viernes, 16 de noviembre de 2012

Capítulo 31: Primera Comunión de Irenita (Mayo de 1964)


(Un mes después, 16 de mayo de 1964. Ha llegado el gran día para Irene porque celebra su Primera Comunión. Sus abuelos están muy orgullosos de ella y también muy nerviosos porque quieren que todo salga a la perfección. Irene está tranquila porque sabe que en la catequesis la han preparado a conciencia y sólo tendrá que responder a las preguntas que el cura le hará en la ceremonia. La celebración tiene lugar en Valdemorillo, ya que Felisa y Trino querían una ceremonia especial para su nieta, y aunque no hará la comunión con las niñas de su clase, a Irene no le importa porque sabe que de esta forma hace feliz a sus abuelos que son quienes la han criado y han sido su apoyo en todos estos años. Además ella será la única protagonista de la ceremonia porque la comunión la celebra ella sola en la parroquia, lo cual le hace a Irene sentirse más especial todavía).

(Para no tener que madrugar demasiado, Irene se ha marchado con sus abuelos el día anterior a Valdemorillo y así van preparando la casa para cuando lleguen los demás. El tiempo es bastante primaveral, un bonito día soleado y las lluvias parece que han abandonado su amenaza de hacer acto de presencia en este día tan especial para la familia Muñoz)
(La familia Perea sí que tiene que madrugar bastante, teniendo en cuenta que Asun ha de vestirse y peinarse ella y preparar a los niños también. Héctor se encarga de prepararles el desayuno mientras Asun se arregla en el dormitorio. Además Asun está esperando una llamada de teléfono importante. Hace unos meses Asun se puso de acuerdo a través de carta con Irene Medina, la madrina de la pequeña Irene, que sigue residiendo en los Estados Unidos para comunicarle que le haría mucha ilusión contar con su presencia el día de la Primera Comunión de su ahijada. Todo fue llevado en el más absoluto secreto para no despertar sospechas, ya que ni tan siquiera lo saben Felisa ni Trino. Asun fue informando puntualmente a Irene de los detalles de la ceremonia y ésta estaba tan ilusionada con darle esa sorpresa a su ahijada y llevarle en persona el regalo, que no se lo pensó dos veces; reservó un billete para volar a Madrid y quedó con Asun en que llamaría por teléfono para anunciar su llegada)

(Héctor está en la cocina cuando suena el teléfono)

Asun: (desde la habitación) ¿Puedes cogerlo tú, Héctor, por favor...? debe de ser Irene...
Héctor: Sí, ya voy...
(Héctor coge el teléfono)
Héctor: ¿Sí dígame...?
Irene: Hola... ¿es la casa de Asunción Muñoz...?
Héctor: Sí, aquí es, ¿eres Irene Medina, verdad...? estábamos esperando tu llamada...
Irene: Sí, soy yo... tú debes de ser Héctor, el marido de Asunción...
Héctor: Sí... ¿quieres hablar con Asun...?
Irene: Sí, por favor, si eres tan amable...
(Héctor le pasa el teléfono a Asun)
Héctor: Toma cariño, es Irene, quiere hablar contigo...
(Asun coge el auricular)
Asun: ¡Irene...!
Irene: ¡Hola Asunción...! que bueno oír tu voz de nuevo después de tanto tiempo... ¿cómo estás...?
Asun: Pues aquí, bastante liada, con los preparativos de última hora, arreglando a los niños, esas cosas... ¿has llegado a Madrid hace mucho...?
Irene: Bueno, llegué anoche bastante tarde... el vuelo tuvo retraso y estaba tan cansada del viaje que me cogí un taxi para instalarme en el hotel...
Asun: Podemos hacer una cosa si quieres, puedes venirte a casa y como nosotros llevamos el coche a Valdemorillo te vienes con nosotros...
Irene: ¡Ah! pues me parece una idea fantástica... voy a terminar de arreglarme y cojo un taxi para allá enseguida... ¿estás segura de que ni tus padres ni Irenita sospechan nada, verdad...?
Asun: Puedes estar tranquila, ellos se marcharon al pueblo ayer y no se imaginan nada ni por lo más remoto...
Irene: Perfecto, pues entonces nos vemos ahora...
Asun: De acuerdo... hasta ahora entonces...
(Asun cuelga el teléfono)
Asun: Irene viene hacia aquí, no creo que tarde mucho... ya me has oído que le he ofrecido a que se venga con nosotros al pueblo...
Héctor: Sí, sí, me parece muy bien... ¿tú ya estás, cariño...? (le da un discreto beso en la mejilla para no estropearle mucho el maquillaje)
Asun: Sí, ya estoy lista... (le arregla a su marido el nudo de la corbata) así estás mejor...
Héctor: Muy bien... los niños también están casi listos, pero María se ha empeñado en llevar el lazo azul en el pelo, y yo no sé donde está, no lo encuentro con el resto de sus cosas...
Asun: No te preocupes, debe estar en la caja de la costura, que lo cogí yo para tomarlo de medida... ahora lo traigo y se lo pongo...

(Al cabo de un rato, llaman al timbre y Héctor abre la puerta, ya que Asun se está peleando con el pelo de María, que a pesar de que se lo ha lavado esa misma mañana, los rizos se empeñan en enredarse una y otra vez y no consigue que el lazo quede en su sitio)

Héctor: Hola, bienvenida... (le coge la mano y se la besa cortésmente)
Irene: ¡Vaya...! que galante eres... Asunción ya me había comentado que eras un hombre muy apuesto, pero no sabía que tanto...
Héctor: Como os gusta exagerar a las mujeres... pasa, por favor, no te quedes ahí...
(Asun sale a saludar a Irene y se abraza a ella al verla de nuevo después de tantos años)
Asun: ¡Irene... que guapa...!
Irene: ¡Hola Asunción...! ¡tú si que estás preciosa...! ya le estaba diciendo a tu marido lo apuesto que es, espero que no te lo tomes a mal...
Asun: No, claro que no... la verdad es que he tenido mucha suerte, en todos los sentidos es un hombre maravilloso...
Irene: El que tú te mereces, que no te quepa duda... ¿y tenéis dos críos, verdad...?
Héctor: Sí, la mayor se llama María y tiene prácticamente 6 años y el pequeñajo es Daniel y tiene casi 3 años...
Irene: (mirando a los niños que están muy sentaditos sin decir una palabra) Son muy guapos... yo diría que han sacado los ojos de su padre... y la nariz y la boca son tuyos, Asunción...
Héctor: María, cariño, ven a saludar, anda... ella es Irene, una amiga de mamá...
María: (extiende su mano) Hola, ¿cómo está usted...?
Irene: Muy bien, preciosa... que gusto, que bien educada está...
Asun: María, cariño, Irene es la madrina de tu prima Irene...
María: ¡Anda...! ¿la que vive en América...?
Irene: (haciéndole una caricia) Sí, bonita, yo soy la madrina de Irenita, y puedes tratarme de tú, si quieres...
María: Pues Irene se pasa el día hablando de ti... dice que le haces unos regalos muy bonitos y a veces en el recreo nos lee las cartas que te escribe...
Irene: ¿En serio...? ¡tengo unas ganas de volver a verla...!
María: ¿Ella no sabe que has venido a la comunión...?
Irene: No, no sabe nada, queríamos que fuera una sorpresa...
María: Pues se va a poner como una loca cuando te vea...
Asun: Tú no digas nada, eh...?
María: (niega fuertemente con la cabeza) ¡Mami, ya soy mayor y sé guardar un secreto...!
Héctor: Por supuesto que sí, princesa... ¿estás lista para irnos...?
María: Sí, papi...
Héctor: Muy bien, pues vamos bajando tú y yo al aparcamiento y así saco el coche... y cuando estemos en la plaza, avisamos para que bajen ellas, ¿vale...?
María: Vale... yo aviso...
(Héctor y su hija bajan a la calle a buscar el coche mientras Asun espera en casa junto a Irene y Daniel)

(Un par de horas después ya están en Valdemorillo. Hasta allí se han desplazado también la familia Olavide y la familia Bonilla, además de Estrella y Miguel y por supuesto la familia del Asturiano con toda la tropa. En cuanto ve venir a Javier, Daniel se marcha corriendo para encontrarse con él y sentarse juntos en el banco de la iglesia. María por su parte también consigue hacer un hueco a Clara en el banco donde están Héctor y Asun. Felisa y Trino se sientan junto a Estrella y Miguel en el primer banco. Irene les acompaña también en ese banco, ya que al ser la madrina de Irenita ocupa un lugar privilegiado. Como la pequeña Irene está con el sacerdote y su catequista en la sacristía recibiendo las últimas instrucciones antes del comienzo de la ceremonia, aún no ha tenido la oportunidad de ver a su madrina sentada en primera fila).
(Comienza la sesión de fotos donde Irene ha de posar con todos los miembros de la familia y amigos, y posteriormente se van reuniendo en pequeños corros donde Irene Medina es uno de los centros de atención, ya que todos quieren saludarla y hablar con ella después de tantos años sin verla)

(Posteriormente, la velada en el Asturiano es memorable. La comida y la bebida es abundante y todos se sientan a disfrutar de la sobremesa posterior. Los Asturianos se sientan a compartir conversación con Felisa, Trino e Irene, además de Miguel y Estrella. Como las niñas están jugando con el resto de la gente menuda, Héctor y Asun se sientan a charlar un rato con Aurelia y Gustavo, y con Bonilla y Matilde)

Héctor: ¡Gustavo...! ¿qué pasa, hombre...?
Gustavo: Pues muy bien, ha sido una ceremonia muy íntima y muy entrañable, la verdad...
Aurelia: Ay, Asun, que idea más buena has tenido al pedirle a Irene que viniera a la comunión, la niña está como loca...
Asun: Sí, la verdad es que me alegro de haberlo hecho, yo quería darle una sorpresa especial y todo ha salido a la perfección...
Héctor: (besando cariñosamente a su esposa) ¡Si es que mi Asun está en todo...!
Asun: (divertida) ¡Anda, zalamero...!
Aurelia: Y dentro de un par de años celebramos la comunión de las nuestras, así que habrá que irse preparando...
Asun: No me lo recuerdes, Aurelia, empezarán el próximo curso con la catequesis, y con lo seria que es Maria para estas cosas, seguro que hará todo lo que le manden al pie de la letra...
Héctor: Que mayores se nos van haciendo ya, eh...? y pensar que Daniel y Javier empezarán también el colegio en Septiembre...
Bonilla: Sí, además estoy completamente seguro de que les va a ir muy bien en el Ramiro... ya lo verás, Héctor, es una escuela para los futuros ases del baloncesto...
Héctor: No estoy yo seguro de que mi hijo valga para eso, yo no le veo muy alto...
Bonilla: ¡Bueno, eso es ahora...! pero ya verás cuando sea algo más mayor y empiece a acudir a los entrenamientos, estoy seguro que si le gusta, allí van a sacar todo su potencial, y no sólo hablo de sus habilidades deportivas, hablo en general, a nivel académico...
Asun: La verdad es que de momento no nos podemos quejar de los consejos de Bonilla, con María nos está yendo muy bien, y ella está contenta con las monjas...
Aurelia: Sí, y Clara también...
Héctor: Pues entonces seguro que a nuestros chicos también les irá muy bien en esta nueva aventura... ¡eres grande, Bonilla...!
Bonilla: (sonriente) Hago lo que puedo...
Aurelia: Oye, Asun y esta mujer, Irene, ¿dónde vive...?
Asun: Pues en Nueva York, en Estados Unidos, se marchó allí con Steven, un hombre del que se enamoró aquí en España y decidieron emprender una nueva vida juntos en América... y parece ser que les va muy bien, al menos por las cartas que nos llegan de vez en cuando... aunque la que más cartas recibe es Irenita, claro...
Héctor: La verdad es que Irene no para de hablar de su madrina, recibe regalos de ella muy a menudo, cartas muy cariñosas y tiene muchas ganas de conocer Nueva York, así que supongo que cuando sea algo mayor, su madrina la invitará a irse con ella... y sus abuelos pues encantados también de que Irenita conozca mundo... bueno, yo me voy a servir otra copa, ¿quieres tú también Gustavo...?
Gustavo: Sí, gracias, la verdad es que este coñac está superior...
Héctor: Le dije a Marce que no escatimara en comprar buenas botellas para nuestros invitados... toma...
Gustavo: Gracias...
Asun: ¿Vosotras también queréis algo, Aurelia, Matilde...?
Matilde: Sí, por favor dame un poco de ese licor de café... gracias...
Aurelia: Ay, voy a probarlo yo también...
Asun: Ahora sí, brindemos por nosotros... ¡Salud...! porque sigamos celebrando estas pequeñas reuniones tan entrañables y divertidas...
(Todos levantan sus copas)





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