viernes, 16 de noviembre de 2012

Capítulo 30: Semana Santa en Valdemorillo (Abril de 1964)


(Llega el mes de Abril y con él la Semana Santa. Este año Héctor y Asun han decidido hacer una escapada al pueblo un par de días ya que Felisa y Trino van a ir a ver la procesión que el párroco de Valdemorillo organiza todos los años por las calles del pueblo. Felisa hace muchos años que no va a su pueblo en estas fechas y este año ha convencido a Trino para que le acompañe, ya que además por primera vez la pequeña Irene desfilará como capuchón. Irene está muy ilusionada y considera el participar en la procesión de forma activa como algo importante dentro de la catequesis a la que asiste todas las semanas como preparación para su Primera Comunión que se celebrará el próximo mes de Mayo en la misma parroquia de Valdemorillo. Héctor y Asun han decidido unirse a ellos el Viernes Santo para que María y Daniel conozcan el pueblo y vean la procesión. Además María está muy contenta porque ha conseguido que Aurelia y Gustavo dejen a Clara irse con ellos también el fin de semana. De este modo, Felisa y Trino cogen el autobús de línea para irse a Valdemorillo el día anterior, el Jueves Santo, y así ir preparando la casa. Héctor y Asun irán al día siguiente con el coche, llevándose consigo a toda la tropa de niños: a María, Clara, Daniel e Irene)

(Ya en el pueblo, Héctor y Asun se instalan en la casa. Felisa les ha preparado el dormitorio de arriba, mientras que ellos dormirán abajo. Además Felisa se ha encargado de tirar unos cuantos colchones por el suelo y habilitar así una habitación para todos los niños. A los críos les parece una nueva experiencia muy divertida ya que nunca habían dormido en el suelo y además dormirán todos juntos en la misma habitación, por lo que podrán hablar también de sus cosas y comentar las experiencias que van a vivir en este fin de semana).

(La tarde del Viernes, Felisa acude a la iglesia para ayudar al párroco a ultimar los preparativos de la procesión e Irene ensaya como debe ir dando los pasos por las calles del pueblo para ir al ritmo de los tambores y las trompetas. Mientras tanto, en casa, Asun prepara una gran merienda para todos los niños. Hace bastante frío este año, y las nieves de la sierra de este invierno aún permanecen a pesar de que la primavera ha entrado con fuerza y la Semana Santa ha caído bastante tarde en esta ocasión. Asun prepara una gran jarra de chocolate caliente y café para ella y Héctor, y también saca las torrijas que su madre ha dejado mojadas en leche el día anterior para que estén blandas y jugosas)

Asun: Venga, niños, a merendar, que a las 8 empieza la procesión y tenemos que coger un buen sitio en la plaza...
María: ¿Y podremos ver bien a Irene...?
Asun: Claro, cariño, intentaremos estar en primera fila, sobre todo vosotros que sois pequeños y podéis colocaros ahí sin molestar a los de atrás...
María: Pero Irene va disfrazada...
Héctor: No es exactamente un disfraz, princesa... ella va vestida de capuchón, de color morado, que es el color de la Semana Santa, acompañando uno de los pasos que sacan de la iglesia en procesión... Irene llevará una vela en la mano... y podemos hacer un juego si queréis, como todos los capuchones que desfilan son prácticamente iguales, a ver si conseguís averiguar quien es Irene de todos ellos, ¿de acuerdo...?
Clara: ¡Sí, vale, tío Héctor...!
Dani: ¿La pima lleva la cara tapada...?
Héctor: Sí, tesoro... por  eso es un poco más difícil reconocerla, pero a ver si entre todos lo conseguís y así la saludamos cuando pase por delante de nosotros...
María: Seguro que sí, porque nosotras somos muy listas...
Asun: Eso por supuesto, cariño, y a ver si sabéis decirme cuantos de ellos son chicas y cuántos chicos...
Clara: ¿También desfilan niños...?
Asun: Sí, también... los niños que viven en el pueblo y los alrededores... ¿quieres un café, cariño...?
Héctor: Sí, por favor, así entraré un poco en calor... (frotándose las manos) ¡porque hace un frío en esta casa...! ¡buff...!
Asun: Sí, es que la cocina es uno de los sitios más fríos... pero vamos para el salón que allí está encendida la chimenea y estaremos más a gusto...
(Asun coge la bandeja y entre ella, María y Clara llevan las tazas para el chocolate y los platos para las torrijas)

(Cuando acaban de merendar, todos se preparan para ir a la Plaza Mayor a coger sitio para ver la procesión)
Asun: A ver, chicos, abrigaros bien, que fuera hace mucho frío, y vamos a estar por lo menos un par de horas de pie...
Héctor: Me temo que nos vamos a quedar pajaritos, cielo...
Asun: Bueno, hombre, para eso tengo yo aquí las bufandas y guantes para todos... ¡hala, vámonos...!
(Todos salen por la puerta y avanzan por la calle en dirección a la plaza, donde poco a poco la gente va llegando también a coger su sitio. Asun se reúne allí con otras mujeres del pueblo a las que conoce porque son amigas y conocidas de su madre, y aprovecha para presentarles a su marido y a sus hijos)

(Durante la procesión, María y Clara se vuelven locas intentando adivinar quien es Irene de todos los capuchones que ven pasar. Héctor tiene a Dani subido en sus hombros para que pueda ver mejor los pasos, mientras las niñas se entretienen contando a todos los que desfilan, comprobando cuantos son chicos y cuantas chicas para decírselo después a Héctor. Algunos llevan gafas, otros van tocando el tambor o la trompeta. Cuando ven llegar un grupo de capuchones con velas en sus manos, Clara y María ponen más atención porque creen que en ese grupo debe ir Irene)

Héctor: ¿Has visto, Dani...? ¡mira que bonito...!
Dani: ¡Que gande...!
Héctor: Sí... es muy grande y muy alto... y hay mucha gente... y mira... por ahí viene tu prima...
María: ¡Mira, Clara, por ahí vienen...!
Clara: Sí, seguro que ahí tiene que estar Irene...
María: (mira al suelo y ve una niña andando despacito con unas zapatillas que le suenan) ¡Mira, mira, ahí está... esas son las zapatillas de Irene...!
Clara: ¿Estás segura...?
María: ¡Que sí, que sí...! ¡Irene... hola...!
Clara: ¡Hola, Irene...!
(Irene y el resto de los capuchones de su grupo pasan por delante de la fila donde están Clara y María pero sin detenerse a saludar)
María: Papi, estoy segura que esa era Irene, pero no ha saludado...
Héctor: Ya lo sé cariño, pero es que ella no puede pararse ni hablar con vosotras, está formando parte de un rito religioso importante, es algo serio y si se pone a saludar a la gente que conoce, el cura la regaña, porque no puede hacerlo...
María: ¡Pues vaya rollo...!
Héctor: Para ti a lo mejor es un rollo, pero Irene estaba muy emocionada por poder desfilar hoy aquí, y estoy seguro que ella también te ha visto aunque no haya podido saludar... ahora cuando acabe vamos todos para casa y se lo preguntas...

(La procesión termina y todos vuelven a casa muertos de frío. Allí Irene se dedica a responder a todas las preguntas de sus primas)
María: ¿Y tú podías ver algo con esos dos agujeros en la sábana...? ¡parecías un fantasma...!
Irene: Pues claro que sí, María, aunque es de noche, pero el camino está iluminado con las velas y las farolas, y yo sólo tenía que ir siguiendo al de delante...
Clara: ¿Y tú nos has visto a nosotras cómo te saludábamos...?
Irene: Sí, sí que os he visto, pero no podía deciros nada, no me dejan... yo tenía que ir muy concentrada y pendiente de mi vela para que no se fuera al suelo, y además tenía que ir contando los pasos para no perderme al ritmo de los tambores...
María: Tiene que ser muy difícil eso, ¿no...? ¿estabas nerviosa...?
Irene: Un poco... pero al final todo ha salido bien...
Clara: Yo he estado contando y había más niñas que niños...
Irene: Sí, es verdad... en los ensayos que hemos hecho esta mañana todo salía igual de bien... ¿os ha gustado...?
María y Clara: ¡Síiii...!
Felisa: (dándole un fuerte beso de abuela) ¡Esta es mi niña...! ¡la más guapa de todas...!
Irene: Pero abuela, si todas íbamos vestidas iguales...
Felisa: Sí pero no, tú eres la mejor y no lo digo porque seas mi nieta, sino porque es la verdad...
Héctor: Bueno, chicas, vamos a pensar en poner la mesa para cenar, que mamá está en la cocina acabando de prepararla y huele... ¡mmm...! ¡que alimenta....!
María: Vamos, Clara, cogemos el mantel y las servilletas, y ahora venimos a por los vasos y los platos...
(La familia Perea en bloque se reúne a la mesa para disfrutar de una riquísima cena y tras un rato de charla, las niñas suben a su habitación para ponerse el pijama y pasar un rato allí antes de dormirse. Felisa ha preparado los colchones con los juegos de cama completos y una buena manta para que no pasen frío. Tras despedirse de sus abuelos, y de Asun y Héctor, se van a dormir. Felisa recoge la mesa y friega los platos, ayudada por Asun, mientras Héctor se queda tomándose una copa de anís con Trino en el salón)

(Un rato después y una vez en el dormitorio, Asun y Héctor se meten en la cama)
Asun: ¿Qué te ha parecido la procesión...? ¿bonita, verdad...?
Héctor: Sí, la verdad es que yo no soy muy procesionero que digamos, pero ha sido una nueva experiencia, estar aquí todos en el pueblo, con los niños, que ellos sí que han disfrutado de lo lindo, sobre todo María y Clara que como has visto han cosido a preguntas a Irene... tenían mucha curiosidad por todo...
Asun: Es que María es la primera vez que ve una procesión y si encima su prima estaba formando parte de ella, pues tenía razones para estar interesada...
Héctor: Y por cierto, las torrijas de tu madre, buenísimas... además como sabe que a mí como más me gustan es bañadas en vino, me tenía un plato reservado especialmente para mí... adoro a tu madre, en serio...
Asun: Sí, la verdad es que ella te tiene muy en cuenta... para ella eres una persona muy especial... eres el hombre que ha conseguido hacerme la mujer más feliz del mundo, y eso para una madre es muy importante, me refiero a ver a sus hijos felices... todos los padres desean lo mejor para sus hijos...
Héctor: Sí, lo mismo que deseamos nosotros con los nuestros... pero afortunadamente todavía queda mucho para empezar a preocuparnos por quien hará felices a nuestros hijos cuando sean mayores...
Asun: Tienes razón, hay que disfrutar ahora que son pequeños y tan inocentes... porque luego el tiempo pasa muy deprisa y cuando menos nos demos cuenta María se presentará en casa con algún chico que la gusta...
Héctor: ¡Calla, calla...! ni me lo recuerdes... me entran sudores sólo de pensar en esa posibilidad... mi princesita...
Asun: (riéndose) Sí, pero como ves tu princesita va creciendo cada día, y cada día es más inteligente y despierta... y nos va a empezar a hacer preguntas...
Héctor: ¿Qué tipo de preguntas...?
Asun: Pues por ejemplo, se preguntará porque ella vino con nosotros al viaje de novios... porque nosotros nos casamos después de que ella tuviera 2 años y que yo estuviera embarazada de Dani antes de la boda... no sé, esas cosas, que le producen curiosidad...
Héctor: Bueno... pues si ella pregunta, yo no tengo ningún problema en explicarle... ante todo quiero que mi hija sepa la verdad, y que hay muchas maneras de formar una familia, y que ninguna es mejor ni peor que otra... son diferentes y todas igual de respetables...
Asun: Estoy de acuerdo... y estaremos a su lado cuando llegue el momento... ¡uff, tengo un poco de frío...!
Héctor: Ven... acércate aquí a mi lado que yo te daré calor...
(Asun se acurruca en los brazos de su marido, y éste siente el impulso de empezar a besarla y acariciarla en el hombro y el cuello)
Asun: (divertida) ¡Para, estate quieto, anda...!
Héctor: (emocionado) Es que estás absolutamente preciosa, quiero que lo sepas...
Asun: Sí, tú también estás irresistible mi amor, pero esta noche debemos comportarnos un poco y mantener las formas...
Héctor: ¿Por qué...? no me digas que no te apetece probar algo nuevo... estamos en otro ambiente, otra casa, otra habitación...
Asun: (le acaricia la nariz divertida) ¡Anda que no sabes tú ni nada...! pero sí, tienes razón en una cosa, estamos en otra casa, la casa de mis padres del pueblo... ellos están durmiendo abajo y los niños están en la habitación de enfrente...
Héctor: ¿Y qué...? ya sabes que tú y yo nunca hemos tenido reparos con eso... de hecho podemos ser tan silenciosos que ni se enterarían...
Asun: Ya, ya lo sé... pero hoy es día de Viernes Santo... es una fecha significativa para mi madre, sobre todo... y ella no duerme en toda la noche, de hecho o mucho me equivoco o ya estará rezando el rosario y enseguida se irá a casa de las otras vecinas donde pasan la noche de vigilia todas cosiendo y recitando oraciones... es como una tradición... lo recuerdo desde bien pequeña... ya sé que nosotros no somos muy religiosos ni practicamos los ritos, pero es una fecha especial, como un día de tristeza, de recogimiento... y no sé, me parece mal, como una especie de falta de respeto hacia mi madre y sus creencias, no sé si me entiendes...
Héctor: Perfectamente... (dándole un tierno beso en la mejilla) y no te preocupes que no haremos nada que pueda disgustar a tu madre, ¿de acuerdo...?
Asun: Gracias, me gusta que me entiendas... y te prometo que cuando volvamos en otras fechas a esta casa, probaremos lo que tú quieras...
Héctor: Está bien... tomo nota... ¿y crees que tu madre también se disgustará mucho si dormimos abrazados...?
Asun: Por supuesto que no... eso ni se pregunta...
(Asun y Héctor se abrazan el uno al otro como cada noche dispuestos a dormirse)
Héctor: Buenas noches, que descanses, mi niña...
Asun: Buenas noches, cielo... te quiero...
(Asun le da un delicado beso en los labios a su marido y se acomoda en su pecho)









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