(Un par de días más tarde, la
familia Perea ya está de vuelta en Madrid. Asun y Héctor vuelven a sus
respectivos trabajos y a su vida normal, aunque ambos están especialmente
felices por los recuerdos del maravilloso viaje y así se lo hacen saber a sus amigos).
(Héctor está en el despacho con
Bonilla)
Bonilla: Bueno, ¿y ese pedazo
viaje que os habéis pegado...?
Héctor: Sólo te diré que no voy a
olvidarlo en la vida, y que por primera vez en mucho tiempo puedo decir que soy
un hombre feliz de verdad, con un trabajo que me encanta, unos amigos
excepcionales, orgulloso de mi familia y apasionado en el amor...
Bonilla: Vaya, pues eso está
fenomenal, me alegro mucho por ti y que sepas que yo también hago mis
pinitos...
Héctor: ¡Pues eso está muy bien,
Bonilla, hombre...! ¿cómo lleva Matilde el embarazo...?
Bonilla: Pues la verdad, cada día
mejor, al principio, los dos primeros meses con las náuseas y eso algo peor,
pero ahora ya recuperada y está cada día más guapa...
Héctor: Eso es precisamente lo
que yo le digo a Asun que a pesar de que su barriga empieza a crecer, cada día
se pone más interesante...
Bonilla: Ah, y tenías razón,
Matilde está últimamente muy mimosa, se me acerca por las noches cuando estamos
en la cama y me pide besos y abrazos, y alguna que otra noche, algo más...
Héctor: Pues ya sabes, tú tienes
que estar a la altura, eh...? aprovecha ahora que luego en los primeros meses
del nacimiento cuando le está dando el pecho y con la cantidad de faena que
tiene con el crío, a lo mejor no te dedica tanto tiempo como mereces... aunque
bueno, yo me impliqué desde el principio en el cuidado de María, y aprendí a
bañarla y a dormirla, ayudando a Asun en algunas cosas... y eso es importante
porque te hace sentirte más cerca y compartir con ella la aventura de criar a
un hijo...
Bonilla: Sí, la verdad es que me
apetece mucho, como yo apenas pude disfrutar de mis padres... desde que
murieron en ese accidente siendo yo un niño, me crié con mis tíos, y no es lo
mismo... aunque siempre supe que me quisieron mucho...
Héctor: Pues yo que te voy a
decir, ya sabes que yo no tuve una infancia demasiado feliz que digamos... y
quiero compensar con mis hijos lo que yo no pude disfrutar...
Bonilla: Pero bueno, ahora todo
es diferente, nuestra vida ha cambiado y ahora somos felices...
Héctor: Pues sí, nos lo
merecemos... por cierto, ¿tú que prefieres, que sea niño o niña...?
Bonilla: Hombre, en principio me
da más o menos igual... pero... ¿te imaginas un niño tan sagaz como su padre y
con la belleza de su madre...? eso sería ideal...
Héctor: Yo en mi caso, María
tiene mis ojos, y la nariz y la boca de su madre, además de sus rizos, aunque
un poco más claros que los de Asun... y yo la verdad, ahora prefiero un niño,
ya sabes, la parejita... me hace ilusión poder enseñarle a jugar al fútbol,
llevarle a ver algún partido, y enseñarle el amor por la investigación... por
si en un futuro quiere hacerse cargo del negocio...
Bonilla: ¿Te imaginas una chapa
en la puerta que diga: “Despacho de Perea, Bonilla e hijos”...? tu hijo y el
mío aprendiendo el oficio de sus padres... eso estaría bien...
Héctor: (riéndose) Sí, pero anda
que no queda ni nada para eso... en fin... voy a ver si me pongo al día con
estos informes, que ya veo que me los has dejado muy ordenaditos sobre la
mesa... y tú haz el favor de llamar a la señora de Ramos para concertar una
cita con ella respecto al caso que tenemos pendiente...
Bonilla: Enseguida...
(Héctor se pone con los papeles y
Bonilla coge el teléfono)
(Por su parte, Asun está
trabajando en su mesa, poniéndose al día con los artículos de la revista. La
revista lleva ya unos meses pasando por bastantes apuros, y los jefes no saben
que hacer para sacarla adelante. Tanto Asunción como Aurelia no son ajenas a
los problemas de la revista y en alguna ocasión han considerado la posibilidad
de buscar trabajo en otra publicación, pero de momento aguantan el tirón en
espera de lo que les depare el futuro, mientras compaginan su trabajo de
reporteras con el cuidado de su familia. Aurelia se siente cada vez más segura
escribiendo sus propios artículos, y sus jefes cada vez confían más en ella,
dándole la posibilidad de que publique alguno firmado con su nombre en alguna
sección de la revista).
(Aurelia se acerca a la mesa de
Asun)
Aurelia: ¿Bueno, qué...? ¿me vas
a contar algo de ese viaje que os habéis dado o voy a tener que sacártelo con
cucharón...?
Asun: Tranquila, mujer, vamos a
la salita, y nos tomamos algo y te cuento...
Aurelia: Vamos...
(Aurelia y Asun se sirven un par
de refrescos de la nevera)
Aurelia: Por la cara que tienes
apuesto a que lo has pasado en grande...
Asun: Pues sí, no lo puedo
disimular... la verdad es que María ha disfrutado muchísimo, y yo también,
viendo el mar y bañándome... la experiencia en el barco, increíble, aunque es
un viaje muy largo, pero merece la pena...
Aurelia: Me alegro muchísimo, yo
me acuerdo cuando Gustavo y yo estuvimos en Mallorca de viaje de novios... lo
bien que lo pasamos... tenemos que volver a repetir ese viaje esta vez con
Clara...
Asun: Sí, la verdad es que Héctor
estuvo muy acertado llevándonos a la niña, y hemos hecho unas fotos, que ya
verás cuando las revelemos y te las enseñe...
Aurelia: ¡Ay sí...! bueno, ¿y qué
hacíais allí, cómo pasabais los días...?
Asun: Pues... por las mañanas
hacíamos excursiones a algunos puntos de la isla, había algunos miradores
fantásticos para ver el Teide, y después comíamos en algún puerto de mar... y
por las tardes íbamos a la playa a bañarnos, a tomar el sol, hacer castillos de
arena, recoger piedras y conchas en la orilla... y allí nos quedábamos hasta la
puesta de sol...
Aurelia: ¡Que envidia, suena
fenomenal...!
Asun: (empieza a reírse
divertida) Y por las noches, después de cenar y de acostar a María... Héctor y
yo nos relajábamos en la terraza del hotel... (baja la voz) y hacíamos el amor
hasta la madrugada...
Aurelia: (riéndose) ¡Pero, bueno,
Asun...! ¡que barbaridad... pues ya puede estar Héctor contento...!
Asun: (sonriente) Los dos estamos
muy contentos... felices... y yo últimamente con el embarazo estoy de un
fogoso, que no veas... ya me pasaba lo mismo con María...
Aurelia: ¡Calla, anda, calla...!
a ver si nos van a oír los jefes y ya lo que nos faltaba... aunque bueno, si te
digo la verdad... (susurrando) a mí me pasaba lo mismo con Gustavo cuando
estaba embarazada de Clara... (riéndose) y él, encantado, claro... ahora
estamos más relajados, pero bueno, de vez en cuando tenemos nuestros episodios
de pasión...
Asun: ¡Ay, el amor... es lo que
tiene...! que te vuelve loca... en fin, vamos a trabajar un poco que como nos
pillen los jefes cotorreando, se nos va a caer el pelo...
Aurelia: Sí, tienes razón,
vamos...
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