(Durante los primeros días de
Enero de 1963, en casa de los Perea todo son prisas por comprar los regalos de
Reyes para toda la familia. Héctor y Asun quieren que ese día sea especialmente
emocionante para los niños, sobre todo para María que ya empieza a darse cuenta
del sentido de la fiesta, y de la importancia de los regalos que sus Majestades
de Oriente traen todos los años a los niños que se portan bien. Las vacaciones
de Navidad se han pasado volando y dentro de unos días tanto Clara como María
volverán al colegio y enseñarán a sus amigos los nuevos regalos que han
recibido)
(Este año, Héctor y Asun han
decidido comprarle a María su primera bicicleta con ruedines traseros para
facilitar el aprendizaje, y poco a poco cuando ya coja práctica, su padre
retirará los ruedines y la enseñará a montar en bici por el parque)
(Noche de Reyes en casa de la
familia Perea. María está muy ilusionada tras haber venido de la cabalgata que
se ha paseado por las calles del centro de la capital. Héctor la ha llevado por
primera vez a ver las carrozas de cerca y la ha subido encima de sus hombros
para que pudiera entregar la carta a los pajes reales y recoger algunos
caramelos. Gustavo ha hecho lo mismo con Clara, mientras Aurelia y Asun han
apurado las últimas horas de compras, buscando los regalos perfectos para sus
maridos. Al volver a casa, María está tan excitada que no puede dejar de pensar
en todo lo que ha visto esa tarde)
Asun: (volviendo de la habitación
donde acaba de dormir a Daniel) ¡María, cariño...! haz el favor de calmarte un
poco y acaba de cenar, por favor, que me estás poniendo nerviosa...
María: ¡Mami, es que he visto a
los Reyes...! y he dicho hola a Baltasar, que es mi favorito...
Héctor: Venga, princesa, que no
tenemos toda la noche... ¿ya les diste la carta, no...?
María: Sí... y espero que me
traigan todo lo que he pedido...
Héctor: Eso depende... ¿tú has
sido una niña buena este año...?
María: (mirando a su madre a ver
que cara pone) Yo creo que sí... en el cole he obedecido a mi profesora y he
hecho todo lo que me ha mandado... y en casa... me he portado bien con Dani y
con los abuelos y con las primas, y contigo papá, y con mamá...
Héctor: ¿Tú sabías que los Reyes
Magos les traen carbón a los niños que no se portan bien, verdad...?
María: (moviendo la cabeza
afirmativamente) Sí, pero yo me he portado muy bien y he sido muy buena,
¿verdad, papá...?
Héctor: Pero para que los Reyes te
traigan los regalos que has pedido tienes que ser buena hasta el final, y hoy
más que nunca... así que deja de marear la sopa y cométela de una vez... que te
tienes que ir a la cama muy pronto...
María: (coge la cuchara y se come
la sopa sin descanso) ¡Papi, pero es que no tengo sueño...! ¿y si me quedo a
esperar a que vengan los Reyes...?
Héctor: No, princesa, eso no
puede ser... los Reyes Magos no pueden ser vistos por los niños de noche, ya lo
sabes... porque sino la magia se les acaba y ellos tienen mucho trabajo porque
tienen que dejar regalos en todas las casas... además, los niños traviesos que
se quedan a esperar a ver si ven venir a los Reyes Magos, se quedan sin
regalos, ¿y tú no quieres eso, a que no...?
María: (mueve la cabeza
negativamente con firmeza) No... pero quiero decirle a Clara que se vaya a la
cama ella también para que no se quede sin regalos...
Asun: Muy bien, cariño, pues
vamos a llamarla...
(Asun llama a casa de Aurelia y
Gustavo, y éstos le dicen que Clara ya se acaba de meter en la cama, pero que
aún está despierta y también quiere hablar con María. Asun le pasa el teléfono
a María)
María: ¡Clara...! que me ha dicho
mi papá que si no nos dormimos ya, que los Reyes no nos traen regalos...
Clara: Sí, mi papá me ha dicho lo
mismo... yo ya estoy en la cama, pero no puedo dormir... estoy muy nerviosa...
María: Mi papá me va a contar un
cuento... bueno, Clara me tengo que ir a la cama... buenas noches, ¿hablamos
mañana...?
Clara: Sí, mañana nos vemos...
adiós María...
María: Adiós...
(Un ratito después, María ya está
metida en la cama y su padre le cuenta un bonito cuento para que pueda dormir)
Héctor: (acariciándole el pelo)
Que duermas bien, princesa... mañana va a ser un día muy importante para ti...
(Héctor sale de la habitación de María
cerrando la puerta y se dirige al salón donde le espera Asun)
Asun: ¿Qué, ya se ha dormido...?
Héctor: Sí, aunque me ha costado
un poco más de la cuenta... (sonríe) la pobre está muy nerviosa...
Asun: (sonríe) Es normal... a su
edad todo esto le debe parecer una locura...
Héctor: Yo me voy a acercar al
despacho un momento a por la bici que la tengo allí escondida...
Asun: (divertida) ¿Ah sí...?
¿dónde si puede saberse...?
Héctor: En ese rincón del
despacho que tú y yo sabemos...
Asun: (sonriendo) Aahhh... por
cierto, una cosa que si te iba a decir...
Héctor: Dime...
Asun: El día que Bonilla y tú os
planteéis cambiar la ubicación del despacho o iros a un sitio más pequeño,
avísame...
Héctor: (extrañado) ¿Lo dices por
algo concreto...?
Asun: Bueno, como ahora ya no
vives allí supongo que ya no te hace falta tanto espacio... y sí me gustaría
quedarme con algunos de esos muebles que tienes allí y traerlos aquí... me
traen buenos recuerdos y no quisiera que te desprendieras de ellos... la mesa o
ese sofá, por ejemplo...
Héctor: Entiendo... no te
preocupes que si algún día hay que hacer mudanza, valoraremos entre los dos
aquello que queremos conservar por motivos sentimentales... y por cierto, a mí
también me gusta mucho ese sofá... (le guiña un ojo) me voy...
Asun: (dándole un beso) Vale...
hasta luego...
Héctor: (saliendo por la puerta)
Adiós...
(Mientras Héctor está fuera, Asun
aprovecha para sacar del dormitorio otros regalos que tiene escondidos tanto
para Héctor como para sus hijos, los envuelve cuidadosamente y los va dejando
sobre el sofá)
(Al cabo de una hora, Héctor
vuelve a casa con el regalo de María que abulta lo suyo, lo sube en el ascensor
y lo deja a un lado del sofá, evitando hacer ningún tipo de ruido para que
María no se despierte. Después, mira a su alrededor y observa la cantidad de
paquetes de regalo que hay en el sofá, todos con sus etiquetas, de modo que
saca de su bolsillo una cajita pequeña y la coloca cuidadosamente debajo del
cartel que pone: “Asun”. Héctor apaga la luz y se dirige al dormitorio donde ya
le espera Asun metida en la cama)
(Héctor se pone el pijama y
también se mete en la cama)
Asun: ¿Todo bien...?
Héctor: Todo bien... sin
problema... y te aconsejo que prepares la cámara para mañana porque la cara que
va a poner María no me la pierdo por nada del mundo...
Asun: Sí, es verdad... tienes
razón... dame un beso...
Héctor: (dándole un beso) Y tú
otro a mí... (se dan otro beso) hasta mañana, mi amor...
Asun: (abrazándose a su marido)
Hasta mañana...
(A la mañana siguiente, Héctor y
Asun duermen plácidamente en su cama cuando María irrumpe en la habitación
gritando)
María: ¡Papi... mami...! ¡que ya
han venido los Reyes...! ¡vamos, arriba...!
Héctor: (desperezándose) Es
cierto, princesa... (bosteza) ¡que sueño...!
Asun: ¿Entonces nos tenemos que
levantar...?
María: (tirando de la manta y de
la colcha) ¡Que sí, mami...! ¡no te duermas...!
Héctor: María, princesa... déjame
que pase por el baño a lavarme un momento, ¿quieres...? mira a ver si Dani se
ha despertado ya...
María: ¡Voy...! (sale corriendo
hacia el cuarto de su hermano) (gritando desde el otro cuarto) ¡sí, ya se ha
despertado...!
Asun: (levantándose, va hacia el
cuarto de Dani) ¡Hola, mi amor...! (le coge en brazos) ¿quieres desayunar...?
María: ¡Mami, que yo quiero ir al
salón... que quiero ver los regalos...!
Héctor: (saliendo del baño)
Tendrás que esperar un rato, princesa... si los Reyes han venido esta noche,
los regalos seguirán ahí cuando acabemos de desayunar... así que todos a la
cocina ahora mismo...
María: (poniendo mala cara) ¡Pero
es que...!
Asun: María, corazón... no seas
cabezota... haz caso a papá...
Héctor: (cogiendo a María de las
manos) Vamos a ver, princesa... sólo te estoy pidiendo que tengas un poquito de
paciencia, tu hermano tiene que desayunar y así aprovechamos todos y
desayunamos también... ¿o es que no tienes ganas de probar ese riquísimo roscón
de nata que compró mamá ayer...? mira, imagínate que te toca la sorpresa... y
además mamá va a preparar chocolate caliente, porque hoy es una mañana especial...
María: (convencida) ¡Vale...! ¡yo
la ayudo con el chocolate...!
Héctor: Está bien... yo voy
cortando el roscón...
(La familia Perea se sienta a
desayunar y de momento la sorpresa del roscón aún no ha salido, habrá que
esperar a las siguientes raciones. Cuando terminan, María tiene las manos tan
pringosas de la nata y la boca manchada de chocolate, que su padre la manda
directamente al cuarto de baño a lavarse antes de que toque cualquier otra
cosa)
(Y llega el gran momento, la hora
de abrir la puerta del salón y descubrir los regalos que los Reyes han dejado
allí esta noche. Asun coge la cámara de fotos para no perderse las reacciones
de María. Héctor hace los honores y abre la puerta)
María: (observando el salón lleno
de paquetes en el sofá y un gran bulto al fondo tapado por una sábana justo al
lado de los zapatos que dejó la otra noche) ¿Qué es eso... es para mí...?
Héctor: No lo sé, cariño... mira
a ver que pone en el cartel...
(María se acerca a la sábana y
coge una hoja de papel que hay sobre ella. En el colegio ya le han enseñado a
juntar las letras y a leer algunas palabras sencillas, así que empieza a mirar
la hoja)
María: (leyendo) Ma-ri-a
Asun: ¿Qué pone, tesoro...?
María: María, esa soy yo...
Héctor: Pues adelante, tira de la
sábana...
(María quita la sábana y al ver
la bicicleta tan nueva y tan brillante, abre la boca y los ojos como platos)
María: (gritando) ¡Papá, papá...!
¡es una bicicleta...! ¡una bicicleta roja...!
Asun: ¿Te gusta, mi vida...?
María: Síiii... ¿papá, me vas a
enseñar a montar en bici...?
Héctor: Claro que sí, princesa...
iremos al parque esta tarde o mañana y la probamos, ¿vale...?
María: ¡Vale...! ¡síii...!
(Asun no ha parado de tomar
fotos, disfrutando de las caras que ponía María al ver su regalo)
Asun: María, tesoro, yo desde
aquí veo otro cartel que pone tu nombre... hay dos paquetes más ahí... ¿qué
serán...? ¡ábrelos...!
(María rompe el papel muy
emocionada)
María: ¡Una muñeca...! ¡y un
estuche con lápices y ceras para pintar...!
Héctor: ¿Te gusta, mi vida...?
María: Son muy bonitos... ¿y que
le han regalado a Dani...?
Asun: Pues vamos a ver... (abre
un paquete) ¡anda, mira... un camión...! ¡Dani, mira lo que tengo...!
(Daniel se acerca caminando hacia
el camión y se sienta en el suelo a jugar con él)
Héctor: Ya lo tenemos entretenido
el resto del día... y aquí hay otra cosa para Daniel... (abre el paquete)
¡mira, un juego de cubo, pala y rastrillo para que lo estrene en el parque...!
María: ¡Que bonito...! ¿y tú no
tienes regalos papá...?
Héctor: Pues no lo sé... a lo
mejor es que me he portado mal este año y los Reyes no se han acordado de mí...
Asun: (rebuscando entre los
paquetes sonriente) Pues yo diría que sí se han acordado... toma...
Héctor: ¡Vaya...! (abriendo un
par de paquetes que ponen su nombre) a ver... ¡una corbata...! ¡es muy bonita,
muy colorida...! ¿y esto...? ¡unos gemelos nuevos y un alfiler de corbata
grabado con mi nombre...! ¡madre mía...! ¡estos Reyes han sido muy generosos
este año...!
María: ¿Y tú, mamá...?
Asun: Pues, vamos a ver... yo por
aquí no veo nada...
Héctor: ¿Y qué me dices de esa
cajita que hay sobre la mesa...?
Asun: (emocionada) ¡Ay... con lo
que me gustan a mí las cajitas pequeñas...!
Héctor: ¿No lo vas a abrir,
mujer, a ver si te gusta...?
Asun: ¡Claro que sí...!
María: (interrumpiendo) Yo me voy
a jugar y a estrenar mis pinturas nuevas...
Héctor: De acuerdo, mi amor...
haz un dibujo bien bonito y luego nos lo enseñas, ¿eh...?
María: Sí, papi...
(María se va corriendo a su
habitación con el estuche)
(Asun abre la cajita y descubre una cadena de plata con un
colgante en forma de círculo, como un anillo)
Héctor: ¿Te gusta...?
Asun: (sorprendida y emocionada)
¡Dios mío...! ¡me encanta...! ¡Héctor, es precioso...! (se cuelga de su cuello
y le da un amoroso beso) ¿por qué me haces estos regalos tan caros...? ¡esto
tiene que haberte costado una fortuna...!
Héctor: De momento me lo puedo
permitir... y además, tú vales más que todo el oro y la plata juntos en el
mundo...! a mí también me ha encantado tu regalo... de hecho los voy a estrenar
hoy mismo para ir a recoger los regalos a casa de tus padres y del resto de la
familia...
Asun: ¿Me ayudas a ponérmela...?
Héctor: Claro... trae aquí...
(Héctor coloca la cadena con el
colgante en el cuello de su mujer)
Héctor: Espera que voy a por un
espejo para que te lo veas... te queda muy bien...
(Héctor va al dormitorio y coge
un espejo de mano de la coqueta)
Asun: (mirándose en el espejo)
¡Es una preciosidad...!
Héctor: La verdad es que pensé en
comprarte una pulsera, pero luego la dependienta me enseñó esto... y lo tuve
claro... si te fijas, el círculo representa el infinito... que es hasta donde
llega nuestro amor, que es eterno y crece cada día hasta llegar al infinito...
Asun: (emocionada y con lágrimas
en los ojos) ¡Oh, Dios mío...! Héctor... eres increíble... es que no tengo
palabras... eres tan especial, tan único y te quiero tanto...
Héctor: (acariciándola
dulcemente) Con eso me basta... con que me quieras tanto como yo te quiero a
ti... mi niña, mi amor, la luz de mi vida...
Asun: Te amo... y no hay palabras
suficientes en el mundo para describir lo que siento por ti... (susurrando y
dándole un tórrido beso) te prometo que te compensaré esta noche...
Héctor: (besándola) No tienes
nada que compensar... yo también te amo, cada día... estás preciosa y sólo con
poder disfrutar de esa sonrisa divina soy feliz...
(María vuelve al salón e
interrumpe la emocionante estampa)
María: (quejándose divertida)
¡Papi, deja ya de darle besos a mamá...! ¡mira lo que he pintado...!
(María enseña a sus padres un
dibujo que ha hecho de ella misma con su nueva bicicleta)
Asun: Cariño, pero si es
precioso... ahora mismo vamos a arreglarnos y vamos a bajar a casa de la abuela
y así se lo enseñas también... ¿de acuerdo...? y así vemos que han dejado los
Reyes en casa de los abuelos y en casa de los primos...
María: ¡Síii...! (coge a su padre
y a su madre de la mano) ¡vamos, vamos...!
(Héctor y Asun se levantan y se
disponen a arreglarse para salir)
(La familia Perea pasa el resto
del día recogiendo regalos en casa del resto de familiares. Primero van a casa
de Felisa y Trino, donde María ha recibido como regalo un libro de fábulas y
una chaqueta de lana hecha con mucho cariño por su abuela. Dani también ha
recibido regalos, un precioso gorrito de lana que le ha hecho su abuela y una
pelota grande, de parte de su abuelo. Allí, comen una opípara comida elaborada
por Felisa, quien está encantada de tener a toda la familia reunida el día de
Reyes, ya que también han venido Estrella y Miguel, que como padrinos de María,
le han hecho un regalo muy especial, una pulserita esclava de plata grabada con
su nombre).
(Ya por la tarde, Héctor y Asun
acuden a casa de los Olavide, donde Clara y María están deseosas de enseñarse
mutuamente sus regalos de Reyes. Allí pasan una velada muy divertida, donde
posteriormente se une el matrimonio Bonilla, que también traen los regalos de
María, Dani y Clara).
(Ya de vuelta en casa, María
vuelve a mirar su bicicleta que sigue en el salón aparcada)
María: ¡Papi...! ¿Vamos a
estrenar la bicicleta...?
Héctor: Hoy no, tesoro, ya es muy
tarde, pero como mañana todavía no tienes colegio, te prometo que cuando venga
de trabajar, nos vamos tú y yo al parque y montamos un rato, ¿vale...? y ya
sabes que yo todo lo que prometo, lo cumplo...
María: ¡Vale...!
(María se va a su habitación a
pintar un rato y Héctor se sienta en la butaca, mientras que Asun se sienta en
sus rodillas un momento)
Asun: Yo he pedido libre mañana
en la redacción así que me quedaré con ella por la mañana estrenando los otros
juguetes y montaremos entre las dos el puzzle que le ha regalado Bonilla... la
verdad es que yo no sé donde compra los regalos, pero son la mar de originales
y divertidos...
Héctor: Bueno, ya sabes que
Bonilla siempre sorprende y con los contactos que tiene, no me extrañaría nada
que ese puzzle lo hubiera conseguido a través de alguno de sus múltiples amigos
en el extranjero... desde luego eso no lo encuentras en los grandes almacenes y
jugueterías del centro...
Asun: Me ha encantado la cara que
han puesto María y Clara al ver cada una la caja de sus puzzles... ¡querían
empezarlo hoy mismo...!
Héctor: Sí, es verdad, y el
roscón que han traído... ¡buenísimo...! la nata era finísima, se nota que era
de una de esas pastelerías de postín en las que tanto le gusta comprar a
Bonilla...
Asun: Su buen dinero le habrá
costado... sin embargo, fíjate, la cantidad de dinero que tienen y nunca han
presumido de ello, y además son tan desprendidos los dos...
Héctor: Sí, tanto Bonilla como
Matilde son muy generosos, son personas honradas y trabajadoras y a pesar de
haber tenido la suerte de haber nacido en familias acomodadas, nunca se han
comportado de forma estirada con el resto... sin embargo, yo no les envidio en
absoluto... me refiero por lo de tener tanto dinero...
Asun: ¿Qué quieres decir...?
Héctor: Pues que cuando tienes
tanto dinero, a veces no sabes ni en que gastarlo, y te conviertes en una
persona de gustos excéntricos, presuntuosa y sofisticada... afortunadamente
Bonilla no es de ese tipo de personas, y nunca ha alardeado de ello... se nota
que tiene dinero y que puede permitirse ciertas alegrías, pero sabe
administrarlo bien... y además se ve que es una persona feliz, cosa que no
todos los ricos pueden decir...
Asun: Sí, es cierto, el dinero no
da la felicidad... (acaricia a su marido) pero el no tenerlo tampoco te la
quita... nosotros por ejemplo, no tenemos mucho dinero y somos inmensamente
felices, ¿no te parece...?
Héctor: Por supuesto... hombre,
ya puestos yo no le haría ascos a poder vivir un poco más desahogadamente y no
tener que pedir siempre dinero prestado al banco cada vez que queremos
comprarnos un coche o cualquier otro artículo considerado de lujo... pero no me
quejo... estamos bien así y no renunciaría a nada de lo que hemos conseguido ni
por todo el oro del mundo...
Asun: (acariciando a su marido)
Ni yo... prefiero ser afortunada en el trabajo y en el amor que tener una
cuenta corriente cargada de dinero... para mí lo más importante en la vida es
estar rodeada de todos los que te quieren, tener una familia en la que apoyarse
y tener a mi lado al hombre más maravilloso del mundo...
Héctor: (sonriendo divertido) ¿Te
refieres a mí...?
Asun: ¿Tú que crees...? (le
acaricia la nariz) ¡anda, tonto...! vamos a ponernos con los baños y la cena
que sino se nos hace muy tarde...
Héctor: ¿Muy tarde para qué...?
Asun: (susurrando divertida) Para
darte mi regalo de Reyes...
Héctor: ¿Otro regalo...? pero si
ya tengo los de esta mañana...
Asun: (sonriendo pícara) Sí, pero
éste te va a gustar más... y no pienso darte más pistas...
(Asun se levanta y se va hacia el
baño para preparar la bañera con agua tibia, mientras Héctor va al cuarto de
María para ayudarle a desvestirla y meterla en la bañera).
(Ya por la noche, Asun y Héctor
están solos en el salón después de haber bañado y acostado a los niños y
también han cenado ellos. Ha sido un día muy intenso sobre todo para María que
no ha parado de hablar, de contar a todos lo que le han regalado y de jugar con
sus nuevos regalos, y mañana probará la bicicleta con su padre en El Retiro,
por lo que esta noche y a diferencia de la anterior, ha caído rendida en la
cama de lo cansada que estaba, por lo que no ha hecho falta ni que su padre le
leyera un cuento como hace habitualmente).
(Asun se mete en el dormitorio
mientras Héctor recoge la mesa y limpia los últimos cacharros antes de apagar
la luz de la cocina. Después apaga también la luz del salón y va hacia el
dormitorio. Cuando entra, se encuentra a Asun esperándole en la cama, muy
ligerita de ropa, tan sólo con una bata casi transparente y un picardías azul
marino que realza sus curvas de un modo muy sensual. Al verla así, a Héctor
casi se le corta la respiración).
Asun: (sonriente) Te estaba
esperando...
Héctor: (mirándola de arriba
abajo y casi sin poder articular palabra) Estás... estás impresionante...
Asun: Gracias... quería que mi
regalo de Reyes fuera muy especial, porque tú te lo mereces...
Héctor: (acercándose a su mujer,
dispuesto a tirar del cinturón de la bata para deshacer el nudo) ¿Puedo...?
Asun: (sonriente, coge su mano)
Por supuesto... adelante... cierra los ojos... yo te enseñaré el camino...
(Héctor sonriente cierra los ojos
y entonces Asun coge la mano de su marido con delicadeza y muy lentamente le va
guiando para que primero tire del nudo de la bata, lo que provoca que ésta se
abra, dejando al descubierto el picardías por completo. Asun tira de la bata
hacia atrás para que ésta resbale por sus hombros. Héctor abre un momento los
ojos para ver de cerca el espectáculo)
Asun: (mirando a su marido y
sonriendo) ¡Shhh...! ¡no hagas trampa...! vuelve a cerrarlos que así será más
divertido...
(Héctor vuelve a cerrar sus ojos,
mientras Asun lentamente va desnudando a su marido, pieza a pieza, al tiempo
que cubre de besos las partes que van quedando al descubierto. Héctor que
conoce el cuerpo de su mujer con los ojos cerrados, recorre con sus manos
primero y con sus labios después cada uno de sus rincones, al tiempo que
lentamente va despojando a su mujer de ese precioso y corto camisón que deja al
descubierto casi toda su anatomía)
Asun: (disfrutando de las
caricias y besos de su marido, se deja llevar) Mmmm... sigue, mi amor, sigue...
(Héctor desliza sus dedos por la
espalda de Asun, y suelta su sostén, dejando por fin al descubierto sus
preciosos pechos, en los que Héctor se recrea una y otra vez, llevando a Asun
al delirio. Ambos se sumergen en un baile de caricias mutuas y besos
placenteros que les transportan a un mundo de sentimientos tiernos y sinceros
envueltos en un profundo amor).
(Un buen rato después, el feliz matrimonio
descansa relajado, ambos recostados sobre la almohada y sin dejar de mirarse
con una sonrisa que refleja su alegría y su complicidad de haber compartido
unos hermosos momentos de pasión e intimidad).
Asun: (sin dejar de acariciar el
pecho de su marido) ¿Te ha gustado mi regalo...?
Héctor: (besando de nuevo a su
esposa emocionado) Es el regalo más bonito que me han hecho nunca... (sonríe
divertido) además, lo mejor de todo es que este tipo de regalos pueden
disfrutarse todos los días... no tengo que esperar al día 6 de Enero todos los
años...
Asun: (riéndose) ¡Que descarado
eres...! creo que es por eso por lo que me gustas tanto... tienes ese punto de
ironía que me vuelve loca... (besa su pecho y vuelve a mirarle a sus enormes
ojos azules) te quiero, Héctor Perea...
Héctor: (acariciando sus rizos) Y
yo a ti, Asunción Muñoz...
(Los dos se besan amorosamente.
Después, Asun se abraza a su marido y se queda pensativa un buen rato,
reflexionando)
Héctor: (sin dejar de acariciar
su espalda) ¿En qué piensas, mi niña...?
Asun: Nada, cosas mías...
Héctor: ¿Esas cosas tuyas son de
las que puedes compartir conmigo...?
Asun: Desde luego... estaba
pensando en lo felices que somos tú y yo...
Héctor: Sí... es una sensación
preciosa y me encanta sentirme así...
Asun: Pero a veces me da miedo
tanta felicidad...
Héctor: (extrañado) ¿Por qué...?
Asun: No lo sé... pienso que a lo
mejor ahora estamos pasando por una etapa de inmensa alegría, y que hay que
disfrutarlo al máximo, porque el destino nos puede tener reservado alguna
sorpresa desagradable...
Héctor: ¿Por qué piensas eso...?
Asun: No lo sé... será que no
estoy acostumbrada a que las cosas me vayan tan bien... en mi familia y en el
trabajo he pasado momentos tan duros que a veces pienso que existe una especie
de ley de la compensación, y temo que esta etapa de felicidad se acabe en algún
momento para dar paso a una etapa más oscura...
Héctor: Es curioso... yo solía
pensar eso hace años, también he vivido momentos muy desagradables y muy duros
en diferentes etapas de mi vida como ya sabes... pero desde que estamos juntos
no me planteo que las cosas puedan cambiar, al menos a peor... contigo he
sabido encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, y me maravillo al
levantarme cada mañana, mirarte y sentirme el hombre más afortunado del
mundo... es una sensación tan única y tan perfecta que no estoy dispuesto a
dejarla escapar por nada del mundo...
Asun: (se incorpora un poco para
mirar a su marido de frente) Prométeme que siempre estaremos juntos...
Héctor: (acariciando a su mujer y
mirándola amorosamente) Te lo prometo... nada ni nadie nos separará jamás... y
ya sabes que yo lo que prometo, lo cumplo... tú y yo estamos destinados a pasar
juntos el resto de la vida... para siempre... pase lo que pase...
Asun: (dándole emocionada un
amoroso beso) Te creo... y confío en ti, con los ojos cerrados... ahora me
quedo mucho más tranquila... me encanta esa seguridad que me transmites... te
quiero tanto...
Héctor: (sin dejar de acariciarla
con una sonrisa) Y yo... mi amor... duerme tranquila, mi vida...
Asun: Lo haré... puedes estar
seguro...
(Asun busca una cómoda posición,
acurrucándose en los brazos de su marido y sintiéndose segura y protegida, y
mecida entre sus tiernas y suaves caricias, se duerme con una sonrisa en los
labios)
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