viernes, 16 de noviembre de 2012

Capítulo 18: Reyes en casa de los Perea (Enero de 1963)


(Durante los primeros días de Enero de 1963, en casa de los Perea todo son prisas por comprar los regalos de Reyes para toda la familia. Héctor y Asun quieren que ese día sea especialmente emocionante para los niños, sobre todo para María que ya empieza a darse cuenta del sentido de la fiesta, y de la importancia de los regalos que sus Majestades de Oriente traen todos los años a los niños que se portan bien. Las vacaciones de Navidad se han pasado volando y dentro de unos días tanto Clara como María volverán al colegio y enseñarán a sus amigos los nuevos regalos que han recibido)

(Este año, Héctor y Asun han decidido comprarle a María su primera bicicleta con ruedines traseros para facilitar el aprendizaje, y poco a poco cuando ya coja práctica, su padre retirará los ruedines y la enseñará a montar en bici por el parque)

(Noche de Reyes en casa de la familia Perea. María está muy ilusionada tras haber venido de la cabalgata que se ha paseado por las calles del centro de la capital. Héctor la ha llevado por primera vez a ver las carrozas de cerca y la ha subido encima de sus hombros para que pudiera entregar la carta a los pajes reales y recoger algunos caramelos. Gustavo ha hecho lo mismo con Clara, mientras Aurelia y Asun han apurado las últimas horas de compras, buscando los regalos perfectos para sus maridos. Al volver a casa, María está tan excitada que no puede dejar de pensar en todo lo que ha visto esa tarde)

Asun: (volviendo de la habitación donde acaba de dormir a Daniel) ¡María, cariño...! haz el favor de calmarte un poco y acaba de cenar, por favor, que me estás poniendo nerviosa...
María: ¡Mami, es que he visto a los Reyes...! y he dicho hola a Baltasar, que es mi favorito...
Héctor: Venga, princesa, que no tenemos toda la noche... ¿ya les diste la carta, no...?
María: Sí... y espero que me traigan todo lo que he pedido...
Héctor: Eso depende... ¿tú has sido una niña buena este año...?
María: (mirando a su madre a ver que cara pone) Yo creo que sí... en el cole he obedecido a mi profesora y he hecho todo lo que me ha mandado... y en casa... me he portado bien con Dani y con los abuelos y con las primas, y contigo papá, y con mamá...
Héctor: ¿Tú sabías que los Reyes Magos les traen carbón a los niños que no se portan bien, verdad...?
María: (moviendo la cabeza afirmativamente) Sí, pero yo me he portado muy bien y he sido muy buena, ¿verdad, papá...?
Héctor: Pero para que los Reyes te traigan los regalos que has pedido tienes que ser buena hasta el final, y hoy más que nunca... así que deja de marear la sopa y cométela de una vez... que te tienes que ir a la cama muy pronto...
María: (coge la cuchara y se come la sopa sin descanso) ¡Papi, pero es que no tengo sueño...! ¿y si me quedo a esperar a que vengan los Reyes...?
Héctor: No, princesa, eso no puede ser... los Reyes Magos no pueden ser vistos por los niños de noche, ya lo sabes... porque sino la magia se les acaba y ellos tienen mucho trabajo porque tienen que dejar regalos en todas las casas... además, los niños traviesos que se quedan a esperar a ver si ven venir a los Reyes Magos, se quedan sin regalos, ¿y tú no quieres eso, a que no...?
María: (mueve la cabeza negativamente con firmeza) No... pero quiero decirle a Clara que se vaya a la cama ella también para que no se quede sin regalos...
Asun: Muy bien, cariño, pues vamos a llamarla...
(Asun llama a casa de Aurelia y Gustavo, y éstos le dicen que Clara ya se acaba de meter en la cama, pero que aún está despierta y también quiere hablar con María. Asun le pasa el teléfono a María)
María: ¡Clara...! que me ha dicho mi papá que si no nos dormimos ya, que los Reyes no nos traen regalos...
Clara: Sí, mi papá me ha dicho lo mismo... yo ya estoy en la cama, pero no puedo dormir... estoy muy nerviosa...
María: Mi papá me va a contar un cuento... bueno, Clara me tengo que ir a la cama... buenas noches, ¿hablamos mañana...?
Clara: Sí, mañana nos vemos... adiós María...
María: Adiós...

(Un ratito después, María ya está metida en la cama y su padre le cuenta un bonito cuento para que pueda dormir)
Héctor: (acariciándole el pelo) Que duermas bien, princesa... mañana va a ser un día muy importante para ti...

(Héctor sale de la habitación de María cerrando la puerta y se dirige al salón donde le espera Asun)
Asun: ¿Qué, ya se ha dormido...?
Héctor: Sí, aunque me ha costado un poco más de la cuenta... (sonríe) la pobre está muy nerviosa...
Asun: (sonríe) Es normal... a su edad todo esto le debe parecer una locura...
Héctor: Yo me voy a acercar al despacho un momento a por la bici que la tengo allí escondida...
Asun: (divertida) ¿Ah sí...? ¿dónde si puede saberse...?
Héctor: En ese rincón del despacho que tú y yo sabemos...
Asun: (sonriendo) Aahhh... por cierto, una cosa que si te iba a decir...
Héctor: Dime...
Asun: El día que Bonilla y tú os planteéis cambiar la ubicación del despacho o iros a un sitio más pequeño, avísame...
Héctor: (extrañado) ¿Lo dices por algo concreto...?
Asun: Bueno, como ahora ya no vives allí supongo que ya no te hace falta tanto espacio... y sí me gustaría quedarme con algunos de esos muebles que tienes allí y traerlos aquí... me traen buenos recuerdos y no quisiera que te desprendieras de ellos... la mesa o ese sofá, por ejemplo...
Héctor: Entiendo... no te preocupes que si algún día hay que hacer mudanza, valoraremos entre los dos aquello que queremos conservar por motivos sentimentales... y por cierto, a mí también me gusta mucho ese sofá... (le guiña un ojo) me voy...
Asun: (dándole un beso) Vale... hasta luego...
Héctor: (saliendo por la puerta) Adiós...

(Mientras Héctor está fuera, Asun aprovecha para sacar del dormitorio otros regalos que tiene escondidos tanto para Héctor como para sus hijos, los envuelve cuidadosamente y los va dejando sobre el sofá)

(Al cabo de una hora, Héctor vuelve a casa con el regalo de María que abulta lo suyo, lo sube en el ascensor y lo deja a un lado del sofá, evitando hacer ningún tipo de ruido para que María no se despierte. Después, mira a su alrededor y observa la cantidad de paquetes de regalo que hay en el sofá, todos con sus etiquetas, de modo que saca de su bolsillo una cajita pequeña y la coloca cuidadosamente debajo del cartel que pone: “Asun”. Héctor apaga la luz y se dirige al dormitorio donde ya le espera Asun metida en la cama)
 
(Héctor se pone el pijama y también se mete en la cama)
Asun: ¿Todo bien...?
Héctor: Todo bien... sin problema... y te aconsejo que prepares la cámara para mañana porque la cara que va a poner María no me la pierdo por nada del mundo...
Asun: Sí, es verdad... tienes razón... dame un beso...
Héctor: (dándole un beso) Y tú otro a mí... (se dan otro beso) hasta mañana, mi amor...
Asun: (abrazándose a su marido) Hasta mañana...

(A la mañana siguiente, Héctor y Asun duermen plácidamente en su cama cuando María irrumpe en la habitación gritando)
María: ¡Papi... mami...! ¡que ya han venido los Reyes...! ¡vamos, arriba...!
Héctor: (desperezándose) Es cierto, princesa... (bosteza) ¡que sueño...!
Asun: ¿Entonces nos tenemos que levantar...?
María: (tirando de la manta y de la colcha) ¡Que sí, mami...! ¡no te duermas...!
Héctor: María, princesa... déjame que pase por el baño a lavarme un momento, ¿quieres...? mira a ver si Dani se ha despertado ya...
María: ¡Voy...! (sale corriendo hacia el cuarto de su hermano) (gritando desde el otro cuarto) ¡sí, ya se ha despertado...!
Asun: (levantándose, va hacia el cuarto de Dani) ¡Hola, mi amor...! (le coge en brazos) ¿quieres desayunar...?
María: ¡Mami, que yo quiero ir al salón... que quiero ver los regalos...!
Héctor: (saliendo del baño) Tendrás que esperar un rato, princesa... si los Reyes han venido esta noche, los regalos seguirán ahí cuando acabemos de desayunar... así que todos a la cocina ahora mismo...
María: (poniendo mala cara) ¡Pero es que...!
Asun: María, corazón... no seas cabezota... haz caso a papá...
Héctor: (cogiendo a María de las manos) Vamos a ver, princesa... sólo te estoy pidiendo que tengas un poquito de paciencia, tu hermano tiene que desayunar y así aprovechamos todos y desayunamos también... ¿o es que no tienes ganas de probar ese riquísimo roscón de nata que compró mamá ayer...? mira, imagínate que te toca la sorpresa... y además mamá va a preparar chocolate caliente, porque hoy es una mañana especial...
María: (convencida) ¡Vale...! ¡yo la ayudo con el chocolate...!
Héctor: Está bien... yo voy cortando el roscón...
(La familia Perea se sienta a desayunar y de momento la sorpresa del roscón aún no ha salido, habrá que esperar a las siguientes raciones. Cuando terminan, María tiene las manos tan pringosas de la nata y la boca manchada de chocolate, que su padre la manda directamente al cuarto de baño a lavarse antes de que toque cualquier otra cosa)

(Y llega el gran momento, la hora de abrir la puerta del salón y descubrir los regalos que los Reyes han dejado allí esta noche. Asun coge la cámara de fotos para no perderse las reacciones de María. Héctor hace los honores y abre la puerta)
María: (observando el salón lleno de paquetes en el sofá y un gran bulto al fondo tapado por una sábana justo al lado de los zapatos que dejó la otra noche) ¿Qué es eso... es para mí...?
Héctor: No lo sé, cariño... mira a ver que pone en el cartel...
(María se acerca a la sábana y coge una hoja de papel que hay sobre ella. En el colegio ya le han enseñado a juntar las letras y a leer algunas palabras sencillas, así que empieza a mirar la hoja)
María: (leyendo) Ma-ri-a
Asun: ¿Qué pone, tesoro...?
María: María, esa soy yo...
Héctor: Pues adelante, tira de la sábana...
(María quita la sábana y al ver la bicicleta tan nueva y tan brillante, abre la boca y los ojos como platos)
María: (gritando) ¡Papá, papá...! ¡es una bicicleta...! ¡una bicicleta roja...!
Asun: ¿Te gusta, mi vida...?
María: Síiii... ¿papá, me vas a enseñar a montar en bici...?
Héctor: Claro que sí, princesa... iremos al parque esta tarde o mañana y la probamos, ¿vale...?
María: ¡Vale...! ¡síii...!
(Asun no ha parado de tomar fotos, disfrutando de las caras que ponía María al ver su regalo)
Asun: María, tesoro, yo desde aquí veo otro cartel que pone tu nombre... hay dos paquetes más ahí... ¿qué serán...? ¡ábrelos...!
(María rompe el papel muy emocionada)
María: ¡Una muñeca...! ¡y un estuche con lápices y ceras para pintar...!
Héctor: ¿Te gusta, mi vida...?
María: Son muy bonitos... ¿y que le han regalado a Dani...?
Asun: Pues vamos a ver... (abre un paquete) ¡anda, mira... un camión...! ¡Dani, mira lo que tengo...!
(Daniel se acerca caminando hacia el camión y se sienta en el suelo a jugar con él)
Héctor: Ya lo tenemos entretenido el resto del día... y aquí hay otra cosa para Daniel... (abre el paquete) ¡mira, un juego de cubo, pala y rastrillo para que lo estrene en el parque...!
María: ¡Que bonito...! ¿y tú no tienes regalos papá...?
Héctor: Pues no lo sé... a lo mejor es que me he portado mal este año y los Reyes no se han acordado de mí...
Asun: (rebuscando entre los paquetes sonriente) Pues yo diría que sí se han acordado... toma...
Héctor: ¡Vaya...! (abriendo un par de paquetes que ponen su nombre) a ver... ¡una corbata...! ¡es muy bonita, muy colorida...! ¿y esto...? ¡unos gemelos nuevos y un alfiler de corbata grabado con mi nombre...! ¡madre mía...! ¡estos Reyes han sido muy generosos este año...!
María: ¿Y tú, mamá...?
Asun: Pues, vamos a ver... yo por aquí no veo nada...
Héctor: ¿Y qué me dices de esa cajita que hay sobre la mesa...?
Asun: (emocionada) ¡Ay... con lo que me gustan a mí las cajitas pequeñas...!
Héctor: ¿No lo vas a abrir, mujer, a ver si te gusta...?
Asun: ¡Claro que sí...!
María: (interrumpiendo) Yo me voy a jugar y a estrenar mis pinturas nuevas...
Héctor: De acuerdo, mi amor... haz un dibujo bien bonito y luego nos lo enseñas, ¿eh...?
María: Sí, papi...
(María se va corriendo a su habitación con el estuche)
(Asun abre la  cajita y descubre una cadena de plata con un colgante en forma de círculo, como un anillo)
Héctor: ¿Te gusta...?
Asun: (sorprendida y emocionada) ¡Dios mío...! ¡me encanta...! ¡Héctor, es precioso...! (se cuelga de su cuello y le da un amoroso beso) ¿por qué me haces estos regalos tan caros...? ¡esto tiene que haberte costado una fortuna...!
Héctor: De momento me lo puedo permitir... y además, tú vales más que todo el oro y la plata juntos en el mundo...! a mí también me ha encantado tu regalo... de hecho los voy a estrenar hoy mismo para ir a recoger los regalos a casa de tus padres y del resto de la familia...
Asun: ¿Me ayudas a ponérmela...?
Héctor: Claro... trae aquí...
(Héctor coloca la cadena con el colgante en el cuello de su mujer)
Héctor: Espera que voy a por un espejo para que te lo veas... te queda muy bien...
(Héctor va al dormitorio y coge un espejo de mano de la coqueta)
Asun: (mirándose en el espejo) ¡Es una preciosidad...!
Héctor: La verdad es que pensé en comprarte una pulsera, pero luego la dependienta me enseñó esto... y lo tuve claro... si te fijas, el círculo representa el infinito... que es hasta donde llega nuestro amor, que es eterno y crece cada día hasta llegar al infinito...
Asun: (emocionada y con lágrimas en los ojos) ¡Oh, Dios mío...! Héctor... eres increíble... es que no tengo palabras... eres tan especial, tan único y te quiero tanto...
Héctor: (acariciándola dulcemente) Con eso me basta... con que me quieras tanto como yo te quiero a ti... mi niña, mi amor, la luz de mi vida...
Asun: Te amo... y no hay palabras suficientes en el mundo para describir lo que siento por ti... (susurrando y dándole un tórrido beso) te prometo que te compensaré esta noche...
Héctor: (besándola) No tienes nada que compensar... yo también te amo, cada día... estás preciosa y sólo con poder disfrutar de esa sonrisa divina soy feliz...
(María vuelve al salón e interrumpe la emocionante estampa)

María: (quejándose divertida) ¡Papi, deja ya de darle besos a mamá...! ¡mira lo que he pintado...!
(María enseña a sus padres un dibujo que ha hecho de ella misma con su nueva bicicleta)
Asun: Cariño, pero si es precioso... ahora mismo vamos a arreglarnos y vamos a bajar a casa de la abuela y así se lo enseñas también... ¿de acuerdo...? y así vemos que han dejado los Reyes en casa de los abuelos y en casa de los primos...
María: ¡Síii...! (coge a su padre y a su madre de la mano) ¡vamos, vamos...!
(Héctor y Asun se levantan y se disponen a arreglarse para salir)

(La familia Perea pasa el resto del día recogiendo regalos en casa del resto de familiares. Primero van a casa de Felisa y Trino, donde María ha recibido como regalo un libro de fábulas y una chaqueta de lana hecha con mucho cariño por su abuela. Dani también ha recibido regalos, un precioso gorrito de lana que le ha hecho su abuela y una pelota grande, de parte de su abuelo. Allí, comen una opípara comida elaborada por Felisa, quien está encantada de tener a toda la familia reunida el día de Reyes, ya que también han venido Estrella y Miguel, que como padrinos de María, le han hecho un regalo muy especial, una pulserita esclava de plata grabada con su nombre).

(Ya por la tarde, Héctor y Asun acuden a casa de los Olavide, donde Clara y María están deseosas de enseñarse mutuamente sus regalos de Reyes. Allí pasan una velada muy divertida, donde posteriormente se une el matrimonio Bonilla, que también traen los regalos de María, Dani y Clara).

(Ya de vuelta en casa, María vuelve a mirar su bicicleta que sigue en el salón aparcada)

María: ¡Papi...! ¿Vamos a estrenar la bicicleta...?
Héctor: Hoy no, tesoro, ya es muy tarde, pero como mañana todavía no tienes colegio, te prometo que cuando venga de trabajar, nos vamos tú y yo al parque y montamos un rato, ¿vale...? y ya sabes que yo todo lo que prometo, lo cumplo...
María: ¡Vale...!
(María se va a su habitación a pintar un rato y Héctor se sienta en la butaca, mientras que Asun se sienta en sus rodillas un momento)
Asun: Yo he pedido libre mañana en la redacción así que me quedaré con ella por la mañana estrenando los otros juguetes y montaremos entre las dos el puzzle que le ha regalado Bonilla... la verdad es que yo no sé donde compra los regalos, pero son la mar de originales y divertidos...
Héctor: Bueno, ya sabes que Bonilla siempre sorprende y con los contactos que tiene, no me extrañaría nada que ese puzzle lo hubiera conseguido a través de alguno de sus múltiples amigos en el extranjero... desde luego eso no lo encuentras en los grandes almacenes y jugueterías del centro...
Asun: Me ha encantado la cara que han puesto María y Clara al ver cada una la caja de sus puzzles... ¡querían empezarlo hoy mismo...!
Héctor: Sí, es verdad, y el roscón que han traído... ¡buenísimo...! la nata era finísima, se nota que era de una de esas pastelerías de postín en las que tanto le gusta comprar a Bonilla...
Asun: Su buen dinero le habrá costado... sin embargo, fíjate, la cantidad de dinero que tienen y nunca han presumido de ello, y además son tan desprendidos los dos...
Héctor: Sí, tanto Bonilla como Matilde son muy generosos, son personas honradas y trabajadoras y a pesar de haber tenido la suerte de haber nacido en familias acomodadas, nunca se han comportado de forma estirada con el resto... sin embargo, yo no les envidio en absoluto... me refiero por lo de tener tanto dinero...
Asun: ¿Qué quieres decir...?
Héctor: Pues que cuando tienes tanto dinero, a veces no sabes ni en que gastarlo, y te conviertes en una persona de gustos excéntricos, presuntuosa y sofisticada... afortunadamente Bonilla no es de ese tipo de personas, y nunca ha alardeado de ello... se nota que tiene dinero y que puede permitirse ciertas alegrías, pero sabe administrarlo bien... y además se ve que es una persona feliz, cosa que no todos los ricos pueden decir...
Asun: Sí, es cierto, el dinero no da la felicidad... (acaricia a su marido) pero el no tenerlo tampoco te la quita... nosotros por ejemplo, no tenemos mucho dinero y somos inmensamente felices, ¿no te parece...?
Héctor: Por supuesto... hombre, ya puestos yo no le haría ascos a poder vivir un poco más desahogadamente y no tener que pedir siempre dinero prestado al banco cada vez que queremos comprarnos un coche o cualquier otro artículo considerado de lujo... pero no me quejo... estamos bien así y no renunciaría a nada de lo que hemos conseguido ni por todo el oro del mundo...
Asun: (acariciando a su marido) Ni yo... prefiero ser afortunada en el trabajo y en el amor que tener una cuenta corriente cargada de dinero... para mí lo más importante en la vida es estar rodeada de todos los que te quieren, tener una familia en la que apoyarse y tener a mi lado al hombre más maravilloso del mundo...
Héctor: (sonriendo divertido) ¿Te refieres a mí...?
Asun: ¿Tú que crees...? (le acaricia la nariz) ¡anda, tonto...! vamos a ponernos con los baños y la cena que sino se nos hace muy tarde...
Héctor: ¿Muy tarde para qué...?
Asun: (susurrando divertida) Para darte mi regalo de Reyes...
Héctor: ¿Otro regalo...? pero si ya tengo los de esta mañana...
Asun: (sonriendo pícara) Sí, pero éste te va a gustar más... y no pienso darte más pistas...
(Asun se levanta y se va hacia el baño para preparar la bañera con agua tibia, mientras Héctor va al cuarto de María para ayudarle a desvestirla y meterla en la bañera).

(Ya por la noche, Asun y Héctor están solos en el salón después de haber bañado y acostado a los niños y también han cenado ellos. Ha sido un día muy intenso sobre todo para María que no ha parado de hablar, de contar a todos lo que le han regalado y de jugar con sus nuevos regalos, y mañana probará la bicicleta con su padre en El Retiro, por lo que esta noche y a diferencia de la anterior, ha caído rendida en la cama de lo cansada que estaba, por lo que no ha hecho falta ni que su padre le leyera un cuento como hace habitualmente).

(Asun se mete en el dormitorio mientras Héctor recoge la mesa y limpia los últimos cacharros antes de apagar la luz de la cocina. Después apaga también la luz del salón y va hacia el dormitorio. Cuando entra, se encuentra a Asun esperándole en la cama, muy ligerita de ropa, tan sólo con una bata casi transparente y un picardías azul marino que realza sus curvas de un modo muy sensual. Al verla así, a Héctor casi se le corta la respiración).
Asun: (sonriente) Te estaba esperando...
Héctor: (mirándola de arriba abajo y casi sin poder articular palabra) Estás... estás impresionante...
Asun: Gracias... quería que mi regalo de Reyes fuera muy especial, porque tú te lo mereces...
Héctor: (acercándose a su mujer, dispuesto a tirar del cinturón de la bata para deshacer el nudo) ¿Puedo...?
Asun: (sonriente, coge su mano) Por supuesto... adelante... cierra los ojos... yo te enseñaré el camino...
(Héctor sonriente cierra los ojos y entonces Asun coge la mano de su marido con delicadeza y muy lentamente le va guiando para que primero tire del nudo de la bata, lo que provoca que ésta se abra, dejando al descubierto el picardías por completo. Asun tira de la bata hacia atrás para que ésta resbale por sus hombros. Héctor abre un momento los ojos para ver de cerca el espectáculo)
Asun: (mirando a su marido y sonriendo) ¡Shhh...! ¡no hagas trampa...! vuelve a cerrarlos que así será más divertido...
(Héctor vuelve a cerrar sus ojos, mientras Asun lentamente va desnudando a su marido, pieza a pieza, al tiempo que cubre de besos las partes que van quedando al descubierto. Héctor que conoce el cuerpo de su mujer con los ojos cerrados, recorre con sus manos primero y con sus labios después cada uno de sus rincones, al tiempo que lentamente va despojando a su mujer de ese precioso y corto camisón que deja al descubierto casi toda su anatomía)
Asun: (disfrutando de las caricias y besos de su marido, se deja llevar) Mmmm... sigue, mi amor, sigue...
(Héctor desliza sus dedos por la espalda de Asun, y suelta su sostén, dejando por fin al descubierto sus preciosos pechos, en los que Héctor se recrea una y otra vez, llevando a Asun al delirio. Ambos se sumergen en un baile de caricias mutuas y besos placenteros que les transportan a un mundo de sentimientos tiernos y sinceros envueltos en un profundo amor).

(Un buen rato después, el feliz matrimonio descansa relajado, ambos recostados sobre la almohada y sin dejar de mirarse con una sonrisa que refleja su alegría y su complicidad de haber compartido unos hermosos momentos de pasión e intimidad).

Asun: (sin dejar de acariciar el pecho de su marido) ¿Te ha gustado mi regalo...?
Héctor: (besando de nuevo a su esposa emocionado) Es el regalo más bonito que me han hecho nunca... (sonríe divertido) además, lo mejor de todo es que este tipo de regalos pueden disfrutarse todos los días... no tengo que esperar al día 6 de Enero todos los años...
Asun: (riéndose) ¡Que descarado eres...! creo que es por eso por lo que me gustas tanto... tienes ese punto de ironía que me vuelve loca... (besa su pecho y vuelve a mirarle a sus enormes ojos azules) te quiero, Héctor Perea...
Héctor: (acariciando sus rizos) Y yo a ti, Asunción Muñoz...
(Los dos se besan amorosamente. Después, Asun se abraza a su marido y se queda pensativa un buen rato, reflexionando)
Héctor: (sin dejar de acariciar su espalda) ¿En qué piensas, mi niña...?
Asun: Nada, cosas mías...
Héctor: ¿Esas cosas tuyas son de las que puedes compartir conmigo...?
Asun: Desde luego... estaba pensando en lo felices que somos tú y yo...
Héctor: Sí... es una sensación preciosa y me encanta sentirme así...
Asun: Pero a veces me da miedo tanta felicidad...
Héctor: (extrañado) ¿Por qué...?
Asun: No lo sé... pienso que a lo mejor ahora estamos pasando por una etapa de inmensa alegría, y que hay que disfrutarlo al máximo, porque el destino nos puede tener reservado alguna sorpresa desagradable...
Héctor: ¿Por qué piensas eso...?
Asun: No lo sé... será que no estoy acostumbrada a que las cosas me vayan tan bien... en mi familia y en el trabajo he pasado momentos tan duros que a veces pienso que existe una especie de ley de la compensación, y temo que esta etapa de felicidad se acabe en algún momento para dar paso a una etapa más oscura...
Héctor: Es curioso... yo solía pensar eso hace años, también he vivido momentos muy desagradables y muy duros en diferentes etapas de mi vida como ya sabes... pero desde que estamos juntos no me planteo que las cosas puedan cambiar, al menos a peor... contigo he sabido encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, y me maravillo al levantarme cada mañana, mirarte y sentirme el hombre más afortunado del mundo... es una sensación tan única y tan perfecta que no estoy dispuesto a dejarla escapar por nada del mundo...
Asun: (se incorpora un poco para mirar a su marido de frente) Prométeme que siempre estaremos juntos...
Héctor: (acariciando a su mujer y mirándola amorosamente) Te lo prometo... nada ni nadie nos separará jamás... y ya sabes que yo lo que prometo, lo cumplo... tú y yo estamos destinados a pasar juntos el resto de la vida... para siempre... pase lo que pase...
Asun: (dándole emocionada un amoroso beso) Te creo... y confío en ti, con los ojos cerrados... ahora me quedo mucho más tranquila... me encanta esa seguridad que me transmites... te quiero tanto...
Héctor: (sin dejar de acariciarla con una sonrisa) Y yo... mi amor... duerme tranquila, mi vida...
Asun: Lo haré... puedes estar seguro...
(Asun busca una cómoda posición, acurrucándose en los brazos de su marido y sintiéndose segura y protegida, y mecida entre sus tiernas y suaves caricias, se duerme con una sonrisa en los labios)





















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