domingo, 27 de enero de 2013

Capítulo 52: Una aventura para Dani (Julio de 1966)


(La primavera terminó dando paso al verano. Los niños terminaron el colegio a finales de Junio y con unas notas muy buenas. Ahora se preparan para disfrutar de unas largas y merecidas vacaciones antes de volver al colegio el próximo curso, en el que Daniel ya se siente mayor porque va a empezar la Primaria y María estudiará el último curso de Primaria antes de empezar el Bachillerato)

(A medida que los días se han ido haciendo más largos, las familias aprovechan para salir por las tardes a pasear, y los niños pasan más tiempo en la calle. María y Daniel bajan cada tarde a jugar a la plaza con sus vecinos, primos y amigos, vigilados por Felisa o Manolita hasta que Asun y Héctor vienen de trabajar. En pocos días, Asun empezará la jornada de verano en la redacción y dispondrá de más tiempo libre para pasarlo con la familia)

(Una tarde de Julio, Asun llega a casa a la hora de comer, donde Héctor y los niños ya la están esperando hambrientos)

María: ¡Hola, mamá...! ¡tenemos hambre...!
Dani: ¡Queremos comer...!
Asun: Ya lo sé, tesoros... voy a dejar esto en el cuarto y me siento ahora mismo... ¡hola, cariño...! (se inclina sobre él y le da un tierno beso en los labios)
Héctor: Hola, cielo...

(Asun pasa por el dormitorio, deja su bolso y una carpeta sobre la cama y se sienta a la mesa para comer con la familia)

Héctor: ¿Quieres un poco de ensalada...?
Asun: Sí, por favor... y esas croquetas tienen muy buena pinta...
Héctor: Las ha hecho tu madre, me las ha subido hace un momento para que las probáramos...
Asun: Que bien...
Héctor: ¿Qué tal hoy en el trabajo...?
Asun: ¡Buf! Pues hemos tenido un día completito... y además Julio nos ha dicho a Aurelia y a mí que si podíamos ir este fin de semana a las Jornadas del Periodismo que se celebran desde el Viernes hasta el Domingo en un hotel de Toledo...
Héctor: ¡Vaya...! ¡que suerte...!
Asun: No te creas... van a ser largas horas de aburridas charlas sobre el periodismo, la ética y cosas así... la verdad es que no me apetece nada... hace demasiado calor para encerrarse en un hotel todo el fin de semana... y además te voy a echar de menos a ti y a los niños...
María: ¿Y por qué no podemos ir contigo...?
Héctor: María, tu madre no va de excursión precisamente... son reuniones de trabajo, muy aburridas, llenas de periodistas...
Asun: Tú lo has dicho... así que Aurelia y yo hemos estado hablando para organizarnos y yo creo que lo mejor es que Clara se venga a pasar aquí el fin de semana... al parecer a Gustavo le viene bien que le dejemos solo para preparar un juicio muy importante que tiene pendiente la semana que viene...
María: (aplaudiendo) ¡Sí.... bien...! ¿y podrá dormir en mi cama, verdad, mamá...?
Asun: Si tú quieres, cariño... aunque ya vais siendo bastante mayores para estar en esa cama las dos, podemos montar la cama turca si te parece...
María: No, prefiero dormir con Clarita en la cama... así nos contamos confidencias entre amigas...
Daniel: (encogiéndose de hombros) ¡Bah... rollos de niñas...! ¡son unas cotorras...!

(Héctor y Asun empiezan a reírse por el comentario de su hijo)

María: (dando un codazo a su hermano) ¡Vale ya, Dani...! ¡Jolín, siempre está igual...! me gustaría saber los temas tan interesantes que hablas tú con Javier... ¡enano...!
Dani: (con la boca llena de comida) ¡Me ha llamado enano...!
María: Porque lo eres...
Asun: ¡María, Dani... ya está bien, los dos...! ¡a callar y a comer...!
Héctor: Venga niños, haced caso a vuestra madre...
Asun: ¿Estás seguro que te apañarás tú solo con toda la tropa este fin de semana...?
Héctor: Que sí, mujer... que en el fondo son muy buenos... a veces les gusta dar algo de guerra pero luego son unos angelitos...
María: Puedes irte tranquila, mamá... que Clara y yo meteremos en cintura a Dani si hace falta...
Héctor: Y además en caso de extrema urgencia siempre podemos pedir ayuda a tu madre... no te preocupes, cariño, que no va a pasar nada, ya lo verás... tú dedícate a disfrutar de la experiencia y piensa en mí...
Asun: (sonriente) Eso ni lo dudes... gracias, mi amor...
Héctor: Sabes que te quiero...
Asun: Lo sé, yo también...

(La familia Perea termina de comer y los niños se van a jugar un rato)

(Llega el viernes por la tarde y todo está preparado para que Asun salga hacia Toledo. Héctor la acompaña hasta el coche y le ayuda con la bolsa de viaje)

Héctor: (metiendo la bolsa en el maletero) ¿Llevas todo lo que necesitas...?
Asun: Sí, eso creo... gracias, cariño...
Héctor: Que tengas un buen viaje... y llámame cuando estés instalada en el hotel...
Asun: (sonriente) Que sí, descuida que es lo primero que haré... adiós, mi amor...
Héctor: Adiós, mi niña...

(Héctor y Asun se abrazan y se besan en mitad de la calle como dos adolescentes)

Héctor: Te quiero...
Asun: Te quiero...

(Asun se monta en el coche y arranca poniendo rumbo hacia la carretera mientras ve por el retrovisor como Héctor la saluda con la mano lanzando besos)

(Un poco más tarde, Héctor está leyendo el periódico y con la tele de fondo mientras hace tiempo hasta la hora de la cena. En ese instante suena el teléfono y Héctor mira el reloj)

Héctor: Que raro... aún es pronto para que haya llegado... (coge el teléfono) ¿sí, quién es...?
Bonilla: Hola, Héctor...
Héctor: Hombre, Bonilla, amigo, ¿qué pasa...?
Bonilla: ¿No esperabas mi llamada...?
Héctor: Pues si te digo la verdad no... estoy esperando que me llame Asun pero un poco más tarde... como ya te dije se marchaba este fin de semana a unas jornadas de periodismo y no se qué en Toledo...
Bonilla: Es verdad, que me lo has comentado... entonces no te entretengo mucho que luego te quejas de que te bloqueo el teléfono y que Asun no consigue comunicar contigo y bla, bla, bla...
Héctor: Tranquilo, hombre... que si no consigue comunicar a la primera lo volverá a intentar...
Bonilla: Yo te llamaba solo para decirte que al final conseguí hablar con el juez Padilla...
Héctor: Ah, muy bien... ¿y has sacado algo en claro...?
Bonilla: Algo... aunque no gran cosa, es un tipo duro de pelar, pero ya le he dicho a Vallejo que se ocupe de ponerle las pilas...
Héctor: Estupendo, buen trabajo... así se hace...
Bonilla: Otra cosa que no tiene nada que ver con el trabajo... ¿vais a hacer algo mañana...?
Héctor: No especialmente, iremos por la mañana al hipermercado ese que han abierto nuevo, y luego estaremos por aquí...
Bonilla: Era por si a los niños les apetecía venirse un rato a la piscina... Javier no deja de darme la tabarra toda la tarde con que quiere jugar con Dani y eso...
Héctor: Pues supongo que sí, por mí no hay problema... estoy de Rodríguez, así que puedo hacer lo que quiera... nos acercaremos después de comer un rato, ¿de acuerdo...? es que por la mañana si no hago la compra y lleno la nevera, Asun me va a echar una bronca, porque lleva toda la semana diciéndolo...
Bonilla: (sonriente) Ya te veo... te tiene comiendo de su mano, eh...? ¡pájaro...!
Héctor: Pues sí, ¿para que te lo voy a negar...? al final en esta casa siempre se hace lo que ella dice...
Bonilla: Y tú tan feliz, ¿me equivoco...?
Héctor: No, no te equivocas... bueno, nos vemos mañana entonces...
Bonilla: De acuerdo, hasta mañana, pues...
Héctor: Adiós...

(Héctor cuelga el teléfono y va al cuarto de los niños donde están jugando a las construcciones y les cuenta el plan de mañana)

Héctor: A ver, chicos, me acaba de llamar Bonilla para invitarnos a pasar la tarde en la piscina...
Dani: (saltando) ¡Bieeen...!
Héctor: Pero primero de todo, mañana por la mañana iremos a comprar con el coche al nuevo supermercado ese grande que hay a las afueras... vuestra madre me pidió que hiciera la compra y si no lo hacemos, luego se enfada...
María: Será divertido, ¿verdad, Clara...?
Clara: Sí... y seguro que es muy grande y podremos comprar muchas cosas...
María: Pero hay que hacer una lista para que no se nos olvide nada... y sobre todo para no comprar tonterías que luego no sirven para nada...
Héctor: Muy bien, pues vosotras sois las encargadas de hacer la lista, ¿qué os parece...?
Clara: Puede ser divertido... mi mamá y yo siempre hacemos una lista de la compra antes de ir al supermercado o a la tienda...
María: Pues yo voy escribiendo todo lo que nos hace falta y miramos en los armarios y en la nevera, y vamos rellenando y lo que no sepamos te lo preguntamos, ¿vale, papi...?
Héctor: Claro, princesa...

(En ese momento se oye el teléfono y Héctor va hacia el salón para cogerlo)

Héctor: ¡Hola...! ¿Asun, cariño, eres tú...?
Asun: ¡Hola...! sí, cielo, soy yo... ya hemos llegado... cuando me marché, pasé por casa de Aurelia y la recogí y ya estamos instaladas... ¡aquí hace un calor impresionante...!
Héctor: Pues lo mismo que aquí... estaba esperando tu llamada... de hecho hace un rato ha llamado Bonilla y pensé que podías ser tú pero me parecía demasiado pronto...
Asun: La verdad es que se nos ha dado muy bien el viaje, y no había atasco en la carretera ni nada...
Héctor: Me alegro mucho... ¿ya habéis cenado...?
Asun: No... iremos ahora dentro de un rato, y mañana a primera hora tenemos que madrugar porque la primera charla empieza a las 10...
Héctor: Nosotros iremos mañana a comprar al hipermercado ese nuevo... que sepas que no se me ha olvidado, ¿eh...?
Asun: Te he dado tanto la tabarra esta semana con eso que sabía que no lo ibas a olvidar...
Héctor: No, claro que no, María y Clara están haciendo la lista de la compra para que no se nos olvide nada...
Asun: Que bien... tienes unas ayudantes fantásticas...
Héctor: Y luego por la tarde iremos a la piscina de Bonilla...
Asun: Así que vas a estar entretenido todo el día... no vas a tener tiempo ni de echarme de menos...
Héctor: Sabes que eso no es verdad... ya te estoy echando de menos ahora mismo, y solo de pensar en esta noche en nuestra cama tan grande y tan vacía, sin tus abrazos y tus besos antes de dormirme, me cuesta...
Asun: Eso mismo me pasa a mí... que veo la cama de esta habitación y sueño con poder compartirla contigo, que me hagas mimitos...
Héctor: Nada me gustaría más, ya lo sabes... pero me consuela pensar que solo serán un par de noches...
Asun: El domingo estaré ahí sin falta, te lo prometo... llegaré a comer...
Héctor: Perfecto... voy a ver si me pongo con la cena, que si no luego nuestros hijos se ponen muy pesados... sueña conmigo, ¿vale...?
Asun: Claro... siempre... y tú conmigo... te quiero...
Héctor: Te quiero... te mando un beso enorme de esos que tanto te gustan...
Asun: (sonriente) Ya me está llegando... mañana te llamo sobre esta hora... dales un beso muy fuerte a los niños y diles que mañana hablo con ellos...
Héctor: De acuerdo... adiós...
Asun: Un beso... adiós...

(Asun cuelga el teléfono y se va a buscar a Aurelia que justo también acaba de hablar con Gustavo y las dos se bajan a cenar)

(Héctor cuelga el teléfono y se dispone a preparar la cena en la cocina mientras las niñas ultiman la lista de la compra y ayudan a poner la mesa en el salón)

María: ¿Era mamá la que llamaba...?
Héctor: Sí, cielo... se alegra mucho de que todos estemos bien y ha celebrado los planes que tenemos para hacer... me ha dado un beso enorme para cada uno de vosotros...
Clara: ¿Estaba con mi madre...?
Héctor: No, tu madre estaba en la otra habitación hablando con tu padre y enseguida se iban a bajar a cenar porque tenían que acostarse pronto pues mañana madrugan para ir a la primera charla a las 10 de la mañana...
Dani: ¡Vaya rollo...! madrugar...
Héctor: Te advierto, campeón que si mañana queremos que nos de tiempo a hacer todo lo que tenemos planeado, también tendremos que madrugar...
María: (riéndose) ¡Ja, ja, ja, te aguantas...!
Dani: ¡Yo no quiero madrugar... estamos de vacaciones...!
Héctor: Pues mañana habrá que levantarse pronto, me temo, aunque sea sábado y estemos de vacaciones... es lo que hay...

(Dani se pasa enfurruñado el resto de la cena mientras las niñas se lo pasan bomba riéndose de las caras de enfado que pone mientras le da vueltas y vueltas al plato que tiene delante)

(A la mañana siguiente, Héctor se levanta, se asea y prepara el desayuno para la tropa infantil que ya espera en la cocina hambrienta y deseando salir a la calle)

Héctor: ¿Habéis dormido bien...?
Clara: Sí, tito, la cama de María es muy cómoda y hemos cabido las dos perfectamente...
Héctor: ¿No os habréis tirado hablando anoche hasta tarde, verdad...?
María: No, papá, nos dormimos enseguida, estábamos muy cansadas... de verdad...
Dani: ¿Adónde nos vamos, papi...?
Héctor: Vamos a salir con el coche a comprar, campeón... tu hermana y Clara han hecho la lista de cosas necesarias para que no se nos olvide nada, así que id desayunando y os vais preparando para salir...
María: ¡Ay, se me ha olvidado apuntar en la lista los cereales para Dani...!
Héctor: Pues toma, apunta...

(María coge un bolígrafo y apunta un par de cosas más, después acaba de desayunar y se prepara junto con Clara para salir)

(Héctor aparca el coche en el aparcamiento de superficie que han habilitado en el exterior del hipermercado y entra junto con todos los niños en el interior. Allí coge un carro para ir introduciendo los productos que cogen de las estanterías. Dani se lo pasa bomba corriendo por los pasillos y cogiendo cosas que no están en la lista y que la mayoría de las veces María y Clara tienen que devolver a su sitio, aunque algunos caprichos sí terminan quedándose en el carro definitivamente)

(Al cabo de un rato, las niñas se han recorrido todos los pasillos del hipermercado y han llenado el carro con todo tipo de productos. Sin embargo, en algún momento indeterminado, Dani se ha despistado y cuando llegan a la caja para pagar, se dan cuenta que Dani no está con ellos)

Héctor: Chicas, ¿dónde está Daniel...?
María: (mirando a su alrededor) ¡Pero si hace un momento estaba aquí...!
Héctor: (empezando a ponerse nervioso) ¡Pues ya no está...! ¡hay que encontrarle inmediatamente...!

(Clara y María empiezan a recorrer los pasillos llamando a Dani)

María: ¡Dani... Dani...! ¿dónde estás...? ¡Dani, me estás asustando...!
Clara: ¡Daniel, no te escondas...! ¡si es una broma no tiene gracia...!

(Héctor también se pone a buscar a Dani por los largos e inmensos pasillos del hipermercado, dejando el carro lleno junto a la caja, desesperado por localizar a su hijo)

Héctor: ¡Daniel...! ¡Daniel...! ¿donde estás, hijo...? ¡no hagas esto, campeón...!

(Los tres siguen dando vueltas por el hipermercado durante al menos media hora, preguntando a la gente que encuentran y dando una descripción del niño por si alguien lo ha visto pasar, hasta que finalmente encuentran a Daniel sentado en la mesa del vigilante del hipermercado, charlando animadamente con él tan tranquilo, sin ser consciente de todo el revuelo que se ha armado por su culpa)

Héctor: ¡Daniel...! ¡estás aquí...! ¡te estábamos buscando...! ¿pero cómo has llegado hasta aquí...?
Vigilante: ¿Es su hijo, caballero...? es un chaval muy simpático... y muy bueno, me estaba contando que se llama Daniel, que tiene casi 5 años, y que tiene una hermana que se llama María...
Héctor: (aliviado) Sí, en efecto... muchísimas gracias, buen hombre...
Vigilante: Me lo he encontrado un poco perdido por este pasillo y he decidido traerlo aquí y pensaba llamar ahora mismo a la zona de cajas a ver si alguien lo echaba en falta o lo estaba buscando...
Héctor: Pues llevamos buscándolo un buen rato, la verdad, y nos ha dado un susto de muerte... soy detective, ¿sabe...? y estaba a punto de llamar a la policía...
Vigilante: No se preocupe, caballero, y tranquilícese, por favor, que el niño está estupendamente, de hecho está usted más asustado que él...
Héctor: Eso ni lo dude... muchas gracias, de verdad... (cogiendo a su hijo en brazos) ¿estás bien, campeón...?
Dani: Sí... muy bien... es un señor muy simpático...
Héctor: ¿No estás asustado ni has tenido miedo...?
Dani: Sólo un poco al principio, cuando miré al pasillo y no estábais, pero luego vino este policía y ya no...
Héctor: Eres muy valiente, ¿sabes...? yo estaba muy preocupado porque pensaba que habías desaparecido... me has dado un buen susto...
Dani: Lo siento papá, yo no quería asustarte... ¿estás enfadado...?
Héctor: No, cariño, claro que no... (besa a su hijo) pero la próxima vez tenemos que estar todos más atentos... este tipo de cosas no pueden volver a pasar...
María: Como se entere mamá te la vas a cargar, enano...
Héctor: No digas esas cosas, Maria... Dani no tiene la culpa, simplemente nos hemos despistado todos un poco... y además mamá no tiene por que enterarse... ha sido una tontería y ha acabado bien... ¿verdad...?
María: ¿No le vas a decir nada a mamá...?
Héctor: Bueno, se lo diré pero cuando vuelva a Madrid mañana... no queremos preocuparla por una tontería... así que esta noche cuando llame por teléfono no hay porque asustarla, ¿de acuerdo...?
María: Lo que tú digas, papá... yo no le voy a decir nada...
Héctor: Muy bien, princesa... gracias...

(Héctor y los niños se dirigen hacia la zona de cajas para recoger el carro y pagar la compra pendiente. Después salen a la calle y van guardando la compra en el maletero del coche, para a continuación montar dentro y dirigirse hacia casa, mientras Dani no deja de pensar en la pequeña aventura que ha vivido al perderse en el supermercado)

(Ya por la tarde, Héctor lleva a los niños a casa de la familia Bonilla donde pasan una divertida tarde con ellos en la piscina entre juegos, risas, charla y una rica merienda a base de bocadillos, chocolatinas y golosinas varias que hacen las delicias de los más pequeños)

(De vuelta en casa, y según entran por la puerta, empieza a sonar el teléfono, y Dani corre hacia él sin que Héctor pueda detenerle a tiempo)

Dani: ¡Hola, soy Daniel...! ¿quién es...?
Asun: Dani, tesoro, soy mamá... ¿dónde estábais...? he llamado hace un rato y no había nadie...
Dani: Venimos de la piscina... acabamos de llegar...
Asun: Es verdad, cariño, que me lo dijo tu padre ayer, ya no me acordaba... ¿y qué tal te lo has pasado mi vida...?
Dani: Muy bien, me he bañado mucho y he jugado con Javi y hemos comido chocolate y caramelos...
Asun: Eso es estupendo, cariño... ¿y qué tal el día...?
Dani: Fenomenal mami, ¿y sabes qué...? esta mañana me he perdido en el supermercado pero un policía muy valiente me ha rescatado y ha estado conmigo y no he tenido nada de miedo...
Asun: (asustadísima) ¿Cómo dices...? pásame a papá inmediatamente... quiero hablar con él ahora...
María: (cuchicheando y llevándose las manos a la cabeza) Oh, oh, sabía que esto iba a acabar mal... lo sabía...

(Dani le pasa el teléfono a su padre)

Dani: Mamá quiere hablar contigo... ahora...
Héctor: Trae aquí, cielo... (coge el auricular) Asun...
Asun: (enfadada y preocupada) ¿Se puede saber que me está contando el niño...? ¿qué es eso de que se ha perdido en el supermercado esta mañana...? ¿pero cómo has podido perderle de vista, Héctor...?
Héctor: Asun, tranquilízate, por favor... el niño está perfectamente y puedo decirte que ha sido muy valiente...
Asun: (preocupada) ¿Pero él está bien...? es que... ¡ay, mi niño...!
Héctor: ¿Lo ves...? por eso yo no quería decirte nada, porque sabía que te ibas a preocupar y que te ibas a asustar innecesariamente...
Asun: (indignada) ¿Qué no pensabas decirme nada...? o sea, ¿qué me lo ibas a ocultar y pensabas que nunca me enteraría...? ¡Héctor, por favor...!
Héctor: Vamos a ver, Asun, claro que pensaba decírtelo, pero cuando llegaras a Madrid, no así por teléfono, porque sabía que te ibas a asustar y a enfadar...
Asun: ¡Pues claro que me enfado...! ¡es mi hijo, y me preocupo por él...!
Héctor: Sí, ya lo sé, y también es mi hijo... ¿o es que te crees que yo no me preocupo por él...? si le pasara algo yo me moriría... ¿es que acaso crees que soy un mal padre...?
Asun: No, por supuesto que no, yo no estoy diciendo eso, no saques las cosas de quicio... es sólo que deberías estar más atento cuando se trata de nuestros hijos...
Héctor: Y lo estoy, Asunción, créeme... fue solo un momento... ya sabes que Dani a veces es muy movido, y cuando me quise dar cuenta ya no estaba... pero te juro por lo más sagrado que me puse a buscarlo enseguida con las niñas que también hicieron su trabajo... incluso estuve a punto de llamar a la policía... y justo entonces es cuando le vimos sentado en la mesa del vigilante, y he de decirte que estaba tan tranquilo... estábamos nosotros más asustados que él mismo...
Asun: Desde luego, Héctor... ¿tú te imaginas lo que podría haber pasado si no llega a aparecer...?
Héctor: Por supuesto que me lo imagino, Asunción... y no quiero ni pensarlo... pero al final ha sido solo un susto, dejémoslo en eso, cariño... le podía haber pasado a cualquiera, incluso a ti...
Asun: ¿Me puedes pasar con María, por favor...?
Héctor: Claro, por supuesto... a ver si ella consigue tranquilizarte...

(Héctor le pasa el teléfono a María, ante la atenta mirada de Dani y de Clara, que no deja de reprender a Dani por ser tan bocazas y haber provocado una tormenta familiar)

María: Mami... mami... tranquila, por favor... no te preocupes, Dani está muy bien, lo que pasa es que es un bocazas...
Asun: ¿María, es que no puedes entender que esté preocupada...? ¿y si le hubiera pasado algo...? ¿y si le hubieran hecho daño a tu hermano...?
María: Pero no ha pasado nada, mamá... y además la culpa no es sólo de papá... también es mía, porque yo era responsable junto con Clara de vigilarle, y no lo hicimos bien... le perdimos de vista... así que regáñame a mí también... no te enfades con papá, por favor... papá hizo todo lo posible por encontrarle, te lo prometo, y Dani está perfectamente... estaba tan tranquilo hablando con aquel hombre... y ahora mismo se siente como un héroe... de verdad, mamá, no te enfades, papá no se lo merece...
Asun: (tranquilizándose) Está bien, tesoro, puede que tengas razón... al fin y al cabo ha sido solo un susto y estoy segura de que no va a volver a pasar, ¿verdad...?
María: Te prometo que no va a volver a pasar, nunca, nunca... con el susto que nos ha dado hoy el enano ya tenemos suficiente, y hemos aprendido que hay que vigilarle mejor...
Asun: Muy bien cariño, pásame con tu padre, anda, que quiero volver a hablar con él...

(María vuelve a pasarle el teléfono a su padre)

Héctor: Asun, cielo, ¿estás ya más tranquila...?
Asun: Sí, creo que sí... y lo siento, de verdad, perdóname... ya sé que he sido muy injusta y que he estado muy brusca, pero es que cuando se trata de mis hijos, no pienso con la cabeza, me puede el corazón y la rabia y no me controlo...
Héctor: Lo sé, cariño, y a mí me pasa lo mismo... son nuestros hijos y les queremos con toda nuestra alma, y si alguien les hiciera daño, yo no sé que haría...
Asun: Ni yo, pero nada bueno, seguro... pero yo quiero disculparme contigo por todo lo que te he dicho antes... no lo decía en serio... sé que tú eres el mejor padre que nuestros hijos pueden tener, y además debo decirte que tienes en tu hija a la mejor aliada, ella te defiende por encima de todo...
Héctor: (sonriendo) Sí, ya la estaba oyendo... me estaba poniendo por las nubes...
Asun: Héctor, para ella eres un héroe y para Dani también... tus hijos te adoran, que no se te olvide nunca, ellos siguen tu ejemplo...
Héctor: Soy consciente de ello, y por eso no quiero fallarles...
Asun: Y no lo haces... cada día eres mejor padre y también eres el mejor marido del mundo... y te quiero...
Héctor: (emocionado) Y yo te quiero a ti... vuelve pronto mañana, por favor... te echo de menos y estoy deseando abrazarte...
Asun: Y yo... estaré ahí a la hora de comer, te lo prometo... un beso enorme para ti y para los niños multiplicado por dos... te quiero, adiós...
Héctor: Te quiero... adiós...

(Héctor cuelga el teléfono mientras María y Clara cuchichean divertidas en su habitación)

María: ¿Ves...? ya te dije que se arreglarían enseguida...
Clara: (riéndose) Tus padres son un poco pastelosos, ¿no...? que si te quiero por aquí, que si un beso por allá, que si te echo de menos...
María: ¡Cállate...! ¡no seas mala...! a mí me gusta que se digan cosas bonitas... yo cuando sea mayor me gustaría poder decirle todas esas cosas a mi novio...
Clara: Pues a mí me daría vergüenza...
María: (extrañada) ¿Por qué...? ¿es que nunca les has oído a tus padres decirse esas cosas...?
Clara: Pues no... si se lo dicen deben hacerlo cuando yo no les veo...
María: Pues es una lástima que sean tan tímidos... mis padres no esconden lo que sienten el uno por el otro y desde que Dani y yo éramos pequeños siempre les hemos visto besarse en la boca como si fuera la cosa más normal del mundo... y a mí eso me gusta... no sé, me da tranquilidad...
Clara: Es la primera vez que me cuentan algo así... pero se lo diré a mis padres a ver que opinan...
María: Tú pregúntaselo y luego me lo dices...
Clara: De acuerdo... y ahora vamos a poner la mesa, que tu padre estará preparando ya la cena en la cocina...
María: Sí, venga, vamos...

(María y Clara van al salón a poner la mesa para a continuación sentarse a cenar todos juntos, incluido Dani que no para de hablar de la aventura del día y está orgulloso de sentirse protagonista por una vez)

(Al día siguiente, ya es Domingo y una vez que Clara y María han ido a la misa semanal acompañadas por Felisa, van a dar un largo paseo con Dani y con Héctor, mientras este aprovecha para comprar el periódico y después van a tomarse el aperitivo al Asturiano)

(Llega la hora de comer y Héctor está preparando una comida un poco más especial para dar la bienvenida a Asun que está a punto de llegar a casa de su viaje. Según están María y Clara poniendo la mesa, se oye la puerta y entran en casa Asun y Aurelia)

Asun: ¡Hola...!
Aurelia: ¡Hola...!
Clara: (corre a abrazarse a su madre) ¡Mamá...!
María: ¡Mami... hola...!
Asun: Hola, tesoro... ¿y tu hermano...?

(Dani sale de la habitación)

Dani: ¡Hola, mamá...!
Asun: ¡Hola, pequeñajo...! (le besa y le abraza) ¡menudo susto que le diste ayer a tu padre y a mí cuando me lo contaste...!
Dani: Pues yo no estaba asustado... ese policía era muy simpático...

(Héctor sale de la cocina a saludar a su mujer y a Aurelia)

Héctor: ¡Hola, cariño...! (la besa en los labios dulcemente)
Asun: ¡Hola...!
Héctor: Hola, Aurelia... ¿qué tal lo habéis pasado...?
Aurelia: Bueno, no ha estado tan mal como pensábamos, yo pensaba que nos aburriríamos, pero de hecho no ha sido así...
Héctor: Pues me alegro... nosotros tampoco hemos tenido tiempo de aburrirnos...
Aurelia: Ya, ya lo sé... Asun me contó lo de Dani... ¡madre mía, que susto, no...?
Héctor: Si te digo la verdad estaba yo más asustado que él... se portó como un auténtico valiente y ahora lo cuenta como una gran aventura...
Asun: A mí casi me da un ataque cuando me enteré... y de hecho me enfadé mucho al principio, pero son cosas que pasan... y al final lo importante es que todo acabó bien... y Héctor y María me han prometido que a partir de ahora estarán más atentos y vigilarán a Dani con más de cien ojos... ¿verdad...?
Héctor: Verdad... pero bueno, vamos a sentarnos a comer... he preparado comida para todos... ¿os quedáis a comer, verdad Aurelia...?
Aurelia: Pues me temo que no... siento decepcionarte, pero he venido solo a recoger a Clara y nos vamos a casa... Gustavo nos está esperando para comer y queremos pasar la tarde allí...
Héctor: Claro, lo entiendo perfectamente...
Asun: Pues hala, María, cielo, despídete de Clara entonces...

(María y Clara se despiden y Aurelia se marcha con ella a casa, dejando a la familia Perea disfrutar de una opípara comida)

(Ya por la noche, y tras haber pasado la tarde hablando con su madre, los niños se han acostado y duermen tranquilos en sus respectivas camas. Asun y Héctor acaban de terminar de cenar y charlan divertidos en el sofá)

Héctor: (cogiéndola de las manos) ¿Y entonces has conocido a algún periodista joven y guapetón o no...?
Asun: (siguiendo el juego divertida) Puede ser... hay por ahí uno que no me ha quitado los ojos de encima en todo el fin de semana... es una lástima que yo ya esté fuera del mercado, que si no...
Héctor: (sorprendido) ¿Qué si no qué...?
Asun: (divertida) Quien sabe lo que habría podido pasar... una no es de piedra y claro, cuando un hombre interesante y bien parecido te pone ojitos, es difícil resistirse... a no ser que...
Héctor: (intrigado) ¿A no ser que qué...?
Asun: (acariciando a su marido) A no ser que una ya tenga en casa a ese hombre... un hombre que la vuelve loca con esa mirada, con esos ojos azules... (le empieza a besar despacio) esa sonrisa... esas caricias que te transportan al paraíso y que no te dejan pensar en otra cosa que no sea un deseo irrefrenable de besarle, de tenerle entre mis brazos, de amarle y de querer compartir con él todos los momentos importantes de mi vida...
Héctor: (emocionado, empieza a desabrochar los botones de la blusa de su mujer, deslizando sus manos en el interior) Y ese hombre puede sentirse el más afortunado del mundo al saber que el amor que siente por esa mujer se multiplica cada día y sobre todo al saber que ella le corresponde con creces...

(Héctor y Asun se buscan con la mirada, se besan furtivamente, sus manos se pierden dentro de su ropa entre divertidas sonrisas y tiernas caricias. Asun se cuelga del cuello de su marido)

Asun: (susurrando en su oído) Llévame a la cama... allí estaremos más a gusto...
Héctor: Me encanta que siempre tengas razón... vamos, mi niña...

(Héctor y Asun trasladan su romántico arrebato a un lugar mucho más íntimo y personal donde permanecen el resto de la noche y hasta la mañana siguiente, llevados por su magia y complicidad y demostrando una vez más que su amor está por encima de cualquier otra cosa)











martes, 22 de enero de 2013

Capítulo 51: La Primera Comunión de María (Mayo de 1966)


(Un mes después, finales de Mayo de 1966. Todo está preparado en casa de los Perea porque este fin de semana es el gran día para la pequeña María. El sábado tomará la Primera Comunión junto a su amiga Clara, y el domingo cumple los 8 años. María está un poco nerviosa por como se van a desarrollar los acontecimientos y por estar a la altura de lo que esperan sus abuelos, especialmente su abuela Felisa, quien se sintió muy orgullosa con su nieta Irenita cuando hizo la comunión. María quiere que su abuela se sienta igualmente orgullosa de ella)

(La noche anterior, Asun repasa que el vestido de comunión de María esté impecable y lo tiene colgado de la lámpara para que no se arrugue. Dani ya se ha acostado hace un rato y María mira una vez más su vestido blanco colgado antes de irse a dormir)

Asun: ¿Estás nerviosa, tesoro...?
María: Un poco... quiero que salga todo bien...
Héctor: Y saldrá bien, princesa, te lo prometo... mañana vamos a tener un día importante pero también agotador, va a venir mucha gente a la misa y después al banquete en El Asturiano... pero tú vas a estar radiante... y con ese vestido vas a ser realmente una princesa... mi princesa... (besa a su hija en la frente)
María: Me gusta que me des ánimos, papá, eso me tranquiliza y me ayuda a dormir... me voy a la cama que mañana hay que madrugar mucho y mamá me tiene que arreglar el pelo, y luego vestirme y llegar a la iglesia un poco antes para los últimos ensayos...
Asun: Claro que sí, cariño... que descanses... hasta mañana... (besa a su hija)
María: Buenas noches...
Héctor: Adiós, princesa...

(Héctor y Asun cenan y se sientan en el sofá un rato antes de acostarse)

Asun: (mirando el vestido que cuelga de la lámpara) La verdad es que ha quedado precioso... y María va a estar muy guapa con él...
Héctor: Eso seguro, va a ser la niña más guapa de la parroquia...
Asun: (riéndose) Eso si que es amor de padre...
Héctor: No lo puedo evitar, es mi niña...
Asun: (dando un beso a su marido) Y nosotros también deberíamos acostarnos ya porque mañana hay mucho que hacer...
Héctor: Ah, y se me olvidaba, que también veremos mañana a la mamá más guapa de la parroquia...
Asun: (sonriendo divertida) ¡Ay que ver que zalamero eres...! anda, tira para la cama...
Héctor: (haciendo una divertida reverencia) A sus pies, señora Perea...

(Asun se ríe y los dos se van hacia el dormitorio entre risas y arrumacos)

(A la mañana siguiente en casa de los Perea hay mucha tarea. Felisa ha subido para ayudar a Asun con los preparativos una vez se ha vestido ella y ve a María ya vestida de comunión)

Felisa: ¡Mírala, que guapa que está ella...!
Héctor: ¿A qué va a ser la niña más guapa de la parroquia...?
Felisa: Eso ni lo dudes, yerno...

(Asun pone a su hija la medalla que le ha regalado su abuela por la comunión, y los pendientes de oro que sus padrinos Estrella y Miguel le han regalado. María no deja de dar vueltas con su vestido)

Asun: María, cariño, deja de moverte que te lo vas a ensuciar antes de tiempo...
María: Está bien, mamá, tienes razón... ¿qué hora es...? ¡vamos a llegar tarde...!
Héctor: Tranquila, princesa, tenemos tiempo, llegarás bien para reunirte con tus compañeras y sobre todo con Clara, que seguro que también estará guapísima...
María: ¡Ay sí... tengo ganas de verla...!
Héctor: Ahora te llevo a la parroquia yo con el coche para que no te manches el vestido y te dejo allí y vengo a por tu madre, Dani y los abuelos junto con tu prima Irene, ¿de acuerdo...?
María: De acuerdo...

(Héctor baja con María a la calle y la lleva a la parroquia. Allí, María se reúne con sus otras compañeras pero Clara aún no ha llegado, por lo que decide esperarla fuera)

Héctor: ¿No tendrás frío aquí fuera...?
María: No, papá, hace sol y seguro que Clara está a punto de llegar...
Héctor: Como quieras, princesa... yo me voy a buscar al resto de la tropa y vuelvo enseguida...
María: Muy bien...

(Héctor vuelve a casa, recoge a los demás y vuelve con ellos a la iglesia. Hasta allí ya han llegado los papás de las otras compañeras que hacen la comunión junto con María. También ha llegado por fin Clara con sus padres. Asun sale al encuentro de Aurelia mientras Héctor saluda a la familia Bonilla y a Estrella y Miguel que ya han llegado también)

Asun: ¡Hola, Aurelia...! ¡que guapísima estás...!
Aurelia: ¿Sí...? calla, calla, que vaya nochecita llevamos...
Asun: ¿Por qué, qué ha pasado...?
Aurelia: Pues que ayer después de cenar, Clara empezó a sentirse fatal... empezó a vomitar sin parar, y no sabíamos si es que le había sentado algo mal de la cena, o si eran los nervios por lo de hoy... el caso es que la llevamos a la casa de socorro porque estábamos muy preocupados, no conseguíamos que se le pasaran las náuseas...
Asun: (preocupada) ¿Y cómo terminó todo...?
Aurelia: Pues al final los médicos dijeron que debió ser un corte de digestión propiciado por los nervios, y le fueron dando pequeños sorbitos de agua con azúcar cada 5 minutos... estuvimos en el hospital hasta las tres de la madrugada por lo menos, y no hemos dormido nada... de hecho casi creíamos que Clara no podía hacer la comunión hoy...
Asun: ¡Ay, pobre...! ¡que mal lo ha tenido que pasar...!
Aurelia: Imagínate... y cuanto más pensaba que hoy no podía venir, más nerviosa se ponía... ahora la ves así de bien, pero anoche no las tenía yo todas conmigo...
Asun: Pues ya lo siento... pero me alegro que al final todo se haya solucionado... ven, vamos a saludar a Bonilla y a mi hermano que ya les veo por allí...

(Asun se une al grupo de Bonilla, Matilde, Estrella y Miguel que están con Héctor charlando en la puerta de la iglesia. Dani y Javier ya se han ido por ahí a correr y jugar, y Felisa y Trino están muy entretenidos charlando con Manolita y Marce que ya han llegado con Pelayo y toda su tropa. En esta ocasión, Pedro no ha podido venir ya que está estudiando en el extranjero, y Leonor aprovecha esta ocasión para presentar oficialmente en la familia a su novio formal, a quien sus padres y su abuelo ya conocían)

(La ceremonia transcurre sin novedad. María y Clara tienen al igual que el resto de los niños que toman la Comunión ese día, protagonismo en las diferentes etapas de la ceremonia, durante las preguntas que formula el sacerdote, en las ofrendas, en las peticiones y en las lecturas, así como naturalmente en el momento de comulgar por primera vez. Todos los niños han entrado en la iglesia por el pasillo central con una vela en la mano y se han situado alrededor del altar haciendo semicírculo de manera que a todos ellos se les ve de perfil y ninguno da la espalda a los bancos donde se sitúan las familias y el resto de los invitados, de manera que se pueden tomar fotos sin problemas)

(Al acabar la ceremonia, los niños se quedan en el altar un rato al tiempo que las familias van saliendo de los bancos y aprovechan para tomarse fotos con ellos frente al altar. Un buen rato después, María y Clara salen a la calle y las familias y amigos invitados deciden continuar la sesión de fotos en el parque que se encuentra enfrente de la iglesia)

Héctor: (con la cámara en la mano) A ver, chicas, poneros ahí juntas las dos... ¡sonreíd...!
María: ¡Venga papá, otra más... y ahora con Daniel...!
Héctor: Bien... vamos, campeón, ponte ahí con tu hermana...
Dani: ¡Vaya rollo...! ¡yo me quiero ir a jugar...!
Asun: Deja de quejarte tanto, Dani... hoy es un día muy importante para tu hermana...

(La sesión de fotos se alarga bastante ya que Clara también se hace sus fotos con sus abuelos, sus padres, sus amigos, hasta que finalmente todos acaban por trasladarse al Asturiano, donde Manolita ha dejado ya preparada toda la comida en bandejas para no tener mucha tarea. Todos colaboran en repartir las raciones y entre risas y charlas van agotando todas las provisiones. Clara no tiene demasiada hambre después de todo lo que ha pasado la noche anterior y come muy poco pues no quiere pasar otra mala noche)

María: ¿Te encuentras ya bien, Clarita...?
Clara: Sí, estoy mejor, pero no quiero comer mucho por si me sienta mal otra vez... ¡no sabes lo mal que lo pasé...! ¡y el susto que se llevaron mis padres...!

(Cuando llega el momento de la tarta, las dos niñas posan ante la cámara de Héctor y Gustavo con una divertida sonrisa y partiendo la tarta. Dani y Javier miran la tarta con ojos golosos esperando el momento para meterle mano a la nata que tanto les gusta)

Asun: ¡Daniel Perea, que te veo... ojito con meter el dedo en la nata...!
Dani: ¡Pero mamá si yo no iba a hacer nada...!
Asun: Por si acaso...
Matilde: Javi... solo te lo voy a decir una vez...
Javi: ¡Que sí, mamá...!

(Después de la comida, los niños se van a jugar a la plaza mientras los mayores se reúnen en pequeños corros para charlar tranquilamente el resto de la tarde)

Bonilla: Bueno, Héctor pues ya está, ya ha pasado el día grande para tu niña...
Héctor: Sí, la verdad es que llevaba todos estos meses muy ilusionada y anoche estaba especialmente nerviosa porque todo saliera bien... pero estamos contentos, todo ha salido bien, ¿verdad, cariño...?
Asun: Sí, todo ha salido a pedir de boca... además ha hecho un día estupendo, y eso también ayuda, claro...
Felisa: Estoy muy orgullosa de María, hija... es que estaba tan guapa... cuando tengas reveladas las fotos, me tienes que dejar una copia de una de ellas para ponerla en el salón, junto a la de Irene...
Asun: Claro que sí, madre, y le daré a elegir, la que usted quiera...

(Héctor y Asun se acercan a Estrella y Miguel que están un poco más apartados con los del Asturiano)

Asun: ¿Qué tal lo habéis pasado...?
Estrella: Muy bien... ha sido una ceremonia muy bonita, y María está guapísima...
Héctor: Y no os preocupéis que os daremos la foto en la que estáis con ella...
Miguel: Gracias, Héctor...
Asun: ¿Cómo estás, hermano...? ¿qué tal lo llevas...?
Miguel: Mejor... tengo que reconocer que poco a poco voy estando mejor, intento disfrutar de la vida y no ponerme triste al pensar que jamás podré tener hijos...
Héctor: Una cosa, Miguel, y permíteme que te haga una sugerencia... ¿habéis pensado en la posibilidad de adoptar...?
Miguel: (pone cara de extrañeza) ¿Adoptar...? ¿qué quieres decir...?
Héctor: Sí, hombre, me refiero a que dado que no es posible que podáis tener hijos naturales, biológicos, a lo mejor podíais plantearos ir a una agencia de esas que tienen niños que se han quedado sin padres por diferentes motivos y solicitar su adopción... haceros cargo de uno de esos niños tan necesitados de cariño y criarle y educarle como si fuera propio...
Estrella: La verdad es que no se me había ocurrido... pero tiene bastante sentido eso que dices... de hecho cuando me quedé sola con mi padre, ese hombre tan horrible, hubiera deseado estar con una familia que me quisiera de verdad... y menos mal que vino Gerardo a por mí y me sacó de aquel infierno...
Asun: Es que lo más importante para un niño es recibir el amor y el cariño de unos padres que le quieran de verdad... no tiene nada que ver si hay lazos de sangre o no...
Miguel: ¿Y vosotros creéis que hay posibilidades de que nos den un niño de esos...?
Héctor: Yo no lo sé, la verdad, pero quien sabe de estas cosas en serio es Gustavo... en su bufete trabajan mucho con una agencia de adopción que se encarga de buscar familias adecuadas a los niños que tiene acogidos en los orfanatos de la ciudad... si queréis podemos hablar con él y concertáis una entrevista tranquilamente en su despacho cuando os venga bien...
Asun: Eso es una buena idea... además Gustavo es de total confianza... ya sé que vosotros, sobre todo tú, Estrella, apenas habéis tenido contacto con él, pero tú le conoces Miguel... y sabes que es un hombre muy bueno y muy discreto... estoy segura que él os va a poder ayudar...
Miguel: Está bien, por intentarlo no perdemos nada...

(Héctor hace un apartado con Gustavo y le informa de la situación de forma breve. Posteriormente, Gustavo se reúne un momento con Miguel y Estrella y acuerdan verse en el despacho a la semana siguiente para charlar tranquilamente del asunto)

Miguel: Hermanita, Gustavo nos ha dicho que puede vernos la semana que viene... ya te contaré lo que nos dice...
Asun: Me alegro mucho... y ya verás como al menos os sacará de dudas... y luego pues lo pensáis tranquilamente, y seguro que entre todos encontramos una solución buena...
Miguel: Gracias una vez más por tus ideas y tu buena disposición, cuñado...
Héctor: No tienes porque dármelas, hombre... para eso está la familia, para ayudarnos unos a otros...
Asun: Bueno, ¿y ahora qué, ponemos un poco de música y nos marcamos unos bailes con los niños...?
Héctor: Me parece una gran idea... podemos organizar un concurso de baile por parejas y por equipos...
Asun: Sí, y los que ganen se llevarán premio...

(Héctor y Asun ponen en marcha la iniciativa, retirando las mesas del bar a un lado. María, Clara y el resto de los niños se lo pasan de miedo preparando diferentes bailes con los que sorprender a sus invitados, y el resto de ellos poco a poco se van sumando al concurso. La velada transcurre de forma muy agradable entre bailes, copas, charla y risas, hasta que ya a última hora de la tarde, los invitados se van retirando y el bar se va quedando cada vez más vacío, siendo los últimos en cerrar los Asturianos y Felisa que se ha quedado para ayudarles a recoger)

(Ya por la noche, y una vez en la cama, María se despide de sus padres que están con ella en la habitación)

Héctor: ¿Te lo has pasado bien, hija...?
María: De maravilla, papi... y eso de los bailes ha sido una gran idea, y muy divertida... y también me ha gustado mucho todo lo que me han regalado...
Asun: Ya me lo dejarás ver tranquilamente mañana, eh...?
María: Sí, porque además ha sido regalo doble por la comunión y el cumpleaños... estoy muy contenta, mamá...
Asun: Me alegro mucho, tesoro... ahora descansa que tienes que estar hecha polvo...
Héctor: Buenas noches, princesa...
María: (se cuelga del cuello de su padre) Buenas noches, papi... (besa a su madre) buenas noches, mami...

(Desde el cuarto de enfrente se oye la voz de Dani)

Dani: Papi, tráeme agua... tengo sed...
Héctor: Ahora voy, campeón...

(Héctor apaga la luz del cuarto de María y va hacia la cocina para llevarle un vaso de agua a su hijo. Después, se va al dormitorio con Asun, para acostarse también, ya que ha sido un día muy intenso y lleno de emociones y anécdotas para todos)











miércoles, 16 de enero de 2013

Capítulo 50: La triste realidad de Miguel y Estrella (Abril 1966)


(Un par de meses después, Abril de 1966. La Semana Santa acaba de terminar y con ella las vacaciones de los niños, que se han pasado toda la semana acudiendo cada mañana al parque con sus bicis a rodar un rato y en compañía de sus abuelos, ya que tanto Héctor como Asun han tenido que trabajar toda la semana salvo los días propiamente festivos. A ellos se han unido también Clara y Javier, con lo que la tropa de niños que han tenido que vigilar Felisa y Trino ha sido numerosa, aunque ellos lo hacen de buen grado, ya que disfrutan ayudando a su hija y su yerno. En compensación por ello, Asun y Héctor han cogido el relevo a tiempo completo durante los días festivos, dejando a Felisa y a Trino libres para marcharse esos días a Valdemorillo, donde Felisa disfruta enormemente viendo la procesión que desfila por delante de la plaza la tarde de Viernes Santo, y acudiendo a los oficios religiosos con las vecinas del pueblo).

(Una tarde de finales de Abril, Héctor y Asun han sido invitados a casa de Miguel y Estrella a tomar café y pasar la tarde con ellos. Los dos saben que esto no es muy habitual, ya que son Estrella y Miguel los que acuden a comer los domingos a casa de Felisa y Trino, juntándose allí toda la familia. Por esta razón, tanto Héctor como Asun sospechan que se trata de algo importante)

(Héctor y Asun han salido de sus respectivos trabajos, han recogido a los niños del colegio y los han dejado haciendo los deberes en casa de los abuelos. Ahora ellos están arreglándose para salir en dirección a la casa de Estrella y Miguel)

Asun: ¿Tú crees que quieren darnos la noticia de que por fin van a ser padres...?
Héctor: Eso espero... y la verdad si es eso, me alegro mucho por ellos... vamos a ser tíos por fin, que ya nos tocaba...
Asun: Sí, la verdad es que a mí también me hace mucha ilusión ser de nuevo tía... (mirándose en el espejo) bueno, pues ya estoy lista...
Héctor: (mirando a Asun de arriba abajo) Estás guapísima... y veo que te has puesto los pendientes charros...
Asun: Sí... ¿me quedan bien con el conjunto, verdad...?
Héctor: Verdad... hala, vámonos que sino llegaremos muy tarde...
Asun: Sí, tienes razón... vamos...

(Héctor y Asun salen de casa y caminan dando un pequeño paseo hasta llegar veinte minutos después a casa de Estrella y Miguel)

Estrella: ¡Hola...!
Asun: ¡Hola...! (se saludan con dos besos) ¡que guapa...!
Estrella: Tú también estás estupenda, Asunción... ¿esos pendientes son nuevos...?
Asun: Sí, son los que me compré en Salamanca...
Estrella: Ah, que bonitos...
Héctor: Hola, Estrella, ¿qué tal estás...? (la saluda con un par de besos)
Estrella: Bien, gracias...
Héctor: (estrechando la mano de Miguel) ¿Qué pasa, Miguel...? ¿todo bien por el taller...?
Miguel: Sí... la verdad es que tenemos trabajo a destajo, no nos podemos quejar... mi padre y yo no damos abasto...
Asun: (abrazando y besando a su hermano) ¡Hola, hermanito...! me alegro de verte...
Miguel: Y yo a ti... y Estrella tiene razón, estás muy elegante y cada día más guapa...
Héctor: Yo se lo digo todos los días, pero a veces no me cree...
Asun: ¡Vale ya, callaros de una vez, que me vais a sacar los colores...!
Estrella: Pasad al salón, por favor y sentaros... enseguida preparó el café...
Asun: ¿Quieres que te ayude...?
Estrella: No, mujer, no te molestes, si lo tengo todo en la cocina, sólo tengo que servirlo y ya está...
Asun: De acuerdo...

(Asun y Héctor pasan al salón y toman asiento, mientras Estrella y Miguel van a la cocina y traen unas bandejas con el café, las tazas y unos platos con galletas y pastas)

Héctor: Bueno, que, supongo que si nos habéis invitado será para darnos esa buena noticia que tanto tiempo llevamos esperando, ¿no...?

(Estrella y Miguel se miran el uno al otro)

Héctor: ¿Pasa algo...? ¿he dicho algo inconveniente...? que veo que os habéis mirado así como muy serios...
Miguel: Verás, Héctor, es que sintiéndolo mucho, me temo que los tiros no van por ahí... tiene que ver con el tema pero no con lo que vosotros creéis...
Asun: ¿Qué quieres decir, Miguel...? me estás empezando a preocupar...
Estrella: Lo que tu hermano quiere decir es que no estoy embarazada todavía, y eso es precisamente lo que me preocupa...
Asun: Vaya... y nosotros que pensábamos que nos ibais a hacer de nuevo tíos por fin...
Miguel: Ya nos gustaría tener buenas noticias en ese aspecto, pero nada, no hay manera, por más que lo intentamos, nos lo proponemos y seguimos en el mismo punto que cuando nos casamos...
Héctor: Pero Miguel, tampoco podéis obsesionaros con el tema, a veces es peor cuanto más penséis en ello, lo mismo si os relajáis un poco y no pensáis en el objetivo, cuando menos lo esperéis llega...
Estrella: Sí, eso mismo le decía yo a Miguel, pero el tiempo va pasando... y todo el mundo tiene hijos menos nosotros... y ya sabes que yo soy muy niñera y que me hace muchísima ilusión, pero nada...
Asun: ¿Y lo has consultado con algún médico, a ver si te pueden dar alguna solución...? a lo mejor tienes algo de anemia o falta de vitaminas, y te ponen un tratamiento y se arregla...
Estrella: Ojalá fuera tan sencillo...
Asun: ¿No me estarás diciendo que piensas que es algo psicológico...? me refiero a que todo aquello que te pasó cuando eras una niña, eso forma parte del pasado...
Miguel: Yo la he apoyado y la he ayudado desde el primer momento, y es cierto que al principio le costaba un poco más, no conseguía relajarse del todo... pero hace tiempo que ya hemos superado aquello, así que no le veo que pueda tener relación con eso...
Estrella: No sigas Miguel, por favor... que me da vergüenza hablar de cosas tan íntimas...
Asun: (cogiendo la mano de Estrella) Tranquila, estamos en confianza... somos tu familia, Miguel es mi hermano, y estamos para ayudaros y daros apoyo y consejo si hiciera falta, ¿verdad, Héctor...?
Héctor: Verdad... todo lo que necesitéis, apoyo, ayuda, consejo, lo que sea... y lo que queráis contarnos no va a salir de aquí, os lo prometo... la confidencialidad absoluta es mi lema, tanto en el trabajo como en mi vida personal...
Miguel: Es que se trata de un tema muy delicado...
Asun: ¿Pero tú estás bien, Estrella...? ¿te ha visto algún médico...? ¿te han hecho pruebas...? no sé, ¿han visto algo...?
Estrella: Estoy aburrida ya... me han hecho tantas pruebas y tantos análisis que ya no saben ni dónde mirar... aparentemente soy una mujer sana y perfectamente capacitada para tener hijos, pero por alguna razón que desconozco no consigo quedarme embarazada...
Héctor: Yo no es por meterme donde no me llaman, y lo siento si mi pregunta ofende, pero, ¿Miguel, tú has ido al médico también...?
Miguel: Por supuesto, he acompañado a Estrella a todas sus pruebas médicas y a recoger los resultados...
Héctor: No me refiero a eso... me refiero a sí tú también te has hecho pruebas, si a ti también te han mirado... porque a lo mejor el problema no lo tiene Estrella, a lo mejor deberías plantearte que el problema lo tienes tú...
Miguel: (empieza a indignarse) ¿Estás insinuando que no soy lo suficientemente hombre como para dejar embarazada a mi mujer...?
Asun: (sintiéndose incómoda por la actitud de su hermano) ¡Miguel, por favor...! no te pongas así, Héctor sólo te ha hecho una pregunta... y no es tan descabellado pensarlo... si a Estrella efectivamente no le han encontrado nada y los resultados de sus pruebas han dado negativo, es posible que el problema no esté en ella, sino en ti...
Miguel: (gritando enfadado) ¡Yo no tengo ningún problema...! ¡yo estoy perfectamente bien...!
Estrella: Miguel, por favor, no montes un escándalo, te lo pido por favor, que me da mucha vergüenza...
Héctor: (intentando razonar con su cuñado) Escúchame, Miguel, por favor, no estoy diciendo que tú no puedas dejar embarazada a Estrella, pero a lo mejor hay circunstancias médicas que te lo impiden y que desconoces, y si fueras a un médico y te hicieras alguna prueba, pues a lo mejor encontraban el remedio adecuado para curarlo, y los dos estaríais tranquilos... ahora mismo estáis nerviosos y preocupados porque algo está pasando y no sabéis lo que es... y poniéndote una venda en los ojos y negándote a aceptar la realidad no vais a solucionar el problema, lo único que hacéis es demorarlo y vivir en la incertidumbre... y eso no es bueno... tú puedes hacer lo que quieras, es tu vida, pero si yo fuera tú, iría al médico... y te voy a decir otra cosa, ¿tú quieres a Estrella...?
Miguel: ¡Pues claro que quiero a mi mujer, Héctor...! ¿qué pregunta es esa...?
Héctor: ¿La quieres de verdad, con el corazón...? ¿harías lo que sea por ella...?
Miguel: Por supuesto... antes me mataría si no lograra hacerla feliz...
Héctor: Pues entonces hazte las pruebas, hazlo por ella... si no quieres hacerlo por ti, hazlo por tu mujer, porque ella te quiere y se merece saber si pasa algo para ponerle remedio, para asumir la realidad y luchar por cambiarla si eso es posible, porque los dos juntos sois mas fuertes, y porque nosotros estamos aquí para apoyaros y ayudaros en lo que sea necesario...
Asun: Haz caso a Héctor, por favor... piénsatelo, hermano... no te cuesta nada hacerte esa prueba y os aliviará a los dos, ya lo verás...
Miguel: No sé yo...
Estrella: Miguel, sé que nunca te lo he pedido, quizás porque no sabía como hacerlo, pero Héctor ha dicho cosas que tienen mucho sentido, y que me han ayudado... deberías hacerte esa prueba, yo me quedaría mucho más tranquila... por favor...
Miguel: Me lo pensaré...

(Un poco a regañadientes, terminó la charla en casa de Miguel y Estrella, y Héctor y Asun volvieron a la suya listos para preparar la cena en familia)

(Un buen rato más tarde, Asun y Héctor ya están en la cama después de cenar. Asun está recostada sobre el pecho de su marido, muy pensativa tras la incómoda situación vivida en casa de su hermano hace unas horas)

Héctor:  (acariciando el pelo de su esposa) ¿Qué piensas...?
Asun: ¿Tú crees que mi hermano se hará la prueba...?
Héctor: Sí, yo creo que sí... después de lo que le hemos dicho hoy...
Asun: Es que mi hermano es un cabezón... y cuando se pone digno, no hay quien le pare...
Héctor: Bueno, en eso se parece un poco a ti...
Asun: ¿Pero qué dices...?
Héctor: Me refiero a lo de ser cabezón... debe venir de familia...
Asun: (dándole un manotazo divertido a su marido) ¡Vale ya...!
Héctor Pero también os parecéis en otra cosa... y es que los dos tenéis muy buen corazón y muy buen fondo... y cuando queréis a alguien os entregáis por esa persona hasta el final, caiga quien caiga...
Asun: ¿Debo tomarme eso como un cumplido, entonces...?
Héctor: Por supuesto... y volviendo a lo de tu hermano, yo creo que en el fondo lo que le pasa es que tiene miedo... la gente suele reaccionar así cuando en realidad no quieren enfrentarse a la verdad... es más fácil esconder la cabeza debajo del ala que asumir la realidad... y te lo digo por experiencia...
Asun: ¿Y entonces tú crees que mi hermano sabe que el problema puede estar en él y no quiere asumirlo...?
Héctor: Es muy posible que sí que piense que tiene algún problema de salud que le impida dejar embarazada a Estrella, pero prefiere negárselo a sí mismo y a los demás, porque cree que así se resolverá solo... el tiempo pasará, la gente se olvidará y todo estará bien, pero eso no es más que una falacia... en realidad tu hermano está muerto de miedo de pensar que los médicos puedan encontrarle algo serio, algo malo, y prefiere no saberlo y no enfrentarse a ello, porque piensa que así es más fácil y se ahorra disgustos, pero a la larga es mucho peor, cuanto más tiempo pase, más nervioso estará...
Asun: Me ha gustado mucho todo eso que le has dicho... eso de que tiene que hacerse la prueba por Estrella, si la quiere de verdad...
Héctor: Yo he hablado con tu hermano con el corazón en la mano, en confianza, como hubiera hablado contigo...
Asun: Y yo te lo agradezco... y creo que al final se ha tomado bien tus palabras y tus consejos...
Héctor: Eso espero... no quiero que piense que su cuñado es un imbécil meticón que habla sin saber...
Asun: No lo hará... conozco a mi hermano... tiene su genio pero como tú acabas de decir tiene muy buen corazón y al final hará lo que debe hacer, seguro... (se incorpora un poco) lo que yo no entiendo es porque los hombres piensan que se les está atacando a su hombría por el hecho de no poder dejar embarazada a una mujer... es absurdo...
Héctor: (acariciando a su mujer) Ya lo sé, cariño... pero por desgracia muchos confunden la esterilidad con la impotencia... y yo he conocido algún caso cercano sobre esto...
Asun: Cuéntamelo...
Héctor: Verás... yo recuerdo perfectamente que Alfonso, el hermano de Teresa, estaba obsesionado con el hecho de ser padre... más de una vez llegó a decirme que para él lo fundamental en su matrimonio era dejar embarazada a Ana... Alfonso solía pensar que los hijos eran el único vínculo que unía al matrimonio, y que si no tenías hijos, no tenías ese vínculo, y que cuando el matrimonio se rompía al no haber hijos de por medio, no quedaba nada, en cambio si había hijos era más difícil que el matrimonio se rompiera...
Asun: Pero eso es una tontería... yo conozco muchas parejas que no tienen hijos y son la mar de felices, y en cambio conozco también a otras que tienen un montón de hijos y no se soportan... la felicidad en un matrimonio no depende de los hijos que tengas o no tengas, viene dada por otras cosas... la felicidad hay que trabajarla día a día, el amor hay que alimentarlo, porque sino se muere irremediablemente... y si encima hay hijos de por medio, es mucho peor, porque al final los que más sufren en esas situaciones son los niños...
Héctor: (besándola en la frente) Estoy completamente de acuerdo contigo, cielo, y siguiendo con el ejemplo de Alfonso, me acuerdo que yo le decía que no tuviera prisa, que no se obsesionara, que disfrutara de su matrimonio y que los hijos llegarían cuando tuvieran que llegar... por aquella época Teresa y yo éramos todavía felices y aún no había explotado todo lo que vino después, pero recuerdo que Alfonso estaba convencido de que si los hijos no llegaban es porque no querías suficientemente a tu mujer y porque no eras capaz de hacer bien lo que supuestamente debes hacer para engendrar un hijo...
Asun: Es increíble... no he oído una teoría tan descabellada en toda mi vida... ¿qué tendrá que ver una cosa con otra...? muchas veces el embarazo es cuestión de suerte... puedes pasarte la vida intentándolo y no lograrlo nunca, y sin embargo otras veces te quedas embarazada a la primera y sin quererlo, como le pasó a mi hermana Chelo...
Héctor: Te sorprendería saber la cantidad de hombres que piensan que son menos hombres por ser estériles y no poder engendrar hijos... eso les lleva a frustrarse y a caer en depresión a veces...
Asun: Espero que ese no sea el caso de mi hermano...
Héctor: Aún no sabemos cual es exactamente el problema y si es tu hermano el que lo tiene... pero aún así, tu hermano es fuerte, y no creo que sea de ese tipo de hombres que piensen así... pero si lo es, no te preocupes porque vamos a estar ahí para ayudarle a superarlo... entre todos le animaremos... el mundo no se acaba por no poder tener hijos, y estoy seguro que Estrella va a seguir queriéndole igual que siempre, aunque Miguel no pueda darle hijos...
Asun: Es que es injusto... yo jamás pensaría que tú eres la mitad de hombre si no hubieras podido dejarme embarazada... para mí tú eres absolutamente maravilloso, y eres un amante excepcional... me haces completamente feliz, en todos los sentidos... y en nuestro caso además hemos tenido suerte y hemos engendrado dos hijos maravillosos, pero lo hemos hecho juntos, esos niños son el fruto de nuestro amor, pero aunque esos niños no hubieran existido, tú y yo seguiríamos siendo igual de felices, disfrutando y gozando de cada uno de nuestros encuentros íntimos, porque nos queremos de una forma muy especial y porque sabemos lo que necesitamos y nos lo damos y porque queremos estar juntos para siempre...
Héctor: (besando a su mujer emocionado) Preciosas palabras... (bromeando) ¿y de verdad crees que soy un buen amante...? no me lo habías dicho nunca...
Asun: (riéndose divertida) ¡Pues claro que sí, bobo...! en lo que a mí respecta, satisfaces por completo todas mis expectativas... (viendo la sonrisa que tiene Héctor) a ver si ahora te lo vas a creer demasiado... (sonriente, le besa divertida en la nariz) sólo espero estar yo también a la altura...
Héctor: (emocionado) ¿Bromeas...? sólo puedo decir que me haces disfrutar con locura... y que eres una mujer increíblemente pasional... que me vuelves loco cuando me seduces con esa sonrisa tan encantadora... y que te amo...
Asun: (emocionada y sonriente) Y yo te amo a ti...

(El feliz matrimonio se funde en un amoroso y pasional beso. Después Asun besa a su marido con dulzura en el pecho, para posteriormente apoyar su cabeza sobre el mismo, muy pendiente de los rítmicos latidos de su corazón, que poco a poco la hacen caer en un profundo y relajante sueño)

Héctor: (acariciando su pelo con delicadeza y escuchando su respiración) Buenas noches, mi amor... no sé si algún día sabré agradecerte lo suficiente el haberte conocido... pero sabes bien que te amo con todas mis fuerzas...

(Asun duerme con una dulce sonrisa en sus labios y Héctor también se termina quedando dormido en un plácido sueño, pensando en las virtudes de su mujer a la que adora y agradeciendo la suerte que ha tenido de conocerla)

(Un par de semanas después, Estrella y Miguel son los que acuden a casa de Héctor y Asun para tomar café por la tarde y charlar sobre las novedades de su situación. Asun y Héctor ya se han preocupado de mandar a los niños con los abuelos, habida cuenta del tema tan delicado que van a tocar en esta pequeña reunión)

Héctor: Hola, bienvenidos...
Miguel: (estrechando la mano de Héctor) Hola, Héctor, ¿qué hay...?
Estrella: Hola, Héctor... (saluda a su cuñado con dos besos)
Asun: ¡Hola, hermanito...! tenía ganas de verte...
Miguel: Y yo a ti...
Estrella: Hola, Asun, querida...
Asun: ¿Qué tal vas, Estrella...?
Estrella: Bueno, tirando que no es poco...
Asun: Pasad y sentaros, que tenemos ya todo preparado sobre la mesita del sofá...

(Estrella y Miguel toman asiento y Asun sirve un poco de café para todos)

Estrella: ¿Y los niños...?
Héctor: Están abajo, con Felisa y Trino... les hemos mandado allí para que pudiéramos charlar aquí tranquilamente...
Estrella: Es que le había traído una cosita a María, es una tontería, pero ya sabes que como es mi ahijada tengo debilidad por ella...
Asun: Sí, ya lo sé... no te preocupes y no tienes por qué... luego si quieres bajamos a la portería y se lo das tú misma...
Estrella: Estupendo, gracias...

(Miguel coge una pasta de la bandeja central)

Asun: Bueno, hermanito... tú dirás... ¿habéis tomado una decisión sobre lo que hablamos el otro día...?
Miguel: Sí, cuando me tranquilicé un poco estuve pensando en todo lo que dijisteis... bueno, en realidad más bien en lo que me dijo Héctor... y tenías razón... sé que me comporté como un bestia hablándoos así, pero es que me cuesta asumir algunas cosas... me daba miedo reconocer que el problema podía estar en mí, pero al final y después de darle muchas vueltas hablé con Estrella y decidimos acudir al médico juntos...
Asun: (dándole la mano a su hermano) Eso está muy bien, Miguel... es una buena decisión... ¿y te ha dicho algo ya...?
Miguel: Bueno, me citó para el día siguiente y me dijo que lo primero de todo era recoger una muestra de semen, claro, para analizarlo y esas cosas... y también me han sacado sangre, muestras de saliva... parecía un conejillo de indias...
Héctor: ¿Y te han dado ya resultados...?
Estrella: En realidad aún no son definitivos... aparentemente los análisis de sangre están perfectos y de lo otro...
Miguel: (interrumpiendo un momento a su esposa) Bueno, lo del semen y eso, parece que lo han mirado con el aparato ese con el que puedes ver los organismos muy chiquititos...
Héctor: Sí, con un microscopio...
Miguel: Eso es... y al parecer mis espermatozoides son más pequeños de lo que deberían ser... dicen que no están maduros o algo así... y que no tienen fuerza suficiente para llegar y fecundar el óvulo, pero aún no saben por qué... tienen que hacerme alguna otra prueba y quieren que les lleve todo mi historial médico para intentar recabar datos que les ayuden a averiguar que está pasando...
Asun: Entiendo... pues lo más seguro es que el historial médico y de las vacunas y eso lo tenga madre en alguna carpeta en casa... luego cuando bajemos se lo preguntamos a ver... ¿pero tú estás bien...?
Miguel: Hombre, no es plato de gusto que a uno le digan que sus espermatozoides son una birria, pero salvando ese detalle, no me puedo quejar, podía haber sido peor...
Héctor: Pero vamos a ver, Miguel... nadie está diciendo que tus espermatozoides sean una birria, simplemente son un poco más pequeños de lo que deberían ser, y que no son lo suficientemente maduros para un hombre de tu edad, pero habrá que saber cuál es la causa de que eso sea así, y a lo mejor te pueden poner un tratamiento para mejorar...
Miguel: Que no, Héctor, que no, no intentes convencerme... soy impotente y ya está y no consigo dejar embarazada a mi mujer porque soy un fracasado...
Héctor: Eso no lo digas ni en broma... estás siendo muy injusto contigo mismo... en primer lugar estoy seguro de que tú no eres impotente... y Estrella es la única que puede corroborar eso...
Estrella: (avergonzada y poniéndose muy roja) Yo es que... de estos temas prefiero no hablar... me da una vergüenza enorme...
Asun: (dándole la mano a Estrella) Estrella, que no pasa nada, estamos en familia... ya sé que es un tema muy personal y muy íntimo, pero queremos intentar ayudar a Miguel, y quitarle de la cabeza esa estúpida idea que tiene sobre la impotencia...
Héctor: Si queréis yo me voy, a mí no me interesa la vida íntima de nadie, sólo la mía y entiendo que es un tema bastante delicado...
Miguel: No, Héctor, por favor, quédate... si a lo mejor soy yo el que estoy confundido...
Héctor: Los médicos podrán corroborarlo en cuanto les lleves tu historial médico, pero seguramente el problema en realidad sea más bien de esterilidad, es decir, que tus espermatozoides tienen algún tipo de problema que les impide fecundar el óvulo como deberían, pero eso no tiene absolutamente nada que ver con la impotencia... algunas personas confunden esterilidad con impotencia y no tiene nada que ver... tú puedes seguir manteniendo relaciones perfectamente normales con tu mujer, y muy placenteras, y aunque no puedas dejarla embarazada, no pasa absolutamente nada, no puedes obsesionarte con ello... aunque la procreación sea el fin último de las relaciones maritales como dice la Iglesia, tú y Estrella tenéis todo el derecho del mundo a disfrutar de vuestros encuentros íntimos, los dos os lo merecéis y en vosotros dos está la oportunidad de demostraros lo mucho que os queréis y lo mucho que os entregáis el uno al otro... la obligación principal de los esposos es cuidar el uno del otro y hacerse felices, y esa es una de las maneras de lograrlo...
Asun: Hermanito, tú no puedes venirte abajo ahora... ya sé que esto ha sido un palo, pero tienes que mirar hacia delante... Estrella y tú os merecéis ser felices... y mantener viva la llama del amor y la pasión es muy importante en una pareja, y no siempre es fácil de lograr eso, pero cuando se consigue es precioso... y te lo digo por experiencia...
Estrella: Madre mía, Asun, oyéndote hablar así, no me extraña que estés tan contenta y que a Héctor y a ti os vaya tan bien...
Asun: Intentamos crear algo nuevo cada día... no caer en la rutina, porque eso es lo peor que le puede pasar a un matrimonio... la mayoría de los matrimonios que se terminan lo hacen por falta de comunicación y por aburrimiento... y eso es lo peor... así que el mejor consejo que os puedo dar a los dos es que disfrutéis de lo que tenéis, que no os lamentéis por lo que no podáis llegar a tener, vivid intensamente el presente y cultivad el amor, que es lo único por lo que merece la pena luchar de verdad...
Miguel: (abraza a su hermana con lágrimas en los ojos) Hermanita... me estás emocionando...
Estrella: (con lágrimas en los ojos) Y a mí... ha sido muy bonito todo eso que has dicho, de verdad...
Héctor: Es que Asun es una mujer increíble...
Miguel: Desde luego no me extraña que te enamorases de ella, Héctor... porque mi hermana es la mejor persona que hay en el mundo... y me alegro que sea tan feliz a tu lado... cuídala mucho, por favor...
Héctor: Te lo prometo, Miguel... la cuidaré como el tesoro más preciado del mundo...
Estrella: (secándose las lágrimas y mirando su reloj) Bueno, creo que se está haciendo un poco tarde, ¿no...? deberíamos bajar a casa de tu madre...
Miguel: Sí, tienes razón... voy a ver si encuentro el historial ese para llevárselo mañana al médico, y tú le das ese regalito que le has comprado a María...
Héctor: Pues vamos...

(Todos se bajan a la portería y allí Miguel con la excusa de ir al cuarto de baño, se mete un momento a la habitación de sus padres y encuentra la carpeta que andaba buscando. Felisa y Trino de momento saben más bien poco de toda la peregrinación de médicos y pruebas que se está haciendo Miguel. Ellos han preferido no decirles nada de momento hasta no tener un diagnóstico certero y seguro. Mientras tanto en el salón, la familia está muy entretenida abriendo el libro que Estrella le ha regalado a María)

María: Muchas gracias, madrina... me gusta mucho... un libro de fábulas... lo empezaré a leer esta misma noche...
Estrella: Me alegro de que te guste, cariño...
Miguel: Bueno, pues nosotros ya nos vamos que sino se nos hace muy tarde para cenar... mañana le veo en el taller, padre...
Trino: Claro, hijo, hasta mañana...
Felisa: Adiós, hijo, cuídate... adiós, Estrella, hija...
Estrella: Adiós, doña Felisa...
Héctor: Y nosotros también nos subimos con los niños para arriba, ¿verdad, cariño...?
Asun: Sí, vámonos...
Felisa: Adiós, hijos...
Asun y Héctor: Adiós...
María y Daniel: ¡Adiós, abuela, adiós abuelo, hasta mañana...!
Trino: Adiós...

(Héctor y Asun con los niños se despiden en el portal de Estrella y Miguel, y cogen el ascensor para subir a casa de nuevo)

(Un par de días después, Asun vuelve del trabajo cuando pasa por el taller donde está su hermano y al verla pasar por delante la llama)

Miguel: ¡Asun, Asun...!
Asun: ¡Ah, hola Miguel...! no te había visto...
Miguel: ¿Adónde vas con tanta prisa...?
Asun: A casa... voy a preparar algo de comida porque Héctor está a punto de llegar, y madre hoy tenía que ir a hacer unos recados y no podemos comer con ella... ¿y padre, dónde está...?
Miguel: Ha salido a comprar unos repuestos...
Asun: ¿Y tú cómo estás...?
Miguel: Bueno... quería preguntarte una cosa...
Asun: Tú dirás, hermanito...
Miguel: ¿Tú recuerdas que yo tuviera paperas de pequeño...?
Asun: Pues la verdad... no, yo era bastante pequeña... ¿de que edad estás hablando...?
Miguel: De cuando tenía 8 años...
Asun: Pues entonces yo tenía 7, porque tú y yo nos llevamos 1 año... y no, la verdad es que no, tendrás que preguntarle a madre...
Miguel: Te lo digo porque le he llevado al médico mi historial y revisando todos los documentos ha comprobado que yo tuve paperas con 8 años, y al parecer eso podría explicar la razón de mi esterilidad, porque en la mayoría de los casos, las paperas sufridas en la infancia conducen a la esterilidad en el hombre adulto...
Asun: Vaya... pues no lo sabía... pues lo siento mucho, Miguel... ven aquí... (abraza a su hermano cuando llega Héctor)
Héctor: ¡Hola...!
Asun: Hola, cariño...
Miguel: ¿Qué hay, Héctor...? estaba aquí charlando con mi hermana... y al parecer ya tenemos una razón bastante posible que explica mi problema de esterilidad...
Héctor: ¡Vaya...! ¿y cuál es...?
Asun: Paperas... al parecer mi hermano enfermó de paperas cuando tenía 8 años... lo curioso es que ni él ni yo lo recordamos y madre tampoco nos comentó nunca nada, al menos que yo recuerde...
Héctor: Pues es importante que le preguntéis a vuestra madre, porque desde luego es una buena razón para explicarlo... y si es así, es una auténtica faena...
Miguel: Sí, la verdad es que nunca pensé que esto podría ocurrirme a mí, pero en fin, no se puede hacer nada ya... habrá que asumirlo y tirar para adelante...
Héctor: (dando un golpe amistoso en el hombro de su cuñado) ¡Así se habla, Miguel...! ¡con fuerza y decisión...! sólo así conseguirás superarlo y hacer planes de futuro...
Miguel: Lo que sí quiero es darte las gracias por todos tus consejos y buenas palabras... si no hubiera sido por ti, creo que me habría hundido sin remedio...
Asun: Eso sí que no, eh, hermano... no se te ocurra pensar tonterías... tú y Estrella os merecéis ser felices siempre y os tenéis el uno al otro, que no se te olvide nunca...
Miguel: No lo olvidaré... te prometo que voy a ser fuerte por ella y por vosotros... y por mí mismo...
Asun: Gracias... (besa a su hermano) bueno, nos vamos a casa a preparar algo de comer rapidito... ¿quieres subir con nosotros...?
Miguel: Pues casi sí... dejaré una nota a padre por si vuelve aquí y subo a comer arriba con vosotros... voy a lavarme un poco y a cambiarme y subo enseguida...
Asun: Muy bien, te esperamos arriba...
Miguel: De acuerdo...

(Héctor y Asun se suben a casa para ir preparando comida y en un rato sube Miguel y los tres comparten una sobremesa agradable antes de volver a sus respectivos trabajos)

(Ya por la tarde, Miguel contactó con su madre, quien al hablar del tema, recordó efectivamente que su hijo había tenido paperas a la edad de 8 años. Miguel le contó entonces toda la historia completa de sus antecedentes de salud y todas las pruebas médicas a las que se había sometido y que habían certificado que efectivamente sufría de esterilidad derivada de enfermedad, que le impedía dejar embarazada a Estrella. Felisa, aunque inicialmente estaba un poco triste y sentía lástima por todo lo que su hijo tenía que estar sufriendo, finalmente se alegró por ver lo maduro y lo fuerte que estaba siendo asumiendo la realidad y prometió apoyarle y ayudarle a salir adelante en todo lo que se propusiera en el futuro)