feliz como a mi ne gusta.

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