lunes, 7 de enero de 2013

Capítulo 47: La catequesis de María (Octubre 1965)


(Dos meses después, Octubre de 1965. El colegio de los niños ya empezó hace unas semanas. María ha comenzado el tercer curso de primaria y Dani hace ya el último año de preescolar. Los dos han empezado el colegio con ilusión por reencontrarse con sus compañeros y contarles las aventuras y anécdotas vividas durante las vacaciones de verano. Asun y Héctor se reincorporaron en Septiembre a sus respectivos trabajos, volviendo a la rutina diaria de la revista, en el caso de Asun junto a su amiga y compañera Aurelia, y resolviendo casos convencionales y de momento no demasiado truculentos en el caso de Héctor y el inseparable Bonilla)

(El otoño se instaló en Madrid hace bastante tiempo y los días cada vez se van haciendo más cortos, por lo que la oscuridad y las bajas temperaturas a la tarde son la tónica general de estas semanas, caminando lentamente de nuevo hacia el invierno)

(Clara y María han empezado este curso con la catequesis en el colegio, ya que el próximo mes de Mayo ambas tomarán la Primera Comunión como ya hizo Irene hace 2 años. Las dos niñas acuden a la catequesis una vez por semana, los viernes por la tarde, al terminar las clases convencionales en el colegio. Este año ha venido una catequista nueva, una mujer que no es monja como tal, pero que en su condición de seglar tiene fuertes convicciones y creencias en las formas de vida tradicionales. Es una mujer algo mayor, ya bastante entrada en años y soltera convencida, entregando su vida a la enseñanza de religión en numerosos colegios concertados y preparando grupos de niñas y adolescentes para las catequesis de comunión y confirmación. María y Clara dicen que es una mujer un poco rara, aunque sencilla, y durante la hora de catequesis les hace leer textos religiosos, comentarlos, les enseña las oraciones y dibujan y colorean pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, además de resolver dudas y preguntas que pudieran tener sobre alguno de los ritos de la comunión)

(Un viernes por la tarde, al acabar la catequesis, Aurelia y Asun acuden a recoger a las niñas y después de merendar en casa de Asun todos juntos, las niñas juegan en su habitación un rato con Dani, mientras las dos amigas charlan animadamente en el salón. Héctor llega en ese momento del despacho, y Aurelia decide que es el momento de volver a casa, ya que Gustavo también estará a punto de llegar si no lo ha hecho ya. Aurelia se despide de Asun y de Héctor y coge a Clara de la mano para llevarla a casa)

(Héctor y Asun están en el salón recogiendo un poco la mesa. Después Héctor se mete un momento en el despachito para coger unas carpetas. María deja a Dani con sus juegos un rato y entra en el salón)

María: Mami, ¿puedo hacerte una pregunta...?
Asun: Por supuesto que sí, tesoro... dime...
María: ¿Tú crees que yo voy a ir al infierno...?
Asun: (extrañada y muy sorprendida) ¡Pues claro que no, mi amor...! en primer lugar, los niños no van al infierno, y tú menos que ninguno, y en segundo lugar, ¿quién te ha dicho esa barbaridad...?
María: Es que la señorita Adelaida, nuestra catequista, dice que los niños que nacemos antes de que nuestros padres se casen que estamos en pecado, y que vamos a ir al infierno...
Asun: ¿Eso te ha dicho...?
María: Sí, y que nosotros los niños pagamos la culpa de que nuestros padres sean unos pecadores y unos indecentes...
Asun: Mi vida, tú no tienes que hacer ningún caso de lo que diga esa señora porque no sabe lo que dice... (en ese momento entra Héctor de nuevo en el salón) ¿tú estás oyendo lo que dice María...?
Héctor: Sí, y me parece una barbaridad, pero ¿qué podemos hacer...? no hacer caso de nada de eso y seguir con nuestra vida...
Asun: Pues claro que podemos hacer algo, Héctor... y lo vamos a hacer... María, cariño, el lunes sin falta le vas a decir a la señorita Adelaida que tu madre quiere hablar urgentemente con ella...
Héctor: Pero vamos a ver Asun, mi vida, ¿qué pretendes...? ¿crees que es necesario...? ya te dije en su momento que a mí no me terminaba de convencer que nuestra hija estudiara con las monjas, porque este tipo de cosas podían llegar a pasar, y ese momento ha llegado...
Asun: Sí, pero es que no se trata de una monja la que ha dicho semejante atrocidad, es una mujer normal, cegada por unas absurdas creencias, una mujer solterona, reprimida y amargada, que no tiene ni idea de lo que es el amor en una pareja...
Héctor: Bueno, sí, de acuerdo, ¿y qué piensas decirle...?
Asun: Pues que no pienso consentir que asuste a mi niña con sus cuentos y sus tonterías... nosotros somos una familia igual de respetable que cualquier otra que haya tenido sus hijos tras el matrimonio... y lo importante no es cuando o cómo se hayan tenido los hijos, lo importante es que nos queremos por encima de todo y que educamos a nuestros hijos bajo los principios de bondad, de lealtad, de respeto y de fidelidad... no hacemos daño a nadie, lo único que queremos es seguir viviendo nuestra vida como hasta ahora...

(María no deja de mirar a sus padres impresionada de como su madre está tan exaltada)

Héctor: Muy bien, cariño, estoy de acuerdo en que tienes toda la razón, pero ¿de verdad crees que vas a conseguir algo hablando con esa señorita como se llame...?
María: Se llama Adelaida, papá...
Héctor: Bueno, pues Adelaida, o debería decir señorita bruja, porque eso es lo que demuestra ser con semejantes afirmaciones...
Asun: Entonces estás de acuerdo conmigo en que no podemos quedarnos de brazos cruzados... estoy más que cansada de tener que escuchar siempre la misma cantinela, y en este caso es todavía peor, porque además está metiendo miedo a nuestra hija, y eso sí que no lo voy a tolerar...
Héctor: Ya... ¿y cuál crees que es la solución...?
Asun: Hablaré con quien tenga que hablar, primero con ella, y después si es preciso hablaré con la directora del colegio, y si tengo que sacar a María de esa catequesis y llevarla a otro sitio así lo haré...
Héctor: Está bien, haz lo que creas más conveniente... ¿quieres que vaya contigo...?
Asun: No, no hace falta... te lo agradezco pero sé resolver este tipo de asuntos yo sola... y siento si me he exaltado un poco, pero es que este tipo de temas me sacan de mis casillas...
Héctor: (riéndose) Sí, ya lo veo... fíjate, María, que sepas que a tu madre cuando le sale ese genio, no conviene llevarle la contraria...
María: Sí, es verdad... yo pensaba que estabas enfadada...
Asun: No, cariño... yo no estoy enfadada ni contigo ni con tu padre ni con nadie, es sólo que me molesta y me duele que haya gente tan egoísta y tan ingrata, que disfruten haciendo daño a los demás con sus palabras o con sus gestos... y no te preocupes que mamá va a arreglar esto, tú sólo le dices a esa mujer que quiero hablar con ella y del resto me encargo yo, ¿de acuerdo...?
María: Vale, mamá... gracias...
Asun: De nada, tesoro... y ahora vete a lavarte las manos y dile a tu hermano que la cena estará enseguida...
María: De acuerdo...

(María se va a la habitación de Dani y después al cuarto de baño para a continuación cenar todos juntos en la cocina)

(Más tarde, ya en la cama, Asun se abraza a su marido de forma tierna y cariñosa)

Asun: ¿Me perdonas...?
Héctor: ¿Qué tengo que perdonarte...?
Asun: Ya sabes, por lo de antes... ya sé que me he puesto muy impertinente con todo lo de María, y que probablemente me he exaltado demasiado, pero es que no sabes lo que me indigna que hagan daño a mí o a mi familia... cuando eso ocurre, yo no me controlo, sólo intento defenderme con todas mis fuerzas y argumentos...
Héctor: (besando en la frente a su esposa) Ya, ya lo sé... y no te preocupes... no me molesta... todo ha quedado perfectamente claro, y quiero que sepas que me siento muy orgulloso de ti...
Asun: ¿De verdad...?
Héctor: Sí, porque eso demuestra que por encima de todo tu familia es lo más importante y que serías capaz de matar por ella si alguien les hiciera daño... y yo haría lo mismo, no te creas...
Asun: ¿Entonces no estás enfadado conmigo...?
Héctor: No, ¿por qué habría de estarlo...? tienes tu carácter y tu genio a veces, pero eso también es bueno, porque impone respeto, y la gente te toma en serio... y nuestra labor es defender a nuestra familia por encima de todo... nos ha costado mucho conseguir esta armonía y esta felicidad y no renunciaremos a ella por nada del mundo... los dos estamos juntos en esto...
Asun: (mirándole con ternura) Muy juntos...
Héctor: Claro que sí... muy juntos... te quiero...
Asun: Yo también... si supieras cuanto...
Héctor: Lo sé...

(El feliz matrimonio se besa amorosamente con dulzura y después se duermen abrazados el uno al otro)

(Unos días más tarde, Asun está en la redacción trabajando y aprovecha para tomarse un descanso y charlar con su amiga Aurelia)

Asun: Pues esta tarde tengo reunión en el colegio...
Aurelia: ¿Ah sí...? ¿y eso...?
Asun: Pues quiero hablar con la catequista de María...
Aurelia: ¿Con doña Adelaida...?
Asun: Sí, exacto... el otro día vino María la pobre contándonos una historia que le ha dicho esa mujer y que me ha puesto los pelos de punta...
Aurelia: Pero si parece una buena mujer, ¿qué ha pasado...?
Asun: Me extraña que Clara no te lo haya contado, pero al parecer en la última catequesis esa mujer les dijo a nuestras hijas que los niños que nacían fuera del matrimonio de sus padres que se iban a condenar hasta la eternidad y que llevaban el pecado por culpa de sus padres y que por esa razón iban a ir al infierno...
Aurelia: ¡Cielo santo, pero que burradas son esas...!
Asun: Pues eso mismo me pregunto yo, y me cogí tal enfado que le dije a María que quería hablar con esa mujer lo más pronto posible, y voy esta tarde a decirle unas cuantas cosas, ¡a ver si se atreve a decirme a mí esas cosas...!
Aurelia: ¿Y no crees que estás sacando las cosas de quicio...?
Asun: Eso mismo me dijo Héctor al principio, pero francamente estoy cansada de tener que defender mi modelo de vida delante de personas que ni les va ni les viene y que además de no tener ni idea de lo que hablan, encima asustan a mi hija con cuentos absurdos e increíbles...
Aurelia: Hombre visto así, tienes razón...
Asun: Y Héctor me apoya al 100%... de hecho quería venir conmigo hoy, pero ya le he dicho que este tipo de cosas las puedo solucionar yo sola... y si tengo que cambiar a María de catequista y llevarla a otro sitio, lo haré, no tengo problema...
Aurelia: ¿Y crees que yo también debería hablar con ella...?
Asun: No lo sé, si a ti Clara no te ha contado nada, supongo que no le habrá dado importancia o no se sentirá aludida...
Aurelia: Ya, ya lo sé, pero a ella le hace tanta ilusión tomar la Comunión con María, que si cambias a María de catequista y la llevas a hacer la comunión a tu parroquia o a la del pueblo, ya no podrán hacerla juntas...
Asun: Sí, ya he pensado en eso, pero en estos momentos lo único que quiero es aclarar las cosas con esa mujer para tomar una decisión, y ya te diré...
Aurelia: De acuerdo, y si decides cambiarla de catequesis, a lo mejor hago yo lo mismo... total, ¿qué más da donde tomen la Comunión...? el caso es que lo hagan convencidas y felices, seguras de sí mismas y no con miedo a ir al infierno y tonterías así...
Asun: Pues entonces estamos de acuerdo... (mira el reloj) bueno, pues me voy al colegio... ya te contaré que ha pasado...
Aurelia: De acuerdo... adiós, y suerte...
Asun: Gracias...

(Asun se marcha al colegio de María y allí tras mantener una agria discusión con doña Adelaida y una charla posterior con la directora, Sor Remedios, una mujer mucho más joven y afable, ésta le cuenta que no es la primera vez que algún padre se queja de las lecciones de doña Adelaida, y que ella entiende que tenga sus dudas sobre la continuidad de María en esa catequesis, por lo que si ella como madre desea cambiarla de parroquia para la Comunión, lo entenderá perfectamente y ello no tendrá ninguna repercusión en la continuación de los estudios académicos de la niña en el centro escolar, ya que además están encantados con ella. Sor Remedios le dice a Asun que las profesoras y monjas que dan clase a María están encantados con su frescura, su forma de pensar, su sociabilidad y su inteligencia y creatividad, y que María es una niña muy bien educada y simpática y que se nota que es una niña feliz porque en su familia se vive un ambiente de amor y seguridad, y que eso es lo mejor para niños de la edad de María)

(Asun vuelve a casa tras recoger a María del colegio y al llegar le cuenta a su marido lo que ha pasado en esa reunión. Mientras, María merienda en el salón con Dani, escuchando la conversación entre sus padres)

Héctor: ¿Y qué te ha dicho, cariño...? cuéntame...
Asun: Pues la conversación con doña Adelaida no ha servido de nada, ella tiene sus ideas fijas y antiguas y yo tengo las mías, y está muy aferrada a sus creencias y a como la han educado, y no la culpo, pero no me gusta y no quiero que mi hija siga acudiendo a sus sesiones de catequesis... de hecho cuando he hablado con la directora después, me ha corroborado que no es la primera vez que tienen alguna queja de ella por parte de otros padres...
Héctor: (sorprendido) ¿Me estás diciendo que has hablado también con la directora...?
Asun: Sí... y la conversación con ella ha sido de lo más agradable y amistosa... Sor Remedios es una persona con la que se puede hablar, es una monja joven y alegre que por cierto me ha estado poniendo a María por las nubes...
Héctor: ¿En serio....? eso ya me va gustando más...
Asun: Me ha dicho que en el ámbito académico están encantados con ella, que es tan simpática, tan sociable, y tan inteligente que se nota que es una niña bien educada y feliz, con unos padres que la quieren y que vive en un hogar donde reina la armonía y el amor...
Héctor: Pues no te ha dicho nada que no sea cierto... ¿has oído eso, princesa...? en el colegio tienen muy buena opinión de ti y de todo lo que vales...
María: Sí... y las profesoras y monjas siempre me felicitan por llevar las tareas bien hechas...
Asun: Claro, tesoro... así que por eso estamos muy orgullosos de ti y tienes que seguir así, porque llegarás muy lejos, ya lo verás...
María: ¿Y ya no tendré que volver a la clase de la señorita Adelaida...?
Asun: No, cariño... he quedado con la directora en que te llevaré a hacer la catequesis y la Comunión a otra parroquia, ya sea la del barrio o incluso en el pueblo, como hizo tu prima Irene...
María: ¿Y qué va a hacer Clarita...?
Asun: Pues no lo sé, cariño, hablaré con la tita Aurelia y le contaré lo que ha pasado y que sea ella quien tome la mejor decisión... pero tampoco pasa nada porque no hagas la Comunión con Clara... al fin y al cabo, el banquete sí lo vais a celebrar juntas y esa es la parte más larga y divertida del día...
María: Sí, eso es verdad, pero me hacía ilusión... pero bueno, mami, no pasa nada, si Clara quiere hacer la comunión con las otras compañeras del colegio lo entenderé...
Héctor: Esta es mi niña... que poco a poco se va haciendo mayor y es cada vez más sensata... ven aquí, princesa...

(Héctor coge a su hija en brazos y le da un abrazo y un fuerte beso)

(Cuando Asun le cuenta a Aurelia lo que ha pasado con la catequesis de María, ella habla con Clara, quien finalmente decide cambiarse también para hacer la comunión junto con su amiga)

(Pasan un par de meses más, llegan las Navidades y con ellas las vacaciones. Las fiestas transcurren sin novedades importantes, con la familia y amigos. María y Clara acuden finalmente a la catequesis de la parroquia del barrio, ya que Asun y Manolita hablaron con el párroco del barrio con el que tienen confianza y éste acogió de muy buen grado a un par de niñas más en el grupo y las dos se han integrado fenomenal con el resto de sus compañeros con los que harán la comunión. La catequista se llama Catalina y es una chica joven, abierta, divertida y responsable, y con la que las niñas se llevan fenomenal. Además, el novio de Catalina toca muy bien la guitarra y ameniza a veces las sesiones de catequesis con cánticos religiosos que enseña a los niños y niñas del grupo y que también se interpretarán en algunos momentos de la ceremonia)












2 comentarios:

  1. Joer con la catequista se podría haber llamado ""Rottenadelaida" (rotten=podrido (en holandés y alemán) perfectamente por sus ideas y maneras, menos mal que María confía en sus padres y sabe que puede preguntar siempre todo lo que oiga o le digan. Bien por Asun !!

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  2. ¡Ja, ja...! que bueno, Rottenadelaida... me gusta ese apelativo, sí... y me alegro que te haya gustado la actitud de la pequeña María y de Asun... ;)

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