(Un par de días después, la
familia Perea emprende su viaje en tren hacia tierras gaditanas. Se trata de un
viaje largo por lo que Héctor decidió reservar una cabina en el coche cama con
literas para que María fuera más cómoda y pudiera dormir a gusto. Unas horas
después de haber iniciado su viaje, Asun y Héctor están en el vagón
restaurante, terminando de comer. A María le han pedido una tortilla francesa y
un poco de jamón para que se vaya acostumbrando a comer como las personas
mayores)
Héctor: (terminando su café y su
cigarrillo) ¿Qué tal habéis comido, chicas...?
Asun: Muy bien, cariño...
María: Muy bien, papi...
Asun: Y ahora como una buena niña
te vas a dormir una bonita siesta...
María: (protesta) No quiero...
Héctor: Uy, sí, claro que
quieres... por supuesto que quieres... y además yo mismo te voy a llevar a la cama...
María: (se resiste) Quiero
jugar...
Asun: María, cariño, no hagas que
me enfade, eh...? tienes que dormir un ratito que el viaje es muy largo... y
luego te pones a jugar con el osito y la muñeca que has traído, vale...?
Héctor: Déjame a mí, que ya me
ocupo... María, cariño, ven con papá... (coge a María de la mano y se la lleva
caminando por el pasillo)
(Asun se queda tomándose una
manzanilla mientras Héctor se lleva a María a la cabina)
Héctor: Vamos a hacer una cosa,
yo también me voy a dormir... (abre la boca y empieza a bostezar para mostrarle
a María que también tiene sueño) a ver, ¿qué cama prefieres...?
María: (señalando la de arriba)
Esa...
Héctor: Muy bien, pues yo me
pondré en la de abajo entonces... (sube a María a la cama de arriba) ¿quieres
el osito...?
María: Sí...
(Héctor coge el osito de la bolsa
de viaje y se lo pone a María a su lado para que lo coja mientras duerme)
Héctor: Y ahora, a dormir, mi
princesa...
(Héctor dedica unos cuantos
minutos a dormir a su hija, y cuando comprueba que ya se ha dormido, se tumba
en la cama de abajo a reposar un rato. En ese momento entra Asun en la cabina y
al mirar hacia arriba ve que María ya está dormida junto a su osito, y Héctor
está en la cama de abajo con los ojos cerrados)
Asun: (hablando en voz baja)
¿Duermes...?
Héctor: (abre los ojos) No,
tranquila, pero ella está como un tronco...
Asun: Ya, ya lo veo... ¿me haces
un sitio...?
(Aunque la cama es un poco
estrecha, Héctor se aparta un poco hacia la pared para dejarle sitio a Asun,
que se acomoda junto a él)
Héctor: (abraza a Asun con una
sonrisa) ¿Y tú qué tal estás... cansada?
Asun: (sintiéndose a gusto) No,
estoy bien... aunque el viaje es largo...
Héctor: (besándola con ternura)
Ya lo sé, mi vida, pero lo vamos a pasar estupendamente, ya verás cuando
lleguemos a Cádiz, y no te digo nada cuando cojamos el barco, eso si que va a
ser una experiencia...
Asun: (con una sonrisa) Me lo
imagino... ¡tengo unas ganas...! y sobre todo tengo ganas de bañarme en el
mar... me acuerdo cuando mis padres se fueron a Alicante aquella vez y vinieron
contando maravillas...
Héctor: Sí, la verdad es que la
primera vez que ves el mar impresiona bastante y no te va a decepcionar, estoy
seguro...
Asun: (mirando a su marido con
cariño y acariciándole) Te quiero... ¿lo sabes, verdad...?
Héctor: Sí, lo sé, mi amor...
(vuelve a besarla)
(El viaje transcurre sin novedad
y tras haber pasado la noche en el tren, llegan a Cádiz a primera hora del día
siguiente. Allí en la estación cogen un taxi para llegar al hotel, y tras dejar
las maletas en la habitación, pasan el día fuera visitando la ciudad, comiendo,
paseando, etc.)
(Al día siguiente, Asun, Héctor y
su hija cogen un autobús de línea para desplazarse a los pueblos costeros más
típicos de la zona, para pasar el día en la playa y tomar pescadito en el
puerto. El tiempo no es del todo malo, aunque tampoco hace para bañarse, claro,
por lo que la familia Perea se dedican a dar paseos por la arena, mirando el
mar pero sin meterse en el agua, y bien provistos de chaquetas. Asun disfruta
impresionada viendo como rompen las olas desde el malecón)
María: (señalando una ola) ¡Papá,
papá, mira...!
Héctor: Si, princesita, esa era
bien grande, eh...? (mira a Asun) ¿te gusta, cariño...?
Asun: Mucho... es impresionante
la fuerza que tienen...
Héctor: Pues ya verás cuando
lleguemos a Tenerife y nos podamos bañar...
(Un día más tarde, la familia
Perea tras dejar el hotel, emprende el camino hacia el puerto para coger el
barco que les llevará a la isla de Tenerife).
(Una vez instalados en el
camarote del barco, y tras comer algo, pasan la tarde entretenidos entablando
conversación con otra familia que también viajan a la isla. Héctor aprovecha
además para que les hagan una foto de la familia al completo para tener un
bonito recuerdo de su viaje en barco)
(Ya al atardecer, y sin perder de
vista a María que no ha parado de dar vueltas queriendo explorar todos los
rincones del barco, Asun y Héctor se dirigen a la cubierta superior para ver la
puesta de sol. Asun coge a María en brazos y juntos los tres se preparan para
ser testigos del bonito espectáculo)
María: (señalando) ¡Ya no está...
se fue...!
Asun: Sí, cariño, el sol se ha
escondido hasta mañana, se ha ido a dormir, dile adiós... así con la mano...
adiós, adiós sol...
María: (repite agitando su
manita) ¡Adiós sol...!
Héctor: (haciendo fotos de la
preciosa estampa, con su mujer y su hija) Así, así, cariño... mira a papá,
aquí...
María: ¡Hola, papá...!
(Una vez que el sol ha
desaparecido, el cielo empieza poco a poco a oscurecerse. Asun y Héctor se
quedan un momento disfrutando del paisaje a medida que el barco avanza por el
océano, mientras María está agarrada en la barandilla sin dejar de mirar el
agua)
Asun: Es una maravilla, verdad,
cariño...?
Héctor: Y que lo digas... espero
que me hayan salido bien las fotos...
Asun: Seguro, te han tenido que
quedar estupendas...
Héctor: (sonriendo) Si, sobre
todo teniendo en cuenta la belleza de las modelos que han posado para mí...
Asun: (riéndose) ¡Que cosas
dices...!
Héctor: Es verdad... mis dos mujeres,
que cada día que pasa están más guapas... (pone sus manos en el vientre de
Asun) y muy pronto vendrá un varón para compensar...
Asun: ¿Y por qué estás tan seguro
de que vendrá un niño...?
Héctor: No lo sé... será el
olfato de sabueso...
Asun: (acariciándole divertida)
¡Que bobo eres...! pero ya sabes que no depende sólo de mí... de hecho, el sexo
del bebé lo decidís vosotros...
Héctor: (besando a Asun) Lo sé...
y espero haberlo hecho bien... y sino, pues lo volveremos a intentar...
Asun: (sonriendo) Calla, anda,
calla, que eres un granuja... y vámonos para adentro que empiezo a tener
frío...
Héctor: Está bien... vamos a ver
que nos dan de cenar... pero prométeme que lo pensarás...
Asun: (divertida) ¡Que pesadito
eres...! aún no ha nacido este y ya estás pensando en el siguiente... vamos a
aprovechar un poco de nosotros, ahora nos toca disfrutar...
Héctor: Tienes razón, porque
luego con dos críos al retortero habrá mucha más faena que hacer...
Asun: Pues por eso lo digo...
(susurrando) de todas formas y hablando de faenas podemos discutirlo luego con
calma en el camarote, si te parece...
Héctor: (sonriendo divertido) Sí,
me parece... (la roba otro beso) vamos...
(Héctor coge a María de la mano y
se meten al interior del barco en dirección al restaurante)
(Unos días más tarde, ya vemos
que Héctor y Asun están instalados en Tenerife. Asun está encantada, su primera
experiencia de ver el mar ha sido fantástica, y está loca de contenta por
poderse bañar aún estando en Marzo, y eso es precisamente lo bueno que tiene
Canarias, su clima tropical que permite una buena temperatura durante todo el
año).
(Una tarde, Asun está tomando el
sol en la orilla de la playa, mientras Héctor está jugando con María saltando
las olas).
Héctor: (coge a la niña sobre sus
hombros) ¡Vamos allá...!
(Héctor y María se mojan de lo
lindo intentando esquivar una ola)
María: (partida de risa) ¡Ota
ve... ota ve, papá...!
(Héctor vuelve a repetir el
juego, y luego coge a María en brazos y la sube hacia arriba dando vueltas y
vueltas con ella. Asun les observa entre risas desde la orilla y tomando fotos
de ambos para poder recordar en Madrid esos felices momentos a su vuelta)
(Después, Héctor va a buscar a
Asun para darse un baño con ella, dejando a María en el borde de la playa con
el cubo y la pala para empezar a construir un castillo)
Héctor: ¡Asun, cariño, vente
conmigo que el agua está buenísima...!
(Asun se quita el pareo y se
levanta de la toalla, siguiendo a Héctor hasta el agua)
Héctor: Oye, ¿sabes que ese
bikini te sienta como un guante...?
Asun: Por eso me lo compré... y
aún me lo puedo poner antes de que me crezca más la barriga...
Héctor: (con una sonrisa pícara)
Tú estás preciosa siempre, con barriga, sin barriga, con bikini o sin él...
Asun: (le salpica con el agua)
¡Que descarado eres... siempre estás igual...!
Héctor: (sigue el juego) Ah, con
que esas tenemos, eh...? ¡pues ahora verás...!
(Héctor coge a su mujer en
brazos, la levanta dándole vueltas en el aire y la deja caer en el agua. Asun
se parte de risa y juntos siguen un rato más jugando en el agua, mientras
comparten abrazos y algún que otro beso furtivo)
(Después, Asun vuelve a la toalla
y Héctor se queda con María terminando el castillo que ha empezado)
(La familia Perea ha pasado unos
días inolvidables en Tenerife, haciendo excursiones por la mañana, comiendo en
el puerto y bañándose en la playa por las tardes. Una de sus últimas noches en
la isla, Héctor y Asun están en la gran habitación del hotel que han reservado,
donde María hace rato que duerme como un angelito en el sofá cama de la salita
anexa a la habitación. Asun está sentada con su bata y su camisón frente a la
mesita auxiliar, leyendo un libro. Héctor ya se ha metido en la cama y la
observa).
Héctor: (desde la cama) Asun,
cariño, ¿vas a tardar mucho...? es que ya sabes que si no estás aquí conmigo en
la cama no me puedo dormir...
Asun: Ya, ya lo sé... enseguida
termino, y tú también sabes que a mí me gusta leer todas las noches al menos un
capítulo, y es que este libro está tan interesante...
Héctor: (socarrón) Seguro que no
más interesante que yo...
Asun: (mirándole divertida) ¡Mira
que eres tonto...! pero está bien, tú ganas...
(Asun se levanta, se quita la
bata y se va un momento al cuarto de baño a buscar su crema hidratante que
siempre se pone antes de irse a dormir)
Asun: (sentándose en el borde de
la cama) ¿Ves como en el fondo siempre te hago caso...? para que luego te
quejes...
Héctor: (acomodándose junto a
Asun en la cama) Mmm... así está mucho mejor...
(Asun empieza a untarse la crema
por las piernas y los brazos, mientras Héctor no deja de observarla)
Asun: (divertida) ¿Se puede saber
qué estás mirando...?
Héctor: A ti... siempre me ha
gustado esta crema... (se acerca a oler sus hombros) mmm... hueles tan bien...
Asun: ¿Me ayudas con la espalda...?
Héctor: Claro... (Héctor coge el
tarro de crema y empieza a untársela a Asun por la espalda) oye, ahora que me
estoy fijando, este camisón es nuevo, ¿no...?
Asun: (sonriente, le da un beso)
Sí... es otra de mis adquisiciones en las rebajas... ¿te gusta...?
Héctor: (lo toca) Mucho... es muy
bonito... es de seda...
Asun: (picarona) ¿Y a qué estás
esperando para quitármelo...?
(Héctor mira divertido a su
mujer, deja el tarro de crema sobre la mesilla, y desliza sus manos por el
borde del camisón para subírselo hacia arriba. Asun se deja caer en la cama
partida de risa con sus brazos estirados para facilitar la labor)
Héctor: (sorprendido) Pero... ¡si
no llevas nada debajo...!
Asun: (entre risas) Lo sé... pero
es que tenía tanto calor...
Héctor: (recorriendo el cuerpo ya
desnudo de Asun con sus besos) Mmm... yo también estoy empezando a tener mucho
calor...
Asun: (sonriente) Luego nos damos
una ducha juntos...
Héctor: (sonriente) No me lo
digas dos veces...
(Héctor sigue acariciando y
besando suavemente las curvas del cuerpo de su mujer, disfrutando ambos de una
experiencia realmente gratificante y excitante. Ambos experimentan un gran
momento de pasión, haciéndose el amor primero en la cama y posteriormente de
nuevo en la ducha, jugando con el agua y el jabón).
(Un par de horas después, Héctor
y Asun han salido del baño con los albornoces puestos y se quedan sentados en
la cama, apoyados sobre los almohadones y mirándose embelesados y emocionados
con sus manos entrelazadas)
Héctor: (haciéndole una tierna
caricia) ¿Cómo estás...?
Asun: (le aprieta la mano
sonriente) De maravilla... ha sido divertido, eh...? y apasionado... y
especial... gracias...
Héctor: Gracias a ti... mi
niña...
Asun: (sonriente) Aunque
definitivamente creo que hemos cometido algunos excesos esta noche...
Héctor: (divertido) La culpa es
tuya, cariño... que me vuelves completamente loco...
Asun: (suspira) Hago lo que
puedo... me gusta mantener viva la llama...
Héctor: Y lo consigues... doy fe
de ello, te lo aseguro... (le da un beso) ¿sabes que cada día estás más
preciosa...?
Asun: (haciéndole una caricia) No
seas zalamero, anda... por mucho que lo intentes no vas a conseguir que
volvamos a empezar...
Héctor: Lo sé... y tampoco lo
pretendía... sólo quiero quedarme así contigo el resto de la noche... abrazado
a ti...
Asun: (suspira emocionada) Me
gusta seguir pareciéndote atractiva... a pesar de que los años van pasando...
(se mira y se toca la barriga) y de los cambios que va experimentando mi
cuerpo...
Héctor: (emocionado) ¿Estás de
broma...? (acaricia la incipiente barriga de Asun) son precisamente esos
pequeños cambios los que aumentan tu atractivo natural... y los que me hacen
disfrutar cada día... y los que me hacen sentirme enamorado de ti como un
chaval de quince años...
Asun: (emocionada por las
palabras de Héctor) Es muy bonito eso que dices... ¿de verdad te sientes como
un adolescente...?
Héctor: Cada año que cumples tú
hacia delante, es como si yo lo cumpliera hacia atrás, contigo me siento
rejuvenecer... te quiero tanto...
Asun: (muy emocionada, le da un
amoroso beso) Yo también te quiero... mucho... muchísimo... ven... abrázate a
mí... así...
(Héctor se abraza a Asun y los
dos duermen así el resto de la noche hasta que María los despierta subiéndose a
la cama a la mañana siguiente).
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