(Finales de Octubre de 1970. El
curso académico ya está en marcha y la rutina de las familias Perea, Bonilla y
Olavide sigue su curso. Aurelia dejó de trabajar en la revista de forma regular
ya que quería dedicar más tiempo al cuidado de los mellizos aunque sí publicaba
una columna semanal. Asun la notaba especialmente motivada últimamente y es que
según decía Aurelia el haber tenido la oportunidad de volver a ser madre cuando
ya ni lo esperaba le había enseñado cuales eran las prioridades en su vida y
sus hijos pequeños eran ahora lo más importante de su vida aunque no por ello
descuidara su dedicación por su hija mayor Clara, que ayudaba a su madre en
todo lo posible con el cuidado de Marta y Raúl)
(El mes de Junio había sido
movido con todo lo acontecido alrededor de los preparativos y celebración de la
comunión de Daniel y de Javier y encima con el incidente sufrido por Asun a
raíz del intento de robo de su bolso en plena calle con torcedura de pie
incluida que le obligó a usar una de las muletas de Héctor durante algunas
semanas. Afortunadamente, Asun pudo recuperar su bolso sin problemas, y su pie
también se recuperó sin novedad y sin necesidad de realizar rehabilitación)
(Matilde estaba a punto de salir
de cuentas, ya que su embarazo casi había llegado a término y en cualquier
momento, el pequeño Sergio Bonilla haría acto de presencia en este mundo. El
matrimonio Bonilla tenía muchas ganas de tener al pequeño Sergio entre sus
brazos, un nuevo miembro a sumar a la familia y la posibilidad de que Javier
empezara a ejercer oficialmente de hermano mayor, cosa que le hacía una enorme
ilusión)
(Mientras esperaban la llegada de
ese momento, Matilde trataba de no ponerse demasiado nerviosa y hacer su vida
normal aunque la enorme tripa que tenía cada vez le supusiera una mayor
incomodidad para ello y en el fondo estaba deseando que el esperado nacimiento
de su hijo se produjera)
(Este fin de semana, María ha
hecho planes con Irene, Clara, Suzanne y Tim. El sábado se fueron al cine todos
juntos y el domingo tenían previsto ir a ver el entrenamiento de Javier y
Daniel en el polideportivo y disfrutar después del partidillo que jugarían a
posteriori).
(Las familias Perea, Bonilla y
Olavide tenían previsto juntarse tras el partido para disfrutar de una barbacoa
al aire libre ya que el buen tiempo aún lo permitía. Esas salidas eran muy
disfrutadas por ellos y eran una forma de relajarse y entretenerse en su tiempo
de ocio de forma amena y divertida)
(Pero la mañana del domingo
también sirvió en el caso del matrimonio Perea para disfrutar de otro tipo de
placeres a los que ya nos tienen muy acostumbrados, pero que ellos no dejan de
gozar ya que cada día que pasa están más y más enamorados)
(Los niños ya se habían marchado
hace bastante rato pues Dani se fue al entrenamiento al haber quedado con
Javier allí, y María se sumó a ellos pues a su vez había quedado con el resto
de la pandilla para animarles antes del partido)
(Héctor y Asun se habían
levantado temprano para desayunar con sus hijos y ahora se encontraban solos en
casa haciendo tiempo hasta la hora del partido para reunirse después en el
polideportivo donde habían quedado con el matrimonio Bonilla y con los Olavide
y su tropa infantil)
Héctor: (cogiendo a su esposa de
la mano) Estaba pensando en hacer un par de cosas para no aburrirnos
demasiado...
Asun: (viendo las aviesas
intenciones de su marido) Ya sé por donde vas... ¿no te parece que ya es un
poco tarde para empezar con esta cantinela...?
Héctor: Me aburro... (besando a
Asun) y la verdad no se me ocurre hacer otra cosa mejor para matar el
aburrimiento...
Asun: ¿De verdad que no tienes
nada mejor que hacer, cariño...?
Héctor: No se me ocurre nada
mejor que estar contigo y disfrutar juntos de nuestro amor, la verdad...
Asun: Estás loco... son las 11 de
la mañana...
Héctor: Tienes razón, estoy loco,
loco por ti, mi amor, loco por tenerte entre mis brazos, y loco por besarte,
por abrazarte, por acariciarte...
(Sin apenas darle tiempo a que
reaccione, se lleva a Asun hacia el dormitorio)
Asun: Héctor... ¡para un poco...!
¿es que nunca tienes bastante...?
Héctor: Me vuelves loco,
cariño... y no consigo controlarme cuando te tengo tan cerca...
Asun: Te recuerdo que hemos
quedado con tus hijos y con el resto en un par de horas para ver el partido...
Héctor: Tenemos tiempo... yo te
quiero y te necesito un poquito...
Asun: (divertida y rendida a los
encantos de su marido) Yo también te quiero, cielo... y si me lo pides así no
voy a poder resistirme...
Héctor: Me encanta cuando te
resistes un poco, eso lo hace aún más intenso e interesante para mí... mi amor,
mi cielo... te quiero...
Asun: Y yo a ti... ven aquí y
hazme el amor... te quiero tanto...
(Los dos se entregan el uno al
otro en un apasionante juego embelesado, tras el cual los dos se asean, se
arreglan y se preparan para salir a disfrutar del partido y de la comida
posterior a base de barbacoa con sus amigos con los que acostumbran a pasar
maravillosas veladas)
(El partido acabó para gozo de
los chavales con victoria de los locales, o sea del equipo donde juegan Javier
y Daniel, y ahora toda la familia y amigos se disponen a disfrutar de una
estupenda barbacoa a la que se suman también Suzanne y Tim, quienes se han
convertido en el último año en dos protagonistas más de la pandilla con la que
habitualmente salen y se relacionan María, Irene y Clara)
(Los hombres ponen la barbacoa a
punto mientras las mujeres preparan las ensaladas y las bebidas, y los niños
ponen la mesa de camping con vasos y platos de cartón y servilletas de papel
para hacer más fácil la recogida al terminar)
(Durante la comida a base de
salchichas, filetes de ternera, costillas, panceta y chorizo, las familias se
reúnen alrededor de la mesa para mantener charlas y conversaciones amenas y
divertidas mientras los niños están deseando terminar la comida para poder
levantarse a disfrutar de sus juegos)
(Los mayores charlan
animadamente, aunque los hombres no pueden evitar tocar temas relacionados con
el trabajo y con los casos que investigan, mientras que las mujeres hablan de
temas más personales)
Matilde: (tocándose su abultado
vientre con delicadeza) La verdad es que estoy deseando que llegue el momento
de soltar esto y de que Sergio asome ya su cabecita... ¡buf... es tan
pesado...!
Aurelia: No me extraña... yo con
los mellizos en los últimos días no podía más... creía que mi tripa iba a
reventar... se hinchaba tanto como un globo... y te sientes tan incómoda... por
no hablar de que no encuentras la postura adecuada para dormir, yo no hacía más
que dar vueltas y vueltas y me movía tanto en la cama, que al final el pobre
Gustavo tenía que irse a dormir a la otra habitación porque decía que hacía
tanto ruido que no le dejaba descansar...
Asun: ¡Ay, pobre...! yo en mi
caso, Héctor me tenía como una reina... me decía que si yo no dormía que él se
solidarizaba conmigo y tampoco dormía... y nos pasábamos la noche en vela
abrazados a mi tripa e imaginando como sería la carita de nuestro bebé...
Matilde: Yo hace tiempo que no
encuentro la postura para hacer nada, ni para dormir... y por supuesto para
disfrutar de mi intimidad con Bonilla, de eso ya ni hablamos... y le echo de
menos...
Asun: Pues Héctor y yo nos
apañábamos bastante bien hasta bien avanzados mis embarazos... hasta llegué a
darle algún consejo que otro a Aurelia para mantener viva la llama de la
pasión...
Aurelia: Es verdad, pero es que
sinceramente Asun, lo de Héctor y tú es de otro mundo...
Asun: Yo también lo he pensado,
no creas... esta mañana, sin ir más lejos... ya nos habíamos levantado y los
niños se habían marchado al entrenamiento y preparación del partido y nos hemos
quedado solos... ¡y le ha faltado tiempo para hacerme una proposición que no me
he podido resistir...! ¡y es que se pone tan guapo y tan convincente cuando
quiere...!
Matilde: De verdad, Asun cuando
cuentas esas cosas, te envidio bastante porque tienes un marido especialmente
activo y romántico... Bonilla debería aprender de Héctor...
Asun: No creo que tengas derecho
a la queja, Matilde... me consta que Bonilla te tiene en palmitas... y te lleva
continuamente a cenar o a comer o de viaje a sitios que Héctor y yo jamás
podríamos permitirnos ni remotamente...
Aurelia: El problema de Matilde es
que está tan acostumbrada a esos sitios que ya ni siquiera le da importancia,
lo ve como algo normal y rutinario... y yo mataría porque Gustavo me hiciera
alguna vez un regalo de ese tipo...
Matilde: Tenéis razón, chicas...
estoy siendo egoísta... al final una acaba acostumbrándose a cierto nivel de
vida que ya ni le da importancia... lo siento, es que no sé ni lo que digo...
no tengo ningún derecho a quejarme y menos delante de vosotras que siempre me
habéis aceptado como una más...
Asun: Es que eres una más,
Matilde...y te queremos por como eres, sin importarnos el dinero que tengáis o
el nivel de vida que os podéis permitir... nuestra amistad funciona porque nos
respetamos unas a otras, aunque seamos diferentes y eso es lo más bonito, de
verdad... y siempre vamos a estar ahí para ayudarnos y apoyarnos mutuamente...
Matilde: Os quiero chicas, en
serio... siempre me habéis hecho sentir como una más en el grupo y yo eso lo
valoro mucho...
Aurelia: Para eso estamos las
amigas, mujer...
Matilde: (cambiando la cara
repentinamente) ¡Puff...! pues me parece que voy a tener que abusar de vosotras
de nuevo... creo que he roto aguas...
Aurelia: ¿En serio...? Pues vamos
recogiendo las cosas y a decirle a tu marido que vaya yendo para casa a recoger
algunas cosas y mientras llamamos un taxi para ir al hospital...
Asun: Voy a decírselo a Héctor...
(Asun habla con Héctor, mientras
Matilde hace a su marido evidentes gestos de incomodidad y malestar y le
apremia a que se de prisa por llegar a casa y que se desplace al hospital
cuanto antes para estar junto a ella en la sala de partos, ya que el bebé
parece tener prisa por hacer aparición en este mundo)