(Varias semanas después, ya
estamos a finales de Febrero. Tan solo quedan unos días para que Héctor y Asun
se marchen de escapada romántica el próximo fin de semana a Salamanca. El
enamorado matrimonio está ultimando los regalos con los que se obsequiarán por
su quinto aniversario de boda y se los enseñan a sus respectivos amigos. Además
ya han planeado que los niños pasen un fin de semana divertido también. María
irá a casa de Clara y se quedará allí con Aurelia y Gustavo, y Daniel se
marchará a casa de Bonilla y Matilde y pasará esos días jugando con su amigo
Javier)
(Un par de días antes de marchar,
Héctor enseña a Bonilla el regalo que ha preparado para Asun)
Héctor: (le enseña a Bonilla una
cajita alargada) A ver que te parece...
Bonilla: (abre la caja y
encuentra una pluma de plata grabada con una dedicatoria) Es preciosa... le va
a encantar, seguro... y la dedicatoria es muy sincera...
Héctor: Me gustaba que tuviera un
regalo más personalizado...
Bonilla: Pues has acertado de
lleno... ya me contarás...
Héctor: Gracias, Bonilla eres un
amigo...
(Por su parte, Asun también le
enseña a Aurelia el regalo que ha adquirido para Héctor)
Asun: Mira, esto es lo que le he
comprado a Héctor por el aniversario... se la encargué a Matilde... ¿te
gusta...?
Aurelia: (coge la pitillera de
plata que le muestra Asun) Es realmente bonita...
Asun: Ya que no voy a poder
conseguir que deje de fumar, por lo menos que cuando lo haga, se acuerde de
mí...
Aurelia: (sonriendo) Es un
detalle muy bonito, Asun... le va a gustar segurísimo... y además está grabada
con una dedicatoria...
Asun: Sí, me apetecía que fuera
un regalo más personal...
Aurelia: Pues has dado en el
clavo... ya me lo contarás todo cuando vuelvas, eh...?
Asun: (divertida) Que sí,
pesada...
(Un par de días después, todo
está preparado para el fin de semana romántico que Asun y Héctor van a pasar en
Salamanca. Ellos se han despedido de los niños a la salida del colegio y les
han llevado una bolsa a cada uno con el equipaje para el fin de semana y desde
allí María se ha ido a casa de Aurelia y Gustavo junto con Clara, y el pequeño
Daniel se ha ido a casa de los Bonilla junto con su amiguito Javier. Los niños
están ilusionados por este fin de semana diferente que van a disfrutar, y el
feliz matrimonio está pletórico de ilusión por comenzar su romántica velada)
(Nada más llegar con el coche a
Salamanca, apenas tienen que preguntar a un par de personas para que les
indiquen como llegar al hotel, y al llegar allí, aparcan en el parking
descubierto y sacan la maleta del maletero del coche. Los dos se dirigen a la recepción)
Héctor: Hola, buenas tardes...
Recepcionista: Buenas tardes,
señores...
Héctor: (saca el vale del sobre
del interior del bolsillo de su chaqueta) Teníamos una habitación reservada a
nuestro nombre para este fin de semana...
Recepcionista: ¿Me permite la
documentación, caballero...?
Héctor: Sí, claro, faltaría
más...
(Héctor y Asun le dan al
recepcionista sus carnés de identidad donde comprueba que sus nombres
corresponden con los de la reserva efectuada)
Recepcionista: Muy bien... está
todo correcto... son ustedes matrimonio, ¿verdad...?
Asun: Sí... llevamos 5 años
felizmente casados... y venimos a celebrar nuestro aniversario...
Recepcionista: Pues enhorabuena
entonces... están ustedes en el lugar perfecto para eso... (llama al botones)
¡chico...! lleva esta maleta y esta bolsa a la habitación 512...
Chico: Enseguida, señor...
(Héctor da una propina al botones
y este hace un gesto con la cabeza de agradecimiento y a continuación coge los
dos bultos y los sube en el ascensor, dejándolos posteriormente en la
habitación)
(Mientras tanto en la recepción,
Héctor paga el importe de la factura y firma el documento, entregándole el
encargado una llave de la habitación)
Recepcionista: Muy bien, pues ya
está todo en orden... ¿van a querer cenar algo en el restaurante-cafetería del
hotel...? estamos abiertos hasta las 11 de la noche...
Asun: No, gracias... saldremos a
dar una vueltecita y cenaremos algo por ahí...
Recepcionista: En ese caso,
permítanme que les deje un mapa de la ciudad... (saca un mapa de debajo del
mostrador) nosotros estamos aquí... (lo señala con un círculo) y el centro está
justo aquí... (y lo señala) podrán encontrar una amplia variedad de
restaurantes y bares de tapeo por los alrededores de la Plaza Mayor y en la
zona de la Universidad...
Héctor: Muy bien, pues muchísimas
gracias...
Recepcionista: Gracias a
ustedes... que tengan una feliz estancia, y disfruten de toda la oferta de
nuestra ciudad...
Asun: Gracias... adiós...
(Héctor y Asun suben a la
habitación donde ya están los bultos que el botones ha dejado sobre la cama)
Asun: (observando todos los
rincones de la habitación) Es muy acogedora... la cama está muy bien... (se
sienta en ella) y es realmente cómoda... y el baño está muy bien equipado,
tiene una ducha enorme con cristal, un lavabo grande con su espejo y un par de
estantes para colocar los útiles de aseo... voy a deshacer la maleta un poco y
colocaré algunas cosas en el armario que sino se me arrugarán...
Héctor: Está bien, pero date
prisa, que no es tan pronto ya, y sino no nos va a dar tiempo a dar una vuelta
por el centro y cenar... voy a llamar un momento a casa de Aurelia para
avisarles de que ya hemos llegado bien...
Asun: Está bien, cariño...
(Mientras tanto, en casa de los
Olavide, la familia se prepara para cenar. Clara y María se sientan a la mesa)
María: ¿Creéis que mis padres ya
habrán llegado...?
Aurelia: Pues si no lo han hecho
todavía estarán a punto... además tu madre me dijo que llamaría en cuanto
estuvieran instalados...
María: Estoy segura de que lo van
a pasar muy bien, y yo también pienso disfrutar este fin de semana aquí,
¿verdad, Clarita...?
Clara: ¡Sí... va a ser
estupendo...!
Aurelia: Menudas gamberras estáis
hechas las dos... (suena el teléfono) ¡ay, mira, seguro que son tus padres...
voy a cogerlo...!
(Aurelia coge el teléfono)
Aurelia: Hola... ¿sí...? ¡ah, sí, hola,
Héctor...! ¿ya habéis llegado...? me alegro... ¿qué tal todo por ahí...? por
aquí todo estupendo... precisamente nos estábamos acordando de vosotros ahora
mismo... sí, María estaba preguntándose si ya habríais llegado... ahora mismo
te la paso para que hables con ella... pasadlo bien... un beso muy fuerte
también para Asun... sí, yo se lo doy, gracias... adiós...
(Aurelia le pasa el teléfono a
María)
María: ¡Papi...!
Héctor: ¡Hola princesa...! ¿qué
tal todo por ahí...?
María: Estupendamente bien... lo
voy a pasar muy bien con Clara y los titos me cuidan fenomenal... íbamos a
empezar a cenar...
Héctor: De acuerdo, pues entonces
no te entretengo más que nosotros también nos vamos a buscar un sitio para
cenar... tu madre está deshaciendo el equipaje...
María: Dale un beso muy, muy
fuerte...
Héctor: Yo se lo doy, cariño... y
pórtate bien, ¿eh...?
María: ¡Que sí...! y vosotros
pasadlo muy bien y ya nos vemos el Domingo...
Héctor: Eso es, el Domingo por la
tarde a última hora estaremos por allí de vuelta... cuídate cielo... y dile a
la tita que por favor llame a casa de Bonilla para decirles que hemos llegado
bien, ¿de acuerdo...? adiós, mi vida... un beso muy fuerte...
María: Un beso, papi, te quiero,
adiós...
Héctor: Adiós, mi amor...
(Héctor cuelga el teléfono y a
continuación la feliz pareja coge el mapa y salen al exterior del hotel con
intención de caminar hacia el centro de la ciudad y disfrutar de un agradable
paseo y una merecida cena en uno de los numerosos restaurantes y bares de la
zona)
(La vida nocturna en Salamanca es
muy animada gracias a la presencia de estudiantes universitarios que entran y
salen de los distintos bares donde se pueden tomar deliciosas tapas y raciones
variadas. Héctor y Asun entran de la mano en uno de esos bares y se sientan en
una mesa. Allí cenan a base de raciones y varias cervezas y pasan un buen rato
viendo el buen ambiente que se respira en los alrededores de la Plaza Mayor, y
charlando animadamente)
(Casi de madrugada, vuelven al
hotel donde suben directamente a la habitación y tras compartir unas cuantas
risas y juegos amorosos, se duermen abrazados el uno al otro, despertándose al
amanecer con la luz que entra por la ventana del cuarto)
(Ya a la mañana siguiente, y una
vez duchados y arreglados, el feliz matrimonio baja al comedor a desayunar.
Allí cogen una mesa y observan que hay una enorme variedad de alimentos en el
buffet, tanto fríos como calientes, de modo que se levantan a por un plato y
van escogiendo aquellas cosas que más les apetecen)
Asun: ¡Mmm...! que buena pinta
tiene todo...
Héctor: Sí, la verdad es que
sí... y tengo un hambre de lobo...
Asun: (divertida) Pues cómete lo
que quieras, que tenemos que reponer fuerzas para todo el día...
Héctor: Sí, nos espera un largo
día por delante...
(Héctor y Asun van pasando por
las diferentes bandejas y se van sirviendo las raciones en sus platos y después
van a la mesa y desayunan tranquilamente)
(Tras el desayuno, los dos
planifican el día para aprovecharlo al máximo. Durante la mañana visitan tanto
la Catedral Vieja como la Nueva con su gran Plaza, después se dirigen a la
Plaza Mayor con sus magníficos y famosos soportales, haciéndose fotos el uno al
otro en los diferentes rincones e incluso consiguen que algún lugareño les tome
fotos a los dos juntos. La pareja también visita la Casa de las Conchas, el
edificio de la Universidad con el monumento a Fray Luis de León que preside la
plaza, y pierden un buen rato mirando a la fachada de la Universidad buscando
la famosa rana y el astronauta entre otros entretenimientos).
(Ya a la hora de comer, buscan un
restaurante céntrico donde degustar alguna de las especialidades de la cocina
salmantina y posteriormente dan un largo paseo hasta la orilla del río Tormes,
donde se encuentra uno de sus puentes que lo atraviesan así como una famosísima
estatua del Lazarillo. Posteriormente vuelven al hotel, donde aprovechan para
descansar un rato y darse una relajante ducha antes de salir de nuevo a cenar)
(En su última noche en la ciudad,
la feliz pareja acude a cenar a un céntrico restaurante donde habitualmente se
da cita la tuna universitaria que ameniza la velada con sus cánticos
divertidos, pasando mesa por mesa y entonando sus melodías a cambio de una propina)
(Durante los postres, llega el
momento del intercambio de regalos. Asun saca de su bolso un pequeño paquete y
lo deposita junto a la copa de vino que Héctor está terminando de paladear)
Asun: Toma, esto es para ti... no
creas que se me ha olvidado...
Héctor: Por supuesto que no,
cariño... (coge el paquete) veamos a ver que puede ser...
Asun: A ver si te gusta...
(Héctor desenvuelve el paquete
con cuidado y descubre una pitillera de plata grabada con una dedicatoria en la
que se puede leer: “Para Héctor, el gran amor de mi vida. Gracias por todos
estos primeros años juntos”)
Héctor: (emocionado) ¡Oh,
cariño...! es precioso...
Asun: ¿Te gusta de verdad...? se
la encargué a Matilde y me dijo que se estaban vendiendo muy bien...
Héctor: (cogiendo su mano y
besándola amorosamente) Me encanta... y además es un regalo muy útil, porque
siempre que saque un cigarrillo me acordaré de ti... (bromeando) lo malo es que
ahora voy a tener que empezar a fumar más para tenerte continuamente presente
en mis pensamientos...
Asun: (riéndose divertida) ¡Que
bobo...! sabes que no me gusta que fumes tanto... pero como no consigo que lo
dejes, al menos cuando lo hagas, pensarás en mí...
Héctor: Eso ni lo dudes... y
ahora en serio, es un regalo muy práctico... gracias, de verdad... te quiero...
Asun: Yo también... (ambos
aprietan sus manos entrelazadas)
Héctor: Y ahora me toca a mí...
(Héctor saca de su chaqueta un
paquete alargado envuelto con un lazo y se lo entrega a su mujer)
Héctor: Toma... espero que te
guste y que te sea útil...
Asun: (observando el paquete,
empieza a deshacer el lazo) ¡Ay, que nervios...! ¿qué puede ser...?
Héctor: Ábrelo, a ver que te
parece...
(Asun saca la caja y al abrir la
tapa encuentra una pluma estilográfica de plata con una bonita dedicatoria
grabada en la que se lee: “Para Asun, la mujer más maravillosa del mundo y con
la que deseo pasar el resto de mi vida como hasta ahora”)
Asun: (mirando la pluma
emocionada) ¡Dios mío, Héctor, es preciosa...!
Héctor: ¿De verdad que te
gusta...?
Asun: ¿Cómo no me va a gustar...?
Héctor: Así te traerá suerte para
cuando triunfes como escritora de renombre...
Asun: ¡Que exagerado eres...!
sabes que eso no va a pasar...
Héctor: ¿Quién sabe...? a lo
mejor estoy ahora mismo delante de una futura Agatha Christie...
Asun: (riéndose divertida)
¡Héctor... que dices...! agradezco tus piropos, bien lo sabes, pero en este
caso no creo que vayan por ahí mis metas...
Héctor: Lo siento, pero es que no
puedo disimular que estoy loco por ti... y que te quiero...
Asun: Y yo a ti... muchas
gracias, me encanta la pluma, de verdad... es un regalo muy útil y práctico...
Héctor: Entonces parece que este
año nos hemos puesto de acuerdo en eso de regalarnos cosas prácticas...
Asun: Sí, eso parece... y es que
tú y yo estamos de acuerdo en casi todo...
Héctor: Vaya, y yo que pensaba
que estábamos de acuerdo en todo...
Asun: (divertida) ¡No
empieces...! además me gusta que no siempre pensemos igual, es más divertido
que seamos “un poco” distintos... si no sería muy aburrido...
Héctor: Sí, en eso tengo que
darte la razón, cariño... ¿quieres que pidamos postre o pasamos al café
directamente...?
Asun: (susurrando divertida)
Mejor nos tomamos un café... dejaremos el postre para después...
Héctor: Capto la indirecta...
(Asun y Héctor piden un par de
cafés al camarero y después reciben la visita de los miembros de la tuna, que
al preguntarles por su estancia en Salamanca y saber que se trata de una pareja
enamorada celebrando su quinto aniversario de boda, les dedican unas cuantas
canciones de amor, durante las cuales ninguno de los dos se resiste a mirarse
sin robarse un beso ante los emocionantes aplausos de la multitud que se ha
congregado en el restaurante en esta mágica noche de sábado)
(Tras pagar la cuenta y abandonar
el restaurante, el feliz matrimonio se dirige paseando hacia el hotel donde
continuarán con su fiesta particular ya en privado y sin público)
(Un par de horas después, Héctor
y Asun no pueden dejar de contemplarse mutuamente, acariciándose con dulzura,
besándose con ternura y disfrutando del momento mágico y romántico que están
viviendo. Las piezas de ropa que tanto les estorbaban en los arrebatadores
prolegómenos, reposan ahora repartidas por el suelo de la habitación, una
estancia ahora en penumbra, únicamente iluminada por la luz y el brillo que se
desprende de las miradas de los dos amantes enamorados)
Héctor: Sólo puedo decir... que
te quiero...
Asun: Y yo te quiero a ti...
Héctor: (acariciando la suave
piel de Asun) ¿Te das cuenta, mi niña...? sólo han pasado cinco años y parece
que haya pasado una eternidad...
Asun: (sonriendo emocionada) En
realidad si cuentas también los años que hemos estado juntos antes de nuestra
boda, son prácticamente nueve... pero es verdad, el tiempo se pasa volando...
Héctor: Y tú sigues exactamente
igual de bella que cuando te conocí...
Asun: Tú tampoco has perdido ni
un ápice de tu atractivo... sigues siendo el mismo Héctor del que me enamoré...
Héctor: Ninguno de los dos hemos
cambiado mucho desde entonces...
Asun: Y quiero que siga siendo
así... aunque no podamos evitar los cambios físicos por el paso del tiempo,
quiero que nuestro espíritu se mantenga siempre joven...
Héctor: Hay algo que sí podemos
mantener intacto y sin cambios... el amor que nos tenemos... eso permanecerá
para siempre...
Asun: Para siempre... limpio y
puro... esa será nuestra promesa aquí y ahora, y esta preciosa ciudad es
testigo de ello...
Héctor: Y si alguna vez volvemos
aquí siempre nos acordaremos de esta noche... porque tú eres lo único que
quiero tener en esta vida...
Asun: Yo tampoco quiero tener
otra cosa en la vida que no seas tú, mi amor...
(El feliz matrimonio sella su
promesa con un amoroso beso)
Asun: Abrázame...
Héctor: Claro... ven...
(Asun y Héctor se envuelven en un
cálido abrazo y a continuación Asun cierra sus lindos ojos, acariciando
delicadamente la nariz de Héctor con sus suaves pestañas)
Héctor: Me encanta esta
sensación...
Asun: (prácticamente dormida) A
mí también...
(La mañana del Domingo antes de
abandonar la habitación del hotel definitivamente, Héctor y Asunción recogen el
equipaje que han traído y lo guardan en la maleta. Una vez comprobado que no se
han dejado nada y ya aseados y vestidos, bajan a desayunar. Le piden al
recepcionista que les guarde la maleta en un cuarto anexo para poder dar un
último paseo por la ciudad y aprovechan también para hacer unas compras de
última hora, incluyendo unos regalos para los niños en las céntricas tiendas de
recuerdos. Ya después de comer y de una pequeña sobremesa, la pareja regresa al
hotel a recoger su maleta para montarla en el coche y juntos emprenden el
regreso a Madrid)
(Nada más llegar a Madrid y tras
haber recorrido los poco más de 200 km que separan Salamanca de Madrid, Héctor
y Asun se presentan contentos y felices a recoger en primer lugar a Daniel, que
al estar en casa de la familia Bonilla, son los que viven más alejados dentro
del barrio, y posteriormente se acercan con el coche hasta la casa de los
Olavide para recoger a María)
María: ¿Qué tal lo habéis
pasado...?
Asun: Muy bien, cariño... de
maravilla, hemos descansado y hemos paseado mucho, hemos visto muchas cosas muy
bonitas y hemos hecho muchas fotos...
Dani: ¿Y nos habéis traído
regalos...?
María: (llamando la atención de
su hermano) ¡Dani... vale ya... siempre igual...!
Héctor: Sí, campeón, también os
hemos traído regalos...
Dani: ¡Bien...! ¿lo ves como no
pasa nada por preguntar...?
(La familia Perea llega a su casa
y Héctor aparca el coche en la esquina de enfrente. Los niños se bajan y ayudan
a su madre con la bolsa que está en el maletero, mientras Héctor coge la maleta
y la sube a casa)
(Cuando llegan a casa, Héctor y
Asun sacan los regalos que han traído para los niños)
Dani: ¡Ay va... una peonza de
madera...! ¡que bonita...! ¡papi, papi, enséñame a jugar con ella...!
Héctor: Muy bien, campeón, se
tira así... (Héctor enrolla la cuerda alrededor de la peonza y tira de ella
lanzando la peonza al suelo mientras Dani observa la maniobra para repetirla
después)
Asun: Toma María, y esto es para
ti, cariño...
María: A ver, mamá... ¡hala... un
puzzle con piezas de madera...! con lo que me gustan a mí los puzzles... ya
estoy terminando el que me trajeron los Reyes por Navidad... así que tengo
trabajo...
Héctor: Me alegro que hayamos
acertado entonces...
María: Claro que sí... ¿y vosotros
no habéis comprado nada...?
Asun: Bueno, vuestro padre me ha
regalado esta pluma muy especial... (se la enseña a los niños)
María: (observando la pluma) Muy
bonita, mami...
Héctor: Y vuestra madre me ha
regalado esta pitillera de plata...
María: Me gusta mucho...
Asun: Y yo además me encapriché
de unos pendientes que ví por allí en una tienda de recuerdos típicos y no pude
resistirme...
Héctor: Lo llaman artesanía
charra...
María: Cuando sea un poco mayor
¿me los dejarás poner, mami...?
Asun: Claro que sí, tesoro...
María: Gracias...
(Dani sigue a lo suyo embobado
con su peonza nueva mientras María lleva a su cuarto el puzzle que le han
traído sus padres. Un poco más tarde, toda la familia se sienta a cenar en el
salón, mientras el feliz matrimonio cuenta algunos detalles del viaje a sus
hijos, que aplauden entusiasmados con la anécdota de la tuna en el restaurante
y rememoran felices los momentos vividos tan entrañables)
No hay comentarios:
Publicar un comentario