viernes, 16 de noviembre de 2012

Capítulo 6: Luna de miel de Asun y Héctor (Marzo de 1961)


(Un par de días después, la familia Perea emprende su viaje en tren hacia tierras gaditanas. Se trata de un viaje largo por lo que Héctor decidió reservar una cabina en el coche cama con literas para que María fuera más cómoda y pudiera dormir a gusto. Unas horas después de haber iniciado su viaje, Asun y Héctor están en el vagón restaurante, terminando de comer. A María le han pedido una tortilla francesa y un poco de jamón para que se vaya acostumbrando a comer como las personas mayores)

Héctor: (terminando su café y su cigarrillo) ¿Qué tal habéis comido, chicas...?
Asun: Muy bien, cariño...
María: Muy bien, papi...
Asun: Y ahora como una buena niña te vas a dormir una bonita siesta...
María: (protesta) No quiero...
Héctor: Uy, sí, claro que quieres... por supuesto que quieres... y además yo mismo te voy a llevar a la cama...
María: (se resiste) Quiero jugar...
Asun: María, cariño, no hagas que me enfade, eh...? tienes que dormir un ratito que el viaje es muy largo... y luego te pones a jugar con el osito y la muñeca que has traído, vale...?
Héctor: Déjame a mí, que ya me ocupo... María, cariño, ven con papá... (coge a María de la mano y se la lleva caminando por el pasillo)
(Asun se queda tomándose una manzanilla mientras Héctor se lleva a María a la cabina)
Héctor: Vamos a hacer una cosa, yo también me voy a dormir... (abre la boca y empieza a bostezar para mostrarle a María que también tiene sueño) a ver, ¿qué cama prefieres...?
María: (señalando la de arriba) Esa...
 
Héctor: Muy bien, pues yo me pondré en la de abajo entonces... (sube a María a la cama de arriba) ¿quieres el osito...?
María: Sí...
(Héctor coge el osito de la bolsa de viaje y se lo pone a María a su lado para que lo coja mientras duerme)
Héctor: Y ahora, a dormir, mi princesa...
(Héctor dedica unos cuantos minutos a dormir a su hija, y cuando comprueba que ya se ha dormido, se tumba en la cama de abajo a reposar un rato. En ese momento entra Asun en la cabina y al mirar hacia arriba ve que María ya está dormida junto a su osito, y Héctor está en la cama de abajo con los ojos cerrados)
Asun: (hablando en voz baja) ¿Duermes...?
Héctor: (abre los ojos) No, tranquila, pero ella está como un tronco...
Asun: Ya, ya lo veo... ¿me haces un sitio...?
(Aunque la cama es un poco estrecha, Héctor se aparta un poco hacia la pared para dejarle sitio a Asun, que se acomoda junto a él)
 
Héctor: (abraza a Asun con una sonrisa) ¿Y tú qué tal estás... cansada?
Asun: (sintiéndose a gusto) No, estoy bien... aunque el viaje es largo...
Héctor: (besándola con ternura) Ya lo sé, mi vida, pero lo vamos a pasar estupendamente, ya verás cuando lleguemos a Cádiz, y no te digo nada cuando cojamos el barco, eso si que va a ser una experiencia...
Asun: (con una sonrisa) Me lo imagino... ¡tengo unas ganas...! y sobre todo tengo ganas de bañarme en el mar... me acuerdo cuando mis padres se fueron a Alicante aquella vez y vinieron contando maravillas...
Héctor: Sí, la verdad es que la primera vez que ves el mar impresiona bastante y no te va a decepcionar, estoy seguro...
Asun: (mirando a su marido con cariño y acariciándole) Te quiero... ¿lo sabes, verdad...?
Héctor: Sí, lo sé, mi amor... (vuelve a besarla)

(El viaje transcurre sin novedad y tras haber pasado la noche en el tren, llegan a Cádiz a primera hora del día siguiente. Allí en la estación cogen un taxi para llegar al hotel, y tras dejar las maletas en la habitación, pasan el día fuera visitando la ciudad, comiendo, paseando, etc.)

(Al día siguiente, Asun, Héctor y su hija cogen un autobús de línea para desplazarse a los pueblos costeros más típicos de la zona, para pasar el día en la playa y tomar pescadito en el puerto. El tiempo no es del todo malo, aunque tampoco hace para bañarse, claro, por lo que la familia Perea se dedican a dar paseos por la arena, mirando el mar pero sin meterse en el agua, y bien provistos de chaquetas. Asun disfruta impresionada viendo como rompen las olas desde el malecón)
 
María: (señalando una ola) ¡Papá, papá, mira...!
Héctor: Si, princesita, esa era bien grande, eh...? (mira a Asun) ¿te gusta, cariño...?
Asun: Mucho... es impresionante la fuerza que tienen...
Héctor: Pues ya verás cuando lleguemos a Tenerife y nos podamos bañar...

(Un día más tarde, la familia Perea tras dejar el hotel, emprende el camino hacia el puerto para coger el barco que les llevará a la isla de Tenerife).

(Una vez instalados en el camarote del barco, y tras comer algo, pasan la tarde entretenidos entablando conversación con otra familia que también viajan a la isla. Héctor aprovecha además para que les hagan una foto de la familia al completo para tener un bonito recuerdo de su viaje en barco)

(Ya al atardecer, y sin perder de vista a María que no ha parado de dar vueltas queriendo explorar todos los rincones del barco, Asun y Héctor se dirigen a la cubierta superior para ver la puesta de sol. Asun coge a María en brazos y juntos los tres se preparan para ser testigos del bonito espectáculo)
 
María: (señalando) ¡Ya no está... se fue...!
Asun: Sí, cariño, el sol se ha escondido hasta mañana, se ha ido a dormir, dile adiós... así con la mano... adiós, adiós sol...
María: (repite agitando su manita) ¡Adiós sol...!
Héctor: (haciendo fotos de la preciosa estampa, con su mujer y su hija) Así, así, cariño... mira a papá, aquí...
María: ¡Hola, papá...!

(Una vez que el sol ha desaparecido, el cielo empieza poco a poco a oscurecerse. Asun y Héctor se quedan un momento disfrutando del paisaje a medida que el barco avanza por el océano, mientras María está agarrada en la barandilla sin dejar de mirar el agua)

Asun: Es una maravilla, verdad, cariño...?
Héctor: Y que lo digas... espero que me hayan salido bien las fotos...
Asun: Seguro, te han tenido que quedar estupendas...
Héctor: (sonriendo) Si, sobre todo teniendo en cuenta la belleza de las modelos que han posado para mí...
Asun: (riéndose) ¡Que cosas dices...!
Héctor: Es verdad... mis dos mujeres, que cada día que pasa están más guapas... (pone sus manos en el vientre de Asun) y muy pronto vendrá un varón para compensar...
Asun: ¿Y por qué estás tan seguro de que vendrá un niño...?
Héctor: No lo sé... será el olfato de sabueso...
Asun: (acariciándole divertida) ¡Que bobo eres...! pero ya sabes que no depende sólo de mí... de hecho, el sexo del bebé lo decidís vosotros...
Héctor: (besando a Asun) Lo sé... y espero haberlo hecho bien... y sino, pues lo volveremos a intentar...
 
Asun: (sonriendo) Calla, anda, calla, que eres un granuja... y vámonos para adentro que empiezo a tener frío...
Héctor: Está bien... vamos a ver que nos dan de cenar... pero prométeme que lo pensarás...
Asun: (divertida) ¡Que pesadito eres...! aún no ha nacido este y ya estás pensando en el siguiente... vamos a aprovechar un poco de nosotros, ahora nos toca disfrutar...
Héctor: Tienes razón, porque luego con dos críos al retortero habrá mucha más faena que hacer...
Asun: Pues por eso lo digo... (susurrando) de todas formas y hablando de faenas podemos discutirlo luego con calma en el camarote, si te parece...
Héctor: (sonriendo divertido) Sí, me parece... (la roba otro beso) vamos...
(Héctor coge a María de la mano y se meten al interior del barco en dirección al restaurante)

(Unos días más tarde, ya vemos que Héctor y Asun están instalados en Tenerife. Asun está encantada, su primera experiencia de ver el mar ha sido fantástica, y está loca de contenta por poderse bañar aún estando en Marzo, y eso es precisamente lo bueno que tiene Canarias, su clima tropical que permite una buena temperatura durante todo el año).

(Una tarde, Asun está tomando el sol en la orilla de la playa, mientras Héctor está jugando con María saltando las olas).
 
Héctor: (coge a la niña sobre sus hombros) ¡Vamos allá...!
(Héctor y María se mojan de lo lindo intentando esquivar una ola)
María: (partida de risa) ¡Ota ve... ota ve, papá...!
(Héctor vuelve a repetir el juego, y luego coge a María en brazos y la sube hacia arriba dando vueltas y vueltas con ella. Asun les observa entre risas desde la orilla y tomando fotos de ambos para poder recordar en Madrid esos felices momentos a su vuelta)

(Después, Héctor va a buscar a Asun para darse un baño con ella, dejando a María en el borde de la playa con el cubo y la pala para empezar a construir un castillo)
Héctor: ¡Asun, cariño, vente conmigo que el agua está buenísima...!
(Asun se quita el pareo y se levanta de la toalla, siguiendo a Héctor hasta el agua)
Héctor: Oye, ¿sabes que ese bikini te sienta como un guante...?
Asun: Por eso me lo compré... y aún me lo puedo poner antes de que me crezca más la barriga...
Héctor: (con una sonrisa pícara) Tú estás preciosa siempre, con barriga, sin barriga, con bikini o sin él...
 
Asun: (le salpica con el agua) ¡Que descarado eres... siempre estás igual...!
Héctor: (sigue el juego) Ah, con que esas tenemos, eh...? ¡pues ahora verás...!
(Héctor coge a su mujer en brazos, la levanta dándole vueltas en el aire y la deja caer en el agua. Asun se parte de risa y juntos siguen un rato más jugando en el agua, mientras comparten abrazos y algún que otro beso furtivo)
(Después, Asun vuelve a la toalla y Héctor se queda con María terminando el castillo que ha empezado)

(La familia Perea ha pasado unos días inolvidables en Tenerife, haciendo excursiones por la mañana, comiendo en el puerto y bañándose en la playa por las tardes. Una de sus últimas noches en la isla, Héctor y Asun están en la gran habitación del hotel que han reservado, donde María hace rato que duerme como un angelito en el sofá cama de la salita anexa a la habitación. Asun está sentada con su bata y su camisón frente a la mesita auxiliar, leyendo un libro. Héctor ya se ha metido en la cama y la observa).

Héctor: (desde la cama) Asun, cariño, ¿vas a tardar mucho...? es que ya sabes que si no estás aquí conmigo en la cama no me puedo dormir...
Asun: Ya, ya lo sé... enseguida termino, y tú también sabes que a mí me gusta leer todas las noches al menos un capítulo, y es que este libro está tan interesante...
Héctor: (socarrón) Seguro que no más interesante que yo...
Asun: (mirándole divertida) ¡Mira que eres tonto...! pero está bien, tú ganas...
(Asun se levanta, se quita la bata y se va un momento al cuarto de baño a buscar su crema hidratante que siempre se pone antes de irse a dormir)
Asun: (sentándose en el borde de la cama) ¿Ves como en el fondo siempre te hago caso...? para que luego te quejes...
Héctor: (acomodándose junto a Asun en la cama) Mmm... así está mucho mejor...
 
(Asun empieza a untarse la crema por las piernas y los brazos, mientras Héctor no deja de observarla)
Asun: (divertida) ¿Se puede saber qué estás mirando...?
Héctor: A ti... siempre me ha gustado esta crema... (se acerca a oler sus hombros) mmm... hueles tan bien...
Asun: ¿Me ayudas con la espalda...?
Héctor: Claro... (Héctor coge el tarro de crema y empieza a untársela a Asun por la espalda) oye, ahora que me estoy fijando, este camisón es nuevo, ¿no...?
Asun: (sonriente, le da un beso) Sí... es otra de mis adquisiciones en las rebajas... ¿te gusta...?
Héctor: (lo toca) Mucho... es muy bonito... es de seda...
Asun: (picarona) ¿Y a qué estás esperando para quitármelo...?
(Héctor mira divertido a su mujer, deja el tarro de crema sobre la mesilla, y desliza sus manos por el borde del camisón para subírselo hacia arriba. Asun se deja caer en la cama partida de risa con sus brazos estirados para facilitar la labor)
 
Héctor: (sorprendido) Pero... ¡si no llevas nada debajo...!
Asun: (entre risas) Lo sé... pero es que tenía tanto calor...
Héctor: (recorriendo el cuerpo ya desnudo de Asun con sus besos) Mmm... yo también estoy empezando a tener mucho calor...
Asun: (sonriente) Luego nos damos una ducha juntos...
Héctor: (sonriente) No me lo digas dos veces...
(Héctor sigue acariciando y besando suavemente las curvas del cuerpo de su mujer, disfrutando ambos de una experiencia realmente gratificante y excitante. Ambos experimentan un gran momento de pasión, haciéndose el amor primero en la cama y posteriormente de nuevo en la ducha, jugando con el agua y el jabón).

(Un par de horas después, Héctor y Asun han salido del baño con los albornoces puestos y se quedan sentados en la cama, apoyados sobre los almohadones y mirándose embelesados y emocionados con sus manos entrelazadas)

Héctor: (haciéndole una tierna caricia) ¿Cómo estás...?
Asun: (le aprieta la mano sonriente) De maravilla... ha sido divertido, eh...? y apasionado... y especial... gracias...
Héctor: Gracias a ti... mi niña...
Asun: (sonriente) Aunque definitivamente creo que hemos cometido algunos excesos esta noche...
Héctor: (divertido) La culpa es tuya, cariño... que me vuelves completamente loco...
Asun: (suspira) Hago lo que puedo... me gusta mantener viva la llama...
Héctor: Y lo consigues... doy fe de ello, te lo aseguro... (le da un beso) ¿sabes que cada día estás más preciosa...?
Asun: (haciéndole una caricia) No seas zalamero, anda... por mucho que lo intentes no vas a conseguir que volvamos a empezar...
Héctor: Lo sé... y tampoco lo pretendía... sólo quiero quedarme así contigo el resto de la noche... abrazado a ti...
 
Asun: (suspira emocionada) Me gusta seguir pareciéndote atractiva... a pesar de que los años van pasando... (se mira y se toca la barriga) y de los cambios que va experimentando mi cuerpo...
Héctor: (emocionado) ¿Estás de broma...? (acaricia la incipiente barriga de Asun) son precisamente esos pequeños cambios los que aumentan tu atractivo natural... y los que me hacen disfrutar cada día... y los que me hacen sentirme enamorado de ti como un chaval de quince años...
Asun: (emocionada por las palabras de Héctor) Es muy bonito eso que dices... ¿de verdad te sientes como un adolescente...?
Héctor: Cada año que cumples tú hacia delante, es como si yo lo cumpliera hacia atrás, contigo me siento rejuvenecer... te quiero tanto...
Asun: (muy emocionada, le da un amoroso beso) Yo también te quiero... mucho... muchísimo... ven... abrázate a mí... así...
(Héctor se abraza a Asun y los dos duermen así el resto de la noche hasta que María los despierta subiéndose a la cama a la mañana siguiente).

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