miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capitulo 94 - Barbacoa entre amigos (Octubre de 1970)


(Finales de Octubre de 1970. El curso académico ya está en marcha y la rutina de las familias Perea, Bonilla y Olavide sigue su curso. Aurelia dejó de trabajar en la revista de forma regular ya que quería dedicar más tiempo al cuidado de los mellizos aunque sí publicaba una columna semanal. Asun la notaba especialmente motivada últimamente y es que según decía Aurelia el haber tenido la oportunidad de volver a ser madre cuando ya ni lo esperaba le había enseñado cuales eran las prioridades en su vida y sus hijos pequeños eran ahora lo más importante de su vida aunque no por ello descuidara su dedicación por su hija mayor Clara, que ayudaba a su madre en todo lo posible con el cuidado de Marta y Raúl)

(El mes de Junio había sido movido con todo lo acontecido alrededor de los preparativos y celebración de la comunión de Daniel y de Javier y encima con el incidente sufrido por Asun a raíz del intento de robo de su bolso en plena calle con torcedura de pie incluida que le obligó a usar una de las muletas de Héctor durante algunas semanas. Afortunadamente, Asun pudo recuperar su bolso sin problemas, y su pie también se recuperó sin novedad y sin necesidad de realizar rehabilitación)

(Matilde estaba a punto de salir de cuentas, ya que su embarazo casi había llegado a término y en cualquier momento, el pequeño Sergio Bonilla haría acto de presencia en este mundo. El matrimonio Bonilla tenía muchas ganas de tener al pequeño Sergio entre sus brazos, un nuevo miembro a sumar a la familia y la posibilidad de que Javier empezara a ejercer oficialmente de hermano mayor, cosa que le hacía una enorme ilusión)

(Mientras esperaban la llegada de ese momento, Matilde trataba de no ponerse demasiado nerviosa y hacer su vida normal aunque la enorme tripa que tenía cada vez le supusiera una mayor incomodidad para ello y en el fondo estaba deseando que el esperado nacimiento de su hijo se produjera)

(Este fin de semana, María ha hecho planes con Irene, Clara, Suzanne y Tim. El sábado se fueron al cine todos juntos y el domingo tenían previsto ir a ver el entrenamiento de Javier y Daniel en el polideportivo y disfrutar después del partidillo que jugarían a posteriori).

(Las familias Perea, Bonilla y Olavide tenían previsto juntarse tras el partido para disfrutar de una barbacoa al aire libre ya que el buen tiempo aún lo permitía. Esas salidas eran muy disfrutadas por ellos y eran una forma de relajarse y entretenerse en su tiempo de ocio de forma amena y divertida)

(Pero la mañana del domingo también sirvió en el caso del matrimonio Perea para disfrutar de otro tipo de placeres a los que ya nos tienen muy acostumbrados, pero que ellos no dejan de gozar ya que cada día que pasa están más y más enamorados)

(Los niños ya se habían marchado hace bastante rato pues Dani se fue al entrenamiento al haber quedado con Javier allí, y María se sumó a ellos pues a su vez había quedado con el resto de la pandilla para animarles antes del partido)

(Héctor y Asun se habían levantado temprano para desayunar con sus hijos y ahora se encontraban solos en casa haciendo tiempo hasta la hora del partido para reunirse después en el polideportivo donde habían quedado con el matrimonio Bonilla y con los Olavide y su tropa infantil)

Héctor: (cogiendo a su esposa de la mano) Estaba pensando en hacer un par de cosas para no aburrirnos demasiado...
Asun: (viendo las aviesas intenciones de su marido) Ya sé por donde vas... ¿no te parece que ya es un poco tarde para empezar con esta cantinela...?
Héctor: Me aburro... (besando a Asun) y la verdad no se me ocurre hacer otra cosa mejor para matar el aburrimiento...
Asun: ¿De verdad que no tienes nada mejor que hacer, cariño...?
Héctor: No se me ocurre nada mejor que estar contigo y disfrutar juntos de nuestro amor, la verdad...
Asun: Estás loco... son las 11 de la mañana...
Héctor: Tienes razón, estoy loco, loco por ti, mi amor, loco por tenerte entre mis brazos, y loco por besarte, por abrazarte, por acariciarte...

(Sin apenas darle tiempo a que reaccione, se lleva a Asun hacia el dormitorio)

Asun: Héctor... ¡para un poco...! ¿es que nunca tienes bastante...?
Héctor: Me vuelves loco, cariño... y no consigo controlarme cuando te tengo tan cerca...
Asun: Te recuerdo que hemos quedado con tus hijos y con el resto en un par de horas para ver el partido...
Héctor: Tenemos tiempo... yo te quiero y te necesito un poquito...
Asun: (divertida y rendida a los encantos de su marido) Yo también te quiero, cielo... y si me lo pides así no voy a poder resistirme...
Héctor: Me encanta cuando te resistes un poco, eso lo hace aún más intenso e interesante para mí... mi amor, mi cielo... te quiero...
Asun: Y yo a ti... ven aquí y hazme el amor... te quiero tanto...

(Los dos se entregan el uno al otro en un apasionante juego embelesado, tras el cual los dos se asean, se arreglan y se preparan para salir a disfrutar del partido y de la comida posterior a base de barbacoa con sus amigos con los que acostumbran a pasar maravillosas veladas)

 
(El partido acabó para gozo de los chavales con victoria de los locales, o sea del equipo donde juegan Javier y Daniel, y ahora toda la familia y amigos se disponen a disfrutar de una estupenda barbacoa a la que se suman también Suzanne y Tim, quienes se han convertido en el último año en dos protagonistas más de la pandilla con la que habitualmente salen y se relacionan María, Irene y Clara)

(Los hombres ponen la barbacoa a punto mientras las mujeres preparan las ensaladas y las bebidas, y los niños ponen la mesa de camping con vasos y platos de cartón y servilletas de papel para hacer más fácil la recogida al terminar)

(Durante la comida a base de salchichas, filetes de ternera, costillas, panceta y chorizo, las familias se reúnen alrededor de la mesa para mantener charlas y conversaciones amenas y divertidas mientras los niños están deseando terminar la comida para poder levantarse a disfrutar de sus juegos)

(Los mayores charlan animadamente, aunque los hombres no pueden evitar tocar temas relacionados con el trabajo y con los casos que investigan, mientras que las mujeres hablan de temas más personales)

Matilde: (tocándose su abultado vientre con delicadeza) La verdad es que estoy deseando que llegue el momento de soltar esto y de que Sergio asome ya su cabecita... ¡buf... es tan pesado...!
Aurelia: No me extraña... yo con los mellizos en los últimos días no podía más... creía que mi tripa iba a reventar... se hinchaba tanto como un globo... y te sientes tan incómoda... por no hablar de que no encuentras la postura adecuada para dormir, yo no hacía más que dar vueltas y vueltas y me movía tanto en la cama, que al final el pobre Gustavo tenía que irse a dormir a la otra habitación porque decía que hacía tanto ruido que no le dejaba descansar...
Asun: ¡Ay, pobre...! yo en mi caso, Héctor me tenía como una reina... me decía que si yo no dormía que él se solidarizaba conmigo y tampoco dormía... y nos pasábamos la noche en vela abrazados a mi tripa e imaginando como sería la carita de nuestro bebé...
Matilde: Yo hace tiempo que no encuentro la postura para hacer nada, ni para dormir... y por supuesto para disfrutar de mi intimidad con Bonilla, de eso ya ni hablamos... y le echo de menos...
Asun: Pues Héctor y yo nos apañábamos bastante bien hasta bien avanzados mis embarazos... hasta llegué a darle algún consejo que otro a Aurelia para mantener viva la llama de la pasión...
Aurelia: Es verdad, pero es que sinceramente Asun, lo de Héctor y tú es de otro mundo...
Asun: Yo también lo he pensado, no creas... esta mañana, sin ir más lejos... ya nos habíamos levantado y los niños se habían marchado al entrenamiento y preparación del partido y nos hemos quedado solos... ¡y le ha faltado tiempo para hacerme una proposición que no me he podido resistir...! ¡y es que se pone tan guapo y tan convincente cuando quiere...!
Matilde: De verdad, Asun cuando cuentas esas cosas, te envidio bastante porque tienes un marido especialmente activo y romántico... Bonilla debería aprender de Héctor...
Asun: No creo que tengas derecho a la queja, Matilde... me consta que Bonilla te tiene en palmitas... y te lleva continuamente a cenar o a comer o de viaje a sitios que Héctor y yo jamás podríamos permitirnos ni remotamente...
Aurelia: El problema de Matilde es que está tan acostumbrada a esos sitios que ya ni siquiera le da importancia, lo ve como algo normal y rutinario... y yo mataría porque Gustavo me hiciera alguna vez un regalo de ese tipo...
Matilde: Tenéis razón, chicas... estoy siendo egoísta... al final una acaba acostumbrándose a cierto nivel de vida que ya ni le da importancia... lo siento, es que no sé ni lo que digo... no tengo ningún derecho a quejarme y menos delante de vosotras que siempre me habéis aceptado como una más...
Asun: Es que eres una más, Matilde...y te queremos por como eres, sin importarnos el dinero que tengáis o el nivel de vida que os podéis permitir... nuestra amistad funciona porque nos respetamos unas a otras, aunque seamos diferentes y eso es lo más bonito, de verdad... y siempre vamos a estar ahí para ayudarnos y apoyarnos mutuamente...
Matilde: Os quiero chicas, en serio... siempre me habéis hecho sentir como una más en el grupo y yo eso lo valoro mucho...
Aurelia: Para eso estamos las amigas, mujer...
Matilde: (cambiando la cara repentinamente) ¡Puff...! pues me parece que voy a tener que abusar de vosotras de nuevo... creo que he roto aguas...
Aurelia: ¿En serio...? Pues vamos recogiendo las cosas y a decirle a tu marido que vaya yendo para casa a recoger algunas cosas y mientras llamamos un taxi para ir al hospital...
Asun: Voy a decírselo a Héctor...

(Asun habla con Héctor, mientras Matilde hace a su marido evidentes gestos de incomodidad y malestar y le apremia a que se de prisa por llegar a casa y que se desplace al hospital cuanto antes para estar junto a ella en la sala de partos, ya que el bebé parece tener prisa por hacer aparición en este mundo)

(Unas horas después, Sergio Bonilla ya es oficialmente un miembro más de la familia y ahí están para celebrarlo sus padres y todos sus mejores amigos para seguir compartiendo juntos los mejores momentos que seguro aún están por venir)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Capítulo 93 - Una vigilancia conjunta (Septiembre de 1970)


(Septiembre de 1970. El verano tocó a su fin y tras pasar unas divertidas vacaciones entre la playa, el pueblo y la casa de campo de la familia Bonilla, los Perea vuelven a la rutina del día a día, en la que María y Daniel volvieron al colegio para empezar un nuevo curso y el feliz matrimonio volvió a incorporarse a sus respectivos trabajos).

(En este curso de 1970-1971, María ya cursa 3º de Bachillerato pues el año que viene cumplirá ya los 13 años, y el pequeño Daniel ya no se siente tan niño pues el próximo año cumplirá 10 años y ya terminará este año la primaria para incorporarse el curso que viene al Bachillerato)

(En el trabajo, Asun lleva muy a gusto el peso de su cargo como redactora jefe y la relación con sus jefes y compañeros de la plantilla es magnífica, lo cual hace muy agradable un trabajo tan intenso y apasionante como el periodismo de investigación que para Asun es una verdadera vocación)

(Héctor por su parte sigue con sus casos, unas veces más interesantes que otros, siempre con la ayuda y el apoyo del fiel Bonilla a quien Héctor considera su hermano y en quien siempre ha confiado ciegamente, incluso a veces más que en su propio instinto. Juntos han alcanzado notables éxitos en el mundo de la investigación, incluso a veces reconocidos por la propia policía, quien sigue contando con ellos para la resolución de algunos casos que se les enquistan y para los que no tienen ni tiempo ni dotación de personal suficiente para abordarlos de forma conveniente y mucho menos exitosa)

(A finales de Septiembre, Héctor y Bonilla se encuentran involucrados en uno de esos casos de poca monta que no les supone mucho tiempo ni esfuerzo pero que económicamente resultan muy rentables, ya que el cliente suele ser una persona muy influyente y con mucho dinero y pocas ganas de notoriedad y con menos ganas aún de que su pasado salga a la luz y sobre todo de tener que dar explicaciones sobre su vida privada. Precisamente por ello, Héctor y Bonilla ponen mucho interés en la resolución de este tipo de casos, no solo porque el dinero que les reporta sea muy gratificante, sino porque el resolverlos con éxito incrementa la popularidad y publicidad del despacho de cara a futuros clientes que podrían contratar sus servicios agradados por la eficacia y por la rápida y discreta resolución de los casos que manejan)

(A eso de las ocho de la tarde, Asun ya ha regresado del trabajo hace un buen rato, los niños ya merendaron e hicieron sus deberes y ahora están esperando a que Héctor regrese del trabajo para poder cenar en familia como acostumbran)

(Suena el teléfono en casa de los Perea)

Asun: (desde la cocina) ¡Daniel, por favor cógelo… puede que sea tu padre avisando que va a llegar tarde a cenar…!

Daniel: (cogiendo el teléfono) ¡Hola… soy Dani…! ¿quién es…?
Héctor: ¡Hola campeón…! soy papá…
Daniel: ¡Papi, papi…! ¿vas a venir pronto…? ¡te estamos esperando para cenar…!
Héctor: De eso precisamente quería hablar… no voy a poder venir a cenar… ¿me puedes poner con mamá por favor…?
Daniel… ¡Voy…!

(Daniel pasa el teléfono a su madre)

Daniel: Toma, es papá… dice que no vendrá a cenar… está ocupado con el trabajo… quiere hablar contigo…
Asun: (cogiendo el teléfono) ¡Hola cariño…! me dice Dani que no vendrás a cenar… ¿estás muy liado…?
Héctor: Pues la verdad es que sí… Bonilla ya se ha marchado hace un rato y esta noche me toca a mí coger el relevo y continuar con la vigilancia y el seguimiento de los movimientos de ese tipo en el edificio de enfrente… ya sabes, uno de esos casos que son un poco pesados pero que nos reportan dinerito contante y sonante a final de mes…
Asun: Sí… esos casos son tu especialidad… pues es una lástima que no vengas a cenar porque había preparado unos pimientos rellenos riquísimos de esos que tanto te gustan…
Héctor: Mmm… que buenos, me está entrando hambre… en fin, cenaré por aquí cualquier cosa…
Asun: ¿Y sí…? Se me está ocurriendo que podría acercarme al despacho y llevarte un par de ellos para que los pruebes…
Héctor: Asun… yo no quiero molestar… bastante paciencia tienes ya conmigo…
Asun: Para mí no es ninguna molestia…llevo sin verte el pelo durante todo el día y así aprovecho, te llevo la cena y mato dos pájaros de un tiro…
Héctor: Está bien, como quieras, yo encantado, claro, pero por favor, deja que los niños cenen primero que sino se va a hacer muy tarde para ellos y tienen que madrugar mañana…
Asun: Tienes razón… les daré la cena aquí y luego me acerco por allí y ceno contigo en el despacho…
Héctor: Eres un cielo… no sé que haría sin ti… te quiero…
Asun: Yo también te quiero… nos vemos en un rato…
Héctor: De acuerdo… hasta luego entonces…
Asun: Adiós…

(Asun saca la cena para sus hijos quienes sienten absoluta devoción por los guisos de su madre, devorando los pimientos que ha preparado en esta ocasión)

María: ¿Y tú no cenas, mamá…?
Asun: No, cariño, voy a cenar con vuestro padre en el despacho… le voy a llevar unos pimientos para que los pruebe y así cenamos juntos…
María: Me parece muy bien, mami, así le haces compañía… a mí me gustaría ir contigo pero mañana tengo que madrugar y me tengo que acostar pronto…
Asun: Por supuesto, y de ninguna manera me gusta que andes por la calle a estas horas… y no te preocupes que yo le daré a papá un beso muy fuerte de tu parte…
María: Sí, por favor, y dile que le quiero mucho y que hoy no he podido casi verle, solo en el desayuno, y que le echo de menos…
Daniel: Sí y yo también… y le das otro beso muy grande de mi parte…
Asun: Por supuesto, tesoro… yo me llevo vuestros besos para vuestro padre que estoy segura le encantarán…

(Nada más terminar de cenar, María y Daniel se marchan a la cama muertos de cansancio. Se despiden de su madre y tras lavarse los dientes, se marchan a la cama)

Asun: Buenas noches, hijos… descansad y hasta mañana, que durmáis bien…
María y Daniel: ¡Gracias mamá…! ¡hasta mañana…!

(Asun prepara un recipiente con unos cuantos pimientos para cenar ella y Héctor en el despacho y también un poco de ensalada y tras meterlo todo en una bolsa, cierra la puerta de la casa con llave y se dirige hacia el despacho de su marido para hacerle un poco de compañía en esta fresca noche de finales de Septiembre)

(Asun llama a la puerta del despacho y Héctor abre la puerta)

Asun: ¡Hola, cariño…! (se inclina sobre sus labios para saludarle con un beso)
Héctor: ¡Hola, mi amor…! al final has venido…
Asun: Ya te lo dije antes por teléfono… si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma… así que aquí estoy…
Héctor: Pues no sabes lo que te lo agradezco… disfrutar de tu grata compañía y de tu maravillosa cena son los ingredientes perfectos que le faltaban a esta noche…
Asun: Voy a calentar los pimientos un poco, que se habrán quedado fríos en el camino…
Héctor: ¡Mmm… como huelen solo de sacarlos de la bolsa…!
Asun: Pues a los niños les han encantado, así que tienen que estar muy buenos…
Héctor: ¿Cómo están mis niños…?
Asun: Pues muy bien… querían venir conmigo pero ya les he dicho que no podía ser y te mandan besos gigantes…
Héctor: Con las ganas que yo tenía de abrazarles esta noche… pero ya no va a poder ser hasta mañana…
Asun: ¿Y en que consiste esta vez el seguimiento y la vigilancia…?
Héctor: ¿Ves ese edificio de ahí enfrente…?
Asun: Sí…
Héctor: Pues en el décimo piso tienen lugar unas partidas ilegales y unos jueguecitos muy curiosos que mantienen muy entretenido al socio de nuestro cliente… al parecer lleva bastante tiempo teniendo pérdidas importantes de dinero en el negocio que comparten y sospecha que su socio lleva tiempo desviando varias sumas de dinero de manera ilícita… nuestro cliente sólo quiere pruebas, unas cuantas fotografías con las que poderle denunciar y ya está… dinero fácil y rápido para nosotros en definitiva…
Asun: Eso parece… si quieres cuando acabemos de cenar, puedo ayudarte...
Héctor: Yo por mí encantado... ¡buf, me rugen las tripas...!
Asun: Pues eso tiene solución, aquí tienes esa ración de pimientos que han encandilado a tus hijos...

(Héctor prueba los pimientos)

Héctor: ¡Mmmm... que buenos y que suaves están...!
Asun: ¿Te gustan de verdad...?
Héctor: Pues claro que sí... estás hecha una estupenda cocinera...
Asun: Bueno, he tenido una buena maestra...
Héctor: Eso seguro... ¿has traído pan...?
Asun: Toma... aquí tienes...
Héctor: Es que la salsa está superior... y no me puedo resistir...
Asun: Me alegro de que te gusten, cariño...

(Los dos dan buena cuenta de los pimientos y la ensalada, y posteriormente Héctor prepara café para ambos)

(Tras degustar una riquísima cena, los dos se acomodan en el pequeño sofá del despacho dispuestos a contemplar la ventana del edificio de enfrente con unos prismáticos para de forma disimulada, vigilar cuanto está aconteciendo tras esos cristales iluminados. Asun tiene la cámara preparada con la luz nocturna para en cuanto Héctor le de las instrucciones precisas, disparar unas cuantas instantáneas que les sirvan de prueba frente al cliente que ha contratado sus servicios)

(Héctor pretende conseguir las pruebas necesarias de forma rápida y eficaz para cerrar el caso cuanto antes y embolsarse una buena cantidad de dinero por su discreción y buen hacer profesional)

Asun: ¿Crees que con esto tenemos suficiente...?
Héctor: Sí, yo creo que sí... mañana las llevaré a revelar y las veré junto con Bonilla y ya decidimos cuales son las mejores para mantener una cita con nuestro cliente y enseñárselas, y luego ya que él decida que hacer con ese material tan valioso... a partir de ahí ya no es de mi incumbencia...
Asun: Supongo que a estas alturas este tipo de trabajitos ya no te suponen ningún cargo de conciencia...
Héctor: Debo reconocer que al principio me ponía de los nervios el tener que perseguir a esposos infieles o a mujeres casquivanas o a empresarios corruptos, pero finalmente he aprendido a vivir con ello, y son casos que cuando uno da con la tecla adecuada son fáciles y rápidos de resolver y dan un buen dinero además, pero reconozco que echo de menos los casos con enjundia...
Asun: ¿Los casos con enjundia...? ¿cómo los guisos de mi madre...?
Héctor: (acariciando la nariz de su esposa) Justo, como los guisos de ella y los tuyos también...

(Héctor y Asun se miran a los ojos y hacen manitas)
 
Asun: Se está haciendo bastante tarde ya no...?
Héctor: Sí, tienes toda la razón... será mejor que vayamos recogiendo las cosas y nos vayamos a casa... además este sofá es demasiado pequeño para recostarnos los dos...
Asun: Hace años no te parecía tan pequeño... y hemos vivido momentos tan especiales en él...
Héctor: Momentos mágicos diría yo y que jamás voy a olvidar por lo maravillosos que fueron, pero ahora mismo yo estaría mucho más cómodo en un lugar más amplio...
Asun: ¿Cómo nuestra cama tal vez...?
Héctor: Me has leído el pensamiento, muñeca... ¿nos vamos...?
Asun: (con una gran sonrisa divertida) Sí, vamos...

(La feliz pareja dedica unos minutos a compartir un jugoso beso de amor y posteriormente se cogen de la mano como dos auténticos enamorados y se dirigen a su hogar para compartir otra noche abrazados como ya es costumbre desde hace años)

domingo, 2 de noviembre de 2014

Capitulo 92 - Un diario emotivo (Junio de 1970)


(Unas semanas después, ya estamos a finales de Junio de 1970. Asun regresó a casa tras ser dada de alta del hospital pocos días después de haber sido intervenida quirúrgicamente para extraerle un embrión mal posicionado en su útero que dio lugar a un embarazo frustrado. Los ánimos de la pareja estaban algo decaídos en esos primeros días sobre todo cuando pensaban en la posibilidad de que podrían convertirse de nuevo en padres aunque fuera de esa manera tan inesperada y accidental. Posteriormente su pesar inicial dio paso a una fase más relajada en la que ambos decidieron no volver a hacerse ilusiones y simplemente disfrutar de todos y cada uno de los momentos que pasaban en familia, tanto con sus hijos como ellos dos solos).

(Asun retomó su trabajo en la revista tras estar un par de semanas de reposo en casa y también por las noches cuando regresaba a casa y una vez sus hijos estaban en la cama, se refugiaba en el dormitorio para poner al día su diario donde escribía todos aquellos sentimientos y pensamientos que se le venían a la cabeza, sus vivencias y emociones más sinceras y profundas).

(Una de esas noches estaba Asun sentada en el escritorio provisional que había instalado junto a la cómoda. Héctor llevaba un buen rato observándola desde la cama, esperando que terminara de escribir para poder apagar la luz y abrazarse a ella hasta quedar los dos completamente dormidos después de haber compartido impresiones sobre el devenir del día)

Héctor: ¿Te queda mucho, cariño...? ¿por qué no vienes a la cama...?
Asun: Sólo un momento, por favor, es que precisamente ahora estoy bastante inspirada y no quiero dejarlo para mañana...
Héctor: Algún día me tienes que dejar leer lo que estás escribiendo...
Asun: Claro que sí, no tengo nada que ocultar... pero me gustaría avanzar un poco más antes de dejártelo...
Héctor: ¿En esa especie de diario o memorias o lo que sea hablas de mí, verdad...?
Asun: Pues claro que sí, hablo de ti, de mí, de los niños, de nuestra vida en general, de mis planes y proyectos, de lo que se me pasa por la cabeza... un poco de todo… el capítulo de hoy está dedicado a mi embarazo frustrado... a lo que podía haber sido y no fue...
Héctor: (levantándose de la cama y rodeando a Asun con sus brazos por la espalda) ¿Y por qué no me dejas echarle un vistazo...? a lo mejor se me ocurre alguna idea para mejorarlo... aunque tú escribes tan bien tú solita que seguro que mis ideas solo servirían para estropearlo...
Asun: (dándose la vuelta y dándole un beso) Sabes que no... tus ideas son estupendas y me echaste una buena mano con la primera novela que escribimos a medias aunque la firmara con un pseudónimo... pero esto es diferente, son unos relatos más intimistas, más personales, y no quiero que lo leas hasta más adelante...
Héctor: (poniéndose mimoso) ¡Por favor... déjame leer solo un trocito...!
Asun: (divertida) ¡Que te he dicho que no...! que me da vergüenza que lo leas así delante de mí... te vas a reír con las tonterías que pongo...
Héctor: Para nada... yo no me reiría con algo así, en todo caso me emocionaré profundamente porque seguro que es algo escrito con el corazón y sólo por eso vale la pena leerlo... trae, déjame...

(Héctor le roba el diario a Asun en un descuido)

Asun: ¡Devuélvemelo ahora mismo...! ¡no seas malo... te vas a enterar...!

(Héctor se mete en la cama y empieza a pasar rápidamente las páginas del diario. Asun se mete en la cama corriendo junto a él para quitárselo de las manos pero Héctor es más rápido de reflejos y lo desliza bajo la almohada)

Héctor: Sabía que esta era la única manera de que vinieras a la cama conmigo, mi niña...
Asun: (mirándole descarada) ¿Lo has hecho a propósito para hacerme rabiar...? así que no pensabas leerlo ni nada de eso...
Héctor: Por supuesto que no... sé que es un documento tuyo, privado y por nada del mundo tengo derecho a leer cosas que tú no quieres que lea... sólo espero no salir muy mal parado en esos relatos tuyos...
Asun: (poniéndose cariñosa) Eso es imposible del todo, señor detective... tú me conoces mejor que nadie y sabes que no puedo escribir cosas malas sobre ti... al contrario, te has ganado a pulso el premio al mejor marido del mundo... por estar siempre ahí, a mi lado cuando más te necesito, siempre...
Héctor: ¿En serio piensas que soy el mejor marido del mundo...?
Asun: Para mí sí, (acariciándole la nariz) y el mejor padre de familia también...y por eso no quiero que cambies nunca, cariño... te quiero tal como eres...

(Asun desliza las manos por debajo de la almohada tratando de recuperar su diario)

Héctor: Un momento... no te creas que va a ser tan fácil... para recuperar este valioso documento tendrás que pagar el correspondiente peaje, ¿no te parece señora Perea...?
Asun: (con una sonrisa) ¿Ah sí...? ¿y en que consiste ese peaje, señor Perea...?
Héctor: Mmmm... aún no lo he pensado pero te va a salir caro, muñeca...
Asun: (partida de risa empieza a acariciar a su marido tal y como le gusta) ¿Te parece este un buen comienzo...?
Héctor: No está mal, no está nada mal... si sigues por ese camino podremos empezar a negociar...
Asun: ¡Calla bobo...!

(Asun insiste un poco más con sus caricias y profundiza en los besos hasta que los dos sucumben a la pasión, disfrutando el uno del otro de la manera que mejor saben hacerlo).

(Un buen rato después, los dos no pueden dejar de contemplarse con una sonrisa de emoción)

Héctor: Lo has vuelto a hacer... has conseguido sorprenderme una vez más con ese toque tan especial...
Asun: (besándole) Te quiero...
Héctor: Y yo a ti, mi Asun...
Asun: ¿En serio te ha gustado...?
Héctor: No, no me ha gustado, me ha encantado, has estado fantástica, especial, vibrante... maravillosa... y yo también te quiero, mucho...
Asun: ¿Sabes qué…?
Héctor: ¿Qué…?
Asun: Que voy a hacerte un regalo…
Héctor: ¿Otro regalo…? pero si ya me acabas de dar uno muy especial…
Asun: (desliza las manos de nuevo bajo la almohada) Sí, pero después de lo que acaba de pasar, te mereces un premio, una compensación, por hacerme tan feliz…
Héctor: ¿Y el regalo es…?
Asun: Ten… (le deja el diario) ábrelo y elige el relato que quieras leer… no me importa, elige un capítulo cualquiera y léelo en voz alta…
Héctor: (sorprendido) ¿De verdad que no te importa…?
Asun: No… esta es otra bonita manera de compartir lo que sentimos… así me dices que te parece… tu opinión me sirve de mucho, ya lo sabes…
Héctor: (dándole un beso a su esposa) Gracias… es todo un detalle por tu parte, cariño… y estoy seguro que me va a gustar mucho lo que lea… (ojea los diferentes capítulos) veamos…

(Asun se acomoda en el pecho de su marido dispuesta a escuchar en labios de él las palabras que ella misma ha estado escribiendo en los últimos meses)

(Héctor empieza a leer en voz alta un capítulo de las vivencias de Asun referente a la etapa en la que se conocieron, cuando Asun tenía dudas sobre sus sentimientos hacia Héctor)

“Recuerdo las primeras veces que le ví. A simple vista no pasaba desapercibido. Lo primero en lo que te fijabas era en sus ojos, esos preciosos ojos azules combinados con esa enigmática sonrisa y esos ademanes de galán caballeroso, siempre tan educado, siempre tan amable. Al principio pensaba que sus coqueteos eran una estrategia más para llevarse a las chicas de calle, pues me habían dicho que era un caballero de buena planta pero bastante frívolo y que sus conquistas se contaban por docenas. Yo por aquel entonces acababa de salir de una relación complicada que me dio más de un quebradero de cabeza. El “estudiante rojo” como le conocían en algunos grupos de la universidad, había dejado una huella bastante profunda en mi corazón pues fue mi primer novio y también mi primera decepción; me había prometido a mí misma que jamás volvería a enamorarme porque el desamor dolía demasiado. No quería volver a pasar por lo mismo otra vez, sin embargo aquel hombre me causaba mucha curiosidad. Sentía cierta atracción por él, como si fuera un imán y aunque fuera unos cuantos años mayor que yo y fuera un hombre con mucho camino recorrido como decía mi madre, también había quienes le consideraban como un hombre a quien la vida le había golpeado duro. Entre las personas que le apreciaban de verdad se encontraban mis tíos, Pelayo, Marcelino y Manolita. Ellos le habían conocido en su época de policía, cuando llegó a comisario y todo y también cuando estaba casado con su primera mujer, Teresa García.  Según me contaba mi tía, Héctor era un hombre muy feliz por aquel entonces, su trabajo en la policía le encantaba, estaba muy bien considerado por la mayoría de sus compañeros aunque también tenía problemas con los jefes por su forma de resolver los casos y porque tenía un sentido muy particular de la justicia. Héctor era un hombre justo y honesto, buscador de la verdad por encima de todo y eso no siempre rentaba en las altas esferas de la Dirección General. De ahí que su carrera en el cuerpo de policía empezara a desmoronarse en poco tiempo hasta que decidió abandonarlo del todo. Fue entonces cuando montó su propio despacho de investigación junto con su amigo y compañero Bonilla, también ex-policía. El fiel Bonilla había aprendido todo sobre la profesión al lado de Héctor y a pesar de los años transcurridos aún le sigue llamando “jefe”. Los dos se han hecho inseparables desde entonces, ambos se han dado siempre el apoyo que necesitaban, sobre todo en aquellos momentos en los que el matrimonio de Héctor empezó a naufragar para finalmente hundirse del todo con la marcha de Teresa a vivir una nueva vida lejos de Madrid...”

Asun: ¿Qué te parece...?
Héctor: Me encanta como lo cuentas, cariño... le das un estilo muy particular...
Asun: He intentado reflejar la realidad tal y como me la contaron y después lo que yo he visto... hay otras partes en las que ya cuento como eran nuestros encuentros tensos al principio y muy emocionantes después... (pasa las páginas) ¡mira...! lee esto por favor, es uno de mis recuerdos más bonitos...
Héctor: (acariciando a su esposa con ternura y emoción) Está bien... veamos...

“Héctor y yo mantuvimos una relación de tira y afloja durante muchos meses... yo me negaba a asumir que estaba empezando a enamorarme de él a pesar de que mi querida hermana Chelo se esforzaba por abrirme los ojos pero en el fondo no quería hacerme ilusiones, quería evitar que volvieran a hacerme daño otra vez, pensaba que si me negaba a mí misma mis sentimientos conseguiría que se esfumaran, pero no lo hicieron... cada vez que me cruzaba con él, mi corazón daba saltos de alegría y las conversaciones que manteníamos en la plaza conseguían animarme el día, sobre todo en la época en la que perdí a mi hermana en aquel fatídico atropello. Yo tenía que ser el sostén de mi familia que estaba completamente rota y hundida. La pérdida de un hijo es lo peor que les puede pasar a unos padres y eso Héctor lo sabía bien, pues él también perdió el suyo cuando aún ni siquiera había nacido. Con él podía sincerarme y decir todo lo que pensaba, sin tener que disimular o callar y eso me hacía sentir bien; siempre estaba dispuesto a ayudar y a escucharme...”

“Una de las noches que más profundo guardo en mi corazón es la de mi cumpleaños en Marzo de 1957. La verdad es que no sé como lo hace, pero siempre consigue sacarme una sonrisa cuando más triste y abatida estoy. Y eso fue exactamente lo que hizo aquella noche. En esa noche ocurrieron muchas cosas pero la más importante fue que descubrí una faceta de Héctor que jamás imaginaba encontrar: detrás de esa aparente fachada de hombre duro y castigado por los palos de la vida, encontré también al hombre más dulce y tierno que existe sobre la faz de la tierra... en aquella mágica noche no solo compartimos besos y caricias deliciosas, también aprendí a reconocer y aceptar lo que sentía, había vuelto a enamorarme de nuevo, y esta vez me sentía más alegre y viva que nunca, el sentimiento era completamente diferente y tenía la sensación de que la historia que por entonces acababa de comenzar, nos llevaría a Héctor y a mí muy lejos en el tiempo, era como si dos almas heridas hubieran coincidido en el camino de la vida para acompañarse, comprenderse y protegerse mutuamente. Desde entonces hasta ahora han ocurrido muchas cosas entre Héctor y yo, la mayoría de ellas muy buenas, pero también ha habido cosas que han puesto a prueba nuestra relación y aunque la mayoría de la gente que nos quería nos apoyó en todo momento, también hubo aquellos quienes trataron con sus críticas de echar abajo todo lo que habíamos construido. Lo que no sabían todos esos que trataron de hundirnos es que Héctor y yo somos muy fuertes y estábamos tan convencidos de que lo nuestro iba a funcionar que no íbamos a permitir que nada ni nadie nos hiciera vacilar ni un instante en nuestro proyecto futuro de vida en común. Por aquel entonces yo tenía la certeza de que jamás llegaría a casarme con Héctor, era una utopía pensar que a él le concedieran la nulidad de su primer matrimonio, pero eso es lo que menos me importaba en aquella noche de 1957, yo tenía una intuición, una especie de instinto que me decía que si le daba una oportunidad, llegaríamos muy lejos como así ha sido y sigue siendo a día de hoy, mi instinto no me falló y no me arrepiento de ninguna de las decisiones que tomé aquella noche...”

(Héctor cierra el diario con una sonrisa de emoción en la comisura de sus labios. Sus manos no pueden evitar acariciar repetidamente el pelo y el rostro de su esposa que desde hace ya algún rato duerme profundamente recostada sobre el pecho de su marido. Héctor estaba tan absorto en la lectura que ni siquiera se ha dado cuenta en que momento su preciosa mujer se ha quedado dormida entre sus brazos. Ahora la contempla de forma radiante, orgulloso de ella y de la suerte que tuvo al cruzarse con ella en el camino de la vida)

 
Héctor: (en susurros) Ay, mi Asun, mi precioso ángel... te debo tanto... gracias, gracias de corazón por este regalo... (sin parar de acariciarla con delicadeza) te quiero y te necesito a mi lado, siempre, y siempre estaremos juntos, yo también he tenido siempre esa certeza de que lo nuestro era una historia de amor con mayúsculas... descansa, mi cielo, duerme que cuando te despiertes yo seguiré aquí, a tu lado como cada día... te amo...

(Héctor deja el diario sobre la mesilla de noche, besa cálidamente a su esposa y apaga la luz para continuar durmiendo junto a ella como llevan haciendo cada noche desde que decidieron iniciar una nueva vida en común)

viernes, 4 de julio de 2014

Capitulo 91 - Un embarazo frustrado (Mayo de 1970)

(Mayo de 1970. La familia Perea ya terminó de cenar y los niños están en la habitación con sus cosas antes de acostarse. El feliz matrimonio reposa en el sofá tranquilos y hablando de sus pensamientos y recuerdos más nostálgicos)

Asun: ¿Te acuerdas de cuando estaba embarazada de María y después de Daniel...?
Héctor: (acariciándole el pelo) Claro que sí, cariño... estabas radiante, lo recuerdo perfectamente... eras la mujer embarazada más guapa y deslumbrante que he conocido nunca...
Asun: Que zalamero y exagerado eres cuando te pones...
Héctor: No estoy exagerando... estabas preciosa de verdad... y tiene que ser algo increíble para vosotras las mujeres que tenéis la inmensa suerte de notar como ese pequeño ser va creciendo dentro de vosotras durante todos esos meses... es una sensación que nosotros los hombres jamás podremos experimentar y jamás podremos hacernos una idea de lo que es por mucho que nos lo expliquéis...
Asun: Ahí llevas razón, cariño... es una sensación increíble... hay que vivirla para poder entenderlo... y nunca se olvida por mucho tiempo que pase... a veces lo echo de menos...
Héctor: ¿De verdad...? ¿aún piensas en la posibilidad de quedarte de nuevo en estado...?
Asun: Eso es lo que quería contarte.... creo que ya lo estoy de hecho...
Héctor: (con cara de sorpresa mayúscula) ¿Lo dices en serio...? pero, pero... ¿y cómo no me lo has dicho antes...? si es una noticia maravillosa... (toca su barriga)
Asun: (no muy convencida) ¿Tú crees...?
Héctor: Pues claro que lo creo...
Asun: No te lo he dicho antes porque quería estar segura... el mes pasado no me vino el período y este mes voy por el mismo camino...
Héctor: Pues entonces hay que ir mañana mismo al médico a que nos lo confirme... y hay que decírselo a los niños también...
Asun: No corras tanto Héctor... a los niños se lo diremos a su debido tiempo, primero debemos asegurarnos que no sea una falsa alarma...
Héctor: (nervioso) Sí, tienes razón... es que me emociono y me acelero... y...
Asun: Me gusta verte tan animado, cielo...
Héctor: La que no estás muy animada eres tú ¿o me equivoco...?
Asun: No es una cuestión de estar animada o no estarlo... es que tengo miedo...
Héctor: ¿Miedo de qué...?
Asun: Miedo porque han pasado muchos años desde mi último embarazo y mi cuerpo ya no es como antes... y no sé como va a reaccionar... a lo mejor ya soy un poco mayor para llevar un embarazo...
Héctor: Ahora eres tú la que exageras, cariño... tú no eres mayor... estás en una etapa diferente, más madura, si quieres, pero estás estupenda... y ya sabes que yo voy a apoyarte y a estar a tu lado siempre... y viviremos este embarazo juntos como hemos hecho con los anteriores, y cuando tú quieras lo compartiremos con los niños también... es una buena noticia, sin duda...
Asun: (acariciándole con ternura) ¿Sabes lo que más me gusta de ti...? que siempre estás ahí para mí... siempre estás cuando te necesito...
Héctor: Y lo seguiré estando siempre... no quiero que lo olvides nunca...
Asun: Nunca... te lo prometo...

(El enamorado matrimonio se funde en un apasionado beso seguido de un abrazo fabuloso)

(Ya de madrugada, ambos están durmiendo en la habitación cuando Asun se despierta dolorida)

Asun: Aayyy... uff...
Héctor: Mmm... ¿ocurre algo cariño...?
Asun: No lo sé, supongo que no es nada...
Héctor: (observa como su mujer se lleva la mano al abdomen) ¿Qué te pasa... te duele algo...?
Asun: Es una sensación rara... tengo unos pinchazos muy extraños justo aquí... no me encuentro bien...
Héctor: Vamos ahora mismo al hospital... tiene que verte un médico...
Asun: ¿Y si no es nada, Héctor...? a lo mejor son solo gases... y por la mañana ya estoy bien... no quiero molestar a un médico a estas horas...
Héctor: Eso son tonterías... tú no estás bien, no hay más que verte la cara... y conociéndote como te conozco, sé que no te quejarías por nada... siempre has soportado muy bien los dolores... esto es serio, Asun y nos vamos al hospital ahora mismo...
Asun: ¿Y qué les decimos a los niños...?
Héctor: Despertaré a María y le contaré que no te encuentras bien y que te voy a llevar al médico a que te miren... María cuidará de Daniel y si tienen cualquier problema que llamen a tu madre... además es sábado y no tienen colegio así que no te preocupes por nada... y ahora vístete y vámonos...
Asun: Está bien...

(Asun se viste y los dos bajan a la calle a coger un taxi hacia el hospital. Una vez allí, ingresan por urgencias y a Asun la meten en observación, mientras Héctor permanece en la sala de espera)

(Al cabo de un rato, sale uno de los doctores que ha examinado a Asunción)

Doctor Molina: Por favor, familiares de Asunción Muñoz...
Héctor: Sí, yo soy su marido... Héctor Perea... (estrecha la mano con el médico) ¿cómo está mi mujer... se encuentra bien...?
Doctor Molina: No se preocupe, señor Perea, su esposa se encuentra bien... lo que tiene es importante, pero lo vamos a resolver enseguida...
Héctor: ¿Qué quiere decir, doctor...? mi esposa está embarazada o eso creemos...
Doctor Molina: Efectivamente, señor Perea, su esposa está embarazada de 8 semanas, pero el problema es que no es un embarazo al uso... yo soy el médico de guardia que la ha examinado y cuando hemos encontrado la causa del dolor abdominal la hemos ingresado en el servicio de ginecología... está en buenas manos, no se preocupe pero debemos intervenirla con cierta urgencia...
Héctor: (muy nervioso y asustado) ¿Intervenirla... por qué, qué es lo que pasa...? ¿es apendicitis lo que tiene...?
Doctor Molina: No, señor Perea, su mujer tiene lo que se llama un embarazo ectópico... esto quiere decir que el embrión no se ha implantado correctamente en el útero como debería ser, y está fuera de él, lo que significa que hay que extirparlo, ya que el embarazo no va a llegar a término y su mujer podría correr peligro y tener muchos dolores... de ahí la urgencia de la operación...
Héctor: (suspirando y llevándose las manos a la cabeza) ¡Ay, por favor...! hagan lo que tengan que hacer pero sálvenla... firmaré los papeles que hagan falta para que puedan operarla cuanto antes, y si ella necesita sangre yo puedo donársela, soy del grupo universal...
Doctor Molina: Descuide señor Perea, su mujer entrará en quirófano en cuanto quede uno disponible... usted pase por administración a firmar todos los papeles y después se le asignará una habitación para que pueda esperar a que todo termine y podamos subir a su mujer a planta después de la operación y posterior reanimación, ¿de acuerdo...? su médico de referencia a partir de ahora va a ser el doctor Aguilar, él es el ginecólogo que la va a operar...
Héctor: Está bien, doctor, muchísimas gracias por todo, de verdad...

(Héctor realiza el papeleo y posteriormente sube a la habitación que le han asignado para dejar una bolsa que le han dado con la ropa y los zapatos de Asun. Aprovecha para llamar a Felisa y a Bonilla también)

Bonilla: ¿Quieres que vaya amigo...?
Héctor: No, no hace falta, Bonilla, estoy bien, solo que estoy nervioso...
Bonilla: Y no es para menos... enseguida estoy ahí para que no estés solo... te conozco muy bien y sé que en este momento necesitas desahogarte con alguien...
Héctor: Gracias Bonilla... eres un amigo...

(Los minutos pasan y Héctor no deja de mirar el reloj. Bonilla se reúne con él en la habitación y le ofrece un cigarrillo para calmar sus nervios)

Bonilla: (poniendo una mano sobre su hombro) Héctor, se va a poner bien, ya lo verás... está en buenas manos... saben lo que tiene y lo van a solucionar...
Héctor: Ella estaba embarazada, ¿sabes...? anoche me lo confesó, había tenido dos faltas, y tenía mucho miedo porque se sentía mayor para afrontar otro embarazo...
Bonilla: Vamos a ver, Héctor, son cosas que pasan... afortunadamente esto de los embarazos ectópicos no es algo habitual, pero una amiga de Matilde también lo tuvo y se lo extirparon a tiempo y no pasa nada... Asun es una mujer fuerte y sana, y se va a poner bien, te lo prometo...
Héctor: (mordiéndose el labio) Si yo te creo, Bonilla, pero es que a mi los hospitales no me gustan nada, me ponen muy nervioso...
Bonilla: Como a todos, amigo, como a todos... ¡mira, por ahí viene el doctor...!
Héctor: (sale a su encuentro) Doctor Aguilar, supongo... (estrecha su mano) ¿cómo está mi mujer...?
Doctor Aguilar: No se preocupe señor Perea, su mujer está perfectamente... la operación ha salido según lo previsto... hemos extirpado el embrión y hemos limpiado el útero a fondo para garantizar que no se queda ninguna adherencia... dentro de unos meses su mujer podrá volver a quedarse embarazada si así lo desean...
Héctor: Eso es lo que menos nos preocupa ahora, doctor... lo importante es que mi mujer esté bien y que salga adelante de esto...
Doctor Aguilar: Puede quedarse tranquilo... los embarazos ectópicos no son habituales, pero tampoco son ninguna rareza en la medicina actual y tenemos los medios para extirparlos con garantías...
Héctor: ¿Cómo está Asunción...?
Doctor Aguilar: Asunción está descansando en la sala de reanimación, está sedada y es posible que duerma durante un par de horas todavía...
Héctor: ¿Puedo verla...?
Doctor Aguilar: Por supuesto... baje con el ascensor a la sala de reanimación en el sótano 1, y allí le indicarán... está previsto que la suban a la habitación en cuanto el celador termine su turno de comida...
Héctor: De acuerdo... gracias doctor... gracias por todo... Bonilla, ¿te quedas aquí...?
Bonilla: Descuida, Héctor, que yo me quedo aquí esperando, voy a llamar a Matilde para informarle pero estaré por aquí...
Héctor: Bien...

(Héctor sale al pasillo y coge el ascensor para dirigirse a la sala de reanimación y así poder ver a su mujer cuanto antes)

(Héctor se sienta en una silla junto a la cama de Asun que aún permanece dormida por los sedantes que le han administrado)

Héctor: (cogiendo su mano con amor) Hola, mi vida, ya estoy aquí... el médico me ha dicho que ha salido todo muy bien y que ahora necesitas descansar... tú no te preocupes por nada que yo me encargo de todo, ya he llamado a tu madre para ponerla al corriente y ella se encargará de los niños mientras yo me quedo aquí a tu lado... no pienso dejarte sola... (besa su mano) lo siento tanto, sé que tú no estabas demasiado ilusionada con este nuevo embarazo y al final no ha llegado a nada... a mí me gustaba la idea, pero creo que dadas las circunstancias es mejor que lo dejemos estar... tenemos una familia maravillosa, y prometo no volver a presionarte más con ese tema... en el fondo me siento culpable porque en los últimos meses con lo de Aurelia y ahora con lo de Matilde, yo tenía ganas de ir a por otro bebé pero sé que tú tenías muchas dudas, y quizás no te he apoyado lo suficiente... pero te prometo que a partir de ahora va a ser diferente...
Asun: (entre sueños) Héctor...
Héctor: (apretando su mano) Estoy aquí, cariño, estoy aquí... a tu lado, aquí me tienes...
Asun: ¿Dónde estoy... qué ha pasado...?
Héctor: Estás en el hospital, cielo, pero ya ha pasado todo... ahora todo está bien y te vas a recuperar...
Asun: ¿Qué hago aquí...? (se lleva la mano a la tripa) ya no me duele nada...
Héctor: Claro que no, cariño, los médicos han hecho su trabajo y te han extirpado lo que te estaba provocando el dolor...
Asun: ¿Cómo está el bebé... te lo han dicho ya, está bien formado...?
Héctor: Cariño... desgraciadamente ya no hay ningún bebé... los médicos han tenido que sacarte el embrión porque no estaba bien implantado... estaba fuera del útero y eso es algo muy malo... no habrías llegado a tener nunca ese bebé y hubiera sido malo también para ti...
Asun: (con los ojos llorosos) Oh no... no puede ser... lo siento mucho, cariño... sé que te hacía ilusión... aunque yo no me mostré muy animada que digamos...
Héctor: Shhh... no digas nada más, ahora tienes que descansar eh mi amor... dentro de poco te subirán arriba, tenemos una habitación para que te quedes hasta que te recuperes y Bonilla está ahí con nuestras cosas... he llamado a tu madre y ella se encarga de los niños, así que tú estate muy tranquila, ¿de acuerdo...?
Asun: Sí, de acuerdo... Héctor...
Héctor: Dime mi vida...
Asun: Que te quiero... tengo mucho sueño pero quiero que sepas que te quiero mucho...
Héctor: Y yo a ti, también te quiero, te adoro, te amo... siempre... y ahora cierra los ojos y duerme tranquila que yo me quedaré contigo todo el rato...
Asun: Muy bien...

(Asun cierra los ojos y vuelve a quedarse dormida por el efecto de la medicación)

(Ya al día siguiente, Asun está en la habitación adonde fue trasladada a última hora del día anterior. Su aspecto es muy bueno y ya ha empezado a comer algo. Los médicos son muy optimistas y le darán el alta en un par de días)

Héctor: Los niños vienen esta tarde a verte...
Asun: Tengo ganas de verles, la verdad...
Héctor: Y ellos también a ti... estaban muy preocupados...
Asun: No me extraña... pero yo me encuentro muy bien y quiero irme a casa...
Héctor: Eso será en un par de días si todo va bien como hasta ahora... lo importante es que te recuperes del todo...
Asun: (cogiendo la mano de su marido) Héctor... lo siento mucho...
Héctor: ¿Por qué...?
Asun: Porque este embarazo no haya podido salir adelante... en los últimos meses he sido muy egoísta y tengo que reconocer que no me había hecho a la idea pero eso no quiere decir que no me hiciera tanta ilusión como a ti...
Héctor: Asun... mi amor, déjalo estar... y no tienes que sentirte culpable y disculparte conmigo por algo que no podemos controlar... ha pasado y ya está... ninguno de los dos tiene la culpa de esto... son cosas que pasan... eso sí, te prometo que no volveré a presionarte con este asunto... jamás... seguiremos disfrutando de la familia tan preciosa que hemos formado sin plantearnos si debemos o no tener otro bebé... Dios... somos tan felices Asun que por nada en el mundo quisiera echar a perder la maravilla que tenemos...
Asun: (emocionada por las palabras de su marido) Sí, realmente es una maravilla lo que tenemos, lo que hemos construido juntos y también lo que está por venir, sea lo que sea... siempre que sea contigo...
Héctor: Eso ni lo dudes... los cuatro siempre juntos... pase lo que pase... ven aquí...

(Asun y Héctor se funden en un sincero abrazo seguido de un posterior beso de amor)

Héctor: Te quiero tanto...
Asun: Y yo... te quiero muchísimo... eres lo mejor que tengo en la vida... eres mi amor...

(Ya por la tarde, María y Dani acuden al hospital para ver a su madre)

María: ¡Mami, mami...!
Dani: ¡Hola, mami...! ¿estás bien...?
Asun: (con una gran sonrisa y abrazando a sus hijos) Ahora sí, ahora estoy muy bien con vosotros aquí a mi lado... mis niños...
María: Estábamos muy preocupados por ti... aunque la abuela y papá no dejaban de decir que estaba todo bien y que los médicos habían hecho un buen trabajo...
Asun: Y es verdad, hija, por suerte estoy en muy buenas manos, y jamás me ha faltado el apoyo de las personas más importantes de mi vida... vuestro padre no se ha separado de mi lado ni un minuto...
Dani: Lo sabemos...
María: Y nos alegramos, porque papi te quiere mucho...
Asun: Lo sé, tesoro, y yo a él... es lo más bonito que me ha pasado nunca junto con vosotros dos... tengo tanta suerte de tener tanto amor a mi alrededor...
María: (poniendo su mano sobre el abdomen de su madre) ¿Y qué es lo que te han hecho exactamente...?
Asun: Pues han tenido que extraer el embrión que llevaba aquí dentro porque no era viable, cariño... estaba colocado en muy mal sitio, no habría llegado a nacer nunca y era peligroso para mí tenerlo ahí fuera de lugar...
María: Claro, lo entiendo... ¿pero eso quiere decir que ya nunca podrás volver a quedarte embarazada...?
Asun: Claro que no, tesoro, los médicos me han limpiado muy bien por dentro y me han dicho que si tu padre y yo queremos podré tener más bebés... no hay nada en mi estado físico que me lo impida...
María: Sin embargo... tú no quieres tener más bebés, ¿verdad...?
Asun: No lo sé, cariño, de verdad que no lo sé... es una decisión que no tengo nada clara...
María: ¿Y papá que piensa...?
Asun: Tu padre me apoya y me quiere tanto que respetará cualquier decisión que tomemos... lo dejaremos estar y que sea lo que tenga que ser... yo lo único que quiero es disfrutar de su amor y de su generosidad y no voy a agobiarme por lo que pueda pasar... ya no... me voy a dedicar a relajarme y a sentirme bien junto a él y todo lo que ocurra a partir de ahora lo afrontaremos juntos porque juntos somos más fuertes y sobre todo somos una familia, los cuatro...
María: Tienes toda la razón mami... la familia es lo más importante y lo mejor que tenemos y debemos apoyarnos los unos en los otros siempre...
Dani: ¡Bien dicho, mami...! ¡todos te queremos y queremos que vuelvas a casa pronto...! ¡te echamos de menos...!
Asun: (besando y abrazando a su hijo) Lo sé, tesoro... y yo a vosotros... tengo muchas ganas de salir del hospital y estar en casa con todos... afortunadamente ya falta poco...

(Asun se queda abrazada a sus dos hijos con una sonrisa de satisfacción y orgullo por la familia que tiene y por tener un marido que la adora y que haría cualquier cosa por ella. Héctor entra en la habitación justo a tiempo para contemplar y completar ese abrazo al que se une con la mejor de sus sonrisas).

sábado, 7 de junio de 2014

Capitulo 90 - Sentimientos verdaderos (Abril 1970)

(Unas semanas después, Abril de 1970. La vida familiar de nuestros protagonistas sigue más o menos igual. La primavera ya ha entrado con toda su fuerza, los días se hacen más largos y eso permite estar en la calle hasta más tarde disfrutando de las tardes soleadas y de la esplendorosa luz. La Semana Santa ya terminó y los padres de Asun la pasaron en Valdemorillo como siempre acostumbran, llevándose con ellos a Irenita, quien poco a poco va haciéndose mayor y cada vez se parece más a su madre. A sus 14 años ya es una jovencita muy madura, muy guapa y buena estudiante, por lo que sus abuelos y el resto de la familia están muy orgullosos de ella)

(María y Daniel disfrutaron de las vacaciones junto a sus padres y la familia Bonilla así como la familia Olavide, que desde el nacimiento de Marta y Raúl, los miembros más pequeños recién llegados a este mundo, son un matrimonio aún más feliz si cabe, aunque los mellizos dan muchísimo trabajo, pero Clara ayuda a sus padres todo lo que puede. Aurelia sigue de baja tras el parto y aunque echa de menos su trabajo en la redacción, sabe que ahora su prioridad es el cuidado de los mellizos y por nada del mundo quiere perderse sus cambios en estos primeros meses).

(La otra buena noticia que se produjo en las últimas semanas es el esperado anuncio del estado de buena esperanza de Matilde. Desde que Bonilla y ella decidieron de mutuo acuerdo buscar otro hijo para darle un hermanito a Javier, en la familia no se habla de otra cosa. Javier está entusiasmado con la noticia y aprovecha cualquier ocasión para hablar de todo lo que piensa enseñarle a su hermano desde el momento en que nazca. Además, ya tiene elegido hasta el nombre, si es niño, se llamará Sergio. Sus padres no han puesto objeción al nombre elegido, pero si es una niña, ellos elegirán el nombre que llevará su hija, aunque Javier está muy convencido de que será un niño y aunque se lleven 9 años, a Javier le gusta sentirse responsable de cuidar de algo tan pequeño, y además de vez en cuando hace prácticas con los mellizos de Aurelia y Gustavo)

(Por su parte, Asun está mucho más tranquila desde que tomó la decisión de no publicar la novela bajo su verdadero nombre. El pseudónimo de Azalea Ruiz tomó forma y la novela salió a la venta a primeros de Marzo siendo un verdadero éxito entre los amantes del género policíaco y del mundo de la investigación. A Asunción le agobiaba mucho la idea de editar la novela con su nombre y su foto y las consecuencias que de ello se desprenderían, sabía que desde ese momento tendría que renunciar a parte de su vida más intima, renunciar a disfrutar de su familia como lo hacía hasta ahora y soportar la presión de tener que estar concediendo entrevistas continuamente y hablar de la novela y de sus próximos proyectos. Asun no se había planteado nunca ser escritora de profesión y le agobiaba la responsabilidad de tener un editor pendiente de ella y esperando siempre una novela nueva y obtener beneficios con ella teniendo que renunciar a una vida tranquila y sosegada, disfrutando de su trabajo en la redacción y de su vida en familia. Por eso cuando vió la posibilidad de publicar la novela bajo un pseudónimo y no darse a conocer al público de esa forma tan directa, se le iluminó la cara, y más al saber que todos la apoyaban, especialmente su marido, que era la persona que más le había ayudado durante sus momentos más bajos y quien la había inspirado y dado ideas a la hora de redactar la novela. Asun se sentía muy orgullosa con el resultado y mientras podía seguir dedicándose a su trabajo en la revista y de vez en cuando escribir en sus ratos libres pequeños relatos cortos o incluso un diario con sus memorias y pensamientos)

(La idea de escribir un diario un poco más intimista sobre sus sentimientos y pensamientos y sobre su vida familiar era algo que le venía rondando hace tiempo pero nunca había encontrado el momento adecuado, así que decidió escribir algunas partes, como una especie de memoria, algo que dejaría a sus hijos como legado futuro y que también compartiría con su marido en algún momento. Se sentía feliz con su vida y quería dejarlo plasmado en forma de escrito).

(En estas últimas semanas también había quedado atrás el último susto protagonizado por el pequeño Daniel en la nieve, cuando fue literalmente arrollado por un trineo recibiendo un fuerte golpe en la cabeza. Aquel incidente tuvo varias consecuencias, pero la más importante fue que Asun se dio cuenta que su reacción de marcharse tan enfadada y disgustada con Daniel a casa había sido completamente desmesurada y fuera de lugar. Con ello lo único que había conseguido era asustar a María, quien no dejaba de repetir que a lo mejor llegaba un día en que su madre se marchaba al igual que hizo Teresa en su momento. Posteriormente las aguas volvieron a su cauce y tanto Asun como Héctor hablaron con María, dejándole bien claro que Asun nunca jamás abandonaría a su familia, por muchas cosas que pudieran ocurrir, eran una familia unida y feliz y eso era lo más importante sin duda).

(Asun cada vez tenía más claro lo mucho que amaba a su marido, para ella era su vida y todo lo que había logrado en ella lo había conseguido gracias a él y a su apoyo incondicional. Jamás la había fallado y sabía que podía confiar en él ciegamente, por eso quería dejar plasmado en sus diarios la relación que mantenía con él en su día a día)

“Para mí es la mejor persona que he conocido nunca... desde la primera vez que le ví, supe que era un gran hombre, fuerte y constante, trabajador como el que más, luchador... un hombre que había sufrido mucho en su vida también. Un hombre al que merecía la pena conocer a fondo y darle una oportunidad... y debo decir que jamás me ha decepcionado... jamás me he sentido traicionada por él... Héctor es lo mejor que me ha pasado en la vida, me ha regalado dos hijos maravillosos y junto a él he formado la familia que siempre soñé tener...”.

“Si algo tengo que destacar en nuestra historia de amor, es su paciencia y su entrega incondicional... reconozco que a veces se lo he puesto muy difícil... mi cabezonería, mi inseguridad, mis miedos, han estado a punto de pasarme factura... pero él siempre ha estado a mi lado, jamás ha dudado de mi capacidad y en todo momento ha estado ahí para mí, me ha demostrado que confía en mí ciegamente y yo he tratado de devolverle siempre esa fe que deposita en mí...”

“No quiero decepcionarle, me dolería en el alma pensar que no estoy a su altura... recuerdo que al principio me sentía muy insegura cada vez que el nombre de Teresa salía a relucir en el ambiente... pero él me ha demostrado una y otra vez con sus palabras y con sus hechos que Teresa tan sólo forma parte de su pasado... sé que la quiso mucho pero mentiría si dijera que yo no he conseguido hacerle feliz... lo veo en sus ojos, en su forma de mirarme, en ese brillo tan especial... y por ello me siento orgullosa... me ha costado mucho llegar al punto donde estamos ahora, y no quiero perderlo por nada del mundo... le necesito para ser feliz...”

“Cuando estamos juntos, en la intimidad de nuestra alcoba, me siento la mujer más amada del mundo... sus abrazos me protegen y consiguen que todos mis miedos se disipen de golpe, sus caricias son tan deliciosamente tiernas que sólo el roce de sus dedos sobre mi piel produce un efecto calmante y relajante que no puedo ni quiero olvidar... y que puedo decir de sus besos... dulces como la miel, intensos y delicados al mismo tiempo, cada vez que sus labios me rozan siento un tremendo escalofrío que recorre mi cuerpo, como una sacudida intensa de placer que no quiero que acabe nunca... me excito como si fuera una adolescente en celo... me transporta a un paraíso lleno de felicidad y sobre todo lleno de amor, porque eso es lo que siento cuando estoy con él, amor de verdad, amor infinito... y doy las gracias cada día por poder despertarme abrazada junto a él cada mañana, es una sensación de paz y tranquilidad que apenas puedo plasmar en palabras...”

“Le quiero, por muchas razones le quiero y ya no me imagino mi vida sin él, ni siquiera sé que hubiera sido de mí si no hubiera llegado a conocerle, él es el hombre de mi vida y estoy segura que aún me quedan tantas cosas por descubrir junto a él que me muero de ganas de pasar el resto de mi existencia a su lado... pase lo que pase, siempre estaremos juntos y nada podrá separarnos, tengo esa certeza y esa confianza que tienes cuando estás enamorada...”

(Asun cierra el cuaderno al oír como su hija María se acerca por el pasillo dispuesta a entrar en su habitación)

María: ¡Mami... ah, estás aquí...! ¿qué haces...?
Asun: Nada cariño... (guarda el cuaderno en el cajón de la cómoda)
María: ¿Estás escribiendo otro libro...?
Asun: Algo parecido, tesoro...
María: Pero estás llorando... debe ser muy triste lo que escribes...
Asun: (secándose las lágrimas con el dedo) No, que va, es bonito, y emocionante... y cuando algo te llega muy dentro y lo escribes desde el corazón, también te hace llorar...
María: Ah, si claro, lo entiendo, como las películas esas románticas que acabas llorando como una magdalena cuando los protagonistas terminan juntos...
Asun: Exacto, cariño...
María: ¿Y cuando sea mayor me vas a dejar leer alguna de tus novelas...?
Asun: Claro que sí, de hecho lo que estoy escribiendo ahora no es una novela como tal, es más bien un diario, una recopilación de hechos y sentimientos sobre mi vida, como si fueran mis memorias, y es algo que pienso dejaros a ti y a tu hermano como regalo para el futuro, para que cuando yo no esté podáis leerlo y podáis entender mejor mi historia de vida...
María: ¡Pero para eso queda mucho, mami...! y yo no quiero que te pongas triste pensando que te vas a morir...
Asun: Claro que no, cariño, yo no pienso que me voy a morir, ni por lo más remoto... es cierto que no voy a quedarme en este mundo para siempre, pero sí espero durar lo suficiente como para veros crecer, formaros como personas, encontrar un trabajo, formar vuestra propia familia, y todo lo que la vida me deje disfrutar... simplemente aprovecho algunos ratos libres para hacer una recopilación de cómo me siento, de lo que he vivido, quiero dejar constancia por escrito de mis memorias...
María: Creo que lo entiendo... ¿y papá ya lo ha leído...?
Asun: No, cariño, ni quiero que lo haga ahora mismo... algún día se lo enseñaré, te lo prometo... pero necesito tener mi propio espacio para expresarme libremente... prométeme que no le vas a decir nada de esto, ¿de acuerdo...? será nuestro secreto por ahora...
María: (asintiendo con la cabeza) Te lo prometo, mami, me gusta tener este pequeño secreto contigo, me hace sentirme especial... y me gusta que confíes en mí...
Asun: Claro que lo hago, tesoro... anda ven y dame un abrazo gigante...

(Asun y su hija María se funden en un precioso abrazo entre madre e hija, creándose entre ellas un nuevo vínculo de complicidad muy especial)

María: Oye mamá, ahora que papá no está en casa y ya que estamos de confidencias... me gustaría que me contaras cosas si conoces de cuando él era pequeño... te lo digo porque nunca nos ha contado nada de cuando él iba al colegio, o cuando aprendió a montar en bicicleta, o cual es el regalo de Reyes que más ilusión le hizo... nunca ha compartido sus recuerdos de niño con nosotros y tampoco he visto nunca fotos de nuestros abuelos en el álbum... ¿es un poco raro, no...?
Asun: Mira tesoro, si papá no ha querido o no ha podido compartir sus recuerdos de niñez con vosotros es porque su infancia no fue demasiado feliz que digamos...
María: ¿Qué quieres decir, mami...?
Asun: Quiero decir que vuestro padre sufrió mucho cuando era un niño... su padre era demasiado estricto con él, demasiado severo, y no guarda buen recuerdo de él...
María: ¿Quieres decir que el abuelo Justino pegaba mucho a papá...?
Asun: Sí, cariño, así es... tu padre sufrió muchos castigos excesivos e innecesarios a manos de tu abuelo... quizá él no sabía controlar su genio, era un hombre enfermo, bebía mucho, y además su mujer, o sea, tu abuela, se marchó de casa dejándole solo cuando tu padre era pequeño... ella se cansó de aguantar las palizas de un marido borracho, siempre de mal humor y violento... y supongo que tu abuelo nunca superó aquello y se cebaba con tu padre, le culpaba de todo lo malo que le ocurría... y tu padre sólo era un niño... 

(Asun empieza a soltar lágrimas)

María: (empieza también a llorar sintiéndose culpable) ¡Ay Dios mío...! ¡Pobre papá...! yo... lo siento, mamá... yo no sabía nada... de verdad que no...
Asun: (acariciando a su hija) Ya lo sé, tesoro... tú sólo has hecho una pregunta inocente, la pregunta que haría cualquier niño sobre sus padres y abuelos, y quiero que conozcas la verdad, por eso te lo cuento, pero entenderás porque nunca te hemos hablado de tus otros abuelos y porque no has visto nunca fotos de ellos en el álbum...
María: ¿Ellos han muerto ya, verdad...?
Asun: Sí, tesoro, hace bastantes años... yo tampoco les he conocido nunca ni ganas de hacerlo, la verdad... cuando tu padre me contaba los horrores que tuvo que sufrir cuando era solo un niño, se me ponían los pelos de punta... nunca he soportado la violencia y menos en un niño...
María: Y por eso papá nunca nos ha pegado ni a Daniel ni a mí... a veces nos ha gritado o se ha enfadado pero jamás nos ha puesto la mano encima...
Asun: Y nunca lo hará... vuestro padre odia la violencia con todas sus fuerzas, ninguno de los dos creemos que esa sea la forma de educar a un niño...
María: Yo... lo siento mucho, mami... y me gustaría que le dijeras a papa que lamento mucho todo lo que tuvo que pasar de niño... ahora que lo sé no me atrevo a sacar el tema porque sé que se va a poner muy triste...
Asun: Tú no te preocupes, cielo, yo hablaré con él y le diré que hemos estado hablando de todo esto y que lo has sentido mucho... ahora lo más importante es que tu padre sepa que en esta familia lo queremos con locura y que siempre vamos a cuidar de él y que nunca jamás vamos a permitir que nadie vuelva a hacerle daño...
María: Eso seguro... como alguien intente hacerle daño tendrá que vérselas conmigo... mi papá es el mejor del mundo y no se merece sufrir...
Asun: Así se habla tesoro... y quédate tranquila porque ahora papá está muy bien cuidado y es feliz con nosotros, en esta familia pequeñita que hemos formado juntos...
María: Te quiero mucho, mami, y a papi también... ¡cuando venga le voy a dar un abrazo enorme...!
Asun: Me parece muy bien... y ahora vete para la cocina y así me ayudas con la cena, ¿de acuerdo...?
María: De acuerdo...

(Madre e hija se meten en la cocina dispuestas a preparar una riquísima cena para sorprender a Héctor cuando venga con Dani del entrenamiento)

(Ya por la noche, en la cama, el matrimonio Perea se acuesta abrazado el uno al otro como de costumbre mientras reflexionan sobre lo vivido durante la jornada. Asun pasea su mano de forma delicada por el brazo de su marido, cogiendo su muñeca y dándole pequeños besos en la zona de las cicatrices donde aún le quedan unas pequeñas marcas, única huella que permanece ya del recuerdo del horror sufrido durante su infancia)

Héctor: Hace tiempo que dejaron de dolerme... pero me siento mejor cuando posas tus labios sobre ellas... es como si las curaras día tras día...
Asun: Esas marcas nunca deberían haber estado ahí... nunca hiciste daño a nadie y menos cuando eras sólo un niño indefenso... no te mereces que te hayan hecho tanto daño... eres un buen hombre... el mejor que conozco...
Héctor: (acariciando a su mujer) Agradezco tus muestras de cariño y sé que lo dices con el corazón...
Asun: Héctor, eres un marido fabuloso y un padre estupendo, no te quepa la menor duda...
Héctor: Me he dado cuenta de que María estaba hoy especialmente sensible y cariñosa conmigo... supongo que es porque ya sabe lo que me pasó a mí de niño, ¿verdad...?
Asun: Se lo he contado yo... espero que no te moleste y no quiero que te enfades...
Héctor: No, si yo no me enfado, es solo que me sorprende... no había ninguna necesidad, no quiero que me tenga lástima...
Asun: (incorporándose) Shhh... eso no lo digas ni en broma... ni María ni yo ni nadie te tenemos lástima, tú no tuviste la culpa de lo que te pasó... el único culpable y responsable de esas atrocidades era tu padre y nadie más... y si quieres saber como se enteró María ella fue quien me preguntó directamente... me dijo que le extrañaba mucho que nunca les hubieras contado a ella o a su hermano cosas de cuando tú eras pequeño, anécdotas de tu época de colegio, que regalo te hizo especial ilusión...
Héctor: Ya... y supongo que tampoco ayuda el hecho de que nunca les hayamos hablado de sus otros abuelos ni que tampoco haya fotos de ellos en el álbum de familia... por no haber, ni siquiera apenas hay fotos de cuando yo era un niño...
Asun: Y eso le ha chocado, claro que sí... es normal, tenemos una hija muy lista, sólo ha tenido que atar cabos...
Héctor: ¿Y cómo se lo ha tomado...?
Asun: Ha entendido perfectamente que nunca le hayamos hablado de sus abuelos y no quiere saber nada más sobre ellos... al igual que tú y que yo, no soporta la violencia ni el sufrimiento de las personas que quiere, y me dijo que te quería mucho, que estaba orgullosa de ti y de la forma que habías elegido para educarla a ella y a su hermano, y que no iba a preguntarte directamente sobre ese tema porque sabía que era algo muy delicado y que te ibas a poner muy triste al recordarlo y ella no quiere que llores...
Héctor: (emocionado) ¡Ay, mi niña, mi princesita, siempre tan sentida...! yo también estoy muy orgulloso de ella y de todos vosotros, claro... juntos hemos formado la familia unida que siempre quise tener, la que siempre soñé desde que era niño, una familia normal donde brillara el amor y todos fuéramos felices...
Asun: Yo soy feliz... mucho... y contigo a mi lado siempre...
Héctor: Yo también soy feliz, cariño... te quiero...
Asun: Yo también te quiero...

(Asun se recuesta sobre el pecho de su marido, le besa y se acomoda en su postura favorita para quedarse poco a poco dormida con sus suaves caricias)

domingo, 18 de mayo de 2014

Capitulo 89 - María se va haciendo mayor (Marzo de 1970)

(Un par de meses después, Marzo de 1970. Héctor hizo su viaje a Hannover acompañado del fiel Bonilla y ahora que ya lleva 2 meses con su nuevo coche está más que encantado con la compra. Ha ganado con el cambio y este utilitario le permite hacer viajes con la familia de forma más espaciosa y cómoda y sin tener los problemas y quebraderos de cabeza que le daba su anterior coche que se paraba a cada momento en el momento más inesperado)

(Los mellizos de Aurelia y Gustavo ya salieron del hospital tras permanecer en la incubadora unas semanas y los dos se dedican en cuerpo y alma a sacarlos adelante. Finalmente fueron niño y niña y sus padres les dieron los nombres de Marta y Raúl. El padre de Aurelia está muy contento de haber tenido la oportunidad de conocer a sus dos nietos recién llegados al mundo. Su salud ya no es tan buena como solía ser y temía no llegar a tiempo de conocerles pero la vida le ha hecho un último regalo, ahora como él dice, puede marcharse en paz de este mundo sabiendo que su hija ha cumplido sus mayores sueños en la vida)

(Durante su viaje a Hannover, Héctor no dejaba de lamentarse por la discusión que había tenido con su hija María la tarde anterior. Le molestó profundamente que ese chico, Tim, el hermano de Suzanne, se hubiera atrevido a pedirle una cita con su hija para llevarla al cine a solas y no dejaba de repetirle a Bonilla que su hija era demasiado pequeña para empezar a salir con chicos. En el fondo de su corazón, Tim no le caía mal pero consideraba que era enormemente atrevido al pedirle una cita a María con tan corta edad)

Héctor: Puede que esas cosas en América sean muy normales, pero es mi hija y no quiero que le hagan daño...
Bonilla: Te entiendo, Héctor, y yo no sé como hubiera reaccionado de haber tenido una hija, pero creo que debes confiar en ese chico, estoy seguro de que no lo hizo con mala intención y creo que le gusta María de verdad...
Héctor: Puede que tengas razón, pero no termino de acostumbrarme... María siempre será mi princesa y me gustaría que no empezara a fijarse en los chicos tan pronto...
Bonilla: Se hacen mayores, Héctor, y ni tú ni yo podemos evitarlo... lo importante es que les eduquemos para que sepan tomar sus propias decisiones... María es muy madura y sabe muy bien lo que quiere, y estoy seguro que no hará nada de lo que no esté segura, y menos sin consultarlo antes contigo y con Asun...
Héctor: Espero que tengas razón...

(Aquella conversación con Bonilla y la posterior conversación telefónica que mantuvo con su hija donde le pidió perdón por haberse enfadado tanto con ella, calmaron sus nervios. Ahora ve las cosas con otra perspectiva, y aunque sigue sin convencerle demasiado que Tim salga a pasear con María a solas de vez en cuando, también sabe que María no hará nada de lo que pueda arrepentirse después)

(Tras volver de uno de esos paseos con Tim, María vuelve a casa y le cuenta a su padre todos los detalles de sus conversaciones con “ese chico” como le llama Héctor. Padre e hija mantienen una agradable conversación llena de sentimientos y de complicidad)

María: Papi, yo no quiero que tú te enfades porque yo salga a pasear con Tim... ¿ya no estás enfadado conmigo, verdad...?
Héctor: Claro que no, princesa... ese día me pillaste un poco rebotado, lo reconozco, pero fue porque me pilló de sorpresa... sinceramente no me esperaba que ese chico fuera a presentarse en casa pidiéndome salir al cine contigo a solas... tú eres un poco pequeña todavía, aunque vayáis a la sesión tolerada...
María: No hicimos nada malo papi... simplemente fuimos al cine, vimos una película infantil y comimos frutos secos con un refresco, y luego me acompañó a casa... si te sirve de consuelo, yo tampoco me lo esperaba... pero cuando salimos a pasear y hablamos, tenemos bastantes cosas en común... y además no pasamos tanto tiempo juntos como crees... la mayoría de las veces está Suzanne con nosotros y los tres charlamos y jugamos en el parque al salir del colegio...
Héctor: No estoy enfadado, cariño... de verdad, tienes que creerme... solo quiero que no crezcas tan deprisa... me gustaría poder detener el tiempo y que sigas siendo mi princesita...
María: Yo siempre seré tu princesita... ni el chico más guapo de este mundo podrá cambiar eso...
Héctor: Sólo quiero que me contestes a una cosa... ¿a ti de verdad te gusta ese chico, aunque sea un poco...?
María: No lo sé... Tim es muy simpático y me hace reír a veces, pero él y yo solo somos amigos... soy muy pequeña para pensar en otras cosas de mayores... voy a hacer los 12 años en Mayo y no me preocupo por esas cosas aún...
Héctor: ¿Y ese chico también es consciente de eso...? me refiero a que sus intenciones son las mismas que las tuyas, ser amigos y eso...
María: Sí, puedes estar tranquilo, papi... yo no sé si le gusto o no, nunca me lo ha dicho, sólo sé que nos lo pasamos bien jugando juntos y hablando de cosas del colegio, y nada más... te lo prometo...
Héctor: Te creo, cielo... y me gusta que seas tan sincera conmigo... a veces puedo ser un poco estricto con esas cosas, pero me gusta que tú y yo podamos hablar y entendernos...
María: A mí también me gusta hablar contigo, papi... y a Tim le caes muy bien, siempre me dice la suerte que tengo de tener un padre como tú...
Héctor: ¿Es que su padre no habla con él así como tú y yo estamos haciendo ahora...?
María: No siempre... según dice Tim siempre está trabajando, y casi no tiene tiempo de hablar a solas con él, pero si me ha dicho que sus padres piensan que somos una familia muy agradable y simpática, y que han tenido mucha suerte de que nos hayamos hecho amigos...
Héctor: Yo es que no estoy acostumbrado a tratar con gente extranjera... que le vamos a hacer, no soy tan internacional como tu tío Bonilla, pero procuro esforzarme para no parecer un paleto...
María: (sonriendo) Tú no eres ningún paleto, papá... tú solo tienes que ser como eres y que no te importe lo que piensen los demás, allá ellos, y si no les gustamos como somos, pues ellos se lo pierden... pero no quiero que cambies por nada del mundo...
Héctor: Si tú me lo pides, no lo haré... y quiero que me prometas otra cosa...
María: ¿El qué...?
Héctor: Que si alguna vez cuando seas un poco más mayor, te planteas empezar una relación con ese chico o con cualquier otro, me gustaría que confiases en nosotros, en mamá y en mí, y que nos preguntases tus dudas, lo que te preocupa, lo que sientes, y que podamos hablarlo y compartirlo en familia...
María: (mirando fijamente a su padre con sus grandes ojos) Te lo prometo, papi, de verdad... os contaré lo que me pasa, lo que pienso y lo que siento... nadie como vosotros para darme buenos consejos...
Héctor: Esa es mi chica... ven aquí y dame un abrazo...
María: Te quiero mucho, papi... (besa y abraza a su padre)
Héctor: Y yo a ti, princesa, y yo a ti...
María: Me voy a la cama, ¿de acuerdo...?
Héctor: Claro, que descanses, tesoro...
María: Hasta mañana...
Héctor: Hasta mañana...

(Ya más de noche, Héctor y Asun descansan en la cama reposando felices el uno sobre el otro)

Asun: Debo decir que has estado muy bien antes con María...
Héctor: ¿Has estado escuchando lo que decíamos...?
Asun: Un poco... ella ha entendido el mensaje y sabe que nos tiene a su lado para todo lo que necesite...
Héctor: Necesitaba decirle lo arrepentido que estaba por el enfado que me cogí aquel día, y le he prometido que no voy a molestarme porque salga a pasear con ese chico o porque vaya al cine de vez en cuando con él... confío en ella y también en ese chico, que por lo que parece se ha fijado en nuestra hija más de lo que yo quisiera...
Asun: (sonriente, acaricia a su marido) Es inevitable, cariño... son cosas que pasan... María es aún pequeña pero ya empieza dentro de nada a entrar en la edad esa tan horrible de la adolescencia... y es una niña muy buena, muy guapa y no debe extrañarnos que los chicos empiecen a fijarse en ella, es algo que tarde o temprano tenía que pasar...
Héctor: Preferiría que hubiese sido más bien tarde si te digo la verdad... no quiero que estas tonterías le hagan despistarse...
Asun: Puedes estar tranquilo... María es una niña muy lista, y sabe perfectamente que está en la edad de estudiar y de formarse para tener un futuro seguro... ella sabe lo que quiere, es muy madura para la edad que tiene y nosotros hemos sabido educarla para que aprenda a tomar sus propias decisiones...
Héctor: Me ha prometido que siempre acudirá a nosotros si tiene dudas sobre sus relaciones con los chicos... y yo la he prometido que no me enfadaré cuando ese chico quiera acompañarla a casa o salir con ella a jugar al parque los fines de semana...
Asun: Me alegro, estoy orgullosa de ti, Héctor... has sabido rectificar a tiempo y eso te honra... es muy importante que María sepa que puede confiar en nosotros... porque estoy segura que más adelante le vendrán dudas sobre como empezar a relacionarse con los chicos... y me gustaría que compartiera sus sentimientos, sus pensamientos...
Héctor: Nuestra princesa se hace mayor... por desgracia...
Asun: Lo sé... pero piensa que entraremos en otra fase, en la que juntos descubriremos como se siente ella, y en la que podemos ayudarle y serle de utilidad... ella siempre nos ha visto como nos relacionamos nosotros, como confiamos el uno en el otro, como nos entendemos, como nunca nos hemos decepcionado... y el ejemplo que le damos día a día a ella le va a servir, estoy segura...
Héctor: ¿De verdad nunca te has sentido decepcionada por mí...?
Asun: Jamás... siempre has sido un hombre justo y bueno... a veces tienes tu genio, pero eso no quita lo más importante... yo lo que veo cada día es que eres un hombre con un corazón de oro, un padre ejemplar, que se esfuerza cada día por dar lo mejor de sí mismo, entregado a su familia...
Héctor: (robándole un beso a su esposa) Te quiero mucho...
Asun: Yo también, cariño, yo también... y tienes que sentirte muy orgulloso de lo que hemos creado entre los dos, y de haber sabido llevar a esta familia a la más absoluta felicidad, porque eso es lo que siento estando contigo, felicidad...

(Los dos se abrazan calurosamente)

Asun: Y para que veas lo mucho que te quiero y lo a gusto que me siento ahora mismo voy a darte un masaje de esos que tanto te gustan... ¿te apetece...?
Héctor: Sabes que lo estoy deseando...

(Asun se dispone a premiar a su marido con un estupendo masaje, prolegómeno de todo lo que vendría después, una nueva demostración del amor y pasión que despliega la pareja, que sigue tan enamorada o más como el primer día que se conocieron)