(El primer trimestre del curso se
ha pasado volando y ya queda cada vez menos para las vacaciones de Navidad. El
otoño este año en Madrid ha sido frío aunque no tanto como el invierno que se
espera. Estamos a mediados de Diciembre de 1964 y la familia Perea espera por
lo menos poder cogerse una semana de vacaciones entre Navidad y Año Nuevo para
poder disfrutar de los días festivos con los niños, que son quienes al fin y al
cabo más disfrutan de las fiestas navideñas)
(Es sábado por la mañana. Héctor
está en casa con los niños jugando en la habitación, y Asun se ha bajado un
momento a comprar una barra de pan y una botella de vino para la comida. Al
volver, su madre la aborda en la portería)
Felisa: ¡Asun, hija...! espera un
momento...
Asun: Ah, hola madre, ¿qué
pasa...?
Felisa: Quería darte esta carta
que ha llegado esta mañana para que se la subas a Héctor...
Asun: (observando la carta) ¿Y de
quién es...?
Felisa: Viene de Venezuela... así
que ya te imaginarás quien la envía...
Asun: ¡Ah, sí, claro...! será la
tarjeta de felicitación que Teresa y Ana mandan todos los años, es como una
tradición...
Felisa: ¿Y no te molesta un poco
hija que se mantengan según que tradiciones...?
Asun: No sé porque lo dice
madre... es una forma como otra cualquiera de ser educados y mantener un mínimo
contacto aunque sea una vez al año... a mí no me parece mal...
Felisa: Pues será que yo soy un
poco antigua, Asunción, pero al fin y al cabo, Teresa fue la primera mujer de
tu marido...
Asun: Ya... ¿y...?
Felisa: Pues que quien tuvo,
retuvo... ya me entiendes...
Asun: (sonriendo levemente) Desde
luego, madre, tiene usted unas fantasías, que ya podía escribir un libro...
usted escucha demasiadas radionovelas... en lo que a mí respecta, yo soy la
única mujer de Héctor, y no me importa nada lo que puedan decir los demás... mi
relación con Teresa es cordial y yo la respeto como mujer, pero ni ella ni
nadie podrán sembrar ni un atisbo de duda en lo que se refiere al amor que
Héctor y yo nos tenemos... no sé si me explico con claridad...
Felisa: Te explicas como un libro
abierto, hija...
Asun: Muy bien, pues me alegro
que lo haya entendido, así queda todo claro y se evitan comentarios
inapropiados que están fuera de lugar... no es que quiera molestarle, madre,
pero me duele un poco que después de todos estos años, todavía se ponga en
entredicho la relación con mi marido...
Felisa: Hija, yo no pretendía
ofenderte, no era mi intención... lo siento si te ha molestado lo que he
dicho... es solo que una vieja como yo no se acostumbra a las cosas que ahora
hacen los jóvenes... perdóname, por favor...
Asun: (abrazándola) Pues claro
que la perdono, madre, y también le pido perdón por exaltarme así con usted,
pero es que ya me cansa la misma cantinela... estoy harta de tener que defender
mi relación con Héctor a estas alturas... ya sé que usted no lo hace con mala
intención...
Felisa: Ya sabes que yo siempre
te he apoyado hija, desde que decidiste embarcarte en esta aventura, tu padre y
yo hemos sido los primeros en defenderte ante la gente del barrio cuando no
paraban de hablar de vuestra situación irregular...
Asun: Ya lo sé, madre, y siempre
le he estado muy agradecida por todo lo que ha hecho por nosotros, y lo que
sigue haciendo... deme un abrazo, anda...
(Asun y su madre se funden en un
fuerte abrazo)
Asun: Bueno, me subo para arriba,
a ver que están haciendo mis monstruitos con su padre... me llevo la carta...
hasta luego, madre...
Felisa: Adiós, hija...
(Asun coge el ascensor y sube a
casa)
Asun: (entrando por la puerta)
¡Hola... ya he vuelto...!
Héctor: Hola, cariño... estamos
en el salón...
(Asun se acerca a su marido y le
da un cálido beso)
Asun: Me ha dado mi madre esta
carta que ha llegado hoy... es de Venezuela...
Héctor: ¡Ah...! será la
felicitación navideña de Teresa como todos los años... esta vez se ha
adelantado un poco...
Asun: Sí, eso mismo he pensado
yo... pero como el correo funciona cada vez peor habrá querido cubrirse para no
meterse de lleno en las fiestas...
Héctor: Tráeme el abrecartas del
despacho, por favor...
Asun: Enseguida...
(Asun va al despacho y vuelve con
el abrecartas)
Asun: Toma... ábrela...
(Héctor coge el abrecartas y
rasga el sobre, extrayendo de su interior una tarjeta de felicitación y una
fotografía)
Héctor: ¡Anda, mira...!
(Asun y Héctor se quedan
observando la fotografía donde aparece el pequeño Alejandro, que cuenta ya con
11 años, vestido con un traje de Papá Noel en una playa venezolana)
Asun: ¡Que mayor está ya...! ¡es
increíble...! ¿qué edad puede tener...?
Héctor: Pues calculo que 11 años,
porque si nació a finales de 1953...
Asun: Es una foto muy divertida,
porque además como allí en esta época del año es verano, hace un calor y con
ese traje encima debe estar asándose... ¡pobre...!
Héctor: ¿Quieres que lea la
tarjeta...?
Asun: Por favor...
Héctor: (empieza a leer) “
Navidad de 1964. Queridos Héctor, Asun y familia. Un año más como ya es
tradición, me pongo en contacto con vosotros para desearos unas felices fiestas
navideñas y un próspero año nuevo lleno de alegría y felicidad. Ana, Alejandro
y yo deseamos que estéis bien y que paséis estas fechas tan señaladas sobre
todo para los niños, en familia y bien acompañados. Me he permitido enviaros
junto con la tarjeta una fotografía reciente de mi niño vestido para la
ocasión, aunque seguro que os resultará bastante raro que aquí celebremos las
navidades con este calor, teniendo en cuenta lo acostumbrados que siempre hemos
estado al frío de España por estas
fechas. ¿Cómo se encuentran los pequeños María y Daniel? Supongo que ya muy
grandes y es que el tiempo pasa que ni os imagináis. Por aquí todo nos va muy
bien, aunque estamos un poco preocupadas por Simón, que últimamente anda
delicado de salud después de la última pulmonía que cogió el invierno pasado.
Por lo demás, simplemente reiteraros nuestros mejores deseos para el próximo
año que ya se acerca. Cuidaros mucho y sed muy felices.
Un beso enorme de:
Teresa Ana Alejandro
Asun: Muy bien... lo único que me
apena es lo de Simón, no lo conozco de nada al hombre, pero es el marido de
Carmen y te he oído contar historias de su primer viaje a Venezuela y de cómo
volvió de allí para buscarla cuando se enteró de la muerte de Pascual...
Héctor: Sí, la verdad es que
siempre ha sido un hombre de salud delicada y en mi opinión arriesga mucho...
Asun: ¿A qué te refieres...?
Héctor: Tengo entendido que en
ocasiones acompaña a un amigo médico que tiene allí a visitar a niños enfermos
de zonas alejadas de la capital, y mientras su amigo les hace un reconocimiento
y les lleva medicinas, Simón les regala caramelos y se dedica a sacarles una
sonrisa haciéndoles dibujos y caricaturas que los chavales agradecen...
Asun: Entiendo... la verdad es
que es una labor muy loable...
María: (señalando la fotografía)
Papá... ¿quién es este niño...?
Héctor: Se llama Alejandro,
cariño, y es el hijo de una buena amiga que vive en Venezuela, un país muy
lejos de España... y todos los años nos escribimos en Navidad para felicitar
las fiestas... en esta ocasión ella ha querido enviarnos una foto de su hijo
que ya tiene 11 años para que veamos lo grande que está...
María: (observando la fotografía)
Es muy guapo...
Asun: Se me está ocurriendo una
idea, a ver que os parece... podríamos aprovechar esta semana para ir una tarde
a la redacción después de que los niños salgan del cole y nos reunimos con
Damián, el fotógrafo de la revista, quiero pedirle que les haga una bonita foto
de estudio a los niños con algún fondo navideño, típico de estas fechas... y
podríamos encargarle también una foto de los cuatro juntos... hace mucho que no
nos hacemos una y la podíamos colgar en el salón... ¿qué te parece, cariño...?
Héctor: Me parece una idea
excelente, amor, y así con la tarjeta navideña que les mandemos este año a
Teresa y Ana, le incluimos también una fotografía de nuestros niños para que
vean como han cambiado... ¡que yo también estoy muy orgulloso de ellos,
caramba...!
Asun: Perfecto... pues hablaré el
Lunes con Damián y se lo comento a ver cuando le viene mejor a él para
quedar...
María: Papi, ¿y quién es
Teresa...? ¿es la mamá de Alejandro...?
Asun: No cielo, es un poco más
complicado... Teresa es la tía de Alejandro, su mamá se llama Ana, y su papá
murió, y tanto Teresa como Ana son amigas de tu padre, de hace muchos años, de
cuando vivían en Madrid...
María: Es que me acuerdo aunque
sólo un poquito, de una señora muy simpática que nos encontramos en la calle
una vez comprando barquillos... ¿esa era Teresa...?
Héctor: Pues sí, princesa, y me
parece increíble que te acuerdes de aquella escena, si tú eras muy pequeña...
no tenías más que 2 años...
María: No lo sé, pero a veces
recuerdo alguna imagen de ella y luego la volví a ver en aquella foto que se
cayó al suelo cuando te dí el tabaco...
Héctor: Es verdad, claro que me
acuerdo, de todas formas algún día me sentaré contigo y te contaré toda la
historia, pero deberás esperar un poco más para entenderlo, princesa, aún eres
un poco pequeña, pero te prometo que cuando te lo cuente podrás hacerme todas
las preguntas que quieras...
María: De acuerdo, es que siento
curiosidad porque a veces te he oído a ti y a mamá hablar de Teresa, y debe de
ser alguien importante, ¿verdad...?
Héctor: Bueno, cariño, Teresa fue
una persona importante en mi vida hace muchos años, pero ahora es sólo una
buena amiga, ahora las personas importantes sois mamá y vosotros dos, mis
niños...
María: (abraza a sus padres) Yo
también os quiero, sois los mejores padres del mundo...
Héctor: Oye, princesa, ¿cómo van
esos deberes del fin de semana...?
María: Bien, los termino esta
tarde...
Asun: Dentro de unos días te
darán la cartilla con las notas y esperamos que sean buenas...
María: Lo serán, mamá, te lo
prometo... yo siempre hago los deberes y soy muy ordenada, y las profesoras del
colegio y las monjas me felicitan siempre...
Héctor: Así me gusta, cariño, que
seas una niña aplicada... llegarás muy lejos...
María: Me voy a jugar...
Asun: Muy bien, tesoro...
(Héctor y Asun vuelven a echar un
vistazo a la carta y la foto)
Asun: ¡Madre mía, esta María cada
día está más espabilada y es más lista...!
Héctor: Tiene a quien parecerse,
sin duda... cada vez queda menos para que tengamos que sentarnos a hablar con
ella y contarle nuestra historia, aunque en una versión más ligera, ¿no te
parece...?
Asun: Sí, eso parece... pero no
me preocupa en absoluto porque es una niña feliz con unos padres que la quieren
por encima de todo y que se aman como el primer día, y eso me tranquiliza...
(le da un beso rodeándole con su brazo por el hombro) ¿entonces te parece bien
lo de las fotos...?
Héctor: (mirando amorosamente a
su mujer) Claro... lo que tú quieras hacer estará bien...
Asun: De acuerdo... voy a ponerme
con la comida...
Héctor: Muy bien, mi niña... voy
a bajar a la portería un momento a pedirle a tu padre que me deje algún
periódico...
Asun: Bien...
(Unos días más tarde, Asun y
Héctor ya se han hecho las fotos familiares en el estudio que Damián ha
realizado en una habitación del local de la redacción, donde ha puesto de fondo
un gran póster navideño y donde los niños lo han pasado de miedo posando para
el fotógrafo haciendo todo tipo de muecas y posturas graciosas, aunque también
se han hecho fotos más serias. Tras revelarlas, Asun ha decidido hacer dos
copias de la que están los cuatro juntos, una para ellos y otra para sus
padres, y una copia de una en la que están los dos niños muy sonrientes para
enviarla a Venezuela con la postal navideña dirigida a Teresa y Ana)
(Una noche, cuando los niños ya
se han dormido, está Héctor en el despacho de casa, intentando escribir un
borrador de la felicitación navideña que va a mandar este año a Teresa junto
con la foto. Asun, que viene de la cocina de fregar las últimas cosas de la
cena, se acerca y le ve tan concentrado, que no puede evitar rodearle por
detrás con su brazo haciéndole una tierna caricia y un amoroso beso)
Asun: ¿Qué haces...?
Héctor: (mirándola dulcemente)
Pues aquí, intentando concentrarme para escribir un borrador de lo que voy a
poner en la tarjeta navideña de este año que vamos a mandar a Teresa y Ana...
pero estoy bloqueado... no se me ocurre como empezar...
Asun: (sin dejar de abrazarle y
acariciarle) Eso es porque estás agotado, cariño... pero yo tengo la solución
perfecta... podemos hacer una cosa si quieres, lo dejas para mañana y así te
ayudo yo y entre los dos la redactamos... y ahora te vienes a la cama
conmigo... (empieza a besarle despacito con ternura) y te hago un masaje de
esos que tanto te gustan...
(Asun desliza su mano en el
interior de la camisa de Héctor, acariciándole el pecho con dulzura)
Héctor: (suspirando) ¿Qué haces...?
Asun: (susurrando) ¿Tú qué
crees...? vente conmigo, anda...
Héctor: (levantándose de la silla
y mirando a su mujer emocionado) Me pregunto por que siempre consigues lo que
quieres...
Asun: (susurrando divertida)
Porque soy lo suficientemente persuasiva como para que no puedas rechazar una
tentación así...
(Asun y Héctor se meten en el
dormitorio, y Asun despoja a Héctor de su camisa con mucho mimo)
Asun: Túmbate, así...
(Asun se sienta en la cama y
comienza a hacer un agradable masaje sobre el cuello y los hombros de Héctor)
Héctor: Mmmm...
Asun: ¿Lo ves...? estás muy
tenso, mi vida... esto te vendrá bien, relájate... respira hondo...
Héctor: (respirando
profundamente) Tienes unas manos de ángel, cielo...
Asun: ¿Te gusta...?
Héctor: Me encanta esta
sensación... si sigues así un poco más, me voy a quedar dormido de lo a gusto
que estoy...
Asun: Tampoco me importaría...
necesitas descansar...
(Asun sigue relajando a su marido
con un increíble masaje, Héctor cierra los ojos y se deja llevar por las
sensaciones. Al cabo de un rato, Héctor ya está medio dormido)
Asun: Ahora mismo vuelvo... no te
duermas, ¿eh...?
(Asun sale un momento de la
habitación, pasa por la cocina a beber un vaso de agua y después coge su crema
del cuarto de baño y vuelve al dormitorio)
Asun: Héctor, cariño, ya estoy...
(se da cuenta que su marido se ha quedado profundamente dormido y murmura) se
ha quedado dormido... (le mira dulcemente y le acaricia)
(Asun se cambia de ropa y se pone
el camisón. Después de echarse su crema, se mete en la cama, arropa a su
marido, que está como un tronco, y se acuesta junto a él)
Asun: (susurrando) Que duermas
bien, mi amor, que descanses... mañana será otro día y yo seguiré aquí a tu
lado... te amo... (le da un delicado beso en los labios para no despertarle y
luego se acurruca a su lado, sintiendo su calor)
(Al día siguiente, mientras los
niños están jugando en su habitación, Héctor y Asun se disponen a redactar la
tarjeta de felicitación navideña para Teresa y Ana)
Asun: A ver mi amor, vamos a
ponernos con esto ahora y luego salimos a dar un paseo con los niños que hoy es
Domingo y hace un día precioso... podíamos ir a la Plaza Mayor a mirar los
puestos de belenes y el ambiente que se respira en las calles...
Héctor: ¡Que buena idea,
cariño...! vamos a terminar con esto cuanto antes... a ver...
(Héctor coge el bolígrafo y
empieza a escribir)
“Queridos Teresa, Ana y
Alejandro,
En primer lugar queremos daros
las gracias por la bonita felicitación navideña que habéis mandado este año, y
también por la simpática fotografía de Alejandro que a María le ha encantado.
La verdad es que está ya muy grande, y en esta ocasión aprovechamos también
para mandaros una foto de Dani y de María para que tengáis un bonito recuerdo
de nuestra familia. Os deseamos que paséis unas muy felices fiestas de Navidad
y que en el Año Nuevo que empieza se os cumplan todos vuestros sueños. Desde
aquí mandamos también un cariñoso abrazo a Carmen y Simón y esperamos su pronta
recuperación. Desde el frío invierno de Madrid os mandamos un caluroso abrazo a
los tres y nuestros mejores deseos:”
Héctor Asunción María Daniel
Héctor: Bueno, pues esto ya
está... vamos a arreglarnos para marcharnos a la calle...
Asun: Sí, ya echaré yo la carta
mañana, no te preocupes...
Héctor: Muy bien... siempre tan
pendiente de todo... contigo da gusto, cariño... y por cierto, quería pedirte
perdón por lo de anoche... lo siento, me quedé dormido...
Asun: (mirándole amorosamente) No
tienes que disculparte por eso, estabas agotado y necesitabas descansar...
además, me gusta mirarte cuando duermes, estás tan guapo...
Héctor: (sonriendo) Aún así...
prometo que te compensaré...
Asun: No necesito que me
compenses nada... lo único que necesito es tenerte a mi lado siempre, todos los
días... eso es lo único que me tranquiliza, ya lo sabes...
Héctor: Te quiero...
Asun: Y yo te quiero a ti... (le
da un beso tierno acariciándole la barbilla) venga, vámonos...
Héctor: Sí, tienes razón,
vámonos...
Asun: Niños, ¿estáis listos para
salir...?
María: (desde su cuarto)
¡Síii...!
Dani: ¡Sí, mamá...!
(La familia Perea va hacia la
entrada, se ponen los abrigos, bajan a la portería a buscar a Irene y juntos se
van a la Plaza Mayor, donde los niños lo pasan en grande viendo los abetos que
venden, los adornos navideños, los belenes y finalmente María consigue salirse
con la suya y comprar unas cuantas figuritas para el belén que va a montar en
casa con su madre este año)
!Qué bueno! me encanta como Asun contesta a su madre y seguro que la foto les gusta mucho. Voy a estar unos días sin conectarme, no me llevo el portátil a Madrid, pero intentaré seguirte con el teléfono.
ResponderEliminarMe alegro que te haya gustado... la verdad es que en esa primera parte del relato estaba muy inspirada ese día, no sé por qué... ;) Un abrazo fuerte y que lo pases bien en estos días por Madrid... seguimos en contacto... :)
ResponderEliminarhola guapa, gracias por tus relatos que me animan el dia y asi me concentro mejor y eres toda una artista....
ResponderEliminarun beso
Muy buen relato y me encanta que Asun defienda a su marido contra viento y marea aunque este viento y marea sea Felisa. Estoy deseando leer mas relatos tuyos, me encantan al igual que tus videos.
ResponderEliminarBESITOS:)