(Seis meses después, Septiembre
de 1963. De nuevo las vacaciones de verano llegaron y se terminaron enseguida
como cada año. En esta ocasión, las familias Perea y Olavide alquilaron una
casa de veraneo en el interior de la provincia de Ciudad Real. Clara y María
disfrutaron enormemente de la experiencia ya que a pesar de no tener playa este
año, la casa se encontraba en una urbanización con una gran piscina que
compartían las casas colindantes, y allí se bañaban todas las tardes e hicieron
amistad con otros niños que también veraneaban allí con sus familias. Además, a
última hora también se apuntó la familia Bonilla, que este año tuvieron un
percance con la reserva de su crucero por el Mediterráneo y la agencia de viajes
les falló en los términos que habían contratado inicialmente, por lo que
decidieron apuntarse con sus amigos a disfrutar de las vacaciones rurales. Las
tres familias aprovecharon para visitar los Parques Nacionales de Las Tablas de
Daimiel y Las Lagunas de Ruidera, excursión donde las niñas disfrutaron
especialmente con los prismáticos que el tío Bonilla les regaló para que
pudieran observar de cerca las diferentes especies de patos y otras aves que
habitan los humedales de aquella zona).
(En este verano también se
celebró el segundo cumpleaños de Daniel y de Javier y en Mayo María cumplió 5
años, mientras que la pequeña Irene ya a sus 7 años está muy contenta porque se
está preparando para tomar la Primera Comunión el año próximo)
(El colegio ha empezado de nuevo
y Clara y María vuelven a clase contentas por reencontrarse de nuevo con sus
compañeras, contarles las aventuras de sus vacaciones y porque además ya están
en Primaria y se sienten muy mayores)
(Un día de finales de Septiembre,
Asun está preparando la cena para Héctor y para ella. Héctor aún no ha llegado
a casa pues ha tenido una importante reunión en comisaría con el inspector
Vallejo con el que habitualmente colabora en muchos de sus casos. Los niños ya
han recibido su baño y su cena como a diario, y aunque Dani ya duerme como un
angelito, María no quiere irse a la cama hasta que su padre no haya llegado a
casa, porque quiere darle el beso de buenas noches y que éste le arrope como
hace siempre)
Asun: María, cariño, ¿por qué no
te acuestas...?
María: No, quiero esperar a
papá...
Asun: (mirando el reloj) Pero
mira que hora es... tu padre no sé cuando va a venir, espero que no tarde mucho
ya, y mañana no va a haber quien te levante...
María: Mami... ¿puedo preguntarte
una cosa...?
Asun: Claro, tesoro... ven, vamos
al salón y nos sentamos en el sofá un ratito y así esperamos a ver si viene tu
padre...
(María y su madre se sientan en
el sofá)
María: Mami... ¿tú quieres mucho
a papá, verdad que sí...?
Asun: Por supuesto que sí,
cariño... yo a papá lo adoro... ¿por qué lo preguntas...?
María: ¿Y por eso siempre os
estáis dando besos en la boca...?
Asun: (sonriendo) Sí, cariño... a
lo mejor te cuesta un poquito entenderlo, pero esa es la manera que tenemos los
mayores de demostrar lo mucho que nos queremos... y no hay nada de malo en
ello... de hecho, nosotros nunca nos hemos ocultado para darnos un beso, y
tanto Daniel como tú nos habéis visto muchas veces así, ¿verdad....?
María: (moviendo la cabeza) Sí...
pero Dani no se entera de nada, pero yo sí, porque ya soy mayor...
Asun: Claro... tú si y por eso te
fijas en esas cosas y nos haces preguntas...
María: ¿Y tú sólo besas a papá
así en la boca, verdad...?
Asun: Claro, mi vida, sólo a
papá, porque le quiero mucho y él también me quiere mucho y sólo me besa a mí
así...
María: Es que... mi amiga Andrea
está muy triste...
Asun: ¿Por qué, mi vida, qué le
ha pasado...?
María: Pues que... este verano la
mamá de Andrea vió a su papá besando en la boca a otra señora en el parque...
Asun: Vaya... ¿y qué ha pasado...?
María: Andrea pensaba que su papá
y su mamá se querían mucho pero el papá de Andrea ya no quiere a la mamá de
Andrea porque se ha ido de casa y se han quedado solas... y Andrea llora todo
el tiempo porque su papá ya no la quiere y a lo mejor es por su culpa...
Asun: Espera un momento, cariño,
vamos a ver como te lo explico... son dos cosas diferentes... una cosa es que
los papás de Andrea ya no se quieran y otra cosa muy distinta es que el papá de
Andrea ya no la quiera...
María: ¿Y por qué se ha ido de
casa...?
Asun: Pues porque seguramente la
mamá de Andrea no quiere seguir viviendo con el papá si ya no están enamorados
y si él está enamorado de otra señora, pues es muy incómodo... pero eso no
quiere decir que el papá de Andrea no quiera ya estar con Andrea... lo que pasa
es que los problemas de los mayores son muy complicados... pero Andrea no tiene
la culpa de nada... estoy segura que tanto el papá como la mamá de Andrea la
quieren mucho aunque ahora estén separados y ya no vivan juntos... es muy duro,
cariño, cuando los papás deciden separarse porque ya no se quieren, los niños
sufren mucho...
María: ¿Tú no te vas a separar
nunca de papá, verdad...?
Asun: (dándole un beso) Nooo, mi
vida... claro que no... papá y yo estamos muy bien juntos y nos queremos
muchísimo y tú eres nuestra princesa, no tienes que preocuparte por nada de
eso, ¿de acuerdo...?
María: De acuerdo...
(En ese momento, se oye la puerta
y es Héctor que entra en casa. María se baja del sofá y corre por el pasillo a
abrazar a su padre)
María: ¡Papá, papá...!
Héctor: ¡Hola, princesa...! ¿pero
qué haces levantada todavía...? si ya es muy tarde...
María: Te estaba esperando...
quería darte el beso de buenas noches y que vayas a mi habitación y me
arropes...
Héctor: Claro, mi vida... eso
está hecho... vete yendo para la cama que ahora voy...
María: ¡Adiós, mamá... hasta
mañana...!
Asun: Hasta mañana, tesoro... (le
da otro beso)
Héctor: (besando a su mujer)
Hola, cariño... voy a su cuarto un momento y ahora me cuentas tus cosas...
Asun: Sí, claro... voy calentando
la cena...
(Asun se mete en la cocina,
mientras Héctor arropa a María en su habitación y se sienta en el borde de su
cama)
María: Papi... ¿tú quieres mucho
a mamá, verdad...?
Héctor: Por supuesto... la quiero
con locura y cada día que pasa estoy más enamorado de ella...
María: Es que no quiero que te
vayas de casa y que me dejes aquí sola...
Héctor: (extrañado) ¿Por qué
dices esas cosas tan feas y tan tristes...?
María: El papá de Andrea se ha
marchado de casa y ha dejado sola a Andrea con su mamá, y ya no la quiere... y
Andrea está muy triste porque ella tiene la culpa...
Héctor: (empezando a comprender a
que se refiere su hija) No, cariño, Andrea no tiene la culpa de nada la
pobre... bastante tiene que estar sufriendo ya si sus papás se han separado,
pero no es culpa suya... son cosas que pasan a veces entre los mayores, aunque
los niños son los que más sufren en estos casos...
María: ¿Y tú también vas a
separarte de mamá...?
Héctor: Noo... claro que no... yo
jamás me separaré de tu madre... tu madre y yo nos queremos muchísimo,
siempre... y siempre estaremos aquí contigo cuidando los dos juntos de Dani y
de ti... tú no tienes que preocuparte de nada...
María: Papi... te quiero...
Héctor: (sonriendo emocionado) Y
yo, princesa... dame un beso muy, muy grande...
(María rodea con sus brazos el
cuello de su padre y le da un beso enorme)
Héctor: Gracias tesoro... yo
también te quiero muchísimo... y ahora a dormir, eh...?
María: Sí, papá...
(Héctor va hacia la puerta, apaga
la luz y deja a María que duerma. Después va hacia el salón y cierra la puerta.
Asun está esperándole ya sentada a la mesa con la cena puesta)
Héctor: (sentándose a la mesa)
¿Qué ha pasado con los padres de Andrea...?
Asun: Pues por lo visto, según me
ha contado María, este verano estaban en el parque y Andrea y su madre vieron
como el padre estaba besando en la boca a una mujer que no conocían de nada...
y aunque no conozco nada de la historia, por lo que he podido deducir, los
padres de Andrea se han separado, y el padre se ha marchado de casa y ya no
vive con ellas... la pobre Andrea está sufriendo mucho porque cree que ella
tiene la culpa y que su padre ya no la quiere...
Héctor: Que barbaridad... me da
una pena tremenda, yo no los conocía mucho pero parecían un matrimonio bien
avenido...
Asun: Sí, eso parecía, yo sólo
los conocía de las reuniones de padres y de verlos a la salida del colegio,
pero claro, sus problemas tendrían en casa, y por eso han tomado esa
decisión... lo que pasa es que tiene que ser muy duro enterarte de esa forma
que tu marido ya no está contigo porque se ha enamorado de otra mujer, y verle
en un sitio público besándose con otra...
Héctor: Sí, es muy duro...
descubrir que la persona a la que tú querías y creías que conocías, te engaña
con otra persona...
Asun: (cogiéndole la mano) Ay,
cariño, lo siento... te he hecho rememorar el pasado de nuevo...
Héctor: No, tranquila, no pasa
nada... tú lo has dicho, es pasado... (besa su mano) lo más importante somos
nosotros ahora... y a nosotros eso no nos va a pasar nunca, porque sabemos lo
que sentimos el uno por el otro, y lo que queremos... nos conocemos
perfectamente, sabemos lo que estamos pensando en un momento dado con sólo
mirarnos, y eso demuestra la gran complicidad que tenemos... y sobre todo, la
confianza, que es lo más importante y lo más sagrado en un matrimonio... entre
nosotros no hay secretos y nunca debe haberlos... porque las dudas y la
incertidumbre es lo que mata el amor y lo que acaba con las relaciones de
pareja...
Asun: Estoy contigo... la confianza
y la comprensión es la base de un matrimonio sólido, y nosotros lo hemos
conseguido y siempre tenemos que seguir luchando por no perderla...
Héctor: Mientras nos mantengamos
fuertes y confiados el uno en el otro, la llama de nuestro amor continuará viva
y creciendo cada día... y todo irá bien...
Asun: (asintiendo) Todo irá
bien... (emocionada) me gusta que hablemos de estas cosas, y que no nos
convirtamos en uno de esos matrimonios aburridos que caen en la rutina y que no
hablan de las cosas importantes... yo no quiero dejar nada en el tintero
pendiente y por falta de tiempo, dejar de hablarlo, porque al final se quedan
demasiadas cosas sin decir... y tampoco quiero dejar de decirte todos los días
que te quiero... puede parecerte una tontería sin importancia, pero necesito
que lo sepas...
Héctor: (acariciando con dulzura
a su mujer) No es ninguna tontería... me gusta que me lo digas, y yo también
necesito decírtelo a ti... te quiero, mi niña, mi amor... siempre...
(Héctor y Asun se acercan el uno
al otro y comparten un cálido y amoroso beso antes de seguir cenando)
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