(El día siguiente se lo pasa
entero Asun por la mañana jugando con María y ayudándole a montar el puzzle.
Incluso viene Clara a casa de María, ya que Aurelia si que ha ido a trabajar a
la revista, y entre todas ayudan a Clara a rematar también su puzzle. Por la
tarde, un par de horas después de la comida, aparece Héctor en casa que viene
del despacho).
Héctor: ¡Ya estoy en casa...!
¿dónde está mi princesita de los mares...?
María: (viene corriendo por el
pasillo y se tira a sus brazos) ¡Papi, papi...!
Héctor: (la coge en brazos y la
da un beso enorme) ¡Hola, princesita...!
Asun: (le da un beso a su marido)
Lleva todo el día preguntando que cuando vienes, tiene unas ganas de salir a
probar la bici que no veas...
Héctor: ¿Ha merendado ya...?
María: ¡Sí...! ¡y me lo he comido
todo...!
Héctor: Muy bien, pues ve a
ponerte los zapatos y el abrigo que nos vamos a la calle...
Asun: Yo voy con vosotros y así
aprovecho para pasear con Dani...
Héctor: Estupendo... vamos
entonces...
(La familia Perea se dirige al parque
donde María hace su entrada triunfal cogiendo la bici por el manillar y
deseando montarse en ella)
Héctor: A ver, cariño, vamos
hacia ese banco y te explico lo que tienes que hacer, ¿vale...?
María: ¡Vale...!
(Héctor monta a María sobre la
bicicleta y trata de que se sostenga ella sola poniendo los pies sobre los
pedales. Héctor sujeta la bici y María da sus primeros pedaleos por el sendero
del parque)
María: ¡Suelta, papá, que yo
puedo sola...!
Héctor: ¿Estás segura cariño...?
María: ¡Sí...!
Héctor: Muy bien, pues vamos
allá... suelto, suelto... ¡ahora...! ¡dale fuerte...!
(María avanza ella sola
pedaleando. Aunque parece un poco insegura al principio, enseguida se confía y
va todo recto hasta el final del sendero. Héctor echa una carrera para alcanzarla
y darle la vuelta a la bici. Así hacen un par de carreras, hasta que Héctor le
enseña a girar para que ella sola pueda ir y volver por el sendero. María va
cogiendo cada vez más soltura)
Asun: ¡Es increíble lo rápido que
aprende...!
Héctor: Sí, un par de tardes más
y ya me está pidiendo que le quite los ruedines...
Asun: Bueno, bueno, eso ya lo
veremos, que no quiero que se caiga a la primera de cambio...
Héctor: Mujer, pues si se cae
tampoco pasa nada... los niños aprenden a base de eso, de caerse y levantarse
otra vez como si no hubiera pasado nada...
Asun: (sonriendo divertida) Sí,
sí, tú dirás lo que quieras, pero ya verás quien sufre más si tu princesita
termina en el suelo llorando... ¿tengo razón o no...?
Héctor: (asintiendo) Sí, supongo
que tienes razón, como siempre... tengo debilidad por ella, no puedo
evitarlo... eso no quiere decir que la quiera más a ella que a Daniel porque no
es cierto, ya sabes a que me refiero...
Asun: (mirándole cariñosamente)
Sí, ya lo sé... pero te entiendo... María es la mayor y es la niña de tus ojos,
y ella está siempre tan pendiente de ti...
Héctor: Y Dani es mi principito,
el hombrecito de la casa... que ganas tengo de que empiece a hablar en
condiciones y poder compartir con él cosas de chicos...
Asun: (divertida) ¿Qué es eso de
cosas de chicos...? ni que fuerais tan misteriosos... si en el fondo sois
bastante simples... yo diría que más que nosotras...
Héctor: Si... ¿ves...? en eso
vuelves a tener razón... las chicas a veces sois bastante retorcidas y complicadas
de entender al menos para algunos hombres tan zoquetes como yo...
Asun: (riéndose) Sin embargo que
sepas que tú sigues siendo mi zoquete favorito y no te cambiaría por nada del
mundo... me gustas así, como eres... con tus virtudes, que son muchas y con tus
defectillos que cada vez son menos...
Héctor: ¿Eso quiere decir que he
mejorado con el tiempo...?
Asun: (cogiéndole la mano)
Definitivamente sí... has madurado... como el buen vino... y creo que yo tengo
algo que ver...
Héctor: (acariciándole la mano)
Por supuesto... tú me has hecho cambiar y me alegro por ello... porque ahora
soy mucho más feliz de lo que era hace algunos años... a veces ni me
reconozco... pero me gusta más como soy ahora...
Asun: A mí también... ¿nos vamos
para casa...?
Héctor: Sí, claro, que ya es
tarde... (llama a su hija) ¡María, tesoro... venga que nos vamos...!
María: (acercándose con la bici)
¡Ya voy papá...!
(Los cuatro se dirigen de nuevo
hacia casa)
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