viernes, 16 de noviembre de 2012

Capítulo 1: Verano de 1960 (parte 2)


(Un par de semanas después, Héctor y Asun deciden aprovechar su día libre de domingo para salir a pasear al parque del Retiro. Es un mes de Julio, bastante caluroso en Madrid. Mientras están en casa arreglándose para salir, se presenta Felisa)

Asun: ¡Hola, madre...!
Felisa: Hola, hija...
Héctor: Buenos días, doña Felisa...
Felisa: Hola, hijo... ¿os marcháis ya...?
Asun: Sí, madre estábamos terminando de arreglarnos...
Felisa: Asun, ¿te puedo pedir un favor...?
Asun: Claro, madre, usted dirá...
Felisa: Es que tu padre me va a llevar esta tarde al cine, a ver esa película tan divertida que fuisteis a ver vosotros la semana pasada, y a mí, hija, me hace mucha ilusión, porque ya sabes que tu padre y yo con todo el trabajo apenas tenemos tiempo de salir por ahí, y me gustaría que os llevarais a Irenita a pasear con vosotros, si no os importa...
Asun: ¡Pues claro que no, madre...! nosotros encantados, la que se va a poner loca de contenta es María por estar con su prima, porque hay que ver lo que les gusta a las dos jugar juntas... (sonriendo divertida) la verdad es que María aprende mucho con ella y como Irene es la mayor, pues siempre lleva la voz cantante...
Felisa: Pues muy bien, hija, me alegro... entonces voy a ponerle su vestido favorito y enseguida os la subo...
Asun: Muy bien, madre...

(Un poco más tarde, Héctor y Asun pasean por el Retiro cogidos de la mano como una pareja más de enamorados, disfrutando del sol y del cielo despejado. Las niñas se divierten mirando a la gente que pasea, a los que montan en las barcas del estanque, dando de comer migas de pan a los patos y observando a las familias que se sientan en los merenderos a disfrutar de una comida de domingo. María es muy inquieta y curiosa y no para de preguntar a sus padres acerca de lo que ve a su alrededor. Héctor se ríe y coge a María en brazos un rato mientras la niña no para de parlotear).

(Al cabo de un rato, Héctor y Asun hacen una parada y se detienen en una explanada a la sombra a descansar, justo enfrente del estanque, momento que Asun aprovecha para sacar de su bolsa una botella con agua y unos vasos y da de beber a las niñas. Después, las niñas salen corriendo, sin alejarse de ellos, persiguiendo a las palomas y las ardillas que encuentran a su paso. Asun y Héctor se miran sonrientes y felices, disfrutando de los juegos de las niñas).

Asun: (se acerca un poco más a Héctor) Héctor... le he estado dando vueltas al asunto y lo he estado pensando...
Héctor: (extrañado, sin saber a que asunto se refiere Asun) ¿El qué...?
Asun: (sonriente) Creo que es el momento adecuado... y me gustaría que tuviéramos otro hijo...
Héctor: (sonríe feliz, mirando a Asun sorprendido) ¿Estás segura...?
Asun: Sí... fíjate en María, lo bien que se lo pasa cuando está con Irene... además tiene ya 2 años, y me gustaría que no se llevaran mucho tiempo, para que pudieran jugar juntos y compartir cosas de hermanos, como hacía yo con Chelo...
Héctor: (emocionado) Me gusta la idea... suena muy bien... además ya sabes que si por mí fuera la casa estaría llena de críos...
Asun: Lo sé... pero tenemos que ir despacio, porque a mí me gustaría seguir trabajando mientras sea posible, y menos mal que tenemos a mis padres que nos ayudan mucho, y también tú colaboras en casa muchísimo, lo cual te agradezco de corazón...
Héctor: Ya sabes que a mí no me cuesta nada echar una mano, y lo hago encantado, lo que más deseo en el mundo es que sigamos siendo una familia así de feliz toda la vida...
Asun: (sonriente) Me gusta como eres, ¿sabes...? nunca dejas de sorprenderme...
Héctor: (bromeando) Pues ya sabes lo que toca, mi niña... esta misma noche nos ponemos manos a la obra...
Asun: (riéndose) ¡Que bobo eres...! pero ¿sabes? creo que esa es una de las muchas razones por las que me enamoré de ti...
Héctor: (sigue con el juego) ¿Y cuáles son las otras...?
Asun: (sonriendo de forma pícara, le da un furtivo beso en los labios) Tendrás que esperar hasta la noche para saberlo...
Héctor: (sonríe emocionado) Te quiero...
Asun: Yo también...

(Asun se apoya en el hombro de Héctor mientras los dos siguen observando divertidos durante un rato más como juegan las niñas en el parque).
 
(Unos días más tarde, Héctor se levanta por la mañana y va hacia el salón, donde encuentra a Asun que está dando algo de desayuno a María).

Héctor: Buenos días, cariño... (hace una caricia en el hombro de Asun)
Asun: (vuelve la cabeza) Buenos días, amor...
Héctor: (raudo y veloz se dirige hacia María, que está sentada en su trona y empieza a hacerle cosquillas) ¡Buenos días, buenos días, buenos días, princesita...!

(María se parte de risa y se retuerce en su asiento extendiendo los brazos hacia su padre)

Asun: (sonriente) ¿Quieres desayunar...?
Héctor: No, no te preocupes, me tomo un café así y listo... es que tengo algo de prisa, he quedado con Bonilla a primera hora en el despacho, me ha dicho que le ha llamado un posible cliente, al parecer algo bastante gordo, y quería verme para informarme del asunto...
Asun: (un poco intrigada) ¿No será nada peligroso...?
Héctor: No, tranquila, se trata de un caso que si al final lo cogemos, nos va a reportar una importante suma de dinero, porque el cliente al parecer es el heredero de una gran fortuna y tiene ciertas desavenencias con su hermano, que es otro de los herederos...
Asun: ¡Vaya! pues entonces estáis de suerte... un poco de dinero extra nunca viene mal...
Héctor: ¿Verdad que sí...? si es que este Bonilla es un lince... bueno, pues voy a arreglarme...

(Al cabo de un rato, Héctor vuelve al salón dispuesto a marcharse)
Héctor: Bueno, cariño, yo me marcho ya, que tengas un buen día...
Asun: Sí, gracias, yo también voy a terminar de arreglarme para dejar a María con mis padres y me marcho a la redacción... ¿vas a venir a comer...?
Héctor: Sí, en principio sí, si surgiera algo, te llamo...
Asun: Muy bien... entonces, hasta luego...

(Héctor se acerca a Asun, le da un beso en los labios, y luego a María, a quien también besa con ternura)

Asun: ¡Dile adiós a papá...! (gesticulando) así, así con la manita...
María: (haciendo el gesto con su manita) Adiós... adiós...
Héctor: (sonriente) Adiós...

(Héctor abre la puerta de la calle y se marcha)

(A la hora de comer, Héctor vuelve a casa con su familia y se sienta a la mesa para disfrutar de lo que ha preparado Asun).

Héctor: (probando la comida) ¡Mmmm... está riquísimo...!
Asun: Me alegro de que te guste... ¿qué tal ha ido lo del caso ese...?
Héctor: Ah, sí, al final sí lo vamos a investigar, y por cierto cariño, voy a tener que salir de viaje un par de días...
Asun: ¡Vaya! ¿y adónde te vas...?
 
Héctor: A Salamanca... tengo que coger el tren mañana y dirigirme a la finca que forma parte de la herencia de nuestro cliente... tendré que emplearme a fondo y entrevistarme con los vecinos para aclarar algunos puntos que no están del todo claros y que nos ayudará en la investigación... así voy ganando tiempo mientras Bonilla se encarga del papeleo en el registro y del trabajo que surja en el despacho... si no te importa, ¿podrías prepararme una pequeña maleta con un par de mudas y algo de ropa para el viaje...? es que ya sabes que soy un poco desastre y siempre se me olvida algo...
Asun: Descuida, que ya sabes que de esas cosas me encargo yo... ¿a qué hora te vas...?
Héctor: El tren sale a las 10 de la mañana y llegará allí muy entrada la tarde, lo justo para llegar a la pensión que tengo reservada y cenar algo...
Asun: Entonces te prepararé también un bocadillo para que te lo comas en el tren...
Héctor: Eres un cielo... ¿qué haría yo sin ti... mi niña?
Asun: (sonriendo) Yo tampoco sabría vivir sin ti...

(Héctor besa y acaricia la mano de Asun con ternura)

(A la noche siguiente, Asun está en casa, acaba de terminar de bañar a María y se dispone a preparar la cena cuando suena el teléfono. Asun lo coge)
 
Asun: ¿Sí, dígame...?
Héctor: Hola, soy yo...
Asun: (esboza una gran sonrisa) ¡Hola...! ¿cómo estás, qué tal has llegado...?
Héctor: Bien, he llegado hace un rato, lo que pasa que me he salido a dar un paseo por la Plaza Mayor y he cenado algo... esto es precioso, Asun, ojalá algún día tú y yo tengamos la oportunidad de pasear juntos por aquí, cogidos de la mano, ya sabes...
Asun: (con una sonrisa) Me encantaría... de verdad... ¿y mañana empiezas con la investigación...?
Héctor: Sí, me tendré que quedar un par de días hasta que aclare todo esto, pero espero que no me lleve mucho tiempo, si te digo la verdad estoy deseando volver a casa... ¿cómo está mi princesita...?
Asun: Muy bien... está por aquí trasteando... espera que te la pongo al teléfono un momento...

(Asun se dirige a María que está jugando en el suelo con su muñeca)
 
Asun: ¡María, María, cariño...! ¡es papá...! ¿quieres decirle hola a papá...?

(María empieza a aplaudir y corre hacia el teléfono)

María: ¡Papá, papá, papá...!
Héctor: (emocionado) Hola, mi vida... ¿te estás portando bien...?
María: Sí...
Héctor: Que bien, fenomenal, así me gusta... ¿me mandas un beso...?
Asun: Vamos, cariño, mándale un beso grande a papá... así como te he enseñado... (y se pone la palma de la mano en la boca para dar un beso fuerte)
María: (imita a su madre) ¡Adiós papá, adiós...!
Héctor: ¡Uy que beso más grande... que bien...!

(María deja el teléfono y vuelve a sus juegos, mientras Asun sigue hablando con Héctor)

Asun: Por cierto, ¿has hablado ya con Bonilla...?
Héctor: No, iba a llamarle ahora para que me ponga al día, pero es que últimamente anda más descentrado con eso de los preparativos de la boda...
Asun: Sí, yo me he encontrado esta mañana con Matilde, de camino a la redacción, y me ha dicho que casi está más nervioso él que ella, por lo visto quiere tenerlo todo a punto, dar el visto bueno a las invitaciones, la iglesia, el restaurante, y que apenas la deja a ella que se preocupe por nada, porque piensa que con elegir el vestido y las flores ya tiene bastante...
Héctor: Ya sabes como es... que le cuesta tanto decidirse con todo... pero creo que les irá muy bien ahora que van a formalizar por fin su relación después de casi 3 años...
Asun: Sí, ojalá que tengan suerte, como nosotros...
Héctor: Pues claro, que sí, mi niña, ellos también se merecen ser igual de felices... bueno, te dejo ya que si no se me hace muy tarde... sólo decirte que te echo de menos...
Asun: Yo también... (sonríe pícaramente) un poco... la cama se me hace enorme sin ti, y ya no me acostumbro a dormir sola... te quiero...
Héctor: Y yo... un beso... adiós...
Asun: (sonriendo emocionada) Otro para ti... adiós...

(Asun cuelga el teléfono y se dispone a seguir con sus tareas domésticas)
 
(Un par de días después, Asun está trabajando en la redacción, ultimando unos artículos que le va a dar a Aurelia para que los pase a máquina. Asun está feliz y se le nota, pues canturrea una canción de su repertorio de habaneras que tanto le gustan. Aurelia se acerca a su mesa)

Aurelia: ¡Vaya, Asun, hija! te veo muy animada...
 
Asun: Lo estoy... esta noche ya vuelve Héctor de su viaje y me apetece tanto verle y estar con él... te parecerá una tontería pero es que cuando se marcha, la casa se queda tan vacía, tan diferente... y aunque claro que tengo mucho trajín con la niña y demás y me distraigo mucho, pero no sé, ya me he acostumbrado a tenerle a mi lado siempre y cuando no está le echo de menos...
Aurelia: Pues no, no me parece una tontería... es normal, se os ve muy unidos y hacéis una pareja tan bonita... a mí me dais una envidia a veces, pero envidia sana, ¿eh...? que aunque Gustavo sea un poco soso no me puedo quejar... me trata como una reina... Asun: Sí, ya te veo, que estás muy a gusto... (se ríe) si es que los hombres saben muy bien lo que tienen que hacer para tenernos contentas...
Aurelia: Pues sí, y nosotras que nos dejamos querer y caemos rendidas a sus pies...

(En ese momento, aparece Héctor por la puerta y entra en la sala, sigiloso, para que Asun, que está de espaldas, no note su presencia. Aurelia le ve y disimula, aunque ya se ha fijado en el bonito ramo de flores que lleva Héctor, quien se dirige hacia la mesa de Asun).

Héctor: (entrega un precioso ramo de flores en el momento en que ella se da la vuelta) ¡Hola, mi reina...!
Asun: (sorprendida y emocionada, se le amontonan las palabras) ¡Héctor...! (se abraza a él) ¿pero qué haces aquí...? ¿cuándo has vuelto...? ¡vaya...! ¡que bonitas las flores...!
Héctor: (riéndose por el batallón de preguntas) ¿Te gustan...?
Asun: Mucho... son preciosas... pero dime, ¿por qué no me has llamado para decirme que volverías antes...?
Héctor: Prefería darte una sorpresa... he cogido el tren anterior y me ha dado tiempo de pasarme por el despacho, charlar con Bonilla para ponerle al día, y por cierto, me ha dado ya la invitación de boda...
Asun: ¿Ah sí...? a ver... (coge la invitación que le enseña Héctor) ¡anda, si se casa en los Jerónimos...! y va a ser en Octubre, o sea dentro de 3 meses...
 
Héctor: Ya ves, es lo que tiene tener tanto dinero, que puedes organizar una boda a lo grande sin tener que preocuparte de los gastos... pero estoy seguro de que Bonilla con lo detallista que es lo tiene todo perfectamente atado... y lo vamos a pasar muy bien, eso dalo por seguro, van a venir muchos amigos del barrio, incluso antiguos compañeros de la policía y por supuesto el inspector Vallejo y Laura, su mujer, claro...
Aurelia: Yo supongo que Matilde ya le habrá dado la invitación a Gustavo...
Héctor: Pues sí, me imagino, pero ya le preguntaré a Bonilla de todas maneras mañana cuando le vea...
Asun: Y yo tendré tiempo de mirarme algún vestido que me quede bien... es una ocasión muy especial...
Héctor: Cariño, tú estás guapísima te pongas lo que te pongas, pero si quieres te puedo ayudar a elegir algo...
Asun: Bueno, ya veremos, o sino ya nos iremos Aurelia y yo de compras, ¿verdad...?
Aurelia: ¡Uy... ya sabes que me encanta mirar los escaparates de todas las tiendas...! y prefiero hacerlo contigo porque Gustavo se pone de los nervios...
Héctor: (riéndose) Sí, me lo imagino, supongo que a los hombres eso de ir a mirar tiendas, nos aburre soberanamente... por cierto, mi niña, ¿te queda mucho...?
Asun: Pues un rato todavía... voy a poner las flores en agua y aún tengo que repasar un par de artículos para el número de esta semana... pero si quieres vete yendo para casa y así recoges a María...
Héctor: (ilusionado) Estupendo... ¡que ganas de ver a mi princesita...! te espero en casa entonces, y no tardes mucho...
Asun: (sonriente) Que no... y gracias por las flores, son preciosas... te quiero...
Héctor: Y yo... adiós...
Asun: Adiós...

(Héctor se marcha a casa y Asun se dispone a colocar las flores en un jarrón con agua sobre su mesa).

Asun: (oliendo las flores) ¡Mmmm...! ¡que bien huelen...!
Aurelia: ¡Hija, por Dios, que bonitas...! ¡menuda suerte que tienes...!
Asun: Sí, ya te digo que no me puedo quejar... bueno, no nos podemos quejar...
Aurelia: Desde luego que no...

(Asun vuelve a sentarse y tanto ella como Aurelia siguen con su trabajo)

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