lunes, 18 de mayo de 2015

Capitulo 98 - Reflexiones con Felisa (Junio 1971)


(Unos cuantos días después de esta maravillosa experiencia compartida junto a su adorado marido, Asun se sentía pletórica, estaba muy feliz porque desde hacía algunas semanas le atormentaba la idea de no saber si estaba preparada para poder compartir con Héctor ciertas experiencias íntimas que los dos necesitaban y con las que ambos disfrutaban mucho. Aunque Asun sabía que su marido la apoyaba absolutamente en todo y también sabía que la esperaría todo lo que fuera necesario hasta que ella estuviera preparada, en algunas ocasiones le rondaba por la cabeza las palabras de su madre, quien le había transmitido sus inquietudes e incertidumbre acerca de ciertas cuestiones maritales. En el fondo Asun no quería creer que lo que su madre le insinuaba, pudiera llegar a producirse. Ella conocía muy bien a Héctor y sabía que su marido le era absolutamente fiel, pero a veces la cabecita de Asun pensaba demasiado y le daba demasiadas vueltas a las cosas. Eso era un defecto que ella reconocía que tenía y que Héctor a veces también le hacía notar y era el principal motivo de las escasas discusiones que solía tener la pareja)

(Cuando por fin se atrevió a dar el paso y consiguió entregarse a su marido y superar sus reticencias y sus miedos, se sintió aliviada y comprobó una vez más que su marido como siempre, la quería con locura y que solo tenía ojos para ella. Sumida en esos felices pensamientos, recordaba ahora sí esa conversación mantenida con su madre un par de semanas antes)

(Felisa salió al descansillo de la portería justo cuando Asun venía de la calle para coger el ascensor y subir a casa)

Felisa: ¡Asun, hija...! ¿adónde vas con tanta prisa...?
Asun: ¡Ay, hola madre, no la había visto...!
Felisa: Normal... siempre vas tan volada a todas partes que ya ni siquiera te veo el pelo... ¿tienes tiempo de entrar un rato y tomarte un café conmigo y charlamos las dos...? hace tiempo que no lo hacemos...
Asun: (mirando su reloj) Sí... supongo que sí... Héctor está arriba con los niños, que me imagino estarán estudiando, ya que tienen los exámenes finales a la vuelta de la esquina...
Felisa: Pues pasa, anda, y hazme compañía... es que tu padre tampoco para en casa, hija, y me apetece disfrutar de tu compañía aunque sea un rato...
Asun: Está bien, madre... déjeme un momento que le de un toque a Héctor para decirle que estoy aquí abajo con usted, no vaya a ser que se preocupe, ¿de acuerdo...?
Felisa: Sí, claro, ve... voy haciendo los cafés...

(A los pocos minutos, Asun se sienta en el sofá de la casa de sus padres junto a la mesita para degustar un café recién hecho y charlar un rato con su madre)

Felisa: ¿Sabes, hija...? echaba de menos tener un momento contigo... prácticamente no coincidimos...
Asun: Sí, es verdad, madre... pero ya sabe que mis horarios son complicados y quiero pasar tiempo con los niños y con Héctor, claro...
Felisa: ¿Vendréis este verano al pueblo aunque solo sea unos días...?
Asun: (cogiéndola de la mano) Por supuesto, madre... haremos un hueco... aún no tenemos del todo planeadas las vacaciones, depende un poco de las notas que saquen los niños al final del curso... este año ha sido muy agitado... Dani con la operación perdió algunas clases y aunque ha recuperado el tiempo perdido pero no me gustaría que aflojara justo ahora al final... desde que ha empezado el Bachillerato tiene mucho más que estudiar, y María ya tiene 13 años, y los exámenes finales de cuarto y encima con la Reválida... está la pobre muy nerviosa... su padre la está ayudando mucho a concentrarse para ese examen... así que no sé adonde iremos este verano, si le digo la verdad, pero indudablemente pasaremos por la playa unos días, seguramente iremos con la familia Bonilla y desde luego recalaremos en el pueblo, aunque no le puedo decir todavía cuando exactamente...
Felisa: De acuerdo, hija, pues ya me dirás, me gusta veros a todos reunidos a la mesa, prepararos comidas ricas, ejercer de abuela con los muchachos, porque ya no son niños, hija, el tiempo pasa y cada vez están más grandes...
Asun: (tomando el café) Sí, es cierto, madre... el tiempo pasa deprisa para todos... a veces más de lo que me gustaría...
Felisa: A mí me lo vas a decir, hija... que cada año me siento más vieja...
Asun: No diga eso, madre... usted está en plena forma y aún le quedan muchos años de tener que aguantarnos y echarme una mano de vez en cuando que ando a mil por hora...
Felisa: Eso te iba a decir, hija, ¿de dónde venías ahora...? porque del trabajo no creo...
Asun: Pues no, madre, venía de la consulta de la psicóloga... la verdad es que me está viniendo muy bien madre, y me está ayudando mucho a centrarme, a controlar mis pensamientos y a reconducir mi vida...
Felisa: Yo no sé como tienes más confianza para contarle a una extraña cosas tan tuyas, tan íntimas, en vez de hacerlo con tu familia, y sobre todo con tu marido, que al fin y al cabo es la persona con la que compartes tu vida...
Asun: Y lo hago, madre... a Héctor también le cuento mis cosas... de hecho fue él quien me convenció para que visitara a una especialista que me ayudara a superar mis miedos, mis inquietudes y desde luego me está viniendo muy bien... ahora cada vez me siento más segura de mí misma y de lo que quiero y lo que necesito...
Felisa: ¿Y Héctor que opina de esto...?
Asun: Él me apoya siempre, me pregunta cómo voy con las sesiones, y también él está notando como voy mejorando... dentro de poco estaré preparada para dar el siguiente paso...
Felisa: ¿A qué te refieres, hija...?
Asun: ¿Pues a qué va a ser, madre...? (bajando un poco la mirada) a intimar con Héctor... llevamos muchos meses sin hacerlo... bueno, desde que me pasó, ya sabe... y él ha sido muy paciente conmigo, pero creo que ya va siendo hora de que retomemos ciertas cosas especiales...
Felisa: Pues conociéndole, imagino que tiene que estar como una fiera enjaulada...
Asun: No sé por que dice eso, madre...
Felisa: Pues porque los hombres tienen necesidades, Asunción... y si la mujer que tienen en casa no les alivia de vez en cuando, es muy posible que vayan a buscarlo en otra parte...
Asun: (negando con la cabeza) No, madre... usted sabe perfectamente que Héctor no es de esa clase de hombres, parece mentira que no le conozca después de tantos años...
Felisa: Puede que no lo conozca tanto como tú, por supuesto, pero lo que sí sé es que Héctor ha corrido mucho a lo largo de su vida, y tú no has sido ni de lejos la única mujer con la que ha estado...
Asun: (poniéndose seria) Lo sé perfectamente, madre... no hace falta que me lo recuerde... sé muy bien que Héctor estuvo con otras mujeres antes de casarse con Teresa, y también cuando ella le dejó y se quedó solo, pero desde que estamos juntos, jamás me ha sido infiel, jamás ha estado con ninguna otra mujer y jamás me ha dado motivos para pensar cosas raras, eso que quede muy claro...
Felisa: Vamos a ver, Asunción... a lo mejor no me he expresado con claridad o tú no me has entendido, yo no pretendo ofender a tu marido, válgame Dios, y tampoco pretendo sembrar las dudas en tu matrimonio... lo único que digo es que tengas cuidado... los hombres no son de piedra... y es muy fácil caer en la tentación... la paciencia tiene un límite y si tú no se lo pones fácil, es bastante probable y también comprensible que quiera ir a desfogarse a otro lado... y si eso ocurriera tampoco debes tenérselo en cuenta ni echárselo en cara...
Asun: (levantándose enfadada) Me parece que ya he oído suficiente por hoy... y desde luego parece mentira, madre... pero si no quería ofender, desde luego lo ha conseguido, no solo a Héctor, sino a mí también... Héctor me adora y jamás me haría algo así... y me voy a marchar porque no pienso seguir discutiendo tonterías y cosas absurdas...
Felisa: (saliendo detrás de Asun) ¡Asunción, hija...! ¡espera... no te enfades...! yo sólo te estaba advirtiendo, no quiero que tengas problemas con Héctor por mi culpa... sé que es un buen hombre y que te quiere mucho, es solo que no quiero que sufras...
Asun: Yo no sufro madre... y no voy a permitir que nadie me haga dudar sobre mis sentimientos hacia mi marido... yo le quiero, le amo con todas mis fuerzas y él también a mí y me lo ha demostrado sobradamente todos estos años, así que no sé a que viene ahora esto... mejor me voy porque al final me voy a terminar enfadando con usted y no quiero... yo la respeto como madre pero preferiría que no opinara sobre mi matrimonio porque no tiene ni idea...
Felisa: Está bien, Asunción, seguramente tienes razón y no tengo ni idea, soy vieja e ignorante en lo que a estas cuestiones se refiere, yo sólo trataba de advertirte, lo he hecho con la mejor intención, pero está claro que no ha sido una buena idea...
Asun: (muy enojada) No, desde luego que no ha sido una buena idea, y le agradecería que en esas cuestiones se mantuviera al margen a partir de ahora... ¿está claro...?
Felisa: Clarísimo, hija, cristalino... yo no volveré a opinar de temas tan personales que pertenecen a tu vida íntima a no ser que tú me lo pidas... y por favor, no me lo tengas en cuenta... perdóname, hija, si te he ofendido a ti o a tu marido... no era mi intención...
Asun: Está bien, acepto sus disculpas, pero prométame que no lo volverá a hacer...
Felisa: (besándose las yemas de los dedos) Te lo prometo... palabrita del niño Jesús...
Asun: Bien... y ahora me subo para casa para estar con mi familia... ya nos veremos...
Felisa: Sí, muy bien, adiós, hija...

(A pesar de que Asun no quería dejarse influir por esa conversación “envenenada” que había mantenido con su madre, su cabecita pensante no podía dejar de dar vueltas, y de hecho Héctor le había notado algo más seria que de costumbre y le había visto más cabizbaja de lo normal después de aquello, aunque tampoco quiso darle mucha importancia. Suponía que Asun y Felisa habrían tenido alguna pequeña discusión o diferencia de opiniones, él sabía que las dos tenían mucho carácter y tampoco quiso meter el dedo en la llaga más de lo necesario porque sabía que siempre lo terminaban arreglando).

(Cuando semanas después, Asun se entregó a su marido con la misma pasión de siempre y liberó sus miedos y sus dudas, su mente se vió absolutamente aliviada. No solamente había vuelto a demostrar su teoría de la completa fidelidad de su marido hacia ella y del amor incondicional que ambos se tenían, sino que además su autoestima se vió reforzada tras comprobar que era capaz de seducir a su marido con la misma fuerza de siempre, que su marido seguía deseándola hasta las últimas consecuencias y que era capaz de despertar en él la felicidad más absoluta, y eso la hacía sentirse bien)

(Por esa razón, no dudó en charlar de nuevo con su madre para arreglar el desencuentro que habían mantenido la vez anterior y aclarar los malentendidos surgidos)

Asun: Madre, ¿podemos hablar...? me gustaría comentarle algo importante...
Felisa: Claro, hija, pasa si quieres...
Asun: Quería hablarle de algo... relacionado con la discusión que mantuvimos el otro día, respecto a Héctor y a mí...
Felisa: Asun, hija, no hace falta que me cuentes nada... tú tenías razón y yo estaba completamente equivocada de medio a medio, y lo siento mucho... te pido disculpas de nuevo...
Asun: ¿Y cómo sabe lo que voy a decirle...?
Felisa: Porque llevas la palabra felicidad escrita en la cara... se nota que entre Héctor y tú ha habido más que palabras la otra noche, ¿me equivoco...?
Asun: (moviendo la cabeza) No, esta vez no se equivoca, madre... anoche Héctor y yo tuvimos algo muy especial, y también muy bonito... recuperamos algo que yo creía un poco perdido, y me he dado cuenta de lo mucho que le echaba de menos en ciertos aspectos...
Felisa: Pues me alegro mucho, hija... últimamente me tenías preocupada y yo reconozco que no estuve nada acertada con mis insinuaciones... solo me gustaría que no me lo tuvieras en cuenta... si yo en el fondo sé que tienes un marido que te adora y que se esfuerza por hacerte feliz... el marido que te mereces, hija, porque has luchado mucho para llegar adonde estáis, te lo digo de verdad...
Asun: Héctor es la mejor persona que conozco... el mejor hombre del mundo... y sí, me hace realmente feliz, me llena por completo, y estoy muy orgullosa de él, de haberle conocido, de lo que he vivido con él todos estos años... y lo único que sé es que quiero seguir a su lado el resto de mi vida, aprendiendo cada día junto a él, porque cada día que pasa estoy más y más enamorada de él como él lo está de mí... anoche los dos nos sentimos tan unidos como hacía tiempo que no estábamos... fue como le digo algo especial y maravilloso...
Felisa: Pues disfrútalo mucho, hija... y quiero que sepas que yo también estoy muy orgullosa de ti... y te prometo que a partir de ahora no volveré a dudar de vuestro amor... nunca más... os apoyaré y os defenderé con uñas y dientes...
Asun: ¿Sabe una cosa, madre...? en el fondo siempre lo ha hecho... acuérdese de cuando Héctor y yo no podíamos casarnos y vivíamos “en pecado” y la cantidad de habladurías que tuvo usted que soportar en el barrio... pero supo callar muchas bocas, y al final el tiempo le ha dado la razón... yo también estoy muy orgullosa de usted, y si el otro día me enfadé tanto con usted en el fondo fue porque yo misma no estaba segura y tenía mis dudas... pero no sobre Héctor desde luego, sino sobre mí misma... no estaba segura de si iba a saber darle todo lo que se merece, todo lo que él espera de mí y si iba a ser capaz de entregarme a él por completo... y la verdad es que sí, después de lo de anoche he vuelto a recuperar la confianza en mí misma y me siento mucho mejor conmigo misma y con él por supuesto... y quiero que sepa que ya está todo superado y olvidado... y que me gusta escuchar sus consejos, madre... aunque estén un poco obsoletos en algunas cosas... la quiero mucho, madre, y no me gusta que estemos enfadadas...
Felisa: A mí tampoco, y yo también te quiero muchísimo, hija... y cuenta conmigo para lo que quieras...
Asun: Lo haré, madre, se lo prometo...

(Madre e hija se funden en un profuso abrazo muy sentido, mostrando una vez más sus sentimientos y la cercanía existente entre ambas).

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