viernes, 16 de noviembre de 2012

Capítulo 14: Empieza el colegio (Septiembre de 1962)


(Llega Septiembre y con él la vuelta al trabajo, a la rutina y en este caso también el comienzo del colegio por primera vez para Clara y María. Las niñas agotan sus últimos días de vacaciones. Ambas están nerviosas e impacientes por conocer a sus compañeras y por hacer nuevas amigas. Héctor vuelve a abrir el despacho tras las vacaciones, donde se reencuentra con Bonilla, quien le cuenta sus vacaciones con Matilde y con su hijo Javier en Marbella, donde sus tíos tenían un gran apartamento, donde han pasado el mes de Agosto, e incluso han podido alquilar un yate y salir a navegar por la costa)

Héctor: ¡Joer, Bonilla, como te lo montas...! ¡y Matilde encantada de la vida, seguro...!
Bonilla: Pues sí... además Javier ya ha empezado a andar y no parábamos de salir corriendo detrás de él todo el tiempo...
Héctor: Pues Dani está en ello, ha dado sus primeros pasos conmigo de la mano, y cuando va sólo, muy pocas veces, va agarrado a las paredes o a los muebles... ¡pero ya verás este en cuanto se lance no habrá quien le pare...! y las niñas están ya preparando sus cosas para empezar el colegio la semana que viene...
Bonilla: ¡Ah, mira, eso está muy bien...! les va a ir bien, seguro... es un colegio muy bueno, ya lo verás...
Héctor: Por tu bien espero que lo sea, y menos mal que yo he conseguido una beca para María, pero Gustavo está preocupado... porque entiéndeme, Bonilla, él está encantado de pagar un buen colegio para Clara y su sueldo de abogado civil del Estado más lo que gana con el pequeño bufete al que acude algunas tardes y el sueldo de Aurelia en la redacción se lo puede permitir, pero tiene algo de incertidumbre sobre si el ambiente exclusivo que allí se respira será adecuado para las niñas, y yo también me lo planteo, te lo aseguro...
Bonilla: Entiendo que Gustavo está haciendo un esfuerzo importante y tú también, pero no os vais a arrepentir, de verdad, y eso del ambiente exclusivo no es tan verdad, las familias que van allí son gente normal, hombre siempre hay excepciones... pero quiero decirte que yo siempre me eduqué en colegios de élite y soy una persona muy normal, ¿no te parece...?
Héctor: Por supuesto, Bonilla, lo que pasa es que tú eres un espécimen bastante raro, en peligro de extinción, de hecho, y no quedan muchos ejemplares como tú... además yo me siento incómodo en esos ambientes, no sé, me siento raro... no estoy acostumbrado...
Bonilla: (bromeando) Tú no te dejes intimidar por los niños pera... que eres Héctor Perea, hombre... ten un poco más de confianza en ti mismo, eres el mejor detective de todo Madrid y más aún, yo diría de España...
Héctor: (bromeando) Bonilla, si crees que haciéndome la pelota, me voy a sentir mejor... he de decirte que estás en lo cierto... ¡ven aquí, anda, socio...!
(Los dos amigos se funden en un efusivo abrazo)

(El día antes de comenzar las clases, Asunción está por la tarde en casa probándole a María el uniforme para comprobar si tiene que hacerle algún arreglo de última hora, teniendo en cuenta el estirón que ha pegado este verano. Dani está también en el salón jugando en el suelo con algunos de sus juguetes. Héctor llega de trabajar y saluda a la familia)

Héctor: ¡Hola... ya estoy en casa...!
(Se acerca a Asun y le da un beso en los labios, y luego se acerca a María y la da otro beso. Y se agacha al suelo para coger a Dani en brazos y besarle y abrazarle)
María: ¡Hola papá...! ¡ay, mamá, pincha...!
Asun: Hola, cariño... María, mi vida, si no te estás quieta te voy a pinchar más con los alfileres... ya está casi listo, ten un poco de paciencia...
Héctor:  ¡Hola, mi campeón...! María, se buena y haz caso a mamá, ¿eh, princesa...? yo voy a cambiarme y a ponerme cómodo para tomarme una cerveza...
(Héctor se mete al dormitorio para ponerse ropa de casa y luego va a la nevera a por un par de cervezas y se sienta en el sofá)

Héctor: Cariño, cuando acabes, aquí tienes una cervecita fresquita esperándote...
Asun: Gracias... ahora mismo voy... a ver si puedo relajarme un poco antes de empezar con los baños y las cenas de los niños... ¡hala, María, esto ya está...! ya puedes ir a jugar un rato...

(María se sienta en un rincón del salón junto a Dani compartiendo los juguetes, y Asun se dispone a sentarse en el sofá un rato junto a su marido)

Héctor: (rodeándola con su brazo) ¿Cómo le ha ido el día a mi niña...?
Asun: Estupendamente... (se recuesta un poco en el hombro de Héctor) y ahora que estás en casa, mejor todavía...
Héctor: Me gusta que me eches de menos... yo también lo hago cuando no te tengo cerca...
Asun: Eso es porque estamos cada día más enamorados el uno del otro... ¿no te parece...?
Héctor: Por supuesto... cuando estoy en el despacho cuento las horas que me quedan para volver a casa, abrazarte y besarte, y permanecer así juntitos todo el tiempo... por cierto, ¿cómo ves a María con eso de que mañana empieza el colegio, está nerviosa...?
Asun: Bueno, lleva toda la tarde un poco alterada, antes ha llamado Aurelia, porque Clara quería hablar con ella, y han estado las dos hablando de cómo se imaginan la clase y a sus compañeras, y a lo que van a jugar mañana...
Héctor: Bueno, cuando se vaya a la cama le contaré alguna historia de mi primer día de colegio a ver si eso le puede ayudar...
Asun: ¿En serio te acuerdas de cómo fue tu primer día de clase...?
Héctor: Bueno, tengo algunos recuerdos, un poco vagos, claro, pero hay cosas que sí recuerdo con bastante nitidez...
Asun: Pues a mí nunca me las has contado... (se incorpora para escuchar el relato de su marido mientras le acaricia)
Héctor: Pues... lo que sí recuerdo es que mi colegio era un edificio de ladrillo rojo, muy alto, o al menos a mí me lo parecía, y tenía una verja de color verde en la entrada... hice bastantes amigos allí y salíamos al patio a jugar al fútbol o a las chapas... para mí el colegio era una vía de escape para salir de casa... ya sabes que mi madre murió siendo yo muy pequeño y prácticamente no la conocí, y la relación con mi padre era un infierno... ya desde niño los recuerdos que tengo de él son muy amargos... era un hombre violento, siempre de mal humor, se emborrachaba casi todas las noches y siempre tenía una razón para gritarme y para pegarme...
Asun: Héctor, cariño, no quiero que pienses ahora en esas cosas horribles que te hacía tu padre...
Héctor: Ya lo sé, tienes razón, pero contigo me siento fuerte para contártelo, es una forma de desahogar mi rabia interior, y me hace sentirme mejor...
Asun: (acariciándole delicadamente) En ese caso, yo estoy aquí a tu lado... puedes contarme lo que te apetezca... lo que pasa es que se me ponen los pelos de punta al escuchar semejantes aberraciones... ¿cómo puede un padre hacerle a un hijo esas barbaridades...?
Héctor: (a punto de llorar) Pues yo tampoco lo entendía... yo pensaba que era un mal hijo, que yo le provocaba y que merecía que él me pegara con el cinturón o que me quemara con los cigarrillos...
Asun: (abrazándole e intentando calmarle) ¡Shhh... ya está, ya está...! todo eso ya pasó, ahora estás aquí conmigo y yo jamás permitiré que nadie te haga daño... nunca... ¿me has entendido...?
(Héctor asiente con la cabeza entre lágrimas. María levanta la cabeza y observa a su padre como las lágrimas ruedan por sus mejillas, y corre al sofá a abrazarle)

María: ¡Papá, papá...! ¿por qué lloras...? ¡Mamá, mamá...! ¿por qué llora papá...?
Asun: Tranquila, cariño, no pasa nada... papá está bien... es sólo que se ha puesto a recordar cosas tristes, cosas feas que le hacen llorar, pero afortunadamente son sólo recuerdos, y ahora nos tiene a nosotros que le queremos muchísimo, ¿verdad que sí...?
(María le da besos a su padre)
María: Sí... papá, no llores... (sigue besándole colgada de su cuello)
Héctor: Es verdad, princesa, ahora no tengo motivos para llorar... os tengo a vosotras y os quiero tanto... venid aquí... (se funde en un largo y emotivo abrazo con su mujer y su hija)

(Al poco rato, y ya más tranquilos, Asun y Héctor se disponen a preparar los baños de los niños y a darles de cenar. Después los acuestan, y Héctor se queda un rato en la habitación de María contándole algunas cosas que recuerda de su primer día de colegio, y parece que funciona, porque María se duerme más contenta y deseando que llegue el día siguiente)

(Después de cenar ellos dos solos, recogen la mesa y se marchan también a la cama)

Asun: (cogiéndole de las manos) ¿Estás mejor, cariño...?
Héctor: Sí... mejor... siento lo de antes, que María me viera llorar, pero no he podido evitarlo...
Asun: No tienes que sentirlo... es algo normal y natural... María es una niña muy sentida y cada vez que ve llorar a alguien, pues se preocupa por consolarle... y si encima es su padre, pues con más motivo...
Héctor: Yo lo único que quiero es que mis hijos sepan que tienen un padre que los quiere y que los necesita, y que siempre va a cuidar de ellos... y que nunca permitirá que les hagan daño...
Asun: (acariciándole) Ellos lo saben... Héctor, tus hijos te adoran... y yo también... por eso somos una familia... estamos unidos para toda la vida, y la razón de que seamos tan felices es que en esta familia hay respeto, hay cariño y amor que va creciendo cada día, y eso me encanta... eso nos hace fuertes... (le besa dulcemente) ¡te quiero tanto...! ven... abrázame...
(Héctor se refugia en los brazos de Asun y se recuesta cómodamente mientras ella le acaricia el pelo, la cara, la oreja y le da pequeños besos que le hacen sentirse mejor. Héctor cierra los ojos y poco a poco se va quedando dormido)
Asun: (mirándole con amor) Que descanses, cielo mío... mañana será un día importante para nuestra pequeña y te necesita en plena forma... estoy tan orgullosa de ti... (le da otro beso) te amo...

(Asun apaga la luz y se dispone a dormirse ella también)

(A la mañana siguiente, todo son carreras tanto en casa de la familia Perea como en la de los Olavide. Los padres se levantan, despiertan a sus respectivas hijas, preparan los desayunos y colocan el uniforme a las niñas, junto con la cartera y el material escolar que estrenan hoy en un día tan especial. Como es el primer día, ambos padres quieren acompañar a sus hijas hasta el colegio, no se perderían ese momento por nada del mundo. Antes de salir a la calle, Héctor y Asun dejan a Dani con la abuela. Al llegar a la puerta del colegio las dos familias se encuentran)

María: ¡Hola Clara...! (la abraza y le da un beso)
Clara: ¡Hola María...!
Aurelia: A ver, Clara, hija, déjame que te eche un último vistazo... ¡estás guapísima...!
Clara: ¡Ay mamá, déjame ya...!
Gustavo: No la atosigues, mujer, que está un poco nerviosa...
Héctor: La verdad es que están las dos muy elegantes con su nuevo uniforme...
María: (observando al resto de los niños, algunos de ellos llorando) ¡Papi...! ¿por qué lloran esos niños...?
Héctor: Princesa, porque están tristes y no quieren ir al colegio...
María: ¿Por qué...?
Héctor: Pues porque se han acabado las vacaciones y quieren quedarse en casa jugando...
María: No lo entiendo... si aquí también vamos a jugar... ¿a que sí, Clara...?
Clara: Sí... pero tienen miedo porque no conocen a los otros niños...
María: Pues yo quiero conocerlos... quiero jugar con ellos...
Asun: Cariño, ¿quieres que entremos contigo...?
María: No, mamá, que estamos en el cole de mayores, y yo ya soy mayor... ¡vamos Clara...!
Héctor: Espera un momento, princesa, ¿no me vas a dar un beso antes de irte...?
María: ¡Sí...! (se cuelga del cuello de su padre y le da un fuerte beso) ¡adiós papá...! ¡adiós mamá...! (y le da otro beso)
Asun: Adiós, cariño... que te diviertas y conozcas a muchos niños... luego me lo cuentas todo, ¿vale...?
María: Sí... vale...
(Tras las correspondientes despedidas de Clara de sus padres, las dos niñas cogidas de la mano, entran en el patio principal del colegio en dirección a las escaleras para buscar a los niños que van a estar en su clase)
Gustavo: ¿Crees que deberíamos entrar con ellas en la clase...?
Héctor: Yo creo que no... ya has oído a María, se sienten mayores y quieren ir solas... ya verás como todo va a ir bien... seguro que cuando vuelvan a casa esta tarde no pararán de contar cosas... todo lo nuevo les impresiona y quieren descubrirlo a toda costa...
Aurelia: (mirando al fondo) Míralas, parece que ya han empezado a hablar con otros niños...
Asun: Sí, y estoy segura de que harán muchos amigos porque tenemos unas hijas encantadoras y muy sociables...
Héctor: Pues claro que sí, cariño... tanto María como Clara son niñas que se dejan querer y en general caen bien a todo el mundo porque son muy graciosas y también generosas...

(Poco a poco los padres desde la puerta observan como las monjas empiezan a formar filas por grupos de edad y clase para que las niñas vayan entrando en el recinto escolar de forma ordenada. Entre la multitud, ya casi no son capaces de ver a sus hijas, pero deciden esperar hasta que entren dentro)

Héctor: Bueno, cariño, yo me tengo que ir a trabajar, tengo que llegar al despacho que Bonilla ya me estará esperando...
Asun: ¿Vendrás a comer...?
Héctor: Claro... como siempre... dame un beso... (los dos se besan con dulzura) te quiero... hasta luego...
Asun: (sonriente) Y yo... a lo mejor llego un poco justa para comer, pero espérame en casa de mi madre, ¿vale...? es que hoy teníamos una reunión con Julio... vámonos, Aurelia...
Aurelia: Si, es cierto, la reunión... bueno, cariño, que yo también me voy... adiós, te quiero... un beso...
Gustavo: (besa a su mujer) Adiós querida, que tengas un buen día... adiós Héctor, nos vemos...
Héctor: Adiós...

(Todos se marchan a sus respectivos trabajos y ya a la hora de comer, Héctor se presenta en casa de Felisa. Mientras espera a Asun para comer, practica con Dani unos cuantos paseos por la casa. El niño ya va muy suelto y camina solo por el pasillo, colocándose Héctor al extremo del mismo para abrazarle cuando llega a la meta. En el otro extremo se coloca Felisa y hace lo mismo. Al cabo de un rato, Héctor pone la mesa mientras Felisa calienta los pucheros con los guisos que ha preparado. También están esperando a Trino que llegará de un momento a otro).

(Al poco, se presentan Asun y su padre juntos ya que han coincidido en la plaza al llegar)

Trino: ¡Hola familia...!
Felisa: ¡Hola marido...! ¡Hola hija...!
Asun: ¡Hola madre...! vengo corriendo... (besa a su marido) ¡hola cariño...!
Héctor: ¡Hola...! pues aquí estaba con el enano haciendo unas cuantas carreras...
Asun: (agachándose para coger a Dani en brazos) ¡Hola, mi amor...! ¿qué pasa...? ¿qué has estado jugando con papá...?
Dani: Papá, papá, papá...
Héctor: Mi campeón... no sabes los progresos que ha hecho, dentro de nada echa a correr con su hermana... por cierto, ¿qué tal le estará yendo en su primer día de colegio...?
Asun: Seguro que de maravilla, estaba muy ilusionada... esta mañana en el desayuno no paraba de imaginarse la cantidad de juegos nuevos que iba a aprender con sus nuevos amigos...
Felisa: ¡A comer...!
(Todos se sientan a la mesa)
Héctor: ¿Y tú que tal la mañana... esa reunión con Julio...?
Asun: Bien... nada era para fijar unos objetivos concretos respecto a unos artículos que estamos maquetando para la próxima semana y para enseñarnos las estadísticas de ventas de la revista en el último mes... ¡lo estamos logrando...! a los lectores les gustan los cambios en la revista y hemos vendido muchos más ejemplares que el mes pasado... como sigamos así vamos a tener que aumentar la tirada...
Héctor: Me alegro muchísimo por el éxito, mi amor... si es que con unas reporteras tan buenas no se podía esperar otra cosa... ¿y qué tal con el redactor jefe...?
Asun: Sin problemas... encajamos a la perfección y ya le tiene tomada la medida a los artículos que le presentamos y suele darles el visto bueno sin demasiados cambios... así que, pues a seguir así...
Héctor: (cogiendo de la mano a Asun) Si es que tengo una excelente reportera en casa... ¡y estoy seguro de que muy pronto será la nueva redactora jefe de la revista...!
Asun: ¡Uy que cosas dices...! que no, que no... madre, no le haga caso que Héctor siempre exagera... aún me queda mucho por aprender y soy todavía joven y me falta experiencia...
Héctor: Bueno, pero todo se andará... ¡quien me iba a decir a mí que iba a ser comisario de policía tan joven...! y lo logré... pero no me arrepiento en absoluto de haber dejado la policía... ahora soy mucho más feliz... ¡por cierto, Felisa, que las judías estaban exquisitas...!
Felisa: Gracias, hijo... me alegro de que te gusten...
Asun: Bueno, madre, nosotros ya vamos terminando y nos tenemos que ir... luego iremos a buscar a María que seguro que le hace ilusión vernos a los dos a la puerta del colegio, y después pasaremos a por Dani, ¿de acuerdo...?
Felisa: Claro, hija... que tengas buena tarde...
Asun: Vamos, Héctor... adiós madre, adiós padre...
Trino: Adiós...
Héctor: Adiós, y gracias por todo...
(Ya por la tarde y después de salir de sus respectivos trabajos, Héctor y Asun se encuentran a la puerta del colegio esperando a María. También se han acercado Gustavo y Aurelia a esperar a Clara)

(En ese momento salen María y Clara del colegio con una sonrisa de oreja a oreja)
Héctor: ¡Hola princesa...! ¿qué, cómo te ha ido...?
María: Muy bien, papá... mira lo que he hecho... (le enseña un dibujo)
Asun: ¿Lo has hecho tú sola, mi vida...?
María: Sí... la profesora nos mandó pintar a nuestra familia...
Héctor: A ver... déjame... (mirando el dibujo) ¿y este soy yo...?
María: (sonriendo) Síii... (señalando) y ésta es mamá, pegada a ti... y ésta soy yo... y éste pequeñito de aquí es Dani...
Asun: Muy bien cariño... es precioso, cuando vayamos a casa lo voy a poner en la cocina para verlo siempre, ¿vale...?
Aurelia: A ver, Clara, déjame ver el tuyo, cariño...
(Clara enseña el dibujo a sus padres, que les encanta también)
Clara: Y luego hemos estado contando las vacaciones, y yo he dicho que habíamos ido  a la playa y que nos habíamos bañado mucho...
María: Sí, y la profesora me ha preguntado sobre mis papás, y yo he dicho que mi papá es estupendo, que trabaja mucho, y que mi mamá escribe muy bien, y... también he dicho que mis papás se quieren mucho porque se dan muchos besos...
(Héctor y Asun se ríen por la ocurrencia de la niña)
Héctor: ¡Y es verdad...! yo quiero mucho a mamá... (le da un discreto beso en la mejilla)
Asun: ¿Y has conocido a muchos amigos nuevos, tesoro...?
María: Sí... hay una niña que se llama Carolina, y otra que se llama Andrea, y Clara y yo hemos jugado mucho con ellas en el patio al escondite... y mañana vamos a buscar el tesoro y vamos a cantar canciones...
Clara: (interrumpiendo a María) Y había otra niña que ha llorado mucho porque quería irse a casa con sus papás, y yo le he dicho que no tenga miedo, que en el cole de mayores jugamos mucho y que lo pasamos muy bien...
Gustavo: Muy bien, niñas, pues entonces estaréis deseando volver mañana al cole...
María y Clara: ¡Síii...!
Asun: Muy bien, pero ahora vámonos a casa que tenemos que recoger a Dani que está con la abuela, y yo tengo trabajo pendiente que quiero acabar antes de cenar...
Aurelia: Muy bien, pues hasta mañana entonces... nos vemos en la redacción, ¿vale Asun...?
Asun: Sí, claro... hasta mañana...
Héctor: Hasta mañana... María, cariño, despídete de Clara...
María: Adiós, Clara, mañana seguimos con el juego...
Clara: ¡Síii...! adiós María...
(Los dos matrimonios cogen sus respectivos coches y se marchan a sus casas)

(Al llegar a casa, Asun le quita el uniforme a María y lo cuelga en la percha para que se vaya a jugar sin estropearlo hasta la hora del baño. Después, Asun saca la máquina de escribir y se pone con un artículo pendiente)
Héctor: (se acerca a ella y le da un beso en la frente) ¡Ay, mi cabecita pensante...! que trabajadora estás hecha... te dejo que te concentres... si te parece me voy al parque un rato con Dani y así practicamos nuestros paseos... vuelvo a la hora del baño, ¿de acuerdo...?
Asun: (dándole un beso a su marido) De acuerdo... María está jugando en su habitación y no se va a mover de ahí... hasta luego, cariño... gracias...
Héctor: (cogiendo a Dani) Vamos, campeón...

(Ya en el parque, Héctor practica con Daniel unos cuantos paseos. Al cabo de un rato, ve llegar a lo lejos a Bonilla y Matilde que vienen dando una vuelta con el pequeño Javier)
Héctor: ¡Hombre, que sorpresa...!
Bonilla: Lo mismo digo... pero mira, me viene muy bien que nos hayamos encontrado... así les ponemos a jugar juntos en la arena, y mientras nosotros charlamos...

(Mientras los mayores charlan sentados en un banco, Javier y Daniel juegan juntos en la arena, compartiendo el cubo, la pala y el rastrillo que ha traído Javier en su cochecito, muy entretenidos)
Bonilla: ¿Y qué tal las chicas, qué tal su primer día de colegio...?
Héctor: Bueno... han venido emocionadas... imagínate, María ha hecho un dibujo de la familia, y nos ha pintado a Asun y a mí muy juntitos, y al parecer le ha dicho a la profesora que nos queríamos mucho porque siempre nos estábamos dando besos...
Matilde: ¡Que rica...! es una niña muy lista...
Héctor: Desde luego... se ve que ella nos ve siempre contentos, o abrazados o dándonos un beso, y le gusta... los niños se fijan en esas cosas...
Matilde: Los niños que ven en casa un buen ambiente son más felices... te lo digo porque yo conocí en Tetuán una niña que le pasaba todo lo contrario... sus padres estaban todo el día peleándose, enfadados y me acuerdo que llegaba a clase y en sus dibujos se veían figuras negras, oscuras, garabatos... la verdad es que daba miedo verlos... a mí me daba mucha pena lo que tenía que sufrir esa niña en su casa...
Héctor: Me lo creo, y me hago cargo... pero Asun y yo nos entendemos tan bien y somos tan felices que no queremos esconder lo que sentimos, y menos delante de los niños...
Bonilla: Dí que sí... que hacéis muy bien, hay que disfrutar de la felicidad... por cierto, quería comentarte una cosa del caso ese del empresario estafado que...
Héctor: Bonilla, no me estreses, hombre... no estamos aquí para hablar del trabajo... ya tendremos tiempo mañana de pensar en ello... y además aburriremos a Matilde...
Bonilla: Tienes razón, jefe... hay que disfrutar de lo bien que se está aquí... sí, señor, una bonita tarde de Septiembre...
Héctor: Pues sí, porque en breve empezará a anochecer antes, y ya no podremos venir al parque, empezará a hacer frío... en fin, lo de todos los inviernos...
Bonilla: Si quieres vamos ahí a la terraza y nos tomamos una cervecita, mientras vigilamos a los enanos...
Héctor: ¡Muy buena idea, Bonilla...! ¿lo ves...? si es que estás en todo... vamos...

(Los tres se levantan del banco, cogen a los niños y se van a la terracita del parque a tomarse algo fresco y siguen charlando un buen rato)

(A eso de las ocho, Héctor llega a casa de vuelta con Daniel, justo a tiempo para preparar el baño)

(Tras bañar a los niños y darles la cena, Héctor acuesta a María, le cuenta un bonito cuento y la arropa, mientras Asun trata de dormir a Daniel)
María: ¡Papi...!
Héctor: Dime, princesa...
María: Me gusta que quieras a mamá...
Héctor: Ya lo sé, cariño... y por eso la doy muchos besos... mamá es una persona muy especial... la quiero muchísimo y me gusta cuidarla, y hacerla sonreír y sorprenderla... y tú también tienes que hacer lo mismo, ¿de acuerdo...?
María: De acuerdo... buenas noches, papá...
Héctor: Buenas noches...
(Héctor apaga la luz del cuarto de María y vuelve al salón, sin darse cuenta de que Asun estaba en el pasillo escuchando la conversación con María con una sonrisa y sin poder contener las lágrimas de emoción)

(Ya después de cenar, Héctor se toma una copa de coñac, mientras Asun repasa los dobladillos de algunas de sus faldas y vestidos con la caja de costura en el sofá. En ese momento, Héctor va al cajón donde guarda la pistola y la saca junto con los utensilios de limpieza)
Asun: Héctor, cielo, sabes que no me gusta que trastees con el arma en casa...
Héctor: Pero si los niños ya están dormidos...
Asun: Sí, pero ¿y si se despiertan...? no me gusta que tengas la pistola ahí tan a mano, podríamos tener un accidente...
Héctor: No tienes de que preocuparte, cariño... la pistola está descargada, no tiene balas... y me gusta limpiarla y engrasarla de vez en cuando para que no se obstruya... tengo que tenerla a punto por si ocurriera algún imprevisto en el trabajo...
Asun: Espero que no tengas que utilizarla nunca, me da miedo, es peligroso...
Héctor: En realidad es más un elemento disuasorio que otra cosa... hasta ahora no he tenido que hacer uso de ella más que en un par de ocasiones... además en casa la tengo bien guardada bajo llave en este cajón, y es imposible que los niños puedan acceder a ella... (Asun le mira algo inquieta) tranquila, mi vida, no pongas esa cara de susto, que no pasa nada... todo está bien...
Asun: Lo sé, eres muy valiente, pero es que a mí las armas me dan repelús... por cierto, estaba pensando que nunca me has contado cómo entraste en la policía... ¿recuerdas alguna anécdota, alguna historia que quieras compartir conmigo...?
Héctor: (acaba de limpiar la pistola, la guarda bajo llave y se sienta en el sofá junto a su mujer) Por supuesto... recuerdo perfectamente el día que me decidí... yo tenía 16 años, y me acuerdo que ví un anuncio en el periódico donde ofertaban plazas para el Cuerpo de Policía... aquello fue para mí la oportunidad de salir de mi casa de una vez y perder de vista a mi padre para siempre... me puse a estudiar y me presenté a los exámenes... y aprobé a la primera y con una nota muy alta...
Asun: (acariciándole) Ya me imagino... tú siempre has sido muy inteligente...
Héctor: Así que ingresé en la Academia y empecé con las prácticas... allí conocí a un compañero con el que me fui a vivir... y aún hoy mantenemos el contacto a pesar de los años que han pasado... se trata de ese viejo amigo al que visité en Málaga cuando hice el viaje aquel para investigar a doña Rocío, ¿te acuerdas...? cuando también me reuní con el comisario Patiño...
Asun: Sí, claro... claro que me acuerdo...
Héctor: Pues aquel chico que tanto me ayudó entonces, hoy es comisario allí en Málaga y le va muy bien... se casó hace muchos años y tiene 3 hijos... (reflexiona) aunque no fue el único compañero al que conocí... también conocí a Beltrán, un tipo bastante complicado, que hace algunos años me hizo la vida imposible precisamente por la envidia que me tenía al haber llegado yo a comisario antes que él...
Asun: Entiendo... un tipo de esos despreciables como Narciso Colmenar, ¿no...?
Héctor: Sí, exacto... cuando yo dejé el Cuerpo de Policía, a Beltrán lo nombraron comisario y desde entonces apenas he tenido contacto con él, afortunadamente...
Asun: En cambio ahora con quien si tienes más relación es con Vallejo...
Héctor: Sí... ese perro viejo y algo gruñón pero que en el fondo es encantador...
Asun: Y un gran policía e investigador...
Héctor: (bromeando) ¿Ah, y yo no soy un buen investigador...?
Asun: (siguiendo el juego) Claro que sí... tú eres el mejor investigador del mundo, y además tengo la suerte de que eres mi marido... un hombre maravilloso en muchos sentidos...
Héctor: (riéndose) ¿Ahora te vas a poner a camelarme...? ¿qué es lo que quieres...?
Asun: (susurrando) No lo sé... dímelo tú...
Héctor: A lo mejor quieres... esto... (y le da un beso en el cuello)
Asun: (disfrutando) Puede ser... eso ha estado bien...
Héctor: O esto otro... (le da un amoroso beso en los labios seguido de una caricia hermosa) aunque bueno, lo más seguro es que también quieras esto... (sus manos desabrochan un par de botones de la blusa de Asun y se pierden dentro de su ropa)
Asun: Mmmm... definitivamente eres un brillante detective... anda, vámonos a la cama... allí estaremos mucho más cómodos...
(Asun coge a Héctor de la mano, apaga la luz del salón y juntos se dirigen al dormitorio)




















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