(Finales de
Octubre de 1971. Los meses fueron transcurriendo con normalidad para nuestros
protagonistas. El verano fue muy divertido, pues pasaron unos días en la playa
de Gandía donde pudieron disfrutar del sol, los baños de mar, las comidas y
cenas en las terracitas del paseo, las paellas, el descanso, los obligados
helados y horchatas al atardecer)
(También
pasaron unos días junto a la familia Bonilla en el chalet que sus mejores
amigos poseen en Villalba, en la sierra, donde pudieron disfrutar de paseos en
plena naturaleza, caminatas por senderos en el campo, barbacoas al atardecer y
divertidos juegos y charlas en buena compañía)
(Asimismo
aprovecharon para pasar una semana también en Valdemorillo, el pueblo de Asun y
sus padres, donde invitaron también a Aurelia y Gustavo con toda su prole y
donde nuestros protagonistas pudieron compartir unos días en buena compañía
también de Miguel y Estrella que junto al pequeño Diego veranean allí de forma
habitual y que por su forma de ser y sus aficiones durante el resto del año son
poco dados a salir con los amigos de Asun y Héctor, por lo que es durante las
estancias en el pueblo cuando Asun tiene la oportunidad de departir con su
hermano y su cuñada más profundamente y tener un trato más continuado para
ponerse al día en sus respectivas vidas).
(Una vez
pasado el verano, la familia Perea volvió a la rutina cotidiana de trabajo y estudios.
Asun ya había superado entonces por completo todas las secuelas que arrastraba
por aquella mala experiencia vivida a principios de año y ahora se dedicaba a
disfrutar de su familia y de su trabajo y a volcarse en ellos para devolverles
todo el cariño y apoyo que le habían brindado a ella en sus malos tiempos)
(Una tarde de
finales de Octubre, Héctor reposaba en el sofá de casa. Asun había salido a
hacer unas compras acompañada de sus hijos. Daniel necesitaba unas zapatillas
deportivas nuevas y María quería mirar una cazadora que había visto anunciada
en Galerías Preciados y que le había gustado desde el primer momento y
consiguió convencer a su madre y a su hermano para ir a mirar escaparates. Dani
era muy perezoso para comprar pero en esta ocasión y dado que necesitaba
probarse las zapatillas para acertar con el número preciso de pie, no puso
demasiadas pegas en acompañar a su madre y a su hermana a mirar tiendas y a
hacer “cosas de chicas” como él lo llamaba divertido cuado quería hacer de
rabiar a su hermana, uno de sus deportes favoritos)
(Durante la
tarde de compras, Asun aprovechó para compartir con sus hijos algunas ideas que
le venían a la cabeza para ir preparando dentro de unos meses una sorpresa muy
especial para su marido. Al año siguiente, concretamente en el mes de Febrero,
Héctor cumpliría 50 años, fecha que ella consideraba muy especial y para la que
quería organizar una gran fiesta rodeada de toda su familia y amigos. De hecho
quería contar con algunos antiguos jefes y compañeros de la policía de Héctor,
aquellos que le estimaban y con los que Héctor colaboraba a veces en sus
investigaciones, especialmente con el cascarrabias de Vallejo, un gran tipo y
un gran policía y comisario, que aunque ya disfrutaba de su merecida jubilación
desde hace varios años, no dudaba en echar una mano a Héctor siempre que lo
necesitara, aspecto que a veces exasperaba a su esposa Laura, quien con la boca
pequeña se quejaba de que a su marido no le dejaban descansar ni jubilado,
aunque en el fondo se enorgullecía de que siguieran contando con él para
resolver ciertos casos y para mantenerle en forma)
(Al llegar a
casa, Asun y sus hijos corrieron a ver a Héctor quien estaba enfrascado en la
lectura de un viejo libro que había encontrado perdido en un cajón)
Asun:
(dándole un amoroso beso) ¡Hola cariño...!
Héctor:
(devolviendo el beso) Hola...
María:¡Hola
papi...! ¡mira que cazadora más bonita me ha comprado mamá...!
Héctor: Sí
que es bonita, hija, sí...
Dani: ¡Papá,
papá... y mira estas deportivas relucientes...! las otras me estaban ya un poco
pequeñas...
Héctor:
Normal hijo, si es que creces a una velocidad de vértigo... ojalá el tiempo se
detuviera un poco y no crecieráis tan deprisa... a veces siento que me estoy
perdiendo muchas cosas...
Asun: Anda,
exagerado, que eres un exagerado... ¿qué haces...?
Héctor:
(mostrándole el libro) Pues releyendo este viejo libro que encontré por ahí
perdido y olvidado en un cajón...
Asun: ¿De qué
es...?
Héctor: “Las
aventuras de Hercules Poirot”, de Agatha Christie...
Asun: Mmmm...
buen libro, muy típico, señor detective...
Héctor: Pues
lo he encontrado de casualidad... estaba buscando una gamuza que solía guardar
yo para abrillantar la pistola... he aprovechado para limpiarla ahora que no
estábais en casa, sobre todo por los niños... ya sabes que no me gusta coger el
arma cuando ellos están en casa...
Asun:
Lógico...
Héctor: Y en
el fondo del cajón estaba este libro, regalo de un antiguo compañero... bueno,
en realidad mi mentor, el gran inspector Manzanares... ¡que recuerdos...!
Asun: Ya, y
como si lo viera, te ha dado por ponerte a pensar en el pasado, a añorar otros
tiempos, ¿verdad...?
Héctor: Como
me conoces, cariño...
Asun: Son ya
muchos años, Héctor... si algo he aprendido compartiendo contigo todos estos
años es a saber exactamente lo que piensas por la cara que pones en cada
momento...
Héctor: Pues
precisamente por eso, Asun... son muchos años, demasiados...
Asun: ¿Qué
quieres decir...?
Héctor: Pues
que este libro me ha recordado lo viejo que soy ya...
Asun:
(acariciándole con dulzura) Tú no eres ningún viejo, cariño... simplemente vas
cumpliendo años como todo el mundo...
Héctor: Ya...
y el próximo año ya cumplo los 50... ¿no te parece eso ser un viejo...?
Asun: En
absoluto... estás en lo mejor de la vida... eres un hombre maduro, interesante
y muy guapo... (le besa primorosa)
Héctor: No me
hagas tanto la pelota, anda, que no lo merezco...
Asun: Venga,
Héctor, no exageres... te lo estoy diciendo de verdad... tu no eres ningún
viejo por mucho que te empeñes... fíjate en mí, yo tampoco soy una niña, ya voy
a cumplir los 35 el año que viene...
Héctor: Pues
eso, una niña, para mí siempre serás una niña... eso sí, la niña más hermosa
del mundo, y una mujer fuerte, luchadora, con carácter...
Asun: A ti
siempre te han gustado las mujeres con carácter... o al menos eso me decías
cuando intentabas ligar conmigo, aunque pusieras a Bonilla de pantalla...
¿creías que no me daba cuenta...?
Héctor:
(sonriendo) ¿Tanto se me notaba que estaba loco por ti...?
Asun:
(riéndose) Un poco...
Héctor: Ahora
verás...
(El feliz
matrimonio empezó una guerra de besos y cosquillas a partes iguales a la que se
unieron los niños en cuanto empezaron a oír las carcajadas de sus padres desde
su habitación. Los cuatro se enfrascaron en una divertida batalla campal que se
prolongó unos minutos hasta la hora de cenar)
(Durante la
cena que compartieron todos sentados a la mesa, mantuvieron una entretenida
charla sobre otros tiempos y viejos recuerdos)
Dani: Me
gustaría poder leer ese libro con las aventuras de ese detective, papá... tiene
que ser muy interesante, y seguro que se parece a ti...
Asun: El
libro está bien, Dani, pero el protagonista es muy diferente a vuestro padre,
él era un tipo más bien solitario y aburrido...
Héctor: A lo
mejor es el destino que me tenía preparada la vida, de no haberte conocido,
cariño...
Asun:
Afortunadamente, la vida me puso en tu camino, y desde entonces he sido la
persona más feliz del mundo...
María: ¿Quién
te regaló ese libro, papi...?
Héctor: Un
viejo compañero de profesión, un excelente policía e investigador... el
inspector Manzanares...
María: ¿Fue
tu jefe o algo así cuando estabas en la policía...?
Héctor: Sí,
de hecho, fue quien me trajo a la comisaría de Chamberí para cubrir una plaza
vacante, era un gran hombre, íntegro como pocos y con una gran personalidad...
él me enseñó a ser un buen policía y mejor detective...
María:
¿Murió...?
Héctor: Si,
hija, hace ya muchos años... un cáncer de estómago se lo llevó por delante en
pocos meses y lamentablemente pude trabajar a su lado muy poco tiempo, fue una
gran pérdida para el cuerpo de policía aunque no muchos supieran reconocer su
labor... yo siempre le estuve muy agradecido por todo lo que me enseñó, la
oportunidad que me díó de cumplir mi sueño... aunque luego las cosas no
salieron exactamente como yo hubiera querido, pero ya se sabe, las envidias y
el poco compañerismo que había en el cuerpo y que de hecho sigue habiendo,
hicieron el resto...
María: ¿Te
has acordado de él al ver el libro, verdad...?
Héctor: Sí...
que tontería, ¿no...? me ha dado por ponerme nostálgico y echar la vista
atrás... todo lo que me ha pasado, lo que podría haber cambiado y no pude...
Asun: Pues yo
no cambiaría ni un ápice todo lo que he vivido, especialmente desde el día en
que te conocí... creo que las cosas ocurren por algo... todos tenemos un
destino, y una misión que cumplir en la vida, y conocerte es lo mejor que me ha
pasado...
Héctor: En
eso estoy de acuerdo... desde que te conocí, soy mejor persona, soy un hombre
feliz, contento con mi trabajo y con mi vida, me siento realizado, tengo una
familia maravillosa que me cuida y me quiere como el que más... pero a veces me
da por pensar en que habría sido de mí si no hubiera abandonado el cuerpo de
policía...
Asun: Eso
nunca lo sabrás, cariño... en la vida se toman decisiones la mayoría de las
veces sin saber si las consecuencias serán o no mejores o peores, y hay que
arriesgarse... el que no arriesga no gana... y en nuestro caso, yo estoy muy
orgullosa de las decisiones que hemos tomado y no me arrepiento de haber
renunciado a algunas cosas, porque sin duda he salido ganando... y la prueba
está aquí, en lo felices que somos y en la familia que hemos formado y que
tenemos...
María y Dani:
¡Así se habla mami...! ¡os queremos tanto a ti y a papá...!
(Los cuatro
se cogen de las manos y se abrazan antes de seguir disfrutando de una opípara
cena en familia)
(Ya después
de cenar, Héctor y Asun se sientan en el sofá a departir un poco una vez que
los niños ya se han acostado y duermen felices en sus respectivas habitaciones)
Héctor:
(pensativo) ¿Sabes...? aún me acuerdo del día que Bonilla llegó por primera vez
a la comisaría de Chamberí... yo ya por entonces era comisario y Beltrán era el
inspector que trabajaba bajo mis órdenes... aunque hubo una época en que fuimos
grandes amigos y trabajábamos codo con codo, todo eso cambió cuando me
ascendieron a mí siendo más joven y no a él... nunca me lo perdonó y por eso me
lo pagó convirtiéndose en un espía a sueldo de las más altas instancias de la
policía... no paró hasta conseguir que mi jefe me pusiera entre la espada y la
pared, cuando me dio un ultimátum y me quiso destinar a Tetuán...
Asun: Pues
menos mal que al final no aceptaste el traslado y renunciaste...
Héctor: En
este caso he salido ganando con aquella decisión, pero nunca se sabe que habría
pasado de haber aceptado aquel destino...
Asun:
Héctor... uno nunca sabe que hubiera pasado si hubiera tomado otro camino en la
vida, podría ser mejor o peor, pero eso nunca lo sabremos... por eso hay que saber
valorar lo que tenemos ahora en el presente, y lo que hemos conseguido, y no
lamentarse por lo que habríamos podido lograr de haber hecho otra elección...
es lo que te decía antes...
Héctor:
Cuanta razón tienes, cariño, pero a veces no puedo evitar pensar en otras
opciones del pasado... bah, no me hagas caso, cuando me pongo mochales es para
darme de comer aparte...
Asun: En
absoluto... yo te quiero tal y como eres... (le da un amoroso beso) pero anda,
cuéntame lo de Bonilla, su llegada triunfal a la comisaría de Chamberí... eso
me interesa...
Héctor: Pues
resulta que nos lo habíamos cruzado en la plaza justo al salir del Asturiano...
Beltrán y yo salíamos de tomar un café del bar de tus tíos y ahí estaba el
pipiolo de Bonilla jugando al fútbol con unos chavales... como un crío más...
tan entusiasmado estaba que sin querer uno de los balones salió disparado
golpeando a Beltrán en la pechera del traje...
Asun: No me
quiero ni imaginar la cara de ese tal Beltrán por el golpe recibido...
Héctor:
Exactamente... estaba hecho una furia... le había estropeado uno de sus mejores
trajes y la bronca que se llevó el pobre Bonilla fue de aupa... cuando volvimos
a comisaría y unos minutos después apareció de nuevo aquel joven preguntando
por mí, no me lo podía creer... le habían destinado desde la Central para
cubrir un puesto vacante en la comisaría... recién salido de la Academia... la
situación fue de lo más cómica, aunque imagino que Bonilla estaría hecho un
flan...
Asun:
(riéndose) Desde luego, fue una entrada triunfal... por la puerta grande...
Héctor: Y
tanto... unos días después, Beltrán se dedicó a enseñar a Bonilla todo el
trabajo que se hacía en comisaría y entre ellos se repartían los casos,
informándome de todo lo que se preparaba para su abordaje... también recuerdo
el día que el cabrón de Beltrán convenció a Bonilla de que una de las
tradiciones de la comisaría era la de beberse una petaca entera de whisky o
coñac para poder entrar en el club de los policías de verdad... el chico no
sabía beber y claro... ¡se agarró una melopea de aúpa...!
Asun: ¿En
serio...? ¡ay, pobre...! que malo era Beltrán...
Héctor: De
las peores personas que he conocido Asun... vengativo y rencoroso como pocos y
con ganas de trepar a costa de lo que fuera sin tener apenas méritos... era
buen policía, pero sus métodos dejaban mucho que desear... cuando yo renuncié a
mi puesto en la policía, él fue inmediatamente nombrado comisario en mi lugar y
tuvimos varios encontronazos cuando yo abrí mi despacho de detectives... y
Bonilla lo pasó fatal el tiempo que permaneció junto a él en comisaría... hasta
que también decidió marcharse de allí y se vino a trabajar conmigo... y desde
entonces se ha convertido en mi mejor amigo, y mi mejor compañero de fatigas,
mi socio... lo que ha tenido que aguantarme el pobre...
Asun:
(acariciando el pelo de su marido) Y seguro que lo ha hecho con gusto... se
nota la gran complicidad que siempre ha habido entre vosotros desde que os
conozco... recuerdo cuando se fijó en mí y se empeñaba en invitarme a sitios
para que saliera con él... yo ya no sabía como decirle que no, que no me
apetecía... en el fondo lo que me pasaba es que aunque me costó mucho
reconocerlo, a mí solo me gustabas tú... pero no sabía como acercarme a ti y
como aceptar que estaba enamorada... pero bueno, fue una época divertida y
digna de recordar... ¡y bien está lo que bien acaba...! ¿no te parece...?
Héctor: Por
supuesto... el día que tú te fijaste en mí fue uno de los mejores de mi vida...
fue como un sueño... y desde entonces no he dejado de soñar...
Asun: No es
un sueño, cariño... es real... (pellizcándole divertida)
Héctor:
¡Auu...!
Asun: ¿Lo
ves...? para que sientas que no estás soñando... ¿nos vamos a dormir...? estoy
que me caigo... (besándole en la frente)
Héctor: De
mil amores... vamos...
(Los dos se
cogen de la mano y levantándose del sofá se dirigen hacia su dormitorio para
pasar una nueva noche juntos y abrazados como tortolitos que son).
No hay comentarios:
Publicar un comentario