martes, 30 de junio de 2015

Capítulo 99 - Recordando viejos tiempos (Octubre de 1971)


(Finales de Octubre de 1971. Los meses fueron transcurriendo con normalidad para nuestros protagonistas. El verano fue muy divertido, pues pasaron unos días en la playa de Gandía donde pudieron disfrutar del sol, los baños de mar, las comidas y cenas en las terracitas del paseo, las paellas, el descanso, los obligados helados y horchatas al atardecer)

(También pasaron unos días junto a la familia Bonilla en el chalet que sus mejores amigos poseen en Villalba, en la sierra, donde pudieron disfrutar de paseos en plena naturaleza, caminatas por senderos en el campo, barbacoas al atardecer y divertidos juegos y charlas en buena compañía)

(Asimismo aprovecharon para pasar una semana también en Valdemorillo, el pueblo de Asun y sus padres, donde invitaron también a Aurelia y Gustavo con toda su prole y donde nuestros protagonistas pudieron compartir unos días en buena compañía también de Miguel y Estrella que junto al pequeño Diego veranean allí de forma habitual y que por su forma de ser y sus aficiones durante el resto del año son poco dados a salir con los amigos de Asun y Héctor, por lo que es durante las estancias en el pueblo cuando Asun tiene la oportunidad de departir con su hermano y su cuñada más profundamente y tener un trato más continuado para ponerse al día en sus respectivas vidas).

(Una vez pasado el verano, la familia Perea volvió a la rutina cotidiana de trabajo y estudios. Asun ya había superado entonces por completo todas las secuelas que arrastraba por aquella mala experiencia vivida a principios de año y ahora se dedicaba a disfrutar de su familia y de su trabajo y a volcarse en ellos para devolverles todo el cariño y apoyo que le habían brindado a ella en sus malos tiempos)

(Una tarde de finales de Octubre, Héctor reposaba en el sofá de casa. Asun había salido a hacer unas compras acompañada de sus hijos. Daniel necesitaba unas zapatillas deportivas nuevas y María quería mirar una cazadora que había visto anunciada en Galerías Preciados y que le había gustado desde el primer momento y consiguió convencer a su madre y a su hermano para ir a mirar escaparates. Dani era muy perezoso para comprar pero en esta ocasión y dado que necesitaba probarse las zapatillas para acertar con el número preciso de pie, no puso demasiadas pegas en acompañar a su madre y a su hermana a mirar tiendas y a hacer “cosas de chicas” como él lo llamaba divertido cuado quería hacer de rabiar a su hermana, uno de sus deportes favoritos)

(Durante la tarde de compras, Asun aprovechó para compartir con sus hijos algunas ideas que le venían a la cabeza para ir preparando dentro de unos meses una sorpresa muy especial para su marido. Al año siguiente, concretamente en el mes de Febrero, Héctor cumpliría 50 años, fecha que ella consideraba muy especial y para la que quería organizar una gran fiesta rodeada de toda su familia y amigos. De hecho quería contar con algunos antiguos jefes y compañeros de la policía de Héctor, aquellos que le estimaban y con los que Héctor colaboraba a veces en sus investigaciones, especialmente con el cascarrabias de Vallejo, un gran tipo y un gran policía y comisario, que aunque ya disfrutaba de su merecida jubilación desde hace varios años, no dudaba en echar una mano a Héctor siempre que lo necesitara, aspecto que a veces exasperaba a su esposa Laura, quien con la boca pequeña se quejaba de que a su marido no le dejaban descansar ni jubilado, aunque en el fondo se enorgullecía de que siguieran contando con él para resolver ciertos casos y para mantenerle en forma)

(Al llegar a casa, Asun y sus hijos corrieron a ver a Héctor quien estaba enfrascado en la lectura de un viejo libro que había encontrado perdido en un cajón)

Asun: (dándole un amoroso beso) ¡Hola cariño...!
Héctor: (devolviendo el beso) Hola...
María:¡Hola papi...! ¡mira que cazadora más bonita me ha comprado mamá...!
Héctor: Sí que es bonita, hija, sí...
Dani: ¡Papá, papá... y mira estas deportivas relucientes...! las otras me estaban ya un poco pequeñas...
Héctor: Normal hijo, si es que creces a una velocidad de vértigo... ojalá el tiempo se detuviera un poco y no crecieráis tan deprisa... a veces siento que me estoy perdiendo muchas cosas...
Asun: Anda, exagerado, que eres un exagerado... ¿qué haces...?
Héctor: (mostrándole el libro) Pues releyendo este viejo libro que encontré por ahí perdido y olvidado en un cajón...
Asun: ¿De qué es...?
Héctor: “Las aventuras de Hercules Poirot”, de Agatha Christie...
Asun: Mmmm... buen libro, muy típico, señor detective...
Héctor: Pues lo he encontrado de casualidad... estaba buscando una gamuza que solía guardar yo para abrillantar la pistola... he aprovechado para limpiarla ahora que no estábais en casa, sobre todo por los niños... ya sabes que no me gusta coger el arma cuando ellos están en casa...
Asun: Lógico...
Héctor: Y en el fondo del cajón estaba este libro, regalo de un antiguo compañero... bueno, en realidad mi mentor, el gran inspector Manzanares... ¡que recuerdos...!
Asun: Ya, y como si lo viera, te ha dado por ponerte a pensar en el pasado, a añorar otros tiempos, ¿verdad...?
Héctor: Como me conoces, cariño...
Asun: Son ya muchos años, Héctor... si algo he aprendido compartiendo contigo todos estos años es a saber exactamente lo que piensas por la cara que pones en cada momento...
Héctor: Pues precisamente por eso, Asun... son muchos años, demasiados...
Asun: ¿Qué quieres decir...?
Héctor: Pues que este libro me ha recordado lo viejo que soy ya...
Asun: (acariciándole con dulzura) Tú no eres ningún viejo, cariño... simplemente vas cumpliendo años como todo el mundo...
Héctor: Ya... y el próximo año ya cumplo los 50... ¿no te parece eso ser un viejo...?
Asun: En absoluto... estás en lo mejor de la vida... eres un hombre maduro, interesante y muy guapo... (le besa primorosa)
Héctor: No me hagas tanto la pelota, anda, que no lo merezco...
Asun: Venga, Héctor, no exageres... te lo estoy diciendo de verdad... tu no eres ningún viejo por mucho que te empeñes... fíjate en mí, yo tampoco soy una niña, ya voy a cumplir los 35 el año que viene...
Héctor: Pues eso, una niña, para mí siempre serás una niña... eso sí, la niña más hermosa del mundo, y una mujer fuerte, luchadora, con carácter...
Asun: A ti siempre te han gustado las mujeres con carácter... o al menos eso me decías cuando intentabas ligar conmigo, aunque pusieras a Bonilla de pantalla... ¿creías que no me daba cuenta...?
Héctor: (sonriendo) ¿Tanto se me notaba que estaba loco por ti...?
Asun: (riéndose) Un poco...
Héctor: Ahora verás...

(El feliz matrimonio empezó una guerra de besos y cosquillas a partes iguales a la que se unieron los niños en cuanto empezaron a oír las carcajadas de sus padres desde su habitación. Los cuatro se enfrascaron en una divertida batalla campal que se prolongó unos minutos hasta la hora de cenar)

(Durante la cena que compartieron todos sentados a la mesa, mantuvieron una entretenida charla sobre otros tiempos y viejos recuerdos)

Dani: Me gustaría poder leer ese libro con las aventuras de ese detective, papá... tiene que ser muy interesante, y seguro que se parece a ti...
Asun: El libro está bien, Dani, pero el protagonista es muy diferente a vuestro padre, él era un tipo más bien solitario y aburrido...
Héctor: A lo mejor es el destino que me tenía preparada la vida, de no haberte conocido, cariño...
Asun: Afortunadamente, la vida me puso en tu camino, y desde entonces he sido la persona más feliz del mundo...
María: ¿Quién te regaló ese libro, papi...?
Héctor: Un viejo compañero de profesión, un excelente policía e investigador... el inspector Manzanares...
María: ¿Fue tu jefe o algo así cuando estabas en la policía...?
Héctor: Sí, de hecho, fue quien me trajo a la comisaría de Chamberí para cubrir una plaza vacante, era un gran hombre, íntegro como pocos y con una gran personalidad... él me enseñó a ser un buen policía y mejor detective...
María: ¿Murió...?
Héctor: Si, hija, hace ya muchos años... un cáncer de estómago se lo llevó por delante en pocos meses y lamentablemente pude trabajar a su lado muy poco tiempo, fue una gran pérdida para el cuerpo de policía aunque no muchos supieran reconocer su labor... yo siempre le estuve muy agradecido por todo lo que me enseñó, la oportunidad que me díó de cumplir mi sueño... aunque luego las cosas no salieron exactamente como yo hubiera querido, pero ya se sabe, las envidias y el poco compañerismo que había en el cuerpo y que de hecho sigue habiendo, hicieron el resto...
María: ¿Te has acordado de él al ver el libro, verdad...?
Héctor: Sí... que tontería, ¿no...? me ha dado por ponerme nostálgico y echar la vista atrás... todo lo que me ha pasado, lo que podría haber cambiado y no pude...
Asun: Pues yo no cambiaría ni un ápice todo lo que he vivido, especialmente desde el día en que te conocí... creo que las cosas ocurren por algo... todos tenemos un destino, y una misión que cumplir en la vida, y conocerte es lo mejor que me ha pasado...
Héctor: En eso estoy de acuerdo... desde que te conocí, soy mejor persona, soy un hombre feliz, contento con mi trabajo y con mi vida, me siento realizado, tengo una familia maravillosa que me cuida y me quiere como el que más... pero a veces me da por pensar en que habría sido de mí si no hubiera abandonado el cuerpo de policía...
Asun: Eso nunca lo sabrás, cariño... en la vida se toman decisiones la mayoría de las veces sin saber si las consecuencias serán o no mejores o peores, y hay que arriesgarse... el que no arriesga no gana... y en nuestro caso, yo estoy muy orgullosa de las decisiones que hemos tomado y no me arrepiento de haber renunciado a algunas cosas, porque sin duda he salido ganando... y la prueba está aquí, en lo felices que somos y en la familia que hemos formado y que tenemos...
María y Dani: ¡Así se habla mami...! ¡os queremos tanto a ti y a papá...!

(Los cuatro se cogen de las manos y se abrazan antes de seguir disfrutando de una opípara cena en familia)

(Ya después de cenar, Héctor y Asun se sientan en el sofá a departir un poco una vez que los niños ya se han acostado y duermen felices en sus respectivas habitaciones)

Héctor: (pensativo) ¿Sabes...? aún me acuerdo del día que Bonilla llegó por primera vez a la comisaría de Chamberí... yo ya por entonces era comisario y Beltrán era el inspector que trabajaba bajo mis órdenes... aunque hubo una época en que fuimos grandes amigos y trabajábamos codo con codo, todo eso cambió cuando me ascendieron a mí siendo más joven y no a él... nunca me lo perdonó y por eso me lo pagó convirtiéndose en un espía a sueldo de las más altas instancias de la policía... no paró hasta conseguir que mi jefe me pusiera entre la espada y la pared, cuando me dio un ultimátum y me quiso destinar a Tetuán...
Asun: Pues menos mal que al final no aceptaste el traslado y renunciaste...
Héctor: En este caso he salido ganando con aquella decisión, pero nunca se sabe que habría pasado de haber aceptado aquel destino...
Asun: Héctor... uno nunca sabe que hubiera pasado si hubiera tomado otro camino en la vida, podría ser mejor o peor, pero eso nunca lo sabremos... por eso hay que saber valorar lo que tenemos ahora en el presente, y lo que hemos conseguido, y no lamentarse por lo que habríamos podido lograr de haber hecho otra elección... es lo que te decía antes...
Héctor: Cuanta razón tienes, cariño, pero a veces no puedo evitar pensar en otras opciones del pasado... bah, no me hagas caso, cuando me pongo mochales es para darme de comer aparte...
Asun: En absoluto... yo te quiero tal y como eres... (le da un amoroso beso) pero anda, cuéntame lo de Bonilla, su llegada triunfal a la comisaría de Chamberí... eso me interesa...
Héctor: Pues resulta que nos lo habíamos cruzado en la plaza justo al salir del Asturiano... Beltrán y yo salíamos de tomar un café del bar de tus tíos y ahí estaba el pipiolo de Bonilla jugando al fútbol con unos chavales... como un crío más... tan entusiasmado estaba que sin querer uno de los balones salió disparado golpeando a Beltrán en la pechera del traje...
Asun: No me quiero ni imaginar la cara de ese tal Beltrán por el golpe recibido...
Héctor: Exactamente... estaba hecho una furia... le había estropeado uno de sus mejores trajes y la bronca que se llevó el pobre Bonilla fue de aupa... cuando volvimos a comisaría y unos minutos después apareció de nuevo aquel joven preguntando por mí, no me lo podía creer... le habían destinado desde la Central para cubrir un puesto vacante en la comisaría... recién salido de la Academia... la situación fue de lo más cómica, aunque imagino que Bonilla estaría hecho un flan...
Asun: (riéndose) Desde luego, fue una entrada triunfal... por la puerta grande...
Héctor: Y tanto... unos días después, Beltrán se dedicó a enseñar a Bonilla todo el trabajo que se hacía en comisaría y entre ellos se repartían los casos, informándome de todo lo que se preparaba para su abordaje... también recuerdo el día que el cabrón de Beltrán convenció a Bonilla de que una de las tradiciones de la comisaría era la de beberse una petaca entera de whisky o coñac para poder entrar en el club de los policías de verdad... el chico no sabía beber y claro... ¡se agarró una melopea de aúpa...!
Asun: ¿En serio...? ¡ay, pobre...! que malo era Beltrán...
Héctor: De las peores personas que he conocido Asun... vengativo y rencoroso como pocos y con ganas de trepar a costa de lo que fuera sin tener apenas méritos... era buen policía, pero sus métodos dejaban mucho que desear... cuando yo renuncié a mi puesto en la policía, él fue inmediatamente nombrado comisario en mi lugar y tuvimos varios encontronazos cuando yo abrí mi despacho de detectives... y Bonilla lo pasó fatal el tiempo que permaneció junto a él en comisaría... hasta que también decidió marcharse de allí y se vino a trabajar conmigo... y desde entonces se ha convertido en mi mejor amigo, y mi mejor compañero de fatigas, mi socio... lo que ha tenido que aguantarme el pobre...
Asun: (acariciando el pelo de su marido) Y seguro que lo ha hecho con gusto... se nota la gran complicidad que siempre ha habido entre vosotros desde que os conozco... recuerdo cuando se fijó en mí y se empeñaba en invitarme a sitios para que saliera con él... yo ya no sabía como decirle que no, que no me apetecía... en el fondo lo que me pasaba es que aunque me costó mucho reconocerlo, a mí solo me gustabas tú... pero no sabía como acercarme a ti y como aceptar que estaba enamorada... pero bueno, fue una época divertida y digna de recordar... ¡y bien está lo que bien acaba...! ¿no te parece...?
Héctor: Por supuesto... el día que tú te fijaste en mí fue uno de los mejores de mi vida... fue como un sueño... y desde entonces no he dejado de soñar...
Asun: No es un sueño, cariño... es real... (pellizcándole divertida)
Héctor: ¡Auu...!
Asun: ¿Lo ves...? para que sientas que no estás soñando... ¿nos vamos a dormir...? estoy que me caigo... (besándole en la frente)
Héctor: De mil amores... vamos...

(Los dos se cogen de la mano y levantándose del sofá se dirigen hacia su dormitorio para pasar una nueva noche juntos y abrazados como tortolitos que son).

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