(Unos cuantos
días después de esta maravillosa experiencia compartida junto a su adorado
marido, Asun se sentía pletórica, estaba muy feliz porque desde hacía algunas
semanas le atormentaba la idea de no saber si estaba preparada para poder
compartir con Héctor ciertas experiencias íntimas que los dos necesitaban y con
las que ambos disfrutaban mucho. Aunque Asun sabía que su marido la apoyaba
absolutamente en todo y también sabía que la esperaría todo lo que fuera
necesario hasta que ella estuviera preparada, en algunas ocasiones le rondaba
por la cabeza las palabras de su madre, quien le había transmitido sus
inquietudes e incertidumbre acerca de ciertas cuestiones maritales. En el fondo
Asun no quería creer que lo que su madre le insinuaba, pudiera llegar a
producirse. Ella conocía muy bien a Héctor y sabía que su marido le era
absolutamente fiel, pero a veces la cabecita de Asun pensaba demasiado y le
daba demasiadas vueltas a las cosas. Eso era un defecto que ella reconocía que
tenía y que Héctor a veces también le hacía notar y era el principal motivo de
las escasas discusiones que solía tener la pareja)
(Cuando por
fin se atrevió a dar el paso y consiguió entregarse a su marido y superar sus
reticencias y sus miedos, se sintió aliviada y comprobó una vez más que su
marido como siempre, la quería con locura y que solo tenía ojos para ella.
Sumida en esos felices pensamientos, recordaba ahora sí esa conversación
mantenida con su madre un par de semanas antes)
(Felisa salió
al descansillo de la portería justo cuando Asun venía de la calle para coger el
ascensor y subir a casa)
Felisa:
¡Asun, hija...! ¿adónde vas con tanta prisa...?
Asun: ¡Ay,
hola madre, no la había visto...!
Felisa:
Normal... siempre vas tan volada a todas partes que ya ni siquiera te veo el
pelo... ¿tienes tiempo de entrar un rato y tomarte un café conmigo y charlamos
las dos...? hace tiempo que no lo hacemos...
Asun:
(mirando su reloj) Sí... supongo que sí... Héctor está arriba con los niños,
que me imagino estarán estudiando, ya que tienen los exámenes finales a la
vuelta de la esquina...
Felisa: Pues
pasa, anda, y hazme compañía... es que tu padre tampoco para en casa, hija, y
me apetece disfrutar de tu compañía aunque sea un rato...
Asun: Está
bien, madre... déjeme un momento que le de un toque a Héctor para decirle que
estoy aquí abajo con usted, no vaya a ser que se preocupe, ¿de acuerdo...?
Felisa: Sí,
claro, ve... voy haciendo los cafés...
(A los pocos
minutos, Asun se sienta en el sofá de la casa de sus padres junto a la mesita
para degustar un café recién hecho y charlar un rato con su madre)
Felisa:
¿Sabes, hija...? echaba de menos tener un momento contigo... prácticamente no
coincidimos...
Asun: Sí, es
verdad, madre... pero ya sabe que mis horarios son complicados y quiero pasar
tiempo con los niños y con Héctor, claro...
Felisa: ¿Vendréis
este verano al pueblo aunque solo sea unos días...?
Asun:
(cogiéndola de la mano) Por supuesto, madre... haremos un hueco... aún no
tenemos del todo planeadas las vacaciones, depende un poco de las notas que
saquen los niños al final del curso... este año ha sido muy agitado... Dani con
la operación perdió algunas clases y aunque ha recuperado el tiempo perdido
pero no me gustaría que aflojara justo ahora al final... desde que ha empezado
el Bachillerato tiene mucho más que estudiar, y María ya tiene 13 años, y los
exámenes finales de cuarto y encima con la Reválida... está la pobre muy
nerviosa... su padre la está ayudando mucho a concentrarse para ese examen...
así que no sé adonde iremos este verano, si le digo la verdad, pero
indudablemente pasaremos por la playa unos días, seguramente iremos con la
familia Bonilla y desde luego recalaremos en el pueblo, aunque no le puedo
decir todavía cuando exactamente...
Felisa: De
acuerdo, hija, pues ya me dirás, me gusta veros a todos reunidos a la mesa,
prepararos comidas ricas, ejercer de abuela con los muchachos, porque ya no son
niños, hija, el tiempo pasa y cada vez están más grandes...
Asun:
(tomando el café) Sí, es cierto, madre... el tiempo pasa deprisa para todos...
a veces más de lo que me gustaría...
Felisa: A mí
me lo vas a decir, hija... que cada año me siento más vieja...
Asun: No diga
eso, madre... usted está en plena forma y aún le quedan muchos años de tener
que aguantarnos y echarme una mano de vez en cuando que ando a mil por hora...
Felisa: Eso
te iba a decir, hija, ¿de dónde venías ahora...? porque del trabajo no creo...
Asun: Pues
no, madre, venía de la consulta de la psicóloga... la verdad es que me está
viniendo muy bien madre, y me está ayudando mucho a centrarme, a controlar mis
pensamientos y a reconducir mi vida...
Felisa: Yo no
sé como tienes más confianza para contarle a una extraña cosas tan tuyas, tan
íntimas, en vez de hacerlo con tu familia, y sobre todo con tu marido, que al
fin y al cabo es la persona con la que compartes tu vida...
Asun: Y lo
hago, madre... a Héctor también le cuento mis cosas... de hecho fue él quien me
convenció para que visitara a una especialista que me ayudara a superar mis
miedos, mis inquietudes y desde luego me está viniendo muy bien... ahora cada
vez me siento más segura de mí misma y de lo que quiero y lo que necesito...
Felisa: ¿Y
Héctor que opina de esto...?
Asun: Él me
apoya siempre, me pregunta cómo voy con las sesiones, y también él está notando
como voy mejorando... dentro de poco estaré preparada para dar el siguiente
paso...
Felisa: ¿A
qué te refieres, hija...?
Asun: ¿Pues a
qué va a ser, madre...? (bajando un poco la mirada) a intimar con Héctor...
llevamos muchos meses sin hacerlo... bueno, desde que me pasó, ya sabe... y él
ha sido muy paciente conmigo, pero creo que ya va siendo hora de que retomemos
ciertas cosas especiales...
Felisa: Pues
conociéndole, imagino que tiene que estar como una fiera enjaulada...
Asun: No sé
por que dice eso, madre...
Felisa: Pues
porque los hombres tienen necesidades, Asunción... y si la mujer que tienen en
casa no les alivia de vez en cuando, es muy posible que vayan a buscarlo en
otra parte...
Asun:
(negando con la cabeza) No, madre... usted sabe perfectamente que Héctor no es de esa clase de hombres, parece mentira
que no le conozca después de tantos años...
Felisa: Puede
que no lo conozca tanto como tú, por supuesto, pero lo que sí sé es que Héctor
ha corrido mucho a lo largo de su vida, y tú no has sido ni de lejos la única
mujer con la que ha estado...
Asun:
(poniéndose seria) Lo sé perfectamente, madre... no hace falta que me lo
recuerde... sé muy bien que Héctor estuvo con otras mujeres antes de casarse
con Teresa, y también cuando ella le dejó y se quedó solo, pero desde que
estamos juntos, jamás me ha sido infiel, jamás ha estado con ninguna otra mujer
y jamás me ha dado motivos para pensar cosas raras, eso que quede muy claro...
Felisa: Vamos
a ver, Asunción... a lo mejor no me he expresado con claridad o tú no me has
entendido, yo no pretendo ofender a tu marido, válgame Dios, y tampoco pretendo
sembrar las dudas en tu matrimonio... lo único que digo es que tengas
cuidado... los hombres no son de piedra... y es muy fácil caer en la
tentación... la paciencia tiene un límite y si tú no se lo pones fácil, es
bastante probable y también comprensible que quiera ir a desfogarse a otro
lado... y si eso ocurriera tampoco debes tenérselo en cuenta ni echárselo en
cara...
Asun:
(levantándose enfadada) Me parece que ya he oído suficiente por hoy... y desde
luego parece mentira, madre... pero si no quería ofender, desde luego lo ha
conseguido, no solo a Héctor, sino a mí también... Héctor me adora y jamás me
haría algo así... y me voy a marchar porque no pienso seguir discutiendo tonterías
y cosas absurdas...
Felisa:
(saliendo detrás de Asun) ¡Asunción, hija...! ¡espera... no te enfades...! yo
sólo te estaba advirtiendo, no quiero que tengas problemas con Héctor por mi
culpa... sé que es un buen hombre y que te quiere mucho, es solo que no quiero
que sufras...
Asun: Yo no
sufro madre... y no voy a permitir que nadie me haga dudar sobre mis
sentimientos hacia mi marido... yo le quiero, le amo con todas mis fuerzas y él
también a mí y me lo ha demostrado sobradamente todos estos años, así que no sé
a que viene ahora esto... mejor me voy porque al final me voy a terminar
enfadando con usted y no quiero... yo la respeto como madre pero preferiría que
no opinara sobre mi matrimonio porque no tiene ni idea...
Felisa: Está
bien, Asunción, seguramente tienes razón y no tengo ni idea, soy vieja e
ignorante en lo que a estas cuestiones se refiere, yo sólo trataba de
advertirte, lo he hecho con la mejor intención, pero está claro que no ha sido
una buena idea...
Asun: (muy enojada) No,
desde luego que no ha sido una buena idea, y le agradecería que en esas cuestiones
se mantuviera al margen a partir de ahora... ¿está claro...?
Felisa:
Clarísimo, hija, cristalino... yo no volveré a opinar de temas tan personales
que pertenecen a tu vida íntima a no ser que tú me lo pidas... y por favor, no
me lo tengas en cuenta... perdóname, hija, si te he ofendido a ti o a tu
marido... no era mi intención...
Asun: Está
bien, acepto sus disculpas, pero prométame que no lo volverá a hacer...
Felisa:
(besándose las yemas de los dedos) Te lo prometo... palabrita del niño Jesús...
Asun: Bien...
y ahora me subo para casa para estar con mi familia... ya nos veremos...
Felisa: Sí,
muy bien, adiós, hija...
(A pesar de
que Asun no quería dejarse influir por esa conversación “envenenada” que había
mantenido con su madre, su cabecita pensante no podía dejar de dar vueltas, y
de hecho Héctor le había notado algo más seria que de costumbre y le había
visto más cabizbaja de lo normal después de aquello, aunque tampoco quiso darle
mucha importancia. Suponía que Asun y Felisa habrían tenido alguna pequeña
discusión o diferencia de opiniones, él sabía que las dos tenían mucho carácter
y tampoco quiso meter el dedo en la llaga más de lo necesario porque sabía que
siempre lo terminaban arreglando).
(Cuando
semanas después, Asun se entregó a su marido con la misma pasión de siempre y
liberó sus miedos y sus dudas, su mente se vió absolutamente aliviada. No
solamente había vuelto a demostrar su teoría de la completa fidelidad de su
marido hacia ella y del amor incondicional que ambos se tenían, sino que además
su autoestima se vió reforzada tras comprobar que era capaz de seducir a su
marido con la misma fuerza de siempre, que su marido seguía deseándola hasta
las últimas consecuencias y que era capaz de despertar en él la felicidad más
absoluta, y eso la hacía sentirse bien)
(Por esa
razón, no dudó en charlar de nuevo con su madre para arreglar el desencuentro
que habían mantenido la vez anterior y aclarar los malentendidos surgidos)
Asun: Madre,
¿podemos hablar...? me gustaría comentarle algo importante...
Felisa:
Claro, hija, pasa si quieres...
Asun: Quería
hablarle de algo... relacionado con la discusión que mantuvimos el otro día,
respecto a Héctor y a mí...
Felisa: Asun,
hija, no hace falta que me cuentes nada... tú tenías razón y yo estaba
completamente equivocada de medio a medio, y lo siento mucho... te pido
disculpas de nuevo...
Asun: ¿Y cómo
sabe lo que voy a decirle...?
Felisa:
Porque llevas la palabra felicidad escrita en la cara... se nota que entre
Héctor y tú ha habido más que palabras la otra noche, ¿me equivoco...?
Asun:
(moviendo la cabeza) No, esta vez no se equivoca, madre... anoche Héctor y yo
tuvimos algo muy especial, y también muy bonito... recuperamos algo que yo
creía un poco perdido, y me he dado cuenta de lo mucho que le echaba de menos
en ciertos aspectos...
Felisa: Pues
me alegro mucho, hija... últimamente me tenías preocupada y yo reconozco que no
estuve nada acertada con mis insinuaciones... solo me gustaría que no me lo
tuvieras en cuenta... si yo en el fondo sé que tienes un marido que te adora y
que se esfuerza por hacerte feliz... el marido que te mereces, hija, porque has
luchado mucho para llegar adonde estáis, te lo digo de verdad...
Asun: Héctor
es la mejor persona que conozco... el mejor hombre del mundo... y sí, me hace
realmente feliz, me llena por completo, y estoy muy orgullosa de él, de haberle
conocido, de lo que he vivido con él todos estos años... y lo único que sé es
que quiero seguir a su lado el resto de mi vida, aprendiendo cada día junto a
él, porque cada día que pasa estoy más y más enamorada de él como él lo está de
mí... anoche los dos nos sentimos tan unidos como hacía tiempo que no
estábamos... fue como le digo algo especial y maravilloso...
Felisa: Pues
disfrútalo mucho, hija... y quiero que sepas que yo también estoy muy orgullosa
de ti... y te prometo que a partir de ahora no volveré a dudar de vuestro
amor... nunca más... os apoyaré y os defenderé con uñas y dientes...
Asun: ¿Sabe
una cosa, madre...? en el fondo siempre lo ha hecho... acuérdese de cuando
Héctor y yo no podíamos casarnos y vivíamos “en pecado” y la cantidad de
habladurías que tuvo usted que soportar en el barrio... pero supo callar muchas
bocas, y al final el tiempo le ha dado la razón... yo también estoy muy
orgullosa de usted, y si el otro día me enfadé tanto con usted en el fondo fue porque
yo misma no estaba segura y tenía mis dudas... pero no sobre Héctor desde luego, sino sobre
mí misma... no estaba segura de si iba a saber darle todo lo que se merece,
todo lo que él espera de mí y si iba a ser capaz de entregarme a él por
completo... y la verdad es que sí, después de lo de anoche he vuelto a
recuperar la confianza en mí misma y me siento mucho mejor conmigo misma y con
él por supuesto... y quiero que sepa que ya está todo superado y olvidado... y
que me gusta escuchar sus consejos, madre... aunque estén un poco obsoletos en
algunas cosas... la quiero mucho, madre, y no me gusta que estemos enfadadas...
Felisa: A mí
tampoco, y yo también te quiero muchísimo, hija... y cuenta conmigo para lo que
quieras...
Asun: Lo
haré, madre, se lo prometo...
(Madre e hija
se funden en un profuso abrazo muy sentido, mostrando una vez más sus
sentimientos y la cercanía existente entre ambas).
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