(Tres semanas después, estamos a
finales de Julio. Es sábado por la tarde, y Asun y Aurelia ya han salido del
trabajo y no tienen que volver hasta el lunes, por lo que deciden quedar
después de comer para ir al centro a mirar tiendas y comprarse los vestidos
para la boda de Bonilla).
(Asun está en casa preparando la
comida)
Asun: Cariño, he estado hablando
con Aurelia esta mañana y habíamos pensado en salir esta tarde a mirar unos
vestidos muy bonitos que han puesto en el escaparate de la tienda esa nueva que
han abierto en el centro... espero que no te importe quedarte con María...
Héctor: ¡No, claro que no,
mujer...! además llevaba tiempo queriendo llevármela a ver los títeres en el
Retiro, que seguro que le gustan mucho... tú vete tranquila y diviértete... y
cómprate algo bonito...
Asun: (sonriente) Seguro que
sí... gracias, cariño... (y le da un beso)
(Después de comer, Asun se marcha
con Aurelia de compras, y pasan una tarde muy entretenida, probándose distintos
vestidos. Finalmente Aurelia decide comprarse un vestido en tono verde manzana,
y Asun se decanta por un vestido de color rojo vino, elegante pero sencillo,
con falda de vuelo, escote redondeado, manga corta y recogido en la cintura a
modo drapeado con un broche en el centro, además de un chal a juego y unos
zapatos. Las dos están tan contentas que deciden ir a tomarse algo a una
cafetería en los alrededores).
(Entretanto, Héctor pasa una
divertida tarde con María y con Irene viendo el espectáculo de títeres. Las
niñas no han dejado de aplaudir y miran absortas las marionetas que entran y
salen por los lados de la cortinilla).
Héctor: ¿Os ha gustado, niñas...?
María: Sí, sí...
Irene: Es muy divertido, tío
Héctor...
Héctor: Me alegro...
(Después, Héctor coge a las niñas
cada una de una mano y sale a dar un paseo por el estanque antes de volver a
casa. En ese momento, se cruza con Bonilla y Matilde que acaban de salir del
cine y también están dando un paseo).
Héctor: ¡Hombre, Bonilla, Matilde...
que sorpresa...!
Matilde: Hola, Héctor...
Bonilla: Hola, Héctor... (se
agacha para saludar a las niñas) ¡hola, princesitas...!
María: Hola...
Irene: Hola...
Bonilla: (se levanta de nuevo)
Caray, Héctor, pero cómo ha crecido María... ¡si es que está enorme...!
Héctor: ¿Verdad que sí...? a mí
me da la sensación de que crece por días...
Bonilla: (rebuscándose en los
bolsillos) Pues creo que tengo por aquí... espera... sí, dos piruletas para
estas dos niñas tan guapas...
(María e Irene cogen las piruletas
que les ofrece Bonilla)
María: (agitando la piruleta)
¡Bien...!
Héctor: Pero bueno, Bonilla, como
eres, siempre estás igual, luego las mal acostumbras a comer chucherías entre
horas y después no cenan bien, y claro, luego Asunción se enfada, y con razón...
niñas, ¿qué se dice...?
María e Irene: ¡Gracias...!
Bonilla: Venga, hombre que no es
para tanto... por cierto, ¿dónde te has dejado a Asun...?
Héctor: Pues se ha ido de compras
con Aurelia al centro, me dijo que quería mirarse lo del vestido para la boda y
eso...
Matilde: ¡Ah, que bien...!
nosotros también estamos en ello... yo estoy con las primeras pruebas del
vestido, y aún me queda...
Bonilla: Sí y yo aún tengo que
enviar las últimas invitaciones...
Héctor: (mirando su reloj) Bueno,
pareja, os dejo que aún tengo que llegar a casa con estos dos trastos, y a ver
si Asun ha llegado ya...
Matilde: Muy bien, pues nosotros
vamos a seguir un rato más con nuestro paseo...
Héctor: Perfecto... Bonilla, el
lunes a primera hora en el despacho, ¿de acuerdo...?
Bonilla: Por supuesto... al pie
del cañón como siempre... que pases buen fin de semana, y dale un beso a Asun
de mi parte...
Héctor: Se lo daré... adiós...
Bonilla y Matilde: Adiós...
(Héctor regresa a casa tras dejar
a Irene con los abuelos, y son ya las 21:30 y Asun no ha llegado aún. Héctor
decide esperar un poco más y se entretiene bañando a la niña mientras. A las
22:15 se dispone a buscar algo para la cena de María, cuando suena el teléfono.
Héctor lo coge)
Héctor: ¿Diga...?
Gustavo: Hola, Héctor, soy yo,
Gustavo... ya sé que no son horas de llamar a una casa, pero es que estoy un
poco preocupado por Aurelia... no ha llegado todavía, ¿y Asunción ha llegado
ya...?
Héctor: Pues no, Gustavo, la
verdad es que no, y yo también me estaba empezando a poner un poco nervioso...
lo que pasa que estaba bañando a la niña e iba a buscar algo de cenar y ya no
he vuelto a mirar el reloj...
Gustavo: ¿Crees que les ha podido
pasar algo...?
Héctor: Hombre, no creo... ya
sabes como son las mujeres, que salen de compras, se ponen a hablar, y se les
va el santo al cielo, seguro que incluso se habrán ido a tomarse una leche
merengada en alguna terraza...
Gustavo: Sí, tienes razón... ¡ah,
mira ya se oye la puerta...! gracias de todos modos Héctor, y perdona...
Héctor: De nada, hombre, y
tranquilo... adiós...
Gustavo: Adiós...
(Héctor cuelga el teléfono y en
ese momento entra Asun por la puerta)
Asun: ¡Hola, mi amor...! (y le da
un beso en los labios)
Héctor: Hola... es un poco tarde
para andar por ahí sola... ¿no te parece...?
Asun: (deja las bolsas en el
sofá) Sí, sí, ya sé lo que me vas a decir, pero es que no me he dado cuenta ni
de la hora... lo siento mucho, de verdad... ¿y mi pequeña, cómo está...?
Héctor: Pues en la cocina sentada
esperando la cena... iba a darle la papilla que tienes en la nevera, cuando ha
sonado el teléfono... era Gustavo que llamaba preocupado por Aurelia, pero
luego ha llegado casi a la vez que tú...
Asun: Sí, es que nos hemos
despedido en la parada del tranvía...
Héctor: ¿Pero dónde habéis estado
hasta ahora...?
Asun: Pues hemos ido a comprar
los vestidos... lo mejor de todo es que estaban rebajados y nos han costado muy
baratitos... y también me he comprado los zapatos y el chal... y como se nos
había dado la tarde tan bien, pues nos hemos sentado en una terraza a tomar una
leche merengada...
Héctor: Lo que imaginaba... y eso
mismo le dije a Gustavo para que se quedara más tranquilo...
Asun: Es que Gustavo es un poco
exagerado... siempre me lo dice Aurelia, que se preocupa mucho, demasiado,
diría yo...
Héctor: Hace bien... Aurelia es
su mujer, y se preocupa porque la quiere mucho...
Asun: (pasa sus brazos alrededor
del cuello de Héctor) ¿Y tú... también estabas preocupado por mí...?
Héctor: Reconozco que un poquitín
nervioso si que estaba...
Asun: ¿Sólo un poco...? (le besa
en los labios con amor)
Héctor: (pone sus manos alrededor
de la cintura de Asun) Bueno... no, un poco bastante...
Asun: Ah... eso ya me cuadra
más... (y con una sonrisa vuelve a besarle) es mi forma de compensarte... y
cuando veas el vestido que me he comprado...
Héctor: ¿Ah sí...? lo estoy
deseando...
Asun: Pues me temo que tendrás
que esperar hasta el día de la boda... es una sorpresa...
Héctor: Pero si tú no eres la
novia...
Asun: ¿Y eso que más da...? me
hace ilusión que me lo veas puesto entonces... te va a gustar, ya lo verás...
(le da otro beso) ¡hala, vamos a por la cena de María...!
Héctor: Sí, vamos que la pobre
estará hambrienta...
(Héctor y Asun se dirigen a la
cocina)
(El verano va pasando sin mucha
novedad para nuestros personajes habituales, excepto para Bonilla que cada día
que pasa está más nervioso porque llegue el gran día. Héctor intenta
tranquilizarle y le mantiene ocupado en la medida de lo posible; incluso alguna
tarde se lo lleva a tomar una copa al café del teatro para que se relaje, pero
es inútil).
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