(Transcurren un par de meses,
estamos en Marzo de 1963. La rutina continua en la familia Perea y en la
familia Olavide. De casa al trabajo y del trabajo a casa, las niñas con sus
aventuras en el colegio, y Clara que ya ha cumplido 5 años, y María lo hará el
próximo mes de Mayo. Daniel y Javier cumplirán 2 años en verano y a medida que
se va encontrando más suelto, Dani corretea de lo lindo volviendo loca a su
abuela, que a veces no puede tenerlo vigilado como quisiera y teme que tropiece
y se caiga).
(Asun vuelve del trabajo por la
tarde, como todos los días, pero esta vez se ha retrasado un poco más de la
cuenta y Héctor ya ha llegado a casa)
Asun: (dando un beso a su marido)
¡Hola...! ¡por fin en casa...!
Héctor: (sonriente) ¡Hola...!
¿qué tal el día...?
Asun: Pues bien... como
siempre... sólo que a última hora me ha entretenido un poco Julio, que me
quería comentar una cosa...
Héctor: ¿Algo interesante...?
Asun: Pues verás... (saca de su
bolso dos invitaciones) el próximo Viernes se celebra como cada año la Cena de
Gala de la Asociación de Prensa... y este año es el primero en el que nos
invitan a la revista con nuestro nuevo nombre, el cambio de dueño y todo eso...
y claro, Julio tenía que ir, pero le ha surgido un compromiso ineludible...
Héctor: ¿Y entonces irá el
redactor jefe, no...?
Asun: Pues en principio así
debería ser... pero se ha excusado diciendo que su mujer está enferma y que
tiene que quedarse en casa para atenderla... y Julio el pobre está desesperado
porque se trata de un acontecimiento muy importante para el mundo del
periodismo y nuestra revista no puede faltar a la cita... ¿te acuerdas de
aquella vez que tuve que ir yo y al final me acompañó Jesús Rubín...?
Héctor: (rememorando la escena)
Perfectamente... estabas preciosa... una pena que yo no pudiera acompañarte...
Asun: Pues en esta ocasión sí que
vas a poder venir conmigo... verás, es que Julio me ha pedido a ver si podía ir
yo en representación de la revista, y le he dicho que con una condición... que
sólo iría si conseguía una invitación para que tú vinieras conmigo...
Héctor: ¡Vaya...! ¿y qué ha dicho
el bueno de Julio...?
Asun: Pues no le ha quedado más
remedio que darme dos invitaciones... él sabe que yo no iría sola a ese tipo de
actos... aunque son importantes porque se conoce a mucha gente y se hacen
buenos contactos, y eso nunca viene mal por lo que pueda ocurrir en el
futuro...
Héctor: Y seguro que esa gala
estará llena de aburridos periodistas que no hablan más que de trabajo y de
cómo aumentar las ventas sistemáticamente...
Asun: (abrazando a su marido)
Exacto... por eso quiero que vengas conmigo... para no dormirme de
aburrimiento... (se ríe) no, en serio... te necesito, tú siempre has sido mi
apoyo y no podría compartir esta velada con ninguna otra persona que no sea el
hombre al que más quiero en el mundo...
Héctor: (acariciando y besando a
su mujer) Eso está hecho... por supuesto que iré contigo, cariño... así también
conozco a algunos de tus colegas...
Asun: Claro, estaré encantada de
presentártelos... y seguro que algunos de ellos no son tan aburridos como
crees...
Héctor: A lo mejor incluso hasta
conozco a alguno de mis tiempos de comisario... yo también tenía que hacer
declaraciones ante la prensa sobre algunos de los casos que resolvíamos...
Asun: Es verdad... pues entonces
recordaréis viejos tiempos... no si al final no va a resultar tan engorroso
como pensaba...
Héctor: ¿Hay alguna posibilidad
de que te nombren por fin redactora jefe en alguna de esas galas...?
Asun: No, porque esto es una gala
en la que vienen representados periodistas de todos los periódicos y revistas
nacionales, pero no se entrega ningún premio ni se hace ninguna mención... es
simplemente un encuentro entre compañeros... una velada para charlar y
disfrutar de la cena en buena compañía... además ese tipo de nombramientos se
deberían hacer en alguna cena privada de nuestra revista...
Héctor: Bueno, entonces espero
tener la ocasión de acompañarte a esa cena en un futuro no muy lejano y así
poder presumir de tener a mi lado a la redactora jefe más hermosa del mundo...
Asun: Te agradezco el cumplido,
pero creo que por lo menos pasarán otros dos años antes de eso, porque el otro
día oí comentar a Julio que a nuestro redactor-jefe le quedan un par de años
para el retiro definitivo...
Héctor: Bien... entonces ya
tenemos una fecha... vamos mejorando...
Asun: ¿Y por qué estás tan seguro
que el puesto será para mí...?
Héctor: Yo no tengo ninguna
duda... y seguro que Julio tampoco... tú te mereces ese ascenso por méritos
propios y lo sabes tan bien como yo...
Asun: Ojalá estuviera tan
convencida como tú...
Héctor: El ascenso es tuyo... dalo
por hecho... y te apuesto lo que quieras...
Asun: Bueno, ya lo pensaré cuando
se acerque el momento... pero acepto la apuesta... por cierto, ¿no es un poco
tarde para que María esté todavía en la calle...?
Héctor: Tranquila, mujer...
estará enseñándole a tu hermano y a Estrella sus progresos con la bici, y me
han asegurado que la traerían de regreso a tiempo para el baño y la cena...
Asun: Ah, vale... pues entonces
voy bañando a Dani... ¿puedes calentarle el puré, por favor...?
Héctor: Desde luego... me pongo
con ello...
(Héctor se mete en la cocina y
Asun coge a Dani en brazos y lo lleva a la bañera)
(Un par de días después, ya es
viernes por la noche. Héctor y Asun se preparan para asistir a la Cena de Gala
de la Asociación de Prensa. Han dejado las cenas listas para los niños y los
han bajado a casa de Felisa y Trino para que pasen allí la noche, ya que
seguramente volverán tarde y no quieren despertarlos a la vuelta para subirlos
a casa)
Asun: (poniéndose los pendientes)
¿Me ayudas con el collar, por favor...?
Héctor: Por supuesto... a ver,
déjame...
(Héctor coge el broche del collar
y lo engancha alrededor del cuello de su mujer, aprovechando para darle un
furtivo beso en su desnudo cuello)
Asun: (riéndose divertida) ¡Para,
quieto...! ¡deja eso para después...!
Héctor: (mirándola con picardía)
Es que me han entrado unas ganas de besarte ahí... era una tentación... ese
cuello tan bonito y tan solito... y yo tengo tanta hambre...
Asun: (acariciándole la nariz)
¡Que granuja eres...! ¿qué tal estoy...?
Héctor: (mirándola de arriba
abajo) Preciosa, perfecta... impecable...
Asun: Tú también estás
increíblemente guapo... (le da un amoroso beso) ¿nos vamos...?
Héctor: Nos vamos... vas a
triunfar, vas a ser la sensación de la noche, ya lo verás...
(Héctor y Asun llegan en taxi al
Gran Casino de Madrid, en la C/ Alcalá, en pleno centro de la capital, justo al
lado de la Puerta del Sol, donde se celebra la Gala. Al llegar los diferentes
invitados, el personal asistente recoge las tarjetas y cuelga los abrigos en el
vestidor. Después, Asun y Héctor suben la gran escalinata que preside la
entrada y se dirigen al piso de arriba donde ya algunos invitados están
disfrutando del cóctel inicial)
(Al llegar al salón, uno de los
invitados se acerca a Asun para saludar)
Raúl: ¡Hombre... Asunción...!
¡que sorpresa verte por aquí...! no me esperaba que vinieras...
Asun: Hola, Raúl... yo también me
alegro de verte... si, la verdad es que yo tampoco pensaba venir, pero Julio
tenía un compromiso ineludible y he venido yo en representación...
Raúl: Estás muy elegante... y has
venido en muy buena compañía por lo que veo...
Asun: (mirando a su marido) Te
presento a mi marido, Héctor...
Raúl: (estrechando la mano de
Héctor) Encantado de conocerte...
Héctor: Igualmente...
Raúl: La verdad es que te llevas
una joya de mujer... (dirigiéndose a Asun) ya veo que no has perdido el tiempo,
Asunción, hace varios años que no te veo por aquí, y descubro que te has casado
y además con un hombre muy elegante...
Héctor: Si te soy sincero, la suerte
la tuve yo de que ella se fijara en mí... pero sí, somos muy felices, no te lo
puedo negar...
Raúl: Me alegro mucho... yo es
que admiro mucho a tu mujer, ¿sabes...? siempre tan emprendedora, tan
responsable y tan trabajadora... desde que estaba en “Sucesos” siempre tuvo
claro que el periodismo era lo suyo...
Asun: Es que Raúl es el redactor
jefe del periódico “Crónicas” y le gusta mucho exagerar...
Héctor: Pues yo creo que no
exagera en absoluto, ha dicho cosas que son totalmente ciertas...
Asun: (sonriendo) ¡No, si al
final me vais a sacar los colores entre los dos...!
Héctor: Disculpa cariño, ¿quieres
que te traiga una copa de champagne...?
Asun: (asintiendo) Sí, por
favor...
Héctor: Vale, enseguida vuelvo...
¿quieres tú otra Raúl...?
Raúl: Sí, claro... gracias...
(Héctor se acerca a la mesa donde
están los camareros y pide tres copas de champagne. Mientras espera que le
sirvan, Asun se ha quedado un momento con Raúl)
Raúl: Y cuéntame, ¿cómo te va la
vida...?
Asun: Bueno, pues como ya te he
dicho me he casado y además tenemos 2 hijos, una niña de casi 5 años y un niño
de casi 2 años que crecen cada día...
Raúl: ¡Madre mía...! ¿y cómo
consigues compatibilizar el cuidado de la casa, de los niños con tu trabajo...?
Asun: La verdad es que Héctor me
ayuda mucho, yo sí que he tenido suerte de conocer a un hombre como él... y
luego están mis padres, claro... pero bueno, nos apañamos bastante bien...
Héctor es detective privado y tiene un horario bastante flexible...
Raúl: ¡Vaya...! pues es bueno
saberlo porque a lo mejor necesitamos algún detective para investigar algún
caso complicado del periódico... ¿es bueno...?
Asun: El mejor de todo Madrid...
y no lo digo porque sea mi marido, sino porque es la verdad...
(En ese momento vuelve Héctor con
las copas)
Héctor: Tomad... (brinda)
¡salud...!
Asun: ¡Salud...!
Raúl: ¡Salud...!
Asun: Estábamos hablando de ti...
de tu labor como detective...
Héctor: ¿Y he salido muy mal
parado...?
Raúl: Que va... tu mujer dice que
eres el mejor de esta ciudad... así que viniendo de ella me lo tendré que
creer...
Héctor: (sonriendo) Si ella lo
dice, será verdad... es broma... pero bueno, si quieres comprobarlo, te dejo mi
tarjeta por si necesitas de mis servicios en algún caso para el periódico...
nunca está de más hacerse publicidad y tener trabajo extra, por lo que pueda
venir...
(Héctor le entrega su tarjeta a
Raúl)
Raúl: Gracias... lo tendré en
cuenta... por cierto, venid que os presento a otros compañeros...
Asun: Claro...
Héctor: Vamos...
(Asun y Héctor pasan el resto de
la velada charlando y compartiendo cena y buena compañía con periodistas de
otras publicaciones, con los que pasan un rato muy agradable)
(Al final de la cena, Héctor y
Asun cogen un taxi en dirección a casa. Cuando llegan a la Plaza de los Frutos,
Asun detiene al taxista y le pide que pare. Saca dinero de su bolso y paga la
cuenta y tira del brazo de Héctor para que salga)
Héctor: (asombrado) ¿Pero qué
haces, mujer...? si todavía no habíamos llegado...
Asun: Lo sé... pero me apetece
pasear un rato...
(Asun coge a su marido del brazo
y juntos encaminan la calle en dirección opuesta a la casa)
Asun: ¡Ha sido un éxito...! ¿no
te parece...?
Héctor: Desde luego... lo hemos
pasado muy bien...
Asun: Ha sido muy divertido y
Raúl es majo, ¿verdad...?
Héctor: Sí, se nota que te tiene
una gran admiración... y no me extraña... a las pruebas me remito... por
cierto, ¿adónde me llevas...?
Asun: La noche es joven,
cariño... y además hoy no tenemos niños... quiero pasar un momento por el
despacho...
Héctor: ¿Por el despacho...? pero
si es muy tarde... ¿qué pintamos allí a estas horas...?
Asun: Tú sube conmigo y ahora
verás, quiero comprobar una cosa...
(Héctor y Asun suben la escalera
y Héctor coge el llavero y abre la puerta)
Héctor: Muy bien, pues ya hemos
llegado... pasa y comprueba lo que quieras...
Asun: (misteriosa) Cierra la
puerta, anda... quizá tardemos algo más de la cuenta...
(Asun se quita el abrigo y lo
cuelga en el perchero junto a su bolso y se mete directamente en la habitación
anexa al despacho)
Héctor: ¿Se puede saber qué
buscas ahí dentro...? si yo prácticamente esa habitación ahora apenas la uso...
no habrá más que trastos, un armario con carpetas viejas, una cómoda y una
cama...
Asun: (guiñándole un ojo)
Perfecto... lo único que necesitamos es la cama... lo demás me sobra todo...
¿me ayudas con el vestido...?
Héctor: Pero... ¿se puede saber
qué pretendes...?
Asun: Quiero comprobar si esta
cama sigue siendo igual de cómoda como solía ser... si el escenario y el
ambiente es tan excitante como entonces cuando nos refugiábamos aquí... aunque
creo que esa luz estaba un poquitín más baja...
Héctor: (sonriente) Eso tiene
solución... (Héctor va al interruptor y baja la luz) ¿mejor así...?
Asun: (susurrando) Mucho mejor...
acércate y bésame... despacio, muy despacio...
(Héctor obedece al pie de la
letra lo que su mujer va sugiriéndole)
Héctor: ¿Se siente usted cómoda
señora Perea...?
Asun: (sin dejar de mirarle,
besarle y abrazarle) Definitivamente sí... quiero hacer el amor y sentirte de
nuevo como siempre de esa forma tan especial...
Héctor: (sonriente) Te haré lo
que tú quieras mi amor... no tienes más que pedírmelo...
(Asun y Héctor intercambian
sonrisas de complicidad y poco a poco van envolviéndose en un juego de besos y
caricias sin fin, disfrutando de una nueva experiencia de amor y pasión
desenfrenada mezclada con altas dosis de ternura, cariño y dulzura)
(Un largo rato después, ambos
entrelazan sus manos y se envuelven en un cálido abrazo)
Héctor: ¿Qué, has notado alguna
diferencia con aquellos tiempos...?
Asun: (besándole de nuevo) Aparte
de que cada día que pasa te quiero más, el resto sigue igual... pero me
apetecía volver aquí a recordar algunas cosas...
Héctor: A mí lo que más me gusta
de este sitio es recordar las noches que pasamos aquí, cuando nos ocultábamos del
mundo, de los comentarios absurdos de la gente, y nos dejábamos llevar por la
pasión...
Asun: (sonriendo emocionada) Sí,
y ya podía desaparecer el mundo ahí fuera que nosotros teníamos lo que
necesitábamos... nos teníamos el uno al otro... y eso no ha cambiado... me
acuerdo perfectamente que te quedabas mirándome con esos ojazos durante largo
tiempo... (Héctor sonríe) sí, justo lo que estás haciendo ahora mismo...
Héctor: Y tú me devolvías una
sonrisa que encendía mi corazón... (Asun sonríe tiernamente) sí...
definitivamente esa es la sonrisa que tanto me gusta...
Asun: (juega con su mano,
besándola y acariciándola) Pero no echo de menos aquellos días... porque ahora
tengo mucho más de lo que siempre soñé... un marido atento a mis deseos,
cariñoso, tierno y dulce como la miel y el amor que nos tenemos crece y madura
cada día y es tan fuerte como el roble... a tu lado me siento segura y quiero
seguir aprendiendo contigo cada día durante el resto de mi vida...
Héctor: (besándola) Te amo,
Asun... y eso nunca cambiará por muchos años que pasen... deseo compartir todos
mis días y mis noches contigo, ver a nuestros hijos crecer y enseñarles y
demostrarles con nuestro ejemplo que el amor es lo más bonito y lo más grande
que hay en este mundo, y que es una de las pocas cosas por las que merece la
pena luchar, sacrificarse y defenderlo por encima de todo...
Asun: (acomodándose en el pecho
de su marido) Que cierto es todo lo que estás diciendo... y me gustaría
inculcar en nuestros hijos toda nuestra experiencia para que lleguen a ser tan
felices como lo somos nosotros...
Héctor: Y lo serán... tenemos que
sentirnos muy orgullosos como padres... lo estamos haciendo bien, y son buenos
chicos...
Asun: Sí que lo son, si... y
aprenden rápido... Dani porque aún es pequeñito, pero María es muy despierta y
se fija en todo... es una niña estupenda, y estoy segura de que va a ser una
gran mujer...
Héctor: Tiene a quien
parecerse...
(Asun sonríe y besa con dulzura
el pecho de su marido)
Héctor: (suspirando y acariciando
los rizos de su mujer) ¿Tienes sueño...?
Asun: No mucho, pero estoy tan a
gusto aquí contigo que no me movería de aquí en horas...
Héctor: Bueno, no hay ninguna
prisa... tenemos toda la noche por delante... disfrutemos de estos preciosos
momentos que nos regala la vida...
Asun: Otra vez tienes razón...
(le da otro amoroso beso) te quiero...
Héctor: Y yo, mi niña, y yo...
(Héctor y Asun cierran los ojos y
se van quedando dormidos abrazados el uno al otro, sin despertarse hasta que la
luz de la mañana que entra por la pequeña ventana, ilumina el cuarto)
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