(Unos meses
después, Junio de 1971. A pesar de los meses transcurridos después de la
terrible experiencia a la que tuvo que enfrentarse Asun con ese maleante que
trató de robar en las oficinas de la redacción de A media voz y que viendo que
había una mujer sola en aquel oscuro despacho quiso aprovecharse de ella y
trató de cometer graves abusos deshonestos contra ella, Asun pensó que se
repondría más fácilmente de aquel desagradable incidente. Asunción solía pensar
que afortunadamente todo había terminado bien ya que su marido había llegado
justo a tiempo de que aquel individuo pudiera cometer cualquier barbaridad, pero
en ocasiones le afloraban los miedos y aún tenía pesadillas algunas noches así
como dificultades para conciliar el sueño y descansar como le gustaría. Sabía
que tenía a Héctor de su lado y esa era la mejor baza y el mejor bálsamo para
calmar sus nervios, pero no podía evitar sentirse indispuesta algunas noches,
por lo que en las últimas semanas y siguiendo las recomendaciones del propio
Héctor, compartidas también por su mejor amiga Aurelia, Asun se había decidido
a visitar a una doctora especialista en enfermedades de los nervios y del alma,
como algunos llamaban a los psiquiatras y psicólogos. Era mejor esa
denominación que la de “loqueros”, término que utilizaban otros de forma
despectiva y que en la mayoría de ocasiones despreciaban su trabajo por puro desconocimiento,
considerando a las personas que hacían uso de sus servicios como locos
desequilibrados que no tenían solución y que habían perdido el norte en este
mundo).
(En este
caso, la psicóloga que estuvo ayudando a Asun a poner las cosas en su sitio de
nuevo, le había sido presentada por Matilde. Al parecer, la buena doctora en
psicología tenía afamada reputación por su profesionalidad y buen hacer en el
círculo de amistades en el que la mujer de Bonilla se movía habitualmente. Y
eso fue suficiente para que Asun se animara a probar la experiencia de
conocerla e intentar abrirse con ella, intentar contarle sus preocupaciones,
sus miedos y desvelos para poder superarlos. Asun consideraba que el hecho de
que la psicóloga no pudiera recetarle medicamentos era mejor porque le aterraba
la idea de que un médico la atufara a pastillas para dormir en vez de hablar
con ella de sus problemas y tratar de llegar al origen de sus miedos para poder
enfrentarse a ellos y superarlos)
(Y parece que
la cosa iba funcionando porque el estado de ánimo de nuestra protagonista
mejoró notablemente. Fue recuperando el apetito que había disminuido en los
últimos meses y también mejoró su sueño. Ya no le costaba tanto conciliarlo y
apenas tenía pesadillas nocturnas. Héctor también empezó a notar el cambio para
bien que su querida esposa experimentó y se alegró mucho por ella, compartiendo
a su lado las experiencias que ella le contaba, ya que en ningún momento quería
dejar de lado a la persona que más amaba y a la que más necesitaba para
sentirse feliz)
(Una noche,
el matrimonio estaba preparándose para acostarse cada uno en su lado de la
cama. Asun estaba terminando de echarse sus cremas y ya enfundada en su corto
camisón de seda, se disponía a apagar la luz de su lamparita de la mesilla de
noche, pero llevaba días rondando por su cabeza una conversación que quería
mantener con Héctor desde hacía tiempo y consideró que aquella noche era el
momento perfecto para hacerlo. Se sentía preparada para sincerarse con su
marido y no quería dejar pasar más tiempo sin hacerle saber que le echaba de
menos en ciertos aspectos y que deseaba recuperar cuanto antes algunas cosas
que la llenaban especialmente)
Asun:
Héctor... (cogiéndole la mano con delicadeza) me gustaría que habláramos...
Héctor:
(pestañeando y mirándola con dulzura) Claro... dime... aquí estoy para
escucharte todo lo que me quieras decir, ya lo sabes...
Asun: Es
que... a ver como te lo pregunto... ¿tú me sigues queriendo igual que antes,
verdad...?
Héctor:
(pensativo, finalmente mueve la cabeza negativamente) No... (viendo el gesto
serio en el semblante de su mujer) te quiero incluso más que antes... cada día
que estoy a tu lado siento que mi amor por ti crece sin parar... y estoy muy
orgulloso de ti y de tus avances con esa doctora de la que tan bien hablas...
Asun: La
verdad es que estoy haciendo muchos progresos y debí hacerte caso antes cuando
me dijiste que quizá necesitara ayuda profesional... gracias a ella me
encuentro mucho mejor, he aprendido a controlar mis miedos y a ser más
consciente de mis emociones de nuevo, también a ser de nuevo dueña de mí misma
y de lo que realmente siento y necesito... y creo que ha llegado el momento de
compartirlo también contigo... tú eres la pieza clave en el rompecabezas de mi
vida y echo de menos algunas cosas... cosas que nos ayudaban a comunicarnos y
que nos hacían sentir bien como pareja...
Héctor:
(sonriendo con emoción) ¿Te refieres a que hace mucho que no compartimos un
momento íntimo, verdad...?
Asun:
(asintiendo, aprieta la mano de Héctor un poco nerviosa) Exacto... y antes eran sagrados para nosotros... eran una forma
preciosa de llegar el uno al otro, de entendernos, de compartir, de gozar y de
disfrutar de ciertos placeres que ahora echo de menos... tanto que a veces me
pregunto si tú me sigues deseando...
Héctor:
(apoyando la palma de su mano dulcemente sobre el rostro de su mujer) Todos los
días... siempre... hace semanas que no pienso en otra cosa...
Asun:
(besando la mano de su marido emocionada) Es que no quiero que creas que te
rehuyo o que te rechazo, porque no es así... me gustaría poder demostrarte lo
mucho que te quiero y lo mucho que te echo de menos, pero la verdad es que en
estos últimos meses yo no he sido la misma de siempre...
Héctor: Ya lo
sé, cariño... y me hago cargo... la experiencia tan terrible que sufriste fue
muy dolorosa y aunque al final pudimos solventarla antes de que fuera demasiado
tarde, es normal que te sientas impotente, que sientas rabia, dolor,
frustración, miedo... ese día muchas cosas cambiaron para ti y también para mí,
pero la vida me ha enseñado que hay que enfrentarse a los miedos para poder
superarlos y aprender de ellos también...
Asun: Y te
aseguro que en ello estoy... cada vez me siento más preparada... es cierto que
he tenido pesadillas terribles con el hombre del pasamontañas y que cada vez
que me acuerdo como la punta de su cuchillo se me clavaba en la espalda y luego
cuando me metió el cuchillo entre las piernas mientras trataba de arrancarme la
blusa, me entran escalofríos de pánico por lo que hubiera podido pasar de no
haber llegado tú a tiempo... pero afortunadamente mis ataques de pánico están
controlados y lo único que quiero es pasar página y recuperar nuestra vida
matrimonial como solía ser... eso me haría inmensamente feliz, Héctor...
Héctor: Yo
también voy a ser muy sincero contigo mi amor... y si no te he insinuado antes
ninguna intención de intimar juntos no es porque no te desee... muy al
contrario, estás cada día más preciosa si cabe y me muero de ganas por tocarte,
abrazarte y besarte como antes, pero también soy consciente de todo por lo que
estás pasando y ante todo quiero respetar tu espacio... entiendo perfectamente
que necesites distancia y tiempo para reflexionar... y no te agobies con eso,
por favor... tenemos toda la vida por delante para disfrutar juntos y gozar de
nuestro amor... tenemos muchas cosas que nos unen para toda la vida y eso es lo
más importante...
Asun: Me
gustaría recuperar el tiempo perdido, Héctor... (empieza a deshacer la lazada
de su camisón, dejando entrever por el escote el encaje de su sostén) y creo
que este es un buen momento para hacerlo... ¿tú qué opinas...?
Héctor:
Pues... (luciendo una preciosa sonrisa de complicidad) opino que cualquier
momento puede ser perfecto para eso, pero éste es absolutamente maravilloso...
porque te quiero tanto... te deseo tanto...
Asun:
(sonriendo) Y yo a ti, cariño mío... (desliza sus manos desabrochando uno a uno de forma
lenta y delicada los botones del pijama de Héctor)
(La pareja va
haciéndose caricias lentas y deliciosas, probándose el uno al otro, tímidamente
al principio como si fueran primerizos, y avanzando con decisión a medida que
ambos se van encontrando cómodos el uno con el otro. Sus abrazos y besos crecen
en intensidad y en fuerza hasta perderse completamente el uno en el cuerpo del
otro. Su compenetración es absoluta y sus cuerpos y sus almas están
completamente fusionadas como si fueran una sola cosa, la cosa más bella que
haya existido jamás)
(Tanto ha
disfrutado la pareja de este nuevo encuentro amoroso que juntos se han
redescubierto a sí mismos. Habían pasado varios meses desde la última vez que
habían intimado, pero lograron recuperar con creces aquella magia que creían
haber perdido por el paso del tiempo. La delicadeza y la dulzura con la que
Héctor manejó la situación lograron devolver a Asun una sensación de paz y de
tranquilidad que hacía tiempo que no tenía y la hacían sentir de nuevo ese
cosquilleo que tanto le hacía disfrutar y que tanto placer le provocaba.
Olvidándose de sus miedos, Asun se entregó a la misma pasión que su marido y se
esforzó por hacerle sentir que él era para ella el hombre más maravilloso del
mundo y que a su lado se sentía poderosa y con ganas de amarle durante el resto
de su vida).
Héctor:
(acariciando el hombro de su mujer y llenándolo de amorosos besos) Te quiero
mucho, mi amor... mucho, mucho...
Asun: (con
lágrimas en sus ojos) Yo también, cariño... yo también...
Héctor: (un
poco preocupado al darse cuenta de que su amada mujer está llorando) Cariño...
¡Asun, amor...! estás llorando... ¿por qué, ha pasado algo...? ¿he hecho algo
que no te ha gustado...? yo... lo siento... yo pensaba que todo iba bien... a
lo mejor me he dejado llevar por el momento y he sido un poco brusco... si te
he hecho daño, te pido que me perdones, no era mi intención, de verdad...
Asun: (se
vuelve a contemplar a su marido con lágrimas que le resbalan por las mejillas,
acariciándole con dulzura) Shhh... tú jamás podrías hacerme daño... serías incapaz de eso... es solo que todo ha ido
muy bien... de verdad... ha sido maravilloso... tan cálido, tan sincero, tan
tierno y tan cariñoso que casi se me había olvidado lo perfecta que es esta
sensación... y si estoy llorando ahora mismo es por la alegría que siento de
poder compartir contigo mis emociones, mis sensaciones, he sentido como mis
miedos se han borrado de un plumazo cuando has empezado a tocarme, a
acariciarme y a besarme de esa manera tan preciosa... cuando estamos así de
unidos, me siento mucho más fuerte y siento que puedo con todo lo que se me
ponga por delante... (entrelaza su mano con la de Héctor) me conoces tan bien y
sabes exactamente lo que necesito en cada momento... y eso es perfecto,
magnífico... y por eso te amo, Héctor... por eso y por muchas más cosas... (le
besa amorosa)
Héctor:
(secando sus lágrimas con una caricia) Ay, mi Asun, mi ángel maravilloso...
delicada y dulce, pero también impetuosa y sincera... hay tantas cosas que me
gustan de ti, te admiro tanto y tengo tantas cosas que aprender de ti
todavía... nunca dejas de sorprenderme y eso me apasiona... (la besa en los
labios)
Asun: Los dos
aprendemos cada día cosas el uno del otro y eso es lo que fortalece nuestra
relación... me encanta... (acaricia su nariz y le devuelve el beso)
Héctor: A mí
también... te quiero...
Asun: Y yo
más...
(Asun se
recuesta feliz sobre el pecho de su marido mientras éste más relajado que de
costumbre, juega con sus manos enredadas en el pelo de su querida niña hasta
poco a poco quedarse profundamente dormidos hasta bien entrada la luz del alba)
En lo bueno y en lo malo siempre juntos, se comprenden y aprenden asi nos lo imaginamos y no vamos a cambiar de idea. Gracias por seguir estando inspirada.
ResponderEliminarHe quedado en una nube, me ha encantado tu relato, he visto que después de la tempestad, siempre viene la calma y es lo bonito de esta pareja que se quieren y se comprenden.....Eres una gran escritora
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