(Un mes después, 16 de mayo de
1964. Ha llegado el gran día para Irene porque celebra su Primera Comunión. Sus
abuelos están muy orgullosos de ella y también muy nerviosos porque quieren que
todo salga a la perfección. Irene está tranquila porque sabe que en la
catequesis la han preparado a conciencia y sólo tendrá que responder a las
preguntas que el cura le hará en la ceremonia. La celebración tiene lugar en
Valdemorillo, ya que Felisa y Trino querían una ceremonia especial para su
nieta, y aunque no hará la comunión con las niñas de su clase, a Irene no le
importa porque sabe que de esta forma hace feliz a sus abuelos que son quienes
la han criado y han sido su apoyo en todos estos años. Además ella será la
única protagonista de la ceremonia porque la comunión la celebra ella sola en
la parroquia, lo cual le hace a Irene sentirse más especial todavía).
(Para no tener que madrugar
demasiado, Irene se ha marchado con sus abuelos el día anterior a Valdemorillo
y así van preparando la casa para cuando lleguen los demás. El tiempo es
bastante primaveral, un bonito día soleado y las lluvias parece que han
abandonado su amenaza de hacer acto de presencia en este día tan especial para
la familia Muñoz)
(La familia Perea sí que tiene
que madrugar bastante, teniendo en cuenta que Asun ha de vestirse y peinarse
ella y preparar a los niños también. Héctor se encarga de prepararles el
desayuno mientras Asun se arregla en el dormitorio. Además Asun está esperando
una llamada de teléfono importante. Hace unos meses Asun se puso de acuerdo a
través de carta con Irene Medina, la madrina de la pequeña Irene, que sigue
residiendo en los Estados Unidos para comunicarle que le haría mucha ilusión
contar con su presencia el día de la Primera Comunión de su ahijada. Todo fue
llevado en el más absoluto secreto para no despertar sospechas, ya que ni tan
siquiera lo saben Felisa ni Trino. Asun fue informando puntualmente a Irene de
los detalles de la ceremonia y ésta estaba tan ilusionada con darle esa
sorpresa a su ahijada y llevarle en persona el regalo, que no se lo pensó dos
veces; reservó un billete para volar a Madrid y quedó con Asun en que llamaría
por teléfono para anunciar su llegada)
(Héctor está en la cocina cuando
suena el teléfono)
Asun: (desde la habitación)
¿Puedes cogerlo tú, Héctor, por favor...? debe de ser Irene...
Héctor: Sí, ya voy...
(Héctor coge el teléfono)
Héctor: ¿Sí dígame...?
Irene: Hola... ¿es la casa de
Asunción Muñoz...?
Héctor: Sí, aquí es, ¿eres Irene Medina,
verdad...? estábamos esperando tu llamada...
Irene: Sí, soy yo... tú debes de
ser Héctor, el marido de Asunción...
Héctor: Sí... ¿quieres hablar con
Asun...?
Irene: Sí, por favor, si eres tan
amable...
(Héctor le pasa el teléfono a
Asun)
Héctor: Toma cariño, es Irene,
quiere hablar contigo...
(Asun coge el auricular)
Asun: ¡Irene...!
Irene: ¡Hola Asunción...! que
bueno oír tu voz de nuevo después de tanto tiempo... ¿cómo estás...?
Asun: Pues aquí, bastante liada,
con los preparativos de última hora, arreglando a los niños, esas cosas... ¿has
llegado a Madrid hace mucho...?
Irene: Bueno, llegué anoche
bastante tarde... el vuelo tuvo retraso y estaba tan cansada del viaje que me
cogí un taxi para instalarme en el hotel...
Asun: Podemos hacer una cosa si
quieres, puedes venirte a casa y como nosotros llevamos el coche a Valdemorillo
te vienes con nosotros...
Irene: ¡Ah! pues me parece una
idea fantástica... voy a terminar de arreglarme y cojo un taxi para allá
enseguida... ¿estás segura de que ni tus padres ni Irenita sospechan nada,
verdad...?
Asun: Puedes estar tranquila,
ellos se marcharon al pueblo ayer y no se imaginan nada ni por lo más remoto...
Irene: Perfecto, pues entonces
nos vemos ahora...
Asun: De acuerdo... hasta ahora
entonces...
(Asun cuelga el teléfono)
Asun: Irene viene hacia aquí, no
creo que tarde mucho... ya me has oído que le he ofrecido a que se venga con
nosotros al pueblo...
Héctor: Sí, sí, me parece muy
bien... ¿tú ya estás, cariño...? (le da un discreto beso en la mejilla para no
estropearle mucho el maquillaje)
Asun: Sí, ya estoy lista... (le
arregla a su marido el nudo de la corbata) así estás mejor...
Héctor: Muy bien... los niños
también están casi listos, pero María se ha empeñado en llevar el lazo azul en
el pelo, y yo no sé donde está, no lo encuentro con el resto de sus cosas...
Asun: No te preocupes, debe estar
en la caja de la costura, que lo cogí yo para tomarlo de medida... ahora lo
traigo y se lo pongo...
(Al cabo de un rato, llaman al
timbre y Héctor abre la puerta, ya que Asun se está peleando con el pelo de
María, que a pesar de que se lo ha lavado esa misma mañana, los rizos se
empeñan en enredarse una y otra vez y no consigue que el lazo quede en su
sitio)
Héctor: Hola, bienvenida... (le
coge la mano y se la besa cortésmente)
Irene: ¡Vaya...! que galante
eres... Asunción ya me había comentado que eras un hombre muy apuesto, pero no
sabía que tanto...
Héctor: Como os gusta exagerar a
las mujeres... pasa, por favor, no te quedes ahí...
(Asun sale a saludar a Irene y se
abraza a ella al verla de nuevo después de tantos años)
Asun: ¡Irene... que guapa...!
Irene: ¡Hola Asunción...! ¡tú si
que estás preciosa...! ya le estaba diciendo a tu marido lo apuesto que es,
espero que no te lo tomes a mal...
Asun: No, claro que no... la
verdad es que he tenido mucha suerte, en todos los sentidos es un hombre
maravilloso...
Irene: El que tú te mereces, que
no te quepa duda... ¿y tenéis dos críos, verdad...?
Héctor: Sí, la mayor se llama
María y tiene prácticamente 6 años y el pequeñajo es Daniel y tiene casi 3
años...
Irene: (mirando a los niños que
están muy sentaditos sin decir una palabra) Son muy guapos... yo diría que han
sacado los ojos de su padre... y la nariz y la boca son tuyos, Asunción...
Héctor: María, cariño, ven a saludar,
anda... ella es Irene, una amiga de mamá...
María: (extiende su mano) Hola,
¿cómo está usted...?
Irene: Muy bien, preciosa... que
gusto, que bien educada está...
Asun: María, cariño, Irene es la
madrina de tu prima Irene...
María: ¡Anda...! ¿la que vive en
América...?
Irene: (haciéndole una caricia)
Sí, bonita, yo soy la madrina de Irenita, y puedes tratarme de tú, si
quieres...
María: Pues Irene se pasa el día
hablando de ti... dice que le haces unos regalos muy bonitos y a veces en el
recreo nos lee las cartas que te escribe...
Irene: ¿En serio...? ¡tengo unas
ganas de volver a verla...!
María: ¿Ella no sabe que has
venido a la comunión...?
Irene: No, no sabe nada,
queríamos que fuera una sorpresa...
María: Pues se va a poner como
una loca cuando te vea...
Asun: Tú no digas nada, eh...?
María: (niega fuertemente con la
cabeza) ¡Mami, ya soy mayor y sé guardar un secreto...!
Héctor: Por supuesto que sí,
princesa... ¿estás lista para irnos...?
María: Sí, papi...
Héctor: Muy bien, pues vamos
bajando tú y yo al aparcamiento y así saco el coche... y cuando estemos en la
plaza, avisamos para que bajen ellas, ¿vale...?
María: Vale... yo aviso...
(Héctor y su hija bajan a la
calle a buscar el coche mientras Asun espera en casa junto a Irene y Daniel)
(Un par de horas después ya están
en Valdemorillo. Hasta allí se han desplazado también la familia Olavide y la
familia Bonilla, además de Estrella y Miguel y por supuesto la familia del
Asturiano con toda la tropa. En cuanto ve venir a Javier, Daniel se marcha corriendo
para encontrarse con él y sentarse juntos en el banco de la iglesia. María por
su parte también consigue hacer un hueco a Clara en el banco donde están Héctor
y Asun. Felisa y Trino se sientan junto a Estrella y Miguel en el primer banco.
Irene les acompaña también en ese banco, ya que al ser la madrina de Irenita
ocupa un lugar privilegiado. Como la pequeña Irene está con el sacerdote y su
catequista en la sacristía recibiendo las últimas instrucciones antes del
comienzo de la ceremonia, aún no ha tenido la oportunidad de ver a su madrina
sentada en primera fila).
(Comienza la sesión de fotos
donde Irene ha de posar con todos los miembros de la familia y amigos, y
posteriormente se van reuniendo en pequeños corros donde Irene Medina es uno de
los centros de atención, ya que todos quieren saludarla y hablar con ella
después de tantos años sin verla)
(Posteriormente, la velada en el
Asturiano es memorable. La comida y la bebida es abundante y todos se sientan a
disfrutar de la sobremesa posterior. Los Asturianos se sientan a compartir
conversación con Felisa, Trino e Irene, además de Miguel y Estrella. Como las
niñas están jugando con el resto de la gente menuda, Héctor y Asun se sientan a
charlar un rato con Aurelia y Gustavo, y con Bonilla y Matilde)
Héctor: ¡Gustavo...! ¿qué pasa,
hombre...?
Gustavo: Pues muy bien, ha sido
una ceremonia muy íntima y muy entrañable, la verdad...
Aurelia: Ay, Asun, que idea más
buena has tenido al pedirle a Irene que viniera a la comunión, la niña está
como loca...
Asun: Sí, la verdad es que me
alegro de haberlo hecho, yo quería darle una sorpresa especial y todo ha salido
a la perfección...
Héctor: (besando cariñosamente a
su esposa) ¡Si es que mi Asun está en todo...!
Asun: (divertida) ¡Anda,
zalamero...!
Aurelia: Y dentro de un par de
años celebramos la comunión de las nuestras, así que habrá que irse
preparando...
Asun: No me lo recuerdes,
Aurelia, empezarán el próximo curso con la catequesis, y con lo seria que es
Maria para estas cosas, seguro que hará todo lo que le manden al pie de la
letra...
Héctor: Que mayores se nos van
haciendo ya, eh...? y pensar que Daniel y Javier empezarán también el colegio
en Septiembre...
Bonilla: Sí, además estoy
completamente seguro de que les va a ir muy bien en el Ramiro... ya lo verás,
Héctor, es una escuela para los futuros ases del baloncesto...
Héctor: No estoy yo seguro de que
mi hijo valga para eso, yo no le veo muy alto...
Bonilla: ¡Bueno, eso es ahora...!
pero ya verás cuando sea algo más mayor y empiece a acudir a los
entrenamientos, estoy seguro que si le gusta, allí van a sacar todo su
potencial, y no sólo hablo de sus habilidades deportivas, hablo en general, a
nivel académico...
Asun: La verdad es que de momento
no nos podemos quejar de los consejos de Bonilla, con María nos está yendo muy
bien, y ella está contenta con las monjas...
Aurelia: Sí, y Clara también...
Héctor: Pues entonces seguro que
a nuestros chicos también les irá muy bien en esta nueva aventura... ¡eres
grande, Bonilla...!
Bonilla: (sonriente) Hago lo que
puedo...
Aurelia: Oye, Asun y esta mujer, Irene,
¿dónde vive...?
Asun: Pues en Nueva York, en
Estados Unidos, se marchó allí con Steven, un hombre del que se enamoró aquí en
España y decidieron emprender una nueva vida juntos en América... y parece ser
que les va muy bien, al menos por las cartas que nos llegan de vez en cuando...
aunque la que más cartas recibe es Irenita, claro...
Héctor: La verdad es que Irene no
para de hablar de su madrina, recibe regalos de ella muy a menudo, cartas muy
cariñosas y tiene muchas ganas de conocer Nueva York, así que supongo que
cuando sea algo mayor, su madrina la invitará a irse con ella... y sus abuelos
pues encantados también de que Irenita conozca mundo... bueno, yo me voy a
servir otra copa, ¿quieres tú también Gustavo...?
Gustavo: Sí, gracias, la verdad
es que este coñac está superior...
Héctor: Le dije a Marce que no
escatimara en comprar buenas botellas para nuestros invitados... toma...
Gustavo: Gracias...
Asun: ¿Vosotras también queréis
algo, Aurelia, Matilde...?
Matilde: Sí, por favor dame un
poco de ese licor de café... gracias...
Aurelia: Ay, voy a probarlo yo
también...
Asun: Ahora sí, brindemos por
nosotros... ¡Salud...! porque sigamos celebrando estas pequeñas reuniones tan
entrañables y divertidas...
(Todos levantan sus copas)
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