sábado, 21 de diciembre de 2013

Capitulo 83: Un viaje inesperado (Septiembre de 1969)

(Unos días después, seguimos en Septiembre de 1969. Asun se ha levantado como cada mañana y tras vestirse y arreglarse, ha dejado a los niños listos para ir al colegio. Hoy Gustavo pasará a recogerlos y a dejarlos en sus respectivos centros escolares. La dinámica es siempre la misma, los diferentes padres se van turnando cada semana para llevar a los niños de todos ellos al colegio, de tal manera que unas semanas le toca a Bonilla, otras a Gustavo y otras a Héctor, claro está. Esta semana le toca el turno a Gustavo, quien tras montar a Clara y a Aurelia en el coche, pasa por casa de los Perea y posteriormente por casa de los Bonilla, recogiendo en la plaza a Irene, María, Daniel y después a Javier. Tras realizar la ruta de los colegios, Gustavo acerca a su esposa, radiante y esplendorosa en su quinto mes de embarazo, al edificio de la redacción y tras despedirse de ella con un profundo beso, encamina con su coche hacia su trabajo en el bufete de abogados).

(Asun termina de desayunar y entra en la habitación donde Héctor aún sigue durmiendo un rato más)

Asun: (acariciándole suavemente) Cariño... cielo... ¿vas a levantarte ya para ir al despacho...? yo te esperaría para salir juntos pero es que me tengo que ir... Julio quería tener una reunión a primera hora y Aurelia ya ha llegado seguro... me temo que se te han pegado un poco las sábanas...
Héctor: (desperezándose y mirando su reloj) ¿Qué hora es...? ¡mierda... me he dormido...! (se levanta de golpe) ¿pero cómo no me has despertado...? ¿y los niños, ya se han ido al colegio...?
Asun: Descuida, cariño, los niños ya bajaron a la plaza donde les recogió Gustavo hace un ratito... les hubiera gustado despedirse de ti, pero dormías tan profundamente que les ha dado pena... pero yo sí quería despedirme antes de marcharme...
Héctor: (mirando con dulzura a su mujer) Gracias, mi amor... sabes que te quiero mucho...
Asun: Sí, ya lo sé... te he dejado café por si quieres una taza...
Héctor: Claro... sí... voy a asearme y ahora me lo tomo... que tengas un buen día...
Asun: Tú también... ¿nos vemos a la hora de comer como siempre...?
Héctor: Sí, en principio sí... si surge algún imprevisto te llamo...
Asun: Está bien... te quiero...

(Asun y Héctor se despiden sentados en el borde de la cama con un dulce beso)

(Asun se marcha a trabajar y Héctor se asea y se viste, tomándose el café a toda prisa pues no quiere que Bonilla se carcajee a su llegada por el retraso tan estupendo que ha tenido en el día de hoy)

(Asun llega a la redacción donde ya se encuentran tanto Julio que como buen jefe siempre llega el primero, como Aurelia, que ya se encuentra sentada en su mesa repasando los teletipos del día)

Asun: ¡Hola...! no llego tarde, ¿verdad...?
Aurelia: No, tranquila, yo llevo escasamente cinco minutos y Julio está en su despacho repasando la agenda del día...
Asun: (acariciando la barriga de su amiga con dulzura) ¿Y tú cómo estás...?
Aurelia: Muy bien, la verdad... las revisiones con el doctor me van muy bien, y en la próxima consulta me van a mirar con una prueba nueva... la ecografía esa... Gustavo está muy ilusionado y no puede explicarse como se puede ver a los bebés ahí dentro estando aún en proceso de formación... es increíble...
Asun: ¿Quieres que te acompañe ese día para que no te pongas nerviosa...?
Aurelia: No, Gustavo vendrá conmigo, pero gracias por ofrecerte...
Asun: Para eso estamos las amigas...
Aurelia: Y tú eres la mejor de ellas... además no creo que puedas ir...
Asun: (extrañada) ¿Por qué lo dices...?
Aurelia: Pásate a ver a Julio y él mismo te lo explicará...
Asun: Aurelia, ¿qué me estás ocultando...?
Aurelia: (con aire de misterio) Tú ve y luego me cuentas...

(Asun que no entiende absolutamente nada, se dirige al despacho de Julio algo inquieta)

Asun: (llamando a la puerta) ¿Se puede...?
Julio: ¡Pasa, Asun, por favor...! ¡siéntate...! ¿quieres un café...?
Asun: No, gracias, he tomado ya uno en casa, mejor un vaso de agua...
Julio: Claro...
Asun: Me ha dicho Aurelia que querías verme...
Julio: Sí, es cierto... era para hacerte una proposición a la que no puedes decirme que no...
Asun: Bueno, eso depende...
Julio: Asun, es una gran oportunidad para ti, sería una tontería que la rechazaras... déjame que te explique... verás, he recibido la invitación al Congreso Europeo de Periodismo Criminalista... son unas jornadas de tres días de duración que se van a celebrar la semana que viene en Colonia, en Alemania... a ellas acudirán una selección de los periodistas más importantes del mundo de los sucesos, irán de todos los periódicos y revistas europeas... vas a conocer a mucha gente importante, podrás hacer muchos contactos y eso nos va a venir muy bien para nuestra revista...
Asun: (asombrada) ¿Pero tú sabes lo que me estás pidiendo...? ¡si no tengo ni pajolera idea de alemán... para mí es como si me hablaran en chino...!
Julio: Asun, tranquilízate... por eso ni te preocupes... las conferencias y sesiones van a ser traducidas de forma instantánea en varios idiomas, entre ellos el español, por supuesto... y además no vas a ser la única española... irás acompañada de un pequeño grupo de cinco periodistas de las más importantes publicaciones de España, no vas a estar sola, tranquila...
Asun: ¿Puedo hacerte una pregunta importante...?
Julio: Claro, tú dirás...
Asun: ¿Puede acompañarme Héctor...?
Julio: ¿Al aeropuerto...? sí, claro...
Asun: No, me refiero al congreso... el tema es sobre criminología y a él también podría servirle para su campo de trabajo...
Julio: Asun... es un congreso sobre periodismo... Héctor no tiene nada que hacer allí...
Asun: Ya, pero me sentiría mucho más segura si él viniera conmigo...
Julio: Se trata de un congreso profesional y las invitaciones están ya adjudicadas... ¡vamos, Asun, no puedes decirme que no...!
Asun: ¿Al menos puedes dejarme que lo hable con él antes de darte una respuesta y lo consulte...? te recuerdo que tengo que salir al extranjero y seguramente necesitaré su permiso para salir del país... ya sabes como funcionan las cosas aquí...
Julio: Claro, claro, por supuesto... pero estoy seguro que no vas a tener ningún problema... Héctor no puede negarse a que hagas ese viaje, le conozco bien y sé que no te va a poner trabas... sobre todo cuando se trata de algo bueno para ti, una oportunidad de crecimiento profesional...
Asun: Se lo comentaré cuando vaya a comer a casa y te doy esta tarde una respuesta... ¿de acuerdo...?
Julio: De acuerdo... dímelo cuanto antes para poder confirmar tu asistencia y que te reserven una habitación en el hotel donde van a tener lugar las jornadas...
Asun: Gracias Julio, luego nos vemos... me voy a poner con el trabajo del día...
Julio: Claro...

(Asun vuelve a su puesto de trabajo donde la espera Aurelia)

Aurelia: ¿Bueno qué...? ¿estás contenta por poder viajar a Colonia o no...? ¡madre mía, que envidia...!
Asun: Bueno, bueno, que tampoco te creas que me hace tanta gracia... además, tengo que hablarlo con Héctor, no creo que le guste un pelo que me vaya yo sola tres días fuera y dejarle a él aquí con los niños... y tampoco sé si me va a dejar...
Aurelia: ¿Pero cómo puedes dudarlo...? Asun, parece mentira que no conozcas a tu marido... si es un pedazo de pan... es el hombre más bueno que conozco y sólo quiere lo mejor para ti, y esto es muy bueno... es una gran oportunidad... yo porque estoy embarazada y ya la tripa empieza a pesar lo suyo que sino, ¡vaya si me iba...!
Asun: Lo dices muy convencida, pero si conocieras a Héctor tan bien como dices, también sabrías que es el hombre más cabezón que hay sobre la faz de la tierra...
Aurelia: Uff, no se yo quien es más cabezón de los dos, eh...? porque tú cuando te pones...
Asun: ¡Estoy hablando en serio, Aurelia...!
Aurelia: Yo también... Asun, de verdad, no te preocupes tanto... tampoco te digo que Héctor vaya a estar dando saltos de alegría por perderte de vista unos días, pero no es para tanto...
Asun: A lo mejor soy yo la que no quiero perderle de vista ni un segundo...
Aurelia: ¡Que exagerada eres...! ¡ni que te fueras al Polo Norte para los restos...!
Asun: Es que no me gusta viajar sola... me aburro mucho y le echo mucho de menos cuando no estoy con él, sobre todo por las noches...
Aurelia: ¡Acabáramos...! entonces era eso... por eso has llegado esta mañana un poco más tarde... seguro que estuvisteis anoche muy entretenidos y se os han pegado las sábanas esta mañana, verdad...?
Asun: ¡Cállate...! ¡no seas mala...!
Aurelia: Solo una buena amiga como yo te dice las verdades, Asun... y es evidente que estás muy unida a Héctor, y es perfecto y precioso, pero tampoco hay que montar un drama porque te marches unos días de viaje... ¡te vendrá muy bien para conocer gente y hacer algo diferente...!
Asun: Es que yo no quiero conocer a otra gente... quiero estar con mi marido y con mi familia... parece mentira que digas tú eso con lo cavernícola que es Gustavo para estas cosas... es peor incluso que Héctor...
Aurelia: Lo sé... y no sabes lo que me cuesta que cambie en ese aspecto... ¡venga, Asun anímate, mujer...!
Asun: A ver como se lo planteo...
Aurelia: Tú lo que tienes que hacer es decirle que es una gran oportunidad porque lo es, es la verdad... y además sólo van a ser tres días... a la vuelta le vas a compensar con creces y vais a recuperar el tiempo perdido...
Asun: No te burles, Aurelia...
Aurelia: No lo hago... solo intento quitarle hierro al asunto porque ya estoy viendo que me vas a dar la matraca toda la mañana con el tema y tenemos que trabajar...
Asun: Sí, supongo que tienes razón... voy a ver si me concentro con esto que ya hemos perdido mucho tiempo...
Aurelia: Manos a la obra pues...

(La mañana pasa sin más novedad para nuestras dos amigas. Mientras, en el despacho Perea & Bonilla nuestros intrépidos detectives también han hablado de sus cosas)

(Héctor llegó al despacho un poco más tarde que de costumbre y cuando apareció, Bonilla ya estaba allí repasando la agenda de cosas pendientes y colgado del teléfono)

Héctor: ¡Buenos días...!
Bonilla: ¡Buenos días...! ¿qué... se te han pegado las sábanas...? eso es que anoche hubo fiestecita... verdad...?
Héctor: Bonilla... ni se te ocurra reírte o no respondo... bastante avergonzado estoy ya de llegar tan tarde... no me gusta hacerte esperar...
Bonilla: No te lo tomes a mal, hombre... además, hoy tenemos reunión en comisaría y Vallejo tampoco se caracteriza por llegar puntual...
Héctor: Es cierto... se me había olvidado por completo... tenemos el tiempo justo entonces para fumarnos un pitillo y salir... ¿crees que se demorará mucho...?
Bonilla: ¿El qué, la reunión...?
Héctor: Claro, la reunión... le he dicho a Asun que iba a comer a casa y no sé si me va a dar tiempo...
Bonilla: Creo que te dará tiempo, es una reunión de las flojitas... además, yo también he quedado con Matilde para comer en El Retiro...
Héctor: Pues entonces, perfecto... iré a casa directamente desde comisaría, sin pasar por aquí para no entretenerme más de la cuenta...
Bonilla: Vámonos entonces...
Héctor: Sí, vamos...

(Bonilla y Héctor encaminan sus pasos hacia la comisaría donde han quedado con Vallejo y sus hombres para organizar los últimos casos que tienen los detectives sobre la mesa)

(Llega la hora de comer. Héctor consigue salir a tiempo de comisaría y Asun sale de la redacción con el firme propósito de preparar una comida especial que sea del agrado de su marido ya que quiere contarle sus planes de viaje compensándole de alguna manera)

Héctor: ¡Mmmm... huele rico...!
Asun: Mejor sabrá entonces...
Héctor: Seguro que sí... te estás convirtiendo en una estupenda cocinera poco a poco... tienes una buena maestra...
Asun: (sonriente) ¡Que bobo eres...! ¿ya te has lavado las manos...?
Héctor: Sí... vamos a sentarnos a la mesa a degustar estos manjares...

(Asun le sirve a Héctor)

(Cuando acaban de comer, Asun coge a Héctor de las manos y se le queda mirando un momento)

Héctor: ¿Me vas a decir de una vez que es lo que te pasa...? llevas dándole vueltas toda la comida y no encuentras ni el momento ni la forma de decírmelo...
Asun: Ya lo sé... y también sé que llevas observándome todo el rato intentando leerme el pensamiento pero es que no sé por donde empezar...
Héctor: Por el principio, naturalmente... ven, siéntate aquí conmigo y cuéntame en que anda esa cabecita tan ocupada y preocupada...

(Asun se sienta en el regazo de su marido)

Asun: Esta mañana he tenido una charla con Julio en su despacho y me ha hecho una proposición...
Héctor: ¿A saber...?
Asun: Verás... la semana que viene se celebran en Colonia unas jornadas del Congreso Europeo de Periodismo y Criminología...
Héctor: ¿Colonia...? eso es Alemania...
Asun: Sí, exacto... van a ser tres días... y Julio quiere que vaya yo en representación de la revista... dice que va a ser una gran oportunidad para mí, que voy a conocer a mucha gente del mundo del periodismo, que es una forma de dar a conocer la revista y no sé cuantas cosas más... yo ya le he dicho que no entiendo ni jota de alemán, pero él me ha insistido en que eso no supone ningún problema porque las conferencias las van a traducir a varios idiomas, y que además no voy a ir yo sola, me van a acompañar un grupo de otros cuatro periodistas españoles de otras publicaciones...
Héctor: Entiendo... y lo que te preocupa es si vas a poder salir de España ya que necesitas autorización por mi parte... ¿es eso...?
Asun: En parte sí, pero hay más cosas... ya sé que es absurdo que en los tiempos que corren una mujer todavía tenga que contar con el permiso del marido para poder viajar... pero lo que más me preocupa es irme yo sola... le he preguntado a Julio si podías acompañarme pero me ha dicho que no, que sólo al aeropuerto... ya sabes que no me gusta viajar sola, Héctor, me aburro mucho cuando no estoy contigo y te voy a echar mucho de menos, y a los niños también... y tampoco sé como os vais a apañar aquí solos los tres...
Héctor: (mirando a su mujer fijamente) ¿Y eso es todo el problema...? ¿eso es lo que te lleva reconcomiendo toda la mañana...? Asun, mi amor, parece mentira que no me conozcas... el permiso para viajar lo tienes, por supuesto... y en cuanto a lo otro, me encantaría poder irme contigo a pasar unos días a tierras alemanas, pero si no puede ser, tampoco me voy a enfadar... por supuesto que te voy a echar de menos mi vida, y los niños  también... pero tampoco es ninguna tragedia, no te vas a la Luna ni nada parecido... solo van a ser tres días y es una gran oportunidad profesional para ti... estoy seguro de que vas a aprender mucho...
Asun: (mirando a su marido con ternura) Que suerte tengo... soy una mujer muy afortunada de tener a un marido tan bueno y tan paciente... te prometo que te voy a compensar, te lo prometo...
Héctor: No hace falta que me compenses... lo único que necesito es que sigas siendo como eres, esa mujer tan valiente y tan dispuesta, que lucha por abrirse camino en un mundo tan difícil y tan injusto... y estoy muy orgulloso de ti cariño, porque eres la mejor persona que he conocido nunca... y quiero que sepas que te voy a echar mucho de menos, eso no te lo puedo negar, como tampoco puedo negarte la posibilidad de que crezcas profesionalmente y como persona... ese viaje te va a abrir muchas puertas, ya lo verás... pero eso sí, quiero que me prometas una cosa...
Asun: Lo que quieras, lo que me pidas...
Héctor: Que cuando estés en esa triste habitación de hotel al final de cada jornada, pienses mucho en mí y en lo mucho que te quiero...
Asun: (acariciando a su marido) Eso seguro... no voy a hacer otra cosa en toda la noche... os llamaré todos los días para hablar contigo y con los niños, y estaré deseando cada minuto que llegue ese momento del día, porque va a ser el mejor momento de todos...
Héctor: Pues yo con eso me conformo, con escuchar tu voz todas las noches... estaré pendiente del teléfono...
Asun: Pediré una conferencia a las 8 de la tarde todos los días, después de la cena, porque en estos países siempre se cena a las 7, ya sabes lo raros que son...
Héctor: Sí, ya lo sé... y no te preocupes tanto, los niños y yo estaremos bien, de verdad, sabemos cuidarnos solitos, no somos unos inútiles tampoco...
Asun: Ya lo sé, de todas formas os dejaré comida preparada para que no tengas que preocuparte de nada, y si necesitáis cualquier cosa siempre se lo puedes decir a mi madre...
Héctor: Claro que sí... vete tranquila, mujer...
Asun: (besando a su marido) Te quiero Héctor... te quiero...
Héctor: Yo también te quiero Asun... cada día más...

(El feliz matrimonio se funde en un apasionado beso de amor y posteriormente ambos se preparan para volver a sus respectivos trabajos)

(Asun le cuenta a Aurelia su conversación con Héctor y lo bien que ha ido todo aunque también es consciente que la procesión va por dentro y que aunque Héctor se muestre tan moderno, en realidad sufre mucho cada vez que su mujer está lejos de él, y a ella misma también le cuesta separarse de su familia a la que se siente muy unida)

(Por su parte, Héctor charla con Bonilla sobre este asunto)

Bonilla: ¿Le habrás dicho que sí, verdad...?
Héctor: Por supuesto, ¿por quién me tomas...? puedo seguir siendo un troglodita en algunas cosas, pero voy mejorando con el tiempo...
Bonilla: Eso está bien... creo firmemente que es injusto que las mujeres casadas tengan que pedir permiso para viajar sin nosotros o para abrir una cuenta propia en el banco o para comenzar un negocio, no tiene ningún sentido... me parece mentira que en los tiempos supuestamente modernos en que estamos, aún estemos a la cola en esa materia, ¿no te parece...?
Héctor: Por supuesto que me parece... no tiene ni pies ni cabeza... y nunca me negaría a que Asun viajara sola o tuviera un poco más de independencia... es solo que sé que la voy a echar mucho de menos y que aunque ahora la animo muy alegremente a que se vaya, cuando esté tan lejos no se como voy a poder soportarlo...
Bonilla: Los niños van a estar contigo y te van a hacer mucha compañía, y estoy seguro que no vas a tener ni un minuto libre... además vais a hablar por teléfono todas las noches...
Héctor: Eso si es verdad...
Bonilla: Y además, Alemania no está tan lejos, las comunicaciones han mejorado muchísimo y en menos que te des cuenta, Asun estará de vuelta contigo y podréis recuperar el tiempo de ausencia...
Héctor: Sí... tienes razón... tengo que ser fuerte... muchas gracias Bonilla, gracias por tus ánimos... eres un buen amigo...
Bonilla: No hay de que...

(Ya por la tarde, Asun vuelve a casa y antes de subir, pasa por la portería para contarle a su madre sus planes de viajar a Alemania la próxima semana)

Felisa: ¡Pero hija...! ¿y te vas a ir tú sola ...? ¿y qué dice Héctor...?
Asun: Ya lo he hablado con él, madre, y aunque es evidente que me echará mucho de menos igual que yo a él, pero no me lo puede prohibir...
Felisa: ¿Cómo que no...? Asun, es tu marido, y él es quien tiene la última palabra... si él no te da el permiso tú no podrás viajar...
Asun: Ya lo sé, madre... ¿y no le parece absurdo y ridículo que tenga que ser así...? creo que ya es hora de que las cosas empiecen a cambiar en este país de una vez, que estamos casi en el año 1970, madre, el resto de países de nuestro entorno nos dan mil vueltas en este sentido... afortunadamente tengo la inmensa suerte de haberme casado con un hombre moderno, un hombre que no piensa que las mujeres tenemos que quedarnos en casa con los niños atadas a la pata de la cama...
Felisa: Pues debe de ser el único...
Asun: Afortunadamente para nosotras las cosas están empezando a cambiar, madre... las mujeres casadas podemos ser mucho más independientes de lo que se cree y tenemos muchas capacidades para hacer varias cosas, trabajar fuera de casa y cuidar de nuestra familia...
Felisa: Si tú lo dices, hija... pero a mí no me parece bien que tú te marches y dejes sola a Héctor con los niños...
Asun: Sólo van a ser tres días, madre... ¿y que se cree que yo no les voy a echar mucho de menos...? ¡pues claro que sí...! yo he tenido muchas dudas sobre este viaje y no me gusta separarme de la familia pero sé que esta experiencia me va a venir muy bien para mi futuro profesional, voy a aprender mucho... y le prometo que voy a llamar a casa todos los días... Héctor le pondrá al corriente de mis aventuras allá... y hablaré con los niños también...
Felisa: ¡Virgen del Carmen...! si no fuera por ese marido moderno que tienes, no sé que hubieras hecho con tu vida...
Asun: Pues seguramente si no hubiera conocido a Héctor, no me habría casado nunca... porque más vale estar sola que mal acompañada... por eso doy gracias todos los días por la suerte que tengo de tener a mi lado a la mejor persona del mundo y por haber formado junto a él la familia que tengo...
Felisa: En eso estoy contigo, hija... tienes una familia estupenda...
Asun: Y estoy muy orgullosa de todos ellos... todos tenemos que hacer sacrificios para que funcione, pero luego viene la recompensa, que es mi felicidad y el amor que nos tenemos, y eso es lo único que me importa...
Felisa: Yo solo quiero que tú seas feliz, hija...
Asun: Lo soy, madre, lo soy... me subo ya para estar un rato con ellos, quiero aprovechar todo el tiempo posible antes del viaje...
Felisa: Claro hija... hasta otro rato entonces...
Asun: Adiós, madre, hasta mañana...

(Asun se sube a casa y una vez allí comparte con los niños la noticia de su próximo viaje a Alemania. Poco después llega Héctor y todos juntos cenan en familia disfrutando de una velada tranquila y sosegada).

domingo, 24 de noviembre de 2013

Capítulo 82 - Sentimientos de culpa (Septiembre 1969)

(Unos meses después... Septiembre de 1969. La familia Perea terminó de pasar sus vacaciones junto a los Olavide en tierras asturianas. La familia Olavide pasó el mes de Agosto haciendo una ruta por la Cornisa Cantábrica, y la familia Perea se unió a ellos en la última parte del recorrido, justo a la altura de Covadonga, los lagos y posteriormente Ribadesella, Oviedo y Gijón. Los días que compartieron juntos fueron muy divertidos y los niños disfrutaron especialmente de las excursiones en plena naturaleza. Además tuvieron suerte con el tiempo y apenas les llovió, lo que les permitió disfrutar de bonitos paisajes y paseos, además de buenas y copiosas comidas).

(El día más intenso y difícil de toda la excursión fue la llegada a Ribadesella, donde Héctor y Gustavo junto con los niños contrataron una canoa para bajar con un monitor el descenso del río Sella, desde Arriondas hasta la desembocadura en Ribadesella. El susto que protagonizó el pequeño Daniel cayéndose de la barca y teniendo que ser rescatado por el monitor es algo que Héctor no olvida fácilmente y a pesar de los días transcurridos y ya en Madrid, el recuerdo de lo que pudo haber pasado aún sigue atormentando a Héctor por las noches, sumido en sus pensamientos e impidiéndole a veces conciliar el sueño)

Asun: (acariciando a Héctor en el pelo y en la nuca) ¿No puedes dormir, verdad...?
Héctor: No...
Asun: Otra vez estás pensando en lo de Daniel...
Héctor: No puedo evitarlo, Asun, no puedo... cada vez que pienso en ese maldito día y en mi poca cabeza... ¿cómo pude ser tan mal padre...? tenía que haberle sujetado mejor, es más, no tenía que haber contratado esa estúpida excursión...
Asun: Shhh... ya está, ya está... Héctor, no puedes seguir dándole vueltas a lo que ocurrió... no sirve de nada lamentarse... en primer lugar, tú no eres un mal padre, al contrario, eres el mejor padre del mundo, tus hijos te adoran, y para ellos eres su héroe... ¡no hay más que ver a Daniel como te mira...!
Héctor: A veces tengo la sensación de que hace conmigo lo que quiere, y que si me quiere tanto es porque le doy todos los caprichos...
Asun: Eso no es cierto, y lo sabes... tus hijos no te quieren por los caprichos que les das o por los regalos que les haces... te quieren por como eres... porque has sabido educarles y sacar de ellos lo mejor que tienen... esa es una tarea muy difícil y tú y yo la estamos haciendo de maravilla, y no tengas ninguna duda que ellos nos lo van a agradecer cuando sean mayores, porque estamos enseñándoles a ser buenas personas y eso es lo único que importa...
Héctor: Ya, pero es que... ¿qué hubiera pasado si el monitor no hubiera reaccionado tan rápido como lo hizo...? el pobre niño estaba empapado, el agua estaba congelada... ¡podría haber muerto ahogado o de una pulmonía seria...!
Asun: No pienses eso, por favor... no me lo quiero ni imaginar... todo quedó en un susto por fortuna...
Héctor: Si le hubiera pasado algo a nuestro hijo, por mínimo que fuera, no me lo habría perdonado en la vida y tú tampoco...

(Asun mira a su marido de forma enigmática, intentando descifrar adonde quiere llegar)

Héctor: Aún sigo viendo esa mirada tuya cuando salimos del agua... esa mirada fría como el hielo que me atravesó como un rayo... te miré fugazmente y supe que te había decepcionado... me sentí el hombre más inútil y más triste de la tierra...
Asun: (sorprendida y avergonzada vuelve a acariciarle) Héctor... cariño... de verdad, que yo no sabía que estabas tan afectado... si yo hubiera sabido que ibas a llevar esa penitencia arrastrando contigo todo este tiempo, te habría dedicado mucho más tiempo a escucharte y menos a enfadarme contigo... y escucha otra cosa... yo jamás he pensado ni pensaré que me has decepcionado... nunca, ¿me oyes...? lo de aquel momento fue un arrebato... supongo que es el instinto de protección que todas las madres llevamos en nuestro interior, pero en ningún momento te culpé de aquello, como tampoco te culpé cuando Dani se perdió en el supermercado... son cosas de críos, cosas que a veces pasan y que ni tú ni yo podemos evitar por mucho que nos empeñemos en protegerles...
Héctor: Pero ese es nuestro deber como padres... protegerles para que nada malo les ocurra...
Asun: Sí, y también enseñarles a defenderse de los peligros, a ser autónomos e independientes... la mayoría de las veces los niños aprenden a base de golpes... si les protegemos todo el tiempo y no les dejamos que se enfrenten ellos solos a las cosas, los convertimos en unos inútiles, y nosotros no vamos a estar ahí con ellos toda la vida... lo natural es que cuando ellos sean bastante mayores, nosotros ya no estemos ahí, pero sabrán como actuar y recordarán todo lo que les enseñamos y eso es lo que les queda, nuestro legado...
Héctor: Pero para que llegue ese día aún queda mucho, yo no quiero pensar en que será de ellos cuando nosotros faltemos...
Asun: Por supuesto que no... (sonriendo) tenemos cuerda para rato tú y yo... y lo que tenemos que hacer es disfrutar viéndoles como crecen, como se enfrentan a las adversidades, como se caen para volverse a levantar... no vale la pena atormentarse por lo que podría haber ocurrido o por como podríamos haber evitado esto o aquello... la vida en sí es una aventura, una carrera de fondo llena de obstáculos y de riesgos que merece la pena descubrir... no se puede planificar todo al milímetro... y además eso sería muy aburrido... ¿o acaso crees que yo planee enamorarme de ti como lo estoy hasta las trancas...?
Héctor: (mirándola con dulzura) No, supongo que no... esas cosas no se planean...
Asun: Efectivamente... la vida te va llevando por diferentes caminos y te ofrece posibilidades, y tú eliges la alternativa que crees que es la mejor en ese momento... y también te da sorpresas... yo solo sé que el día que te cruzaste en mi camino fue el mejor día de mi vida...
Héctor: Yo el día que te conocí, sentí, no sé, como una especie de cosquilleo interior, como si el mundo se hubiera parado de repente y solo existieras tú, destacando sobre todas las cosas... para mí tú eres mi mundo y no me imagino que sería de mi vida si tú no estuvieras a mi lado...
Asun: Cariño... yo siempre voy a estar a tu lado, compartiendo ese mundo que hemos creado entre los dos, ese mundo maravilloso que merece la pena seguir descubriendo, compartiendo siempre todas nuestras inquietudes, nuestros sueños y nuestros desvelos... (mirándole dulcemente) ¿te sientes mejor ahora...?
Héctor: Sí, gracias... mucho mejor... cuando hablo contigo de lo que me preocupa y de lo que me atormenta es como si me quitara un peso de encima, me siento aliviado y ligero como una pluma para seguir adelante, luchando cada día y seguir aumentando mi felicidad...
Asun: (besando a su marido en la mejilla) Pues te va a parecer extraño, pero ¿sabes en que estaba pensando yo hace un momento...?
Héctor: Sorpréndeme...
Asun: En la noche que concebimos a Daniel...
Héctor: ¿Cómo puedes saber cuando fue exactamente...? es imposible de saberlo... además, nosotros somos bastante activos en ese sentido, ya me entiendes...
Asun: Ya lo sé, mi amor, y esa es otra de las cosas que me encantan de nuestra vida... pero estoy segura que tuvo que ser aquella noche... me acuerdo que fue un día raro...
Héctor: ¿Raro... qué quieres decir...?
Asun: Era a finales de Noviembre de 1960... y tú y yo habíamos empezado el día discutiendo por algo relacionado con uno de tus casos...
Héctor: Pues sí que era raro, sí, porque tú y yo no discutimos habitualmente...
Asun: (con una sonrisa) ¡Calla bobo...! la cuestión es que a mí no me habían gustado los métodos que habíais utilizado Bonilla y tú para resolver el caso aquel de la banda de “Los juegos”... ¿te acuerdas...?
Héctor: (pensativo) A ver... sí, vagamente... recuerdo que a ti no te gustaba nada que yo me pasara las noches de vigilancia en las salas de juego... decías que era muy peligroso, que María era muy pequeña y que yo no venía a dormir prácticamente ninguna noche y tú te quedabas sola con ella en casa... pero era necesario hacerse pasar por crupier para coger a esos malnacidos con las manos en el pastel...
Asun: Sí, pero el mundo de la noche es peligroso y más en determinados ambientes...
Héctor: Bonilla y yo fuimos muy cuidadosos para no ser descubiertos y que no se dieran cuenta de que en realidad estábamos infiltrados...
Asun: Lo sé, pero no podía evitar sentir miedo de no tenerte en casa por las noches, cerquita de mí... sabes que te necesito y que si no me abrazo a ti, no puedo dormir...
Héctor: ¿Y qué pasó ese día según lo que recuerdas...?
Asun: Pues que habíais resuelto el caso con éxito y conseguisteis que la policía detuviera a toda la banda que estafaba a las salas de juego de medio Madrid... yo te pedí que no volvieras a exponerte tanto porque estuvieron a punto de detenerte a ti también al confundirte con uno de los cabecillas de la banda...
Héctor: Pero cariño, eso es porque hice tan bien mi papel que hasta la policía dudaba si yo era del equipo de los malos o de los buenos...
Asun: Y tú me dijiste que parte de tu trabajo era correr riesgos y que así lo acepté cuando nos conocimos y empezamos a salir... que sabía que había una remota posibilidad de que algún caso no saliera como esperabas y que alguna vez podría llevarme algún susto... pero una no se termina de acostumbrar a esa vida de detective misteriosa y oscura... no sabes como respiro de aliviada cada vez que llegas a casa del despacho sano y salvo...
Héctor: Asun, mi trabajo de detective es lo único que tengo y lo que me hace feliz, aparte de ti, por supuesto... es mi vocación y no puedes pedirme que renuncie a ello... imagínate que yo te pidiera que dejaras de trabajar en la redacción y que te quedaras en casa cuidando de los niños... ¿qué pensarías de mí...? que soy un troglodita y un retrógrado, ¿no...? y con razón...
Asun: (mueve la cabeza afirmativamente) Si ya lo sé... y cuando se te ha ocurrido sugerir algo parecido yo siempre me he puesto a la defensiva... a mí también me encanta mi trabajo y jamás renunciaría a él... pero supongo que a veces el miedo nos paraliza y nos dejamos llevar por él... recuerdo que tuvimos esta misma conversación aquel día solo que un poco más alterados... aunque luego nos fuimos calmando, y luego María nos regañó porque estábamos gritando mucho y se puso triste porque creyó que yo estaba enfadada contigo...
Héctor: Ay sí, María siempre tan sentida...
Asun: Y siempre saliendo en tu defensa como una leona...
Héctor: Como tiene que ser... para algo es la niña de mis ojos...
Asun: (sonriendo) No hace falta que lo jures... y volviendo a ese día que al final fue maravilloso, recuerdo que hacía un frío tremendo, y encima la caldera de carbón se había estropeado justo el fin de semana anterior y mi madre y mi hermano disgustados por la explicación que iban a tener que darles a los vecinos cuando preguntaran porque no había calefacción...
Héctor: ¿Y qué pasó después...?
Asun: Pues que como no había nada interesante en la radio y en el salón hacía mucho frío, decidimos meternos debajo de las mantas de la cama para entrar en calor...
Héctor: (mirando intensamente a Asun) Interesante...
Asun: Pero yo seguía teniendo frío... y entonces tú me envolviste entre tus brazos y me dijiste: “conozco una forma segura de entrar en calor, mi niña...” los dos nos miramos embobados como dos adolescentes en celo... estabas tan guapo y tan sonriente aquella noche... y yo estaba tan necesitada de mimos que simplemente me dejé llevar por mis sentimientos y por mis ganas de demostrarte lo mucho que te amaba... una cosa llevó a la otra, y si de algo estoy segura es de que aquella noche fue especialmente tierna... no había distancia ni barreras entre nuestros cuerpos, éramos como una fusión perfecta... una mezcla de amor y pasión a partes iguales... no me preguntes por qué, pero cuando después de aquella noche a las pocas semanas averigüé que estaba en estado, supe que ese bebé que venía en camino era el resultado de aquel maravilloso cóctel... tenía tantas ganas de volver a quedarme embarazada, de sentir los cambios en mi cuerpo, de sentir a mi bebé como iba creciendo dentro de mí y la inmensa alegría de poder compartir esa experiencia contigo otra vez... y a las pocas semanas tú recibiste la noticia que llevábamos años esperando, habían aprobado tu nulidad matrimonial y por fin podíamos casarnos... era como un sueño hecho realidad... era como si aquel bebé trajera con él nuevos aires, planes de futuro, estabilidad...
Héctor: Y es que fue así... desde que Dani vino a este mundo no han dejado de pasarnos cosas buenas... y eso me gusta... y también me ha gustado mucho eso que has dicho de que no había distancia entre los dos... si quieres podíamos regresar a aquella noche...
Asun: (riéndose) ¡No empieces...! esta noche no, Héctor, de verdad... estoy muy cansada, en serio, cariño... se que tienes muy buenas intenciones y un plan estupendo, pero por esta noche prefiero que me des un masaje relajante de esos que se te dan tan bien, a ver si puedo descansar... me duele el cuello y los hombros...
Héctor: (incorporándose) Pues para eso estoy yo aquí... ¿dónde te duele mi amor...? a ver si yo puedo aliviarte...
Asun: (señalándose) Aquí... y aquí también...

(Héctor empieza a mover sus dedos para realizar un relajante masaje a su mujer con mucho amor y mucho cariño)

Asun: Ay, sí... que bien, así, mucho mejor... gracias, cariño...
Héctor: Las que tú te mereces...
Asun: Y ahora abrázame y vamos a dormir...
Héctor: Claro que sí...

(Héctor apaga la luz de la mesilla y se acomoda al lado de Asun ambos envueltos en un abrazo dispuestos a dormirse juntitos como cada noche)

sábado, 9 de noviembre de 2013

Capitulo 81: El amor no se puede esconder (Mayo 1969)

(Unos días después, finales de Mayo de 1969. Los días en París transcurrieron de fábula y la familia Perea así como el resto de invitados a la segunda boda de los Olavide pasaron unos momentos muy bonitos juntos. El matrimonio Olavide ha decidido prolongar su estancia en la capital parisina quedándose allí con Clara, que ha tenido que cambiar el billete de vuelta a Madrid para quedarse con sus padres disfrutando de su segunda luna de miel. Gustavo y Aurelia han decidido llevarse a Clara con ellos y hacer algo parecido a lo que sus amigos Héctor y Asun hicieron con la pequeña María en su primera luna de miel, que es disfrutar en familia de un viaje especial y diferente)

(María y Daniel han regresado con sus padres a Madrid junto a la familia Bonilla y dentro de un par de días María celebrará su undécimo cumpleaños. A María le da pena que en esta ocasión Clara no pueda asistir a la fiesta al encontrarse fuera de España, pero se alegra de que su mejor amiga esté disfrutando junto a sus padres de la inmensa felicidad que da el renovar los votos matrimoniales y seguir tan enamorados como el primer día. María ya sabe lo que es sentir esa felicidad ya que sus padres también la demuestran a cada momento y ella y su hermano se sienten contentos de que el amor y la armonía reine en casa de la familia Perea)

(Ya por la tarde, María y Daniel se han bajado a casa de los abuelos a pasar la tarde con su prima Irene y contarle todos los detalles de su viaje a París. Allí también acuden Estrella y Miguel junto con el pequeño Diego y los pequeños dan buena cuenta de sus andanzas en la capital francesa con todo lujo de detalles)

(Sin embargo, Héctor y Asun han preferido quedarse arriba en su casa recogiendo algunas cosas que todavía andaban sueltas por las maletas. Héctor ayuda a Asun a subir las maletas al altillo para que no estorben en la habitación. Cuando acaban esa labor, los dos se sientan en el sofá a compartir un buen rato de charla).

Asun: (sacando la botella de coñac a punto de terminarse) Voy a servirme una copa... ¿quieres una...?
Héctor: ¿No es un poco pronto para beber...?
Asun: Puede ser... pero me apetece...
Héctor: Está bien, te acompañaré entonces...

(Asun saca dos copas de la vitrina y vierte el contenido del coñac en ellas, acabando definitivamente con la botella)

Asun: Mañana tendré que bajar al Asturiano a por otra botella... esta ya ha dado todo lo que tenía...
Héctor: Ya lo veo... ¿nos sentamos a disfrutar de esta copa vespertina...?
Asun: Claro...
Héctor: (relajándose en el sofá, abraza a Asun cogiéndola por el hombro) Mmm... que bien sienta una copa así de vez en cuando, aunque sea a deshoras...
Asun: Y que lo digas...
Héctor: ¿Sabes a qué me recuerda este momento...?
Asun: ¿A qué...?
Héctor: A todos aquellos caballeros y señoras que se sentaban a media tarde en las terrazas parisinas a disfrutar de una buena copa de coñac o de licor...
Asun: Es verdad... lo hemos pasado muy bien, ¿verdad...?
Héctor: Sí, desde luego, hemos visto muchas cosas, hemos aprovechado bien el tiempo y los niños han disfrutado de cada detalle que se han empapado de la ciudad...
Asun: Sí, y me imagino que ahora se lo estarán contando con los ruidos de las puertas a mis padres y a mi hermano y Estrella... y conociendo a Daniel seguro que se inventará alguna que otra historia para presumir un poco...
Héctor: Sí, y María se peleará con él para que no invente cuentos y se ciña a los hechos...
Asun: (sonriendo pensativa) ¡Que diferentes son...! ¿verdad...? María siempre tan realista y Dani siempre tan fantasioso...
Héctor: Por eso se complementan y se llevan tan bien... como nosotros...
Asun: ¿Ah sí...? ¿crees que tú y yo somos muy diferentes y por eso nos complementamos...?
Héctor: Estoy convencido... lo que tú tienes a mí me falta y lo que yo tengo lo comparto contigo y aprendemos el uno del otro continuamente, puedes estar segura... si fuéramos iguales sería muy aburrido...
Asun: Otra vez tienes razón... se me está ocurriendo una idea, pero no sé si nos va a dar tiempo... no querría que los niños se presentasen antes de tiempo...
Héctor: (mira su reloj y acariciando a Asun) ¿Estás pensando en lo que estoy pensando...? ¡por eso querías tomarte esa copa conmigo...! formaba parte del juego, ¿no es eso...?
Asun: Me has leído el pensamiento... como se ve que me conoces bien...
Héctor: No creo que vengan los niños... ahora mismo deben estar muy entretenidos contando las andanzas del viaje a toda la familia y sé positivamente que no van a aparecer hasta la hora de cenar, por lo menos... así que relajémonos, tenemos tiempo de sobra para centrarnos el uno en el otro y disfrutar un poco, ¿no te parece...?
Asun: (sonriendo tiernamente) Me parece... ¿por dónde empezamos...?
Héctor: (riéndose) No sé, no sé... déjame que me inspire un poco, cariño... (se acerca a su cuello y empieza a darla pequeños besos) ¿qué te parece así...?
Asun: Me gusta mucho...

(Asun corresponde a su marido con caricias y besos en el hombro y en la cara, para posteriormente centrarse en los labios y en el cuello, especialmente debajo de la oreja, que sabe que es el punto débil de Héctor. Los dos van avanzando posiciones, empezando a desabrocharse la ropa en el sofá. Asun desabotona la camisa de Héctor, poco a poco, muy lentamente, deslizando sus manos y su boca por el pecho de su marido. Héctor mira a Asun con una amorosa sonrisa y se detiene en cada botón de su blusa. Muy despacio, sigue besándola en el cuello y en sus desnudos hombros que ahora han quedado al descubierto tras haberse liberado de la blusa que ha caído sobre el brazo del sofá. La camisa de Héctor hace ya rato que descansa sobre la alfombra. Héctor quiere seguir con el juego de las prendas, aunque Asun le apremia para que continúen ese juego en el dormitorio)

Asun: Cariño, es por precaución... imagínate que se presentan los niños... ¿qué van a pensar...?
Héctor: (sin dejar de besar a su mujer) En primer lugar los niños no van a venir, y en segundo lugar pensarán que tienen la inmensa suerte de tener unos padres que siguen enamorados como el primer día...
Asun: (riéndose) Ya, ya lo sé, pero ya sabes a que me refiero... me siento más cómoda si seguimos con esto en la habitación...
Héctor: Está bien... echaré el cerrojo de la puerta para que te quedes más tranquila, ¿quieres...?
Asun: (acariciándole la barbilla) Gracias, amor...

(Héctor se levanta del sofá y levanta a Asun llevándola en brazos al dormitorio aunque dejando los zapatos y las otras prendas ya caídas en el sofá y el suelo así como las dos copas y la botella de coñac vacías sobre la mesita)

(Ya en el dormitorio, Héctor cierra la puerta y echa el cerrojo para poder tener intimidad con su querida esposa. Los dos se dejan caer sobre la cama riéndose divertidos. Héctor continúa con su juego de caricias y besos, se detiene lentamente en la cremallera de la falda que va bajando con suavidad mientras no deja de besar los hombros de Asun. Ella desliza sus manos por debajo de la camiseta de Héctor, dejando por fin su torso al descubierto, tras lo cual pasa a desabrochar el cinturón de sus pantalones. Cuando ambos quedan en ropa interior, no dejan de contemplarse mutuamente, intercambiando sonrisas y besos. El calor que emiten sus cuerpos es tan intenso que poco tardan en despojarse de las últimas prendas. Héctor disfruta enormemente de este último paso, pues una de sus debilidades es recorrer la espalda de Asun con sus manos, centímetro a centímetro, soltando los tres corchetes del sostén que le separan de poder contemplar y besar cada uno de los redondos pechos de Asunción. En este momento, los suspiros de gozo de Asun inundan la estancia en penumbra, la respiración de la pareja se agita y los sentimientos de amor compartido iluminan la mirada de nuestro enamorado matrimonio. La unión de sus cuerpos produce un escalofrío, pero para ellos es una sensación maravillosa, pues se trata de un escalofrío de placer, una emoción única y sincera, digna de ser disfrutada por los dos amantes en pleno apogeo de su sexualidad).

(Un buen rato después, los dos esposos descansan el uno sobre el otro, habiendo ya recuperado el aliento y manteniendo una respiración mucho más pausada, aunque manteniendo ese brillo en sus ojos que no pueden ni quieren disimular)

(Asun mantiene su cabeza apoyada sobre el pecho de su marido, escuchando los rítmicos latidos de su corazón, lo que permite a Héctor acariciar delicadamente el hombro de su esposa, deslizando las yemas de sus dedos arriba y abajo en forma de círculos. A Asun siempre le ha gustado mucho ese cariñoso gesto de su marido, es su forma de relajarse tras la intensidad de su íntimo encuentro y es uno de esos momentos en que ambos aprovechan para intercambiar confidencias y secretos propios de los enamorados)

Asun: (con una dulce sonrisa) Me encanta cuando haces eso... es el dulce final que acompaña a todo el cúmulo de sensaciones que acabo de disfrutar contigo...
Héctor: (besando a Asun en la frente y el pelo) A mí me relaja tanto... y es mi manera de decirte que te quiero, que te adoro, que te amo y que te necesito siempre a mi lado...
Asun: Yo también te amo... (acaricia y besa el pecho de Héctor) eres todo lo que necesito para ser la persona más feliz del mundo... (vuelve a besarle) y estoy muy orgullosa de ti...
Héctor: ¿Por...?
Asun: Por todo lo que me haces sentir... porque contigo me siento segura y tranquila, por el tipo de hombre que eres, el mejor marido del mundo, el mejor padre del mundo, y... (bajando un poco la voz) también el mejor amante del mundo...
Héctor: (sorprendido) ¿De verdad crees que soy el mejor amante del mundo...?
Asun: Sé que no he tenido prácticamente ninguna experiencia más allá de tí en ese terreno, pero lo que sí sé es que todas las chicas que han estado contigo antes que yo tienen que haberse sentido muy especiales, porque así es como yo me siento, especial y viva...
Héctor: Por favor, no me lo recuerdes... lo de las otras chicas quiero decir, no es algo de lo que me sienta orgulloso y tampoco es algo de lo que me guste presumir... fue una etapa de mi vida bastante díscola que afortunadamente ha quedado ya muy atrás en el tiempo...
Asun: (mirándole a los ojos) Héctor... no tienes por qué avergonzarte... tú tampoco fuiste el primer hombre con el que mantuve relaciones íntimas, ya lo sabes, y aunque fui educada como todas las mujeres de mi generación para llegar virgen al matrimonio, ese tipo de cosas no siempre se planean, simplemente surgen... pero lo que tú y yo tenemos, lo que tú y yo compartimos es mucho más que un buen plan, es amor, amor de verdad, amor sincero... por eso disfrutamos tanto el uno del otro en nuestros encuentros íntimos, porque nos amamos con locura y con el corazón, porque nos conocemos tan bien que sabemos en cada momento lo que pensamos y lo que sentimos, y lo que queremos... y porque tenemos muy claro que nuestro destino es estar juntos, siempre... somos dos almas gemelas, Héctor, el destino nos hizo coincidir y en ese preciso instante nuestras vidas cambiaron para siempre, cambiaron a mejor... conocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida, cariño...
Héctor: (emocionado por las palabras de Asun) Mi vida, mi amor, mi niña...

(Ninguno de los dos puede decir más palabras y se limitan a besarse larga y profundamente con deseo y amor profundo)

(Una media hora después, cuando ambos están a punto de levantarse de la cama, escuchan el sonido de la llave en la puerta)

Asun: ¿Has oído eso, Héctor...? ya están aquí los niños...
Héctor: Pues entonces habrá que pensar en levantarse, ¿no...?
Asun: Eso creo... vete al cuarto de baño a darte una ducha mientras yo salgo y les entretengo para que no hagan preguntas...

(Asun se pone el camisón y la bata mientras escucha las voces de sus hijos en el salón)

Dani: ¿Mamá... papá...? ¿hay alguien en casa...?

(María observa las copas de coñac sobre la mesita y la blusa de su madre y la camisa de su padre tiradas sobre el sofá y entiende perfectamente la situación)

María: Daniel... ven, acompáñame a la habitación, anda...
Dani: ¿Por qué...? yo quiero jugar en el salón... aquí no hay nadie...
María: Tú haz lo que te digo y no hagas preguntas... vamos a jugar a un juego muy divertido...
Dani: (encogiéndose de hombros) ¡Bueno...!

(Asun abre la puerta del dormitorio y sale por el pasillo hacia el salón, dándose cuenta que los niños ya no están ahí, se han encerrado en el cuarto de María a jugar. Asun recoge las copas de coñac y las lleva a la cocina y luego coge su blusa y la camisa de Héctor y los zapatos, y los lleva al dormitorio, con la esperanza de que los niños no hayan reparado en ellas, ya que le daría bastante vergüenza admitir delante de sus hijos lo que ha pasado esa tarde en casa de los Perea)

(Héctor sale del cuarto de baño con el pijama y la bata puestos y recién duchado)

Héctor: ¿Has visto a los niños...?
Asun: Cuando he salido al salón se habían encerrado en el cuarto de María a jugar...
Héctor: (mirando el sofá) ¿Crees que se habrán dado cuenta de la ropa que había ahí...?
Asun: No lo sé, Héctor... yo lo he recogido ya todo, pero creo que lo mejor es que nos comportemos de forma natural, y que sean ellos los que hagan las preguntas si quieren saber algo, ¿no te parece...?
Héctor: Tienes razón, sí... será lo mejor... a lo mejor con un poco de suerte ni han visto lo que había en el sofá...
Asun: Ya, pero me parece un poco raro que se hayan ido directos al cuarto, ¿no...?
Héctor: Probablemente Daniel ni se haya fijado, pero te apuesto lo que quieras a que María si que lo ha visto y ya se habrá imaginado cosas... es demasiado lista... quizá deberíamos hablar con ella...
Asun: Me parece bien... ¿hablamos con ella entonces antes de la cena...?
Héctor: Sí... me aseguraré que Dani se queda entretenido con algún juego o un libro y voy a buscar a María y traerla al salón para hablar con ella tranquilamente...
Asun: Bien...

(Héctor llama a la puerta del cuarto de María)

Héctor: ¡Hola chicos...! ¿ya estáis aquí...? ¿qué hacéis...?
Dani: ¡Hola papá...! ¡estamos jugando a las construcciones...! ¡tienes el pelo mojado...! ¿te acabas de bañar...?
Héctor: Sí, hijo, tenía calor, y me he dado una ducha... María, princesa, ¿puedes venir un rato al salón...? mamá y yo queremos comentarte una cosa...
María: Claro que sí, papi... ahora mismo voy... Dani, tú quédate aquí terminando este castillo que enseguida vuelvo...
Dani: Vale, jefa...

(Héctor y María se sientan en el sofá junto a Asun)

María: Hola mamá... que no te he dicho nada...
Asun: Hola, cielo...
María: ¿De qué queréis hablar...?
Héctor: A ver... es que es un tema un poco delicado... cuando habéis entrado esta tarde en casa, ¿os habéis fijado si había algo en el sofá...?
María: ¿Te refieres a dos copas de coñac y una botella vacía y a una blusa de mamá y una camisa tuya...? ¡ah, sí, y unos zapatos también...!
Héctor: (un poco avergonzado por la situación) Sí, eso mismo...
María: No te preocupes, papi, Daniel ni se ha enterado, pero yo si que lo he visto...
Asun: ¿Y qué has pensado cuando lo has visto...?
María: Pues que estábais en la habitación, claro... haciendo... bueno, eso que hacen los mayores cuando se quieren mucho... y que también sirve para fabricar bebés... es que no sé muy bien como se llama...
Héctor: No te preocupes, cariño, que no es nada malo...
María: Ya sé que no es nada malo, papá... y también sé que tú quieres mucho a mamá, y que estábais los dos solos y que os han entrado las ganas... ¿es eso, no...?
Asun: (mirando a su hija con ternura y acariciándola) Sí cariño, es eso... pero no queremos que te asustes o que pienses que papá y yo estamos haciendo algo sucio...
María: Yo no pienso eso, mami... y no sé muy bien en que consiste, aún soy pequeña para entenderlo, aunque nos han explicado en clase de ciencias algo sobre la reproducción de los animales y las personas... y las monjas dicen que sólo se puede hacer para tener crías y mantener la especie, porque sino es pecado... pero yo no me lo creo... no puede ser pecado algo que se hace con amor... yo sé que es algo muy bonito y que cuando quieres mucho a la otra persona es todavía más bonito...
Héctor: (abrazando a su hija) ¡Ay, mi princesa, que lista eres...! y tienes razón en eso que dices... es un acto de amor muy bonito... cuando seas mayor y te enamores lo entenderás todo, ya lo verás... pero te pido por favor que sea dentro de mucho tiempo, eh princesa...?
María: (riéndose) Eso espero, papi... pero me gusta que confieis en mí y me tratéis como a una niña mayor... y no os preocupéis por el enano que no se ha enterado de nada... este será nuestro secreto... ¿de acuerdo...?
Asun: De acuerdo... me alegro que podamos hablar así contigo de vez en cuando de las cosas de mayores...
María: Yo también me alegro y os quiero mucho... me voy a ver si Dani ha terminado ese castillo... cuando esté la cena, avisad, ¿vale...? ¡ah...! y la próxima vez sed un poquitín más discretos... (les guiña un ojo divertida)

(Asun y Héctor se quedan riéndose por la salida de su hija y luego se abrazan y se dirigen a la cocina a preparar la cena)

(Después de cenar, los niños se van a la cama y el matrimonio Perea hace lo propio, aunque en esta ocasión sólo lo hagan con la intención de charlar un rato antes de dormirse).

sábado, 26 de octubre de 2013

Capitulo 80: París París, je t ´aime (Mayo 1969)

(La familia Perea llegó a París sin novedad, y el viaje en avión fue muy emocionante para todos, pero sobre todo para los niños, especialmente para el pequeño Daniel que no dejaba de mirar todo el rato a las azafatas que se paseaban por el pasillo del avión ofreciendo cafés a los mayores y caramelos a los niños. En el momento del despegue y del aterrizaje, Daniel quería estar pegado a la ventanilla para ver el efecto del avión al sacar y meter las ruedas del tren de aterrizaje y tuvo que pelearse con su hermana y con Clara para que le cedieran un hueco desde el que poder mirar el paisaje de nubes el resto del viaje)

(Como llegaron a París con bastante antelación que Aurelia y Gustavo, tuvieron tiempo de instalarse en el hotel y hacer un poco de turismo por la ciudad ya casi de noche, aunque en esta ocasión el motivo del viaje era lo suficientemente importante como para pensar más en la ceremonia que se celebraría dos días después que en conocer la ciudad a fondo. Todos pensaban que ya tendrían otra ocasión más adelante para recorrer los rincones mágicos de la ciudad de la luz y disfrutarla como se merece)

(La familia Perea al completo junto con Clara, se acercaron hasta el Barrio Latino, después de haber visto la catedral de Notre Dame iluminada a orillas del río Sena. En los alrededores había vendedores de flores y algunos pintores aunque no tantos como en el barrio de Montmartre, claro, rincón por excelencia del París más bohemio, el París de los artistas. Afortunadamente el tiempo en esta época del año acompañaba bastante y eso permitía poder pasear sin necesidad de la compañía del paraguas y el abrigo)

(Daniel se acercó a su padre divertido)

Dani: Papi, estamos en una ciudad maravillosa, como dicen en la televisión, la ciudad del amor, ¿por qué no le compras a mamá una flor de esas...? seguro que le gusta mucho...
Héctor: ¿Sí... tú crees...?
Dani: Estoy seguro, mamá siempre se alegra cuando le regalas flores... bueno, en realidad cuando le regalas cualquier cosa...
Héctor: Está bien... entretened a vuestra madre, anda, que voy a quedarme aquí echando un vistazo para elegir una flor bien bonita...
Dani: ¡Hecho...!

(Dani se echa a correr hacia delante alcanzando a su madre que va con Clara y María cámara en mano, quien se ha pasado la tarde tirando fotos con la cámara que le regalaron las pasadas navidades)

(Al poco rato, Héctor aparece por detrás cogiendo la mano de Asun y depositando en ella una bonita rosa. Rápidamente la encantadora sonrisa de Asun cautiva a su marido quien la mira intercambiando un brillo especial en los ojos)

(Los niños empiezan a cantar a coro)

¡Que se besen, que se besen...!

María: ¡Vamos, papi, que no se diga...! además aquí la policía no puede deciros nada, estamos en un país con mucha más libertad que España... ¡ya podéis aprovechar...!
Héctor: (mirando a Asun enamorado) Tu hija tiene razón como siempre...

(El feliz matrimonio se inclinan el uno sobre el otro empezando por rozarse los labios y profundizando algo más. Los niños observan la feliz estampa haciendo comentarios divertidos)

Clara: ¡Hala, yo también quiero que mis padres se den así un beso en la boda...!
María: Pues lo vamos a pedir, y nos vamos a poner tan pesados que no lo van a poder evitar...
Dani: ¡Eso, eso...! ¡me gusta la idea...! ¡viva el amor...!
María: Pues si que has cambiado tú últimamente, enano... te estás volviendo romántico y todo...
Clara: Se está haciendo mayor...
Dani: ¡Jolines, vale ya... sois dos contra uno, no vale...! ¡papá échame una mano, que necesito refuerzos para defenderme...!

(Sin embargo, Héctor está tan ocupado besando a su mujer que ni repara en los comentarios que hacen los niños)

Asun: Te quiero, Perea...
Héctor: Te quiero, Muñoz...

(La feliz pareja acompañada de la tropa infantil sigue paseando un rato más por la orilla del Sena, hasta meterse finalmente hacia las calles del Barrio Latino con la intención de cenar en uno de los típicos restaurantes internacionales variados que abundan por la zona, en los que la cena y la música se funden en un combinado interesante y diferente)

Héctor: Ahora Gustavo y Aurelia ya estarán montados en el tren... y según lo previsto llegarán aquí a primera hora de la mañana...
Dani: ¡Que bien...!
María: Pero tenemos que ser muy discretos, Dani, y no dejarnos ver mucho por las zonas turísticas, porque como nos vean, estamos perdidos...
Clara: Cierto... aunque creo que tal y como se va a quedar mi madre con la sorpresa de visitar una de sus ciudades favoritas, no creo que se fije mucho en la gente...
María: Aún así, debemos tomar precauciones... debemos evitar sobre todo la zona del Sacre Coeur, que es donde tus padres tienen el hotel reservado...
Clara: Está bien, tienes razón... la idea de mi padre es llevar a mi madre a visitar esa zona junto con el barrio de los pintores nada más llegar al hotel, así que lo mejor es que nosotros vayamos a la Torre Eiffel por la mañana, ya que ellos irán por la tarde, así minimizamos los riesgos de cruzarnos...
María: Me parece bien...
Clara: Y creo que mi padre va a llevar a mi madre al barco por el Sena mañana por la noche, así que nosotros podemos aprovechar para hacerlo esta noche, ¿no...? o la noche de la boda, me da igual...
Asun: Si a vuestro padre no le importa yo prefiero hacerlo hoy, eh cariño...?
Héctor: Claro que sí, lo que tú quieras, mi amor... estamos en una ciudad maravillosa, la ciudad de la luz y del amor y yo estoy muy enamorado de ti y sólo quiero hacerte feliz...
Asun: Ya soy feliz... mucho, y lo sabes... (le guiña un ojo)
Héctor: Lo sé, cariño, lo sé... y ahora vamos a cenar que esto tiene una pinta estupenda y se nos queda frío...
Dani: ¡Bien dicho, papá...!

(La familia Perea disfruta de una opípara cena y posteriormente se dirigen al embarcadero donde canjean los billetes adquiridos en Madrid por tickets al uso para ser utilizados de forma inmediata en el crucero por el Sena)

(El crucero resulta ser precioso, avanzando por el río dejando a un lado y a otro los edificios iluminados de París. A los turistas se les ofrece dentro del barco una copa de champagne francés y a los niños un rico zumo de frutas. Los eternos enamorados se besan bajo la hermosa luz de la luna parisina y toda la familia disfruta de las maravillosas vistas y de la preciosa excursión, terminando en el lugar más cercano a la Torre Eiffel, que ahora luce iluminada y a la que tendrán la oportunidad de subir mañana con tranquilidad para disfrutar de las hermosas vistas que se ofrecen de la ciudad)

(Ya de vuelta en el hotel, los niños se meten directamente en su habitación, pues están rotos de cansancio después de tanto trajín y lo que aún les queda por disfrutar mañana. Por su parte, Héctor y Asunción se refugian en la intimidad de su habitación para disfrutar de la mágica noche parisina de otra manera muy especial para ellos dos solos).

(A la mañana siguiente la familia Perea se prepara para salir hacia la Torre Eiffel, lugar emblemático por excelencia de la capital francesa. A primera hora llegan al Campo de Marte y tras atravesarlo, se dirigen hacia las taquillas que conducen a los ascensores de acceso a subida de la torre)

(Los niños están entusiasmados con las vistas que de los diferentes rincones de la ciudad se pueden divisar con unos buenos prismáticos que Asun lleva en su bolso y que van pasando de mano en mano)

María: ¡Daniel, no acapares los prismáticos...! ¡nosotras también queremos ver algo...!
Daniel: ¡Ya voy... un momento...!

(Héctor y Asun van buscando en el mapa los diferentes emblemas de la ciudad y tratan de posicionarlos con la vista para indicárselos a los niños)

Asun: ¿Veis...? justo allí arriba de esa colina se puede ver el Sacre Coeur... seguro que Aurelia y Gustavo a estas horas deben andar ya por ahí...
Clara: Seguro que sí... si el tren ha llegado a la hora prevista y conociendo a mi padre no habrá querido perder ni un minuto en el hotel, simplemente dejar las maletas y salir a hacer turismo... oye María, ¿tu hermano piensa soltar los prismáticos en algún momento...?
María: Como no los suelte de una vez se los voy a arrancar yo misma...
Dani: (dándose por aludido) ¡Tomad, pesadas...!

(Dani se va a dar una vuelta por la azotea del edificio, mientras las chicas se entretienen con los prismáticos escudriñando los edificios parisinos)

(Un rato más tarde, la familia Perea se dirige a los Campos Elíseos, para recorrerlos desde la Plaza de la Estrella con el majestuoso Arco del Triunfo, hacia la Plaza de la Concordia con el famoso obelisco, mientras ajenos a todo este revuelo, el matrimonio Olavide se dedica a descubrir y disfrutar de las maravillas del barrio de Montmartre, puesto que es la zona que más cerca les pilla del hotel, una vez se han instalado allí procedentes de la estación de Austerlitz, adonde llegaron con el amanecer).

(Tras un día entero de caminata, la familia Perea deciden recogerse en el hotel ya cansados y pensando en el día siguiente, 24 de Mayo, fecha en la que ha de celebrarse la segunda boda de Augusto y Aurelia, donde ambos renovarán sus votos matrimoniales de forma mágica y especial, contando con la presencia de familiares y amigos de los que Aurelia ni siquiera tiene constancia de su presencia allí como tampoco sospecha sobre la verdadera razón de este viaje que con tanto primor ha preparado su marido)

(A la mañana siguiente, la familia Perea se afana por llegar a tiempo a la pequeña iglesia a las afueras de París, donde debidamente camuflados deben esperar a que el matrimonio Olavide haga acto de presencia y se destape por fin la sorpresa que durante todos estos meses le han estado preparando a Aurelia).

domingo, 13 de octubre de 2013

Capitulo 79: Ya casi en Paris (Mayo 1969)

(Y llega el mes de Mayo, los días pasan muy deprisa y nuestros protagonistas ultiman los equipajes y las cosas que llevarán a ese viaje tan especial, intentando eso sí, pasar desapercibidos ante Aurelia para evitar que ella sospeche cualquier mínimo detalle que haga saltar las alarmas, especialmente en casa de los Olavide).

(Asun llega a casa después de haber recogido a Clara de casa de Aurelia para que duerma esta noche en casa de la familia Perea. María está feliz de tener una compañera de cuarto esta noche y las dos comparten la cama divertidas, pensando en como van a salir al día siguiente hacia el aeropuerto para coger el avión por primera vez)

María: Oye, Clara, ¿y estás segura de que tu madre no sospecha nada de nada...?
Clara: Mi padre y yo hemos tenido que disimular mucho, sobre todo la última semana para que no empiece a hacer preguntas, ya sabes como es... pero creo que no... eso sí, se ha quedado muy sorprendida cuando tu madre se ha presentado en nuestra casa para hacer mi maleta y recogerme de allí... le ha dicho a mi madre que no se preocupara por nada, que tu padre nos llevaría al colegio mañana y entonces es cuando mi padre le ha dicho a mi madre que se iban de viaje a París...
María: ¡Hala...! pues tu madre se habrá quedado con una cara...
Clara: Mi madre cree que mi padre está loco porque no hace nunca esas cosas, y menos a escondidas, teniendo en cuenta que además últimamente estaba muy centrado en sus casos y se le olvidó el último aniversario... espero que mi madre se lo perdone con este viaje...
María: Seguro que sí... mi madre y mi padre nunca se olvidan del aniversario, de momento... y a mí me gusta mucho que mi padre aparezca con sorpresas para mi madre, como un ramo de flores, unas entradas para el cine o el teatro, una cena en un buen restaurante... mi madre dice que mi padre no deja de sorprenderla nunca y que eso es lo que más le gusta de él...
Clara: Es que tu padre es el rey de las sorpresas... mi padre siempre lo dice... pero estoy segura que esta vez mi madre no va a parar de llorar con lo que mi padre ha preparado allí...
María: Yo también estoy segura... va a ser genial...

(En ese momento entra Dani en la habitación de su hermana)

Dani: ¡Hola chicas...! es que no puedo dormir... estoy muy nervioso por el viaje de mañana...
María: ¿Nervioso por qué...?
Dani: Porque nunca he montado en un avión...
María: Ni yo tampoco... ¿sabes que la tita Aurelia se ha quedado de piedra al enterarse que iban a viajar a París mañana...?
Dani: ¡Que bien...! lo vamos a pasar estupendamente... Javier dice que él como ha viajado en avión que es muy entretenido, que a veces se mueve un poco y que tienes que ponerte el cinturón de seguridad bien abrochado... y al parecer hay unas señoritas muy guapas y muy simpáticas que te explican como ponerte el cinturón y el chaleco salvavidas que hay debajo del asiento y la mascarilla que hay encima, en el techo...
María: Más vale que no tengamos que utilizar ninguna de esas cosas que dices... porque eso si sería peligroso...
Clara: Yo no quiero ni pensarlo... espero que todo vaya bien y que no tengamos ningún incidente y sobre todo que lleguemos a tiempo antes de que lleguen mis padres con el tren...
María: Seguro que sí... tenemos tiempo de sobra... ellos llegan al día siguiente a primera hora de la mañana y nosotros probablemente llegaremos esa misma tarde cuando ellos estén en el tren de camino...
Dani: Creo que ahora si que estoy empezando a tener un poco de sueño... mejor me voy a mi habitación a ver si consigo dormirme...
Clara: Hasta mañana, Dani...
María: Adiós, hermanito...
Dani: Hasta mañana, chicas...

(Dani se retira a su cuarto y las niñas tratan también de dormirse apagando la luz de la habitación)

(Mientras, en su dormitorio, Héctor y Asun mantienen una entretenida conversación, recostados el uno en el otro)

Asun: ¿Crees que los niños ya se habrán dormido...?
Héctor: Hace rato que ya no les oigo... Dani se marchó para su cuarto porque oí los pasos y las niñas ya no susurran, así que imagino que se habrán quedado dormidas...
Asun: (acariciando a su marido) Ni te imaginas lo sorprendida que se ha quedado Aurelia cuando me ha visto aparecer de improviso en su casa, cuando entré y le dije que venía a preparar una maleta para Clara y que me la llevaba conmigo a casa, no daba crédito... y claro, cuando Gustavo le dijo que marchaban a París al día siguiente, la pobre no entendía nada...
Héctor: Se ve que no está acostumbrada a las sorpresas... en ese sentido, tú ya estás curada de espanto, y cada vez me resulta más difícil preparar algo especial para ti sin que te des cuenta... en cambio Gustavo es la primera vez que yo sepa que prepara algo tan gordo...
Asun: Sí, Aurelia siempre me dice que Gustavo no es precisamente un hombre de dar sorpresas, por eso ella reaccionó con esa cara al enterarse de que se iban juntos de viaje a París, que es uno de los destinos que ella siempre había soñado conocer...
Héctor: Va a ser una gran sorpresa cuando nos vea a todos aparecer en la iglesia el día de la ceremonia...
Asun: Pues sí... y en cuanto a ti y tus sorpresas, debo decirte que me encantan, que cada vez que piensas en hacerme algo especial, me siento la mujer más afortunada del mundo por haber conocido al hombre más detallista que hay sobre la faz de la tierra... y que no quiero que cambies nunca, mi amor... me gustas mucho así como eres, tienes esa capacidad de sorprenderme cada día, y me encanta...
Héctor: Me alegra que pienses así... y quiero que sepas que cada día que pasa estoy más enamorado de ti, que eres la mujer de mi vida, y que te quiero mucho...
Asun: (muy sonriente y empezando a besar a su marido) Y yo a ti... ven aquí, anda, que te voy a dar un adelanto de lo que te vas a llevar cuando estemos en esa habitación de París, la ciudad del amor por excelencia...
Héctor: ¿Ah sí...? ¿así de fácil...? ¿ya me lo he ganado...?
Asun: Sabes que sí, bobo... (profundizando en sus besos) te quiero...

(El feliz matrimonio se mete divertido bajo las sábanas y disfrutan de un momento juguetón tan íntimo como apasionado)

(A la mañana siguiente, la familia Perea termina de cerrar las maletas para irse al aeropuerto en apenas unas horas y tomar el avión que les conducirá a la ciudad de la luz. Como aún disponen de bastante tiempo, y los tres niños se han enzarzado en una pequeña pelea sobre el contenido de las maletas, Asun decide bajar a casa de sus padres un rato para así aprovechar y despedirse tranquilamente, mientras Héctor observa y controla que la riña infantil no llegue a mayores)

Felisa: Hola Asun, hija... pasa... estaba aquí fregando la cocina... no me pises ahí, por favor, pasa al salón y siéntate...
Asun: ¿No está padre...?
Felisa: No, hija, se marchó temprano al taller esta mañana, como ya se despidió anoche de vosotros...
Asun: Sí, claro, madre... pero me apetecía pasar un rato con usted tranquilamente antes de irnos al aeropuerto...
Felisa: ¿A qué hora os sale el avión...?
Asun: (mirando su reloj) A las tres, así que tenemos tiempo de sobra... y después Héctor bajará con las maletas y cogeremos un taxi... ahora se ha quedado arriba con los niños que se han empeñado en ponerse a discutir por no se que tipo de juguete que ha metido Dani en una de las maletas, y María quiere que lo saque a toda costa para meter un neceser con sus cosas de aseo que no le cabe en otro sitio...
Felisa: ¡Vaya pareja...! espero que Héctor consiga controlar a las fierecillas y que no se le alteren mucho antes de ese viaje tan estupendo que vais a hacer...
Asun: Descuide madre, que Héctor es especialista en poner paz en esas pequeñas peleas tan habituales entre ellos... forman parte de nuestra rutina...
Felisa: Estoy segura de que lo váis a pasar muy bien y que para Aurelia va a ser una auténtica sorpresa...
Asun: Yo también estoy segura, madre... nos vamos a juntar con nuestros mejores amigos y además también va a ser un viaje muy especial para Héctor y para mí, aunque nosotros no seamos en este caso los novios que se van a volver a casar...
Felisa: (sonriente) Por la cara de emoción que pones, estoy segura que tú estarías deseando de volver a celebrar tu boda con Héctor...
Asun: ¡Pues no se crea que no lo he pensado, madre...! yo con Héctor me casaría una y mil veces más... pero ahora es momento de disfrutar de la segunda boda de nuestros amigos y eso es un motivo de alegría y celebración...
Felisa: ¿Puedo ser franca contigo, hija...? es que me gustaría aprovechar este tema que has sacado para comentarte una cosa...
Asun: ¿Es algo referente a mi relación con Héctor, madre...?
Felisa: Sí, hija... nunca te lo he dicho pero creo que es momento que sepas como me siento yo también y que estoy encantada de verte tan feliz... para una madre siempre es motivo de alegría ver que sus hijos son felices y que tienen a su alrededor una familia que les quiere y les respeta... y te lo digo a ti como también se lo he dicho a Miguel y Estrella, que los pobres lo pasaron fatal con todo eso de no poder tener criaturas de forma natural... menos mal que el pequeño Diego llegó a sus vidas casi de casualidad y desde entonces esa casa ha cambiado de principio a fin... tu hermano está irreconocible desde que es padre...
Asun: Lo sé, madre, el otro día lo comentaba con Héctor cuando fuimos a verles el domingo pasado a tomar café en su casa...
Felisa: A lo que iba... quiero que sepas que yo quiero a Héctor como si fuera un hijo más, puedes estar segura... aunque yo no las tuviera todas conmigo al principio cuando empezasteis con vuestra relación... pero reconozco que con el tiempo Héctor ha sabido ganar mi confianza y mi cariño, y eso sólo lo puede hacer una persona especial...
Asun: (mirando a su madre con cariño) ¿De verdad piensa que mi Héctor es especial...?
Felisa: Por supuesto que sí, hija, tu Héctor como tú le llamas, es un hombre íntegro, bueno y cariñoso como pocos, generoso y honrado... y tú has tenido mucha suerte de tener un hombre así a tu lado, que te respeta y te quiere por encima de todas las cosas...
Asun: Y es tan padrazo, madre... a veces tiene su carácter pero también eso es necesario para imponerse a veces, tiene una personalidad única... es casi tan cabezota como yo y por eso a veces chocamos y tenemos nuestras diferencias de opiniones, pero nada que no podamos arreglar con una dosis de humor, y también de amor...
Felisa: Seguís tan enamorados como el primer día por lo que veo...
Asun: Yo diría que incluso más... a medida que van pasando los años cada vez le encuentro más cosas positivas y nos complementamos a la perfección... y no se imagina, madre, la paz y la tranquilidad que me infunde despertar junto a él cada mañana, acurrucada en sus brazos y dar gracias por todo lo bonito que he vivido con él hasta ahora y todo lo que está por venir, estoy segura... lo que él me da, lo que yo le doy, no sé, madre, no se puede explicar con palabras... solo sé que Héctor es lo mejor que me ha pasado en la vida...
Felisa: No hace falta que lo jures, hija, no hay más que verte con esa sonrisa para entender por lo que estás pasando... y quiero que sepas que me alegro mucho por ti y que los dos podéis contar conmigo para cualquier cosa...
Asun: Ya lo sé, madre, y Héctor también lo sabe... usted siempre nos ha ayudado mucho, a veces incluso creo que hemos abusado un poco de su buena disposición...
Felisa: Yo lo hago con mucho gusto... para mí lo más importante de todo es ver a la familia unida y esos niños que Dios os ha dado son una bendición del cielo... son unos ángeles...
Asun: Bueno, unas veces más que otras, porque Daniel a veces es un poco diablillo...
Felisa: Es un niño, Asunción, un poco travieso como todos, pero en el fondo es muy bueno y tiene un corazón de oro...
Asun: Tiene a quien parecerse, eso también lo ha sacado de su padre... pienso que los dos han sacado lo mejor de cada uno de nosotros y desde siempre les hemos inculcado y educado en el respeto a los demás y en valorar lo que tienen, les hemos enseñado a luchar por lo que quieren y a no rendirse jamás, y ellos saben perfectamente que si quieren algo deben trabajar para conseguirlo por ellos mismos, nadie les va a regalar nada en la vida, y siempre han sido muy conscientes de que en nuestra familia no podemos permitirnos ciertos lujos, siempre vamos bastante justitos de dinero, por eso ellos nunca han sido unos niños caprichosos...
Felisa: Doy fe de ello, hija, tanto María como Daniel son muy maduros para su edad y el ver a sus padres tan unidos también ayuda a que ellos sean más felices... ellos se dan cuenta de todo...
Asun: Lo sé, madre... yo misma me pregunto a veces como María es tan endiabladamente lista para saber como me siento en cada momento... es como si me leyera el pensamiento...
Felisa: Tenéis que estar muy orgullosos de los hijos que tenéis, y vosotros como padres lo estáis haciendo muy bien, créeme, no es fácil sacar adelante a la familia y vosotros estáis ejerciendo esa labor con nota...
Asun: Muchas gracias por sus palabras, madre... usted siempre me da tan buenos consejos... (madre e hija se abrazan con fuerza y emoción)

(En ese instante se oye jaleo en la escalera)

Asun: (mirando su reloj) ¡Uy, seguro que son mis fierecillas que ya bajan con su padre...!

(Héctor está en el rellano con las maletas en el suelo y los niños revoloteando nerviosos a su alrededor)

Dani: ¿Dónde está mamá...?
Héctor: Dentro de la portería, con la abuela... pasa a buscarla y así te despides de ella, ¿de acuerdo, campeón...?
Dani: ¡Vale...!

(Daniel entra corriendo en la casa de los abuelos)

Dani: ¡Mami, mami... que ya estamos listos ahí fuera, y nos vamos... a París...!
Felisa: ¡Ven aquí, granuja y dale un beso a tu abuela, hombre...!

(Dani se tira a los brazos de su abuela)

(María también entra a despedirse de su abuela aunque de forma más tranquila como es ella y no tan barlovento como su hermano, mientras Clara se queda fuera vigilando las maletas)

María: Papá ha ido a llamar a un taxi y estará aquí enseguida...
Asun: Claro que sí, hija, ya salimos y nos vamos... bueno, madre, nos vemos a la vuelta en tres o cuatro días... cuídese...
Felisa: Vosotros solo preocuparos de pasarlo muy bien, y dale un beso muy fuerte a los novios de mi parte y mi enhorabuena, por supuesto...
Asun: Descuide, madre, que así lo haré... hasta la vuelta...
Felisa: Adiós...

(En ese momento asoma Héctor por la puerta)

Héctor: Cariño, tenemos a nuestro taxista en la puerta, ya ha subido las maletas y todo...
Asun: (mirándole con dulzura) Sí, mi amor, ya vamos...

(Asun sale de la portería con María y Daniel en dirección al taxi donde Clara les espera)

Héctor: (se abraza a Felisa) Cuídese... nosotros vendremos pronto y me aseguraré que disfrutemos del viaje lo máximo posible... estaremos de vuelta antes de que se dé cuenta...
Felisa: Eso seguro, hijo... cuida de mi Asun y de los niños como siempre... y pasadlo muy bien...
Héctor: Lo haremos, se lo garantizo... (le guiña un ojo) adiós...
Felisa: Adiós, hijo, adiós...

(Héctor sale de la portería y se reúne con su familia dentro del taxi que les conducirá al aeropuerto de Barajas en unos minutos).

viernes, 27 de septiembre de 2013

Capítulo 78 - Preparativos de una sorpresa (Marzo 1969)

(Un par de semanas después, finales de Marzo de 1969. Estamos en pleno comienzo de la Semana Santa y los niños tienen vacaciones en el colegio mientras que sus padres han decidido durante esta semana hacer un horario más reducido en sus respectivos trabajos para aprovechar un poco mejor el tiempo libre y disfrutar de la familia)

(Es sábado por la mañana y Héctor y Asun han hecho un poco más de pereza de la cuenta; irremediablemente las sábanas se les han pegado más de lo que debería ser costumbre. Los dos se despiertan abrazados como ya es habitual)

Héctor: (susurrando a Asun en el oído suavemente) Asun... Asun, cariño, despierta mi amor, que ya es un poco tarde...
Asun: (aún con los ojos cerrados) Mmmm...
Héctor: Mi niña... hay que levantarse por mucho que nos cueste... y si queremos que nos de tiempo a hacer lo que planeamos anoche...
Asun: (con voz de sueño) ¿Qué hora es...?
Héctor: Las 11...
Asun: (revolviéndose) ¿Las 11 ya...? madre mía... que rápido se ha pasado la noche... estoy tan a gusto...
Héctor: Ya se te ve, ya... hace un momento tenías una sonrisa preciosa...
Asun: ¿De verdad...? seguro que estaba soñando algo bonito...
Héctor: ¿No era conmigo...?
Asun: (riéndose divertida) ¡Que presumido eres...! ¿por qué das por hecho que es contigo con quien soñaba...?
Héctor: Porque no parabas de repetir mi nombre, como si me estuvieras llamando y no dejabas de sonreír...
Asun: ¿De verdad...?
Héctor: Te lo estoy diciendo completamente en serio...
Asun: Pues no recuerdo que estaba soñando... pero si era contigo, seguro que era algo muy bonito... porque tú me llenas de vida...
Héctor: ¿Ah sí...?
Asun: (acariciándole con ternura) Sabes que sí... y tienes razón... es muy tarde y debemos levantarnos si no queremos perder toda la mañana...
Héctor: Pues arriba entonces...

(Héctor y Asun terminan de desperezarse y se levantan definitivamente. Se asean, se visten y se sientan juntos a desayunar junto a sus hijos)

Héctor: ¿Tenemos claro entonces todos lo que tenemos que hacer...?
Dani: Sí, papá... yo me voy con Javier al entrenamiento, nos lleva la tita Matilde y volveré a la hora de comer...
María: Y yo me voy con Clara a preparar un trabajo que tenemos que entregar a la vuelta de vacaciones... vamos a ir a la biblioteca primero para conseguir los libros que nos hacen falta para hacer los resúmenes... nos acompaña Irene que ya es mayor...
Asun: Está bien, chicos, yo telefonearé a Aurelia ahora mismo para sacarla de casa y quedar con ella con el pretexto de hacer unas compras...
Héctor: Y yo he quedado con Gustavo y con Bonilla en la agencia para comprar los billetes y reservar el hotel por tres noches en la capital francesa...
Asun: Estupendo entonces... todo claro... pongámonos en marcha pues...

(Tras el desayuno en familia, los Perea se ponen manos a la obra para comenzar cada uno con su cometido. María va a casa de Clara a buscarla para irse juntas a la biblioteca; Matilde pasa a buscar a Dani para llevarle junto con Javier al entrenamiento intensivo de los sábados, y mientras Héctor espera a Bonilla para irse con Gustavo a la agencia de viajes, Asun coge el teléfono para llamar a Aurelia)

Asun: ¿Aurelia…?
Aurelia: ¡Ah, hola, Asun…! ¿cómo estás…?
Asun: Muy bien, nos acabamos de levantar como quien dice… es solo que Héctor ha quedado con Vallejo y unos cuantos amigos de la policía para recordar viejos tiempos, y los niños se han marchado también, Daniel se ha ido con Javier al entrenamiento y María…
Aurelia: Sí, María acaba de pasar por aquí para llevarse a Clara a la biblioteca… han dicho que se iban a hacer un trabajo o no se que… y Gustavo tampoco está, se acaba de marchar, me ha dicho algo de una reunión con un cliente en el bufete, algo urgente e inesperado… y el caso es que me he quedado sola…
Asun: Pues yo también estoy sola… por eso te llamaba, por si te apetecía que pasáramos una mañana de chicas, no sé, ir a la peluquería, ir de compras y luego nos tomamos el aperitivo en una de esas terracitas de la Plaza de Santa Ana… ¿qué te parece…?
Aurelia: Pues me parece una idea fantástica, porque aquí sola me voy a aburrir como una morsa... me alegro que me hayas llamado…
Asun: De nada mujer… para eso están las amigas… te espero en la plaza en 10 minutos…
Aurelia: De acuerdo, ahora mismo bajo… hasta ahora…
Asun: Hasta ahora…

(Diez minutos después las dos amigas se encuentran abajo en la plaza dispuestas a pasar una divertida mañana haciendo algunas de las cosas que más les gustan. Cuando terminan con la sesión de peluquería y de mirar los escaparates de la Gran Vía, las dos se sientan a disfrutar de la estupenda mañana en una terraza de la Plaza de Santa Ana, justo enfrente del Teatro Español).

Asun: (mirando con más detalle unos zapatos que se ha comprado en una tienda) Al final no me he podido resistir… sé que Héctor me va a matar, pero es que son tan bonitos y tan modernos… ¡y estaban tan rebajados…! estos mismos zapatos en otra tienda los ví al salir de la redacción la semana pasada y valían mucho más caros… y no podía dejar pasar la oportunidad…
Aurelia: Es que son muy bonitos… y por Héctor no te preocupes, si se queja mucho le dices que es culpa mía, que yo te convencí para que te los probaras y te los llevaras…
Asun: De acuerdo… es que lo de ser mujer e ir de compras va ligado… Héctor me tiene pánico cada vez que salgo contigo porque sabe que voy a dejar la cartilla de ahorros un poco menos llena que cuando me fui…
Aurelia: A Gustavo también le pasa un poco eso… no entiendo por qué a los hombres les aburre tanto ir de compras… si es muy divertido mirar aquí y allá y probarte unos cuantos trapitos…
Asun: Yo creo que lo que más les desespera es la indecisión… quiero decir, el hecho de que nosotras no vamos con una idea prefijada de lo que vamos a comprar, vamos mirando y sobre la marcha tomamos la decisión y la mayoría de las veces terminamos comprando cosas que ni teníamos planeadas… en cambio ellos son más directos, van a lo que van y no se separan del camino y del plan marcado ni un milímetro… si van a comprarse unos zapatos o una camisa o una corbata, van a buscar solo eso, y si no lo encuentran, se van a casa… ¡a mí me cuesta un triunfo sacar a Héctor de compras…! La mayoría de las veces tengo que ir yo sola o con María y como ya sabemos su talla, pues se lo compramos nosotras, y desde luego a él le hacemos un favor…
Aurelia: Con Gustavo me sucede exactamente lo mismo… además tampoco tiene un gusto definido por un modelo en particular… cualquier cosa que yo le compre le vale… sin embargo me consta que Bonilla es mucho más particular para eso de las compras… le gusta comprarse personalmente las camisas y las corbatas, y aunque vaya Matilde con él, es él quien elige el modelo…
Asun: Bueno, hay gustos para todo… aunque en general los hombres son muy diferentes a nosotras, y yo creo que de alguna manera eso es bueno, porque nos complementamos… lo que ellos no tienen lo ponemos nosotras y al revés…
Aurelia: Sí, será por eso que nos gustan tanto… Gustavo y yo encajamos muy bien, cada uno aportamos en nuestra relación la mejor parte de nosotros, nuestras mejores cualidades y compartimos también ideas nuevas para no caer en la rutina y en la monotonía…
Asun: Eso está muy bien, Aurelia… yo pienso lo mismo… es importante hacer cosas juntos, aunque también es bueno tener un espacio propio de vez en cuando, una vía de escape para realizarte como persona y como mujer… a veces conviene echarse un poco de menos para valorar más lo que tienes al lado… y en ese sentido creo que Héctor y yo hemos encontrado el equilibrio perfecto, cada uno tenemos nuestros respectivos trabajos y a veces salimos a divertirnos con nuestros amigos por separado, y eso también es bueno, porque luego tienes más cosas que contarte… eso sí, lo compartimos todo, no tenemos secretos y confiamos plenamente el uno en el otro… creo que eso es lo que me hace ser tan feliz cada día junto a él… para mí el haber encontrado a esa persona es lo mejor que me ha pasado en la vida...
Aurelia: Es muy bonito eso que dices Asun, de verdad... y se nota que los dos hacéis la pareja perfecta...
Asun: Vosotros tampoco os quedáis cortos, Aurelia... las dos hemos tenido suerte a la hora de encontrar a la persona con quien compartir el resto de nuestros días... Héctor y Gustavo tienen sus cosas, pero por eso les queremos tanto, ¿verdad...?
Aurelia: ¡Verdad, amiga mía, verdad...!

(Las dos amigas se ríen un rato con sus cosas de mujeres mientras siguen disfrutando de la mañana hasta llegar a casa a la hora de comer).

(Asun llega a casa a reunirse con el resto de su familia para la comida. Cuando llega, los niños ya han puesto la mesa y Héctor está preparando unos aperitivos)

Asun: (besando a su marido) ¡Hola, cariño...!
Héctor: ¡Hola...! ¡que guapa...! ¿vienes de la peluquería...? te han dejado muy bien...
Asun: Sí, ¿te gusta...? al final he convencido a Aurelia para hacer una mañana de chicas, para disfrutar de nuestras cosas, uno de esos pequeños placeres que no hay que dejar de disfrutar de vez en cuando...
Héctor: Pues me parece muy bien... (acercándose a ella y oliendo su cuello, dejando escapar un pequeño beso) mmm... hueles muy bien...
Asun: ¿Sí...? es que nos hemos metido en una perfumería nueva que han abierto en el centro y la dependienta nos ha dado a probar una muestra de un nuevo perfume que iban a sacar en promoción...
Héctor: Bueno, pues si te gusta, ya sé lo que te puedo regalar las próximas Navidades...
Asun: Genial... y  bueno, también me he comprado estos zapatos...
Héctor: (mirando a su mujer con miedo): ¿No te habrás gastado mucho dinero, verdad...?
Asun: Que no, bobo... estaban muy rebajados, puedes estar tranquilo que no soy una gastona... además Aurelia no lo sabe pero son los que pienso llevar en su boda, claro está...
Héctor: Y hablando de eso, ¿cómo la has visto...? ¿crees que sospecha algo...?
Asun: Nada de nada... no tiene ni idea... y eso es lo mejor de todo, que va a ser toda una sorpresa...
Héctor: ¿Te costó mucho convencerla para salir juntas esta mañana...?
Asun: Que va... estaba sola en casa, lo único que me dijo es que se habían puesto de acuerdo Gustavo y Clara para salir también y que se aburría mucho... así que nuestro encuentro le ha venido muy bien...
Héctor: Pues me alegro mucho...
Asun: Y ahora cuéntame tú... ¿cómo os ha ido a vosotros...? yo he cumplido con mi parte del plan, la maniobra de distracción...
Héctor: Pues mejor de lo que pensábamos... hemos encontrado alojamiento para todos en el hotel de París sin problemas, y hemos reservado una habitación para cada pareja y otra más grande para los cuatro niños... también hemos podido reservar ya las plazas en el avión, aunque Gustavo irá con Aurelia en el tren porque dice que así se le hace más largo el viaje y más romántico, en cambio nosotros iremos en avión para llegar antes que ellos y no despertar sospechas y así de paso ir ocupándonos de los preparativos de última hora e incluso nos hemos decidido a comprar unos pasajes para hacer un crucero nocturno por el Sena la noche antes de venirnos a Madrid... luego ya si ellos dos quieren prolongar su luna de miel, es su problema... Gustavo ha cerrado todas las reservas con vuelta fijada salvo la de ellos dos, claro está...
Asun: ¡Uy, que romántico...! va a ser toda una experiencia... París debe ser tan bonito... y además nosotros vamos a viajar en avión por primera vez...
Héctor: Sí, desde luego va a ser un viaje inolvidable, cariño y lo pasaremos muy bien los cuatro...
María: Eso seguro, mami... ¡tengo unas ganas de que llegue ya Mayo...!
Dani: ¡Y yo también...!
Asun: ¿Y vosotros chicos, qué tal...?
Dani: Pues el entrenamiento fenomenal... hemos trabajado duro en la defensa y los rebotes y luego el entrenador nos ha llevado a todos a tomar una naranjada...
María: Y Clarita y yo hemos buscado libros para hacer el trabajo de historia... hemos encontrado bastante material y ahora tenemos que organizarlo para seleccionar de donde vamos a sacar los resúmenes...
Héctor: Pues entonces todo en orden... el plan ha salido a la perfección y todos hemos aprovechado la mañana... ¡y ahora a comer que esto ya está...!
Asun: (mirando los aperitivos que Héctor ha preparado con mimo) Mmmm... ¡tienen una pinta estupenda...!
Héctor: ¡Pues mejor sabrán...! ¡vamos, al ataque...!
Asun: Sí, enseguida... voy a cambiarme y a lavarme las manos y en un minuto estoy aquí...
Héctor: Nos vamos sentando entonces y te esperamos...
Dani: ¡No tardes, mami... que tenemos hambre y eso tiene que estar de muerte...!
Asun: No, tranquilos, vengo volando...

(Asun se mete a la habitación un momento para dejar las bolsas, cambiarse de ropa y después de lavarse las manos se sienta a comer con el resto de la familia)

sábado, 14 de septiembre de 2013

Capítulo 77 - Una noticia inesperada

(Un par de semanas después, Marzo de 1969. Asun ha llegado ya de trabajar y Héctor aún está en el despacho con Bonilla resolviendo asuntos de última hora. Los niños llegaron del colegio y se pusieron a hacer los deberes, deseando que ya dentro de poco lleguen las ansiadas vacaciones de Semana Santa para poder tener un respiro en sus obligaciones. Además, dentro de un par de meses, harán todos juntos esa ansiada escapada a París para celebrar la segunda boda de Aurelia, de la que ya todos están al corriente salvo la protagonista que no sospecha por el momento ni un ápice de la encerrona que le están preparando su propia familia y amigos).

(Suena el teléfono en casa de los Perea y como Asun está en la cocina con la puerta cerrada haciendo masa para croquetas y no escucha la llamada, María decide coger el auricular)

María: ¡Hola...! ¿quién es...?
Teresa: Hola... ¿eres María, verdad...?
María: Sí... soy María... ¿quién lo pregunta...?
Teresa: Yo soy Teresa... aunque tú no me recuerdes a mí, yo si que me acuerdo de ti... solo que hace muchos años que nos vimos en Madrid... tú eras muy pequeñita... pero supongo que sabes quien soy...
María: Claro que sí, todos los años recibimos esas tarjetas tan bonitas que mandáis desde Venezuela... y supongo que Alejandro ya estará muy alto...
Teresa: Pues sí, últimamente ha dado un estirón que ya no se parece en nada a la última foto que mandamos de él... y seguro que tanto Daniel como tú estáis también muy diferentes de las últimas fotos que mandaron tus padres...
María: (riéndose) Pues sí... supongo que quieres hablar con mi papá... pero no está en casa, no ha venido todavía de trabajar, pero si quieres puedo decirle a mamá que se ponga...
Teresa: Pues si haces el favor, preciosa, te lo agradezco...
María: Espera un momento que voy a la cocina a buscarla...
Teresa: De acuerdo...

(María entra en la cocina)

Asun: ¿Qué pasa, cielo...? me ha parecido que estabas hablando con alguien por teléfono...
María: Sí, mami... es Teresa, que llama desde Venezuela y quería hablar con papá pero como le he dicho que no está le dije que iba a ponerla contigo...
Asun: ¡Claro, tesoro...! voy ahora mismo...

(Asun se lava las manos y se pone al teléfono en el salón)

Asun: ¿Teresa...?
Teresa: Hola, Asunción... que bueno oír tu voz de nuevo... ¿cómo estáis...?
Asun: Pues muy bien, como siempre supongo...
Teresa: Seguro que los niños estarán ya muy grandes, bueno, igual que Alejandro, claro... María me ha dicho que Héctor no estaba en casa...
Asun: No, todavía no ha venido de trabajar pero no creo que tarde ya... ¿vosotras estáis bien...? ¿todo bien por Venezuela...?
Teresa: En realidad, hay un poco de todo... o sea, Ana y yo estamos bien, pero yo llamaba para dar una noticia bastante triste... ahora ya estoy mejor pero he pasado un par de semanas muy malas... y me ha costado bastante serenarme y reunir el valor necesario para llamar a Héctor y contárselo...
Asun: ¿Has tenido algún problema de salud... te encuentras bien...?
Teresa: Sí, yo sí... pero por desgracia mi madre falleció hace un par de semanas y me está costando mucho hacerme a la idea, la verdad...
Asun: (compungida) ¡Vaya... pues no sabes cuanto lo siento...! te acompaño en el sentimiento, de verdad... tiene que ser muy duro perder a una madre, yo no me lo quiero ni imaginar... y seguro que estábais muy unidas...
Teresa: Pues sí, la verdad, sobre todo después de poder reencontrarnos en Venezuela con todo lo que pasó... y primero fue lo de Simón y ahora ella...
Asun: ¿Y Alejandro como lo lleva el pobre...?
Teresa: Pues perder a su abuela en tan pocos meses de enfermedad ha sido un duro golpe... la quería mucho, y aunque ya lo sintió cuando murió Simón, pero era más pequeño y además no es lo mismo... al fin y al cabo Simón no era su abuelo...
Asun: Lo entiendo perfectamente... ¿y tú cómo estás ahora...?
Teresa: Mejor, ahora que estoy haciéndome a la idea, lo voy asumiendo... la verdad es que mi madre estaba bastante triste desde que perdió a Simón, y yo creo que tenía algo de depresión... Ana y yo intentábamos animarla y que no se quedara sola nunca... pero luego vino la enfermedad y al final el cáncer la devoró...
Asun: Pues lo siento mucho, de verdad... es que no sé que más decirte... desde luego le voy a decir a Héctor que te llame en cuanto venga... ¿es buena hora para llamarte allí en un rato...?
Teresa: Sí, no hay problema, aquí son las dos de la tarde y ya hemos comido, así que no os preocupéis...
Asun: Bueno, pues sólo espero que sigas bien, que te cuides y que no te dejes llevar por la tristeza... entiendo que es una pérdida muy grande pero hay que seguir adelante...
Teresa: Muchas gracias, Asun... gracias por tus palabras... cuídate tú también, y cuida de Héctor por favor...
Asun: Ya lo hago... dale recuerdos a Ana... un beso grande... adiós...
Teresa: Adiós...

(Asun cuelga el teléfono y vuelve a la cocina. En ese momento entra Héctor en casa)

Héctor: ¡Hola familia...!

(Daniel y María se abrazan a su padre y Asun le da un tierno beso)

Asun: Hola, cariño... tenemos que hablar... tengo que decirte algo importante...
María: Ha llamado hace un rato Teresa desde Venezuela... y yo he cogido el teléfono, papi, y después se ha puesto mamá y ha estado hablando con ella...
Héctor: A ver, a ver, ¿qué ha pasado...? contádmelo despacio que me pierdo...
Asun: Pues que estaba yo en la cocina haciendo unas croquetas y no escuché el teléfono, luego lo cogió María y después vino a buscarme para que me pusiera yo porque Teresa quería hablar contigo pero como no estabas he hablado yo con ella... al parecer su madre ha fallecido hace un par de semanas, y llamaba para informarte... le pareció importante que lo supieras...
Héctor: (abatido) Claro... ¡pobrecita...! (mira su reloj) ¿será buena hora para llamarla ahora...?
Asun: Me ha dicho que sí, que allí acababan de comer y que no había problema...
Héctor: Bien, pues entonces voy a telefonearla enseguida...
Asun: Te dejo entonces tranquilo, voy a seguir con las croquetas...
Héctor: Está bien... gracias, cariño...

(María y Asun se marchan a la cocina)

Héctor: (telefoneando) Hola, buenas tardes, ¿podría hablar con Teresa por favor...?
Ana: ¿Eres tú, Héctor...?
Héctor: Hola, Ana... ¡cuánto tiempo...!
Ana: Sí, es verdad... hacía mucho que no oía tu voz así... ¿cómo estás...?
Héctor: Muy bien, acabo de venir del despacho y Asun me ha contado lo de Carmen...
Ana: Sí, ha sido una gran pérdida, y Teresa lo ha pasado muy mal... pero bueno, ahora ya está mejor... si te esperas un segundo te paso con ella y así charláis tranquilamente...
Héctor: Sí, claro, espero...
Teresa: ¿Héctor...?
Héctor: Hola, Teresa... me acabo de enterar de lo de Carmen... me lo ha dicho Asun... lo siento mucho, de verdad... sabes que yo apreciaba mucho a tu madre...
Teresa: Lo sé... y agradezco tu llamada...
Héctor: ¿Cómo no iba a llamarte en una situación así...? para mí Carmen fue siempre una persona muy especial, y siempre me trató como a una especie de hijo...
Teresa: La verdad es que ha sido muy duro... mi madre siempre ha sido una persona muy fuerte como ya sabes pero desde que murió Simón, yo la notaba ya derrotada... apagada... Simón era para ella su última esperanza de disfrutar feliz los últimos años y cuando él se fue es como si ya no la quedara nada... luego vino el cáncer ese y le terminó de rematar...
Héctor: Me ha dado mucha pena, la verdad... ¿y tú cómo estás...?
Teresa: Pues ahora ya mejor, pero he pasado un par de semanas muy triste... como perdida... menos mal que tengo a Ana y a Alejandro que me dan fuerzas para seguir adelante...
Héctor: ¿Cómo se lo ha tomado Alejandro...?
Teresa: Pues tiene ratos... para él perder a su abuela ha sido un golpe duro... con Simón fue muy distinto porque al fin y al cabo era sólo el marido de su abuela, pero en este caso...
Héctor: Supongo que la habréis enterrado junto a Simón entonces...
Teresa: Sí, en el cementerio compramos una tumba grande de suelo para que cupieran los dos... al menos descansarán en paz juntos...
Héctor: Es el único consuelo que queda, aunque ya sabes que yo no creo mucho en esas cosas... pienso que hay que disfrutar de la vida que nos ha tocado todo lo que se pueda porque después nos vamos y no hay nada más...
Teresa: Sí, pero mi madre era muy religiosa en ese sentido y he querido cumplir sus últimos deseos a rajatabla, que era ser enterrada junto a Simón, el hombre que le dio una segunda oportunidad de ser feliz en la vida...
Héctor: Claro que sí, y has hecho bien... todos merecemos una segunda oportunidad para ser felices y hay que aprovecharla...
Teresa: Los dos sabemos perfectamente de que va esto y entiendo a que te refieres... antes pude hablar con María, y por su voz me pareció que tiene que estar hecha ya toda una señorita...
Héctor: No te equivocas, dentro de un par de meses cumplirá ya 11 años y está muy alta y es muy madura para su edad... es una buena chica y estoy muy orgulloso de ella, y del pequeño Daniel también... los dos son estupendos...
Teresa: Que suerte... me alegro mucho por ti, de verdad, Héctor... que te vayan bien las cosas... después de lo que pasó entre nosotros lo único que quería es que tú pudieras rehacer tu vida con normalidad... y no tenía ningún sentido que siguiéramos atados de ninguna manera... de esta forma los dos somos felices en nuestras nuevas vidas...
Héctor: Y hemos salido adelante, que es lo más importante...ahora los dos somos felices cada uno con nuestro amor verdadero...
Teresa: Sí, es cierto... se nota que Asun te cuida y te quiere de verdad... como tú te mereces...
Héctor: Mentiría si no te dijera que cada día estoy más enamorado de ella... con ella he formado la familia que siempre quise tener y le debo mucho...
Teresa: Lo sé, y me alegro mucho por ti... tú siempre has sido sincero y siempre te has entregado... lo más importante ahora es que os cuidéis mutuamente y disfrutéis de todo juntos... te deseo lo mejor, Héctor, un beso muy fuerte...
Héctor: Otro para ti, dale un beso a Alejandro de nuestra familia y dile que sea fuerte...
Teresa: Se lo diré... gracias por todo, Héctor, adiós...
Héctor: Adiós...

(Héctor cuelga el teléfono mientras María y Asun hablan en la cocina)

María: ¿Y qué le ha pasado a Teresa, mami...? parecía tan triste...
Asun: Pues que ha muerto su madre, cariño, hace un par de semanas... y llamaba para darnos la triste noticia...
María: Oh, vaya... lo siento mucho... ¿estaba enferma...?
Asun: Sí, tesoro, por lo que me ha dicho, tenía una enfermedad muy grave y muy fea que le ha durado varios meses...
María: Lo siento mucho por Teresa... ¿ha terminado papi de hablar con ella...?
Asun: No lo sé, cariño... desde aquí no escucho el teléfono, y además he preferido dejarles solos, es un momento muy delicado y prefiero no interferir...
María: Claro, porque imagino que papá conocería muy bien a la madre de Teresa, ¿no...?
Asun: Sí, creo que incluso estuvo viviendo con ellos una temporada cuando Teresa estaba embarazada de aquel bebé que iba a tener con Héctor y que luego perdió...
María: ¡Vaya...! pues entonces entiendo que papá pueda estar triste... luego le daré mimitos pero ahora deberías ir con él tú y preguntarle como está...
Asun: (besando a su hija) ¿Sabes qué...? que eres una niña muy lista y que tienes toda la razón del mundo... vete un rato a jugar con tu hermano mientras yo voy al salón con papá un rato...
María: Claro que sí, mami... (besa a su madre) cuídale mucho y anímale y dile que no se ponga triste, ¿vale...?
Asun: Vale, mi amor...

(Asun entra en el salón y comprueba que Héctor ya terminó de hablar por teléfono y ahora está sentado en el sofá sumido en sus pensamientos. Se sienta junto a él para compartir charla)

Asun: ¿Cómo estás...? se te ve triste y melancólico... supongo que se te han venido muchos recuerdos de golpe de repente...
Héctor: Sí, algo así...
Asun: ¿Quieres que lo hablemos o mejor me marcho y te dejo tranquilo...?
Héctor: (moviendo la cabeza) No, quédate, por favor... no quiero estar solo... necesito expresarme como me siento y tú eres la única persona en el mundo con quien puedo hacerlo... es que la muerte de Carmen me ha cogido de sorpresa... era una gran persona, una gran mujer...
Asun: No me has hablado casi nunca de ella... ¿cómo era...? ¿no te importa que te lo pregunte, verdad...?
Héctor: Claro que no... ¿por qué me iba a importar...?
Asun: Porque es algo que forma parte de tu pasado, Héctor... y son cosas delicadas...
Héctor: Ya, pero entre nosotros dos nunca ha habido secretos y así debe seguir siendo... (Asun le mira fijamente) además, si no te lo cuento a ti, ¿a quién se lo voy a contar...? ven , súbete aquí conmigo... te contaré algunas cosas sobre ella...
Asun: Está bien...

(Asun se sube sobre las rodillas de su marido, rodeándole con su brazo, y le da un beso en la frente mientras Héctor besa su mano con ternura)

Héctor: Carmen era una persona muy fuerte pero que ha tenido que sufrir mucho en la vida... a veces pienso que los últimos años realmente felices para ella han sido estos últimos desde que se marchó con Simón a Venezuela y posteriormente se reencontró con Teresa y con Ana allí... y la muerte de Simón le afectó mucho por lo que me ha contado Teresa... ese hombre se desvivió por ella y le dio toda la felicidad que su primer marido, el padre de Teresa, no pudo darle...
Asun: Entiendo... o sea que también tuvo una segunda oportunidad para ser feliz, como tú...
Héctor: (sonriendo con emoción) Sí, un poco de eso sí hay... en ese sentido me siento identificado con ella... pero claro, lo que ha sufrido esa mujer no tiene comparación posible...
Asun: Cuéntame algo de su historia, si se puede saber...
Héctor: Mira, el matrimonio de Carmen y Pascual, los padres de Teresa y Alfonso, llevaba mucho tiempo destrozado y todo fue por culpa de los celos... al parecer Pascual, que tenía mucho carácter, estaba obsesionado con que su mujer lo engañaba con otro del pueblo, un funcionario adepto al régimen, al que terminó agrediendo fuertemente, razón por la cual fue a parar a la cárcel...
Asun: ¿Pero Carmen no engañó nunca a Pascual, verdad...?
Héctor: Claro que no, eran todo imaginaciones de su mente... si que es cierto que ese otro señor estaba enamorado de Carmen desde siempre y que fue su pretendiente durante un tiempo, pero finalmente Carmen eligió a Pascual y nunca le dio motivos para pensar nada raro, pero ya sabes lo que pasa a veces con las habladurías de los pueblos, a veces una conversación o un gesto se malinterpreta por alguna vecina deslenguada y se empieza a formar la bola de nieve, y si no se para a tiempo puede traer consecuencias fatales...
Asun: ¡Que horror... el demonio de los celos...! siempre la misma historia...
Héctor: Los celos obsesivos y la sensación de propiedad que algunas personas tienen sobre su pareja son asquerosos... lo único que consiguen es destrozar la relación... yo soy de los que pienso que para que una relación de pareja funcione, los dos miembros deben tratarse de igual a igual, respetarse siempre y sobre todo confiar el uno en el otro...
Asun: Estoy completamente de acuerdo contigo... y sobre todo la comunicación, el hablar las cosas a tiempo resuelve muchos problemas... (besa a su marido en la nariz y le acaricia con delicadeza) sigue con la historia que me parece muy interesante...
Héctor: Al final, Pascual consiguió salir de la cárcel gracias a un indulto, pero el matrimonio nunca llegó a funcionar de nuevo... pasaron mucho tiempo separados aunque Carmen seguía queriéndole a su manera pero poco a poco la distancia hizo mella  y ella sin quererlo empezó a enamorarse de Simón, que era el mejor amigo del pueblo de Pascual y además habían compartido la misma celda durante unos años...
Asun: ¡Vaya...! ¿y Pascual lo descubrió...?
Héctor: Bueno, él empezó a sospechar algo, pero tampoco hizo nada por pararlo, sabía que su matrimonio con Carmen había terminado hace demasiados años... de hecho él no se imaginó nada hasta que salió mal lo de Venezuela...
Asun: ¿Cómo que lo de Venezuela, a qué te refieres...?
Héctor: Pues que la idea de Pascual y de Simón era poner tierra de por medio, marcharse lejos de la España que tan mal les había tratado por pensar diferente, e idearon un plan juntos para falsificar unos pasaportes y marcharse a Venezuela... pero por desgracia, el plan salió mal, y la policía incautó la falsa documentación de Pascual, lo interpretaron como una huída fraudulenta... lo más curioso de todo es que sólo incautaron la documentación de Pascual y no la de Simón... y como Simón había sido quien lo había preparado todo, Pascual creyó que lo había hecho a propósito para que le pillaran y le metieran en la cárcel de nuevo y así el poder quedarse con Carmen...
Asun: ¡Menuda historia...! ¿y entonces Pascual volvió a la cárcel de nuevo...?
Héctor: Sí, acusado de falsedad documental... yo mismo tuve que pasar el mal trago de tomarle declaración cuando era comisario... Pascual no podía salir de España porque había estado en la cárcel y le habían dado un indulto parcial y eso le obligaba a estar siempre localizable, y cuando intentó largarse de España con una documentación falsa pues le pillaron... todavía me acuerdo de que a pesar de su mal carácter y de que me puso muchos problemas para poder llegar a tener relaciones formales con Teresa, al final me dio su bendición y pudimos casarnos...
Asun: Y supongo que Carmen y sus hijos irían a visitarle a la cárcel a menudo...
Héctor: Sí, yo procuraba conseguirles los pases siempre que podía... y Simón terminó marchándose a Venezuela por su cuenta dejando aquí a su amigo en la cárcel, a Carmen y un buen montón de recuerdos... pero Pascual vivió el resto de sus días resentido contra su esposa y terminó muriendo en la celda de la enfermería después de varios ataques... aunque al final en el último suspiro acabó entendiendo a su mujer y él mismo le animó a que buscara a Simón y rehiciera su vida con él...
Asun: Que historia más emocionante... 
Héctor: Y cuando hablo de los sacrificios de Carmen y de sus grandes sufrimientos, hablo de la época en la que se vino a vivir con Teresa y conmigo para ayudarnos en casa y con el futuro bebé que estaba en camino...
Asun: Claro, una madre siempre se debe a sus hijos...
Héctor: En esa misma época empezaron los problemas de drogas de Alfonso, fruto de su coqueteo con las juergas y la mala vida que algunos deportistas acaban llevando cuando no son bien aconsejados... el matrimonio de Alfonso y Ana tampoco estaba atravesando uno de sus mejores momentos y de hecho acabaron separándose formalmente... fue entonces cuando las cosas se precipitaron, ocurrió en muy poco tiempo la muerte de Pascual en la cárcel, la pérdida del bebé que esperaba Teresa y el accidente de moto de Alfonso que produjo su muerte...
Asun: ¡Caramba...! visto así es evidente que esa mujer tuvo que sufrir muchas desgracias juntas de golpe...
Héctor: Afortunadamente, Carmen no estaba ya en España cuando ocurrió lo de la pérdida del bebé y cuando la muerte de Alfonso... Simón vino a buscarla cuando se enteró de la muerte de Pascual a través de una carta de Teresa, y la convenció para que se marchara con él a vivir una nueva vida al otro lado del charco...
Asun: ¿Y se marcharon los dos juntos a Venezuela...?
Héctor: Mmm... aunque tuvo que sufrir la muerte de su nieto no nacido y la de su hijo en cuestión de unos días y desde la distancia de no poder despedirse de ellos...
Asun: Claro... pero bueno, luego la vida le recompensó todo ese sufrimiento cuando pudo rehacer su vida con Simón allí y después reencontrándose con Teresa y con Ana en Venezuela y con su nieto Alejandro...
Héctor: Pues sí, al menos fue feliz los últimos años de su vida...
Asun: Tengo una curiosidad... ¿volviste a hablar con ella después de tu separación formal de Teresa cuando se marchó con Ana a Santander...?
Héctor: No, la verdad es que no tuve valor... por aquel entonces yo me sentía un fracasado, creía que no había estado a la altura de un buen marido para poder retener a Teresa conmigo y no quería disgustar más a la pobre mujer que siempre me trató como a un hijo más... pensé que no podría soportar la idea de que yo había abandonado a la familia tras la pérdida del bebé...
Asun: Pero eso no es así, cariño... la pérdida del bebé fue una fatalidad, es verdad, pero Teresa se marchó por otra razón... vuestro matrimonio no podía funcionar porque ella en realidad amaba a otra persona, en este caso a Ana, y contra eso tú no podías luchar...
Héctor: Lo sé, y luego lo fui comprendiendo y asumiendo... y supongo que Carmen también terminó entendiendo la verdadera naturaleza del amor de Teresa, pero es difícil de aceptar una cosa así, sobre todo cuando eres una persona tradicional... ahora me arrepiento un poco de no haber hablado con ella pasados los años, me hubiera gustado compartir con ella mi nueva sensación de felicidad, mi nueva vida...
Asun: Estoy segura que Carmen sabía que tú ahora eres muy feliz... Teresa siempre lo ponía en las cartas... Carmen se alegraba mucho de que tú también hubieras rehecho tu vida después de los sinsabores que te dió en el pasado, y aunque nunca la conocí por lo que me has contado de ella estoy convencida de que lo único que deseaba es que tú fueras al menos igual de feliz que lo era su hija con Ana... y eso es lo que cuenta, los buenos deseos...
Héctor: (emocionado) ¿Por qué será que siempre me siento mejor cuando hablo contigo...? eres increíble, ¿sabes...?
Asun: Te quiero mucho...
Héctor: Y yo a ti, mi amor... y yo a ti...

(Los dos se abrazan y se besan durante unos minutos que a María y Daniel se les hacen muy largos cuando los dos se asoman por la puerta del salón y ven esa bonita estampa entre sus padres que deciden no interrumpir)

María: (tapando la boca de su hermano para que no hable y llevándoselo a rastras) ¡Shhh... ven a la cocina conmigo...!
Dani: (protestando) ¡Pero es que yo quiero cenar...! ¡tengo hambre...!
María: Pues te esperas unos minutos... mamá y papá necesitan estar solos un momento y no seremos nosotros quienes entremos a molestar, ¿de acuerdo...?
Dani: ¡Jopé...! siempre están igual... que si te quiero mucho, que si besito por aquí, besito por allá... ¡pues vaya rollo...!
María: Tú es que no entiendes nada... ya verás cuando seas mayor y te pases el día dándole besos a tu novia...
Dani: ¿Qué dices...? ¿en la boca...? ¡puajjj, que asco...!

(María se parte de risa por los comentarios de su hermano justo en el momento en que sus padres entran en la cocina dispuestos a preparar la cena para los cuatro)