viernes, 16 de noviembre de 2012

Capítulo 1: Verano de 1960 (parte 1)


(Han pasado 3 años desde que vimos por última vez a Héctor, nuestro querido detective de la Plaza de los Frutos, y a Asunción, la prometedora redactora de la revista Sucesos. Nos encontramos en el verano de 1960, y la pareja ha formalizado su relación hasta el punto de que ambos viven juntos en el hogar que han formado en una casa perteneciente a la misma finca donde los padres de Asun siguen ocupando la portería. La pareja tiene una hija de 2 años, a la que han puesto de nombre María. Héctor y Asun son muy felices con su nueva vida en el barrio, donde Asun sigue trabajando de redactora ya experimentada en la revista donde aprendió el oficio, y Héctor sigue trabajando con Bonilla el cual ahora es socio del despacho de detectives y trabajan codo con codo, resolviendo los casos más interesantes y truculentos que se les presentan).

(Es domingo por la mañana, hace un día soleado y precioso y Héctor y Asun salen a pasear con su hija. La pareja camina cogida del brazo mientras la niña va delante de ellos correteando sin parar. Los dos se miran felices y al pasar por la plaza, Manolita, que está barriendo afanosa la portada del "Asturiano", los saluda calurosamente)

Manolita: ¡Adiós familia...!
Asun: ¿Qué tal tía...? ¡buenos días...!
Manolita: ¿Qué, a dar una vueltecita...?
Héctor: Sí... la verdad es que hace una mañana preciosa y hemos decidido sacar a María a dar un paseo...
Manolita: Pues me parece muy bien... ¡hala, a disfrutar...!
Asun: Adiós tía...
Héctor: Adiós...
Manolita: ¡Adiós...! (murmurando) ¡ay, madre mía, estos chicos que bonita familia han formado...! mi prima Felisa ya puede estar encantada porque Asunción ha tenido mucha suerte... en fin...

(Manolita se mete para adentro para atender a los parroquianos que se acercan a tomarse el aperitivo de los domingos al salir de misa)

(Héctor y Asun prosiguen con su paseo, la niña corretea delante de ellos dando vueltas unos metros más adelante)

Héctor: ¡María, cariño, no te alejes mucho...!
María: No papá...
Asun: La pobre es más buena... se ve que es una niña feliz...
Héctor: Sí, la verdad es que hemos tenido mucha suerte...

(Al final de la calle, justo antes de doblar la esquina, María se detiene cerca del vendedor de barquillos, embobada por la música del organillo que lo acompaña; la niña espera que sus padres le compren alguno. Junto al puesto, una mujer está comprando un paquete de barquillos. En ese momento, Héctor y Asun llegan a donde está su hija)


Asun: María, ten cuidado, no molestes a la gente...
María: ¡Mamá, es que quiero uno... por favor...!
Héctor: Está bien, pero sólo uno, ¿de acuerdo...? que luego sino, no comes...

(La mujer que estaba junto al puesto se da la vuelta, y se queda mirando a Héctor y Asun con cierta sorpresa)
Teresa: ¿Héctor...?
Héctor: ¡Vaya, Teresa...! ¡que sorpresa...!
Teresa: Hola, Asunción... me alegro de verte... ¿cómo estás...?
Asun: Bien... los dos estamos muy bien... (un poco cortada) bueno, quiero decir los tres... ya has visto que...
Teresa: ¡Sí...! ¡tenéis una niña preciosa...! ¿cómo se llama...?
Héctor: María...
Teresa: Un nombre muy bonito... ¿y qué tiempo tiene...?
Asun: Pues acaba de cumplir 2 años...
Teresa: Ah, me alegro mucho por vosotros, de verdad...
 
Héctor: ¿Y cómo por aquí, por Madrid, quiero decir...? ¿Va todo bien...?
Teresa: Sí, sí, sí, es que Ana tenía que venir a cerrar un par de negocios inmobiliarios con el abogado de su padre, y nos hemos venido unos días con Alejandro, pero no nos quedaremos mucho tiempo... y bueno, he salido a dar una vuelta por el barrio, quería saludar a Manolita también, y bueno, pues estaba comprando estos barquillos para el niño...
Héctor: (sonriente) Pues me temo que ahora María también quiere barquillos, así que no me va a quedar más remedio que comprarle uno...
Teresa: Eso está bien... tiene tus ojos, es muy guapa...
Héctor: Gracias... yo también me alegro de verte... y me alegro de que las cosas te sigan yendo bien...
Teresa: Sí, poco a poco... (se queda mirando a Asun y a la niña) y además, Asunción, también tiene tu nariz y tu boca...
Asun: Sí, la verdad es que me lo dice bastante gente...
Héctor: En fin, nosotros vamos a seguir con nuestro paseo, y luego iremos a comer con los padres de Asun...
Teresa: Que bien, me alegro mucho, en serio...
Héctor: Lo sé...
Teresa: Y yo también me voy que aún tengo que saludar a Manolita y quiero llegar a tiempo para comer...
Asun: Me alegro de saludarte, Teresa...
Teresa: Y yo... cuidaros mucho...
Héctor: Saluda a Ana de nuestra parte...
Teresa: Lo haré... adiós, Héctor...
Héctor: Adiós, Teresa...

(Héctor y Asun siguen su camino doblando la esquina, cogiendo a María entre ellos y sujetándola cada uno de una mano, mientras Teresa se queda un momento parada en medio de la calle mirando como se alejan, al tiempo que María vuelve la cabeza curiosa).
María: Papá, papá, ¿quién es esa señora tan simpática...?
Héctor: Es... una amiga de la familia... algún día te contaré la historia, cuando seas mayor...

(Ya por la noche, Héctor y Asun están terminando de cenar tras haber bañado, dado de cenar y acostado a María. Asun empieza a recoger la mesa en silencio, sumida en sus pensamientos, mientras Héctor la observa con interés, al tiempo que se echa un chorrito de coñac a su café, como hace todas las noches).
Héctor: ¿Te encuentras bien, cariño...? ¿en qué piensas...? apenas has dicho nada durante la cena, que por cierto estaba riquísima...
Asun: (con una leve sonrisa) No es nada... cosas mías... son tonterías, no me hagas caso...

Héctor: Bueno, si son tonterías o no lo decidiremos después, pero podrías compartirlo conmigo, si hay algo que te preocupe, ya sabes que siempre nos hemos apoyado el uno al otro...
Asun: Sí, tienes razón, pero no tiene importancia, de verdad...
Héctor: Como quieras... yo me voy a la cama que me está entrando el sueño... ¿vienes...?
Asun: Sí, enseguida...

(Héctor va al dormitorio a cambiarse y ponerse el pijama, y Asun se cambia de ropa y se queda sentada en el borde de la cama)

Asun: Es que... estaba pensando en lo de esta mañana, cuando nos hemos encontrado con Teresa y eso...
Héctor: Sí...
Asun: Sé que te parecerá una tontería, pero me ha dado la sensación de que Teresa se te quedaba mirando a tí y a la niña con cierta nostalgia...
Héctor: (coge de la mano a Asun dulcemente) Vamos a ver, cariño, supongo que ha sido una sorpresa para ella encontrarnos en el barrio y ver a la niña, como también lo ha sido para mí, ya que no tenía ni idea que había vuelto por Madrid... pero Teresa tiene su vida con Ana y nosotros tenemos la nuestra... y somos felices por muchas razones...
Asun: Ya, ya lo sé... y también sé que en todos estos años me has demostrado con creces que nuestro amor es muy fuerte, y que nunca me has dado motivos para desconfiar...
Héctor: ¿Entonces... qué es lo que te preocupa...?
Asun: No lo sé... es sólo que... cada vez que ella aparece, yo me siento insegura... y me da por pensar cosas raras... sé que estoy siendo tremendamente egoísta e injusta...

Héctor: (sonríe y se queda mirando a Asun con sus grandes ojos azules) Asunción... mi historia con Teresa terminó hace ya muchos años, los dos lo hemos superado y hemos pasado página... ahora sólo somos amigos y mantenemos una relación cordial... y lo importante es que tú eres ahora lo único que me importa... tú y María sois la alegría de mi vida, y la razón de mi felicidad...
Asun: (emocionada por las dulces palabras de Héctor) Es que no quiero perderte, Héctor...
Héctor: (acaricia a Asun suavemente con su mano, mientras ella le besa en la muñeca con ternura) Y no me vas a perder... nunca... te lo prometo... te quiero demasiado... mi amor...
Asun: Abrázame... me gusta sentirte cerca de mí...
Héctor: Ven...

(Ambos se tumban en la cama y Héctor acoge a Asun entre sus brazos, rodeándola amorosamente. Asun se refugia en los brazos de Héctor, sintiéndose cómoda y feliz)
Héctor: ¿Mejor así...?
Asun: Sí... mucho mejor... lo siento, perdóname, es que te quiero tanto...
Héctor: Y yo a tí, mi niña...
(Héctor y Asun se funden en un cálido beso, y luego Asun se queda relajada, y poco a poco empieza a quedarse dormida entre sus brazos, mientras Héctor no deja de acariciarle sus hermosos rizos, que son iguales a los de María).

1 comentario:

  1. Hola guapa, menudo relato más bonito e incluso ya tengo ganas de leer el siguiente capítulo, deberías mandarle los derechos a una editorial porque esta genial...
    Un beso

    ResponderEliminar