(Poco a poco van pasando los días
y los meses. La familia Perea ya se ha adaptado perfectamente a la llegada de
un nuevo miembro. Sin embargo, Daniel ya empieza desde pequeñito a dar síntomas
de tener carácter como sus papás. Durante estos primeros meses rara es la noche
que no tienen que despertarse para atender sus lloros y gritos. Aparte de las
veces en que Asun debe levantarse a darle el pecho, el resto de las veces es
Héctor quien trata de calmar las molestias de su hijo del mejor modo que puede,
y finalmente consigue que Daniel vuelva a dormirse. En estos meses también se
ha producido el nacimiento de Javier, el primer hijo de Bonilla y Matilde, que
se retrasó quince días más de lo previsto, llegando a nacer casi en Agosto.
Tanto Héctor como Bonilla están más que orgullosos de sus hijos, y por las
tardes acompañan a sus mujeres a dar una vuelta con los pequeños. Bonilla y
Matilde cuentan además con la ayuda de una tata que cuida del bebé mientras
ellos atienden sus respectivos negocios).
(Una tarde de Noviembre, Asun
decide ir a darse una vuelta por la redacción para visitar a sus compañeros y
mostrarles a su bebé que ya tiene 4 meses)
Julio: (cogiendo a Daniel en
brazos) ¡Hala, que grande está ya...!
Asun: ¿Sí, verdad...? crece por
días y se está criando muy bien... es un auténtico glotón...
Julio: La verdad es que Héctor
debe de estar muy orgulloso...
Asun: Sí, se pasa el día jugando
con él... cuando viene de trabajar se los lleva de paseo a éste y a María, y
muchas veces nos encontramos en el parque con Bonilla y Matilde o con Aurelia y
Gustavo...
Aurelia: Es que nuestras hijas se
vuelven locas jugando juntas, como son casi de la misma edad...
Asun: Pero bueno, ya el año que
viene las dos irán al colegio y nosotros estaremos un poco más libres, que eso
también ayuda... ¿qué tal va todo por aquí...?
Julio: Bueno, pues más o menos
como siempre, aunque los jefes están muy preocupados, porque la revista cada
vez vende menos ejemplares y la semana pasada tuvieron que prescindir de
algunos operarios de la imprenta...
Asun: ¡Vaya, cuanto lo siento...!
Aurelia: Lo que si es cierto es
que se nota y mucho la falta de tus artículos... tú le dabas ese aire tan
tuyo...
Asun: La verdad es que a mí no me
importaría volver a trabajar, pero antes tendría que convencer a Héctor...
Julio: Mujer, le podrías decir
que trabajarías bastante en casa, escribiendo los artículos allí y viniendo por
aquí una tarde o dos a la semana para darle el visto bueno y pasarlo a
maquetación... de ese modo saldrían cada semana en la revista artículos
firmados por ti y los lectores no los echarían en falta... sería cuestión de
hablarlo con los jefes...
Asun: Uy, pero yo no sé si los
jefes van a aceptar eso así como así...
Julio: Pues yo no sé estos, pero
si yo tuviera una revista, tendría muy claro que la prioridad es que los
empleados puedan trabajar donde se sientan más a gusto y si tienen obligaciones
familiares, ¡que menos que dar facilidades...!
Aurelia: ¿Ves Julio...? tú sí que
serías un buen jefe...
Julio: ¡Anda que no me queda a mí
ni nada para ser jefe...!
Asun: Bueno, estando las cosas
como están en la revista no me extrañaría nada que dentro de poco estemos todos
buscando trabajo...
Aurelia: Ya, como si fuera tan
fácil, ¡anda que no me costó a mí ni nada conseguir este...! ¡uf, no quiero ni
pensarlo...!
(Julio está muy pensativo y lleva
un buen rato sin decir nada)
Asun: Julio, estás muy callado...
¿qué pasa...?
Julio: (baja de la nube) No,
nada, pensaba en mis cosas... nada importante... tengo que salir un momento...
en fin, que me alegro mucho de verte, Asun, cuídate, y dale recuerdos a
Héctor...
Asun: Se los daré... adiós...
Aurelia: (ya a solas con Asun) ¿Y
a éste que le pasa...?
Asun: Ni idea...
(Aurelia recoge sus cosas y como
ya es la hora de salir, acompaña un rato a Asun hasta la plaza, y luego Asun
sube a casa para darle un biberón a Daniel)
(Un par de horas más tarde, llega
Héctor de trabajar y entra en casa)
Héctor: ¡Hola, cariño...! ¡por
fin en casa...! (le da un beso) ¡que guapa estás...!
Asun: Gracias... ¿quieres una
copa de vino...?
Héctor: Pues sí me la pones tú,
la acepto encantado... ¿cómo están mis niños...?
Asun: Pues Dani ya dormidito en
su cuna como siempre, y María ya bañada y cenada y a punto para acostar, te
estaba esperando...
Héctor: Pues voy para allá...
(Héctor se va al cuarto de María
y allí después de contarle un cuento, le arropa, le da un beso de buenas noches
y apaga la luz y vuelve al salón)
(Asun mientras tanto le ha puesto
a su marido una copa y ha terminado de supervisar la cena. Asun ha preparado un
estofado delicioso que ahora está sobre la mesa esperando que venga Héctor para
empezar a cenar los dos juntos)
Héctor: (sentándose a la mesa)
¡Mmmm... madre mía, como huele esto...!
Asun: Es una receta nueva, mi
madre me la ha dado... a ver que tal me ha salido...
Héctor: Pues seguro que estupendo... vamos a probar... (Héctor coge un trozo y se lo lleva a la boca) ¡mmm, que tierno y que rico...! ¡eres una gran cocinera...!
Héctor: Pues seguro que estupendo... vamos a probar... (Héctor coge un trozo y se lo lleva a la boca) ¡mmm, que tierno y que rico...! ¡eres una gran cocinera...!
Asun: ¿Te gusta...?
Héctor: Sí... y el vino también
es exquisito... muy bien elegido...
Asun: Se lo compré al tío Marce
antes de subir a casa...
(Héctor y Asun cenan
tranquilamente, tras lo cual, Héctor se queda mirando a Asun fijamente)
Héctor: Asun, cariño, ¿de qué
quieres hablarme...?
Asun: ¿Por qué lo dices...?
¿supones que quiero decirte algo...?
Héctor: Por supuesto... desde que
he entrado por la puerta me has servido una copa y me has preparado una cena
riquísima... mi olfato de sabueso me indica que quieres hablarme de algo
importante y que seguramente querrás convencerme de algo, y por eso has
preparado toda esta escena... ¿me equivoco...?
Asun: (con el semblante serio)
¿Tanto se me nota...?
Héctor: Te conozco de sobra,
cariño, y a estas alturas pocas cosas tuyas se me escapan... ¿qué pasa...?
cuéntame... ¿de qué quieres hablar...?
Asun: Está bien... te lo diré...
se trata sobre mi posible vuelta al trabajo en la redacción...
Héctor: Ya sabía yo que llegaría
el momento de mantener esta conversación...
Asun: Héctor, tú me conoces y
sabes que yo adoro mi trabajo en la revista... ya han pasado 4 meses desde que
nació Dani y francamente, me encuentro fenomenal y en plena forma para volver a
trabajar... además, Dani ya no es totalmente dependiente del pecho, de hecho
voy alternando con biberones para que se acostumbre... en fin, que he estado
esta tarde en la redacción, he llevado a Dani para que le conocieran mis
compañeros, sobre todo Julio... y digamos que al verles allí me ha entrado el
gusanillo...
Héctor: Lo entiendo
perfectamente, cariño, ¿pero lo has pensado bien...? ahora mismo no te hace
falta trabajar y Dani es tan pequeñito...
Asun: Ya lo sé... y no lo hago
por el dinero, lo hago porque me gusta, y tampoco quiero dejar al niño mucho tiempo
solo con mi madre...
Héctor: ¿Y entonces cuál es la
solución...?
Asun: Pues Julio me ha abierto
los ojos cuando me ha dicho que podría proponer a los jefes trabajar desde
casa... es decir, yo estaría en casa escribiendo artículos para la revista
sobre sucesos interesantes y me pasaría una o dos tardes por la redacción para
que ellos les dieran el visto bueno y así poder publicarlos... al parecer, los
lectores de la revista echan de menos mi estilo...
Héctor: Ya... ¿y quién haría el
trabajo de campo para investigar y recabar detalles sobre los sucesos a
investigar...?
Asun: Bueno, ya sabes que en un
buen número de casos sois Bonilla y tú los que hacéis ese trabajo, sólo tendría
que solaparme contigo y elegir aquellos casos en los que vosotros estéis también
trabajando, así tú investigas, me cuentas y yo redacto... verás, es que la
revista no está pasando por su mejor momento y es muy posible que la terminen
cerrando, pero mientras tanto me gustaría estar ahí...
Héctor: En principio el
planteamiento no me parece malo... de esa forma no faltarías mucho de casa y
trabajarías en lo que te gusta...
Asun: ¿Lo ves...? son todo
ventajas... y cuando Dani crezca un poco más pues ya me incorporo a mi trabajo
de forma regular... ¿qué te parece...?
Héctor: Tal y como lo cuentas, me
parece bien, y no le veo pegas... (le coge la mano) mira, cariño, tú sabes que
yo te apoyaré en cualquier cosa que decidas siempre que no sea una temeridad, y
este no es el caso... ¿verdad...?
Asun: (sonriente) Verdad... te lo
prometo... (le da un beso) ¡ay, si es que eres un sol...!
Héctor: (riéndose) Y tú eres la
luz que lo ilumina... te quiero...
Asun: Yo también te quiero...
mañana entonces iré a hablar con mis jefes a ver si aceptan la propuesta...
Héctor: De acuerdo... si
necesitas ayuda para convencerles, avísame, eh...?
Asun: Descuida que lo haré...
gracias...
(El feliz matrimonio se funde en
un cariñoso abrazo)
(Un par de días más tarde, y
gracias a la intercesión de Julio, Asun consiguió convencer a sus jefes de que
podía ser igualmente eficaz trabajando en casa. De este modo, Asun empieza a
compaginar sus obligaciones familiares de atender especialmente al pequeño
Dani, con la redacción de artículos para la revista. Además contacta con
Aurelia para repartirse los artículos y de vez en cuando se acercaba a la
revista para ver las ilustraciones de Julio y comentar los artículos y las
posibles correcciones con sus jefes. También Héctor le ponía al día en aquellas
investigaciones que tuvieran que ver con algún caso sobre el que ella estuviera
escribiendo un artículo. Además Felisa ayudaba mucho a su hija sobre todo con
María, ya que seguía encargándose de su cuidado hasta que Héctor venía del
trabajo. Por las tardes, Héctor pasaba casi todo el tiempo jugando con María o
llevándosela al parque y también se llevaba a veces al pequeño Daniel con el
cochecito mientras Asun se quedaba en casa terminando de rematar algún artículo
pendiente).
(Una noche cuando ya los niños
estaban acostados, Héctor y Asun han terminado de cenar y se van también a la
cama, puesto que Asun ha terminado todo el trabajo pendiente y no tiene
necesidad de quedarse. Héctor apaga la luz dispuesto a coger el sueño y
dormirse cuando Asun empieza a hablarle)
Asun: Héctor... ¿tienes mucho
sueño...?
Héctor: No, ¿por qué lo preguntas...?
Asun: Porque me gustaría
comentarte algo...
Héctor: Dime... ¿has tenido algún
problema con esta nueva situación de trabajo que no me hayas comentado...?
Asun: No, no es eso...
Héctor: ¿Y con los niños...?
Asun: Tampoco...
Héctor: ¿Y entonces...?
Asun: Pues que últimamente entre
el trabajo, la casa, los niños... pues apenas tenemos tiempo para nosotros...
(le hace una caricia) y yo te echo de menos... y además cuando llegas a casa te
pasas el tiempo jugando con los críos, y a mí no me haces ni caso...
Héctor: Sabes que eso no es
verdad... (sonríe) ¿no será que estás un poco celosilla...?
Asun: Un poco... puede ser...
Héctor: ¿Y qué podemos hacer para
solucionarlo...?
Asun: (le da un amoroso beso) No
lo sé... ¿tú qué prefieres...?
Héctor: (empieza a besar a Asun)
Lo que tú digas... ¿sabes que esto me empieza a gustar...?
Asun: Y a mí también... además,
tengo ganas de sentirte... pero tendremos que ser silenciosos si no queremos
que Dani se despierte...
Héctor: Con lo que me ha costado
dormirle... no te preocupes, seré extremadamente silencioso y cuidadoso...
Asun: (acariciándole y dándole
besitos tiernos en la oreja y el cuello) Siempre lo eres...
Héctor: (acariciando suavemente a
Asun por los brazos y la espalda) ¿Y por dónde empezamos...?
Asun: (sonriente) Eso es un buen
comienzo... pero se puede mejorar...
Héctor: (riéndose) ¿Ah sí...? ¿y
qué tal esto...? (Héctor empieza a despojar a Asun de su camisón y de su ropa
interior para poder acariciarla y besarla con ternura)
Asun: (entre risas) Así, ya me
gusta más... sigue así y llegarás lejos, muchacho...
Héctor: (sonriente y sin parar de
besar a su mujer) Para que luego digas que no te dedico tiempo... te quiero...
Asun: (sin parar de acariciar y
besar a su marido) Lo sé... yo también te adoro... mi amor...
(Héctor y Asun se entregan
mutuamente a sus placeres y deseos, disfrutando de su amor plenamente que sigue
tan vivo como el primer día)
(Al cabo de un rato, el feliz
matrimonio reposa en la cama intercambiando sentidas caricias)
Héctor: (acaricia los rizos de
Asun entre risas) Ahora ya no te puedes quejar del tiempo que te he dedicado...
Asun: (sonriente y acariciando el
pecho de su marido con delicadeza) No... no me quejo... al contrario... sé que
soy muy afortunada por tener unos hijos magníficos, tan guapos como su padre, y
por tenerte a ti, a mi lado, un marido que me cuida, que me protege, que me
apoya, que me respeta y que me ama siempre con tanta dulzura...
Héctor: (acaricia a Asun) Sabes
que yo por ti hago lo que me pidas... tú te mereces todo lo bueno que te pase,
mi niña...
Asun: Yo lo único que deseo es
tenerte siempre a mi lado y que seamos una familia feliz toda la vida...
Héctor: (acariciando su nariz con
una sonrisa) Deseo concedido...
(Asun y Héctor se funden en un
maravilloso beso. En ese momento, Dani empieza a llorar)
Asun: ¡Vaya...!
Héctor: (mirando a su mujer)
Tranquila, que voy yo...
Asun: Deben de ser los dientes
que ya van a empezar a salirle y el pobre tiene molestias...
(Héctor coge al bebé de la cuna y
lo acurruca entre sus brazos)
Héctor: Oohhh! A ver, que le pasa
a mi principito... ¿son los dientes, mi vida...? vamos a ver...
(Héctor coge a Dani y lo tumba en
la cama con ellos. Los dos se quedan mirándole como llora un momento antes de
tomar una decisión)
Héctor: Vamos a probar una
cosa... (Héctor coge su dedo y lo introduce en la boquita de Daniel, frotándole
un poco la encía superior para calmarle su incomodidad y parece que funciona,
porque el bebé va dejando de llorar y termina cerrando su boquita y succionando
el dedo de su padre con fuerza)
Asun: (acariciando la barriguita
de Daniel con una sonrisa) ¡Vaya, parece que funciona...! es increíble como le
tienes cogida la medida...
Héctor: ¿Verdad que sí...? es que
Dani y yo nos entendemos muy bien... ¿a que sí, campeón...? ¿a que sí...?
Asun: (observando la divertida
escena) Voy a por un chupete que tengo fresquito en la nevera para aliviarle...
¡que como siga así te va a dejar sin dedo...!
Héctor: (sonriente) De acuerdo,
cariño...
(Asun se acerca a la cocina, coge
el chupete de la nevera y vuelve a la habitación. Cuando vuelve, observa como
Dani ya se ha quedado nuevamente dormido sin dejar de succionar mecánicamente
el dedo de su padre. Con cuidado, Héctor saca su dedo de la boquita de su hijo
y lo cambia por el chupete, y el bebé sigue succionando sin más al notar que
hay algo en su boca que le permite seguir chupando)
Asun: Mañana compraré un poco de
melón para que lo chupe, porque con María ya funcionaba y al estar fresquito,
le alivia las molestias de la boca...
(Héctor y Asun se quedan mirando
embelesados como duerme su hijo sobre la cama sin moverse)
Héctor: Me da tanta pena
devolverle a la cuna... ¿podemos dejarle aquí entre nosotros por el resto de la
noche...? es que a ver si por moverle, le vamos a despertar... por favor...
Asun: Está bien, pero sólo por
esta noche, que luego sino se acostumbra, y no puede ser...
Héctor: Bien... y a ver si
nosotros también dormimos un poco... dame un beso...
Asun: (sonriente) Claro... (le da
un amoroso beso y le acaricia la barbilla) te quiero...
Héctor: Y yo a ti... si supieras
lo orgulloso que estoy de la familia que hemos formado los cuatro...
Asun: Sí, lo sé, la verdad es que
juntos formamos un gran equipo...
(Asun y Héctor se disponen a
dormir y descansar el resto de la noche hasta que Daniel vuelve a llorar a
primera hora de la mañana pidiendo su desayuno)
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