viernes, 30 de agosto de 2013

Capítulo 76: Otro aniversario con sorpresa (Febrero 1969)

(Han pasado un par de meses, ya estamos en Febrero de 1969. Las navidades pasaron como siempre llenas de alegría y felicidad para nuestros protagonistas. El balance del año ha sido positivo para todos en líneas generales. Las notas de los chicos fueron excelentes como siempre y durante las fiestas disfrutaron de unas merecidas vacaciones en compañía de sus familiares y amigos, quienes brindaron por un año nuevo igual o mejor que el que acaban de despedir).

(La vida en el barrio transcurre más o menos de forma rutinaria. Héctor y Bonilla siguen con sus investigaciones contando a veces con el apoyo de vallejo que desde su nueva situación como jubilado, aprovecha el poco tiempo que su mujer le deja libre para colaborar en los casos que se llevan desde el despacho de los detectives).

(Asun por su parte, como redactora jefe de la revista “A media voz” sigue estando muy bien considerada en la profesión y también entre sus compañeros, obteniendo la revista éxitos históricos de venta, por lo que Julio está absolutamente encantado con el rumbo que está tomando la publicación desde que él se puso al frente).

(Una tarde, Héctor y Asun ya de vuelta en casa de sus respectivos trabajos, están en el salón sentados en el sofá. Los niños están en sus habitaciones haciendo los deberes. Asun está arreglando unos remiendos pendientes de costura y Héctor lee la prensa que no ha podido despachar, acompañado de una buena copa de coñac).

Héctor: Ah, por cierto, cielo, se me olvidaba... la semana que viene tengo que ausentarme un par de días...
Asun: ¿Y eso...?
Héctor: Es por un caso... no tiene demasiada enjundia pero quiero asegurarme que la que nos ha contratado dice la verdad... es un problema de unas tierras y una herencia entre hermanos...
Asun: ¿Y dónde te vas...?
Héctor: A un pueblo de Ciudad Real, un pueblo pequeño, no me acuerdo como se llama ahora mismo... tengo los datos en el despacho, pero no voy a coger el tren, me llevaré el coche, así puedo ir directamente y me canso menos...
Asun: ¿Quieres que te prepare una pequeña maleta entonces...?
Héctor: Pues si haces el favor, te lo agradezco, cariño, ya sabes que soy un desastre para esas cosas y siempre se me olvida algo... y además, tú siempre lo haces mejor que yo... te compensaré, te lo prometo...
Asun: ¡Menudo zalamero estás hecho...! y además a mí me encanta prepararte la maleta, porque así me aseguro que te llevas todo lo imprescindible... total si son sólo un par de días...
Héctor: Volveré a tiempo para celebrar nuestro aniversario como se merece, eso ni lo dudes...
Asun: (sonriendo pensativa) ¡Que barbaridad! como se pasa el tiempo... un año más que hemos pasado juntos...
Héctor: Juntos y felices...
Asun: Sobre todo felices... eso es lo que más me gusta de nosotros... la sensación de que por mucho tiempo que pase, sigo sintiendo exactamente lo mismo que cuando te conocí...
Héctor: ¿Ah sí...?
Asun: (riéndose al ver que Héctor no deja de mirarla con una hermosa sonrisa) Ya sabes a que me refiero... aunque si lo prefieres te lo puedo explicar luego de forma más gráfica...
Héctor: Me encantaría...
Asun: (divertida) ¡Anda, para ya... vamos a ponernos con la cena, venga...!
Héctor: Está bien...

(Unos días después, Héctor se marchó de viaje aunque en todo momento estaba pensando en su familia y por la noche siempre llamaba después de la cena para hablar con Asun y con los niños. Después de hablar con Héctor, Asun se sentó en el sofá y encendió un poco la radio para entretenerse. María decidió sentarse a hacer compañía a su madre un rato antes de irse a la cama).

Asun: ¿Todavía no tienes sueño, tesoro...?
María: No... ¿puedo hacerte compañía un rato...? es que me aburro...
Asun: Pues ya somos dos...
María: (mirando a su madre) Echas de menos a papá, ¿a que sí...?
Asun: Eres muy lista y muy observadora... ¿cómo lo has sabido...?
María: Por tu mirada... acabas de colgar el teléfono con él y parecía que ninguno de los dos quería dejar la conversación... y tienes los ojos brillantes... y cuando a una persona le brillan los ojos así es que está enamorada...
Asun: (sonríe ante los comentarios de su hija) No sé quien te habrá dicho esas cosas, pero tienes toda la razón... y no puedo disimularlo... tu padre me tiene encandilada, absolutamente obnubilada...
María: ¿Obnubi qué...?
Asun: Quiero decir entusiasmada... que estoy muy feliz, hija... quiero mucho a tu padre, y sí, le echo de menos cuando no está aquí en casa con nosotros...
María: Se le ha complicado un poco el viaje por la nieve, y se ha quedado atrapado en ese pueblo, pero supongo que en un par de días ya estará en casa...
Asun: Eso espero... ¿sabes qué pasa...? durante el día como estoy trabajando estoy entretenida y no tengo tiempo de pensar, pero cuando llega la noche y él no está aquí conmigo diciéndome cosas bonitas, le echo mucho de menos... y estoy tan acostumbrada a dormirme abrazada a él, que cuando no está, no puedo dormir bien y me pongo nerviosa y entonces me desvelo...
María: Si quieres podemos hacer una cosa... para que no te sientas tan sola puedo dormir contigo en la cama grande y así te hago compañía...
Asun: Me parece una idea buenísima, tesoro... me vendrá bien para distraerme y poder dormir... a lo mejor todo esto te parece una tontería pero estoy segura que lo entenderás cuando seas mayor y encuentres a la persona con la que compartas tu vida y a la que ames de verdad... ¿nos vamos a la cama entonces...?
María: Sí, vamos... voy a decirle a Dani que se acueste ya, se ha quedado leyendo un libro en su cuarto antes...
Asun: Pues lleva ya un buen rato sin hacer ruido... yo creo que a estas alturas se ha quedado dormido...
María: Puede ser... voy a verle...

(Cuando María entra en el cuarto de su hermano se lo encuentra tumbado sobre la manta de su cama con el libro boca abajo y completamente dormido. Con mucho cuidado para no despertarle, María coge otra manta, se la echa por encima para que no coja frío y apaga la luz para que pueda seguir durmiendo, y después va a la habitación de su madre para acostarse en la cama junto a ella)

(Al día siguiente por la tarde, Asun está en la redacción de la revista. Casi todos los compañeros se han ido yendo a sus casas y sólo quedan en la sala el fotógrafo que está en el cuarto de revelado, el jefe de la imprenta, Aurelia, que está rematando un artículo, y la propia Asun, que no deja de mirar el reloj algo nerviosa)

Aurelia: ¿Qué pasa, Asun...? llevas toda la tarde mirando el reloj muy inquieta... ¿estás esperando a alguien...?
Asun: No, es solo que, esperaba que Héctor regresara hoy de su viaje... tenía que haber venido ya hace un par de días, pero el temporal de nieve le ha dejado atrapado en el pueblo, y anoche me llamó y me dijo que intentaría volver hoy a Madrid... hoy es nuestro aniversario y pensaba que a lo mejor llegaría a tiempo...
Aurelia: ¡Es verdad... jolín, se me había olvidado por completo...! (se levanta para abrazar a su amiga) ¡muchas felicidades...! la verdad es que es una pena que no haya podido volver todavía... ¿y no te ha llamado tampoco...?
Asun: No, y eso es lo raro... pero en fin, supongo que se le habrá complicado y no habrá podido encontrar un teléfono a mano... me voy a ir para casa, que mi madre ya habrá recogido a los niños y estarán deseando verme y contarme sus cosas... ¿tú te quedas...?
Aurelia: No, me voy ya que Gustavo estará a punto de salir del despacho y quiero llegar a casa antes que él...

(En ese momento, entra en la sala el portero del edificio donde se encuentran las oficinas de la revista)

Portero: Doña Asunción...
Asun: Dígame, Joaquín...
Portero: ¿Tienen ustedes pensado salir ya a la calle...?
Asun: Sí, estábamos recogiendo ya para marcharnos a casa, ¿por qué lo dice...?
Portero: Porque cuando bajen, pásese por la portería por favor, ha llegado un regalo para usted, lo ha traído un mensajero con una nota...
Asun: ¿Para mí...? ¡vaya, que raro...!
Portero: No es por ser indiscreto, doña Asunción, pero si son de su marido, son muy bonitas...
Asun: (abriendo la boca sorprendida) ¿Ha estado Héctor por aquí...? ¿y no ha subido...?
Portero: No señora, ya le digo que las ha traído un mensajero, pero yo que usted bajaría a verlas...
Asun: Está bien, sí claro, Joaquín, no se preocupe, que enseguida bajamos...

(El portero se retira y las dos amigas se quedan solas un momento)

Aurelia: Desde luego, te quejarás... Héctor te tiene en palmitas... como no ha podido venir a tiempo, te manda un ramo de flores...
Asun: (emocionada) ¡Ay, Aurelia, vámonos, que estoy deseando verlas...!
Aurelia: ¡Sí, mujer, vamos...!

(Aurelia y Asun bajan al portal a recoger el ramo de flores que el señor Joaquín tiene sobre la mesa de la portería. El portero se ha ido a recoger las basuras del edificio)

Asun: (cogiendo el ramo de claveles y oliéndolos detenidamente) ¿Has visto...? ¡son preciosos...! ¡mira... ocho claveles rojos...! (emocionada) ¡me encantan...!
Aurelia: ¿Ya has leído la nota...?
Asun: (nerviosa) ¿Qué nota...?
Aurelia: (riéndose) Justo la que acabas de dejar caer al suelo de lo nerviosa que estás... ¡tranquilízate...!

(Asun recoge la nota del suelo y empieza a leer)

“Te espero en el teatro que tú ya sabes dentro de 2 horas... te quiero... un beso, Héctor...”

Asun: ¿En el teatro... Héctor me va a llevar al teatro...? ¡pero si no le gusta nada de nada...!
Aurelia: Lo que hacen algunos por amor...
Asun: (riéndose) ¡Que mala eres...! pues me voy corriendo, quiero pasar por casa, dejar las flores, arreglarme un poco... y no quiero llegar tarde y hacerle esperar...!
Aurelia: Pues ve, ve, ya me cuentas mañana si eso...
Asun: ¡Sí, sí, tranquila... adiós...!

(Asun se marcha a casa precipitadamente a dejar las cosas, enseñarle las flores a su madre y a los niños, ponerlas en agua y arreglarse un poco. Cuando llega a la portería se da cuenta que los niños ya sabían que su padre iba a llevarla al teatro)

María: ¡Que suerte, mami...! os vais los dos solos... que sepas que papá ha estado aquí y ha dejado la maleta en casa, y luego se ha ido corriendo... supongo que para comprar las flores...
Asun: Aún estoy sin palabras... completamente emocionada... ¿has visto lo bien que huelen...? vuestro padre es la única persona capaz de sorprenderme todavía con estas pequeñas cosas...
María: Eso es porque te quiere mucho, mami...
Asun: Y yo a él, tesoro, y yo a él... ¿qué tal estoy...? ¿debería arreglarme un poco más, verdad...?
Dani: Estás guapa, mami... a papá le vas a gustar mucho...
María: Sí, no hace falta que te hagas nada en el pelo ni en el maquillaje... sólo si quieres perfumarte un poco...
Asun: Tienes razón, voy a ponerme un poco del perfume que me regaló por Navidad, ese que huele tan bien...
Felisa: ¿Ya te vas hija...?
Asun: Sí, madre, no quiero llegar tarde y hacerle esperar... ¡encima que ha venido a tiempo y me da la sorpresa...!
Felisa: Claro, hija, disfrutad y pasadlo bien... y no os preocupéis de la hora que los niños hoy duermen aquí...
Asun: Está bien, gracias madre... ¡adiós chicos, portaos bien con los abuelos...eh...!
Dani y María: ¡Que sí, mamá...!
María: Mami, tú sólo preocúpate de pasarlo muy bien con papá...
Asun: Lo haré, cariño, lo haré... mañana por la mañana pasaremos a buscaros...
Dani: Vale... adiós...

(Asun se despide de sus hijos y se marcha a encontrarse con su marido al teatro)

Héctor: ¡Hola, mi niña...!
Asun: ¡Héctor... has venido a tiempo...! (besa a su marido en plena calle sin importarle lo que piense la gente)
Héctor: Te prometí que vendría, y yo todo lo que prometo lo cumplo, ya me conoces...
Asun: Sí, ya lo sé, pero con esa tormenta de nieve, pensé que no llegarías a Madrid todavía y menos sin avisarme...
Héctor: Bueno, en eso consisten las sorpresas... sino no tendría gracia...
Asun: A mí me encantan las sorpresas y cuando tú las preparas, mejor que mejor... por cierto, las flores son preciosas, me han encantado...
Héctor: ¿De verdad...? al final me incliné por los claveles, por eso de que yo soy muy de Madrid...
Asun: Son perfectas, de verdad... ya las he metido en agua y las he puesto en un jarrón sobre la mesa del comedor... lucen un montón... (acariciando a su marido) gracias...
Héctor: No tiene importancia, de verdad, para mí lo más bonito es que sonrías así como lo haces ahora... eso es lo único que me llena...
Asun: ¿Y cómo se te ha ocurrido lo de llevarme al teatro...? si a ti no te gusta nada... te parece un aburrimiento, todo el tiempo hablando...
Héctor: Tienes razón, donde esté una buena película americana... pero bueno, pensé que por una vez podíamos hacer algo diferente como cuando éramos novios...
Asun: Me gusta... ¿y qué vamos a ver...? 
Héctor: “España es diferente” de Alfonso Paso... la estrenaron la semana pasada y las críticas en el periódico son buenas... es una comedia, así que nos reiremos un rato...
Asun: Pues me parece estupendo, vamos entrando entonces...

(Asun y Héctor disfrutan de una velada muy divertida en el teatro, yéndose a cenar después en un restaurante cercano)
Héctor: Estaba pensando en llevaros dentro de dos fines de semana al fútbol a ti y a los chicos... ¿qué te parece...? 
Asun: Si te digo la verdad, me hace ilusión, porque yo nunca he visto un partido de fútbol en directo en el campo y los niños tampoco...
Héctor: Por eso lo digo... sé que tú siempre dices que el fútbol es aburrido y que soy un poco pesadito cuando me pongo a ver un partido del Real Madrid, pero estoy seguro que cuando lo veáis el ambiente en el estadio cambiareis de opinión... es muy diferente...
Asun: Está bien, tú saca las entradas para los cuatro e iremos contigo encantados, te lo aseguro...
Héctor: Se lo puedo decir también a Bonilla para que venga con Matilde y Javier...
Asun: Perfecto, así seremos más, y si yo me aburro mucho siempre puedo hablar con Matilde para pasar el rato... (viendo la cara que pone Héctor) ¡que es broma... no hace falta que pongas esa cara, hombre...! haré todo lo posible para que el fútbol me empiece a gustar un poco, de verdad...
Héctor: Tampoco quiero que sea una obligación, mujer...
Asun: No lo es, de verdad... sólo te estaba picando a ver como reaccionabas, sabes de sobra que ese es uno de mis pasatiempos favoritos... y ahora vamos a cenar, anda...
Héctor: Está bien... ¿te ha gustado la obra...?
Asun: Sí, muy divertida, has tenido una gran idea, gracias...
Héctor: Me alegro...
Asun: ¿Y cuándo conseguiste volver...?
Héctor: Pues a mediodía... me fui directamente al despacho para no levantar sospechas a la hora de la comida por si venías, y luego fui a comprar las entradas del teatro, y después las flores, y decidí enviártelas directamente a la revista...
Asun: Pues has acertado de lleno... me he llevado una buena sorpresa y una gran alegría... ¡y no veas la cara que ha puesto Aurelia...! se ha alegrado mucho por mí, claro...
Héctor: La gran sorpresa se la va a llevar ella dentro de poco con esa boda sorpresa que la espera en París... el plan sigue según lo previsto...
Asun: Sí, ya lo sé, y me alegro mucho porque se lo merece... siempre se ha portado muy bien conmigo, nos apoyamos y nos ayudamos mutuamente...

(Después de la cena, Asun y Héctor regresan a casa dando un paseo. Aunque hace frío en la calle, ellos apenas lo notan pues van enfrascados en una entretenida conversación hasta llegar a casa)

Héctor: ¿Qué... por qué me miras así...?
Asun: ¿Tú que crees...? te he echado tanto de menos estos días...
Héctor: Y yo a ti... lo único que deseaba es estar aquí contigo, abrazarte, besarte, acariciarte...
Asun: Ahora puedes hacerlo... quiero hacerlo... te deseo tanto, cariño...
Héctor: Yo también te deseo... mucho... con todas mis fuerzas...

(Héctor y Asun se dejan llevar por la fuerza de su amor y por la pasión de sus encuentros, iniciando unos prolegómenos que luego les conducen a todo lo demás)

(Ya más relajados y acariciándose el uno al otro lenta y distraídamente, mantienen una tierna conversación sin dejar de estar abrazados)

Asun: ¿Sabes que anoche estuvo María durmiendo aquí conmigo...?
Héctor: ¿Ah sí...?
Asun: Sí, te echaba tanto de menos... estoy tan acostumbrada a dormirme abrazada a ti, que las últimas noches que no estabas me costaba mucho conciliar el sueño, me desvelaba constantemente...
Héctor: Yo tampoco he dormido bien estos días, me acostaba pensando en ti, en tus besos de buenas noches, en tus abrazos y en tus caricias... no veía el momento de llegar a casa y estar de nuevo juntos como ahora...
Asun: (sonriendo) Sí, como ahora...
Héctor: Me encanta esa sonrisa...
Asun: ¿Y sabes lo que me dijo María...? que se me notaba demasiado que te echaba de menos porque no quería colgar el teléfono hablando contigo y porque me brillaban los ojos, y eso es una señal inequívoca de que estoy enamorada...
Héctor: Y tiene razón... te brillan los ojos...
Asun: A ti también...
Héctor: Porque también estoy enamorado como el primer día... es que no sé lo que me pasa contigo pero me siento como un adolescente, estoy completamente loco por ti, mi amor...
Asun: A mí me pasa exactamente lo mismo... bésame...
Héctor: (sonriente) ¿Otra vez...?
Asun: ¿No quieres...?
Héctor: Por supuesto que quiero...

(Entre risas y suspiros, la feliz pareja vuelve a compartir besos y caricias y posteriormente un profundo sueño hasta bien entrada la mañana siguiente, en que los rayos de luz que entran por la ventana les obligan a abrir los ojos sin remedio y volver a la realidad del día a día, tras haber disfrutado de una noche de aniversario muy especial).

jueves, 15 de agosto de 2013

Capitulo 75: Confesiones de un matrimonio enamorado (Diciembre 1968)

(Diciembre de 1968. Estos días de navidad se convierten como siempre en un hervidero de celebraciones familiares, comidas, intercambio de regalos, reuniones de amigos, felicitaciones y en el despacho de Héctor y Bonilla también de balance y cierre del ejercicio anual. Es hora de hacer las cuentas y comprobar como ha resultado el año en lo que se refiere a gastos e ingresos producidos. También en la redacción de “A Media Voz” los gestores y el director de la revista hacen el balance final del año y comprueban que un año más las cuentas casan, la revista a pesar de la competencia que cada semana tiene en el quiosco, sigue barriendo en número de ejemplares vendidos y por eso el buen humor se impone entre los empleados, que se afanan por hacer cada semana la revista un poco más atractiva. Asun, Aurelia y Julio aprovechan el último día de cierre para tomar una copa con el resto de componentes de la revista)

(Asun se dirige un momento al teléfono para avisar a Héctor de que llegará un poco más tarde a casa que de costumbre)

Asun: ¿Cariño...?
Héctor: Hola... ¿qué pasa..?
Asun: Nada, que te llamaba para decirte que voy a tomarme una copa con los compañeros de la revista... espero que no te importe que me retrase un poco...
Héctor: No, tranquila, yo recogeré a los chicos del colegio, pero eso sí, mañana tenemos que estar los dos porque María actúa en la función de Navidad y le hace mucha ilusión que estemos allí para verla...
Asun: Eso desde luego, no me lo perdería por nada del mundo... y el sábado es el partido de exhibición de la clase de Dani de baloncesto... que no se te olvide...
Héctor: No podría olvidarlo... nos vemos en casa entonces un poco más tarde... yo también me voy a ir a tomar una copa por ahí con Bonilla y seguramente se unirá Vallejo también... hace tiempo que no hablamos con él y quiere comentarnos un caso que le inquieta...
Asun: De acuerdo, si también te vas a retrasar finalmente, le puedo decir a mi madre que recoja a los niños...
Héctor: No, no hace falta, iré yo, de verdad...
Asun: Está bien, nos vemos luego entonces... te quiero...
Héctor: Y yo a ti... adiós...

(Asun cuelga el teléfono y se marcha con el resto de la pandilla)

(Por su parte, Héctor sale con Bonilla del despacho y bajan a tomar una copa al Café Comercial donde ya les espera Vallejo. Allí aparte de brindar y celebrar las fiestas, Vallejo informa a Bonilla y a Héctor sobre el nombramiento como nuevo subcomisario de Centro a un antiguo compañero suyo de la Academia, al parecer un tipo bastante indeseable que no ha dudado en hacer méritos a base de chanchullos, y de hacer favores a los amigos, dejándose sobornar con demasiada facilidad y en ocasiones falsificando pruebas ante los jueces para conseguir inculpar a víctimas inocentes en delitos y faltas que no habían cometido en realidad)

Vallejo: ¡Esto es indignante...! cada vez me da más asco el cuerpo de policía que acabo de dejar... ya no se valora la honestidad ni la honradez... con tal de medrar vale cualquier excusa y estratagema posible...
Héctor: Ya lo sabes, Vallejo, la policía muy a nuestro pesar muchas veces es un nido de ratas... ¿por qué te crees que Bonilla y yo abandonamos el cuerpo hace años...?
Vallejo: ¡Pero es que esto que ha pasado con Ramírez es inaudito...! jamás había visto yo subir en el escalafón tan deprisa a un tipo tan repugnante y con tan pocos escrúpulos como él... da asco...
Bonilla: ¡No te sulfures, Vallejo, no te conviene estresarte...! en primer lugar porque tú ya no estás en el Cuerpo, y en segundo lugar porque con la úlcera de la que padeces, tu estómago se resiente y luego tu mujer se preocupa y con razón...
Vallejo: ¡Ya lo sé, Bonilla, ya lo sé... y gracias por preocuparte, hombre...! pero es que cada vez que lo pienso, se me revuelve todo...
Héctor: Yo te entiendo, Vallejo... soy perro viejo en esto y las he visto de todos los colores... pero es que en este caso lo de Ramírez supera todos los límites... espero que a pesar de todo y de que me consta que Ramírez no nos tiene un especial cariño, no ponga obstáculo ni trabas en nuestras investigaciones a partir de ahora, y que podamos seguir colaborando con la policía en los casos relevantes que más les inquietan... podemos serles muy útiles aunque ellos la mayoría de las veces no lo valoren...
Bonilla: Podrían vetarnos, no digo yo que no, pero no les interesa hacer eso... en el fondo y mal que les pese, nos necesitan... sobre todo para tapar su incompetencia...
Héctor: (mirando el reloj) Caballeros, yo me tengo que ir... mis obligaciones familiares me reclaman y tengo que recoger a los chicos del colegio... podemos seguir hablando del tema en otro momento si no os importa...y no pienses mucho en ello, Vallejo... mejor vamos a brindar por las fiestas y no nos pongamos pesimistas, haz caso a Bonilla...
Vallejo: Sí, si los dos tenéis razón... ¡brindemos pues por los viejos tiempos, los tiempos dorados...!
Bonilla: Si es que alguna vez existieron, porque yo no los he conocido...
Héctor: ¡Salud...!

(Los tres levantan sus copas y después pagan su consumición y se van a cumplir con sus obligaciones familiares y caseras)

(Ya por la tarde a última hora, Asun regresa a casa. La reunión con los miembros de la revista se alargó demasiado y Asun ya empezaba a sentirse incómoda, pues sabía que Héctor y los niños la estarían esperando en casa hace horas, pero tampoco podía inventarse una excusa para escaquearse pues ella al fin y al cabo era la redactora jefe y como tal debía cumplir con sus obligaciones del cargo)

Asun: ¡Dios, que ganas tenía de llegar a casa...! ¡hola, cariño...!
Héctor: (besando a su esposa) Hola, mi niña... ¿qué tal te lo has pasado...?
Asun: Muy bien , pero sé que es tardísimo y que tenía que haber venido hace un par de horas... pero ya sabes como son estas reuniones, se ponen a hablar y a hablar y a hacer planes de cara al año que viene y no hay manera de cortarles, y yo ya no sabía como decirles que me tenía que ir, que estabas solo en casa con los chicos y que me necesitabas...
María: No te preocupes, mami... estábamos a punto de ponernos con la cena, si quieres ponemos la mesa ya...
Asun: Sí, por favor, María... prepararé unas tortillas y un poco de embutido para que no se haga más tarde... voy a cambiarme y enseguida voy a la cocina...
María: Está bien... ¡vamos, Dani, ayúdame, levanta de ahí...!
Dani: ¡Ya voy...!
Héctor: Yo voy a ayudar a vuestra madre...

(Durante la cena, los niños no paran de hablar de los eventos del fin de semana en sus respectivos colegios)

Dani: Papi, ¿vendréis a verme jugar el sábado, verdad...?
Héctor: Por supuesto, campeón, no nos los perderíamos por nada del mundo, tu entrenador ya ha dicho que has hecho muchos progresos y queremos verlos... quiero presumir del hijo que nos ha salido...
Dani: ¡Bien...! os demostraré lo que soy capaz de hacer...
María: ¿Y mañana también vendréis a ver la obra de teatro en inglés, verdad...?
Asun: Por supuesto, cariño...
Héctor: Eso ni se cuestiona, princesa... ¿cuántas obras y actuaciones tuyas me he perdido yo hasta ahora...?
María: Ninguna...
Héctor: Pues por eso... eres la mejor y seguirás siendo la mejor... y aunque la obra esté en inglés y yo no entiendo ni jota, solo con verte a ti en escena, me doy por satisfecho...
María: ¿Y por qué no aprendes inglés...? te aseguro que no es tan difícil...
Héctor: ¡Uy, princesa...! a mi edad aprender cualquier idioma es misión imposible... yo ya no tengo la facilidad que tú tienes ni tampoco la boca diseñada para pronunciar según que cosas... y además si algún día necesito el idioma para salir al extranjero, estoy seguro que tú me ayudarás a entenderme...
María: ¡Claro que sí, papi...! yo encantada...
Dani: ¡Y yo también puedo ayudar...!
Asun: Por supuesto que sí, tesoro... tenemos unos ayudantes perfectos para estos menesteres...
Héctor: Claro que sí, cariño... y por cierto, la cena está riquísima...
Asun: Gracias...

(Un buen rato después, los niños ya se han marchado a la cama pues están cansados ya que hoy ha sido su último día de colegio antes de las vacaciones y sólo les queda perfilar los ensayos de última hora en el caso de María y su obra del día siguiente, y los últimos entrenamientos para Dani con su equipo de baloncesto para el partido de exhibición del próximo sábado)

(Héctor se toma una copa de coñac en el salón antes de irse a la cama y Asun se pone el camisón y la bata y regresa al salón para buscar a Héctor)

Asun: ¿No vienes a la cama, cariño...?
Héctor: En un rato voy...
Asun: (observando el semblante serio de su marido, se acerca a él y se sienta en su regazo, acariciándole la nuca con ternura) ¿Qué pasa...? ¿en qué piensas...? te has quedado muy serio después de la cena... ¿estas preocupado por algo...?
Héctor: (mirando a su esposa con amor) Me conoces bien...
Asun: Sí, te conozco bien... son muchos años ya, Héctor, y sé que cuando estás con tu copa en la mano y pensando en las musarañas en vez de venirte a la cama conmigo es que hay algo que te preocupa y que no me quieres contar...
Héctor: En realidad no es algo que me preocupe directamente... es simplemente que reflexiono sobre lo asqueroso y lo perro que es este mundo a veces...
Asun: ¿Lo dices por algo en concreto, verdad...? la reunión con Vallejo esta mañana te ha afectado... si no me lo quieres contar, no hace falta que lo hagas, no te voy a pedir que te desahogues conmigo si no quieres, cariño, pero ya sabes lo que pienso, seguro que se trata de lo de siempre, de la corrupción en las altas esferas ¿a que si...? (Héctor asiente sin dejar de mirar a Asun) y por muchas vueltas que le des no vas a conseguir arreglar el mundo... si tiene solución se arreglará por sí solo y si no la tiene, no tiene sentido que sufras por lo que podría ser y no es... ¿entiendes lo que te digo...?
Héctor: Perfectamente... pero es que me revienta que siga habiendo en la policía tantas manzanas podridas... gente sin escrúpulos que hacen lo que sea con tal de ascender, incluso llegan a ocultar pruebas decisivas en los juicios para incriminar a inocentes en delitos graves... da asco, Asun, da asco... y Vallejo está que trina...
Asun: No me extraña... por eso precisamente tú te saliste del Cuerpo para no tener que ver ciertas cosas...
Héctor: Sí, y eso mismo le he dicho a Vallejo... que no se preocupara él tampoco ahora que está jubilado, pero es inevitable... los que hemos sido policías alguna vez, que entramos con toda la ilusión de poner nuestro granito de arena para cambiar el mundo, y sin embargo nos dimos de bruces contra la realidad, estamos asqueados de en que se ha convertido la policía española... en un nido de víboras en el que tienes que sobrevivir a duras penas, y o comes o te comen...
Asun: (acariciando a su marido y jugueteando con su pelo) Cariño, no te tortures más por eso... al fin y al cabo tú has conseguido salir adelante y no te ha ido nada mal hasta ahora... luego te trajiste a Bonilla y ahora trabajáis juntos y formáis un gran equipo, el mejor...
Héctor: (mirando con dulzura a Asun) ¿Sabes por qué te quiero como el primer día...? porque tú eres la única persona en la tierra que me hace sentir bien... consigues que vea lo negro blanco, y siempre sacas lo mejor de mí...

(Asun se inclina sobre su marido, coge su cara entre sus manos y le besa con dulzura en la boca)

Asun: Te quiero...
Héctor: ¿Te he dicho ya que está noche estás preciosa...? y además te has puesto ese camisón que tanto me gusta... (Héctor desliza sus dedos recorriendo la pierna de Asun de abajo arriba y lentamente jugueteando deshace el cordón de su cintura dejando caer la bata de seda abierta hacia un lado)
Asun: (obligando a su marido a levantarse de la butaca y cogiéndole de la mano) Ven conmigo, anda... voy a enseñarte algo muy especial que te va a gustar... ¿quieres...?
Héctor: Sí... claro que quiero... te quiero a ti...
Asun: (sonriendo dulcemente) Yo también te quiero a ti... tengo muchísimas ganas de sentirte de nuevo, de sentir tu mirada, tus manos, tus dedos, tus labios...
Héctor: Tu dulce sonrisa... eres un auténtico vicio, ¿lo sabías...? y una caja de sorpresas... con lo que a mí me gustan las sorpresas...
Asun: (susurrándole al oído) Aún te quedan unas cuantas por descubrir... y yo me muero de ganas de que las descubramos juntos, así será más divertido...
Héctor: Seguro que sí... mi Asun, mi amor... mi niña, siempre...

(El feliz matrimonio se retira a su dormitorio para descubrir juntos esas sorpresas tan especiales que se han prometido y de las que siguen disfrutando como el primer día).

(Unas horas después, ya al filo del amanecer, ni Héctor ni Asun pueden seguir dormidos. Tras la aventura de anoche, ambos se abrazaron y consiguieron conciliar el sueño durante unas horas, pero ahora Asun abre los ojos y mira a su marido que también está despierto. Ambos se contemplan mutuamente con las manos entrelazadas y con una tierna sonrisa)

Asun: Tu tampoco puedes dormir ya, ¿verdad...?
Héctor: Llevo un rato despierto, contemplándote, mi vida... es algo que me relaja mucho...
Asun: Me gusta tanto disfrutar contigo de estos ratos, cuando yo te miro y tú me miras y ninguno de los dos nos podemos resistir...
Héctor: (acariciándola con la nariz) Me parece algo maravilloso que los dos sigamos sintiendo lo mismo después de tantos años... eres increíble, ¿sabes...? y te amo tanto o más que el primer día...
Asun: Héctor... quiero que sepas que tú y sólo tú eres el hombre y el amor de mi vida, entraste en mi corazón como una flecha... pusiste mi mundo patas arriba, cambiaste todas las sensaciones que yo conocía y me enseñaste a descubrir otras tantas...
Héctor: Tú entraste como una brisa de aire fresco... necesitaba cambiar de vida, cambiar de aires, y tú llegaste en el momento justo para quedarte conmigo... y aquí sigues, a mi lado... como siempre...
Asun: (acariciándole y besándole con ternura) Jamás me iré a ninguna parte sin ti... puedes estar seguro... el destino nos hizo coincidir y cada día estoy más segura de lo que siento, cada día doy gracias por haberte conocido, eres lo mejor que me ha pasado en la vida...
Héctor: Te quiero tanto, mi niña...
Asun: Abrázame fuerte y no me sueltes ni un ratito... te necesito tanto...
Héctor: Pues claro que no, lo estoy deseando...

(El feliz matrimonio vuelve a abrazarse unidos y fuertes, compartiendo su cariño, su amor y volviendo poco a poco a quedarse dormidos el uno sobre el otro apurando las últimas horas que les quedan antes de que la tropa infantil de la casa haga acto de presencia en la habitación y les obligue a levantarse sin remedio).


viernes, 2 de agosto de 2013

Capitulo 74: Operación primavera en París

(Un par de meses, después, Noviembre de 1968. El curso escolar y la rutina laboral transcurre sin novedad para nuestros protagonistas. Pese a que Vallejo ya alcanzó su jubilación y ya no tiene obligación de trabajar, el antiguo comisario necesita seguir en acción y por eso colabora activamente en los casos de Héctor y Bonilla, dando una visión desde fuera y utilizando sus contactos en la policía cuando la ocasión lo requiere. Después de hacer un viaje con su mujer por diferentes rincones de España, un viaje que le había prometido a Laura hace muchos años y que nunca terminaba de llegar, finalmente la mujer de Vallejo se vio recompensada por las atenciones de su marido y aprovechó la oportunidad para visitar sitios de lo más variopinto y aunque Vallejo a veces refunfuñaba un poco porque su mujer le traía de cabeza con las compras y las visitas, en ningún momento pudo negarle ningún capricho ya que pensaba que en el fondo se lo debía por tantos años de aguante y sacrificio a su lado en la muchas veces ingrata vida de un policía de raza. Lo que Laura no terminaba de entender es porque su marido aún seguía prestando su colaboración en los casos de los detectives, ya que pensaba que con la jubilación tendría a su marido en casa como ella quería, pero al final terminó tirando la toalla, y dándose cuenta que su marido era una persona muy activa y que nunca estaría dispuesto a mantenerse lejos de la intriga)

(Un viernes por la tarde, Bonilla y Héctor recibieron en el despacho una visita muy diferente, la de su amigo Gustavo, y no se trataba de una visita profesional precisamente)

Bonilla: ¡Hombre, Gustavo, pasa, pasa, por favor...!
Héctor: ¡Siéntate...! ¿quieres tomarte una copa con nosotros y así nos acompañas...? acabamos de cerrar un caso importante y nos disponíamos a celebrarlo...
Gustavo: Sí, gracias... tomaré un coñac...
Bonilla: ¿Y cómo tú por aquí...? ¿ya has salido del despacho...?
Gustavo: Pues sí, hace un rato... y he pensado en venirme aquí y charlar un rato con vosotros para pediros consejo...
Héctor: ¿Consejo... sobre qué...? ¿algo que te preocupe de algún caso jurídico...?
Gustavo: No, que va... es algo personal... sobre Aurelia...
Héctor: ¿Te ha pasado algo con ella...? ¿habéis tenido alguna discusión, algún problema...?
Gustavo: No, tranquilo, al contrario... estamos mejor que nunca, en todos los sentidos... es que veréis, el año que viene celebraremos nuestro duodécimo aniversario de boda y me parece una cifra especial como para hacer algo un poco más... no sé, novedoso... todos los años la llevo a cenar, o le regalo flores, bombones, incluso alguna joya... pero esta vez me apetece hacer algo diferente, como un viaje, por ejemplo, y me gustaría sorprenderla... ¿qué pensáis...?
Bonilla: (sonriente) ¡Hombre, pues eso está muy bien, Gustavo...! yo creo que si consigues organizarlo bien puede ser una experiencia muy bonita para los dos, pero sobre todo para Aurelia, sobre todo por ser algo novedoso...
Héctor: Desde luego, estoy con Bonilla... creo que hacer un viaje juntos es lo mejor para una pareja, así tendríais tiempo de encargarle un hermanito a Clara, que ya va tocando, ¿no crees...?
Gustavo: No sabes la ilusión que nos haría... Aurelia lo pasó muy mal la pobre cuando perdió al bebé hace unos años, pero ahora mismo ya está preparada para afrontar otro embarazo, espero que no sea demasiado tarde...
Bonilla: Estoy seguro de que no, hombre, es cierto que Aurelia es un poco mayor que Matilde o Asun, pero las técnicas de la medicina han avanzado muchísimo y seguro que si Aurelia se queda embarazada sólo tenéis que poneros en manos de un buen médico que os lo lleve... yo conozco alguno si necesitas algún contacto...
Gustavo: De acuerdo, gracias Bonilla, lo tendré en cuenta... y respecto a lo del viaje, se me había ocurrido que más que un viaje, me gustaría poder volver a casarme con Aurelia... a ver si me explico... renovar nuestros votos matrimoniales en un sitio especial y por supuesto rodeado de mi familia y de mis mejores amigos... todos vosotros estáis invitados, por supuesto...
Héctor: (con cara de sorpresa) ¡Vaya... pues ahora si que me has dejado sin palabras...! ¿y dónde se celebraría esa boda si puede saberse...?
Gustavo: Pues a Aurelia siempre le han quedado ganas de ir a París... siempre que sale en las películas, Aurelia se queda embobada viendo sus edificios, sus calles, sus luces... y además dicen que es la ciudad del amor...
Bonilla: Y es verdad... Matilde y yo fuimos hace unos años y de hecho creo recordar que fue allí donde concebimos a Javier, aunque de eso no estoy del todo seguro... en cualquier caso, es una ciudad ideal para una pareja de enamorados como vosotros...
Héctor: Yo no he estado nunca en París, pero estoy de acuerdo con Bonilla... es una gran oportunidad para disfrutar de una gran velada y en este caso de un gran acontecimiento...
Gustavo: Me gustaría que me ayudarais a organizarlo todo bien, y por supuesto ni que decir tiene que todo debe ser una sorpresa para Aurelia... ella no debe sospechar absolutamente nada... confío en vosotros, chicos...
Héctor: (riéndose divertido) ¡Cuenta con ello, somos unas tumbas... ya nos conoces...! por nuestro trabajo, estamos acostumbrados a ser muy discretos y te ayudaremos a organizarlo todo... lo hablaré con Asun y entre nosotros iremos preparando el asuntillo...
Bonilla: Sí, desde luego puedes contar también con Matilde y conmigo, no hay problema... ¿para cuando será la celebración...?
Gustavo: Para el mes de Mayo, primavera en París... podemos llamarlo así si queréis: “Operación Primavera en París”...
Héctor: Perfecto, suena muy bien, y es muy adecuado... brindemos por ello...

(Los tres amigos levantan sus copas y ríen divertidos)

(Cuando Héctor llega a casa, Asun le recibe con un beso y un abrazo, muy cariñosa como siempre, y sus hijos también)

María: ¡Hola, papi...!
Héctor: ¡Hola, princesa...! ¿qué tal en el colegio...?
María: Muy bien, ya falta poco para los exámenes del primer trimestre, pero creo que se me van a dar bien... no tengo problemas para entender lo que me explican los profesores...
Asun: Sí, y además lleva dos horas encerrada en su cuarto estudiando, la pobre...
Héctor: Eso está muy bien... mi princesita estudiosa y dispuesta...
Dani: ¡Hola, papi...! (subiéndose encima de su padre)
Héctor: ¡Hola, mi campeón...! ¿qué tal el entrenamiento...?
Dani: De fábula... el entrenador me ha sacado a jugar durante el segundo cuarto y está muy contento con mis progresos...
Héctor: Pues no sabes cuanto me alegro...
Dani: Dentro de un par de semanas tenemos partido y espero que vengas a vernos...
Héctor: ¡Por supuesto, no me lo perdería por nada del mundo...! ¿y cómo está mi esposa, mi mujer...?
Asun: (besando a su marido con dulzura) Enamorada de ti, como cada día, siempre...
Héctor: (corresponde a su mujer con otro beso) Yo también sigo enamorado de ti como desde el primer día... mi amor...

(Héctor y Asun se sientan un rato en el sofá mientras los niños se dirigen a la habitación un rato a jugar antes de la cena)

Asun: (apoyada en el hombro de su marido mientras ambos mantienen sus manos entrelazadas) ¿Y tú, también has tenido un día duro, cariño...?
Héctor: No especialmente... pero sí te voy a contar un asunto que ya te aviso debe permanecer en el más absoluto de los secretos... no debe salir de esta familia por nada del mundo... lo más importante de todo es que Aurelia no llegue a enterarse nunca...
Asun: (levantando la cabeza) ¿Y eso... le afecta a ella personalmente...?
Héctor: Sí, digamos que es una sorpresa en la que ella es la principal afectada... Gustavo me ha pedido total discreción y no podemos permitir que esta información llegue a sus oídos...
Asun: Cuenta con ello... Aurelia es mi mejor amiga y por nada del mundo quisiera estropear la sorpresa... ¿de qué se trata...?
Héctor: Pues Gustavo ha venido esta tarde al despacho para hablar con Bonilla y conmigo... al parecer quiere darle una sorpresa a Aurelia por todo lo alto... como ya sabes, el año que viene celebran su duodécimo aniversario de casados y a Gustavo le apetece celebrarlo de una manera especial...
Asun: Claro, lo entiendo... ¿y cuál es el plan...?
Héctor: Llevar a Aurelia de viaje, concretamente a París...
Asun: ¡Hala, que ilusión... París...! debe ser una ciudad increíble, al menos por lo que se ve en las películas...
Héctor: Sí, eso mismo dice Gustavo... su idea es volver a casarse con ella allí... una especie de renovación de sus votos delante de sus familiares y amigos más allegados, entre los que por supuesto nos encontramos...
Asun: (abriendo la boca muy sorprendida) ¡Eso quiere decir que... Héctor, que tú y yo, nos vamos también a París...!
Héctor: Por supuesto, mi niña... estaremos allí para acompañarles en ese día tan especial, y además somos una pieza importante en todo este tinglado...tenemos que ayudar a Gustavo a organizar todo y sin que Aurelia sospeche nada de nada...
Asun: Claro, claro... ¡ay, que ilusión...! ¡madre mía, cuando nos vea allí a todos, a ver como reacciona...!

(Sin que Asun y Héctor se dieran cuenta, Dani ha estado escuchando toda la conversación desde la puerta del pasillo)

Dani: ¿Entonces cuando nos vamos a París...? es que eso no lo he oído...
Asun: ¡Daniel...! ¿se puede saber que haces ahí escuchando las conversaciones de los mayores...?
Dani: (sonrojándose) Yo creo que no estaba haciendo nada malo... ¿verdad, papi...?
Héctor: Dani, campeón, quiero que entiendas que en esta familia no tenemos secretos, pero tampoco se puede ir por ahí escuchando a escondidas las conversaciones de los demás... ¿entiendes a que me refiero...? si tú quieres estar aquí con nosotros, pasas y nos preguntas de que estamos hablando y lo normal es que no tengamos ningún problema en compartir con María o contigo los temas de conversación... pero no me gusta que estés escondido ahí detrás, ¿de acuerdo...?
Dani: (afirmando con la cabeza) Entendido... no lo volveré a hacer, te lo prometo...
María: Desde luego, Dani, ¿ya estabas otra vez escuchando las conversaciones de papá y mamá...? ¡que cotilla eres...! ¿qué te importará a ti de lo que hablen...?
Dani: ¡Ya he pedido perdón, y he dicho que no lo volveré a hacer...!
Asun: Ya está bien, chicos... Daniel ha cometido un error y está arrepentido, y no va a volver a hacerlo, así que María, cariño, deja de recriminárselo ya, por favor...
Dani: ¡Ni que hubiera matado a alguien...!
María: No, no has matado a nadie, Daniel, pero sabes tan bien como yo que es de mala educación esconderse a escuchar las conversaciones ajenas, ya deberías saberlo...
Dani: Sí, ya lo sé, pero les he oído hablar de un viaje a París para sorprender a la tita Aurelia y me he quedado a escuchar a ver de que iba todo...
María: ¡Pues vamos listos, si tú ya te has enterado de todo, la tita tardará en enterarse en menos que canta un gallo...! ¡con lo bocazas que eres...!
Dani: (rebelándose) ¡Yo no soy un bocazas...! ¡puedo mantener un secreto tan bien como cualquiera...!
Héctor: Vamos a ver, venid aquí los dos, y vamos a contaros desde el principio la historia completa pero me tenéis que prometer que esto no va a salir de esta casa, ¿entendido...?
María y Daniel: ¡Entendido...!

(Héctor les cuenta a sus hijos el plan de sorprender a Aurelia con una nueva boda en París)

María: Suena muy bien, papá... y desde luego la tita Aurelia se va a llevar una buena sorpresa... ¿Clara ya lo sabe...?
Héctor: Supongo que Gustavo hablará con ella, pero tú por si acaso no le digas nada todavía hasta que ella te lo comente primero... 
María: Sí, vale... y cuando ya me diga algo, empezaremos a planificar para que la tita no sospeche nada de nada...
Dani: (insistiendo) ¿Y cuando nos vamos de viaje entonces...?
Asun: Las fechas exactas aún no las sabemos, tesoro, pero será por el mes de Mayo más o menos...
Héctor: Y por eso mismo, Gustavo me ha dicho que el plan se va a llamar: “Operación Primavera en París”...
María: ¡Que bien suena...! vamos a estar metidos es una operación importante...
Dani: Parece una película de esas de espías... ¡me gusta...!
Héctor: Sí, campeón, una película de espías... por eso es muy importante mantener la boca cerrada, y conseguir que la tita Aurelia no sospeche nada de nada... delante de ella tenemos que seguir actuando con normalidad, como si no pasara nada...
María: Puedes contar con nosotros, papi... será divertido...
Dani: Eso, y no te preocupes por mí que sé mantener la boca bien cerrada aunque a veces me cueste...
Héctor: Confío en ti, campeón... sé que no me vas a decepcionar...
Dani: Te lo prometo... (choca la mano con la de su padre sellando el pacto)
Asun: Muy bien, pues ahora sí, id poniendo la mesa que vamos a cenar...

(María y Dani se levantan del sofá y se dirigen a la cocina a por el mantel, los platos y los cubiertos)

(Un par de horas después, la cena terminó y la charla se prolongó un rato más hasta que ya los niños decidieron marcharse a la cama a dormir. Héctor y Asun también se recogen en su dormitorio y charlan unos instantes ya metidos en la cama)

Héctor: (mirando a Asun) ¿Qué te parece lo de Gustavo y Aurelia...?
Asun: Me parece una idea fantástica, la verdad... celebrar una segunda boda en París... ¡que romántico...!
Héctor: Tú que conoces mejor a Aurelia, ¿crees que le gustará...?
Asun: Estoy convencida de que sí... ella adora a Gustavo y todo lo que haga para sorprenderla, será bienvenido... además siempre me ha dicho que le gustaría conocer París, por todo lo que ve en las películas debe ser una ciudad especial, llena de luz... y dicen que es la ciudad del amor...
Héctor: Sí, quien sabe, a lo mejor es la oportunidad perfecta para que puedan darle un hermanito a Clara...
Asun: Desde luego, Aurelia ya lo pasó muy mal cuando perdió el otro bebé... pero yo creo que aún está a tiempo de tener otro, ¿no...?
Héctor: Aurelia es joven aún... no tanto como tú, claro... pero yo creo que sería una gran oportunidad... Bonilla ya le ha dicho a Gustavo que si se plantean tener otro bebé que él conoce a algún médico especialista de confianza para llevar embarazos en mujeres maduras...
Asun: Eso es bueno, me refiero a que Bonilla conozca gente en todas partes... tenemos mucha suerte de tenerle como amigo...
Héctor: Lo sé... yo valoro mucho nuestra amistad y siempre me enseña cosas nuevas...
Asun: Desde luego, si sale bien, esa segunda boda y ese viaje en plan luna de miel va a ser un éxito...
Héctor: Si te apetece tú y yo podríamos hacer algo parecido dentro de unos años...
Asun: Estaría bien, ¿verdad...? tú y yo rodeados de nuestra familia y amigos más íntimos en una ciudad especial, celebrando de nuevo nuestra boda... ¡que cosas tienes...!
Héctor: ¿Y por qué no...? ¿qué nos lo impide...? sería una bonita forma de demostrarte lo mucho que te quiero... volver a casarme contigo una y mil veces más... ese es mi sueño...
Asun: Yo también me casaría contigo otra vez... y las que hagan falta... pero hacer un viaje así es algo que nosotros no nos podemos permitir, Héctor... cuesta mucho dinero... y nosotros no lo tenemos... yo me conformo con tenerte aquí a mi lado todos los días de mi vida... (acariciando a su marido) además, conozco otras formas de demostrarnos lo mucho que nos queremos, y son mucho más baratas, te lo aseguro...
Héctor: (con una pícara sonrisa) Me hago una ligera idea...
Asun: (sonriendo divertida) ¿A que sí...?

(Héctor y Asun no pueden reprimir mucho más sus sentimientos y deseos y deciden compartir su amor y dar rienda suelta a su pasión. Cada abrazo, cada caricia, cada beso que se intercambian es devuelto con creces por el otro, subiendo en intensidad y en fuerza, demostrando que su complicidad y su amor crece con el tiempo y que cada día que pasa su relación de pareja se agranda, se fortalece y permanece intacta)