domingo, 13 de enero de 2013

Capítulo 49: Aniversario en Salamanca (Febrero 1966)


(Varias semanas después, ya estamos a finales de Febrero. Tan solo quedan unos días para que Héctor y Asun se marchen de escapada romántica el próximo fin de semana a Salamanca. El enamorado matrimonio está ultimando los regalos con los que se obsequiarán por su quinto aniversario de boda y se los enseñan a sus respectivos amigos. Además ya han planeado que los niños pasen un fin de semana divertido también. María irá a casa de Clara y se quedará allí con Aurelia y Gustavo, y Daniel se marchará a casa de Bonilla y Matilde y pasará esos días jugando con su amigo Javier)

(Un par de días antes de marchar, Héctor enseña a Bonilla el regalo que ha preparado para Asun)

Héctor: (le enseña a Bonilla una cajita alargada) A ver que te parece...
Bonilla: (abre la caja y encuentra una pluma de plata grabada con una dedicatoria) Es preciosa... le va a encantar, seguro... y la dedicatoria es muy sincera...
Héctor: Me gustaba que tuviera un regalo más personalizado...
Bonilla: Pues has acertado de lleno... ya me contarás...
Héctor: Gracias, Bonilla eres un amigo...

(Por su parte, Asun también le enseña a Aurelia el regalo que ha adquirido para Héctor)

Asun: Mira, esto es lo que le he comprado a Héctor por el aniversario... se la encargué a Matilde... ¿te gusta...?
Aurelia: (coge la pitillera de plata que le muestra Asun) Es realmente bonita...
Asun: Ya que no voy a poder conseguir que deje de fumar, por lo menos que cuando lo haga, se acuerde de mí...
Aurelia: (sonriendo) Es un detalle muy bonito, Asun... le va a gustar segurísimo... y además está grabada con una dedicatoria...
Asun: Sí, me apetecía que fuera un regalo más personal...
Aurelia: Pues has dado en el clavo... ya me lo contarás todo cuando vuelvas, eh...?
Asun: (divertida) Que sí, pesada...

(Un par de días después, todo está preparado para el fin de semana romántico que Asun y Héctor van a pasar en Salamanca. Ellos se han despedido de los niños a la salida del colegio y les han llevado una bolsa a cada uno con el equipaje para el fin de semana y desde allí María se ha ido a casa de Aurelia y Gustavo junto con Clara, y el pequeño Daniel se ha ido a casa de los Bonilla junto con su amiguito Javier. Los niños están ilusionados por este fin de semana diferente que van a disfrutar, y el feliz matrimonio está pletórico de ilusión por comenzar su romántica velada)

(Nada más llegar con el coche a Salamanca, apenas tienen que preguntar a un par de personas para que les indiquen como llegar al hotel, y al llegar allí, aparcan en el parking descubierto y sacan la maleta del maletero del coche. Los dos se dirigen a la recepción)

Héctor: Hola, buenas tardes...
Recepcionista: Buenas tardes, señores...
Héctor: (saca el vale del sobre del interior del bolsillo de su chaqueta) Teníamos una habitación reservada a nuestro nombre para este fin de semana...
Recepcionista: ¿Me permite la documentación, caballero...?
Héctor: Sí, claro, faltaría más...

(Héctor y Asun le dan al recepcionista sus carnés de identidad donde comprueba que sus nombres corresponden con los de la reserva efectuada)

Recepcionista: Muy bien... está todo correcto... son ustedes matrimonio, ¿verdad...?
Asun: Sí... llevamos 5 años felizmente casados... y venimos a celebrar nuestro aniversario...
Recepcionista: Pues enhorabuena entonces... están ustedes en el lugar perfecto para eso... (llama al botones) ¡chico...! lleva esta maleta y esta bolsa a la habitación 512...
Chico: Enseguida, señor...

(Héctor da una propina al botones y este hace un gesto con la cabeza de agradecimiento y a continuación coge los dos bultos y los sube en el ascensor, dejándolos posteriormente en la habitación)

(Mientras tanto en la recepción, Héctor paga el importe de la factura y firma el documento, entregándole el encargado una llave de la habitación)

Recepcionista: Muy bien, pues ya está todo en orden... ¿van a querer cenar algo en el restaurante-cafetería del hotel...? estamos abiertos hasta las 11 de la noche...
Asun: No, gracias... saldremos a dar una vueltecita y cenaremos algo por ahí...
Recepcionista: En ese caso, permítanme que les deje un mapa de la ciudad... (saca un mapa de debajo del mostrador) nosotros estamos aquí... (lo señala con un círculo) y el centro está justo aquí... (y lo señala) podrán encontrar una amplia variedad de restaurantes y bares de tapeo por los alrededores de la Plaza Mayor y en la zona de la Universidad...
Héctor: Muy bien, pues muchísimas gracias...
Recepcionista: Gracias a ustedes... que tengan una feliz estancia, y disfruten de toda la oferta de nuestra ciudad...
Asun: Gracias... adiós...

(Héctor y Asun suben a la habitación donde ya están los bultos que el botones ha dejado sobre la cama)

Asun: (observando todos los rincones de la habitación) Es muy acogedora... la cama está muy bien... (se sienta en ella) y es realmente cómoda... y el baño está muy bien equipado, tiene una ducha enorme con cristal, un lavabo grande con su espejo y un par de estantes para colocar los útiles de aseo... voy a deshacer la maleta un poco y colocaré algunas cosas en el armario que sino se me arrugarán...
Héctor: Está bien, pero date prisa, que no es tan pronto ya, y sino no nos va a dar tiempo a dar una vuelta por el centro y cenar... voy a llamar un momento a casa de Aurelia para avisarles de que ya hemos llegado bien...
Asun: Está bien, cariño...

(Mientras tanto, en casa de los Olavide, la familia se prepara para cenar. Clara y María se sientan a la mesa)

María: ¿Creéis que mis padres ya habrán llegado...?
Aurelia: Pues si no lo han hecho todavía estarán a punto... además tu madre me dijo que llamaría en cuanto estuvieran instalados...
María: Estoy segura de que lo van a pasar muy bien, y yo también pienso disfrutar este fin de semana aquí, ¿verdad, Clarita...?
Clara: ¡Sí... va a ser estupendo...!
Aurelia: Menudas gamberras estáis hechas las dos... (suena el teléfono) ¡ay, mira, seguro que son tus padres... voy a cogerlo...!

(Aurelia coge el teléfono)

Aurelia: Hola... ¿sí...? ¡ah, sí, hola, Héctor...! ¿ya habéis llegado...? me alegro... ¿qué tal todo por ahí...? por aquí todo estupendo... precisamente nos estábamos acordando de vosotros ahora mismo... sí, María estaba preguntándose si ya habríais llegado... ahora mismo te la paso para que hables con ella... pasadlo bien... un beso muy fuerte también para Asun... sí, yo se lo doy, gracias... adiós...

(Aurelia le pasa el teléfono a María)

María: ¡Papi...!
Héctor: ¡Hola princesa...! ¿qué tal todo por ahí...?
María: Estupendamente bien... lo voy a pasar muy bien con Clara y los titos me cuidan fenomenal... íbamos a empezar a cenar...
Héctor: De acuerdo, pues entonces no te entretengo más que nosotros también nos vamos a buscar un sitio para cenar... tu madre está deshaciendo el equipaje...
María: Dale un beso muy, muy fuerte...
Héctor: Yo se lo doy, cariño... y pórtate bien, ¿eh...?
María: ¡Que sí...! y vosotros pasadlo muy bien y ya nos vemos el Domingo...
Héctor: Eso es, el Domingo por la tarde a última hora estaremos por allí de vuelta... cuídate cielo... y dile a la tita que por favor llame a casa de Bonilla para decirles que hemos llegado bien, ¿de acuerdo...? adiós, mi vida... un beso muy fuerte...
María: Un beso, papi, te quiero, adiós...
Héctor: Adiós, mi amor...

(Héctor cuelga el teléfono y a continuación la feliz pareja coge el mapa y salen al exterior del hotel con intención de caminar hacia el centro de la ciudad y disfrutar de un agradable paseo y una merecida cena en uno de los numerosos restaurantes y bares de la zona)

(La vida nocturna en Salamanca es muy animada gracias a la presencia de estudiantes universitarios que entran y salen de los distintos bares donde se pueden tomar deliciosas tapas y raciones variadas. Héctor y Asun entran de la mano en uno de esos bares y se sientan en una mesa. Allí cenan a base de raciones y varias cervezas y pasan un buen rato viendo el buen ambiente que se respira en los alrededores de la Plaza Mayor, y charlando animadamente)

(Casi de madrugada, vuelven al hotel donde suben directamente a la habitación y tras compartir unas cuantas risas y juegos amorosos, se duermen abrazados el uno al otro, despertándose al amanecer con la luz que entra por la ventana del cuarto)

(Ya a la mañana siguiente, y una vez duchados y arreglados, el feliz matrimonio baja al comedor a desayunar. Allí cogen una mesa y observan que hay una enorme variedad de alimentos en el buffet, tanto fríos como calientes, de modo que se levantan a por un plato y van escogiendo aquellas cosas que más les apetecen)

Asun: ¡Mmm...! que buena pinta tiene todo...
Héctor: Sí, la verdad es que sí... y tengo un hambre de lobo...
Asun: (divertida) Pues cómete lo que quieras, que tenemos que reponer fuerzas para todo el día...
Héctor: Sí, nos espera un largo día por delante...
(Héctor y Asun van pasando por las diferentes bandejas y se van sirviendo las raciones en sus platos y después van a la mesa y desayunan tranquilamente)

(Tras el desayuno, los dos planifican el día para aprovecharlo al máximo. Durante la mañana visitan tanto la Catedral Vieja como la Nueva con su gran Plaza, después se dirigen a la Plaza Mayor con sus magníficos y famosos soportales, haciéndose fotos el uno al otro en los diferentes rincones e incluso consiguen que algún lugareño les tome fotos a los dos juntos. La pareja también visita la Casa de las Conchas, el edificio de la Universidad con el monumento a Fray Luis de León que preside la plaza, y pierden un buen rato mirando a la fachada de la Universidad buscando la famosa rana y el astronauta entre otros entretenimientos).

(Ya a la hora de comer, buscan un restaurante céntrico donde degustar alguna de las especialidades de la cocina salmantina y posteriormente dan un largo paseo hasta la orilla del río Tormes, donde se encuentra uno de sus puentes que lo atraviesan así como una famosísima estatua del Lazarillo. Posteriormente vuelven al hotel, donde aprovechan para descansar un rato y darse una relajante ducha antes de salir de nuevo a cenar)

(En su última noche en la ciudad, la feliz pareja acude a cenar a un céntrico restaurante donde habitualmente se da cita la tuna universitaria que ameniza la velada con sus cánticos divertidos, pasando mesa por mesa y entonando sus melodías a cambio de una propina)

(Durante los postres, llega el momento del intercambio de regalos. Asun saca de su bolso un pequeño paquete y lo deposita junto a la copa de vino que Héctor está terminando de paladear)

Asun: Toma, esto es para ti... no creas que se me ha olvidado...
Héctor: Por supuesto que no, cariño... (coge el paquete) veamos a ver que puede ser...
Asun: A ver si te gusta...

(Héctor desenvuelve el paquete con cuidado y descubre una pitillera de plata grabada con una dedicatoria en la que se puede leer: “Para Héctor, el gran amor de mi vida. Gracias por todos estos primeros años juntos”)

Héctor: (emocionado) ¡Oh, cariño...! es precioso...
Asun: ¿Te gusta de verdad...? se la encargué a Matilde y me dijo que se estaban vendiendo muy bien...
Héctor: (cogiendo su mano y besándola amorosamente) Me encanta... y además es un regalo muy útil, porque siempre que saque un cigarrillo me acordaré de ti... (bromeando) lo malo es que ahora voy a tener que empezar a fumar más para tenerte continuamente presente en mis pensamientos...
Asun: (riéndose divertida) ¡Que bobo...! sabes que no me gusta que fumes tanto... pero como no consigo que lo dejes, al menos cuando lo hagas, pensarás en mí...
Héctor: Eso ni lo dudes... y ahora en serio, es un regalo muy práctico... gracias, de verdad... te quiero...
Asun: Yo también... (ambos aprietan sus manos entrelazadas)
Héctor: Y ahora me toca a mí...

(Héctor saca de su chaqueta un paquete alargado envuelto con un lazo y se lo entrega a su mujer)

Héctor: Toma... espero que te guste y que te sea útil...
Asun: (observando el paquete, empieza a deshacer el lazo) ¡Ay, que nervios...! ¿qué puede ser...?
Héctor: Ábrelo, a ver que te parece...

(Asun saca la caja y al abrir la tapa encuentra una pluma estilográfica de plata con una bonita dedicatoria grabada en la que se lee: “Para Asun, la mujer más maravillosa del mundo y con la que deseo pasar el resto de mi vida como hasta ahora”)

Asun: (mirando la pluma emocionada) ¡Dios mío, Héctor, es preciosa...!
Héctor: ¿De verdad que te gusta...?
Asun: ¿Cómo no me va a gustar...?
Héctor: Así te traerá suerte para cuando triunfes como escritora de renombre...
Asun: ¡Que exagerado eres...! sabes que eso no va a pasar...
Héctor: ¿Quién sabe...? a lo mejor estoy ahora mismo delante de una futura Agatha Christie...
Asun: (riéndose divertida) ¡Héctor... que dices...! agradezco tus piropos, bien lo sabes, pero en este caso no creo que vayan por ahí mis metas...
Héctor: Lo siento, pero es que no puedo disimular que estoy loco por ti... y que te quiero...
Asun: Y yo a ti... muchas gracias, me encanta la pluma, de verdad... es un regalo muy útil y práctico...
Héctor: Entonces parece que este año nos hemos puesto de acuerdo en eso de regalarnos cosas prácticas...
Asun: Sí, eso parece... y es que tú y yo estamos de acuerdo en casi todo...
Héctor: Vaya, y yo que pensaba que estábamos de acuerdo en todo...
Asun: (divertida) ¡No empieces...! además me gusta que no siempre pensemos igual, es más divertido que seamos “un poco” distintos... si no sería muy aburrido...
Héctor: Sí, en eso tengo que darte la razón, cariño... ¿quieres que pidamos postre o pasamos al café directamente...?
Asun: (susurrando divertida) Mejor nos tomamos un café... dejaremos el postre para después...
Héctor: Capto la indirecta...
(Asun y Héctor piden un par de cafés al camarero y después reciben la visita de los miembros de la tuna, que al preguntarles por su estancia en Salamanca y saber que se trata de una pareja enamorada celebrando su quinto aniversario de boda, les dedican unas cuantas canciones de amor, durante las cuales ninguno de los dos se resiste a mirarse sin robarse un beso ante los emocionantes aplausos de la multitud que se ha congregado en el restaurante en esta mágica noche de sábado)

(Tras pagar la cuenta y abandonar el restaurante, el feliz matrimonio se dirige paseando hacia el hotel donde continuarán con su fiesta particular ya en privado y sin público)

(Un par de horas después, Héctor y Asun no pueden dejar de contemplarse mutuamente, acariciándose con dulzura, besándose con ternura y disfrutando del momento mágico y romántico que están viviendo. Las piezas de ropa que tanto les estorbaban en los arrebatadores prolegómenos, reposan ahora repartidas por el suelo de la habitación, una estancia ahora en penumbra, únicamente iluminada por la luz y el brillo que se desprende de las miradas de los dos amantes enamorados)

Héctor: Sólo puedo decir... que te quiero...
Asun: Y yo te quiero a ti...
Héctor: (acariciando la suave piel de Asun) ¿Te das cuenta, mi niña...? sólo han pasado cinco años y parece que haya pasado una eternidad...
Asun: (sonriendo emocionada) En realidad si cuentas también los años que hemos estado juntos antes de nuestra boda, son prácticamente nueve... pero es verdad, el tiempo se pasa volando...
Héctor: Y tú sigues exactamente igual de bella que cuando te conocí...
Asun: Tú tampoco has perdido ni un ápice de tu atractivo... sigues siendo el mismo Héctor del que me enamoré...
Héctor: Ninguno de los dos hemos cambiado mucho desde entonces...
Asun: Y quiero que siga siendo así... aunque no podamos evitar los cambios físicos por el paso del tiempo, quiero que nuestro espíritu se mantenga siempre joven...
Héctor: Hay algo que sí podemos mantener intacto y sin cambios... el amor que nos tenemos... eso permanecerá para siempre...
Asun: Para siempre... limpio y puro... esa será nuestra promesa aquí y ahora, y esta preciosa ciudad es testigo de ello...
Héctor: Y si alguna vez volvemos aquí siempre nos acordaremos de esta noche... porque tú eres lo único que quiero tener en esta vida...
Asun: Yo tampoco quiero tener otra cosa en la vida que no seas tú, mi amor...

(El feliz matrimonio sella su promesa con un amoroso beso)

Asun: Abrázame...
Héctor: Claro... ven...

(Asun y Héctor se envuelven en un cálido abrazo y a continuación Asun cierra sus lindos ojos, acariciando delicadamente la nariz de Héctor con sus suaves pestañas)

Héctor: Me encanta esta sensación...
Asun: (prácticamente dormida) A mí también...

(La mañana del Domingo antes de abandonar la habitación del hotel definitivamente, Héctor y Asunción recogen el equipaje que han traído y lo guardan en la maleta. Una vez comprobado que no se han dejado nada y ya aseados y vestidos, bajan a desayunar. Le piden al recepcionista que les guarde la maleta en un cuarto anexo para poder dar un último paseo por la ciudad y aprovechan también para hacer unas compras de última hora, incluyendo unos regalos para los niños en las céntricas tiendas de recuerdos. Ya después de comer y de una pequeña sobremesa, la pareja regresa al hotel a recoger su maleta para montarla en el coche y juntos emprenden el regreso a Madrid)

(Nada más llegar a Madrid y tras haber recorrido los poco más de 200 km que separan Salamanca de Madrid, Héctor y Asun se presentan contentos y felices a recoger en primer lugar a Daniel, que al estar en casa de la familia Bonilla, son los que viven más alejados dentro del barrio, y posteriormente se acercan con el coche hasta la casa de los Olavide para recoger a María)

María: ¿Qué tal lo habéis pasado...?
Asun: Muy bien, cariño... de maravilla, hemos descansado y hemos paseado mucho, hemos visto muchas cosas muy bonitas y hemos hecho muchas fotos...
Dani: ¿Y nos habéis traído regalos...?
María: (llamando la atención de su hermano) ¡Dani... vale ya... siempre igual...!
Héctor: Sí, campeón, también os hemos traído regalos...
Dani: ¡Bien...! ¿lo ves como no pasa nada por preguntar...?

(La familia Perea llega a su casa y Héctor aparca el coche en la esquina de enfrente. Los niños se bajan y ayudan a su madre con la bolsa que está en el maletero, mientras Héctor coge la maleta y la sube a casa)

(Cuando llegan a casa, Héctor y Asun sacan los regalos que han traído para los niños)

Dani: ¡Ay va... una peonza de madera...! ¡que bonita...! ¡papi, papi, enséñame a jugar con ella...!
Héctor: Muy bien, campeón, se tira así... (Héctor enrolla la cuerda alrededor de la peonza y tira de ella lanzando la peonza al suelo mientras Dani observa la maniobra para repetirla después)
Asun: Toma María, y esto es para ti, cariño...
María: A ver, mamá... ¡hala... un puzzle con piezas de madera...! con lo que me gustan a mí los puzzles... ya estoy terminando el que me trajeron los Reyes por Navidad... así que tengo trabajo...
Héctor: Me alegro que hayamos acertado entonces...
María: Claro que sí... ¿y vosotros no habéis comprado nada...?
Asun: Bueno, vuestro padre me ha regalado esta pluma muy especial... (se la enseña a los niños)
María: (observando la pluma) Muy bonita, mami...
Héctor: Y vuestra madre me ha regalado esta pitillera de plata...
María: Me gusta mucho...
Asun: Y yo además me encapriché de unos pendientes que ví por allí en una tienda de recuerdos típicos y no pude resistirme...
Héctor: Lo llaman artesanía charra...
María: Cuando sea un poco mayor ¿me los dejarás poner, mami...?
Asun: Claro que sí, tesoro...
María: Gracias...

(Dani sigue a lo suyo embobado con su peonza nueva mientras María lleva a su cuarto el puzzle que le han traído sus padres. Un poco más tarde, toda la familia se sienta a cenar en el salón, mientras el feliz matrimonio cuenta algunos detalles del viaje a sus hijos, que aplauden entusiasmados con la anécdota de la tuna en el restaurante y rememoran felices los momentos vividos tan entrañables)















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